Capítulo 28
"Una estrella que cae"
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Nunca ojos en el Santuario habían visto aquello u oído las palabras que salieron de la boca de Leandro en aquel amanecer rompiente… su voz, fría y cortante como la tormenta invernal rajó la atmósfera defensiva que había envuelto a la decena de soldados.
-"Gesphare"- saludó con despego –"Apártate del camino"- dijo con imperioso tono de voz.
-"A nosotros también nos gusta verte de nuevo, Leandro"- murmuró una amazona irónicamente. Gesphare dio un paso al frente y saludó
-"Bienvenido señor, claro que le dejo el paso. Sin embargo, no puedo dejar pasar a hostiles en este suelo sagrado"-
-"Conozco el protocolo mejor que tú Karasläo"- Leandro empleaba el apellido de alguien cuando estaba realmente irritado –"Y como tu superior te ordeno que te apartes y nos dejes pasar a todos"-
Gesphare no tuvo más remedio, una cosa era estar acostumbrado a los modales de hielo del comandante, nada parecidos a los de Talina; y otra muy diferente era dejar pasar a aquellos alborotadores y asesinos indirectos… Leandro era desagradable y difícil de tratar pero no era ningún traidor ¿qué estaba pensando?
Sin embargo, cuando los rodorianos pasaron junto a él vió que muchos tenían los ojos enrojecidos, otros el semblante avergonzado y los demás estaban francamente aterrorizados, como si de pronto les fuera a salir de algún rincón alguien dispuesto a cortarles la garganta.
-"Karasläo"- exclamó Leandro antes de marchar al frente de la comitiva –"Termina lo que sea que estés haciendo aquí y luego subirás con el resto de tu compañía"-
-"¿Les dejará adentrarse en la Gran Escalinata?"-
Leandro no contestó.
-"Sé que no me importa señor"- dijo Gesphare decidido a expresar su punto de vista, a pesar de que la gélida mirada de Leandro le taladrase –"Pero recuerde que es orden directa de Atena no dejar penetrar al enemigo en su recinto sagrado, de modo que franquear la entrada a esos sujetos, sería una grave ofensa sino se han arrepentido"- el comandante se le quedó mirando sin inmutarse.
-"No olvides mis órdenes"- fue su seca respuesta y se marchó en la grupa de su caballo sin decir nada más, su pelotón le seguía y los guerreros que estaban en la vereda no pudieron hacer menos que verlos entrar en su hogar, hasta que una amazona detuvo su negra montura al lado del montículo donde estaba Gesphare y descendiendo del caballo le dedicó una burlona reverencia.
-"¿Cómo estás hermanito?"- la guerrera se incorporó, su rubia y brillante cabellera tenía como adorno una pluma de cuervo que le otorgaba un aire tribal; su andar, casi como si se pavoneara por el mundo, nada tenía en común con los ademanes sobrios y aunque rudos, elegantes, de las otras amazonas. Su aspecto no inspiraba respeto y solemnidad como el de Eko o Daphne, sino que era insinuante y en cierto modo seductor; su máscara no ayudaba pues en lugar de otorgarle dignidad y porte, con sus contoneos y parloteos banales era como si no la llevase puesta.
Gesphare miró a la recién llegada casi con asco.
-"Hola Kit"- dijo como si hablarle le costara un tremendo esfuerzo, pues Kitnalä era su hermanastra mayor.
A Gesphare le había costado años de trabajo el demostrarle a su nueva familia que no era ni remotamente parecido a aquella mujer, y con el tiempo la Orden Guerrera empezó a aceptar al soldado, rechazando a su pariente
-"¿Por qué se ha metido aquí?"- preguntó Dhenes una noche que platicaban junto al pozo –"No está hecha para ésta vida"-
-"¿Por qué lo dices?"-
Dhenes le miró como si fuera una especie de enfermo mental y después señaló a su hermanastra, que se admiraba en la lisa y reflejante superficie del reverso de un escudo.
