Capítulo XXVI.
Lily no sabía cómo le iba a decir a Elliot que ya no podía casarse con él, básicamente porque ya no quería hacerlo. Y más que nada, a Lily le daba tristeza porque de verdad que Elliot era un buen hombre. Después de dejar que su celular sonara unas treinta veces, Lily al fin había respondido a la llamada insistente de Elliot y dejó que él concertara la cita a comer para esa misma tarde. Ahí Lily le diría todo a su prometido, incluida la noche que pasó con Genzo...
Y hablando de Elliot y Genzo, Lily no entendía como era que el último sabía de la existencia del primero. (En el fic lemmon "Luna", Genzo le cuestiona a Lily sobre que ella no ama a Elliot). Se suponía que si bien Lily le habló a Genzo sobre sus anteriores relaciones cuando estuvieron casados, jamás dio nombres y no era posible que Genzo supiera que Lily ya estaba comprometida con Elliot. Bueno, eso era algo que ella solucionaría después, todo por pasos y lo primero era solucionar todo con Elliot.
Elliot estaba esperando a Lily en el mismo restaurante en donde ellos ya habían estado juntos en varias ocasiones. El joven esperaba que Lily al fin aceptara usar el anillo de compromiso que él le había comprado a ella y que por alguna razón Lily se había negado a usar. Además, había otra cosa que Elliot quería tratar: la noche de la fiesta.
Lily llegó al restaurante con paso firme y la cabeza en alto, pero bastó una sola mirada para que Elliot se diera cuenta de que algo había cambiado en ella. Su mirada era más que nada pura indiferencia mezclada con un sentimiento muy parecido a la lástima.
- Te ves encantadora, como siempre.- sonrió Elliot, besando a Lily en la mejilla.
- Gracias.- dijo Lily, simplemente.- Perdona que no te haya respondido, estuve ocupada con mis hijos...
- Está bien, no hay problema, pero estaba preocupado por ti.- confesó Elliot.- No te vi en la fiesta de Lacouture, y eso que estuve toda la noche buscándote.
- Creo que el lugar era muy grande, era difícil que nos encontráramos ahí.- respondió Lily.
- Pero sí estuviste en compañía de él, ¿no?.- Elliot no pudo evitar el comentario.
- ¿A qué te refieres?.- Lily se sorprendió.
- A que estuviste con tu ex esposo.- recalcó Elliot.- Quizás por eso no me viste.
Lily se quedó atónita. ¿Cómo fue que Elliot se enteró que ella había estado con Genzo? ¿Acaso Débora se lo habría dicho? Lily, a pesar de la sorpresa, sonrió levemente, con una mirada de indiferencia.
- Pues mejor que te enteres ahora que después.- dijo Lily, tranquila.- Sí, estuve con mi ex esposo, y lamento que te hayas enterado así, aunque no sé quién te lo dijo, pero de cualquier manera no importa. Volví a ver a Genzo en la fiesta y estuve con él arreglando algunas cosas.
- ¿Arreglándolas de qué forma?.- a Elliot lo enfermaba el imaginarse a Lily en brazos de otro hombre.
- De muchas formas.- Lily trató de no perturbarse.- Teníamos cinco años de rencores retrasados y un gran malentendido por solucionar.
- ¿Y qué más?.- insistió Elliot.- No creo que hayas sido tan tonta como para dormir con él.
Para desgracia y desilusión de Elliot, Lily se delató sola al ponerse más roja que un tomate al escuchar esta pregunta y fingir un ataque de tos para ocultar su rubor. Ella no pudo mirarlo a él a los ojos, lo que hizo al hombre perder el control.
- ¡Maldita sea, Lily!.- Elliot dio un puñetazo en la mesa.- ¡Cómo puede ser posible!
- No fue algo planeado.- Lily intentó justificarse.- Yo no pensé ni siquiera que vería a Genzo en esa fiesta, mucho menos que dormiría con él...
- No, no me digas eso.- pidió Elliot.- No me cuentes como fue que alguien me robó tu corazón y tu cuerpo, porque sé que no lo resistiría (yaaa). Solo quiero saber que él te obligó a hacerlo.
