~Mikasa~

Los siguientes tres días pasaron normales o, al menos, para mí lo fueron. Por la mañana me despertaba temprano como siempre, me quedaba un rato leyendo un libro que me prestó Hanji para distraerme por un rato, el cual se titulaba: Harry Potter y la piedra filosofal. La verdad, había escuchado cientos de veces ese título en las librerías junto con todos los nombres de los libros que le seguían, pero nunca interesé en leerlos y tampoco me habían causado curiosidad. En mi opinión, estaba interesante y comenzaba a gustarme, a lo cual Hanji, al darse cuenta de ese detalle, no dudó en prestarme los que le seguían. Luego de ese pequeño tiempo donde me dedicaba a leer atentamente, salía al balcón un rato (bien tapada para que no me diera el sol) y observaba a Levi hacer ejercicio. Él se levantaba temprano y aprovechaba que la mayoría se encontraba durmiendo para poder hacerlo. Corría al menos cuarenta minutos y luego elegía un lugar en específico para ponerse a realizar una serie de abdominales, flexiones, sentadillas, etc.

Se notaba demasiado que le gustaba lo que hacía, parecía como si ejercitarse lo liberaba de alguna manera de todo el peso que llevaba. Me gustaba que tuviera algo con qué distraerse. Además, los realizaba con mucho empeño y eso me ponía orgullosa de él, admiraba que pudiera hacerlo normalmente, aún con tantos problemas en su cabeza.

Por otro lado, tenía que admitir que, cuando terminaba, se veía irresistible a la vista. Acababa todo sudado y, si bien a muchos les daría asco eso, yo no podía decir lo mismo. Se veía endemoniadamente hermoso (aún más de lo que ya era) e iba en aumento cuando se sacaba la remera que llevaba puesta, ya que el calor era infernal como para aguantarlo por tanto tiempo.

Al mediodía, tenía que inventar alguna tonta excusa para no ir a comer, acompañada de un "Luego buscaré un poco de comida en la cocina". Todo para no preocupar a las chicas, quienes ya estaban preguntándose por qué no comía frente a ellas.

En la tarde, con Levi siempre nos escabullíamos a algún lugar para pasar un poco de tiempo a solas. También poder hablar de cualquier cosa que se nos venía a la cabeza, o simplemente quedarnos en silencio, cómodos y sin emitir ruido alguno.

Cada vez ese chico me consumía más y más, se me había hecho una necesidad el tenerlo todo el tiempo, y lo extrañaba demasiado cuando pasaban horas sin poder verlo.

Las noches eran más ruidosas, por así decirlo. Las chicas con las que compartía habitación, hablaban la mayoría del tiempo sobre moda, vestidos, maquillaje, comida (eso de parte de Sasha), libros en escasas ocasiones (por parte de Hanji) y chicos (de parte de Hitch en la mayoría de las veces). Yo las escuchaba, pero nunca me metía en la conversación o aportaba algo que tenga que ver con el tema. Y no sólo porque no podía hablar frente a ellas (a veces me tapaba la boca levemente con el dorso de la mano para poder hacerlo), sino que también porque no tenía nada que agregar. Yo no era buena con la ropa o lo último en moda; con mis faldas, shorts y mis medias me alcanzaba. Tampoco era buena en maquillaje, ya que no usaba ni una pizca de él, excepto cuando mis labios se resecaban un poco y me colocaba labial pálido. Y chicos, bueno, ¿por qué debería hablar de ellos? Estaba con Levi y eso era lo que me hacía más feliz después de todo.

Y lo que siempre me sacaba una sonrisa sin dudas, era el mensaje que el enano siempre me mandaba antes de irse a dormir, deseando que descansara bien. Aunque claro, él era Levi Rivaille y no iba a ser delicado con su elección de palabras. Era sólo un "Duérmete bien, mocosa del infierno" y, aun así, eso para mí significada mucho.

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Desperté lentamente, frotándome los ojos con pereza. En cuanto los abrí, pude ver que ya había amanecido, con el sol colándose por el ventanal de la habitación.

¿Qué hora era?

De a poco, me levanté de la cama con cuidado para no hacer ruido y terminar despertando a las demás; aunque dudaba que sucediera eso último, ya que las tres tenían sueño pesado y no se despertaban ni aunque una bomba les cayera al lado.

Saqué una muda de ropa de mi bolso: toalla, ropa interior, mis medias negras, un short del mismo color y una remera blanca mangas largas, junto con unas zapatillas de igual tono. Me dirigí al baño, me desvestí y no tardé en abrir la tina, dejando que el agua tibia recorriera todo mi cuerpo por completo. Aproveché ese pequeño rato para pensar de todo un poco...

Había tomado una buena decisión con venir. Si bien, no realizaba las actividades que normalmente todos hacían, me estaba divirtiendo, mucho.

