Disclaimer Los personajes no son míos son de Stephenie Meyer, la historia si es mía.
Como siempre quiero agradecer no solo a Eve, si no también a Vanessa quien es un sol porque me aguanta con todo y faltas de ortografía, a Aryam que a pesar de estar ocupada con mi hombre se dio el tiempo de ayudarme con el lemmon, si hay lemmon en este capitulo.
Capítulo beteado por Eve Runner, Beta FFAD: www facebook com / groups / betasffaddiction
Capítulo 27
Abrí la puerta y lo vi. Era Edward. Mi Edward, barbudo y ojeroso pero era él. Lo abracé, no quería soltarlo, tenía miedo de hacerlo y que desapareciera.
—Edward, Edward, Edward… —repetía.
—A riesgo de sonar pretencioso y despertar tu ira, ¿no hay nada para el hombre que te trajo a tu otra mitad?
Solté a Edward y abracé a Anthon.
—Gracias por traerlo de regreso. Prometo conseguirte una buena chica.
—Esperaré a esa chica impaciente. Yo los dejo, este viajecito me ha agotado. Sigue en pie mi propuesta de llevarlos a Forks mañana. Cuídense.
Anthon llegó al elevador y desapareció dentro de este. Yo no pude aguantarme y estampé mis labios contra los de Edward.
—Me da miedo abrir los ojos y ver que estoy soñando —me dijo Edward. Alcé mi vista y, efectivamente, él tenía los ojos cerrados.
—Ábrelos, Edward y verás que no voy a desaparecer, que estás aquí conmigo.
Edward abrió sus ojos. Se veía tan vulnerable, siempre lo había visto fuerte e invencible, pero ahora se veía tan distinto.
—Vamos adentro. —Le tomé la mano y lo llevé dentro del departamento. Edward solo traía una mochila.
Entramos y no sabía qué hacer. ¿Le ofrecía un café, algo de comer, una ducha? —Realmente le hacía falta una. ¿O me lo llevaba directo a la cama? Mi cuerpo gritó "La cama", pero mi mente me hizo serenarme.
—¿Edward quieres cenar o —Sabía que estaba poniéndome roja, lo sentía—, ducharte?
Edward alzó el brazo y se olió. Arrugó su cara.
—Creo que aceptaré la ducha primero y un sándwich después, muero de hambre.
—Claro, puedes ducharte en el cuarto de Tony… —Casi digo que en el mío—. O en el de invitados, tus cosas están ahí.
—Gracias.
—Las toallas están dentro del closet… —No pude seguir hablando porque Edward me besó.
—Bella, cómo he extrañado besarte. Tus labios son como un bálsamo. —No pude evitar reírme—. ¿Soy tan gracioso?
—Es que sonaste como galán de novela romántica.
—Bella, intento decirte algo bonito y te hago reír —me dijo acariciando una de mis mejillas—. Creo que iré a ducharme y podría hacer algo que no quiero hacer… todavía.
Edward estaba tan distraído que cuando me dejó en la sala, se metió primero a la recámara de Alice para luego salir y entrar en la recamara de invitados. Los dos soltamos una carcajada. Yo me dirigí a la cocina para prepararle el sándwich. Comencé a prepararlo y mi cabeza comenzó a volar. ¿Y si Edward ya no me quería? ¿O si me quería qué debería hacer…? ¿Vivir juntos y ya? ¿O que cada uno viviera por separado y él viniera de visita? Esa última posibilidad no me gustó nada.
Hablaríamos seriamente. Lo mejor era que mi borrachera se me había bajado bastante como para estar alerta. Me concentré en el sándwich, o mejor dicho, sándwiches. Al final había hecho el paquete completo de pan, tenía doce, esperaba que Edward estuviera demasiado hambriento.
De pronto pude olerlo, olía a limpio, olía a él. Me abrazó por detrás, asomando su cabeza sobre mi hombro e hizo una pregunta.
—¿Vamos a tener visitas?
—Yo… esperaba que tuvieras mucho, pero mucho apetito.
—Y lo tengo pero no solo de comida —dijo mientras me besaba en el cuello. Eso me produjo escalofríos—. ¿Tienes frío?
—No. —Y en verdad no tenía, moría de calor.
