27

EL PLAN DEL REY NEGRO

1

Japón. Sentado ante su escritorio, en el despacho de la nueva sede de la antigua Nerv, Gendoh Rokubungi estaba pensativo. Tenía sus manos cruzadas y su mentón se apoyaba sobre sus puños. Aún le daba vueltas a todos los acontecimientos que habían ocurrido. No salía de su asombro. Cómo era posible que las cosas se hubiesen escapado de sus manos tanto. Ahora Rei Ayanami estaba muerta y sus planes de futuro estaban cojos; súbitamente el teléfono comenzó a sonar. Descolgó y esperó respuesta:

— Gendoh? Es Gendoh? Soy Randall Comand, quiero hablar con el Mariscal Gendoh.

— Dime, Randall.

— ¡Ah! Señor. He encontrado a su hijo y a la pelirroja. Estaban con Giselle Harsh, la mano derecha de Michelle.

— ¿Estaban?

— Sí. Nos tendieron una emboscada. Giselle sabía que íbamos a llegar. No sé cómo, pero me hago una idea.

— ¿Quiere decir entonces que se han escapado los niños?

— Quiero decir que Giselle ha muerto y que tenemos una rata menos en nuestras filas. Quiero decir que en el cuartel de USA tiene alguna rata más, que transfiere información y quiero decir que alguien está moviendo los hilos a sus espaldas. Eso quiero decir.

— No me replique, Randall, ni pretenda darme lecciones. Eso ya lo sabía. Usted lo único que tenía que hacer era traerme a los niños, y era bastante fácil. No sólo no ha cumplido con su misión, si no que los ha perdido y ha matado a alguien que no se le ha ordenado.

— Era una rata.

— Sí, pero era necesaria para mis planes.

— ¿Qué planes? Déjeme ayudarle.

— Ya ha hecho suficiente. Deje de matar sin órdenes. Tráigame a los niños, y tráigalo vivos y de una pieza entera.

— Sí señor, tengo a mis hombres tras su búsqueda. Acaban de salir con un vehículo tras ellos. No llegarán muy lejos, sólo son dos críos.

— Ya…

Y tras su respuesta, Gendoh colgó el teléfono. Tenía la sensación de que estaba rodeado de inútiles desde que Rei había muerto. Para él era la única que sabía realmente lo que él quería. Había llegado a pensar que Randall era algo más inteligente, pero después de su última intervención, estaba completamente seguro que era igual que los demás militares con los que había trabajado. Necesitaban una ruta que seguir y todo aquello que no estuviese escrito en el plan, sería motivo de crisis existencial. No podía creer la última frase que había dicho: "sólo son dos críos, no llegarán muy lejos". Esos dos supuestos críos, había sobrevivido ocultos de los militares durante casi un año. Si eso es no llegar muy lejos, que debería ser llegarlo; sea como fuere, ahora tenía una pieza de ajedrez menos sobre el tablero. Randall había matado a Giselle, mano derecha de Michelle y fuente informadora de ésta. Dicho de otra forma, el hecho de que Giselle y Bryant Reynolds estuviesen muertos, hacía que Gendoh pudiese seguir aún menos la pista de los movimientos que daban Michelle y sus cómplices. Él sabía que tenía traidores en sus filas, y conocía casi todos sus nombres, pero si un estúpido militar como Randall se dedicaba a matar a las ratas obvias, aparecían otras nuevas que desconocerían quienes son y Gendoh terminaría jugando con desventaja. Debía mover fichas y rápido. Necesitaba hacer llegar a oídos de Michelle que Giselle había sido asesinada por Randall. Eso enfurecería a la doctora, y moverían ficha, probablemente nerviosa y podría cometer algún error del cual poder sacar partida Gendoh.

Volvió a descolgar el teléfono y esta vez llamó a Fuyutsuki. El viejo estaba en mitad de una reunión con los altos cargos de la IBI Explorer, entre los cuales se encontraban Makoto, Kaji y Michelle. Un militar le acercó el teléfono inalámbrico y éste respondió:

— Dígame comandante – los presentes en la sala, súbitamente, se mostraron atentos a la llamada.

— Randall ha perdido otra vez la pista de mi hijo – El silencio de la sala, permitía percibir el tenue y lejano sonido de la voz de Gendoh a través del aparato. Michelle contuvo la respiración e intentó no hacer ninguna mueca, pero estaba segura de haber escuchado la palabra "hijo" de la boca del comandante. Dirigió una mirada de soslayo a Kaji, el cual estaba sentado frente a ella dos sillas desplazado a su derecha, y mucho más cercano a Fuyutsuki, tan sólo separados por medio metro de mesa. Kaji le devolvió la mirada en señal de aprobación, el creía haber oído lo mismo.

— ¿Cómo es posible?

— Ese hombre esta obsesionado con su propio plan. No sé a ciencia cierta que trama, pero está claro que no le importa ir destrozando nuestra línea de actuación.

— ¿Qué quiere que haga?

— Ha matado a Giselle – el corazón de la doctora Michelle se paró en seco – Cuando los suyos se enteren de lo ocurrido, se revelarán contra ti y contra la IBI Explorer. No podremos tenerles más tiempo retenidos ahí. Deles órdenes para que se vayan de USA, proteja su vida Fuyutsuki, aún le necesito.

— Sí señor – y la llamada se cortó.

2

El viejo Fuyutsiki no apartaba la mirada de la mesa, Necesitaba pensar algo rápido, pero ahora las únicas ideas que venían a su mente, eran sus recuerdos del pasado, los planes que tenía junto a su alumna Yui Ikari, las vueltas que había dado la vida, como había terminado trabajando para un hombre tan cruel y vil como Gendoh Rokubungi. Le había vendido su vida y todos sus conocimientos y para él no era más que otra pieza más en su tablero. En el bote salvavidas de Gendoh nunca habría espacio para él, y lo peor es que era consciente de ello, pero se dejó llevar por el paso del tiempo, por la pena de la pérdida de Yui. Se dejó convertir en un monstruo igual que el comandante.