¿Qué diría mi madre en este momento?

De seguro se alegraría de verme. Después de todo, ella siempre quiso que tuviera buenos amigos y me entretuviera con ellos, era una de las cosas que más deseaba para mí.

¿Y mi padre?

Bueno, yo creo que él hubiera amenazado a Levi con una advertencia de que no se pasara y no me tocara de más.

Reí al imaginar lo último; definitivamente hubiera pasado exactamente eso. Siempre había sido la "consentida" cuando se trataba de mi papá. Los dos siempre hacíamos equipo y terminábamos ganándole cada discusión a mamá para convencerla de diferentes cosas.

¿Qué dirían ambos sobre mi vida?

¿Estarían orgullosos de mí?

¿Orgullosos de que pude seguir mi vida?

¿De que pude encontrar amigos y alguien a quien amar?

Cómo me gustaría poder hablar con ellos, aunque sea por un mísero minuto. Eso me sería más que suficiente para mí.

Simplemente les diría que me encontraba bien, que los extrañaba demasiado, pero que había podido seguir adelante con ello, aunque a veces tenía algunos problemas respecto a ello.

También les hablaría de Levi, de que no importaba qué tan amargado y cascarrabias era, simplemente lo adoraba, a él y todas y cada una de sus facetas; lo adoraba demasiado y así seguiría siendo siempre, para toda la vida.

Aun cuando nos habíamos conocido hace sólo ocho meses, sentía que él era mi todo, él me hacía feliz. No encontraba otras palabras para expresarme.

Sí, en definitiva, ellos estarían felices...

Cerré la llave de la bañera, mientras una pequeña sonrisa se colaba en mis labios sin poder evitarlo. Tomé la toalla, enrollándome en ella y yendo hacia el espejo para comenzar a dibujar cualquier cosa que se me viniera a la mente; me gustaba hacer eso cuando el vidrio se empañaba, era una costumbre que tenía desde que era niña.

Una vez que ya no me quedó más lugar para garabatear, procedí a secarme, colocarme desodorante y un poco de crema, finalmente vestiéndome con la ropa que elegí. Luego de eso, cepillé mis dientes y peiné y sequé mi cabello.

Éste había crecido demasiado desde que me lo corté y, preferencialmente, me gustaba tenerlo largo, ya que así me veía más parecida a mi madre.

Por último, me coloqué mi pendiente de corazón que nunca faltaba, rara vez olvidaba ponérmelo desde que decidí que iba a usarlo. Cuando ya estuve lista, traté de observarme al espejo, pero era simplemente inútil. No podía divisarme bien y eso me fastidiaba, me veía parecida a un espíritu: cristalina y apenas visible.

En fin, no iba a poder cambiar eso nunca, así que limpié lo poco que ensucié y por fin salí del baño, observando que las demás aún seguían plácidamente dormidas como un tronco.

Como no tenía otra cosa que hacer, ordené mi cama y acomodé un poco toda la ropa que las chicas habían tirado al piso la noche anterior.

Al acabar con eso, vi que el cuarto había quedado decente, entonces observé la hora en mi celular: 7:12 a.m.

Levi ya debería de estar entrenando, por lo tanto, me apresuré a tomar la campera que él me había dado el día anterior porque casi terminaba quemándome cuando salimos un rato afuera. La prenda azul me quedaba malditamente gigante, tanto que hasta me llegaba a los muslos y alcanzaba a taparme la poca piel que quedaba expuesta. Al enano también le quedaba grande, no tanto como a mí, pero al menos no era la única a la que se le veía mal.

Salí de la habitación lo más silenciosa que pude, dejando el cuarto sin llave para que las demás pudieran salir si se despertaban. Los pasillos, como supuse, se encontraban vacíos y sin rastros de ninguna persona. A esa hora todos estaban durmiendo, excepto por los que trabajaban en el hotel, los cuales a veces se tenían que ir demasiado temprano por algún mandato o algo que les faltaba.

Bajé las escaleras y, cuando llegué a la recepción, la mujer que estaba allí me saludó alegremente y yo le devolví el saludo de manera gentil. Acaricié a ambos perros que estaban sentados esperando a que los mimara, rascándoles detrás de las orejas como a ellos más les gustaba, por lo que pude leer de sus mentes.

Cuando terminé, salí del hotel, colocándome la capucha. Esos dos animales eran un amor, no eran demasiado amigables con los demás, pero sus pensamientos eran buenos.

Hanji me repetía una y otra vez que yo había enamorado a ambos canes, pero la verdad es que siempre tuve una conexión con ellos, me encantaban. Si bien, los vampiros tenían mala "reputación" con los animales, ya que estos eran la segunda opción para terminar bebiendo su sangre, conmigo era muy diferente. Nunca tuve la intención de hacerles daño y ellos podían sentir eso.

