28. El Ministerio

James maldijo por lo bajo al escuchar la molesta musiquita de su despertador y se removió en la cama. Las cosas que hacía por Lizzy no eran normales. Se incorporó lentamente y lo apagó. Eran las siete de un domingo de julio, ¿por qué tenían que quedar tan temprano? Más le valía a la chica que fuera algo importante. Salió por fin de la cama y se vistió rápidamente, no quería llegar tarde y, encima, aguantar una discusión de buena mañana. Habían vuelto de París hacía una semana y media, justo a tiempo para que Lizzy recibiera la nota de sus ÉXTASIS. Había sido el mejor viaje de su vida, lo habían pasado genial y habían visitado muchísimos lugares maravillosos, empezando por el Louvre y terminando con Versalles. Habían tenido alguna que otra discusión – lo que no era raro tratándose de ellos – pero todo había quedado olvidado en seguida. Se miró en el espejo y se peinó el pelo con los dedos antes de bajar a la cocina. Lo mejor sería tomarse un café antes de encontrarse con la chica. Cuando llegó, vio a su padre sentado en la mesa, ojeando unos informes y mordisqueando una tostada.

- ¿Qué haces levantado? – Le preguntó. – Creía que hoy no tenías que trabajar.

- Los aurores nunca tenemos días libres, tengo que ir al Ministerio por un asunto urgente. – Contestó él, mirando a su hijo con la frente arrugada. - ¿Y tú?

- No estoy muy seguro. – Respondió él sirviéndose una taza de café. – Lizzy me ha dicho que quería verme a las siete y media en el Caldero chorreante. Me envió un patronus anoche, pero no ha querido explicarme nada más, decía que era algo importante.

Harry arrugó aún más el ceño. Aquello era muy raro, ¿qué le pasaría a la novia de su hijo?

- ¿No te ha dicho nada más?

- No, solo que no podía llegar tarde bajo ningún concepto. – El chico apuró su taza rápidamente. – Así que lo mejor será que me vaya ya.

- ¿Vendrás para comer?

- No tengo ni idea, papá. – Sonrió levemente. – No me esperéis.

- Hasta luego, James, ten cuidado.

El pelinegro se desapareció y su padre negó con la cabeza antes de volver a sus papeles. Desde luego, su hijo tenía que querer mucho a aquella chica para madrugar tanto un domingo sin saber siquiera el motivo.


- ¡Por fin! – Exclamó Lizzy al verlo aparecer. Se levantó de la mesa en la que estaba y se acercó a él. Le dio un rápido beso y forzó una sonrisa que no engañó a nadie.

- Llego solo un minuto tarde. – Contestó él. - ¿Qué te ocurre?

- Te lo cuento mientras comemos algo, ¿o has desayunado?

- No, solo me he tomado un café.

- Pues vamos. – La chica comenzó a andar hacia la barra y él la siguió, cada vez más preocupado. ¿Qué le pasaba?

Hannah Longbottom les dedicó una cálida sonrisa desde el otro lado de la barra.

- ¡Buenos días, chicos! – Los saludó. – Veo que habéis madrugado.

- Sí, tenemos cosas importantes que hacer. – Murmuró Lizzy.

- Pues decidme, ¿qué os pongo?

- A mí un té verde con menta si tienes y a él lo que quiera. – Lo señaló con la cabeza.

- Un desayuno completo. – Pidió mirando a su novia con la frente arrugada. Se notó palidecer un poco. Que Lizzy no quisiera desayunar, era una mala señal. – ¿No vas a comer nada?

- Tengo el estómago cerrado, te robaré un poco de beicon si eso. – Contestó ella.

- Está bien, pues nada más Hannah. – James se encogió de hombros.

- En seguida os los llevo, sentaos donde queráis. – Dijo la mujer, sin dejar de sonreír.

Los dos asintieron y se dirigieron hacia una mesa en un rincón. Una vez sentados, James se decidió a hablar.

- ¿Me vas a decir de una vez qué te pasa? Me estoy empezando a asustar.

- Hoy son las entrevistas con el Ministerio. – Murmuró, jugando con sus pulgares, antes de morderse el labio. – Empiezan a las nueve. Estoy muy nerviosa, apenas he podido dormir esta noche.

- Espera, ¿me has llamado solo por eso? – El chico lanzó una carcajada y negó con la cabeza, lo que hizo que ella lo fulminara con la mirada.

- Sabía que no debía haberte avisado. – Dijo ella finalmente. – Vete a dormir si quieres.

- No, a ver, no te enfades, es que había empezado a asustarme. Creía que te había sucedido algo grave, ¡hasta temí que estuvieras embarazada!

- ¡No, por Merlín! – Respondió ella rápidamente, agarrándose al borde de la mesa. – No lo digas ni en broma.

- Pero no entiendo por qué estás tan preocupada. Tus ÉXTASIS son extraordinarios, hablas seis idiomas y conoces todo el protocolo habido y por haber, si no eres lo suficientemente buena, no sé quién puede serlo. – Trató de animarla él.