- Es que no me obligó.- replicó Lily.- Todo fue con mi consentimiento. La verdad es que yo todavía lo amo y lo voy a seguir amando. ¿Por qué no quieren aceptar eso?
- ¡Porque es inconcebible que después de todo lo que él te hizo sigas queriendo, Lily!.- Elliot se ponía cada vez peor conforme más escuchaba hablar a Lily.- ¡Él no te merece!
- Quizás no.- murmuró Lily.- Pero él sigue siendo el padre de mis hijos...
Elliot no dijo nada, ya que el camarero llegó con las órdenes de ambos. Lily fingió comer aunque la verdad era que se le había quitado el apetito y ella estaba segura de que Elliot estaba peor. El joven intentó tranquilizarse, ya que él seguía amando a Lily y no estaba dispuesto a perderla por un idiota japonés jugador de sóccer que parecía más un astronauta que aterrizaba en la vida de Lily una vez cada cinco años.
- Escucha.- Elliot se decidió jugar todas sus cartas de una vez por todas y sacó la caja del anillo de compromiso y la puso en la mesa.- No me importa ya lo que haya sucedido entre él y tú, fue solo una noche. Y a decir verdad, yo también estuve con otra persona...
- ¿En verdad?.- Lily se sorprendió un poco.- Vaya, mucho que me has de haber extrañado.
- Yo creí que tú eras ella.- explicó Elliot, apresuradamente.- Te confundí... Y bueno, pensando que eras ella, yo...
- Tuviste algo íntimo con ella, ¿cierto?.- Lily no pudo reprimir una sonrisa.
- Ya te dije que creí que eras ella.- Elliot trató de evitar el rubor.- Pero ése no es el caso. Lo que te quiero decir es que a mí no me importa que tú hayas estado con tu ex. Yo te perdono, no me importa nada, solo quiero que te cases conmigo.
- Eh, yo... .- musitó Lily.- Pero...
- Sé lo que debes estar pensando.- continuó él, sin darle la oportunidad de decir que no.- Pero en verdad a mí no me importa... Cásate conmigo...
Lily volvió a mirar a Elliot con esa clásica mirada de tristeza, compasión y lástima, y él supo que la había perdido...
- Lo siento.- murmuró Lily, devolviéndole a Elliot el anillo de compromiso.- Pero no puedo... La verdad es que yo venía a decirte que lo nuestro no puede continuar...
Y nada de lo que Elliot dijera lo iba a poder cambiar...
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Genzo Wakabayashi dejó que el que era su hijo lo condujera de la mano al sitio en donde el niño jugaba con su hermana. Y por si acaso Wakabayashi, Misaki y Kaltz no habían tenido suficientes sorpresas por ese día, los tres se sorprendieron muchísimo cuando se dieron cuenta de que la hermana gemela del niño era una versión en miniatura de Lily Del Valle, pero con el cabello negro. Genzo reconoció de inmediato a la niña que traía el Corazón del Bosque, la hija de Lily...
- Jazmín.- dijo Daisuke.- Ven a que conozcas a mi amigo.
Jazmín, a su vez, creyó reconocer al hombre de la gorra blanca en aquel hombre alto y fornido de gorra roja, por lo que de momento quiso correr, aunque sus miedos infantiles la hicieron quedarse abrazada a su inseparable conejita de peluche, sin saber qué hacer. Jazmín quiso gritar y advertirle a su hermano, pero Dai estaba muy feliz.
- Dai, mejor vámonos.- murmuró Jazmín, con voz bajita.- No debemos jugar con extraños.
- Pero ellos no son extraños, son mis amigos, Jaz.- replicó Daisuke.- Y quieren jugar con nosotros.
De hecho, solo Kaltz no tenía ningún parentesco con los gemelitos, ya que Taro Misaki era el tío político de los niños, aun cuando ninguno lo sabía. Y bueno, Kaltz bien podría ser también más como un tío para los dos niños por su estrecha amistad con Genzo. Jazmín le hizo señas a su hermano para que se acercara un momento con el fin de decirle algo en secreto.