Me soltó para tomar mi mano y guiarnos hasta los bancos de la cocina, donde nos sentamos y comenzamos a comer. Edward comió tres sándwiches y yo le ayudé con uno.
Al terminar, entre los dos recogimos todo, entramos en un denso silencio, era una mezcla de anticipación y nervios.
—Anthon se ofreció a llevarnos a Forks mañana, solo hay que confirmarle la hora y tu papá lo invitó a la boda —comentó Edward
—¿Todo mundo lo sabía? ¿Sabían que llegabas hoy?
—Digamos que papá no se aguantó, pero todos prometieron no decírtelo. Espero que no te moleste.
Arrugué mi cara, y la verdad, si me molestaba, pero también me había gustado la sorpresa, así que era empate.
—Digamos que no me molesta tanto.
—Eso es bueno, no quiero que te molestes conmigo. —Su cara intentaba reflejar diversión pero se veía triste, como derrotado.
—¿Edward, estás bien?
—No, Bella. No lo estoy. Estoy enojado, estoy triste; siento que hemos desperdiciado tanto tiempo, y al mismo tiempo siento que antes no podía ser porque si ahora soy una basura, antes era una mierda. Bella, me he sentido tan solo estos días. Oír tu voz y la de Tony era lo único que valía la pena.
Se llevó la mano a cabeza y la pasó por sus cabellos, los cuales quedaron despeinados. Se veía tan sexy, tan hermoso…
—Edward, tranquilo ya pasó todo. Ahora…
—No, Bella, no ha pasado, al contrario apenas comienza. Yo no sé cómo borrar el pasado…
Edward no podía perdonarme, era eso, que no le hubiera dicho lo de Tony siempre nos separaría.
—Edward, yo siento mucho no haberte dicho lo de Tony…
—No, me estás mal entendiendo, no eres tú soy yo… —Se quedó callado—. Te interrumpí, otra vez tomé decisiones por ti.
Era ahora o nunca, era el momento de poner nuestra alma y nuestra vida, uno frente al otro y ver que me esperaba. Mejor dicho, que nos esperaba. Cerré los ojos, aspiré y tomé valor.
—Quiero que me entiendas, Edward. Me sentía dolida, y sé que eso no me justifica, pero necesité mucho tiempo para sanar mi corazón. Cada vez pasaba más tiempo, tenía a Emmett presionándome para contarte la verdad, y yo tenía miedo, miedo de que me rechazaras y rechazaras a Tony. Al mismo tiempo tenía miedo de mí, de lo que sigo sintiendo por ti, de no habértelo dicho a tiempo; entré en un círculo vicioso. Ahora puedo verlo. Lo siento, no sabes cuánto. Tal vez no tanto por ti o por mi, lo siento por Tony y lo que le negué.
—Lo entiendo, Bella. Este tiempo tras las rejas, me ha hecho reflexionar, analizarme. Fui un hijo de puta contigo, te usé, y lo hice conscientemente. —Alzó su cara y me vio. Se veía tan triste, realmente podía sentir el dolor en sus palabras—. Sabía que tú me querías y te usé. No tengo palabras para pedirte que me perdones. Sé que eres tan buena que ya lo olvidaste o al menos ya me perdonaste, pero yo aún no me puedo perdonar. El hecho de saber que tengo un hijo y por fruto de mi propia estupidez me perdí los primeros años de su vida, que me privé y privé a Tony de disfrutarnos como padre e hijo. Y no puedo culparte por ello, ni yo puedo ser tan canalla sabiendo que todo lo que pasó, lo que nos pasó fue culpa mía.
—Edward… tienes que superar esto, tenemos que empezar de nuevo.
—No puedo, Bella. Cierro los ojos y veo tu cara mientras te decía esas cosas horribles y me duele aquí —dijo señalando su pecho, exactamente igual que lo hacía Tony.
—Puedes, Edward. Yo ya te perdoné, solo no vuelvas a lastimarme a mí o a Tony, porque ahora si no voy a perdonarte.
—Bella, eres tan buena, tan linda. Cuando estoy contigo siento una tranquilidad en mi corazón, siento que estoy en casa. Te pertenezco, Bella —manifestó y yo acorté la distancia entre los dos y comencé a besarlo. Lo amaba de eso estaba segura, pero de lo que no estaba segura era de lo que iba a pasar a partir de ahora.