Salí de mis pensamientos cuando llegué a la zona donde Levi normalmente ejercitaba. El sol estaba terriblemente fuerte, así que tuve la idea de subirme a un árbol. Específicamente justo el que estaba a varios metros de mí; era gigante y las hojas no dejaban pasar ni un poco de luz.

Perfecto...

Trepé como si nada y me senté en una de las ramas, la cual era lo suficientemente grande como para no caerme ni por un descuido. Desde esa altura podía ver perfectamente a Levi, quien estaba corriendo y no se había dado cuenta de mi presencia. Mejor así, ya que él decía que yo lograba distraerlo demasiado.

Lo observé por un largo rato, corría por cinco minutos y descansaba por uno, para luego volver a repetir lo mismo hasta completar los cuarenta minutos.

Al acabar, su camiseta ya se hallaba toda sudada, así que, si mis ojos no se despegaron de él ni por un momento, ahora menos al verlo con la parte superior desnuda, quedándose solamente con unos pantalones deportivos, largos y de color negro.

Demonios. Era malditamente imposible no mirarlo y quedarse hipnotizada con lo bien que estaba trabajado su cuerpo.

Debía admitir que observarlo realizar abdominales era lo que más me gustaba. Me fascinaba cómo sus músculos se contraían al ejercer fuerza y ver que éstos se marcaran. Por más avergonzada que me sintiera por esos pensamientos, me daban ganas de besar lentamente cada cuadrito. Luego seguir ascendiendo con mis labios hasta su pecho, su cuello y, finalmente, devorar sus labios sin consideración.

El rubor en mis mejillas no tardó en aparecer al imaginar una escena como esa junto a él. Sacudí mi cabeza levemente, tratando de ahuyentar esos pensamientos y mandarlos lejos, borrándolos de mi mente. Había comenzado a tener calor y no creía que era simplemente por el sol. Gracias a eso, estuve tan distraída que ni escuché los pasos que se acercaban cada vez más a mí.

―Ey, mocosa, ¿ya terminaste de observarme? ―la voz de Levi me devolvió a la realidad.

Eché un vistazo hacia abajo y lo vi al instaste, mirándome curioso con una media sonrisa.

― ¿Quién dice que estoy observándote a ti? ―inquirí para molestarlo. No sé si era una costumbre que teníamos el tratar de conseguir herir el orgullo del otro.

―¿No? ¿Entonces qué observas? ¿El pasto? ―preguntó escéptico, mientras ponía los ojos en blanco.

―Claro, el pasto es más interesante que tú ―comenté burlona, mientras balanceaba mis pies y no apartaba la mirada de sus ojos ni por un mísero segundo.

―Tsk, ya baja, mocosa insoportable ―dijo fastidiado, cruzándose de brazos y esperando a que yo hiciera lo que me ordenó.

Una risa se me salió al escucharle decir ese nuevo apodo. Obedecí y de un salto me bajé del árbol desde una considerable altura. Levi al principio, se sobresaltó en cuanto hice eso, pero se calmó al ver que había caído de pie normalmente, como si hubiera saltado un pequeño charco de agua. Ya en tierra, me saqué la capucha, aprovechando que el gran árbol nos proporcionaba sombra.

― ¿Acabas de bañarte? ―preguntó tocando las puntas de mi cabello, las cuales se encontraba apenas húmedas.

―Sí ―respondí, observándolo disimuladamente, tratando de controlar el nerviosismo que sentía al verlo de esa manera frente a mí―. ¿Tú también acabas de bañarte? ―bromeé y toqué con mi dedo una pequeña gota de sudor que caía por su cuello.

―Qué graciosa ―pasó su antebrazo por su frente, secando la transpiración de allí―. Estoy hecho un cerdo y eso que todavía no acabo.

― ¿Te falta mucho?

―Sólo una serie más y termino ―respondió, observando los alrededores―. De todas formas, ¿vas a seguir mirándome? No me importaría tener una admiradora si eres tú.

―Ya te dije que no estaba mirándote a ti ―comenté, cruzándome de brazos.

―Lo que digas, lo que digas ―dijo divertido. A continuación, me escaneó de arriba a abajo―. Por cierto, ¿te gustó mi campera?

―Sí, es muy cáli... ―hice una pausa abrupta al darme cuenta de lo que iba a decir. Estaba segura que iba a usarlo en mi contra si terminaba la oración―. Digo, fue lo primero que encontré para ponerme.

Una risa seca salió de sus labios al escuchar esa excusa tan pobre y yo me quedé embobada mirando su hermosa sonrisa que le sacaba suspiros a cualquiera; cómo me encantaba cuando reía de esa manera.

―Bueno, voy a seguir ―hizo ademán de irse―. ¿Nos vemos luego?

