hola cuanto tiempo!!! No saben cuánto los he extrañado quiero agradecer especialmente a todos aquellos que no perdieron la fe en que continuaría, la verdad no tengo palabras para todos sus ánimos, solo ustedes podrían hacerme continuar… les pido mis más sinceras disculpas por tardar tanto, no tienen ni idea de todo lo que he tenido pasar para poder escribir la conti, tan es así que no voy a poder responder RR esta vez de verdad que lo siento mucho :Sconti pero de alguna manera he logrado traerles 2 capis por 1 para compensarlos por todo el tiempo que han tenido que esperar, en el cual por cierto han pasado cosas que creo que han cambiado no la historia sino un poco mi forma de escribir.
En el capitulo anterior:
Más tarde Naruto encontró una misteriosa carta que decía: "Para el Hokage ", dicha nota lo hizo temblar al abrirla cuando cayó un puñado de cabellos rubios casi al mismo tiempo que se dio cuenta de que tenia el símbolo de akatsuki. Su postura se mantenía intacta pero se podía ver como aumentaba el pánico en sus ojos a cada palabra que leía:
La pequeña Taki estará con nosotros por un pequeño lapso. No es una broma si intentas buscarla en la aldea solo perderás tu tiempo. Como ustedes tomaron algo nuestro nos pareció lo mas justo tomar algo suyo. Obviamente hablamos de Zuka. Lo mas lógico sería hacer un trueque sin embargo hay varias consideraciones a tomar en cuenta: tú personalmente y nadie más que tú deberá traernos al chico, si alguien mas los acompaña o intenta interferir la niña pagará las consecuencias así que si la quieres viva puedes ahorrarte cualquier inútil truco o débil intentó de engañarnos. Que regrese sana y salva solo dependerá de ti, es simple el kyubi y mi muchacho a cambio de la niña sin embargo como esto representa un pequeño problema ético y sabemos que en tu posición de hokage no te será fácil escabullirte te daremos una semana para que lo pienses y consigas al niño. Al cabo de esa semana te haremos saber cual es el punto de encuentro si no apareces o si no traes al niño, la niña morirá inmediatamente. Su vida queda en tus manos. La única pregunta es: ¿ cuanto estas dispuesto a sacrificar por la vida de tu hija?.
El papel en las manos del rubio se volvió un nudo no más grande que el que tenía en la garganta, su tesoro…, el mayor tesoro que poseía a cambió de su vida y eso no representaba ningún problema.
Daria su vida mil veces por la de ella si fuera necesario pero eso no tenia importancia alguna ante el dilema que lo consumía, por que esta vez no solo se trataba de su vida, se trataba de la de otro niño inocente y cuando las vidas como si fueran manzanas son puestas sobre una balanza es indiscutible que sin importar lo que pase será la fatalidad la que decida quien merecer vivir.
El niño que nunca quiso.
Naruto se encontraba sentado en el sillón de su despacho, observando a través del gran ventanal como la despedida del sol tornaba el cielo en anaranjado. La perturbadora nota que acababa de derrumbar su vida se encontraba en su escritorio, aún arrugada. El viento que agitaba sus cabellos no podía llevarse lejos los pensamientos que dirigía a su hija. Mientras lo consumía la angustia de saber si estaba bien, en su mente pasaban uno tras otro los recuerdos de Taki: como lo miraba con ojos enternecedores cuando quería conseguir algo, como él corría a consolar sus lagrimas cuando era pequeña y se lastimaba, como ella corría a sus brazos con su inigualable sonrisa, como había crecido asombrosamente feliz ante sus ojos. Le parecía increíble que hasta hace poco la había escuchado llamándolo papá, tan solo esta mañana la tenía en sus brazos, protegida.
Sentía un dolor y una bola de fuego en el estomago que subía hasta su pecho, ardiendo. No sabía que la culpa ardía y es que él nunca había tenido que vivir las mismas experiencias que Sasuke. Aún estando conciente de que como jinchuriki había sido acechado, de que su vida siempre había corrido y correría peligro, que las personas que le importaban fueran lastimadas tan solo por tener lazos con él era algo que nunca le había pasado por la cabeza y es que pensándolo bien, él había crecido sin lazos, hasta hace poco no tenía a nadie pero ahora que podía entender un poco lo que había en la cabeza del pelinegro le parecía estupido haber sido tan descuidado, haber tomado por sentado que konoha era un lugar seguro para su familia.
Seguía debatiéndose sobre el dilema que le habían impuesto los akatsukis, tratando de decidir que hacer, de descifrar que era lo correcto cuando kakashi apareció por la puerta de su despacho para dar confirmación a sus peores certezas y aún así todavía le esperaba lo peor, aún tenía contarle a hinata.
Ya era de noche cuando regresó a casa, al entrar lo primero que vio fue el corral de takeshi en la sala.
-Papaaa – inmediatamente llamó el bebe alargando sus bracitos para que lo cargara -Papaaa -llamó de nuevo muy alegre.
Naruto lo tomó en brazos para mimarlo como era su costumbre, su hijo se parecía tanto a hinata que deseaba tanto verlo crecer, poder apoyarlo, estar ahí para él cuando lo necesitase, enseñarle todo lo que necesitaba saber y compartir como él no pudo hacerlo con su padre. Nunca se imaginó que sería para su hijo lo mismo que su padre era para él, solo una gran cara de piedra en una montaña a quien admirar, el recuerdo de un hokage. Consiguió que un juguete distrajera la atención del niño para depositarlo de nuevo en su corral pero se quedó mirándolo intencionalmente un poco más, aún trataba de descifrar como destrozaría el corazón de hinata.
-Oh…naruto –dijo la pelinegra cuando lo vio entrar en la cocina, se acercó a él para depositar un beso en sus labios y volvió rápidamente a sus labores un tanto distraída y acelerada –la cena aún no esta lista, pero es que me he tenido que quedar hasta tarde en la mansión.
-¿Ah si? – Dijo Naruto mientras se preguntaba ¿Por qué seguía dándoles vueltas al asunto?- ¿Por qué ?¿Cómo ha ido tu día?.
-Bastante bien en realidad – contestó al tiempo que cortaba una cebolla - mi padre me ha colaborado mucho en todo pero hay tanto por hacer... – suspiró – por cierto, puedes creer que después de que se la pasa reclamándome por los escándalos y las carreras que arma taki en la mansión , lo primero que hizo cuando vio que llegaba sin ella fue preguntarme donde estaba y después de que supo que hoy le tocaba entrenamiento con kakashi se la paso lamentándose todo el día por los rincones cual fantasma, blasfemando sobre que ya nadie lo tomaba en cuenta, sabes… a veces creo que aunque tuviera mucho nietos taki seguiría siendo su favorita.
Solo cuando la pelinegra terminó de cortar las cebollas y se dio la vuelta fue que pudo ver a naruto sentado en la mesa con la cabeza hundida entre las manos y silenciosas lagrimas corriéndoles por las mejillas, de repente fue como si algo golpeara en la conciencia de hinata, algo estaba mal: era imposible que taki entrará en la casa y no la saludara inmediata y escandalosamente.
-Lo siento… lo siento tanto…- fue lo único que pudo pronunciar el rubio.
-¿Dónde esta taki? –Preguntó hinata mientras buscaba con la mirada fuera de la habitación – creí que regresaría contigo… -por alguna razón su cuerpo ya estaba temblando.
Naruto contó la historia del intercambio que querían hacer los akatsukis a hinata resumiéndola lo más posible, ahorrándose las partes donde mencionaban la inminente muerte de la niña y aún así tuvo que atajarla entre sus brazos cuando estuvo a punto de desmayarse.
-Tranquila, yo voy a protegerla como debí hacerlo antes, te lo prometo da' ttebayo – dijo el rubio mientras veía como los plateados ojos de su esposa se inundaban en lagrimas – No va a pasarle nada –el llevó suavemente las manos hasta las mejillas de la pelinegra en un inútil intento de limpiarlas.
-¿Qué vamos a hacer ahora?, tenemos que recuperarla.
-No te preocupes, kakashi y yo ya tenemos un plan. Nos iremos esta misma noche, ya he dejado todo arreglado y shikamaru se encargará del despacho mientras tanto.
-Bien, entonces tenemos que partir cuanto antes –dijo con voz más reconfortada mientras cesaba su llanto con dificultad.
-No, yo voy a ir por ella y tú debes quedarte aquí para cuidar de takeshi, además no hay necesidad de arriesgarte a ti también y si tú vas solo tendré otra cosa de que preocuparme.
-¡¿Y qué pretendes?!, que me quede aquí a esperar a ver que pasa, ¿quieres que me vuelva loca?, ¡también es mi hija!