Me separé de él, haciendo uso de toda mi fuerza interior.
—¿Edward, qué sigue para nosotros? Digo, ya sabemos que nos amamos, ¿pero ahora qué vamos a hacer?
Edward me miró, me tomó de la cintura y habló.
—Creo que lo mejor sería conocernos, sin presiones, dándonos tiempo de acoplarnos. Intentar, los tres, ser una familia, y si tú quieres… casarnos.
—¿Solo si yo quiero? —le pregunté algo molesta.
—Por mí nos casábamos el fin de semana con tu padre, pero no sé si tú quieras casarte.
—Quiero pasar mi vida contigo, no necesito casarme.
—Pues yo quisiera decirle a todo mundo que eres mía, mía y de nadie más. —De pronto su cara hizo una mueca de dolor—. ¿Alex?
—Feliz con Sophie, intentando ser una pareja formal.
—¿Formal?
—Sí, Sophie le compró un anillo a Alex y él uno a ella. Los niños están felices, hasta Tony lo está.
Lo miré y le di un pequeño beso en los labios.
—¿Sabes, Edward? Lo que quiero es sentirme conquistada. Toda la vida te estuve persiguiendo, siempre al pendiente de tus cosas; sé que te gustan los sándwiches de pollo con mucho tomate, que te gusta el queso, que odias el color morado en tu ropa, pero tú no sabes nada de mí. Quiero que me conozcas, que me enamores, aun más, que me hagas sentir única y especial. Que te hagas merecedor de mí, eso es lo quiero antes de casarnos. Podemos vivir juntos y tener sexo pero no vamos a basar nuestra relación solo en eso. —No iba a renunciar al sexo, eso sí que no—. Pero quiero que me saques a bailar, al cine y no con Tony. Quiero que me compres un hotdog en Central Park, que me tomes la mano y me digas que me quieres. Eso es lo que quiero.
—Y eso voy a hacer, Bella. Voy a demostrarte cuanto te amo, porque si de algo estoy seguro es que te amo, de que mi vida ya nunca estará completa si no estás junto a mí. Y si sé cosas de ti, sé que te encanta el helado, sobre todo el de chocolate; que odias el coco, no solo en la comida si no en los olores de shampoo o cremas. También sé que eres la mejor madre del mundo, que me hiciste el hombre más afortunado por quererme.
—¿Estás seguro que puedes con el reto? —bromeé con él.
—Digamos que tal vez al cine, no pueda llevarte mucho, al menos hasta que consiga un buen trabajo, o un trabajo. Con lo que pagué a los abogados, las multas y demás cosas que tuve que pagar prácticamente quedé en la ruina, pero prometo hacerte palomitas y que veamos películas en la sala y darte muchos besos mientras las vemos. Prometo hacerte el amor cada día. Prometo ser un buen padre.
Le tapé la boca con mis manos.
—No quiero promesas, Edward, quiero que lo hagas. No me prometas nada porque si no lo cumples tú te sentirás mal y yo también. Simplemente hazlo, Edward. Enséñame que eres lo suficientemente bueno para mí, para los tres.
Edward no me respondió nada pero me besó. Su beso sabía a promesas, a amor. Fue un beso lento, lleno de amor; no encuentro otra palabra para describirlo. Solo amor.
—Anthon me preguntó que si quería irme directo a Forks, pero cuando papá me dijo que Tony había viajado con Rose y Emmett, y que tú estabas sola, quise hablar contigo primero.
Sonreí y volvimos a besarnos. Sus labios sabían tan bien, podía vivir solo de besarlos.
—Yo también.
—¿Tú también qué?
—También podría vivir solo de besar tus labios.
—¿Puedes leer mi mente? —le pregunté mientras me acomodaba aun más cerca de él. Diablos podía sentir su erección.
—No, amor, pero lo dijiste en voz alta.
—Entonces seremos una pareja aprendiendo a conocerse. Vivirás aquí con nosotros. En menos de un mes Alice ira a vivir con Jasper, no le digas que yo te conté. Puedes dormir conmigo, para que no tengas pesadillas. —Edward me había confesado en una de nuestras charlas que tenía pesadillas.