―Claro... ―estaba por marcharse nuevamente, pero por inercia lo detuve. No sé si mi mente me estaba jugando en contra o qué carajos, pero me sentí tonta al pedirse eso―. Levi... ¿Me das un beso?

En cuanto dije esas palabras imprudentemente, de inmediato me tapé la boca, avergonzada por la petición que le había hecho. Lo más normal era que no hicieran falta las palabras para saber lo que queríamos, es más, nunca le había pedido algo así.

― ¿Qué? ―qué bien, no me había escuchado.

―N-nada, no dije nada, enano ―agregué rápidamente, esperando que ya se fuera y me ahorrara la vergüenza que iba cada vez más en aumento―. Y-ya puedes irte.

―Lo oí perfectamente, mocosa ―agregó con una media sonrisa burlona, pero luego me miró cómplice―. Aunque me gustaría, y no sabes cuánto, lamentablemente no te lo puedo cumplir, estoy todo sucio...

―No me importaría... ― ¡demonios! Que alguien ya me haga callar.

Desvié la vista; sabía que él no lo haría, ya que era muy pulcro respecto a la limpieza y no permitiría que yo me ensuciara cuando recién acababa de bañarme.

O eso pensé, hasta que sentí su mano en mi mejilla y, a continuación, me dio un pequeño beso en los labios que duró varios segundos. Se intentó separar, pero yo nunca tendría suficiente de él, así que volví a juntar nuestras bocas, colando mis manos en su espalda.

Vamos, lo que menos me importaba era ensuciarme, después de todo, era Levi.

Eso fue suficiente para que él no vuelva a querer alejarse y se "activara" ese lado impulsivo que escondía demasiado bien.

En cuanto reaccioné, mi espalda ya estaba apoyada fuertemente contra el tronco del árbol, con él encerrándome y aplastándome con su propio cuerpo, tanto que su pecho hacía demasiada presión sobre mis senos.

En definitiva, no era el sol el que estaba provocándome tanto calor.

― ¿Por qué haces eso, mocosa? ―cuestionó apenas nos separamos, al tiempo que posaba una de sus manos en mi cuello y lo acariciaba con su pulgar.

―Diría que lo siento, pero en realidad no lo hago ―contesté mientras, entre tanteos, volvía a juntar nuestros labios, moviéndolos pausada y lentamente sobre los suyos.

Era algo hermoso lo que sentía al besarlo; me hacía experimentar mil y una sensaciones imposibles de expresar. La emoción que sentía era demasiado fuerte, tanto que apenas recordaba dónde estaba o si había gente alrededor observándonos. Podía mandar todo eso al carajo sin importarme nada...

Su cálido aliento, sus suaves y finos labios, su respiración acelerada, su corazón latiendo frenéticamente contra mi pecho, esos ligeros movimientos que realizaba para que nuestros cuerpos se juntaran más.

Todos.

Absolutamente todos y cada uno de esos gestos, me volvían loca por completo y me desconectaban del mundo real, transportándonos a uno donde sólo éramos él y yo.

Levi despegó sus manos de mi cuello y las dirigió sutilmente hacia el cierre de la campera, bajándolo y liberándome de la gigante prenda, sin importarle que ésta hubiera caído al suelo y pudiera mancharse.

El enano no tardó mucho tiempo en comenzar a delinearme con sus dedos, aunque en ningún momento dejó de besarme. Descendió desde mis costillas, cintura, cadera, bajando un poco hacia mis muslos y enredando ligeramente entre sus dedos la parte superior de mis medias, jugando con ellas.

Sus manos... ¿Qué decir de ellas? Eran simplemente mágicas contra mi piel, nada más que eso. Dejaban una corriente eléctrica a su paso y me provocaban millones de efectos placenteros. La manera en que me tocaba me hacía estremecer completamente y ligeras cosquillas se apoderaban de todo mi cuerpo apenas sentía un mínimo roce de ellas.

Finalmente, cortamos el beso, separándonos por la falta de aire.

Aunque eso no lo detuvo para seguir tocándome. Lugar específico: mi cadera. No sé si tenía alguna obsesión o algo con aquella zona, pero en todos los pequeños encuentros que habíamos tenido, lo que más acaricia era mi cadera y sólo mi cadera.

Y gracias a eso, me di cuenta de algo cada vez nos besábamos; una de las cosas que más le gustaba realizar a él era tocar y amoldar a su antojo.

―Tienes un serio problema con tus manos, ¿sabes? ―comenté, pegando mi frente con la suya y apoyando mis manos en sus hombros desnudos.

―Eres tú el que las llama y las tienta―respondió, mirándome fijamente e intensificando más el contacto. Su mirada me consumía; si tuviera que describirla en una sola palabra, sería fuego. Cuando me observaba de esa manera, sentía que iba a quemarme por completo y aun así no me importaba, si fuera por mí podía fundirme en sus ojos azules por siempre―. Además, acostúmbrate porque no tienen remedio.