— ¿Qué ocurre Fuyutsuki? Díganos algo. – le preguntó Aoba Sigeru, preocupado por el rostro del anciano. Daba la sensación de que había recibido una terrible noticia.

— No, no es nada… prosigamos con nuestra reunión.

— ¿No es nada? ¿Seguro? – le increpó Michelle.

— No.

— Díganos la verdad – insistía la mujer.

— No es nada que les concierna a ustedes. Podemos continuar con la reunión.

— Han asesinado a Giselle Harsh a sangre fría – gritó a cuatro vientos la doctora.

— Cállese – espetó el hombre al tiempo que se levantaba a su silla.

— No me callo. Es usted una marioneta estúpida. Usted no podrá hacernos callar.

— Siéntese ahora mismo Doctora Michelle o me veré obligado a llamar a seguridad y que la lleven a su habitación.

— Oh! Vaya, a mi habitación. ¿Y qué me harán? ¿Ese es todo su poder? ¿Cree que por encerrarme en mi habitación, la verdad dejará de ser verdad? ¿Cree que podrán ocultar más tiempo toda esta pantomima?

— Michelle, por favor, no me obligue a utilizar la fuerza. Deje de decir estupideces.

— No está diciendo estupideces – replicó Makoto Hyuuga. Kaji se quedó perplejo ante la entrada de Makoto, nunca se había imaginado a éste increpando o discutiendo, creía que era un hombre excesivamente introvertido.

— Señor Makoto, por favor, no se meta usted en esto también – los demás presentes en la sala, no entendían nada de lo que estaba ocurriendo.

— Me meto porque ya es suficiente. Creo que esta ruleta rusa se debe parar ya. ¿Quién será el siguiente? Nos están matando como a ratas.

— Eso es lo que son ustedes – gritó desesperado el viejo, que agotado, calló sobre sus posaderas.

— ¿Se encuentra bien? – Dijo Maya, quien corriendo se acercó a Fuyutsuki para darle un poco de agua.

— No seas estúpida Maya. Ese hombre es un asesino igual que Gendoh – le dijo Makoto.

— ¿Pero que estás diciendo Makoto? ¿Os habéis vuelto todos locos? – respondió Maya, buscando el apoyo de Kaji, a quien miraba con ojos desesperados.

— No Maya – añadió Kaji – no estamos locos. Creo que es momento de que todos sepáis la verdad. La verdad de Gendoh.

— ¡No! Callaos necios, dejad de envenenar la mente de vuestros compañeros – Fuyutsuki se sentía superado por la situación, no sabía como abordarlo.

— Randall Comand es su sicario. Han matado a Giselle porque ha descubierto algo que no querían que supiésemos – decía Makoto al mismo tiempo que sacaba sus propias conclusiones.

— ¿Y qué me dices de los niños? – le increpó Michelle.

— ¿Qué niños?

— Basta ya de esta pantomima, vamos a poner los puntos sobre las ies, y vamos a dejar las cosas claras. Aoba y Maya no saben de la misa la mitad de lo que aquí esta pasando.

— ¿A qué se refiere doctora Michelle? – preguntó Aoba sorprendido.

— Kaji, por favor, explícales desde el principio.

— No lo voy a consentir – voceó exasperado Fuyutsiki al tiempo que extraía de su cinturón un arma de fuego, con el cual apuntaba directamente a Kaji.

— Déjelo estar. Ya no tiene sentido que siga luchando por esto. Cámbiese de bando y saldrá mejor parado que si sigue caminando junto a Gendoh. Ese hombre no le dará una oportunidad más para vivir – le decía Kaji, al tiempo que intentaba sosegarle para que bajase el arma.

— No importa, yo ya vendí mi alma al diablo. Hemos hecho cosas horribles y he participado de ellas, sabiéndolo.

— ¿Pero piensa seguir haciéndolas, no? Si apunta con esa arma a Kaji, es porque tiene intención de seguir con sus planes, con los planes del comandante – le recriminó Michelle, quien echó su mano atrás para alcanzar su pistola.

— Hemos luchado mucho para llegar hasta aquí, no puedo dejar que ahora todo se vaya al traste, aunque tenga que morir.

— Usted no ha luchado nada, lo único que ha hecho es limitarse a seguir unas órdenes, ni si quiera a movido un dedo, se lo dieron todo hecho. Pudo hacer muchas cosas, pudo detener atrocidades que vio que se iban a cometer y no hizo nada – Makoto increpaba al anciano que cada vez se sumía más en su propia pena.

— ¡Basta ya! – gritó Maya y arrancó a llorar – estoy harta, no comprendo nada de lo que está pasando aquí.

— Gendoh fue el creador del virus que asoló la humanidad, así como de la segunda cepa. Gendoh fue el que consiguió que la ONU no nos aplastase el día que intervino la sede de NERV, y lo consiguió soltando el virus que más tarde nos sumiría en las guerras mundiales que se desarrollaron. Gendoh juega a ser dios y no se detendrá ante nada ni ante nadie. ¿Recordáis los dos sujetos que fueron enviados a España? ¿Os acordáis de aquel experimento de supervivencia, del cual estábais muy emocionados tú, Makoto y Aoba? ¿Aquel experimento piloto en por el cual la humanidad se volvería a repoblar? No era ningún experimento para eso, ni eran dos voluntarios, ni nada de lo que vosotros creísteis durante todo este tiempo. Gendoh criogenizó a su hijo Shinji y lo infectó con el virus, para después abandonarlo en mitad de la zona más contaminada del planeta, para ver si era inmune y podía sobrevivir, con la única intención de buscar la posibilidad de sobrevivir él. Experimentó con su propio hijo y no le importó envenenarle con algo mortal. Con él y con Asuka. Esos mismos dos niños son los que ahora había encontrado Giselle, y la han matado para poder secuestrar a los niños y usarlos como cobayas para extraer de ellos un antídoto que funcione sobre Gendoh. Eso es…