-Takeshi también te necesita aquí ¿recuerdas?, ¿Cómo vas a dejarlo solo?.
- No me pidas que elija. – dijo con voz torturada.
-No tienes nada que elegir, debes esperar aquí y cuidar de takeshi por que te juró que Taki regresará sana y salva – la pelinegra parpadeó un par de veces impactada, no paso desapercibido que la promesa de naruto solo incluía a la niña- ya sabes que nunca me retracto de mi palabra.
-¿Y tú? –Preguntó con voz entrecortada -¿Qué piensas hacer?, ¿Qué pasará contigo? – él la envolvió fuertemente con sus brazos sosteniéndole delicadamente la cabeza para poder susurrarle al oído.
-Eso no importa, a donde sea que vaya… mi corazón se queda contigo – las lagrimas comenzaron a brotar de nuevo por los plateados ojos tan silenciosas como dolidas, no tenía ni que preguntarlo, hinata sabía que naruto no dudaría un minuto en sacrificarse por taki, ella haría lo mismo.
-¿Estas diciendo que…? – su voz ya no tuvo la suficiente fuerza para salir de su garganta, estaba tratando de imaginar a su familia con solo tres miembros. Mientras sentía una desesperante urgencia por tener a Taki en su regazo se preguntaba ¿Realmente tenia que aceptar que perdería a naruto?.
-No se lo que va a pasar, lo único que sé es que haré lo que sea para traerla de vuelta.
-Naruto tu no… no puedes… darte por vencido –los ojos azules se abrieron al máximo y la pelinegra continuó desesperada casi furiosa apretó la camisa del rubio con las manos- Lo prometiste ¿recuerdas?, que nunca renunciarías a mí. Debes encontrar una manera… - el ojiazul sonrió de medio lado algo conmovido.
-Es cierto… nunca darme por vencido, ese es mi camino Ninja – sin entender como podía hacerlo en medio de esa situación, el rubio tomó el menton de la hyuga entre sus manos para regalarle una esplendida sonrisa – te prometo que conseguiré rescatar a nuestra hija y que lucharé por volver a ti da'ttebayo, dime ¿Qué clase de idiota sería si no lo hago? – él acercó sus labios a los de ella y el beso supo a lo salado de las lagrimas pero a la misma vez supo tan dolorosamente dulce como generalmente saben los besos de despedida. -¿Cómo podría no hacerlo?. –agregó mirándola intensamente, llevo las manos hasta las mejillas de la pelinegra y sujetándole el rostro con fuerza la beso de una manera diferente, esta vez había una apasionada necesidad en sus labios.
Al parecer esta nueva promesa hizo sentir mejor a la pelinegra por que soltó el amarre de las ropas del ojiazul para aferrarse a los cabellos rubios y respondió al beso con la misma exaltación, como si quisiera recordarle el motivo para regresar. Cuando apartaron los labios ambos jadeaban.
-Tengo que irme ya…- recordó naruto tratando de controlar la respiración pero el pesar con el que lo vio hinata lo desconcentró por completo.
Ella se hundió un momento en el azul cristalino de los ojos que tenía enfrente, se dio cuenta muy pronto de que no sabía si volvería a verlos y rápidamente fue embargada por una extraña ansiedad, ¿Cómo tenía el valor de despedirse de él?. De él que era su heroe personal, de él que era su vida y solo había una respuesta válida e irrefutable: Su niña.
-Todavía no –respondió la pelinegra, se dio la vuelta hacia la cocina y apagó la cena a medio cocinar, estaba segura de que no podría probar bocado esa noche, luego giró para encarar al rubio y titubeó un momento antes de acercarse cautelosamente a él- solo un momento…-agregó al tiempo que comenzó a desabotonar uno por uno los botones en la camisa de su esposo.
-Pero… - el rubio intentó hablar pero lo habían tomado demasiado desprevenido para refutar coherentemente.
-Si tengo que dejarte ir y ni siquiera sé si vas a regresar, al menos regálame unos minutos más – susurró justo antes de enterrar el rostro en el pecho desnudo del rubio para depositar un beso que ocultara sus lagrimas. Dejarlo ir no era algo fácil para ella.
Él se mordió el labio, era cierto que no había certeza en su regreso y en el peor de los casos no cabía duda de que era mejor tener una despedida que nada. La apartó delicadamente de su cuerpo y le elevó la barbilla con la mano para poder verle a la cara y ahí estaba… lo mejor que le había pasado en la vida. Limpió la humedad del rostro de la ojiplata con movimientos suaves de su palma.
-Te Amo, no olvidaras eso ¿verdad? -antes de que ella pudiera responder, él se abalanzó sobre sus labios con una estremecedora pasión.
Ella le quitó la camisa por completo y él le envolvió la cintura con los brazos para alzarla, aferrándola a su cuerpo y sin despegar los labios de los de ella salió por la puerta de la cocina en busca del camino de su habitación no sin antes pasar por la sala a chequear al bebe, quien se les quedó viendo interrogativamente pero desaparecieron de su vista mucho antes de que pudiera protestar por algunos de sus brazos.
Naruto la recostó con suavidad en la cama y quedó encima de ella, la vio al rostro por un momento, los ojos perlas lo miraban de una forma extraña considerando la situación en la que estaban y él entendía por que, por la misma razón que él había accedido a estar con ella antes de partir, por que es algo inevitable cuando le perteneces a otra persona, por que lo que sentían más que placer… era Amor.
Hinata comenzó a desabrochar el pantalón del ojiazul mientras él se encargaba de su blusa, él beso suavemente su pecho derecho una y otra vez mientras acariciaba el izquierdo con una mano, toda su piel sabia tan deliciosa y él se dedico a recorrerla, ella se perdió entre la sensaciones de los labios de naruto sobre su piel y no pudo terminar de quitarle el pantalón, cuando se dio cuenta estaba completamente sin ropa entre los brazos de naruto, no podía esperar más y se lo hizo saber con un susurro al oído. Él sonrió ante su impaciencia pero sin perder más tiempo se apresuró a quitarse el resto de sus ropas.
Ella lo atrajó con las manos hacia su cuerpo y lo beso ansiosamente, en un simple movimiento él se adentró en ella haciendo que los labios de la pelinegra temblaran, luego comenzó a entrar y salir lentamente sin perder el contacto visual. Los gemidos de placer de la pelinegra salieron acompañados por nuevas lágrimas, entonces él se detuvo un momento preocupado por su llanto.
La interrogó con la mirada y ella casi le sonrió, pero antes de que pudieran salir palabras ella se apresuró a tumbarlo de espalada sobre la cama y se ensambló a las caderas del rubio. Se tomo su tiempo para besarle los labios, saboreando despacio.
Luego se perdió profundamente en esos hermosos ojos azules mientras bajaba y subía del rubio aumentando el ritmo. Ese frenesí…la placentera sensación que los embargaba estaba envuelta en una ola lenta de sublime agonía.
Cuando ya no quedó sentimiento en ningún pecho ella cayó exhausta sobre el abdomen del ojiazul, él la aferró a su cuerpo con un brazo y con el otro comenzó a acariciarle la espalda, las cejas que enmarcaban sus ojos celestes se contrajeron en un gesto de dolor. Eso había sido mucho mejor que pronunciar tristes palabras de despedida, todo lo que se amaban y todo lo que tenían que decir estaba dicho, sus cuerpos habían hablados por ellos. Era muy tentador quedarse así, con el silencio de las palabras rozándoles la piel, pero la imagen de taki en sus cabezas les prohibió caer en la tentación.
- Ahora si tengo que irme, kakashi debe estar esperándome –el susurró que salió de la boca del rubio sonó como el lamento de un torturado, a él tampoco le era fácil separarse de ella, del lazo que siempre quizo tenerg. La pelinegra hundió el rostro en el pecho de él para no verlo a los ojos.
-Aún no me has dicho…-la acelerada respiración de la pelinegra solo le permitió hablar en roncos susurros- ¿que piensas hacer?, ¿A dónde van a ir?. –el tampoco parecía querer que ella viera su rostro húmedo así que se limitó a responderle.
-¿Qué no es obvio?, kakashi va a llevarme al escondite de Sasuke - los plateados ojos se quedaron fijos en el horizonte un instante, repentinamente por un momento, en un sobresalto interno la pelinegra dejó de respirar.
