CAPÍTULO XXVIII : LA VERDAD

El aspecto de Mako cuando entró por la puerta distaba mucho de la que él recordaba. Estaba mucho más delgada y pálida. Siempre había tenido un punto de fragilidad, pero su aspecto ahora era casi enfermizo. Y sin embargo, sus ojos conservaban la misma fuerza. Durante un tiempo lo había creído, que tenía otra opción que no fuera ella. Pero se había dado cuenta de que esa opción simplemente no existía. Nunca había existido. Desde aquella primera vez en que la había visto debajo de aquel paraguas enorme, no había existido ningún otro camino. Y se preguntó cómo podía haber sido tan estúpido de no saber aceptarlo.

-Lo peor es que hasta que hasta que no intenté hacer aquella deriva estaba convencido de que podría hacerlo. Herc, habló conmigo. Estaba preocupado por mis registros en el simulador y yo no quise saber nada de aquello. Le dije que estaba todo bien. Ni siquiera me planteé que pudiera haber un problema- confesó Raleigh

-Es difícil darse cuenta de que hay un problema cuando uno está metido en él- respondió Mako

-Puede ser- concedió Raleigh - pero al menos debería haber escuchado. A Herc, a Yong. Me lo decían constantemente. Ellos siempre lo tuvieron claro. Y no les hice caso.

-Tus resultados en el simulador eran muy buenos. Es comprensible que pensaras que todo iba bien.

-Eso es lo que pensé, el simulador va bien, todo va bien. Pero lo que no quise o no supe ver es que iba bien precisamente porque se trataba de un simulador. Tú has estado ahí, Mako, sabes lo diferente que es.

Mako asintió, lo sabía. El simulador era una gran herramienta. Excelente a la hora de aprender estrategias y técnicas de combate. Incluso era realmente útil a la hora de aprender el mecanismo de entrada en la deriva. Pero había algo que, debido a su propia naturaleza, no podía hacer, una verdadera deriva. Lo mismo que en un simulador de vuelo puedes hacer muchas cosas, pero hay una que no puedes hacer: volar. Parece que vueles, incluso puedes sentir que estés volando, pero no vuelas porque simplemente un simulador no es un avión. Y con los simuladores de jaeger ocurre lo mismo, parece que entres en la deriva pero jamás lo haces realmente.

-En el simulador- continuó Raleigh podía entrar en la deriva prácticamente tan rápido como quisiera. Nunca tuve que mostrar nada realmente a Yong. Nunca quise. No quería tener un testigo

-¿Pero por qué?- preguntó Mako

-Porque aquel día en el despacho de Herc, cuando nos enteramos de que la amenaza kaiju era global, lo supe. Supe que no lo lograríamos.

-¿Pero si piensas eso, por qué subirte a un jaerger? ¿Por qué luchar en cualquier caso?

-Porque es lo que sé hacer. No tengo otra opción.

-¿Y decidiste por mí para que yo tampoco la tuviera?

-Aún tenías la opción de buscar a otro compañero

-Lo intenté, ya viste lo bien que resultó.

-Porque los candidatos que escogiste eran terriblemente malos. Con una mejor selecc- Raleigh se abstuvo de continuar porque la ceja derecha de Mako empezaba a estar preocupantemente levantada.

-No son malos, les falta entrenamiento. Eso es todo- se defendió Mako- Además, tampoco es que tuviera muchas más opciones. Para tu información la gente no hace cola precisamente para ser piloto de jaeger.

-Aun así, encontraste a Yong- respondió Raleigh

-¿Cuántos Yongs te crees que hay? Del pequeñísimo número de personas que decide entrar por las puertas de la academia ofreciéndose, ya sabes, para matar kaijus, el 99% son rechazados de inmediato porque sus cerebros no soportarían nunca la carga neuronal que implica pilotar un jaeger. Del 1% restante, hay que restar los que no soportarían el esfuerzo físico, los que no tienen capacidad para trabajar con un compañero, los que no tienen capacidad mental para maniobrar un jaeger, ah, y los que abandonan tras pensárselo mejor cada vez que un jaeger cae derrotado. ¿Cuántos candidatos crees que quedaban tras la caída de Cherno Alpha, Crimson Typhoon y Striker Eureka? ¿Y me hablas de encontrar un Yong como si pudiera buscar uno en las páginas amarillas?

-¿Y qué hay del propio Yong?- preguntó entonces Raleigh- ¿por qué no le elegiste al él como nuevo compañero?

-Porque no somos compatibles.

-¿Cómo lo sabes? No recuerdo que hicierais las pruebas de compatibilidad.