Y antes de que Kaji pudiese terminar su relato, el arma de Fuyutsuki se disparó, alcanzando una bala muy cerca del corazón de éste. Maya asustada, entre gritos y lágrimas, se ocultó bajo la mesa. Al tiempo que Kaji caía al suelo, Michelle gritaba desesperada y se abalanzaba contra Fuyutsuki. Súbitamente, un escuadrón militar entró en la habitación y abrieron fuego contra los presentes. Makoto corrió a socorrer a Kaji, pero era demasiado tarde. Poco a poco los tiros fueron abatiendo a los presentes, quienes caían uno a uno. Fue entonces cuando Michelle agarró a Fuyutsuki del brazo, retorciéndoselo tras su espalda, inmovilizándolo con una llave, para evitar que escapase, al tiempo que apoyaba el cañon de su pistola en la sien de éste. Los militares bajaron sus armas y tras las órdenes de Michelle, se retiraron de la habitación.

— Kaji – le llamaba Makoto al tiempo que acercaba su oreja cerca de los labios de Kaji.

— Activa el plan B, Makoto. No le digas nada a Michelle, por favor. Actívalo… - y la vida abandonó el cuerpo del hombre espía.

— Michelle,… Kaji – intentó decirle, pero antes de terminar ella disparó su arma, matando a Fuyutsuki.

— Por Kaji, por Giselle, por Bryant, y por los que quedarán. No es momento de lamentaciones, debemos ir Francia y encontrar a los niños antes de que Randall los coja.

— Michelle…

— No te preocupes por mi Makoto, estoy bien. No hay tiempo para llorar. Ya habrá tiempo. Kaji no lloraría. Si no encontramos a Shinji y Asuka, todo el esfuerzo de Kaji, de Giselle y de Bryant habrá sido en vano.

— Sí – dijo Makoto aguantando las ganas de llorar, tragando saliva e irguiendo el pecho.

— Tú irás en busca de los niños, yo me encargaré de Randall.

— No, por favor Michelle, es muy peligroso.

— No, sólo yo puedo detener a esa bestia, déjamelo a mí. Sé como detenerle.

— Está bien. Está bien. ¿Qué hacemos con los militares? ¿Cómo salimos de aquí?

— Coge el botellín que Fuyutsuki lleva en su riñonera, diremos que es el virus y que si se acerca, lo romperemos y al inhalarlo, todos morirán porque no tienen el antídoto necesario.

— ¿Crees que funcionará, Michelle?

— Confía en mí, no tienen ni dos dedos de frente.

3

Ya en sus respectivas habitaciones, Makoto y Michelle se disponían a recoger todos sus bártulos para poder viajar cuanto antes a Francia. No debían dejarse nada que fuese de vital importancia, especialmente todos los documentos referentes a los experimentos de Gendoh. Michelle se había comprometido a recoger las cosas de Maya y Aoba, mientras que Makoto recogería las de Kaji.

Una vez en sus habitaciones, cuando ya se habían separado, Makoto se dispuso a activar el plan B que Kaji le había pedido. Debía hacer una llamada a un número encriptado que Kaji le había dejado. No sabía que ocurriría después, ni si al otro lado del teléfono habría alguien, pero debía hacerla. Abrió su ordenador y se dispuso a hacer la llamada en su línea segura; al principio no tenía esperanzas de que nada fuese a funcionar, pensaba que todo saldría mal, que con Kaji muerto, todo se habría ido al traste, que ya no había esperanzas. Pero en el séptimo tono de llamada, el teléfono se descolgó. Al principio no se escuchaba nada, tan sólo el silencio. A continuación un muy tenue sonido de estática, lejano, apenas se podía apreciar. Y de repente, un pitido punzante que se clavó en el tímpano de Makoto, quien se tuvo que arrancar los cascos antes de que le estallasen los oídos. Sus esperanzas se terminaron. Aquella línea estaba inactiva, y el otro lado nada ni nadie le iba a contestar. Se echó las manos a la cabeza y se quedó pensativo. Apenas unos segundos después, alguien contestó:

— Makoto, Makoto, ¿eres tú? Makoto, ¿estás bien? – de los cascos se expandía la onda sonora de la voz de un hombre, que le preguntaba. No quería creerlo, pero parecía la voz de Kaji. El informático corrió veloz a recoger los cascos y responder.

— Sí, soy yo Makoto. ¿Con quién estoy hablando?

— Soy Kaji. El Plan B – los ojos de Makoto se abrieron de par en par

— ¿Kaji? ¿Kaji? ¿Cómo es posible? ¿Cómo…?

— ¿Si estoy muerto, no? Eso es lo que te estarás preguntando ahora.

— Exacto ¿Cómo puedo estar hablando con Kaji? – guardó un segundo de silencio, y entonces cayó en la cuenta – Claro, es porque no estoy hablando con Kaji, si no con alguien que se hace pasar por Kaji, a quien el verdadero Kaji le dejó órdenes de hacer algo si él moría.

— No. No es tan rebuscado. Es todo más sencillo.

— Explícate.

— No tenemos tiempo. Tienes que confiar en mi, Makoto. Soy el Kaji verdadero. Veamos, si estoy muerto es porque Gendoh me ha matado, ¿no?

— No. Ha sido Fuyutsuki.

— Ostias ¿Y Gendoh dónde está?

— Creemos que se oculta en Japón, en el cuartel de la MCBI.

— Bien. En cualquier caso, eso quiere decir que nos hemos enfrentado a Gendoh y en este caso a su secuaz, porque ya sabemos donde están los niños o alguien los tiene, ¿no?