-"Por eso... no siente ninguna clase de apego por lo que una amazona representa"-
-"¡Bien!"- le concedió Gesphare –"Lo sé, incluso he intentado que entablara amistad con Lygian o con Mirra, pero me han mandado a paseo muy cortésmente. La verdad no sé qué hacer con ella"-
-"Pfff"- se burló Dhenes –"Tú no tienes que hacer nada con ella, no eres su padre; más bien que va a hacer ella consigo misma cuando se dé cuenta de que la vida de una guerrera y las cremas humectantes no congenian. Tan siquiera ¿no le explicaste que los perfumes se quedan afuera y son sustituidos por sudor y vendas en los cayos?"-
-"¡Bah! ¿tú crees que me oyó?"-
De algún modo Kit se había hecho parte de la fuerza de Leandro y desde entonces se ausentaba con regularidad del Santuario, y Gesphare gozaba de un poco de paz.
Kit revoloteó a su lado y se puso a contarle las maravillas del Cáucaso y a quejarse de que el sol había quemado demasiado la piel de su rostro (¿Quién rayos se lo iba a querer ver para que se preocupase así?), que Leandro los obligó a regresar cabalgando día y noche, que alguien la empujó…etc.
-"Kit"- la cortó Gesphare sin miramientos –"Éste no es el momento ni el lugar para estar diciendo tonterías, hemos pasado por una situación muy difícil y no estoy de ánimo para aguantarte de modo que…"- el hombre señaló el caballo como indicando a Kitnalä que se largase con su equino.
-"Phare"- dijo ella en tono zalamero, pero su hermano ya le daba la espalda mientras vertía agua sobre el primer tramo de escaleras de la Senda para lavar la sangre. Apenas se dio cuenta de lo que su hermano hacía, la voz de Kit se ahogó en su garganta
-"Así que fue tan malo como nos lo imaginamos…"-
-"Bueno pero… ¿tú que crees que es una invasión?"- Gesphare se desesperó –"Si creías que nos iban a pedir amablemente que les entregáramos nuestra casa estás muy equivocada Kitnalä; vinieron y masacraron a cuantos pudieron hasta que el Maestro de los Cinco Picos…"-
-"¿El Maestro está aquí…?"- Kit se sorprendió
-"¿Cómo puedes preguntar eso si te estoy diciendo que han matado a muchos de nosotros?"- se dijo su hermanastro
-"S,i está aquí, y si creías que seguir éste camino era una vida sin incomodidade,s te equivocaste Kit"- ella tragó saliva –"Y luego viene tu jefe y les abre la puerta a ésos revolucionarios violadores tan campante, llevándolos hasta la misma villa, en la cual no estuvo para proteger…"- Gesphare no sabía si reír o llorar
-"Phare…"- Kitnalä trató de explicar lo que ellos habían hecho en Rodorio antes de poder subir a la Montaña, bueno… más bien lo que sus compañeros habían hecho, porque ella permaneció sentada en la grupa de su caballo mirando asustada a los demás; se supone que era su familia… así había sido lo que le habían enseñado, debía protegerlos como ellos lo hacían con ella, pero… estaba demasiado acobardada
–"¿Qué haces aquí Kit?"- preguntó Gesphare
-"Hablando conti-"-
-"NO-, me refiero a porque hiciste juramento de amazona. Ambos sabemos que tú no-"-
-"¡CLARO QUE SÍ!"- se defendió Kitnalä con fiereza –"YO QUIERO ESTAR AQUÍ"- chilló –"LOGRÉ ENTRAR EN LA LEGIÓN ÉLITE Y TE DEMOSTRARÉ QUE PUEDO SER UNA AMAZONA. NO TE ENGAÑES PENSANDO QUE-"-
-"Kit…"- su hermanastro menor posó la mano sobre su hombro, Kitnalä bajó los puños que tenía crispados frente al pecho –"Eso tienes que demostrártelo a ti misma y a Atena… dime ¿Cuándo fue la última vez que hablaste con ella?"-
Kitnalä retrocedió arredrada, pues no podía recordar ésa ocasión. Las noches en que todos se reunían frente a la Gran Estatua de piedra de Atena a orar, ella se ponía a pensar en qué aretes usaría al día siguiente, qué fragancia, qué color de pluma… hacía todo menos hablar con quien se suponía, era el centro de la vida que había escogido… bueno, en realidad Atena debía ser el centro de la existencia de todos, pero el Santuario ponía un especial ahínco en ése aspecto.