- Dai, tengo miedo.- confesó Jazmín, en español (los niños hablan español e inglés).- Ese señor me recuerda al señor de la gorra blanca.
- Pero éste trae gorra roja y cuando yo lo conocí traía gorra negra.- replicó Daisuke, en el mismo idioma.- Además, jugó conmigo la otra vez y me compró los guantes y un helado. Es chido, no seas miedosa. Yo te dije que te iba a cuidar y sé que ese señor no te va a hacer nada.
Jazmín seguía renuente, mientras Wakabayashi esperaba pacientemente a sus dos hijos. Misaki y Kaltz no dejaban de intercambiar impresiones entre sí, sin saber si decirle lo que pensaban a Genzo o de plano dejar que a él le cayera el veinte solo...
- ¿Es idea mía, o estoy viendo a Wakabayashi en versión niño y a Lily en versión niña?.- preguntó Kaltz a Misaki, en voz baja.- O quizás ya me volví loco.
- Nada de eso.- replicó Taro.- Yo también los veo...
- La teoría de que Lily pudiera tener una hija se me hacía absurda.- confesó Hermann Kaltz.- Pero al ver esto... No sé, no creo ya que sea tan loca...
- Lo mismo digo: Lily no solo tiene una hija, sino también un hijo.- suspiró Taro Misaki.- Y me parece que ambos son también hijos de Wakabayashi...
En ese momento, sin embargo, Daisuke se acercó a Genzo llevando a Jazmín tomada de la mano, para que ella le perdiera el miedo al portero. Genzo miró atentamente a los niños, a la espera de algo.
- Mira, quiero que conozcas a mi hermana.- le dijo Dai al portero.- Se llama Jazmín y te tiene miedo, pero le digo que no sea tonta.
- ¿Y por qué me tienes miedo, princesa?.- preguntó Genzo, poniéndose en cuclillas y levantándose un poco la visera de la gorra para ver mejor a la niña.- No te voy a hacer daño, solo quiero ser tu amigo.
- Es solo que la otra vez me quisiste quitar el collar de mi mami.- musitó Jazmín, con voz temblorosa.- Y pensé que me querías robar.
- No te quiero robar, pequeña.- Genzo se arriesgó y tocó suavemente el rostro de la niña.- Eres muy linda y te pareces mucho a alguien a quien quiero mucho, no podría hacerte daño.
- ¿No me mientes?.- preguntó Jazmín, bajando poco a poco sus defensas.
- Claro que no.- sonrió Genzo.- Déjame jugar a la pelota contigo y te lo demostraré.
- Bueno.- Jazmín aceptó, muy apenas.
- Ya no seas miedosa.- pidió Daisuke.- Y vamos a jugar.
Así pues, al fin los dos niños se pusieron a jugar con los tres hombres. Claro, el juego no era ni remotísimamente parecido a un juego de fútbol sóccer, pero para qué negar que tanto Wakabayashi como Misaki y Kaltz lo estaban disfrutando en serio. Jazmín y Daisuke eran unos niños muy agradables y simpáticos, del tipo de los que les caen bien a cualquiera, y al poco rato a Jazmín se le había pasado el miedo y jugaba y reía como cualquier niña feliz y alegre de su edad. Al mirarla, Genzo recordaba a Lily, tenía su mismo tipo de risa y su facilidad para hacer feliz a los que estuvieran cerca de ella. El portero volvió a sentir ese mismo tipo de amor de padre que le nacía sin pensarlo ni desearlo, era algo que muy poca gente sentía de primera vista, pero este caso era diferente…
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Karl cargaba a Mijael, mientras Elieth se detenía a comprar donas, después de un irresistible antojo que tuvo. El niño estaba feliz de estar con su padre después del pensamiento que tuvo de que por su culpa su mamá estaba enojada.
- Mi papi, mi papá.- canturreó Mijael, feliz, mientras Karl lo colocaba sobre sus hombros.- Te extrañé, papá. ¿En dónde estabas?
- Con unos amigos.- respondió Karl.- Espero que te portes bien con mamá y no le des muchas molestias.
- Me porto bien.- mintió Mijael.- Nunca hago travesuras.
