Videos e imagenes en mi perfil =D

Si quieres ser parte del grupo del fic en facebook solo busca "Exótica fanfic" y pide unirte =D


Te extraño


— ¡Estaba comenzando a creer que te habías olvidado de nosotros! —Sue alzó los brazos y yo me zambullí en ellos como la hija que volvía a casa, solo con la diferencia de que no era su hija, pero igualmente la sentía como una madre.

—Lo siento… pasaron muchas cosas este último tiempo —murmuré contra su hombro, Sue rio y dio suaves palmaditas en mi espalda.

—Lo sé, me ha contado un pajarito que has estado viajando por el mundo, quiero saberlo todo —murmuró alejándose y tirando de mi dentro de la casa. — ¡Jake, Billy! ¡Miren lo que he encontrado en la puerta! —Sue me empujó suavemente en el salón donde Billy miraba televisión con una pequeña botella de cerveza en la mano.

—Hey Bella, tanto tiempo sin verte ¿cómo has estado? —me saludó alzando su botella, me acerqué y dejé un beso en su mejilla para luego sentarme a su lado. Billy había sido por años la única figura paterna que había tenido hasta que Phil llegó a la vida de mi madre. Billy se había encargado de aconsejarme para prevenir corazones rotos con los chicos cuando tuve edad suficiente para comenzar a ver con otros ojos al sexo opuesto, fue una charla en conjunto con Leydi y nunca iba a olvidar ese día, en que ambas escuchábamos avergonzadas la charla de padre de Billy en la sala de esa misma casa. Al contrario de mama, que me alentaba a salir a seducir a cuanto chico se me cruzara, Billy fue bueno en prevenirme acerca de ellos, como buen padre, nos aconsejó siempre hacernos respetar y tener siempre la última palabra… "una chica siempre tiene el don de decisión… y el hombre siempre debe respetar eso, si la chica dice "si", el hombre puede avanzar, si la chica dice "no", debe detenerse. Nunca dejen que haga lo contrario…"

Billy había sido ese padre que nunca tuve físicamente y lo amaba por eso. Mientras que Charlie, el hombre que había colaborado biológicamente, era demasiado reacio a hablar de esas cosas íntimas con su hija, nuestra relación había comenzado hace años, pero aun hoy, no habíamos alcanzado ese nivel de conexión que se suponía debía tener con mi padre. Esperaba algún día poder tenerlo.

—Los Bears de Chicago están ganando, al fin esta temporada parece que será buena… —murmuró antes de tomar un trago de su cerveza.

— ¡Oh vaya! —volteé mi cabeza hacia las escaleras, Jake venía bajando con una chica tomada de su mano. Era linda, era morena y de cabello castaño oscuro corto, como una melena, sus ojos a pesar de ser cautelosos, brillaban con un hermoso marrón. —Mi bailarina favorita, ¡al fin! —grité cuando Jake me tomó de la cintura y me alzó haciéndome girar en el aire.

—Jake, la estas mareando—gritó Sue entre risas.

—Dime ¿qué tal la pasaste? ¿Sacaste muchas fotos? Tienes que contarnos… ¿trajiste las fotos? —Jake no dejaba de parlotear, yo miré a la chica detrás de él. No parecía muy contenta porque yo tuviera toda la atención, por lo que alcé una mano y detuve a Jake.

— ¿No vas a presentarme Jake?... Hola… —saludé a la chica y ella asintió como saludo.

—Oh, claro… Bella, ella es Leah, mi novia… Leah ella es Bella.

—Hey —saludé a la chica acercándome para darle un beso, ella me lo devolvió cautelosamente y sonrió un poco. — ¿Así que estas con este insufrible?... —ella sonrió más ampliamente —oh… este sábado quiero bailar, ¿aun no me has despedido, no? —pregunté a Jake con una mirada entre divertida y cautelosa, él no me despediría… no lo haría ¿no?.

Tanto él como el resto de la familia rieron, —No boba, aun no… tu novio me dejó claro que necesitabas un descanso y ¡Hey! No soy ningún explotador ¿este sábado bailas? Grandioso… tienes que preparar algo grande, tendremos que pasar la voz y hacer publicidad, los clientes que venían los sábados dejaron de venir al no volver a verte, creo que serán más que felices al ver que bailas de nuevo.

—Wow, no sabía que tenía admiradores —miré a su novia cuando él la soltó para adelantarse a buscar un par de botellas de cerveza — ¿tu bailas Leah?

—No, yo no soy muy buena bailando… aunque hago yoga y un poco de reiki —dijo levantando un hombro como disculpándose. Tomé una cerveza que Jake nos trajo.