— La verdad es que las cosas no están tan bien como las estás relatando – decía Makoto al mismo tiempo que agitaba su cabeza, pensando que ni con el Plan B las cosas saldrían adelante. – Déjame que te cuente lo ocurrido, pero antes de nada, necesito que me digas o me demuestres que eres tú. No puedo confiar en ti tanta información sin saber de verdad con quien estoy hablando.

— Lo comprendo. Pero ahora no tengo tiempo de explicarlo todo y que suene creíble. Haremos una cosa.

— Dime.

— Seguid con el plan que tuvieseis trazado para llevar a cabo ahora. Cuando tengas un rato, donde estés a solas, completamente a solas, me vuelves a llamar, te explicaré todo con detalle. O bien, si te puedes reunir conmigo…

— Quizá sea una mejor idea - Makoto estaba mucho más entusiasmado con la idea de verse cara a cara.

— ¿Cómo es posible que desconfíes de mí, sin saber quién soy, pero si te propongo que nos veamos cara a cara aceptes? ¿No crees que podría matarte con total facilidad?

— Sí, ahora que lo dices tienes razón. Pero no. Este número de teléfono me lo dio Kaji, así que no puede ser peligroso. Dime donde estás, e iré a buscarte.

— Estoy en Barcelona. En la misma casa donde dejaron a los niños hace once meses. ¿Recuerdas el lugar?

— ¿Cómo? Nosotros no disponíamos de esa información.

— ¡Ah! Tienes razón. No recordaba que eso ya lo investigué una vez os fuisteis a USA. Estoy en una casa de Sitges, la única casa que hay a la orilla del mar junto a una catedral.

— Bien ¿Hasta cuando estarás ahí? – le preguntó Makoto a Kaji, ahora algo más desconfiado después de la última información.

— Una semana. Te doy una semana.

— ¿Y después? – insistió el informático, preocupado por todo lo que estaba aconteciendo.

— Te encontraré yo a ti.

4

En la puerta se oyó el repicar dos veces y después con suma celeridad se abrió de par en par. Michelle irrumpió en la habitación de Makoto despavorida. Se denotaba que tenía prisa. Él, veloz, cerró el portátil y la llamada que mantenía con Kaji se cortó. Era de vital importancia, según le había comunicado Kaji antes de morir, que Michelle no supiese nada del Plan B hasta que fuese estrictamente necesario. Era un hombre de palabra, así que, guardaría el secreto.

— ¿Qué ocurre Michelle?

— ¿Qué estás haciendo ahora con el portátil? Debemos irnos cuanto antes y aún no has hecho las maletas – replicaba la mujer anonadada.

— Sí, sí, ya las tengo. Sólo me falta recoger el material informático.

— ¿Y a qué estabas esperando? El avión que nos llevará a Francia, sale ahora mismo. Es un convoy militar, se trasladan porque al parecer Randall les ha llamado – Makoto se giró a mirar a Michelle sorprendido.

— ¿Perdona? ¿Quieres que volemos en un convoy militar, lleno de partidarios de Randall, con la total probabilidad de que hayan recibido órdenes de matarnos? Vamos a morir en cuanto el avión despegue.

— Ya… lo sé…

— ¿Lo sé? – vociferó Makoto contrariado – ¿Eso es todo lo que tienes que decir?

— Seremos dos cerebros contra diez músculos. No creo que sea tan difícil mantenernos vivos. Además, tenemos la cepa el virus, se la he cogido a Fuyutsuki de su habitación. No se arrimaran ni un centímetro a nosotros.

— Te veo verdaderamente convencida de llevar a cabo tus planes.

— Sí. No hay tiempo. Si no llegamos a por los niños ahora, Gendoh los matará, ya no le sirven de nada. Ha demostrado que se puede vivir en este mundo contaminado con lo que sea que les haya implantado o inyectado a Shinji y Asuka. Los eliminará para que nadie más pueda tener el antídoto y luego…

— ¿luego qué?

— Luego se quedará con los que él quiera. Tú y yo no, por supuesto.

— ¿Cuál es el plan, entonces? – preguntó Makoto, nada entusiasmado con la idea. Pero se había comprometido a ayudar hasta el final y así lo haría. No estaba muy dispuesto a dar su vida por nadie, pero, qué sentido podría tener seguir viviendo en un mundo en el que Gendoh lo dominase todo y que cuando alguien le molestase, le enfermase y le hiciese morir. Era ridículo.

— Gracias Hyuga. Iremos a Francia. Tú buscarás a los niños, no te será difícil. Yo me encargaré de Randall.

— ¡De eso nada! – contestó el informático – No te enfrentarás sola a ese monstruo sin piedad, asesina niños.

— Si vamos los dos y morimos, los siguientes serán Asuka y Shinji, y todo nuestro trabajo se habrá ido al garete.

— Tienes razón, en ese caso, iré yo a por Randall.

— No. Tú no eres militar, ni estás preparado para enfrentarte a un militar. Yo si lo soy. Soy un científico militar y sé que tengo que hacer en todo momento. Además, Shinji y Asuka agradecerán ver una cara conocida. Hasta ahora los únicos humanos con los que se han encontrado son desconocidos y todos les han querido hacer daño, o al menos, la mayoría. Creo que se merecen un respiro.

— Michelle… - suspiraba el informático.

— No se hable más. Recoge tus cosas. Nos vamos a Francia.

— Me gustaría despedirnos antes de nada. En el avión no podremos hacerlo y al llegar tampoco.

— No hay tiempo Makoto. No pienses en que no nos volveremos a ver.

— Pero… - y antes de que el hombre pudiese terminar, Michelle abandonó la habitación haciéndole un gesto para que se diese prisa.

Mientras terminaba de recoger sus bártulos, un incesante ruido de idas y venidas se escuchaba a lo largo de los pasillos, al otro lado de la puerta de su habitación. Era de suponer que tras la muerte de Fuyutsuki, iban a haber movimientos y nuevas órdenes, y debían salir de allí antes de que la noticia llegase a oídos de Gendoh.