—Esa idea me gusta, me gusta mucho.
Comenzamos a besarnos y yo quería tocarlo. Así que busqué el modo de quitarle la camiseta, como pude se la saqué y vi que tenía unas marcas en el pecho.
—¿Qué pasó? —cuestioné mientras le tocaba las pequeñas marquitas.
—Tuve una pelea en la cárcel, y me di cuenta que no sé pelear, además de muchas otras cosas. Digamos que mis pesadillas comenzaron ese día.
Tomé su cara en mis manos. Quería decirle tantas cosas que ni siquiera sabía cómo decirlas, así que comencé a usar mi boca de mejor manera y comencé a besar su pecho, cuando llegué a sus tetillas las succioné un poco.
—Bella, me encanta eso, hazlo de nuevo —pidió entre un gruñido y una suplica.
Me sentí sexy y poderosa. Volví a hacerlo y escuché un siseo de Edward. Seguí lamiendo su pecho bajando hacia sus abdominales. Edward me detuvo y me llevó hacia arriba.
—¿Bella, estás segura que quieres esto? —me preguntó—. No quiero que te sientas obligada…
Lo besé para callarlo y sobre sus labios susurré.
—Nadie me está obligando, Edward. Te deseo, quiero estar contigo.
—Vamos a la cama, no quiero tener sexo en la cocina, al menos no ahora. Quiero hacerte el amor, quiero regresarte todo lo que me has dado, quiero verte llegar.
—Edward vuelves a hablar como personaje de novela romántica —inidqué sin poder evitar carcajearme.
—Bella intento ser romántico y solo consigo hacerte reír. Voy a tener que hacerte cosquillas en venganza por reírte de mi cuando intento ser romántico, quieres que te hable sucio, que te diga que te voy a follar hasta dejarte sin saber quien eres. ¿Te gusta que te hable así?
E increíblemente me gustó, así que asentí con la cabeza como muñeco.
—¿Te gusta que te hable sucio Bella, o quieres que te hable romántico?
—Podemos explorar las dos vertientes, tengo mucho en que ponerme al día. He leído mucho. Sophie me ha dado muchos libros interesantes.
—¿Sophie? ¿La novia de Alex? Tal vez deba pedirle que me recomiende unos cuantos.
—Puedo prestarte los míos. — Hablábamos mientras nos desnudábamos. Era una danza donde nuestras manos no daban tregua, podía sentir sus manos sobre mis pechos, apretándome contra él.
—Te amo. Te amo tanto mi hermosa, Bella.
—Cállate, Edward, y hazme el amor.
—¿Yo estoy hablando? Eres tú quien habla.
—Empieza a actuar —murmuré besando su cuello. Edward tomó mis caderas, alzándome mientras sus labios se estrellaban con los míos; había desesperación, pasión y lujuria en ese beso, pero también había perdón, amor y la promesa de un futuro juntos.
Me depositó en la cama suavemente y besó con adoración uno de mis pechos delineando con su lengua la aureola para luego atrapar el pezón entre sus dientes
—Exquisita —murmuró con voz ronca mientras sus manos acariciaban mi vientre, descendiendo cada vez más hasta acariciar mi entrepierna sin introducirse
—Abre las piernas para mí, amor—pidió suavemente mientras atacaba mi otro pezón. Obedecí inmediatamente y los dedos de Edward separaron los pliegues de mi sexo, explorando… acariciando suavemente mis pliegues humedecidos y tanteando mi clítoris, haciéndome jadear. Mis manos fueron a sus cabellos y él sonrió con mi pezón en su boca
—¿Te gusta esto?
—Calla y sigue —dije jadeando, sintiéndolo sonreír otra vez. Las manos de Edward volvieron a mi vientre, subiendo ahora hasta apretar el pezón desatendido, por varios minutos siguió subiendo y antes de besarme me habló.
—Te amo.
—Yo también te amo pero cállate y sigue. —Su barba raspaba donde tocaba, era una sensación placentera y distinta—. Me gusta tu barba, me gusta la sensación que va dejando en mi piel.
—¿No que no querías que habláramos? —reprochó en un tono pícaro mientras pasaba su barba por mis senos, ya sensibilizados.