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Pocos día después…
Era una hermosa y fresca mañana como de costumbre amai y sakura caminaban ligeramente y sin prisa sobre el verde de la hierba. El niño a diferencia de antes lucia contento y relajado. Estaba muy pulcro y llevaba ropas muy bonitas, su test de porcelana había adquirido un agradable color rosado y había aumentado un poco de peso. Pero no solo lucia más saludable que antes, algo más había cambiado en él. Esa melancólica sensación que lo acompañaba a todas partes ya no estaba. Por más que comía siempre había sentido una especie de vacío en el estomago como si algo extraño le faltara, y el no había podido explicárselo considerando que nunca había tenido nada, pero lo cierto era que después de estar en los brazos de su madre toda esa inexplicable tristeza en su interior había desaparecido. Era como que sin saberlo la extrañaba.
Repentinamente el pequeño se detuvo un momento e inspiró un poco de aire, dijo "ya vengo" antes de desaparecer con una sonrisa en los labios. Por un corto periodo Sakura se quedo sola en la llanura y todo lo que sus ojos podían ver era el interminable verde de la naturaleza. Al rato comenzó a buscar al niño con la mirada en todas direcciones cuando una voz familiar la sorprendió a su espalda.
-¡Aquí esta! – Señaló su pequeño muy sonriente refiriéndose a la planta con propiedades curativas que llevaba en la mano- ¿es esta?, verdad mamá – ella se acercó para identificar la planta y la sonrisa en su rostro le confirmó al chico que estaba en lo correcto.
-sí, es esa. Siempre me da problemas y tengo que caminar mucho por que crece muy oculta. Es muy difícil de encontrar… ¿Cómo la conseguiste?.
-Seguí su aroma, no es tan difícil de encontrar una vez que estas cerca.
-Ya veo…- guardó con cuidado la planta pero pesar de que la pelirosa no dejó de sonreír una gotita salió en su cabeza al estar conciente de que solo un sentido del olfato altamente desarrollado podría rastrear un aroma tan distante entre tantos olores que se mezclaban en la naturaleza –entonces ya tenemos todo lo que necesitamos, supongo que terminamos por hoy – dijo acariciando los cabellos del niño, no sabía si tenia que ver con que fuera su hijo o por que era una parte de sasuke o por que era la perfecta combinación de ambos pero adoraba todo en ese pequeño, incluso sus pequeñas rarezas.
-Entonces ¿ya podemos merendar? .- preguntó emocionado. La comida era algo que siempre emocionaba a Amai.
-De acuerdo, esta vez es tu turno de escoger el lugar así que…- el rostro del chico se iluminó.
-¡Ya lo tengo! – y sin esperar más comenzó a halar apresuradamente de la mano de su madre quien lo seguía con destreza hasta que llegaron a un hermoso claro bajo la sombra de un floreado árbol de cerezo, cuyos pétalos rosados se encontraban regados cual alfombra sobre la tierra. – la kunoichi no pudo evitar quedarse con la boca abierta por un momento.
-Este lugar… es muy hermoso Amai – dijo realmente impresionada.
-Lo sé – el niño sonreía muy complacido al ver la satisfacción de su madre – lo vi cuando estaba buscando y me gustó mucho por que me recuerda a ti – ella lo miró conmovida por un momento mientras pensaba que a pesar de todo no se había equivocado al escogerle el nombre.
Amai era un niño realmente dulce, incluso cuando sacaba el mismo carácter que sasuke le resultaba realmente tierno aunque siendo honesta no podía decir que fuera un niño lo que se llama precisamente normal. Realmente era muy fuera de lo común, resultaba gracioso ver como era de inocente en muchos aspectos y todas las cosas que desconocía y aún así… muchas veces solía comportarse como un adulto.
Era capaz de hacer cualquier cosa por la que otro niño protestaría y se tomaba sus deberes muy en serio además ella ya se había percatado de que el niño tenía una mente brillante. Poseía lo que algunos podrían llamar el criterio de un genio.
Indudablemente era un niño precoz. Para tener solo siete añitos, era increíblemente independiente en muchas cosas, incluso parecía estar convencido de que era su responsabilidad cuidar de si mismo y siempre se sorprendía de los cuidados que los demás le dedicaban .Sin embargo no podía culparlo por esto, sabía que eso se debía al hecho de que siempre había tenido que cuidar de si mismo, a la forma como había sido criado y si ya estaba acostumbrado a esa conducta no podía esperar que cambiara de un día para otro, además ella ya había entendido que al igual que sasuke su hijo sería una de esas personas que nunca aparentan su edad, una de esas personas que son dotadas con una extraña clase de sabiduría de celestial providencia, una sabiduría que no era adquirida a través de las experiencias pero a pesar de todo, al fin y al cabo solo era su pequeño niño.
Aunque la mayoría del tiempo se comportaba como un niño de su edad como cuando jugaba o hacia preguntas inocentes, a veces había algo incluso en su forma de hablar que hacía difícil recordar que se trataba de solo un niño… No se le escapaba nada y era demasiado perspicaz para ser normal. Él era realmente alguien difícil de descifrar.
El niño parpadeó un par de veces mientras trataba de comprender a que esperaba su madre, ella se percató de su impaciencia y se apresuró a sacar un pequeño pergamino de donde invocó una canasta llena de comida. Luego comenzó a ordenar en un pequeño mantel las cosas que traían que eran en su mayoría los platillos favoritos del pequeño. Como todas las mañanas que salían al campo después de recolectar plantas juntos, este era un tiempo solo para ellos dos y ambos lo disfrutaban mucho especialmente Amai.
- Oye mamá… ¿Por qué papá nunca viene con nosotros? – preguntó el niño con un semblante reflexivo que no impidió que siguiera devorando su quinto pastelito aunque según instrucciones de Sakura ya había aprendido como ingeniárselas para no hablar con la boca llena.
-Por que ahora esta muy ocupado investigando algunas cosas pero un día de estos lo convenceremos para que nos acompañe.
-Esta… -sakura notó que repentinamente el semblante del chico se volvió algo oscuro -…esta investigando donde esta madara –sama ¿verdad?.
-El solo quiere protegernos…- dijo ella en un tono tranquilizador - no quiere que nada malo nos pase y por eso se esfuerza tanto por mantenernos a salvo - el castaño sonrió inocentemente.
-Papá nos quiere mucho ¿verdad?- dijo al tiempo que se llevaba otra galleta a la boca pero no parecía una pregunta sino una afirmación.
-Así es, especialmente a ti – dio un ligero toque en la nariz del niño – por eso no debes preocuparte por nada, ¿vale? – la ojiverde le guiño un ojo y el pequeño sonrió sin parar de comer.
Como era costumbre después de comer descansaban un rato mientras repasaban algunas cosas que Amai debía aprender. A pesar de que la ojiverde se encargaba de la educación del niño por las tardes también quería que aprendiera algunas lecciones. Cosas que no aparecían en los libros.
-Entonces, si tío juugo se vuelve furioso debo salir corriendo como loco llamando a papá -sakura se limito a asentir una y otra vez- y si tía karin estrangula a tío suigetsu o viceversa no debo hacer absolutamente nada -mientras su madre seguía asintiendo repetidamente el niño se quedó pensativo – mamá… ¿Cuándo podremos volver a konoha?, hace días que taki no me escribe.
-Ha de estar muy ocupada cielo, pero no te preocupes estaba pensando que iremos a celebrar tu cumpleaños allá, ¿Qué te parece?.
-¿Mi cumpleaños?, ¿El día en que nací? – Trató de hacer memoria por un momento – eso es el 6 de julio ¿cierto? – recordó que esa era la fecha que su madre le había dicho ya que nunca había celebrado un cumpleaños de su vida, ella asintió como respuesta y el comenzó a contar con los dedos – pero aun falta mucho para eso y además yo no sé como se celebra ¿y si lo hago mal? –la ojiverde casi escuchó como su corazón se quebraba, todas las cosas de las que habían privado a su hijo y todo el tiempo que estuvo separada de él era un tema que convertía su sangre en impotencia, la enfurecía y lastimaba profundamente, por eso prefería no pensar en eso y enfocarse en el presente, pero le era muy difícil evitar pensar en eso especialmente cuando Amai hacia ese tipo de comentarios, aun así no quería hacer sentir mal al niño así que como siempre aparentó que no había pasado nada y puso su mejor sonrisa.
- Tú no tienes que hacer nada cielo, ese día será la fiesta para celebrar lo mucho que te queremos, habrá un enorme pastel y las personas traerán muchos regalos para ti. Ya verás que te la vas a pasar muy bien.
-¿Ah si?, ¿mas regalos…? – el pequeño se quedó pensando por un momento en los regalos que había recibido el día de su regreso y una gotita salió en su cabeza al recordar la baraja que tsunade nunca le había devuelto, el libro de jirayra que nunca leyó, el traje verde que le dio rock lee, el hermoso cuadro de Sai a quien no tenia muchas ganas de volver a ver y otras cosas por el estilo… – mientras haya pastel – dijo con tono indiferente al tiempo que se subía de hombros aunque tenia que admitir que le gustaba mucho el ajedrez que shikamaru le había obsequiado, moría de ganas de volver a jugar con él ahora que había practicado, esa vez había estado muy cerca de ganarle,¡ si tan solo hubiera conocido ese juego con anterioridad…!