Estaba recogiendo sus últimos HDD externos, cuando dos militares irrumpieron en su habitación. El primero se abalanzó sobre él y el segundo le apuntaba con la metralleta sobre la frente. El corazón de Makoto iba a mil por hora y no veía salida, ni posibilidad a sobrevivir. Justo antes de que el militar que le apuntaba pudiese hacerle una pregunta, una bala le atravesó el cráneo de punta a punta. El segundo militar, apretó con su brazo el cuello de Makoto, hasta casi dejarle sin respiración, pero Michelle, quien había matado al primero, le propinó una patada con la punta del tacón en la cara, que lo dejó fuera de juego. Y sin tiempo a reacción, antes de que el militar se reincorporase, le disparó en la sien.

— ¿Sabes pilotar? – le preguntó Michelle, mientras Makoto aún intentaba sobreponerse de lo ocurrido.

— No estoy seguro.

— Bueno, no te preocupes, yo sí – le agarró del brazo y lo puso en pie. Tenía una fuerza bruta increíble. Makoto no sabia de donde la sacaba, pero lo cierto era que le debía la vida, probablemente por enésima vez – Te he dicho que no te entretuvieses. Coge tus cosas y vámonos ya.

— Sí, enseguida.

Unos minutos más tarde, Michelle se había apropiado del avión privado de Fuyutsuki y se disponía a arrancarlo, mientras Makoto subía todas las pertenencias. Súbitamente, el hangar se comenzó a llenar de militares que tenían órdenes de detenerles. Sin demora, dispararon contra todo lo que se movía, incluido Makoto quien corrió al interior del avión.

— ¡Hyuga, ven aquí ahora mismo! – voceó Michelle.

— Sí – decía al mismo tiempo que corría hacia la cabina de pilotos.

— Debes arrancarlo y calentar motores. Lo único que debes hacer es apretar este botón durante unos segundos hasta que veas que estas cuatro luces se enciendan. Después, esperas hasta que parpadeen y cuando lo hagan, entonces las bajas siguiendo la secuencia de números que las enumeran. ¿Lo has entendido?

— Si, ¿Y a que velocidad bajo los interruptores de las luces piloto?

— Dejarán de parpadear una a una, cuando lo hagan, las vas bajando.

— Entendido. ¿A dónde vas?

— Tengo que ocuparme de algo.

Michelle se dirigió a la parte posterior del jet privado y se colgó una M-60 cruzada al pecho y una bazuca al hombro. La mayoría de militares se habían concentrado en la entrada lateral del hangar, así que tenía un punto claro sobre el cual apuntar; se puso ante la puerta de entrada del Jet, se agachó doblando una de sus rodillas para tener un punto de apoyo fijo, y sin más preámbulos, disparó. El proyectil salió con virulencia hacia los militares de la IBI Explorer que no cesaban de disparar. Impacto sobre un toro de carga propulsado con gas metano, que había aparcado junto al lugar donde se concentraban la mayor parte de los militares, e hizo explosión. Ésta se duplico, pues el gas hizo que unas llamaradas se propagasen por los alrededores, no dejando títere con cabeza. Acto seguido y sin tiempo a reaccionar por parte de los militares, Michelle remató la jugada, disparando con la M-60 a todo cuerpo que se moviese por los alrededores. En menos de cinco minutos, la mujer había dado fin con más de cincuenta militares; el avión estaba encendido y listo para partir. La mujer entró en la cabina bajo la mirada atónita de Makoto, quien no sabía si darle las gracias u ocultarse. Le miró e hizo un gesto de aprobación, al tiempo que se sentaba para para pilotar el avión.

Durante unos minutos y hasta que el avión no estaba volando, el silencio se hizo eterno. Michelle aún le daba vueltas a la muerte de todos sus compañeros, la peor de ellas la muerte de Kaji. Mientras tanto, Makoto aún estaba sorprendido por el despliegue de fuerza y estrategia de Michelle. Desde luego, entre los dos, ella era la única que se podía enfrentar a Randall, porque si de él hubiese dependido salir de aquel hangar, ahora estarían muertos. Tenía muchas ganas de hablar con ella sobre el tema, sobre las últimas cosas que había ocurrido, pero no sabía como abordarlo. Antes de que él pudiese comentar algo, ella rompió el hielo.

— No sé que va a ocurrir con nosotros a partir de ahora – comenzó la mujer, mientras ponía el piloto automático en el jet y giraba su asiento hacia Makoto, para mirarle a la cara.

— ¿Se puede dejar que el avión vuele así? ¿sólo?

— Claro, ¿por qué no? Son aviones de última generación, hasta pueden despegar y aterrizar solos.

— Vaya, no lo sabía – comentó sorprendido.

— La verdad es que para ser informático, es raro que no sepas algo así.

— He debido estar muy ocupado interfiriendo en las comunicaciones privadas de los demás y he olvidado ponerme al día con el armamento – los dos compañeros de vuelo se echaron a reír.

— A ti nunca te ha gustado el tema de las armas, ni de los militares – replicó Michelle, sorprendiendo a Makoto con sus palabras, pues apenas se conocían como para saber eso de él, y además decirlo como si hablase del pasado.

— ¿Cómo sabes tú eso? ¿Te lo ha contado Kaji?

— Kaji…

— Lo siento – no quería recordarle a su amigo o amante, realmente no sabia bien que relación se traían entre los dos. La mujer había quedado cabizbaja, pero era precisamente de eso de lo que quería hablar.

— No, no importa. No es la primera vez que le pierdo. Ya tuve que pasar por esto, así que casi se puede decir que ya hice el duelo por su muerte hace tiempo.

— ¿Te refieres a cuando Gendoh supuestamente lo había matado por traicionarle y espiarle para SEELE y luego resultó ser que estaba vivo?