―Oh, ¿en serio? ―pregunté, jugando.

Tenía que admitir que, cuando nos retábamos así, era una de las cosas más divertidas.

―Sí, en serio... ―respondió cerca de mi oído, lo que hizo que un escalofrío me recorriera por completo al sentir su cálido aliento golpearme de repente.

Y de verdad no tenían remedio. A continuación, Levi comenzó a tirar levemente hacia arriba la tela de mi blusa, logrando zafarla del pantalón, para finalmente subir de a poco la tela y dejar parte de mi abdomen expuesto.

Sus dedos, de inmediato, se posaron allí.

No, no, no. Eso no...

En cuanto acarició esa zona, no pude evitar largar una carcajada, escondiéndome en la curvatura de su cuello para disimularlo un poco. Pasaban los segundos y continuaba riéndome como idiota con cada caricia que él me proporcionaba. Esto me ocurría desde pequeña, unas de mis debilidades siempre han sido y seguirán siendo para toda la vida las malditas cosquillas.

―L-Levi, no...No hagas eso...Pff ―mis intentos por no reírme eran realmente pobres y sin sentido.

― ¿Tienes cosquillas? ―preguntó divertido, mientras no dejaba de tocarme para atormentarme aún más.

Estaba segura de que, ahora que él lo sabía, iba a usarlo a su favor.

― ¿Tú... Qué crees... Idiota? ―pequeñas risitas estúpidas se me escapaban, aun cuando hacía un esfuerzo inhumano por evitarlo―. Levi ya... En... En serio, tonto. No me... jajaja... Gustan...

―Ok, pararé, mocosa. Por ahora... ―dejó mi abdomen en paz, mientras volvía a bajar mi blusa, aunque parecía reacio de hacer eso último―. Aunque recordaré esto para cuando quiera torturarte.

¡Lo sabía! Sabía que iba a usar esto para ese propósito.

― ¿Sabes que podría empujarte y asunto resuelto, no? Después de todo, tengo más fuerza que tú.

―Y aun así no lo harías. ¿O me equivoco? ―preguntó seguro, enarcando una ceja.

Quería darle la contra, pero no podía. Y no porque no me atreviera, sino porque sus palabras eran verdad; nunca más me atrevería a lastimarlo y menos por unas tontas cosquillas.

―Enano insufrible ―dije entre dientes. Él entendió y se consideró ganador, mirándome con una expresión de extrema superioridad pegada al rostro―. Hmp, no te la creas mucho, Rivaille. Quita esa estúpida cara.

―Sólo porque a ti te moleste, no quiere decir que sea estúpida ―siguió burlándose.

―Bueno ya, ¿no tenías que irte? ―cuestioné, fastidiada de que me hubiera ganado.

― ¿Quién fue la que me llamó para que le diera un beso?

Oh, bien. Eso significaba que comenzaríamos otra batalla y estaba segura de que en esta oportunidad sí ganaría. No permitiría que él volviera a vencerme, así que debía usar un truco a mi favor: tentarlo.

― ¿Y quién fue el que no se alejó a pesar de que ya me lo había dado? ―continué, aproximándome hacia él.

―Eso fue porque tú quisiste seguirlo ―se excusó.

―Yo no te obligué a que lo siguieras. Y, aun así, ¿quién fue el que me estampó contra el árbol?

― ¿Sabes qué? A la próxima ni lo hago, mejor te dejaré con las ganas.

― ¿A la próxima? ―pregunté cerca de su boca―. ¿Por qué no ahora?

― ¿Qué? ¿Aun tienes ganas? ―rozó su boca contra la mía.

― ¿Y si te digo que sí? ―pasé la punta de mi lengua por sus labios.

―Si es así, entonces...

Bien, ya cayó...

Volvió a tomarme posesivamente de la cintura, aproximando más su rostro al mío. Y, cuando estuve a punto de esquivarlo...

―Bueno, eso es todo ―se separó abruptamente de mí, tomó la campera que se había caído al suelo y me rodeó con ella.

Acto seguido, comenzó a trotar hasta llegar al lugar donde hace minutos realizaba los abdominales.

―Jodido enano...

¿Es que hoy no iba a poder ganar ni una?

.

.

.

Ya habían pasado varias horas desde mi encuentro con Levi. Eran las 16:30 y no se me había ocurrido nada más que seguir leyendo la saga de libros que Hanji me había prestado. Estaba concentrada en una oración, cuando escuché unos pasos ligeros provenientes de los pasillos. No tardé mucho tiempo para averiguar de quién se trataba.