—Haz eso de nuevo, me gusta —le pedí en un jadeo. Edward se rió un poco mientras volvía a pasar su barba por mis pezones.
Siguió bajando, raspando su barba contra mis pechos, mi vientre, hasta donde mi cuerpo clamaba por él a gritos. Sopló un poco de aire, haciendo que mi piel se erizara antes de tantear levemente con su lengua y hacerme estremecer.
—Más, Edward, quiero más.
—Calma, pequeña. Iremos lento, poco a poco, hasta que te vuelvas loca de placer.
—Ya estoy loca, lo juro. Por favor, sin lentitudes quiero… te quiero a ti dentro de mí, a un lado, en todos lados —dije, mejor dicho, casi grité mientras me levantaba un poco e intentaba llegar a su pantalón que todavía llevaba puesto—. ¡Quítate el pantalón! Estorba.
—Digamos que es mi seguro, si me lo quito no tardaría mucho…
Inmediatamente mis manos se fueron al botón y la cremallera del pantalón.
—Eh, pequeña, por favor déjame a mí, déjame ir despacio.
Hice puchero pero Edward volvió a tumbarme sobre la cama. Y comenzó a lamer mi centro, ¡Dios! Eso se sentía tan bien tan…
—¡Oh por Dios! Sigue, Edward, sigue —rogué retorciéndome y halando un poco sus cabellos.
Repitió la acción un par de veces más antes de empezar a succionar mi clítoris. La sangre corría más a prisa por mis venas, podía sentir como poco a poco el orgasmo se formaba en mi vientre. Dos pequeñas succiones fueron todo lo que le tomó a Edward para que mi cuerpo convulsionara, lo sentí lamer más ávidamente hasta que mi orgasmo cesó. Aunque me sentía satisfecha, quería más, lo quería a él dentro de mí.
—Ven aquí, Edward —exigí halando y besándolo. Sabía extraño, sabía a mí—. Te amo, pero ahora te quiero dentro de mí —musité al verlo lamer sus labios. Sus ojos verdes eran deseo y lujuria, y estaba segura que yo me veía igual que él.
—El pantalón —balbuceé. Esta vez Edward me permitió desabrochar su pantalón y él se lo quitó con desesperación mientras yo llevaba mis manos a los boxers, cuando los bajé y vi salir su… su Eddie, lo único que pensé fue que no era como lo recordaba, estaba mejor. Llevé mis manos hacia su miembro y lo toqué. Comencé a bombearlo un poco, sintiendo como se endurecía aun más ante mi tacto, arrancando un par de gemidos de la boca de mi Edward.
Edward se acercó a mi oído y susurró.
—Bella, necesitamos un condón, ya.
—Cierto. —Me levanté de la cama y corrí al closet. Sentí a Edward detrás de mí y me quitó la caja, llevándola con nosotros hacia la cama.
Edward tomó uno de los paquetitos y comenzó a abrirlo. En ese momento algo me hizo hablar.
—¿Puedo ponértelo yo? —Edward asintió.
Tomé el paquetito y saqué el condón. ¿Cómo diablos se ponía? ¿Había un derecho y un revés? Edward al ver mi duda, tomó mi mano y me guío hacia su pene. Sin palabras me enseñó a ponerlo, mejor dicho, lo pusimos entre los dos. Sentir su miembro y como se iba cubriendo fue tan sensual, tan sexy.
Estábamos hincados uno frente al otro. Nos miramos y comenzamos a besarnos. Edward fue recostándome lentamente, su mano bajó hasta mi centro, estaba húmeda y lista para él.
—Abre más las piernas, pequeña. —Obedecí y pude sentirlo en mi entrada resbalando, entrando poco a poco en mí, lo hacía despacio atormentándome, así que decidí actuar y con un movimiento de caderas hice que entrara en mí por completo.
—Bella —jadeó y comenzamos a movernos. Nuestra danza era básica pero era nuestra, así como yo era de Edward y él era mío.
Edward me besaba y me decía te amo con cada embestida, me sentía tan plena, tan amada. Lo vi hacer un esfuerzo para aguantar pero sabía que mi cuerpo tampoco aguantaría mucho, así que recordando los múltiples libros que había leído, cortesía de Sophie, me concentré en cerrarme en torno a él. Pronto explotamos en un gran orgasmo… el cuarto se llenó de luces de colores, de fuegos artificiales.