-"Lo suponía…"- la acusó Gesphare –"La única que engaña aquí… eres tú y a ti misma Kit. Simplemente no es tu destino estar aquí, tu estrella es distinta a la mía… puedes irte, recuerda que nunca es tarde, vete… aquí no es tu lugar"-
Kit ahuecó su melena, como si fuera una leona al ataque y exclamó antes de auparse y galopar para alcanzar a su campaña.
-"¡Mi lugar está en donde yo elija Gesphare Karasläo! Si me equivoco es mi error, no el tuyo; déjame en paz y mete tu nariz en lo que te importa"-
Gesphare la miró alejarse, no se iba a rebajar a gritonear como ella en la Senda de Aries, se puso a tallar la piedra y mientras el agua y jabón corrían peldaños abajo pensó en lo que le había dicho su hermanastra:
-"Puede que sea tu vida y sea tu problema si te equivocas Kitnalä. Pero mucho me temo que arrastres el buen nombre de muchos de nosotros a tu hoyo como sigas así… "- los guerreros y amazonas volvían de hacer su trabajo, ya era hora de volver a subir la Montaña. –"Ésa clase de argumentos solo funcionan con gente que no tiene a nadie que se ocupe de ella, o que les importe un bledo lo que suceda con ésa persona. Pero aquí en el Santuario… todos vamos en la misma barca, o flotamos o nos hundimos… No hay medias tintas Kit, con Atena todo es definitivo: o recoges con ella o desparramas, o la amas o la odias, estás con Ella o en su contra"-
El guerrero y su compañía decidieron usar los atajos para llegar más rápido a la parte superior de la Montaña. Pasaba poco más del mediodía cuando todos se colocaron en corro alrededor del patio; en el centro de la gran plazoleta estaba Leandro con semblante inexpresivo y al frente de los rodorianos, que formaban un círculo y miraban hacia todos lados menos a la imponente personalidad delante de ellos, una elevada y esbelta figura revestida de suave terciopelo negro y casco deslumbrador, estaba en lo alto de la tarima al frente de la villa, les miraba con una indulgencia que les resultaba mucho más hiriente que la punta de miles de flechas. No podían por menos que reconocer en toda el aura que emanaba de aquella persona, que no era otro que el Santo Patriarca.
A su derecha había un anciano de blancos cabellos que portaba una túnica oriental color negro, fija a su cintura por una ancha banda dorada, y cosa extraña… junto a él había también una serie de niños, acomodados en la escalinata sobre la felpuda alfombra roja.
Eran, tal vez unos once, vestidos también de negro y los más pequeños iban sin calzado, no así los dos más grandes que a lo sumo apenas alcanzaban la década, sus pies estaban cubiertos por gruesos botines oscuros y portaban túnicas del mismo estilo que el anciano a su izquierda, sólo que las bandas de su cintura eran de distinto color. La del chico más alto cuyos cabellos competían con el tono violáceo de las nubes de la noche era morado oscuro, muy distinta al rojo deslumbrante de la sangre, color de banda que portaba el otro niño de melena más corta y marrón. Los ojos de ambos niños despedían destellos de antipatía hacia el soldado del Santuario que los había guiado hasta allí.
Las bandas de los niños más pequeños parecían un relámpago de colores que adquiría finura por la sobria combinación con el negro; acomodados en tres escalones miraban calmadamente a la concurrencia. Los tres niños de la parte alta alternaban miradas entre el papa y el anciano, uno tenía la banda color púrpura a juego con su pelo color lila, el siguiente era rubio con banda amarilla, otro era una versión en miniatura del chico de cabellos marrones, su banda competía con el naranja del cielo en el crepúsculo. En la fila debajo de ellos había otros tres bebés, uno parecía ser el mayor, con el pelo y la banda color verde bosque; los otros dos estaban recargados uno en el otro como si aquello fuera lo único importante en su vida y al igual que su compañero, sus bandas y el color de sus respectivos cabellos combinaban siendo el de la izquierda de un intenso turquesa y el del otro color azul medianoche.
Los últimos dos niños estaban quietos mirándoles, uno era el bebé más bonito que jamás habían visto con una banda color coral oscuro, y el otro cuya banda era de tono azul rey como el mar que rompía en la lejana playa.