― ¡MIKASAAAA! ―Hanji entró de repente en la habitación, con una sonrisa de oreja a oreja adornando su rostro. Respiró hondo antes de seguir hablando, ya que al parecer subió corriendo las escaleras―. ¡Mikasa, Mikasa, Mikasa!

― ¿Qué sucede? ―pregunté, tapándome la zona de la boca con el libro que estaba leyendo y así poder hablar sin que se vean mis afilados colmillos.

Me incorporé, sentándome en la cama y concentrándome en lo que iba a decirme la castaña, la cual estaba demasiado emocionada por algo. No iba a leerle la mente, no era entretenido de esa manera y además no me quedaba mucho tiempo para volver a tomar sangre, por lo que no quería desgastarme innecesariamente.

― ¡Vamos de compras! ―dijo realmente emocionada―. La otra vez con las chicas fuimos al pueblo que estaba cerca de aquí. ¡Está repleto de tiendas! Lo malo es que no llevábamos dinero, por lo que no pudimos comprar nada ―comentó desanimada―. ¡Bueno, ese no es el punto! Lo importante es... ¿Vienes con nosotras?

―E-eh... No lo sé ―la verdad sí tenía ganas de acompañarlas, pero el sol estaba demasiado fuerte.

―Ohh... ¡Por favor! ¡Por favor! ¡Por favor, Mikasa! ―juntó sus manos e hizo un puchero demasiado tierno, como si con eso tuviera asegurado que yo aceptaría―. Por fis, Por fis, Por fis...

―Lo pensaré ―respondí al darme cuenta de que no pararía hasta que respondiera algo.

― ¡Genial! ―dio unos pequeños saltitos, emocionada―. Salimos en una hora, espero que ese sea tiempo suficiente para que lo decidas ―me miró esperanzada

Yo asentí y volví a recostarme, perdiéndome en las páginas del libro. La chica de lentes me despidió por el momento con un alegre "Nos vemos luego" y salió como bala de la habitación.

"Caminaron a través de los árboles oscuros y tupidos. Harry seguía mirando por sobre su hombro, con nerviosismo. Tenía la desagradable sensación de que los vigilaban. Estaba muy contento de que Hagrid y su ballesta fueran con ellos. Acababan de pasar una curva en el camino, cuando Hermione se aferró al brazo de Hagrid..."

Estaba terminando de leer uno de los párrafos del libro en mis manos, cuando la puerta de la habitación volvió a abrirse lentamente, como si la persona tratara de no hacer ni un mínimo ruido; eso significaba que no era Hanji. No despegué mi vista del libro, ya que ahora sabía perfectamente quién era.

―Deberías ir con la cuatro-ojos y las demás ―comentó Levi, acercándose a mi cama y sentándose al pie de ésta.

― ¿No te enseñaron a no escuchar conversaciones ajenas? ―por fin me digné a separar mis ojos de las hojas, para observarlo con una ceja enarcada.

―Casualmente pasaba por aquí y las escuché ―dijo restándole importancia―. Fue inevitable oírlas.

―Claramente, justo merodeabas por un pasillo el cual es diferente al de tu habitación ―volví a reincorporarme, mirándolo divertida.

―Exactamente, mocosa ―respondió. Me quitó el libro de las manos e inmediatamente lo lanzó a la cama perteneciente a Sasha, sin importarle si se le habían doblado las hojas o algo parecido. Si se hubiera dañado, esperaba que Hanji no se molestara conmigo. Después de todo, ella amaba sus libros―. Como te decía...Deberías ir con ellas. Son ruidosas, pero puede que te diviertas.

―Pero... ―no me dejó terminar.

―Sé que puedes quemarte ―hizo una pausa, como si estuviera buscándole una solución a ese pequeño problema―. Sólo es cuestión de que te tapes bien.

Dicho eso, se puso de pie y se dirigió a mi bolso (que se encontraba en un rincón de la habitación), luego volviendo a la cama y dejándolo sobre ella. Lo abrió y comenzó a hurgar curiosamente, buscando la ropa que debería ponerme. No objeté nada, quería averiguar sobre qué elegiría el enano, así que lo miré atenta, riéndome internamente al ver que ponía demasiado empeño al seleccionar cada prenda.

Ya un poco impaciente, volví a buscar el libro que Levi había arrojado. Tuve suerte de que no se doblara ni una página, así que por precaución lo guardé debajo de mi almohada.

―Bueno, creo que esto está bien... ―comentó luego de varios y largos minutos.

Sobre la cama había doblado perfectamente las cuatro prendas: unos pantalones de mezclilla negros, una musculosa de tirantes color gris, zapatillas blancas y mi típica campera negra. Tomé la ropa y, sin importarme que Levi estuviera allí, comencé a sacarme la blusa blanca que llevaba puesta.

―Oe, mocosa... ―desvió la vista hacia cualquier lado con tal de mirar todo, menos a mí.