—Tienes que probar, hay un salón en el Loop que tiene diferentes clases de baile… ahí practico árabe, si quieres solo ven a mirar y si te gusta comienza a moverte — tomé un sorbo de mi cerveza despreocupadamente.

—Quizá lo intente… la verdad es que me gustaría que mi novio me vea bailar a mí en lugar de ver a otras chicas —Leah sonrió con complicidad mientras Jake se atoró con el trago que estaba apurando en su garganta.

—Oh Jake —reí asintiendo con la cabeza— chica brava, ten cuidado —Leah sonrió más ampliamente y Jake la tomó de la mano dándome una dura mirada. Reí caminando hacia la cocina. Sue estaba delante de las ollas en la cocina y Leydi masticaba una zanahoria mientras se movía alrededor probando un poco de chile burbujeante.

Ayudé a terminar con lo que faltaba cocinar, lo cual no era mucho, un poco de condimento en el chile, acomodar los tamales en el plato y luego de recoger un poco de vino y unas cervezas, pronto estábamos en la mesa degustando un rico almuerzo en familia. Se sentía bien, como siempre, ellos me habían acogido y tratado como una hija más, en momentos como ese me daba cuenta de lo mucho que extrañaba a mamá y lamentaba la ausencia de un padre en mi vida.

Hablamos de todo un poco, mi noviazgo con Edward, el viaje a Tokio, en especial de eso. Sue estaba maravillada con mis historias sobre las geishas, Leydi fruncía el ceño ante eso, por supuesto ella nunca sería una sumisa y a pesar de tratar de explicarle que las geishas incorporaban la sumisión como un arte en sus vidas, ella no estaba para nada de acuerdo en andar arrodillándose ante un hombre bajando la mirada. No pude evitar recordar que hasta hace poco yo pensaba igual, pero de alguna manera hacer eso para complacer a Edward había sido excitante y maravilloso para mí, no lo haría por nadie más, solo el amor hacía cometer locuras y cosas impensadas y esa noche en que me había convertido en una geisha para Edward, había sido mi manera de decirle cuanto amaba complacerlo.

Abrimos regalos importados de Tokio y sonreí feliz por las caras de sorpresa. Los kimonos fueron recibidos con gritos extasiados, a Sue le encantó el juego de cuencos de porcelana pintada artesanalmente, Jake no perdió tiempo en comenzar a jugar, junto a una Leah no muy dispuesta, a los juegos de Xbox que le había regalado, Billy agradeció con una enorme sonrisa el reloj de pulsera con el fondo de la ciudad de Tokio como detalle y Leydi se limitó a estirarse en el sofá comiendo su caja de mochis de fresa que le había traído, dejando sobre la mesa pequeña frente a ella, la colección de abanicos orientales que tanto había presumido. Más tarde nos acomodamos a mirar películas en el salón de los Black, Jake había salido con su novia luego de ver la fotos que había obtenido con mi celular, Sue y Billy habían salido a dar una caminata acostumbrada alrededor del barrio y habíamos quedado solo Leydi y yo comiendo el resto de las mochis que quedaban. Miré la hora en el reloj colgado en la pared.

A pesar de haber visto a Edward la noche anterior, lo extrañaba, lo sentía ausente y ocupado y por eso mismo no quería parecer una novia cargosa y llamarlo a cada momento para oír su voz. Sabía que tenía mucho trabajo, había atrasado proyectos y reuniones con el viaje a Tokio y debía recuperar el tiempo perdido, pero igualmente lo extrañaba horrores.

¿Me preguntaba si sería muy molesto de mi parte llamarlo y preguntar cómo iba su día?

— ¡Hey!... espero que esa mirada perdida sea porque piensas en tu novio y no porque hayas viajado a una dimensión desconocida en el tiempo —bromeó Leydi masticando una mochi en color rosa. Le eché una mirada…

—De hecho… estoy pensando en él —alcé un hombro— lo extraño, no estamos viéndonos tanto tiempo como el que me gustaría, está muy ocupado con algo…

— ¿Qué hay de malo? —Ley se acomodó en el sofá y me miró de frente.

—Nada… solo… —fruncí el ceño debatiéndome entre contarle a mi amiga o no, parecía estúpido pero quería saber, por eso mismo, si parecía estúpido ante los ojos de alguien más o si solo eran ideas tontas mías —recibió una llamada urgente cuando estábamos en Tokio, estábamos en una discoteca pasando una grandiosa noche cuando alguien lo llamó y él se volvió… loco de alguna manera. Con urgencia me sacó de allí, volvimos al hotel, empacamos y nos metimos en el primer avión que estaba disponible para llegar aquí, desde ese día, casi no lo he visto.

— ¿Te explicó de qué iba la urgencia? —Ley me miraba con un dejo de preocupación.