Poco a poco nuestras respiraciones se fueron calmando. Edward intentó rodarse para no aplastarme, pero yo no quería que se moviera, así que se lo impedí, quería sentirlo así. Lo rodeé con mis piernas, sin dejarlo salir de mí.
—No quiero aplastarte, pequeña —me dijo en un susurro.
—Amo que me aplastes, me gusta que me aplastes, puedes aplastarme todo el día —le contesté entre risa. Edward se deshizo de mi abrazo con una simple frase.
—Tengo que quitarme el condón. —Lo solté. Quería cuando menos un hijo más pero no ahora, primero quería disfrutar a Edward, formar una familia sólida, juntos y muchas cosas más.
Edward regresó a la cama y se veía feliz pero cansado, aunque me moría de ganas de pedirle que lo hiciéramos de nuevo me controlé. Nos acomodamos en la cama, al final yo quedé con mi cara en su pecho y él me abrazaba fuertemente. Antes de caer dormido volvió a afirmar lo que me había venía diciendo desde que llegó.
—Te amo, Bella, te amo de verdad.
No sé cuanto había dormido pero me sentía totalmente descansada y excitada. Estaba mirándolo dormir, se veía más delgado, pero me encantaba con esa barba, creo que nunca lo había visto con barba. Sus ojos enmarcados por sus enormes ojeras.
Delineé sus ojeras, seguí con mi dedo hacia la mandíbula, su hombro, su costado, su hermoso trasero y seguí hacia el frente, separándome un poco, delineé su Eddie, así lo había bautizado, ¿qué podía hacer con mi tendencia a poner nombres diferentes a las cosas o partes del cuerpo? Reí bajito y tomé su ahora –mi Eddie– entre mis manos. Se sentía bien tomar el control de la situación.
Edward comenzó a despertar al mismo tiempo que Eddie.
—Creo que alguien despertó traviesa —dijo besándome en la frente.
—¿En la frente? No, en la frente no, quiero que me beses bien. —Y ataqué su boca, sin importarme que ni siquiera me hubiera lavado los dientes.
—Espera, Bella, solo un segundo —pidió apartándome de él.
—No quiero esperar, ya esperé demasiado.
Comencé a besarlo y a frotarme contra él. ¡Cielos! Quería volver a tenerlo, quería pasar todo el día con él, quería que el mundo se detuviera y solo por un momento fuéramos solo él y yo. Me subí sobre Edward para que no se levantara de la cama y comencé a dejarle pequeños besos en su pecho.
Me hice un poco hacia atrás y me di cuenta que Eddie estaba totalmente despierto. Sin darle tiempo a nada lo tomé entre mis manos y lo guíe hasta mi entrada. Edward comenzó a acariciar mis pechos, primero suavemente y luego con más intensidad. Comencé a bajar sobre él despacio, pero era más tortura para mí que para él. Así que me dejé caer, me quedé quieta por unos minutos.
—Muévete, Bella, que me matas —rogó con la voz entre cortada por la excitación.
Comencé a moverme lento pero era tan maravillosa la fricción que sentía, que fui aumentando la intensidad y la rapidez. Busqué moverme de una manera diferente era como si mi cuerpo supiera exactamente qué hacer. El orgasmo nos llegó de forma rápida y devastadora. Me dejé caer sobre él.
—Te amo, Edward —le dije mientras lo besaba, pero de pronto una voz rompió mi burbuja.
"Niña, la próxima vez que tengas sexo acuérdate de estos dolores y no vas a olvidar el condón o las pastillas."
Era la voz de la enfermera bajita, la que no me dejaba gritar mientras tenía a Tony.
Me incorporé de un salto y comencé a gritar.
—No, no, no. Soy una idiota, soy la mujer más idiota de todo el planeta… —Mientras brincaba. Tal vez así no se meterían sus… renacuajos en mis… en mi… cocina. No quería hornear otro bebé tan pronto. Corrí al baño a lavarme y Edward corrió detrás de mí mientras me preguntaba qué me pasaba. Yo solo decía no, no, todavía no. De pronto Edward me tomó de los hombros y me detuvo.
—Bella, por el amor de Dios, dime qué te pasa. Estoy aterrado, ¿hice algo mal?