-"Su Santidad"- comenzó a decir Leandro con voz grave y solemne, como si solamente se hallase ante el patriarca. Fue entonces cuando todos pudieron apreciar la venda que le cubría todo el brazo izquierdo en la que había varias manchas de sangre seca –"Antes de presentar informes sobre nuestra misión en la lejana región montañosa del Cáucaso. Pido permiso para aclarar la presencia de éstos individuos en éste recinto central de la preciada Casa de la diosa Sabia y Guerrera"-
La figura del papa alzó una mano blanca con gesto aprobatorio.
-"La legión especial volvió hoy de su misión a tierras balcánicas, unas horas antes de que amaneciera divisamos la llamada Montaña del Santuario del Valle de la Sagrada Acrópolis Ateniense exhalando columnas de humo negro, de modo que apretamos el paso más que nunca, y al pasar por el pueblo de Rodorio nos topamos con una trifulca en un almacén, la cual iba en aumento pues la gente iba a buscar armas a sus hogares y volvía para pelear. Antes de involucrarnos, investigamos los bandos beligerantes y se decubrió que había rodorianos con armadura extranjera peleando junto a su pueblo contra personas de otras ciudades… a juzgar por sus facciones y el escudo de armas que llevaban en la ropa, supimos que eran thimalkianos. Así que bajamos de nuestras monturas para defender a los rodorianos que como Su Santidad sabe, carecen de una armada que les proteja"-
-"Ahora que hemos juntado información al respecto, sabemos que los hostiles a Rodorio apresaron a su gente en aquel almacén sin el conocimiento de sus conciudadano,s que se dirigían a…"- Leandro inspiró hondo para controlarse y no perder el dominio de sí mismo –"que se dirigían… a su destino; cuando por una indiscreción thimalkiana se enteraron del asunto, volvieron sobre sus pasos y trataron de liberar a su gente. Fue entonces cuando la lid se desató, pues los que estaban dentro del almacén se alzaron en protesta y comenzaron a atacar al pequeño ejército que les custodiaba, los rodorianos de fuera se sumaron a los esfuerzos y pudieron liberarles, pero a pesar de su número no eran capaces de terminar con soldados entrenados, fue entonces cuando intervino la legión especial"-
-"Cuando todo acabo y las familias estuvieron en sus hogares, la legión especial se preparó para partir, ya nos retirábamos cuando-"- Leandro fue interrumpido a mitad de su discurso por el empujón de un viejecillo de tez rosada y blanca barba que trató de acercarse al patriarca, pero sin rozar la alfombra carmesí, cayó de rodillas y se oyeron sus huesos crujir, poniendo la frente en el suelo, lavado apenas de la sangre de soldados y amazonas, gritó con una voz portentosa que nadie hubiera imaginado que alguien de edad tan avanzada pudiera tener:
-"¡LO SENTIMOS SU SANTIDAD! ¡LO SENTIMOS TANTO!"- el hombre empezó a gimotear. Aioros y Saga intercambiaron escépticas miradas ¿era posible? ¿era remotamente creíble?
El anciano levantó el rostro, se sorbió la nariz y derramado gruesos lagrimones que se estrellaban contra las piedras, volvió a exclamar
-"NO SABÍAMOS REALMENTE LO QUE PASABA HASTA QUE LO TUVIMOS ENFRENTE Y YA ERA TARDE"- volvió a estampar su frente contra el suelo –"NO SABEMOS COMO DEJAMOS QUE ESTO PASARA-"- el viejecillo alternaba sus desesperados sollozos con su balbuceo de disculpas –"AUNQUE SÉ QUE NUNCA PODREMOS RESARCIR COMPLETAMENTE LO QUE HA PASADO POR FAVOR- POR FAVOR- -¿PODRÍAN TOMAR DE REGRESO TODO LO QUE RODORIO LES EXPROPIÓ? - EL ADORATORIO DE ATENA, LAS TIERRAS DE CULTIVO, LAS OBRAS DE ARTE… TODO, TÓMENLO POR FAVOR-"- al anciano se le ahogó la voz entre sus frases salpicadas de dolor y arrepentimiento, como el viento rompe las rocas de la sólida montaña. Las mujeres que había entre los rodorianos también lloraban.