— Sí, bueno, Kaji ha muerto tantas veces. Sólo que esta vez, pues es de verdad, lo he visto con mis propios ojos y no hay truco – el hombre estaba sorprendido, hablaba como si conociese a Kaji de casi toda la vida.

— ¿Desde cuando le conocías?

— De eso mismo quería hablarte. No quiero dejar de luchar, pero es cierto que cada vez el círculo se nos estrecha más y más. Sé que tengo que seguir adelante, porque si no, Shinji y Asuka morirán, y no podemos permitirlo. Pero poco a poco mis esperanzas de lograrlo se ven mermadas, hasta el punto de que no veo el cómo lo haremos. ¿Te das cuenta de que sólo quedamos tú y yo?

— Sí – respondió cabizbajo.

— Nuestros compañeros no han muerto, han sido asesinados, uno detrás de otro. Hemos luchado mucho para sobrevivir a una catástrofe mundial, a dos guerras mundiales, a guerras civiles, llevamos alrededor de siete años de infierno, y ni si quiera un virus que ha asolado la humanidad pudo con nosotros. Los que quedamos, nos estamos matando los unos a los otros, ¿por qué?

— Gendoh – dijo certero Makoto.

— Sí, él es el centro de todos nuestros problemas, de todos nuestros dilemas. ¿Qué es lo que quiere? ¿Qué busca? ¿Qué intenta conseguir del mundo? No queda nada, está todo arrasado. No tiene sentido que quiera un planeta vació.

— Está muy loco.

— Lo sé – respondió Michelle, mientras aprovechaba para comprobar que en el radar del avión no apareciese ningún otro en su radio de vuelo – pero, ¿crees que tanto como para querer hacer desaparecer la humanidad y quedarse sólo en un planeta para siempre?

— No. Creo que hay algo más allá, más retorcido.

— Claro que lo hay. Y eso es lo que me atormenta, ¿cómo vamos a luchar tú y yo contra eso?

— No lo sé.

— Asesinaron a Bryant Reynolds, a Giselle Harsh, a Kaji, a Maya y a Aoba. Puso en nuestra contra a Rei y a Fuyutsuki, y lo único que nos queda ahora son Shinji y Asuka, y una Sarah Jordan desaparecida.

— ¡Ella es la clave! – casi dijo entre voces Hyuga, pues había olvidado por completo que tenían esa baza de su parte.

— Claro. Ella sabrá toda la verdad. Si el chip infra-neuronal que le implantó, funcionó, ella será el futuro.

— Sí, funcionó seguro. Es por eso que no la han podido encontrar aún, porque se puede anticipar a todas las órdenes que dé, haga y deshaga Gendoh – Makoto miraba a Michelle entusiasmado, pero ella aún no le había contado todo:

— Sea como sea – hizo una larga pausa y al rato retomó la conversación – Sea como sea, no sé si saldremos vivos de esta y victoriosos. Por ello, creo que debería contarte algo muy importante. Hay dos cosas que no sabes, quizá sean tres – Makoto comenzaba a asustarse, no sabía por donde saldría Michelle en esta conversación, pero si tenía que luchar contra ella, ya sabía cual era el final.

— Dime… - replicó el hombre, casi temblando.

— La verdadera identidad de Giselle Harsh era Ritsuko Akagi.

— ¡¿Qué?! – vociferó Makoto – ¡Eso es imposible!

— No lo es.

— Vi a esa mujer un día de refilón, y aparte de ser bastante más joven que Ritsuko, no se parecía en nada. No tenía su pelo, ni sus ojos, ni su lunar, no tenía nada de nada, no puede ser, ni si quiera tenía su voz.

— Créeme – decía al mismo tiempo que se retiraba el parche del ojo. Makoto no quitaba la vista de la doctora, al tiempo que enarcaba las cejas – ni ella era Giselle, ni yo soy Michelle – y en ese mismo instante, la mujer se quitó una peluca rubia que había cubierto su identidad durante mucho tiempo.

Tras la peluca, se quitó las lentillas y también las cejas postizas, así como las pestañas. Después se retiró una prótesis que se había colocado en la nariz y se quitó el maquillaje de los ojos y los labios. Por último, retiró la redecilla que le sostenía el pelo y dejó que su morena melena cayese sobre sus hombros. Makoto no podía creerlo y arrancó a llorar.

— Lo siento Makoto, siento no haberte podido decir la verdad antes. Jamás podría haberme infiltrado en la nueva NERV, Gendoh no me habría dejado entrar en la MCBI ni ser la directora de la IBAI nunca ¿Lo entiendes?

— Misato…misato

— Sí, soy yo, de verdad, la misma – de repente abrió su boca, metió el dedo índice y en el pulgar de la mano derecha y extrajo un aparato que tenía adaptado al paladar. Parecía un pequeño transmisor, pero lo que verdaderamente era un distorsionador de sonidos. Ahora sí, habló con su verdadera voz – Soy Misato Katsuragi.

La joven mujer procedió a contarle toda la verdad de lo que había sucedido; cuando la ONU atacó la antigua NERV, actual MCBI, Gendoh activó su plan de ataque e hizo soltar a Rouji Kaji la primera cepa del virus. Mientras tanto, los pilotos de los EVA eran los únicos que podían salir a defender la ciudad de Tokyo-3, pero para poder llegar a los EVA tuvieron que ser escoltados. Shinji fue llevado hasta el hangar con la ayuda de Misato, pero antes de que pudiese lograr entrar, unos soldados los atraparon. Misato dio su vida para que Shinji pudiese proteger a los demás desde el EVA. Sin embargo, el joven niño no supo que Ritsuko Akagi llegó a tiempo para salvar a Misato de una muerte segura. La consiguió sacar de allí y ocultarla durante unas horas hasta que el grueso mayor del ataque pasase.