Pocos minutos después Sakura recogía las cosas y aun seguía pensando que clase de niño no esperaría con ansias su cumpleaños cuando el pequeño apareció por detrás, con las manos unidas como guardando algo y una gran sonrisa.
-mira lo que he conseguido mami…-ella volteo y el le hizo señas mostrándole las manos, ella acercó su rostro y el separó un poco las palmas para dejarle ver la según él muy bonita araña que había encontrado.
-AAAAHHHH – aunque no era así, sakura sintió como si el bicho le había saltado directo a la cara, se alejo inmediatamente aferrando su espalda a un árbol y con cataratas en los ojos señalaba al horroroso bicho - suel...ta…eso.-tartamudeó como pudo.
El pequeño dirigió la mirada al indefenso animalito y luego volvió a ver las cataratas de su madre quien ahora negaba de un lado a otro insistiendo en que lo alejara, su mirada bajó de nuevo a sus manos y luego otra vez a su conmocionada madre. Parpadeó un par de veces entendiendo que su mamá realmente se había asustado. En su boca se hizo un puchero y los goterones a punto de salir de sus ojos hicieron que estos se vieran cristalinos. El arácnido salio volando por los aires.
-BAAAAHH- el pequeño también comenzó a llorar ruidosa y sentidamente.
-¿Amai que tienes?-inmediatamente la ojiverde se acercó a chequearlo -¿estas bien?, ¿acaso te pico?- el negó con la cabeza y mientras trataba de secarse las lagrimas con la manga de su camisa. Ella lo cargó de modo que el niño le envolvió la cintura con las piernas y el cuello con los brazos.
-Es que... no me gusta verte llorar.- se sopló la nariz y su madre sonrió algo sorprendida aunque la verdad no podía decir que mucho. Amai ya había dado muestras de sentir veneración por Sakura antes de por nadie más. Cosa de la que Sasuke parecía estar muy complacido, siempre le aplaudía esa conducta e incluso la incentivaba.
-Esta bien, no fue nada...probablemente exageré un poco...- trataba inútilmente de consolarlo pero era algo más que comprobado la tendencia de los adultos a olvidar que para los niños incluso las pequeñas cosas son importantes.
-Aun así… No me gusta – dijo mientras sus pequeñas manos se paseaban por las mejillas de su madre, tratando de limpiar cualquier rastro de humedad que quedara en su rostro. Increíble…pensaba Sakura, ahí estaba ella tratando de ser consolada por su hijo de siete años. El pequeño no parecía darse cuenta de que él era el niño, de que eran las mamás las que consolaban a sus hijos y no importaba cuantas veces ella tratara de explicárselo por que él siempre pensaba primero en Sakura. En su inocencia el niño no se percataba de que él era chiquito e indefenso, o de su edad o nada más, lo único cierto era que él había nacido para amarla – lo siento…- dijo con honestidad.
-No fue tu culpa mi cielo, simplemente le tengo fobia a esos bichos pero esta bien tu no podías saberlo...- sonrió alegremente para animar al niño.
-Es que...- sintió que era su deber justificarse -… no sabía que no te gustaban, cuando llovía y no podía salir yo jugaba con ellas… ellas siempre se colaban por la cabaña para hacerme compañía y como son mis amigas yo pensé…
- ¿son tus amigas eh? -la expresión de la pelirosa ya no era alegre mientras acariciaba con suavidad la mejilla del niño- entiendo… no habría mucho de donde escoger, supongo que te pasabas solito mucho tiempo ¿no es así?.- la repentina incomodidad en la cara de Amai era obvia.
-Ettoo… pues sí – respondió el niño con la mirada desviada mientras pensaba como cambiar el tema, por alguna razón hablar sobre su crianza era algo que lo avergonzaba sobremanera, como si hubiera sido su culpa ser criado por akatsukis, como si él hubiese escogido marcharse con ellos y aprender todo lo que había aprendido.
-Entonces… - Sakura estaba muy conciente de lo renuente que se mostraba su niño a hablar de su pasado, parecía un asunto extremadamente delicado para él así que no tocaba el tema muy a menudo y siempre que lo hacía trataba de ser lo más sutil posible pero aun así tenia que preguntar -… te dejaban solo por mucho tiempo ¿nadie se quedaba contigo? – Esa era una pregunta que él podía responder así que el pequeño se limitó a negar con la cabeza y la pelirosa instintivamente mordió su labio. Para ella existía una gran laguna en la vida de su hijo y sentía la urgente necesidad de llenarla, aunque no era esa su principal preocupación. Ella deseaba saber como había sido su vida pero sobretodo quería saber cual había sido el trato que le habían brindado los akatsukis a su pequeño - y cuando no estabas solo… me imagino que no jugabas mucho, tendrías que hacer lo que te mandaran ¿no?, debió ser muy difícil tener que aguantar la rudeza de esa gente…– era inevitable que Amai no notara el pesar en el rostro de su madre quien formulaba detenidamente sus preguntas de si o no, a sabiendas de que preguntas como: "¿Qué hacían los akatsukis cuando estaban contigo? Ó ¿alguna vez te obligaron a hacer algo?" no funcionarían con el niño.
-¡No, no!- se apresuró a responder tratando de aliviar a la pelirosa –ellos… nunca me trataron mal, todo lo contrario - aunque su abochornada mirada se hizo baja, la honestidad de su respuesta había funcionado: el alivio se había posado en la cara de su madre, pero no había nada más que quisiera decir… recordar que había sido tratado como el sagrado hijo de su sensei no era algo que lo hiciera sentir mejor a él -¡Ay papá debe estar esperándonos!, mejor nos vamos ya – continuó decidido a zanjar el asunto.
- De acuerdo - concedió ella en tono tranquilo con una muy leve sonrisa- será mejor que regresemos – depositó al chico en el suelo y lo tomó de la mano suavemente antes de comenzar el camino de regreso.
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Al rato Sasuke veía desde una entrada de su refugio como Sakura y Amai se acercaban a paso lento. Cuando el niño vio a su padre echó a correr hacia él y antes de que se diera cuenta el moreno ya tenia a su hijo en los brazos.
-Papá... hay un lugar muy bonito… donde las flores son rosadas como el cabello de mamá… ¡tienes que verlo! –comentaba el niño muy sonriente contagiando su energía al pelinegro.
-¿Ahh si?, bueno eso es algo digno de ver…
-¿La próxima vez vas a venir con nosotros?.
-Hmp, Bueno, ya veremos… - la razón por la que sasuke no los acompañaba era por que aprovechaba las mañanas para trabajar en su despacho, ya que rara vez Amai le dejaba tiempo de nada una vez que regresaba. El niño no lo dejaba ni para respirar, simplemente se la pasaba con él todo casi todo el día de un lado a otro, preguntándole todo cuanto quería saber, como si estuviera aprendiendo un evangelio, como si no le quedara la menor duda de la palabra de su padre.
Sin embargo no era que esto molestara al moreno, realmente disfrutaba mucho de descubrir cada día un nuevo aspecto de su hijo y ver la genuina expresión de asombro en su carita cada vez que le enseñaba algo nuevo, sabía que su influencia era de gran importancia en la nueva crianza del niño -¿Cómo les ha ido?. –preguntó a sakura quien ya había llegado hasta ellos.
-Pues muy bien – contestó sonriente –todo ha sido mucho más fácil gracias a Amai…
-Si, puedo imaginarlo… - dijo intuitivamente mientras devolvía el niño al suelo.
El pequeño quien pareció recordar algo, repentinamente se adentró por un momento para luego reaparecer a interrumpir la conversación de sus padres.
-Papá ¿podemos jugar? - dijo con una gran sonrisa y enseñándole muy animadamente el objeto que tenia en las manos. El moreno suspiró ya que Amai lo atormentaba todo el día con uno de sus más recientes descubrimientos: el balón. El niño simplemente parecía fascinado con este objeto y podía jugar todo el día sin parar, afortunadamente para él Sasuke raramente podía decirle que no a algo. Sakura no estaba segura de si esto era por que el pelinegro quería aprovechar el tiempo perdido o por que se sentía en deuda con el chico pero lo cierto era que increíblemente de los dos, ella era la que tenía más carácter con el niño. No era que sasuke no le llamara la atención nunca si tenía que hacerlo pero parecía dársele muy bien eso de dejarle a Sakura la tarea de reprenderlo.
