Nota: les informo a los que recién se "enganchan" con la historia, o a los que quizás no entendieron bien, que las escenas en cursiva son sueños de Ryo o flashbacks (es decir, recuerdos del tiempo en que estaba con Rika). El siguiente capítulo que les ofrezco trata de un flashback.
XXVII
Un rayo de sol que chocó con mis ojos me despertó sin piedad. Pero lo cierto es que me sentía más pleno en la vigilia. Y más cuando era su rostro risueño y aniñado lo primero que veía al abrir los ojos. Estaba allí, recostada a mi lado, mirándome dormir. El cabello suelto y lacio caía por sus hombros, y acariciaba los míos.
El éxito de verme reflejado en sus ojos claros y brillantes, mientras le daba el primer beso del día, condicionaba mi carácter diario. Cuando podía hacerlo, mi humor era excelente. Cuando no, vivía una situación análoga a la de aquel nervioso que no toma sus calmantes.
Pero esa mañana era especial, puesto que habíamos salido a comer y a bailar la noche anterior, y en medio de la borrachera que ambos nos agarramos, sólo supimos llegar a mi departamento. De manera que estábamos allí, los dos solos y tranquilos, y poseíamos la libertad suficiente de hacer lo que quisiéramos sin tener que cuidarnos de presencias o miradas ajenas, siempre tan molestas.
- Bonjour, mon amour – murmuró ella, sin despegar sus ojos de mí.
- Bonjour, mi reina – contesté, esbozando una sonrisa.
-Ma reine – corrigió, puesto que según me había confesado, le gustaba mi tímido francés académico.
- Ma belle reine – la sorprendí yo, antes de besar su frente cubierta por el flequillo rojo.
- Hice el desayuno… - murmuró, mirando a los pies de la cama, donde descansaba una gran bandeja llena de cosas.
- Hoy me tocaba hacerlo a mí… ¿lo olvidaste? – reproché con una sonrisa.
- Bueno… es que tenía hambre y me desperté hace rato… Me entretuve en eso mientras dormías… - se excusó.
- Entonces a mí me toca las próximas dos veces.
- De acuerdo. ¿Comemos?
- Comemos…
Devoramos con placer todas aquellas delicias. Sólo Dios – en el que no creo, por otra parte – sabe en qué gastamos todas las energías durante la madrugada, que ahora queríamos recuperar. Rika hizo su jarra vacía a un lado, y se quedó con los ojos perdidos en la nada.
Yo la observaba tranquilo, para evitar sacarla de ese submundo mental en el que muchas veces se internaba.
- Está bien… - se dijo a sí misma, ante mi despreocupada mirada – Ya terminé – me anunció, recuperando la sonrisa.
- De acuerdo… ¿sabes, Rika? Hay algo en lo que he estado pensando… y me gustaría hablar contigo al respecto…. – comencé, quitando la bandeja de arriba de la cama.
- Dime.
- Algo que deseo mucho… quiero un bebé, Rika – declaré, casi susurrándole en su oído.
- ¿Un bebé?
- Sí… ¿recuerdas que ya lo habíamos hablado? Y que yo te dije que a ti que te quedan unos años de carrera se te iba a complicar, y tú me dijiste que no, que de alguna forma nos arreglaríamos… pues bien… estoy convencido de que sí, de que sabremos sobrellevarlo.
- ¿Enserio quieres un bebé? – inquirió incrédula, aunque sumamente conmovida, puesto que las lágrimas comenzaron a recorrer sus mejillas.
- Sí. Un bebé tuyo y mío. Es el segundo regalo más hermoso que puede hacerme la vida.
- ¿Segundo?
- Tú fuiste y eres el primero.
- Ahh…
- ¿Y bien? ¿Qué me dices al respecto?
- No sé, Ryo… me emociona que me lo hayas dicho, pues de verdad, no lo esperaba… - añadió, secándose las mejillas mojadas – Intentémoslo…
- ¿De verdad?
- De verdad.
- ¿Podemos comenzar ahora? – inquirí, empezando a tirar de la sábana para destaparla.
- Tengo que dejar el tratamiento, Ryo... aún no lo he dejado… Intentarlo ahora sería perfectamente inútil en lo que respecta a los resultados que obtendríamos…
- No importa… es decir, podemos hacer un "simulacro de creación de un bebé". ¿No te gusta la idea? – propuse con picardía.
- ¿Un simulacro como el de la madrugada?
- No, ese no cuenta. Un simulacro mejor. Más completo.
- Bueno… - comenzó ella sonriendo – … es una buena forma de saber si estamos aptos para hacer al niño con ganas… viste que una persona hecha sin ganas sufre de muchos traumas cuando crece… - siguió diciendo mientras reía, pues sabía que eso no era cierto.
- Así es… el nuestro no puede ser hecho sin ganas… - añadí, quitándole la sábana suavemente, para hacerle cosquillas en su piel sensible y suave de bebé.
- Definitivamente, el nuestro lo único que seguro nunca va a padecer es alguna consecuencia de haber sido hecho sin ganas… ¿no Ryo? – dijo, acariciando mi torso desnudo con ambas manos.
- Eso es seguro, mi reina – musité, antes de comenzar a besarla.
- Ma… reine… Ryo… - pudo decir ella en medio de un suspiro.
- Ma reine…