Finalmente, cuando los soldados de la ONU fueron aniquilados por el virus, los que quedaron vivos fueron vacunados y trasladados a la nueva sede de la MCBI, pero Ritsuko y Misato ya no regresaron. Ritsuko era amiga íntima de un hombre americano que hacía años que resguardaba especies de la extinción, su nombre eral Bryan Reynolds. Era un reconocido doctor, que había logrado la clonación perfecta de especies animales y vegetales, hasta el punto de que había conseguido repoblar el planeta de abejas, consiguiendo así que la mayoría de las especies, incluida la humana, no se extinguiesen. Cuando Ritsuko y Misato llegaron a la casa de doctor Reynolds, la vida de la señorita Katsuragi estaba tan en peligro que lo único que pudo hacer fue criogenizarla para poder hacerle las respectivas curas en un estado comatoso y de letargo. Eso fue lo que mantuvo a Misato más joven y con vida.

Durante los meses que ésta estuvo criogenizada, en el planeta sucedieron muchas cosas, pero lo más importante para ellos, fue la creación de la IBAI, IBI y la SGUA. Tres organizaciones que trabajaban para Gendoh en la nueva MCBI, y que estaban lideradas por Ritsuko Akagi, bajo la nueva identidad de Giselle Harsh, Randall Comand y Bryant Reynolds, respectivamente; tras despertar Misato, se enteró de los nuevos cambios que habían sucedido. Pero lo más importante de todo, es que se enteraron de lo que sucedió el día que la ONU atacó NERV. Se enteraron de que Kaji estaba vivo y que Gendoh le obligó a lanzar aquel virus sin saber que era. Se enteraron de tantas cosas extrañas y dañinas que comprendieron que debían detener a Gendoh como fuese, ya que fuese lo que fuese lo que estaba tramando, no era nada bueno, ni para ellos, ni para el resto de la humanidad. Fue entonces cuando Misato se creó la nueva identidad de Michelle Herslahg y se puso a cargo de la IBAI.

Desde entonces y hasta día de hoy, luchaba contra un ser despiadado que no había tenido reparos ni de experimentar con su propio hijo, enviándole a una muerte segura.

— Me tengo que quitar el sombrero ante vosotros. No puedo creer de verdad que hayáis luchado tanto y llegado hasta aquí con tan poco. Misato, si tú me hubieses dicho la verdad antes, hacía muchos años que os podría haber ayudado.

— No podía. No me malinterpretes ni te enfades, pero no hubieses sido capaz de disimular tu alegría por saber que aún estaba viva. Habrías hablado con Aoba y con Maya del tema, Gendoh nos hubiese descubierto y todos no podríamos haber llegado hasta aquí. Se te dijo en el momento que fue oportuno y necesario, y he de reconocer que desde que estás entre nuestras filas ayudándonos hemos mejorado mucho.

— Bueno, realmente ha muerto mucha gente desde mi llegada.

— No es por tu culpa – remarcó la mujer con contundencia.

— No ya, pero deja que pensar.

— No hay nada que pensar.

— Misato, ¿qué es verdaderamente lo que te hizo pensar que debías seguir luchando? Quiero decir, lo que te hizo decidir que necesitabas una nueva identidad para machacar a Gendoh.

Makoto Hyuga estaba enamorado de Misato, y se puede decir que era un secreto a voces. Todo el mundo sabía que siempre la había amado, pero que él mismo era consciente de que no era un amor correspondido. Misato le admiraba por como era y por lo que era, pero jamás podría haber estado con él, especialmente porque su corazón siempre había estado ocupado; ahora lo único que esperaba el informático es que Misato le dijese cualquier cosa, menos que había luchado porque sabía que Kaji estaba vivo.

— ¿Sinceramente? – le preguntó Misato, mirándole con compasión, ya que aún le quedaban algunas lágrimas en la cara por la emoción de haberla visto y saber que aún seguía viva.

— Hombre, claro, quiero saber la verdad, ya no quiero más patrañas.

— Saber que Shinji estaba criogenizado.

— ¿Cómo? Pero había muchas cosas peores.

— No. Cuando me despertaron de mi criogenzación, el doctor Reynolds había sanado la profunda herida que tenía en mi estómago, de no ser por él y por sus avanzados conocimientos médicos habría muerto. La herida que tenía en la barriga, me llegaba desde el ombligo hasta casi la primera costilla, y además me había atravesado de punta a punta. Ritsuko consiguió mantenerme con vida a base de morfinas, pero la herida se me había infectado, y aunque había sido vacunada contra el virus, la herida era tan grande, que me había contagiado por completo. Bryant no sólo consiguió curarme la herida, si no que además me la cerró, evitó dejarme cicatriz y me hizo inmune al virus – Misato se levantó la camisa y le enseño su vientre, completamente liso y sin marcas de haber sido herida.

— ¿Cómo lo hizo?

— Me explicó que clonó algunos de mis órganos y mi propio tejido, y poco a poco, en pequeñas fases me fue reconstruyendo.

— ¡Increíble!

— Cuando supe aquello, me di cuenta de que la vida me había dado una segunda oportunidad y debía haber algún motivo importante. Luego me enteré de que Kaji estaba vivo, de que el verdadero causante de la asolación humana había sido Gendoh con su virus, y no la ONU como nos hizo creer. Bueno, todo esto ya debes saberlo.

— Sí. Fuimos muy estúpidos de no darnos cuenta de que justo al terminar el ataque y morir todos los soldados de la ONU, había una vacuna para nosotros, para protegernos de un supuesto virus que la ONU había lanzado. Era estúpido. Pero nos lo creíamos. La evidencia de que el mismo que crea el virus tiene el antídoto, era tan aplastante, que creo que lo pasamos por alto.

— No te culpes – decía Misato al tiempo que le cogía una mano – todos caímos en la misma trampa.

— Sigue por favor.