-Esta bien… pero solo por un momento aún tengo muchas cosas por hacer - contestó con un gesto de forzada resignación como si no le quedara otra opción.
-¡No olviden regresar antes del almuerzo! – apremió la pelirosa mientras veía como se alejaban hacia uno de los patios.
Pocos minutos después Amai corría tras de la pelota de un lado a otro deslumbrando a su padre con su sonrisa. Para el moreno era evidente que algo en el niño había cambiado, ya no era el mismo niño que él había conocido en el bosque de los akatsukis. Eran como dos niños pertenecientes a mundos diferentes aunque con la misma mirada astuta e inocente.
Sasuke observaba a al niño de la misma manera en que se observa a un magnifico ángel. Estaba embelesado viendo al chiquillo, apreciando lo contento que parecía… como el viento revoloteaba en sus cabellos y la tierna expresión de su cara. Casi no podía creer que Amai existiera, tendría más sentido si fuera un espejismo. Cuando veía a su hijo así, sin poder apartar la vista de él, no podía evitar sentir un pesado nudo en la boca del estomago: él nunca quiso que naciera ese hermoso niño que tenía enfrente.
Aun tenía una cicatriz en la mano derecha que le recordaba toda la frustración y pesar que sintió la noche en que se enteró de su existencia. Estaba conciente de que si la decisión hubiera estado en sus manos…, de haberlo sabido a tiempo habría hecho todo lo posible por evitar que ese niño viniera al mundo. Esto lo llevaba mucho más allá de la tristeza y mucho antes del remordimiento.
Ese niño increíblemente precioso, perfecto ante sus ojos… era un uchiha. Sus pequeños ojos llenos de inocencia estaban diseñados para matar a sus seres más queridos, reclamaban más poder. Solo él podía entenderlo, después de todo eran sus ojos los que Amai había heredado.
Aún le angustiaba sobremanera la sangre uchiha que el niño llevaba en las venas. Para los uchihas no era fácil mantener los lazos, era tan fácil acabar con todo en un segundo, él ya lo había vivido y no podía culpar al chico. Sabía muy bien que la sangre que le había heredado no era una carga fácil de llevar por eso no paraba de pensar en las decisiones que él niño tomaría, los lazos que formaría, el destino que le esperaba al pequeño y principalmente el hombre en quien se convertiría, era esa su mayor preocupación.
Si había alguien responsable de que Amai existiera, definitivamente ese alguien no era él, sin embargo deseaba tanto enseñarle bien, que fuera diferente a él, muy diferente, por que su hijo merecía tener una vida plena de felicidad, realmente la merecía pero por encima de todo deseaba protegerlo por que ese niño, el niño que nuca quiso…era por mucho lo más apreciado por él.
No podía creer la contradicción que representaba Amai, para Sasuke en ese niño convivían sus mayores temores y sus mayores deseos. Todos hechos realidad.
Su hijo le sonrió una vez más, llamando su atención con la palabra "Papá", mientras se acercaba poco a poco al pequeño pensaba lo irónicamente gracioso que le resultaba que él le hubiese negado la vida a quien ahora tenia su vida en las manos.
Cuando dos horas más tarde Sakura se apareció en el patio con una bandeja para llevarles un refrescante jugo de naranja pudo ver a ambos tendidos en la grama uno al lado del otro con los brazos cruzados debajo de sus respectivas cabezas. Al verla, Amai inmediatamente se levantó señalando al cielo, y la agradable brisa que pasaba en ese momento despeinó sus cabellos.
-Mira mamá, papá dice que hay nubes que tienen forma – realmente esa era la manera que el pelinegro había encontrado para descansar un rato -ahí hay una que parece un perro.
-Ya veo…-dijo mientras depositaba la bandeja en la grama y miraba a sasuke de reojo quien no miraba precisamente al cielo.
-¡Ven con nosotros!, pero tienes que concentrarte para poder verles forma.- ella se acercó calmadamente y se sentó al lado del chico quien se vio atrapado en el medio de sus padres. Madre e hijo se recostaron en la grama e imitando a sasuke apoyaron la cabeza en los brazos mientras sus miradas se perdieron en el infinito azul.
-A ver… mmm, si esa se parece mucho a una oveja – sonreía la pelirosa mientras señalaba a una mota de algodón dentro de un marco celeste. El refrescante viento no solo se llevaba lejos la mota sino que atenuaba el efecto que el sol producía sobre ellos.
-¿Cuál…?¿cual…?¿es esa? –preguntó muy interesado el niño pero Sakura no respondió ya que en ese preciso instante sintió un leve rose en su mano. Era el contacto de la mano de sasuke sujetando su palma. Él la miraba intensamente preguntándose si ella lo sabría, ¿sabría lo que él sentía?, ¿sabría lo que ella significaba para él?.
Sakura no podía creer que después de tanto tiempo sasuke aún logrará estremecerla con solo mirarla. Soltó su mano un instante para poder entrelazar sus dedos con los de él pelinegro. Por un momento vio de reojo al niño entre ellos y luego subió su mirada hasta coincidir con los ojos tan intensamente negros. Se quedaron mirándose fijamente a los ojos, como si a través de ellos se descifrara algún misterio del universo. Ella se preguntaba si en su ropa él podía ver las aceleradas palpitaciones de su pecho.
-Esa de ahí es igualita a un kunai… – continuó Amai inocente de la profundidad de la mirada entre sus padres, incapaz de ser disuelta por el suave rose de la brisa sobre la grama.
Sin deshacer la atadura de sus manos, Sakura volvió a posar sus ojos sobre el cielo mientras que sasuke volteó la cara hacia su brazo libre con la mirada como perdida… pensaba que era una verdadera pena no poder detener el tiempo.
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Mucho rato después de almorzar, Sasuke había logrado conseguir en su despacho algo de tranquilidad: Amai se encontraba en su habitación, estudiando con Sakura como casi todas las tardes.
No era raro que la pelirosa irrumpiera en el despacho desbordante de satisfacción y con una gran sonrisa en la cara para informarle que Amai estaba dando impresionantes progresos en su educación inicial, ya había aprendido a sumar y a restar mientras que las multiplicaciones le estaban tomando algo más de tiempo, así que cuando escuchó el ruido de unos pasos acercándose no se sorprendió pero al elevar un poco la vista se dio cuenta de que esta vez Sakura parecía dispuesta a salir.
-¿Vas a alguna parte? –preguntó el moreno con la ceja elevada.
-Tengo que ir a comprar algunas cosas… pero Amai quiere quedarse contigo.
-Hmp…- asintió sin levantar la vista del pergamino que examinaba – parece que ya confía lo suficiente en ti como para dejarte salir sola –agregó con una discreta sonrisa de medio lado.
-Si… creo que por fin se convenció de que nada va a pasarme- dijo con una gotita en la cabeza.
-Y de que no vas a huir a ninguna parte…- Sasuke parecía divertido.
-En fin…aun esta haciendo los deberes, pero cuando termine tratará de convencerte para que lo dejes comerse las galletas que quedan y no debes permitirlo o le dolerá el estomago… ya las escondí muy alto pero sabes que eso no funciona con él…- la ojiverde suspiró mientras se preguntaba como se las habría arreglado hinata con taki durante tanto tiempo - ¡¿me estas escuchando?!.
-Esta bien… le diré que suigetsu se las comió o algo…- el moreno respondió resignado, ya sabía muy bien como era Sakura cuando se ponía regañona.
-Y asegúrate de que no se ensucie por favor…- Sakura sabía que evidentemente la higiene personal nunca había sido y aún no era una prioridad para Amai. - ¿vas a querer que te traiga algo, sasuke - kun? –preguntó con una alegre sonrisa mientras se encaminaba a la salida, el pelinegro se limitó a negar con la cabeza mientras la veía con una expresión de rencoroso desgano. Ya podía imaginarse a Sakura reprendiéndolo: mantener limpio a Amai era una causa perdida.
-¡Ey Sakura! –llamó el pelinegro justo antes de que saliera y ella volteó una interrogativa mirada en respuesta – No te tardes mucho- ella asintió con la cabeza y le sonrió cálidamente, sabía que solo quería decirle que la extrañaria cada minuto.
Rato después de que Amai apareciera y desapareciera del despacho, Sasuke aun seguía extrañado de que el niño decidiera ir a jugar a su habitación tan tranquilamente, usualmente tenia que responder como mínimo cinco preguntas sobre lo que sea que estuviese haciendo antes de que el chico colocara un pie afuera. Pensando que la falta de ruido proveniente de los pasillos no era una buena señal se levantó para asegurarse que todo estuviese bien.