-Oh, sí las hicimos. Hace tiempo, cuando fue rechazado para pilotar con sus hermanos. Los dos queríamos pilotar, así que lo intentamos. Pero nunca llegamos a funcionar realmente bien. Al menos, no tan bien como vosotros dos juntos. Además, la prioridad era que tú tuvieras pareja. Eres el piloto estrella.

-Tú también- dijo Raleigh

-No, tú cruzaste a otra dimensión y salvaste al mundo.

-Creo que es más que evidente que no salvé al mundo- protestó Raleigh

-Ya me entiendes- dijo Mako- a los ojos del mundo…

-¿A los ojos del mundo? ¿Y a los tuyos?- preguntó entonces enfadado Raleigh

Mako desvió la mirada incapaz de contestar.

-No puedes creer eso, Mako, no puedes.

-Cómo puedo no creerlo, Raleigh- respondió Mako con rabia.

Raleigh se sintió derrotado. Mako tenía razón después de haberla rechazado como lo había hecho, cómo iba a pensar otra cosa.

-Mako, escúchame, nunca he dudado de tu valía como piloto. Nunca. Como ya te dije una vez, no te elegí como compañera por caballerosidad.

-Y sin embargo, a las primeras de cambio decidiste que no querías trabajar más conmigo.

-¡Pero no porque pensase…- Raleigh se paró horrorizado. Era cierto que nunca había dudado de la capacidad de Mako como piloto, pero de alguna forma siempre la había considerado como su número dos. Él era el líder y tomaba las decisiones. Así de simple y nunca se lo había cuestionado.

-Lo siento- dijo entonces Raleigh arrepentido- he sido un estúpido arrogante todo este tiempo. El gran piloto de jaeger y toda esa mierda. No podía estar más equivocado. Aquí me tienes, criticando a los novatos, y no había entendido ni lo más básico. He tomado decisión, tras decisión sin tenerte en cuenta. Sólo en función de lo que a mí más me convenía en cada momento. De lo que me era más fácil. Pero no más.

-Raleigh, cuando dijiste que querías volver a pilotar conmigo pensé que todo eso había quedado atrás. Y te perdoné, de todo corazón. Para que un segundo más tarde volvieses otra vez a lo mismo y me lo rompieras otra vez. No puedo pasar por eso otra vez.

-Y no te pido que lo hagas. Sé que no tengo derecho. Sólo quiero que sepas, que me tienes, de la forma que quieras.

-¿De la forma que quiera?

-La que sea

-¿Y si quiero que seamos compañeros de jaeger pero que no estemos juntos?- preguntó Mako.

-Lo aceptaré.

-¿Lo aceptarás? ¿Así, sin más?-

-Mako, ¿no lo entiendes? Te necesito para montarme en jaeger, no hay otra forma para mí. Me he engañado creyendo que sí la habría, pero no la hay. Si decides que no quieres pilotar conmigo nunca más, esa parte de mi vida deja de existir. Así que sí, si eso es lo que decides, lo aceptaré y me sentiré afortunado. Aunque eso signifique no tenerte de ninguna otra forma.

-¿Y si no funciona?, ¿Y si después de todo decido que no puedo pilotar más contigo?

-Te ayudaré a encontrar a otro compañero. Recorreré el mundo hasta encontrarlo. Le entrenaré si hace falta- respondió Raleigh sin dudarlo un segundo

-¿Lo harías? ¿Harías eso por mí?- preguntó Mako entonces.

-Sí, Mako, lo haría- respondió Raleigh con determinación.

-¿Por qué?

-Porque me salvaste.

-En aquel momento Mako sintió como toda la sangre se le iba de la cara. Todo lo que sentía Raleigh por ella se reducía a simple gratitud. Se sentía en deuda con ella. Y lo peor era que esa deuda ni siquiera existía.

-Raleigh- dijo entonces Mako con voz muerta- no sé lo que te habrán dicho, pero yo no te salvé.

-Pero entraste a buscarme- dijo Raleigh sin entender.

-Era lo que tenía que hacer- respondió Mako con frialdad

-Entiendo- dijo Raleigh con un nudo en la garganta- no te molestaré más. Tan sólo, si pudieras decirme que dijiste…

-¿A qué te refieres?

-En la niebla, pude verte un instante. Murmuraste algo pero no puede oírlo.

-Los ojos de Mako se llenaron de lágrimas.

-Dije: Te quiero, Raleigh, vuelve conmigo – confesó Mako

-He vuelto, Mako. Te quiero.