— Sí. Al despertar me contaron muchas barbaridades y atrocidades. Me explicaron muchas cosas de como estaba el planeta, el mundo, de las guerras que estaba a punto de acontecer, de todo un poco, ya te puedes imaginar, tu lo has vivido también. Pero lo que menos me gustó de todo lo que me contaron fue lo de las organizaciones que Gendoh había fundado. El hecho de saber que Gendoh tenía bajo su cargo al mejor cirujano de la historia mundial probablemente, me refiero a Bryant Reynolds, me hizo pensar que Gendoh trazaba un plan y de lo más malvado. Entonces supe lo de Sarah Jordan. Bryant me la enseñó, la vi metida en aquel tuvo, sola, fría, muerta, atrapada en el limbo, a la espera de ser tratada como una cobaya. Un ser humano al que le habían robado la vida, con la única intención de más tarde jugar con ella, como una muñeca. Supe en ese momento que Gendoh estaba completamente loco, desquiciado. Entonces Ritsuko, ya bajo la identidad de Giselle, me contó la peor parte.

— ¿Qué? – preguntó muy interesado el informático

— Hacía unas dos semanas, poco antes de que yo fuese despertada, Gendoh había capturado a su propio hijo y lo había criogenizado inyectándole el virus de la nueva cepa. Su propio hijo… ¿cuánto odio puede albergar ese hombre en su interior? Para mi Shinji es…

— Lo comprendo. Cambió tu vida Misato, lo ví. Aquel niño llegó a tu casa y te hizo diferente.

— No puedo vivir pensando que él no está a salvo. No puedo permitirlo. Di mi vida por él, por darle una oportunidad, porque merece vivir. Ha sufrido tanto… - Misato comenzaba a atragantarse con sus propias palabras y su garganta se secaba.

— No sigas. Le salvaremos, a él y a Asuka – Hyuga estaba convencido. Sabía que lo lograrían, pues ahora se veía lleno de esperanzas, pletórico. Misato estaba viva y estaba con él. Kaji era un genio y necesitaba rencontrarse con él en aquella casa de Sitges para agradecérselo todo. Deseaba poder contarle a Misato la verdad sobre Kaji, pero no podía, debía guardar el secreto hasta que Kaji dijese lo contrario.

Tras once largas horas de vuelo, el avión llegó a Francia, al aeropuerto de París. Ahora debían dividir sus caminos, Misato se dirigiría al cuartel general de la SGUA en Foix y Makoto debía rastrear a los niños, en el perímetro de kilómetros de Foix que podían haber recorrido en las horas que habían pasado; Misato se volvió a caracterizar de Michelle, no sin antes despedirse del informático. Finalmente entre risas y algunas lágrimas, partieron sus destinos.

5

Para Hyuga Makoto, rastrear a los niños era muy fácil. Disponía de toda la información necesaria y lo más importante, de los aparatos de rastreo más precisos del mercado. Pero lo más importante de todo, es que los había diseñado el mismo y por tanto sabía como sacarles el máximo partido. Además, él era una mente privilegiada. Un hombre increíblemente inteligente y con una capacidad de deducción abominable. En menos de un parpadeo, ya había rastreado todas las señales que se emitían de aparatos eléctricos en funcionamiento, junto a focos de calor en movimiento. Había dado con ellos.

Aún estaban relativamente cerca a Foix, apenas se habían alejado treinta kilómetros, así que se podía decir que tenían la enorme suerte de no haber sido encontrados por los militares de Randall. Cabe decir que los militares que andaban rastreando a los niños, no era los mejores militares del mundo, eran los mejores que quedaban con vida. Había muerto tanta gente en el mundo en los últimos años, la mayoría infectados por el virus, que los que sobrevivieron no fueron ni los mejores ni los peores, sólo los que más suerte tuvieron. Eso sin contar, obviamente, aquellos que contaba con el antídoto. Así que Randall hacía lo que podía con el cuerpo militar que tenía; en cambio, eso era una ventaja enorme para Hyuga, quien no tendría ninguna competencia a la hora de llevarse a los niños.

En el mismo aeropuerto de París, se dirigió al Hangar privado de la IBI. Sabía que allí encontraría todo lo que necesitaría para pasar desapercibido en las próximas horas. Lo único que debía hacer era desbloquear cada puerta de acceso con la contraseña adecuada. Para ello, ya se había hecho con varias de ellas en el tiempo que había pasado en USA. Tenía huellas dactilares de casi todos los altos cargos, así como copias de sus iris y sus contraseñas alpha-numéricas. Consideró que la más apropiada sería la de Fuyutsuki, que como ya estaba muerto, nadie echaría en falta sus pertenencias. Si cogía las cosas de Randall, éste podría percatarse y estaría en problemas.

Una vez en el interior del Hangar, se hizo con un par de armas de pequeño calibre y una ametralladora. Un juego de walkies de onda privada y lo más importante, un avión rastreador espía. Él mismo había participado en parte del diseño de éste, aunque nunca había llegado a verlo terminado. Eran los aviones que solían utilizar Gendoh y su mano derecha, Rei, para trasladarse en el más absoluto incognito y anonimato. No hacían ruido, no se veían al ojo humano y no se podían rastrear con ningún radar; despegó rumbo a Foix, al lugar donde Shinji y Asuka estaban ocultos.

Unos minutos más tarde sobrevolaba la montaña del túnel donde se habían quedado atrapados, sin vehículo, sin comida y sin ropa de abrigo. Sea como fuera, de un momento a otro debían salir. Súbitamente, una de las compuertas de las salidas de emergencia se abrieron y una melena peliroja asomó. Después el joven acompañante. Ambos quedaron perplejos ante el panorama desolador que presentaba Francia. La misma escena grotesca que ambos vivieron en Barcelona y después en Tarragona. Makoto aprovechó el momento de bajón para entrar:

— Os encontré. Yo os explicaré que está pasando – los corazones de ambos jóvenes se quedaron compungidos, a un paso del paro cardiaco.