-¡Amai! – llamó sasuke con tono serio y fuerte mientras caminaba por un pasillo minado de juguetes -¡Amai tus juguetes están regados por todas partes!, ¡ven a recogerlos !- seguía insistiendo sin obtener respuesta alguna mientras se las arreglaba para esquivar un par de carritos.
Continuó su minado camino por el pasillo hasta toparse con las puertas de las habitaciones de hebi, y su expresión se volvió desconfiada al escuchar un sutil ruido proveniente de la habitación de suigetsu cuya puerta se encontraba entreabierta así que se aproximó con cautela.
-¡¿Amai que hac…?!
-Shhh- el moreno fue rápidamente callado por el leve susurro de su hijo – no hagas ruido que se va a despertar…
Sin embargo lo que realmente cayó a sasuke no fue la advertencia de Amai sino ver a suigetsu dormido en la cama, con una flor pintada en el ojo, los colmillos de azul sobre los labios rojos y un bigote que hacia juego entre otras cosas… la obra maestra del niño sin duda alguna.
-¿Qué haces?, ¿Por qué pintaste a suigetsu? – preguntó molesto pero aun así su tono se había vuelto muy bajo, casi cómplice.
-Estoy practicando…- contestó tranquilamente mientras proseguía con un expresión concentrada en su obra.
-¿Practicando que?.
-La gran técnica de pintura que me enseñó tío naruto, hay que ser muy cuidadoso para no despertarlos…- afirmó repetidamente con la cabeza y una expresión muy disciplinada en el rostro.
Una semana fue todo lo que le bastó a Naruto para echarlo a perder pensó sasuke con una gotita en la cabeza.
-Eso no esta bien, Y ¿por que has decidido practicarla con suigetsu? .
-Ettoo… ¿por que estaba dormido? – preguntó como respuesta con las cejas arqueadas dándose cuenta de que estaba en problemas, y luego sonrió en un inútil intento de apaciguar la sombría mirada que su padre le dedicaba.
-¡Mira como lo has dejado!, ¿te parece eso correcto?. – el niño volvió su mirada a la cara de suigetsu quien seguía roncando y parpadeó un par de veces sin comprender a que se refería su padre.
-Pero si esta muy bonito…- sasuke se llevó una mano a la cara y antes de que Amai pudiera sentirse decepcionado de su propia obra, su padre ya lo estaba arrastrando a la salida.
-¡Vamos!, Necesitas un baño con urgencia si Sakura te ve así….- sin embargo el niño con pintura de pies a cabeza retornó la mirada.
-¿Y que pasará con tío suigetsu ? – Sasuke también miró atrás y se dio cuenta de que su compañero le guiñaba un ojo discretamente, suigetsu todo el tiempo se había hecho el dormido. Ciertamente Amai hacia con hebi lo que quería y no tenia nada que ver con que fuera hijo del jefe, sasuke ya empezaba a creer que si seguían así de consentidores no serían una buena influencia.
-Él estará bien… pero más tarde tendrás que pedirle disculpas y ayudarlo a limpiar este desastre. – Amai desvió su mirada a un lado mientras en su fuero interno pensaba: Valió la pena…, se lo merecía por comerse mis galletas
No habían pasado cinco minutos cuando el niño se encontraba bajo la regadera y mientras sasuke lo ayudaba a sacar toda la pintura de su cabello el pequeño se restregaba muy bien la cara.
-Hmp… no olvides restregaste bien detrás de las orejas – recordó en tono bastante serio al tiempo que comenzó a restregar la pintura de ese lugar lo que sacó una risa de la boca del niño.
-¡Basta papá!, me haces cosquillas…-habló entre risas y sasuke se detuvo por un momento un poco impactado. El moreno parpadeó un par de veces y luego un travieso destello atravesó sus ojos.
-¿Con que cosquillas ehh? – el pequeño levantó las cejas al ver la picará sonrisa de medio lado en el rostro de su padre – creo que aun te queda mucha pintura por aquí –dijo astutamente justo antes de dejar a sus manos jugar con todos los alrededores del cuello de su hijo.
- JA JA JA ¡no papá!, ¡no seas malo!- rogaba entre risas al tiempo que luchaba inútilmente por atar las manos de su padre –prometo que no lo vuelvo a hacer…- su promesa no surtía efecto sobre el deseo de sasuke de escuchar el maravilloso sonido que salía de su boca y es que el moreno era él único que podía saber de cual miembro de la familia uchiha Amai había heredado su risa. Finalmente cuando vio que el chico ya se estaba poniendo rojo pensó que era un buen momento para detenerse.
– Bueno… talvez eso te enseñe que todas nuestras acciones por más pequeñas que sean, tiene consecuencias… y que no debes escuchar todo lo que dice tu tío Naruto –agregó sasuke con una sonrisa en la boca mientras que el niño frunció el seño con los brazos cruzados mientras pensaba que ya no era tan buena idea poner en práctica todas las magnificas técnicas que su tío le había enseñado.
– hmp…yo no sabía que no podía hacerlo -habló casi sin aire – pensándolo bien la culpa es de tío Naruto, de repente ya no me parece tan divertido ¡Baaaaka! – Un fuerte ruido irrumpió en la habitación.
-JA JA JA JA JA – las fuertes risotadas de sasuke detuvieron las palabras del impactado niño. El moreno no recordaba haber reído así nunca, tampoco recordaba haber tenido un motivo para reír.
Amai estaba sorprendido, en el poco tiempo que llevaba conociendo a su padre ya se había dado cuenta de que era una persona de carácter serio. Lo que no sabía el niño era que ese sonido que llenaba el lugar era tan desconocido para él como para toda persona que conociera a sasuke incluyendo a Sakura.
El pelinegro depositó una mano delicadamente sobre los cabellos del niño y se quedó mirándolo por un momento. El niño era tan parecido a él y sin embargo era tan fresco. Para él era como un nuevo comienzo… una oportunidad de que las cosas salieran bien. Aunque no entendía muy bien por que, verlo era como estar viendo a su familia de nuevo. Ese niño representaba lo más maravilloso que sakura le había dado: una esperanza hecha persona.
Amai por su parte, parecía algo consternado con la repentina expresión de su padre, incluso el niño sabía que esa luz en la cara de Sasuke no era algo normal. Por alguna razón tenía la impresión de que estando al lado de su padre nada malo podría pasarle.
- Te quiero mucho papá- dijo espontáneamente antes de abrazarse a la cintura del pelinegro quien parpadeó un par de veces y se quedó en estado de shock. Sasuke sabía que la habilidad para expresar sus sentimientos era algo que Amai había heredado de su madre. El niño quien no parecía esperar respuesta se separó un poco y subió su rostro para sonreírle a su padre. ¡oh esa sonrisa! Ciertamente le recordaba al moreno que lo mejor de todo era que su hijo provenía de Sakura.
El pelinegro le sonrió de vuelta y lo estrechó suavemente contra su cuerpo sin importar que sus ropas se mojaran. Sasuke estaba completamente convencido de que su hijo había heredado la misma voluntad de Sakura para perdonarle todo.
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En la noche Sasuke y Amai se encontraban en la biblioteca del refugio, el moreno estaba sentado en un escritorio de madera revisando uno tras otros los pergaminos, mientras que el niño estaba sentando en una silla frente a él dibujando y coloreando en una hoja de papel.
-Entonces… Orochimaru te entrenó para quedarse con tu cuerpo, pero tú fuiste mucho más fuerte que él… ¡y lo disecaste! – dijo Amai con un indudable tono de orgullo resumiendo así la conversación que había tenido con su padre.
-Hmp… más o menos…- respondió sasuke con una gotita en la cabeza.
-¡Ya termine!- agregó sonriente el niño quien se aproximó hasta su padre para sentarse en sus piernas y mostrarle el reciente dibujo que había hecho, este consistía en una irregular bosquejo de Sasuke con los brazos arqueados a la cintura cual superman mientras pisaba la cabeza de una serpiente blanca a quien le guindaba la lengua bípeda de un lado y tenia par de cruces por ojos.
- algo así…- una espontánea sonrisa emergió en la cara de sasuke sin pedir permiso pero la expresión del chico se volvió apesadumbrada.
-Me imagino que estaba muy triste…
-¿Ehh? ¿Quien?– preguntó confundido.
-Mamá… me imagino que se quedo muy triste cuando te fuiste – los ojos de sasuke se abrieron impactados.
-Pues… supongo que sí – consintió avergonzado.
-Y tú… te quedaste tan solito - el niño cruzó los brazos detrás de su cabeza y elevó la vista al techo de la manera más tranquila, le era tan fácil aparentar indiferencia como a su padre – debiste extrañarla…
-Mucho…- confesó con la mirada desviada como si estuviera recordando algo.