― ¡Ja! Y dices que yo soy la que se pone nerviosa ―hice hincapié a esa vez donde vi al enano sin camiseta en su departamento, hace ya varios meses. Recuerdo que él se había burlado de mi por mi reacción, así que yo podía devolvérselo.

―No es lo mismo ―volvió a mirarme con el ceño fruncido, pero inmediatamente apartó la mirada al verme ya sin la blusa, sólo con el brasier blanco―. Bueno sí es lo mismo, pero... Agh, ya cállate ―festejé internamente mi excelente victoria al escucharle decir esas palabras.

El enano se levantó de la cama y comenzó a inspeccionar la habitación, largándome miradas en algunas ocasiones pensando que yo no me daba cuenta. Mientras me cambiaba, lo observaba y, cuando no tuvo nada más que fisgonear, finalmente abrió el pequeño refrigerador que normalmente en todos los hoteles había.

―Ey, ¿por qué tienen tantas cosas? ―preguntó, mientras veía todo lo que había ahí dentro―. No es justo, nosotros apenas y tenemos unas pocas gaseosas.

― ¿Acaso no sabes que Sasha también duerme en este cuarto? ―era muy evidente por qué había tanta comida allí dentro. La chica papa, aunque ya haya cenado, no puede irse a dormir sin haber comido algún snack junto con una bebida.

―Lo sé, pero esto ya es exagerado ―comenzó a sacar todo del refrigerador, hurgando más al fondo. No, mierda, en el fondo de todo estaba... ― ¿Y esto, mocosa?

Sí, sabía que lo iba a encontrar.

―Precaución, enano ―dije tranquilamente, mientras me sacaba las medias con cuidado para no terminar rompiéndolas―. Sabes que me queda, al menos, una semana más para mi límite. Traje ese pequeño frasquito con sangre porque lo necesitaba.

― ¿No crees que es arriesgado que lo guardes aquí? ―preguntó, mientras agitaba el pequeño frasquito de vidrio y lo observaba por todos lados, desde diferentes ángulos.

―Tampoco puedo dejarlo afuera; hace demasiado calor ―respondí lo evidente, quitándome el short―. Además, Sasha nunca deja que se vacíe el refrigerador, todos los días le agrega algo para que quede lleno.

―Ya veo... ―volvió a guardarlo en el fondo, metiendo todas las bebidas, helados y diferentes cosas que la castaña siempre añadía. En definitiva, con esa chica no se podía pasar hambre―. ¿Ya termin...? ―cerró el congelador y volteó hacia mi dirección―. ¡Joder, mocosa, ya vístete!

―L-lo siento, me distraje ―vamos, era porque él estaba haciendo demasiadas preguntas.

―Maldita sea que eres lenta ―murmuró entre dientes, aunque pude oírlo a la perfección.

―Ya enano, deja de quejarte ―pero ignoró mi comentario y continuó diciendo cosas como "Llegarás tarde", "Ya va a cumplirse una hora desde que hablaste con la cuatro-ojos", entre otras cosas.

―La próxima vez te vestiré yo, a ver si te apuras más ―dijo aún de espaldas.

Vaya que era rezongón.

―No puedes ni mirarme y ya asumes que vas a vestirme ―una risa seca se me escapó.

Ok, ok, la razón de distraerme y no terminar de cambiarme no era solamente culpa de las preguntas del enano, yo también era la que buscaba pelea, tenía que admitirlo.

―No es que no pueda mirarte, sólo te doy privacidad. Son dos cosas muy diferentes, mocosa insufrible ―recalcó más las dos últimas palabras―. Y si no fuera porque soy un caballero, ya ni tendrías ese conjunto blanco puesto.

― ¿Caballero? ―me burlé, siguiéndole el juego―. No sabía que un caballero llamaba a una dama "Mocosa insufrible"

―Agradece que no te llamo "Mocosa de mierda" ―dijo sobreactuando―. Ya ves, como te dije, soy un caballero contigo.

―Claro, lo que digas. Al principio me llamabas mocosa de mierda ―le recordé, levantándome de la cama para subir el cierre del pantalón―. Listo, maniático, ya puedes voltear.

Me coloqué la campera negra y las zapatillas. Apenas terminé, el enano me observó de arriba abajo, también rodeándome para poder inspeccionarme entera y verificar el resultado. Estuvo un momento sin decir ni una sola palabra, pero luego de unos segundos soltó uno de sus típicos "Tsk". Se sentó otra vez en la cama, inclinándose levemente hacia adelante y tomando su cabeza entre sus manos.

― ¿Qué te pasa? ―pregunté, confundida de que su comportamiento haya cambiado tan de repente, así como así.

Comencé a pensar que se le había bajado la presión o algo parecido, pero lo que dijo a continuación me descolocó completamente.