- Me imagino.- rió Karl.- Pero trátala mejor, que va a tener un hermanito para ti muy pronto.
- Sí, papá.- asintió Mijael, quien en compañía de su papá parecía el angelito que definitivamente no era.- Prometo portarme bien, pero dile a mamá que ya no se enoje.
- ¿Tu mamá se enojó contigo?.- preguntó Karl, sorprendido.
- La escuché gritar la otra vez, muy enojada, antes de la fiesta.- respondió Mijael.- Y Erick me dijo que fui yo el culpable.
- Ah, el hijo de Levin.- suspiró Karl.- No, Mijael, no creo que tu mamá haya estado enojada contigo. Más bien, se enojó conmigo, así que no te preocupes. Ella te quiere mucho, eso no lo dudes.
- ¿Y por qué mi mamá se enojó contigo, papá?.- quiso saber Mijael, con su curiosidad natural.
- Porque a tu papi le gusta andar de coscolino.- respondió Elieth, regresando en ese momento con una bolsa blanca de papel, engullendo una dona de chocolate.- Por eso.
- ¿Y qué es andar de coscolino, mami?.- preguntó Mijael.
- Te lo diré cuando crezcas.- replicó Karl.
En ese momento, la feliz familia pasó frente a un puesto de helados y Mijael empezó a retorcerse cual lombriz al verlos, de manera que Karl lo bajó para que el niño corriera rápidamente hacia el famoso puesto.
- Sigues molesta conmigo, ¿eh?.- preguntó Karl a Elieth.
- Ya no.- negó Eli.- No después de lo que pasó en la fiesta…
- Eso te gusto, ¿cierto?.- Karl abrazó y besó a su esposa con ternura.
- Claro, por algo eres el mejor.- sonrió Eli, correspondiendo al gesto de su esposo.
- No sabía que a Mijael le había afectado la noticia.- comentó Schneider, mirando a su hijo pedir un helado de tres bolas de sabores.
- Ni yo tampoco.- suspiró Elieth.- Supongo que estaba tan enojada que no me di cuenta… Pobrecito de mi bebé…
- Bueno, pues ahora tendré que llevármelo por algunos días para que se le quite la tristeza.- replicó Karl, riendo.
- Yo no lo veo triste.- replicó Eli, mirando a Mijael correr de aquí para allá, mientras ella pagaba el helado.
- Es un decir.- Karl volvió a reír.- Ya lo has cuidado mucho tiempo tú sola. ¿Qué dices? Puedo estar con él un día o dos para que tú descanses. Debes cuidarte, por el bebé.
- De acuerdo.- aceptó Elieth, sonriente.- No me caería mal descansar unos días, aunque para ser sincera, será tu hermana la que descanse más. Qué paciencia tiene Marie, en serio.
- Así es ella.- suspiró Karl.- Le encantan los niños, hasta los que son tan hiperactivos como Mijael.
En ese momento, el aludido se acercó corriendo a sus padres y entonces Karl le preguntó si no querría pasar unos días con él, cosa con la cual Mijael se entusiasmó en serio. Bien, no se tenía que decir más, por un par de días Karl haría el papel de padre frente a sus amigos y se llevaría a Mijael con él.
Y claro, nadie lo sabía en ese momento, pero esta pequeña decisión fue la pieza final del rompecabezas del destino.
Notas:
- Bien, les explicaré el por qué la conejita de peluche de Jazmín se llama Ramona. Nombre tan más feo, pero bueno, el caso es que acá hace años en México se pasó un comercial de una conocida marca de pasta dental, en donde aparecía una niña como de unos seis o siete años, que tenía una coneja de juguete llamada Ramona. Ese comercial era tan baboso que se me quedó grabado en los recuerdos de mi memoria, motivo por el cual usé este ridículo nombre de Ramona para la conejita de Jazmín. Ni modo, hija, te tocó sufrir, jaja.
- Nada que ver, pero me imagino que Karl de papá ha de ser muy tierno. Ahh, que me da mucha ternura imaginármelo cargando a su hijito (suertuda Elieth, aunque no me quejo XD).
- Bueno, ahora sí. Espero pronto tener el final, aunque aún falta…