-Entonces ¿Por qué la dejaste? – ¿sasuke se estaba imaginando el tono recriminatorio en la voz de su hijo? – si querías irte, ¿Por qué no la llevaste contigo?.
-Amai…más que querer, tenia que irme antes de que las cosas se salieran de control–el tono del pelinegro era bastante comprensivo aunque no podía creer que de todas las cosas que la había contado fuera precisamente "eso" lo que había logrado molestar a Amai- Hay cosas que talvez no puedas entender ahora pero en esa época pensé que estaba protegiéndola, llevarla conmigo era ponerla en riesgo – el niño pareció pensarlo por un momento con un rostro reflexivo hasta que finalmente su expresión se suavizó como si hubiera decidido aceptarlo.
-Pero ahora… tú no nos vas a dejar nunca ¿verdad? – el pelinegro abrió los ojos sorprendido, ¿era esa posibilidad lo que realmente había disgustado a Amai?.
-Nunca – aseguró con convicción.
- ¿Sin importar lo que pase? –todavía había algo de disgusto y recelo en su voz.
Sasuke llevó suavemente la mano hasta la frente del chico para apartar los cabellos y viendo directamente al rostro del niño dejó la mirada fija en lo que le parecía un espejo rejuvenecedor.
-Hijo…ustedes son la razón por la que estoy vivo, yo nunca los dejaría…- el niño asintió con una leve sonrisa.
-Oye papá vamos a jugar ajedrez ¿si? – su voz se había vuelto tan dulcemente persuasiva que sasuke pensó por un momento que Amai estaba aprendiendo a cambiar de humor tan drásticamente como su madre.
Sin embargo en ese momento, antes de que Sasuke pudiera pensar en una excusa, se abrió la puerta y apareció Sakura.
-Amai ya es hora de dormir…- señaló la pelirosa calmadamente y el niño cruzandose de brazos, frunció el seño en un gesto tan similar a Sasuke que a Sakura el parecido le resultó ridículamente absurdo.
-¡Pero íbamos a jugar ajedrez! –objetó débilmente el pequeño.
-Ya es muy tarde para eso cielo, además te preparé un baño - El niño dirigió la mirada a su padre buscando algo de apoyo.
-Ya la escuchaste…- confirió el moreno en tono calmado.
-Vamos, el agua esta tibiecita como te gusta -agregó la pelirosa con una sonrisa como si eso pudiera animar al chico.
-Bueno…- accedió derrotado. Realmente negarle cualquier cosa a su madre representaba un martirio para Amai. Cuando ella hablaba no era mucho lo que podía hacer.
Con la expresión facial de un mártir Amai se abrazó a su padre en un gesto de despedida lo que le permitió al pelinegro depositar un beso en lo castaños cabellos luego de lo cual el niño se acercó resignado hasta tomar la mano de su madre para dirigirse a su habitación.
Pocos minutos después el niño ya había salido del baño y Sakura estaba terminado de ponerle la pijama.
-Bueno… ahora a la cama – ordenó la pelirosa mientras secaba muy bien los cabellos del niño con la toalla.
-No tan rápido…yo quiero jugar un ratito más.- su expresión era un tanto molesta.
Ciertamente Amai era un niño muy bueno, casi ejemplar pero el único momento en que daba problemas era a la hora de dormir. Ya fuera por que se la estaba pasando demasiado bien y no quería desaprovechar ni un minuto o por que tenía miedo de que dormir lo estropeara todo y al despertar todo hubiera desaparecido, cada noche por alguna razón oponía resistencia al sueño, en cualquier caso prefería obstinadamente seguir viviendo en una ilusión.
-Nada de eso jovencito…- dijo la pelirosa en tono dulce pero firme al tiempo que conducía a su pequeño hasta la cama - …pero te propongo algo, puedes leer un cuento y así practicas un poca más la lectura ¿vale?.
-Esta bien… ¡pero yo lo elijo! - dijo a tiempo de librarse de su amarre y dirigirse hasta una pequeña estantería para asegurarse de que fuera un libro lo suficientemente grueso, sin poder evitar que su mirada se perdiera un instante en las fotografías sobre la estantería.
Sin duda su madre se había asegurado de llenar toda su habitación de fotos, como si quisiera recordarle a todas las personas que lo querían. Había una de ellos tres con la familia uzumaki, otra con hebi, una de él con takeshi y taki quien por supuesto al igual que él se había sacado una foto solo con sasuke para su molestia, una de él en los hombros de juugo, también había una de él con su mamá, con naruto y hinata , otra de él y taki (ninguno de los dos parecía muy contento). Las fotografías tomadas en konoha llenaron su estomago de nostalgia, no obstante en la mesita justo al lado de su cama estaba una foto de él con sus padres: ellos tres era lo primero que veía todas las mañanas.
El pequeño se apresuró de nuevo hasta su cama donde su madre lo esperaba sentada y para disponerse a leer recostó la espalda en el pecho de ella, quien después de arroparlo lo acurrucó con esos brazos que parecía hechos únicamente para él.
Dos cosas eran totalmente indispensables para que Amai conciliara el sueño, la luz encendida y los brazos de Sakura. No era que la oscuridad lo asustara, había estado mucho tiempo acostumbrado a ella como para eso, eran las sensaciones que volvían a él cuando estaba a oscuras lo que no le gustaba.
El niño empezó a leer en voz alta para que ella también pudiera escucharlo pero Sakura no estaba verdaderamente oyendo, no…, estaba extasiada con la sublime sensación de tener a su hijo en lo brazos de nuevo. ¿Podría haber algo mejor que ese pequeño pedazo de Sasuke? O mejor aún ¿Podría realmente haber algo que fuese más suyo que ese niño?.
Ese niño que ni en sueños imaginó que tendría, el que nunca deseó tener hasta que supo que debía protegerlo, por él que habría renunciado a Sasuke y a todo. Mientras peinaba suavemente los cabellos del chico con los dedos y le señalaba la correcta pronunciación de una que otra palabra recordaba todo lo que le había pasado desde que supo de su indeseado embarazo, ese tan inesperado regalo era él unico ser capaz de superar el amor que sentía por Sasuke, al punto de que había tenido que luchar contra los deseos del pelinegro para traer a su hijo al mundo. Aunque su bebe no era algo que ella hubiese planeado o buscado tampoco era algo a lo que hubiera renunciado. Para ella no había cabida para el arrepentimiento o para las dudas sobre un futuro incierto por que como cuando su hijo era bebe todo se sentía tan correcto que sabía que absolutamente todo había valido la pena... por que ahí entre sus brazos, estaba su recompensa.
Ella comenzó a mecer al niño de un lado a otro y las palabras empezaron a salir débilmente de la boca de Amai, sus parpados se hacían cada vez más pesados y el libro resbalaba de sus manos, ya faltaba poco para que lo venciera el sueño.
- duerme bien, mi niño… te amo… más que a nada – dijo la pelirosa antes de depositar un beso en la sien del chiquillo haciendo que una inconciente sonrisa surcara levemente los labios del pequeño – … Nunca lo olvides. – pidió.
-Yo… también… te amo… Mamá – susurró casi dormido. "mamá" se preguntaba Sakura ¿Cómo podía una simple palabra dar tanta felicidad?. Y aun con la duda en la cabeza se quedó viendo en el rostro del niño como se alejaba poco a poco hacia el mundo de los sueños.
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Sasuke se encontraba en la habitación del al lado, sentado en un sillón junto a la ventana parecía perdido mientras contemplaba el estrellado cielo nocturno. Ni siquiera la fría brisa que helaba su rostro y ondeaba sus cabellos parecía afectarlo y es que en su mente seguían interponiéndose uno a uno los pensamientos.
Él que siempre había tenido todo muy claro, no entendía muy bien lo que le estaba pasando, últimamente estaba siendo invadido por una rara y para nada familiar sensación. Algo difícil de explicar... así que seguía intentando descifrar como era que él que siempre había perseguido la venganza había conseguido una familia. El nunca se había considerado un hombre de familia obviamente además había pasado mucho tiempo desde la ultima vez que tuvo una y a pesar de que consideraba extremadamente afortunado le resultaba realmente extraña esta nueva sensación que lo embargaba.
Probablemente por el hecho de que creció si nada mas en el corazón que el dolor de la perdida y el rencor por los responsables, su cabeza se había acostumbrado a pensar siempre en lo que había perdido así que no sabia muy bien que hacer con lo que estaba sintiendo. Sin embargo cuando en su cabeza se interpusieron los recuerdos de estar con sus padres, las cosas que había vivido en su solitaria existencia y las renovadas experiencias que le traía su hijo, el pelinegro se pudo dar cuenta de que por primera vez en mucho, mucho tiempo… era feliz.