―Nada en especial... Es sólo que comienzo a creer que me voy a ir directo al infierno ―comentó, peinándose el cabello hacia atrás.

― ¿Puedo preguntar por qué? ―indagué, curiosa por su respuesta, aunque ya tenía una leve idea.

―Mejor me lo guardo para mí mismo ―negó con la cabeza y volvió a ponerse de pie.

Se dirigió hacia mí y subió el cierre de mi campera, rozando mis pechos por accidente y provocando que el estómago se me encogiera. Después peinó mi pelo hacia adelante, colocándome la capucha.

― ¿Sabes? Puedo vestirme sola ―comenté, inflando levemente una de mis mejillas.

―No objetaste nada cuando lo hacía, así que no jodas ―respondió divertido.

Y, como si hubiera recordado algo de repente, abrió nuevamente mi bolso y de él sacó el pequeño sobre, en el cual yo había traído un poco de dinero por si lo necesitaba. Sacó un poco de allí y lo guardó en el bolsillo de mi campera.

―No pretendo comprar algo... ―no creía poder encontrar algo que me gustara, de todas formas.

―Quién sabe si hallas otro par de esas jodidas medias que tanto te gustan ―enarcó una ceja, esperando a que yo respondiera. Ok, puede que sí encuentre algo que me llame la atención.

Un silencioso "Bien" salió de mi boca y él, al parecer, quedó satisfecho con esa respuesta. Me dio un breve beso en los labios (que me dejó con ganas de más) y luego tomó mi celular, entregándomelo.

―Ya te tienes que ir, llámame si pasa algo ―me dio un último vistazo, para corroborar si todo estaba en orden―. No hagas ningún movimiento precipitado mocosa, el sol está demasiado fuerte y no quiero que te lastimes por eso.

―Claro, mamá ―respondí burlona y un poco nostálgica al mismo tiempo, pero traté de ocultar eso último; no era momento para tocar ese tema.

Levi rodó los ojos ante mi comentario, tomó mi mano y, sin decir nada más, nos dirigimos a la planta baja del hotel (no sin antes cerrar la puerta de la habitación como correspondía). Desde las escaleras podía escuchar perfectamente la conversación que estaban teniendo abajo. Hanji se encontraba preocupada, preguntándose si me había arrepentido de ir. A lo cual, Sasha le decía que no se estresara tanto, que de seguro me quedé distraída con algo. Hitch, bueno, ella sonaba realmente apurada y emocionada por ir al pueblo. También otros sonidos que se percibían eran de diferentes estudiantes, varones para ser exactos; al parecer estaban buscando a más jugadores para ponerse a jugar un partido fútbol. Y finalmente se oían los típicos ruidos de pasos, celulares y uno que otro ladrido de los perros que se encontraban en la recepción. Agradecía un poco el hecho de poder escuchar conversaciones a larga distancia; podía serme útil en muchos casos.

― ¡Mikasa! ¡Qué bien, sí viniste! ―Sasha me abrazó, estrujándome cariñosamente entre sus brazos apenas me vio en la recepción junto a Levi.

―Levi, qué bueno que llegas ―Erwin le palmeó la espalda, mostrándose más amigable de lo normal―. Nos falta un jugador en el equipo, ¿nos das una mano?

―Qué fastidio... ¿Es que acaso no pueden jugar con un jugador menos?

―Pero a ti te gusta el fútbol ―dijo confundido el rubio.

―Aunque igual quiera jugar, no puedo. Me bañé hace unas horas y no quiero volver a ensuciarme ―no sé por qué, pero me esperaba una respuesta como esa, así que toqué levemente su brazo para llamar su atención. En cuanto la obtuve, le dirigí una mirada de "Si no vas a jugar, no iré con las chicas". Levi la entendió a la perfección, ya que suspiró y volvió a dirigirse a su mejor amigo―. Está bien, jugaré.

―Genial ―festejó Erwin, para luego susurrarle algo al enano en el oído.

Reí internamente al escuchar perfectamente que le dijo "gobernado", mientras Levi protestaba y se excusaba con que, de repente, le habían dado ganas de jugar y nada más.

― ¿Vamos? ―me preguntó contenta Hanji, mientras se balanceaba con sus pies en un gesto de impaciencia y alegría.

―Vamos ―murmuré bajito.

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¡Hola! Perdón por tardar. Sé que había dicho que capáz que lo subiría la misma noche que publiqué el capítulo anterior, pero luego cuando leí nuevamente este capítulo no me había convencido del todo; había quedado muy corto.

Pero bueno, por lo menos no me tardé mucho... o eso creo xD

Ya, como es evidente, puse un pequeño párrafo del primer libro de Harry Potter. Lol no pude evitarlo, necesitaba un libro y se me ocurrió poner uno de mis favoritos (/w\)

Espero que les haya gustado. ¡Saludos!