Negué con la cabeza —No, solo dijo que era algo relacionado al Spire y problemas con unos inversionistas, pero no entró en detalle… ¿debería preguntarle? No quiero inmiscuirme en su trabajo.

—Bueno… es tu novio, se supone que tiene que hablarte con sinceridad y si no lo hace debes exigírselo —ella alzó un hombro— pregúntale… no perderás nada en hacerlo. Quizá no sea nada y te estés preocupando sin razón.

—Sí… quizá no sea nada —murmuré sonriendo un poco.

—Deberás acostumbrarte a esto nena, la vida de un famoso arquitecto… mierda, hasta yo estaría asustada, pero vamos… él te ama, te lo ha dicho y demostrado. Ya verás que pronto se deshará de lo que lo tiene tomado y no podrá dejarte en paz… por mi parte te voy a disfrutar mientras eso dure.

—Estoy más que dispuesta querida… —dije riendo.

—Sí, aun no entiendo por qué a mí me traes de comer… ¿acaso me ves que soy golosa? —rio sin dejar de comer.

—Agradece que te traje mochis de fresa, Edward quería ver si era posible traer una de esas sandías cuadradas.

— ¡Oh mierda!

Ambas reímos y nos hundimos en el sofá haciendo planes para los próximos días…

*O*

—Te extraño —dije mirando a mi chihuahua mordisquear la punta de un cojín del sofá.

—Yo también cariño… solo… mierda nena, déjame terminar con esto que requiere mi atención aquí y seré totalmente tuyo —pude oír un dejo de frustración en su voz.

— ¿Se han solucionado los problemas con los inversionistas? —pregunté jugando con la orilla de mi camiseta de algodón.

—Aun estamos negociando —dijo algo vacilante— pero sé que todo estará bien, no debes preocuparte por eso —oí un suspiró del otro lado de la línea —Dios, Bella… no tienes una idea de cuánto quiero terminar con esto y abrazarte para no soltarte más —cerré los ojos al oír la nostalgia en su voz. Era palpable, tanto que hasta yo podía sentirla… Dios, lo amaba, lo amaba de una manera demencial, quería estar con él, cada poro de mi cuerpo lo gritaba, pero también quería respetar su espacio y su tiempo. Leydi tenía razón, si lo amaba tenía que acostumbrarme a un hombre como él, tan requerido, tan exitoso y público, debía conformarme con un poco de su tiempo, sabiendo que tenía todo su amor. Y eso bastaba para mi, debía bastar.

—Yo también quiero Edward, pero sé que debes atender eso primero… tu trabajo es tú prioridad, no lo olvides. Quiero subirme a la cima de ese Spire ¿sabes? Quiero mirar al resto del mundo desde allí, a tu lado.

—Lo harás, te juro que lo harás mi amor… es mi sueño y también es mi promesa.—Era inconfundible el tono determinado de su voz. Sonreí… eso era su vida y amaba que luchara por ello. — ¿Qué harás ahora bonita?

—No lo sé, el día está realmente hermoso y escuché que en el Pabellón de conciertos habrá tarde de música clásica, tocará la filarmónica… quizá valla.

—Ve cariño, esa será una forma de tenerte cerca de mí… extraño ¿no? —su voz sonaba con añoranza.

—Extraño pero real, en ese lugar me siento cerca de ti… es tu alma por todos lados —sonreí recordando nuestro primer encuentro en ese lugar. Se había sentido tan bien, tan en sintonía con el universo, como si todo encajara, como si todo cayera en su lugar. Ese era nuestro lugar.

—Te amo —susurró despacio, su voz vacilaba entre la nostalgia y determinación, pero también pude oír un dejo de dolor… oh Dios…

— ¿Edward? —pregunté ante el silencio en el teléfono — ¿qué sucede mi amor?, puedes contarme lo que sea, lo sabes ¿no?

Esperé su respuesta un par de segundos, cuando creí que no iba a contestar, escuché un suspiro en la línea, parecía cansado, agotado y lejano al mismo tiempo, su voz, su corazón estaba conmigo en esa llamada, pero su mente tan lejos.

—No sucede nada que no pueda solucionarse —dijo en voz baja y dura —solo que… me gustaría dejar todo ahora mismo e ir contigo, abrazarte, besarte, oler tu aroma y tocar tu piel. No pude hacerte el amor desde que llegamos de Tokio cariño y eso me duele, quiero tenerte siempre… pero, mierda, déjame terminar con esto que me retiene aquí y solo seremos los dos —oí el deseo en su voz —podemos retomar nuestro viaje, podemos irnos a Tokio de nuevo si quieres o cambiar de destino… ¿qué te parece Brasil? ¿o Paris? ¿Quieres conocer Paris? ¿Qué lugar te gustaría conocer cariño?