—Tú no, Edward. Fui yo, yo fui la tonta —le dije mientras me abrazaba a él.
—¿Qué pasa, Bella? Dímelo. Juntos podemos encontrarle una solución.
—Edward, no usamos condón. Estaba tan ansiosa que ni siquiera lo recordé. Y no quiero estar embarazada, no ahora.
¡Cielos! Me apreté contra él, no podía dejar de llorar, ¿serían las hormonas? No, todavía no.
No sabía cuantas horas, o minutos tenía llorando pero Edward me abrazó y me llevó a la cama, seguíamos desnudos así que me tapó y volvió a abrazarme, envolviéndome con su cuerpo, se aclaró la garganta y comenzó a hablar.
—Bella, te amo. Soy un idiota y parece que no te cuido como debería, no es tu culpa, es nuestra, de los dos; yo tampoco reparé en ese pequeño y gran detalle. A mi no me molestaría tener otro bebé contigo, me gustaría verte redonda, ver como crece un bebé en ti. Ahora daría lo que fuera por haberlo vivido con Tony, sé que criar a Tony sola fue duro pero ahora estoy contigo. Estamos juntos. —Me besó y siguió haciéndolo solo para parar y hablarme—. Y si no quieres, bueno, podemos conseguir la pastilla del día siguiente.
Me quedé quieta, pensando en su ofrecimiento. Edward me seguía teniendo fuertemente abrazada mientras acariciaba mi espalda, calmándome, relajándome.
—No puede hacerlo, por más que lo pienso no puedo. Si con Tony hubiera tenido la oportunidad de hacerlo no lo hubiera hecho, ahora menos, porqué se que podría ser otro Coso hermoso como Tony. Voy a tomar la responsabilidad de mis acciones. Criar a Tony fue duro, pero que también fue lo mejor que me pasó en la vida, y si vuelve a suceder, que esté embarazada, pues bienvenido y si no, creo que empezaré a tomar la píldora, no quiero sustos, no por el momento, quiero darnos tiempo.
—Te entiendo y solo nos quedara esperar, nos queda solo orar para que sea lo mejor para nuestras vidas. —Luego de un gran suspiro Edward volvió a hablar—. Bien, muero de hambre, ¿te apetecen unos huevos para desayunar? Dime como te gustan y te los prepararé.
—Me gustan solo revueltos y que no se vea lo blanco y lo amarillo separado. —Edward me veía como si le hablara en chino y le estuviera explicando física avanzada. Logró que riera a carcajadas mientras tomaba una de las playeras con las que dormía y me la ponía—. Anda, vístete, voy a darte la primera lección —Enarqué una ceja—, de cómo preparar los huevos para que Tony y Bella se los coman.
En la cocina senté a Edward en un banco y le puse delante de él un pequeño recipiente donde batir, cuatro huevos, leche y queso.
—¿Te gusta la comida picante?
—Muy picante no, pero si solo es un poco no hay problema.
—Rompe los huevos y ponlos en el recipiente —le dije como primera orden.
Quién pensaría que romper huevos pudiera ser un desastre. Bueno, el primer huevo lo estrelló con tanta fuerza que lo rompió en la mano; el segundo, ¿cómo lo hizo? No lo sé pero salió volando y se estrelló en el piso; con el tercero, bueno, solo tuvimos que sacar medio cascarón del recipiente; lo bueno fue que a partir del cuarto fue mejorando.
—Ok. Por fin tenemos los huevos en el tazón —comenté, sin poder evitar reírme. Edward solo alzo los hombros y murmuró: "Soy un inútil"—. Pon un poco de leche. —Vertió un mini chorrito de leche. Tomé el bote y le enseñe la cantidad necesaria vertiéndola en los huevos—. Así es suficiente, ahora a partir de aquí podemos varias los ingredientes, poner solo un poco de sal y pimienta o ponerle queso, huevos, salchicha, champiñones, lo que quieras. Ahora solo tengo queso, porque estaremos en Forks así que eso usaremos, ¿puedes rallarlo? —pregunté, dándole el rallador.
—Espero que sí.
Edward ralló no solo el queso. Sus dedos también pasaron por el rallador. Yo me carcajeaba y él solo me amenazaba con hacérmelo pagar en la cama.