De pronto un hombre en la multitud, con una espada a la cintura se acercó al hombre y le ayudó a incorporarse mientras le decía con firmeza:
-"Basta jefe, déjeme hacerme caso de las cosas desde aquí"- luego mirando hacia el patriarca, desenfundó la espada y apuntando con ella al cielo, gritó:
-"MIS COMPAÑEROS REBELDES Y YO HEMOS VENIDO AQUÍ A ENTREGAR NUESTRAS VIDAS EN SUS MANOS, POR AQUELLAS QUE ARRANCAMOS DE ÉSTE SAGRADO LUGAR"- el sujeto puso una rodilla en tierra y colocó la espada en posición horizontal sobre sus manos, como haciendo una ofrenda al patriarca, el filo de la espada centelleó a la luz del mediodía como si con su fulgor quisiera mostrar la pureza de su intención suicida.
Los otros hombres que también traían armas, las desenvainaron lo mismo que su capitán. No eran soldados y no estaban ilustrados en el manejo de las armas, no obstante conocían la gravedad de su pecado, y las familias que venían con ellos aceptaban aquella expiación, pues era el justo pago de su omisión.
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-"Tomémoslas entonces"- dijo Leandro, con las aletas de su larga nariz dilatadas.
-"Shion…"- murmuró Dohko mirando a su amigo, pero el aludido no parecía reaccionar.
Algunos guerreros y amazonas se fueron acercando a los arrodillados rodorianos con parsimonia, Mirra tomó la empuñadura de la espada que el joven pandillero y antiguo compañero de Leokano, Erato le ofrecía, la roja cabellera de la amazona relumbraba a la luz del astro en su cenit; mientras en su memoria se formaba la figura de su prima, cómo había cortado sus cabellos, cómo había saltado con aquellos dos miserables por el acantilado, el gigante rompiendo su máscara… luego ella misma gritando su nombre al abismo, oscuro como los suaves cabellos que Lygian había dejado sobre el suelo junto a los trozos de su máscara…
Eko deslizó la punta de la espada por la piel del cuello del rodoriano sin cortarle, a su lado Daphne hacía lo mismo, pensando en Lygian y en Nereo alzaron las espadas; Dhenes y Febo estaban del otro lado del círculo recreando en su mente los días que pasaron junto a sus amigos dando de comer a los bebés, limpiando, cocinando, haciendo la compra, orando a Atena, entrenando… y luchando.
Mirra estaba todo lo triste que nunca había imaginado que estaría, el rodoriano había cerrado los ojos mientras las lágrimas corrían por sus mejillas; detrás de ellos el resto de los ciudadanos rezaban a Atena en resignada y contrita actitud, las mujeres cubrían el rostro de los niños murmurando plegarias a la diosa…
Entonces, al percibir lo que se aproximaba Saga y Aioros se arrojaron sobre sus hermanos más pequeños para cubrirles la cara y tapar lo más que pudieran sus oídos.
-"No vean, no vean"- jadeaba Aioros
Saga se desató la banda y cubrió la mirada de Milo que se empecinaba en ver el patio, diciéndole con voz sedosa:
-"Mírame, mírame…"-
Dohko se acercó corriendo a su amigo
-"Shion… ¡Shion! ¿qué haces? Los vas a…"- pero calló al observar el dilema del Santo Patriarca y una vez más agradeció al Olimpo no estar en sus zapatos, Shion callaba pues confiaba ciegamente en su amada diosa… tenía fe en que sus guerreros tomaran la mejor decisión dejándose guiar por el cosmo de Atena. El papa tenía los puños crispados y bajo el casco se mordía los delgados labios.
-"Shion…"- Dohko susurró su nombre en paternal caricia y el papa cerró los ojos…
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De pronto, la Orden Guerrera y Amazona en el Santuario profirió una gran y potente grito que se oyó como el más desgarrador de los lamentos. Y las espadas y lanzas semejantes a fugaces estrellas que caen del cielo a lo largo de las noches del mundo, se precipitaron sobre los cuellos de los rodorianos.
Se oyó un golpe seco y todo acabó.
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Gracias al guest shooting star por su review, que bueno que te guste la historia
Y también gracias a Melissia por los comentarios y el follow-click, espero que el fic te esté agradando.
Por último, ¡fiu! Éste fue uno de los capítulos que más trabajo me costó, así que con comentarios espero que el esfuerzo haya valido la pena ;)