- Pero mi expediente… - Se mordió el labio. - ¿Recuerdas cuando te ayude en aquella broma en tu último año? Me enfadé tanto porque McGonagall me dijo que eso quedaría reflejado en el expediente y que el Ministerio tenía muy en cuenta la sección de comportamiento a la hora de seleccionar a sus nuevos empleados. Además, está la vez que me escapé de Hogwarts.

- Vaya, entiendo. – Él suspiró. – Sé que eres muy nerviosa, pero trata de tranquilizarte. Saldrá bien, no creo que eso vaya a hacer que no te cojan.

- No sé, me sorprende incluso que hayan aceptado mi solicitud y me hayan llamado para la entrevista.

- ¡Aquí tenéis, chicos! – Dejó un gran plato delante de James junto a una taza de café y el té de Lizzy junto a un bocadillo pequeño. – Es de beicon, te sentará bien comer algo. Nadie se va de aquí con hambre.

- Gracias, señora Longbottom. – La morena sonrió y la mujer se dio por satisfecha con eso.

- Si necesitáis algo más, no dudéis en avisarme, estaré en la barra.

Dicho esto, se marchó y los dos chicos empezaron a desayunar.

- No te he llamado solo porque esté nerviosa. – Murmuró ella entonces atrayendo de nuevo la atención de su novio. – Necesito que lleves esto al Departamento de Aurores. – Sacó un sobre de su bolso. – El plazo para solicitar el ingreso a la Academia se acaba a mediodía, si para entonces siguiera esperando necesito que corras hasta allí y se lo entregues a tu padre o quien sea.

- ¿Estás segura?

- Si no puedo trabajar en ese departamento, prefiero ser auror a cualquier otra cosa.

- Está bien entonces, lo llevaré aunque para esa hora ya estarás dentro del Ministerio. – Le cogió la mano y sonrió. – Y si no, le darás una alegría a mi padre. Ya sabes que te quiere en su departamento.

- Sí, supongo que tendría su parte positiva. – La morena terminó de beberse su té. Miró su reloj y suspiró. Quedaba poco tiempo ya, lo mejor sería irse cuanto antes. James estaba terminando su plato. – ¿Te queda mucho?

- No, solo esto. – Pinchó el último trozo de huevos revueltos y se los metió en la boca con una sonrisa. – Listo.

- No hables con la boca llena.

- No eres mi madre, no mandas en mí. – Dijo con voz de niño pequeño. Ella enarcó una ceja y él sonrió. – Vale, cariño, lo que tú digas.

- Anda, te invito, voy a ir pagando – Se puso de pie y se acercó a la barra. – Señora Longbottom, ¿cuánto le debo?

- Nada, Lizzy, invita la casa. – Respondió con una sonrisa. – Neville se enfadaría si se enterara de que os he dejado pagar y, por favor, llámame Hannah. Ya no estamos en Hogwarts.

- Oh, bueno, pues muchísimas gracias.

- De nada y suerte con lo del Ministerio. – Bajó la voz antes de seguir. – No tienes por qué preocuparte, en la última reunión de profesores dijeron que te cogerían sí o sí, me lo contó Neville. Serían idiotas si no lo hicieran.

- Eso espero. – Se mordió el labio y cruzó los dedos. Miró hacia James que se estaba poniendo de pie. – Supongo que nos vamos ya. Hasta otra, Hannah.

- Adiós, Lizzy. – Elevó la voz y le hizo un gesto al pelinegro. - ¡Adiós, James!

- ¡Hasta pronto, Hannah!

La morena se acercó a su novio y lo cogió de la mano.

- Allá vamos.

Se desaparecieron al mismo tiempo y, juntos, llegaron al vestíbulo del Ministerio. Estaba prácticamente vacío, aquel día no trabajaba casi nadie y solo estaban los chicos a los que habían llamado para las entrevistas de trabajo. Se miraron el uno al otro, sin saber muy bien hacia dónde ir. Por suerte, vieron a un guardia y se acercaron a él.

- Disculpe, soy Elizabeth Collins, me han citado para una entrevista en el Departamento de Cooperación Mágica Internacional, pero no sé exactamente dónde ir.

- Debe coger el ascensor e ir hasta el quinto nivel. – Explicó. – No tiene pérdida.

- Muchas gracias.

Ambos siguieron las indicaciones del hombre y apenas diez minutos después esperaban sentados junto a dos chicos y una chica más, a los que reconocieron de Hogwarts. James sujetaba la mano de Lizzy, que cada vez estaba más nerviosa. En apenas unos minutos saldrían a llamarlos y, si no recordaba mal los apellidos de los otros tres, ella sería la primera. Un hombre vestido con la túnica del Ministerio no tardó en aparecer, con una lista en sus manos.

- Veo que ya estamos todos. – Dijo con una sonrisa, aunque sus ojos se detuvieron en James durante unos segundos, confundido. – Señor Potter, ¿verdad?