El desayuno terminó con otra sesión de besos.
Alguien llamó a la puerta. Edward que llevaba pantalón dijo que el iría a atender la puerta mientras yo me daba una ducha para estar presentable.
A los pocos minutos Edward me informó que la visita fue de Anthon, para informarnos que si queríamos el avión saldría a las cuatro de la tarde, o de otra manera podría conseguirnos boletos para mañana en la mañana.
—Creo que es mejor que vayamos en su avión, así no haremos colas y colas. Si el también va a ir —dije fingiendo inocencia pero la verdad es que Anthon me había platicado de su avión, y tenía planes para Edward y para mí en ese avión.
Después de estar los dos presentables y con las maletas listas llamé a Charlie y le avisé del cambio de planes. Saludé a Tony y le dije que le llevaba una gran sorpresa.
No le dijimos sobre el regreso de Edward porque sabíamos que se pondría ansioso y odioso queriendo ver a su papito. Antes de salir tomé un gran puñado de la caja de los condones y los metí en mi bolsa de mano.
Llegamos al aeropuerto y a pesar de ser un viaje privado nos revisaron nuestras pertenencias. Lo peor fue cuando me pidieron vaciar mi bolso y de el cayeron los millones condones que llevaba. La cara de Edward y de Anthon era para tomarles una foto y quemarla. Estaban disfrutando a lo grande mi humillación pública.
Ya en el avión me senté lejos de ellos pero al oír sus risas me paré y le dije a Edward.
—Todos esos condones eran para estar contigo, ahora los tiraré y no haré nada contigo. —Luego señalé a Antohn—. Y tú, olvídate que te presente a alguien decente.
Ambos estallaron en risas y yo muy indignada me fui a sentar lejos de ellos.
Unos minutos después Edward se sentó a mi lado.
—No te enfades, pequeña —pidió, acariciando con su mano mi ceño que estaba fruncido.
—Entonces no te rías de mí —protesté como niña pequeña.
—Ven, trae el bolso, vamos a ponerte contenta. Anthon ya se puso los audífonos y prometió que nadie nos molestaría.
Solo puedo decir que fue el mejor viaje de mi vida. Papá nos esperaba en el pequeño aeropuerto de Forks, abrazó a Edward y luego a mí. Que con la emoción nuevamente volqué el contenido del bolso, ganándome una mirada estilo poli malo de mi padre.
—Ya hablaremos de esto. En casa hay un pequeño Coso desesperado por su sorpresa —dijo mirándome.
Para mi alegría llevaba la vieja camioneta roja que amaba.
—Trajiste al cacharro, pensé que ya lo habías vendido como chatarra.
—¿A esta preciosidad? Si todavía le quedan años de vida.
Envió a Edward y a Anthon a la parte de la caja de la pick-up, no sin antes darles un par de viejos cojines y una gran tela impermeable para cubrirse de la lluvia.
Y así regresé, llena de alegría, a Forks, luego de más de seis años de haber partido con él corazón destrozado.
¿Habrá nuevo bebé Coso? Les gusto el capitulo? A mi me ha encantado, espero que también a ustedes.
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Un millón de gracias a todos los que leen, a los que hacen de esta historia su favorito o la siguen, pero sobre todo a quienes me dejan una sonrisa con sus reviews.
Un beso enorme a loreblue31, .Cullen, jacke94, caritofornasier, torposoplo12, Tata XOXO , MONIELITA CULLEN, , jupy, jolie love, Melina Aragon, Mickaela, Nyx-88, Manligrez, JustBelieveP, Vanerk II, shirly. Castillo, daiuamico, MarianaGiil, Bitah Hawhtorne, Cullen Hale, Tecupi, Yeyry Cullen, Maria, Fernanda, ISACOBO, kimjim, rockergirl661, cary, nesines, zujeyane, , anamart05, pera l.t, ALEXANDRACAST, solecitopucheta, PknaPcosa, jamlvg, Gretchen CullenMasen, freedom2604, coki cullen, sandra3232,1 hildiux, rosii suarez, stefanny93, marilyn, Mon de Cullen, Vero, kedchri, isa Kathe, Valeria Lulu, Cristina, Carlota y Mapple Syrup.