Esta desconocida sensación que le recorría el cuerpo era algo que al igual que su hijo no dejaba de sorprenderlo. Este éxtasis de felicidad en que se encontraba le resultaba tan inesperado como atemorizante. Atemorizante por que aun recordaba las palabras que le había dicho a Sakura. Recordaba perfectamente el momento en que le dijo que cuando se tiene a alguien que te importa y se pierde, es preferible no haber tenido a nadie.
Recordaba muy bien sus propias palabras y aun así... cada vez que veía a sakura con su hijo sabia perfectamente que no existía forma de renunciar a ellos. Le parecía insólito que habiendo vivido tanto tiempo sin siquiera conocer al pequeño ahora no podía concebir su vida sin él.
Aun intentaba asimilar cuan extraño le resultaba sentirse así cuando la puerta se abrió dejando paso a la figura de Sakura segundos mas tarde, en cuanto puso un pie en la habitación ella se dio cuenta de que él la estaba esperando, sonrió alegremente a la profunda mirada que el le dedicaba. No podía evitar preguntarse que pasaba por la cabeza del pelinegro cada vez que la miraba así.
Pero es que para sasuke las cosas se hacían mucho más claras cada vez que veía a Sakura, era obvio que ella tenia la culpa de todo. Viéndola era mucho más fácil entender como las cosas habían resultado así de bien para una persona como él. De no haber sido por ella y por todo los esfuerzos que había hecho por rescatarlo…,si, sin duda alguna ella era la culpable de que se sintiera feliz de haber sobrevivido. Realmente jamás imaginó que eso sería posible, no podía saber que solo algo como el amor es capaz de transformar una tragedia en una bendición.
-¿Ya se quedó dormido? –Preguntó sasuke en tono suave
-Si, luchó un poco pero estaba muy cansado – el pelinegro suspiró.
-Por supuesto, si me tuvo correteándolo todo el día. Ni te cuento lo que le hizo a suiguetsu pero tiene mucho que ver con la "gran técnica de pintura de su tío naruto "– sasuke negaba con la cabeza y una expresión resignada mientras que Sakura intentaba ocultar una sonrisa con las manos.
-Si, ha estado muy travieso esta semana.
-Eso lo heredó de ti…- dijo el moreno en tono convencido pero la sonrisa de la ojiverde no disminuyó ni un poco.
-Pero eso significa que cada vez se acostumbra más a nosotros.
-Eso es bueno…- dijo con la mirada baja como meditando – aunque la verdad no es nada difícil acostumbrarse a ti –agregó aun con la mirada perdida – eres una excelente madre.
-Tú también eres muy bueno con él, ¿ por que crees que siempre quiere estar contigo?
-Para hacerme preguntas...-contestó arqueando las cejas y ella estuvo a punto de reír.
-¿crees que si no fueras un buen padre permitiría que te le acercaras? – una gotita salió en la cabeza de Sasuke, aunque el tono de Sakura era igual de dulce que siempre estaba seguro de que no estaba bromeando y todavía no había decidido si eso era algo malo o bueno.
-¿En serio lo crees?, por que honestamente no estoy muy seguro de lo que estoy haciendo - ella se acercó lentamente hasta donde el estaba y se sentó en sus piernas, dejó que él envolviera su cintura con los brazos para luego mirarlo directamente a los ojos azabaches.
-Eres un papá magnifico, mejor de lo que piensas aunque…-pareció pensarlo por un momento-…decirle que los bebes son hechos con un jutsu prohibido no fue muy brillante que digamos –bromeó con una risa algo nerviosa.
-¡No pienso tener esa conversación con él hasta que sea mayor! – afirmó el pelinegro con los ojos cerrados y un tic en la ceja.
-Tranquilo, solo bromeaba… –lo tomó delicadamente por la barbilla y él abrió los ojos solo para ser traspasado por completo por una mirada esmeralda, sin tener la menor idea de cómo estremecía su mirada al alma de sasuke ella continuó hablando sin una pizca de mentira en sus palabras -…aunque no es mentira que te ves realmente adorable como papá- lo besó cortamente para luego ver la sonrisa que había logrado sacar de los labios del pelinegro.
-Tú…te ves mucho más que adorable.- el acarició sus cabellos mientras ella se percataba de sus intenciones.
-No comiences algo que no puedes terminar.
-¿Quién dijo que no podría terminarlo?- preguntó con el seño ligeramente fruncido.
-Pero creí que Amai te había dejado exhausto…
-Así es, pero jamás estaré demasiado cansado para ti – el acercó lentamente sus labios hasta besar su cuello al tiempo que aspiraba el aroma de su cabello. Era increíble la necesidad que tenia de ella, sabía que solo al sentirla estaría satisfecho.
Por otro lado el corazón de la ojiverde latía tan acelerado como la primera vez que lo vio con esos ojos tan negros, tan llenos de misterio. Él… seguía siendo tan perfecto. Después de tanto tiempo aún seguía causando ese efecto en ella, volvía a sentirse una niña boba enamorada a la que no le era muy difícil perderse en sus labios. No…, no era muy difícil olvidarse del mundo cuando estaba en sus brazos.
El empezó a quitarle la ropa y luego se quedó contemplándola por un momento como disfrutando el solo observarla. Ella lo tomó de la mano y lentamente lo llevó hasta la cama donde ya se habían entregado todo lo que podían entregar.
Después de que Sakura y Sasuke saciaran la necesidad que tenían el uno del otro se quedaron recostados en la cama y cubiertos solo por una delgada sabana. Ella reposaba su cabeza en el pecho del pelinegro mientras trataba de calmar su respiración no más agitada que la de él. Sasuke acariciaba una y otra vez los cabellos rosas pero había una expresión meditativa en su rostro.
-Es una suerte que estas paredes sean a prueba de ruidos…- comentó la pelirosa con un ligero sonrojo en el rostro sin embargo al no obtener respuesta subió la mirada un poco y pudo notar como los pensamientos del pelinegro parecían llevarlo lejos de ahí - ¿En que piensas?- preguntó en tono dulce. Él la miro directo a los ojos verdes, curiosamente habían recuperado un brillo perdido o ¿era un resplandor que el nunca había visto?. Lo cierto era que: Ella era feliz.
Esto lleno su alma de más dicha de la que podía imaginar. La envolvió con sus brazos aferrándola más a su cuerpo aun sabiendo que ella no correría a ninguna parte, que le pertenecía completa y recíprocamente pero era su deseo de protegerla lo que lo impulsaba. Su intenso deseo de que su suerte no fuera perder lo que más amaba.
-En nada…, en ti…, en nuestro hijo –contesto con un semblante totalmente inexpresivo pero antes de que pudiera continuar fue interrumpido por los dedos de la pelirosa posados suavemente en sus labios, recorriéndolos de un extremo a otro.
-"Nuestro hijo…" –repitió absorta y fascinada por el tono de devoción que salía de los labios de Sasuke. El amaba a ese niño casi tanto como ella lo amaba, de eso no le quedaba la menor duda -…aun me suena extraño escucharte decir eso - Si bien se imaginaba que Sasuke querría a su hijo, todas sus expectativas habían sido superadas. Solo le bastaba verlos juntos por un momento, ver la mirada en la cara de sasuke cada vez que veía a su hijo para darse cuenta de ello, de alguna manera ese niño lo había transformado, ella podía ver ese cambio en sus ojos negros- no puedo creer que lo tengamos aquí, que este con nosotros. Es tan…especial, que a veces creo que estoy soñando. Algo tan maravilloso no parece real pero no importa por que no quiero despertar…- sintiendo que la distancia entre sus cuerpos era demasiada se acurrucó aun mas en el pecho del pelinegro -…nunca.
El se quedó inmóvil sin decir palabra. Las palabras no eran su fuerte además no había necesidad de decirlas, solo se dejó llevar por la sensación del momento. Sintiendo la intensa comodidad de poder estar al lado de la persona que amaba. Consiente de que no podría vivir sin la ojiverde, sin ella que le había entregado todo sin pedirle nada a cambio, que lo había salvado de él mismo y que le había dado una vida por la cual valía la pena vivir. Sin embargo todo para ellos había cambiado. Ahora todo era diferente ya que la vida no dependía solo de ellos dos, ahora eran tres los que no podían vivir separados.
Si antes no podían vivir el uno sin el otro, si antes el sentimiento que los unía era demasiado intenso después de encontrar a su pequeño el lazo entre ellos se había vuelto algo extraordinario por que los dos convergían en un mismo punto ahora que compartían un infinito amor por la vida que ambos habían creado.
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disculpen los errores n.ñ , ahora les dejo el otro capi