- Yo solo he venido a acompañar a la señorita Collins. – Respondió rápidamente. – No se preocupe.

- Está bien, mucho mejor. – Asintió. – Bien, como os decía, vosotros cuatro sois nuestros mejores candidatos, pero solo tenemos dos puestos disponibles, uno en la Oficina de Ley Mágica Internacional, para el que tenemos dos aspirantes, y otro en la Confederación Internacional de Magos, para el que tenemos otros dos. Empezaremos con la señorita Elizabeth Collins. – La morena se levantó y James le hizo un gesto de ánimo por lo bajo. – Sígame, por favor.

Lizzy asintió y entró al despacho de aquel hombre. Era una habitación sencilla, no muy grande, pero muy acogedora. La tenía decorada con muchas fotos de lo que, ella supuso, sería su familia.

- Tome asiento, por favor. – Ella asintió de nuevo y se sentó con elegancia en una de las sillas, recordando todo lo que sabía sobre protocolo. Quería dejarlo impresionado. – Bien, así que usted acaba de terminar sus estudios en Hogwarts, ¿verdad?

- Exactamente, hice mis ÉXTASIS en junio y me gradué ese mismo mes. – Respondió la chica con una sonrisa.

- Sí, hemos visto sus notas, son francamente impresionantes.

- Gracias.

- También hemos estado comprobando su expediente. – La sonrisa en su rostro estuvo a punto de desaparecer pero se forzó a sí misma a mantenerla. – Hemos visto que tiene alguna falta menor y un par de ellas un poco más graves, pero nada realmente importante. Estuvimos hablando con la directora y ella nos explicó que el año pasado disfrutó usted de un permiso especial para salir del castillo para ver jugar al señor Potter en ciertas ocasiones.

- Sí, la directora McGonagall es una mujer muy comprensiva y me dio permiso para ir a verlo un par de fines de semana y también en su primer partido. – Contestó volviendo a sonreír. No podía creerse que no hubiera puesto en su expediente que se había escapado del colegio.

- Muy bien. – El hombre miró algunos papeles antes de volver a hablar. – También es la campeona del torneo de duelo, ¿me equivoco?

- No, así es.

- ¿Es una buena duelista? Nunca está de mal tener a alguien que pueda defenderse sin ayuda de los aurores, nunca se sabe lo que puede pasar.

- Mi profesor de Defensa contra las Artes Oscuras decía que lo era, la verdad es que su asignatura me apasionaba.

- ¿Y habla idiomas?

- Sí. Inglés como lengua materna; italiano prácticamente bilingüe; francés, portugués y español fluido y algo de alemán. Quiero aprender ahora ruso.

- Impresionante. – El hombre asintió complacido y Lizzy suspiró aliviada.

- Una última cosa, ¿por qué quiere trabajar aquí?

- Me gustaría hacer del mundo un lugar mejor y creo que la cooperación entre las distintas comunidades mágicas es esencial para lograrlo. – Explicó ella, recordando la noche que le explicó a James lo que quería hacer con su vida. – Quiero ayudar a los demás y creo que es una buena forma de hacerlo. Yo no quiero empezar aquí y luego saltar a otro departamento, créame cuando le digo que quiero trabajar en esto toda mi vida, que quiero representar a mi país en el extranjero y recibir a los enviados de los otros gobiernos.

- Me alegra mucho oír eso, señorita Collins. – Sonrió ampliamente. – Tengo que entrevistar todavía al resto de aspirantes, pero en un rato le comunicaré. Este es el final de su entrevista, puede esperar fuera.

- De acuerdo, muchas gracias.

Ambas salieron y, mientras él llamaba al siguiente, Lizzy se sentó de nuevo al lado de James.

- Alea iacta est. Ahora solo me queda esperar.

Una hora y media más tarde, el último candidato salió y se sentó junto a los demás. La morena apretó la mano de su novio, otra vez nerviosa. Solo esperaba que aquel hombre saliera rápido y anunciara a los dos seleccionados cuanto antes.

- Irá bien. – Murmuró James en su oído, sacándole una sonrisa.

- Eso espero.


Veinte minutos después, el encargado del Ministerio por fin salió y los cuatro se pusieron en pie.

- Bien, seré breve, los dos seleccionados empezaran mañana a las ocho, los veré a esa hora en mi despacho para llevarlos hasta sus despachos. El puesto en la Confederación Internacional de Magos es para la señorita Elizabeth Collins.

Lizzy no escuchó nada más, ni siquiera el nombre de la persona que tenía el otro puesto. Se controló lo mejor que pudo hasta que el hombre desapareció, momento en el que ella se lanzó a los brazos de James, gritando y saltando. Él la agarró por la cintura y la abrazó.

- ¡Te lo dije, Lizz! Sabía que lo conseguirías. – Dijo en su oído. – Nadie mejor que tú.

Ello lo besó con una enorme sonrisa. Había conseguido su sueño.