—Cualquier lugar, solo me importa estar contigo —dije acariciando la cabeza de Papi Jr. que había venido a pararse con ambas patas a la orilla del sofá. Reí casi sin querer, —Aunque Papi Jr. está tomando muy bien el papel de remplazo… mi cama no está tan fría en realidad —oí una risa despreocupada del otro lado del teléfono.

—No me extraña, te tiene toda para él, que no se acostumbre, pronto tendrá que irse a dormir al sofá otra vez.

—Malo —reí suspirando al escucharlo reír de nuevo.

Cuando terminé la llamada corrí a la cocina y preparé dentro de un bolso amplio, un pequeño almuerzo. Me llevaría a Papi Jr. a pasear al Millenium.

Metí manzanas, hice unos, no muy elaborados emparedados de jamón crudo, queso y tomates, precocí un par de salchichas para mi perro y cuando estuvo todo empacado y listo, le coloqué la correa a Papi y salimos de mi departamento colocándome los auriculares del Ipod que había adquirido en Tokio, lo había llenado de canciones apenas pisé suelo americano, por lo que mientras cruzaba las calles del Lincoln Park, iba resonando en mis oídos, Amazing de Aerozmith.

El sol era radiante en el Millenium Park y a pesar de ser un día de semana, mucha gente se había congregado para disfrutarlo rezagados sobre la hierba verde frente al pabellón de conciertos. Me senté en mi lugar preferido, lejos del escenario y cerca de la fuente de agua, aun allí podía oír muy bien las canciones que la filarmónica de la ciudad estaba tocando en ese momento. Me senté sobre mi jersey de algodón y mantuve a Papi con su correa puesta. Más tarde quizá lo soltaría un rato.

Saqué un emparedado y le di una mordida para luego sacar un poco de pan y dárselo a mi perro, que comió con entusiasmo. Alcé la vista sobre mí y cerré los ojos disfrutando los rayos del sol acariciando mi cara, una suave brisa arremolinaba las hebras de mi cabello y traía hacia mí los olores de los rosales detrás de la fuente, la risa de la gente a mi alrededor… niños jugando en el césped un poco más allá de la fuente y la música que provenía del escenario. Bajé la cabeza tarareando y mordí mi sándwich, moví mi cabeza al ritmo de la música y acaricié a mi perro detrás de sus orejas, él miraba con indiferencia todo a su alrededor.

Cuando alcé mi mirada al escenario, mi vista fue bloqueada por un par de manos y me paralicé, aunque mi cuerpo reconoció casi enseguida el que tenía detrás de él, ¿cómo no hacerlo? Su olor… su energía… su calor…

_Hola… te amo, ¿no me dirás tu nombre? —esa voz que amaba tanto me susurró al oído tal cual nuestro primer encuentro en este lugar. Reí soltando mi sándwich, nada era más importante ahora. Toqué sus manos y reí de nuevo.

—Bella… y te amo —dije sin poder dejar de sonreír. El bajó las manos y se sentó detrás de mí, conmigo entre sus piernas, miré hacia atrás y ahí estaba él… enfundado en un traje Armani azul petróleo, con su cabello desprolijo, sus hermosos y brillantes ojos verdes, su corbata gris y una enorme sonrisa en su rostro cansado. Hice una mueca y volteé para estar frente a él.

—Te ves tan agotado mi amor —recorrí con la punta de mi dedo índice, las ojeras oscuras debajo de sus ojos. Él le restó importancia alzándose de hombros, tomando mi rostro entre sus manos y acercando su boca a la mía. Oh si… respirar otra vez, así se sentía tocar sus labios otra vez. Olvidé todo y me dejé llevar por sus besos. Profundos, intensos, apasionados… en medio del Millenium. Su lengua hacía maravillas en mi boca y su sabor… Dios, lo había extrañado, besos así, apasionados… tan íntimos y sexuales, creo que no habíamos tenido uno desde Tokio y parecía una eternidad.

—Dios… te extrañé tanto —murmuró él despacio separándose solo unos milímetros de mi boca, para luego atacar otra vez. Sus manos apretaban ambos lados de mi cara y las mías se enredaron en su cabello. Tuve la imperiosa necesidad de subirme a su regazo y sentirlo, pero me contuve, por Dios… estábamos en un lugar público. —Te amo, te amo —canturreó entre besos.

Cuando terminamos de besarnos me separé de él a regañadientes y me volví a sentar entre sus piernas, con mi espalda pegada a su pecho y sus manos acariciando mi vientre por debajo de mi ligera camiseta.

—No pude evitar escaparme, te quería ver al menos una media hora… ¿estás haciendo un picnic? —murmuró besando mi cuello, cerré los ojos y tiré mi cabeza hacia atrás.

—Sí… el día es perfecto y no esperaba para poder tomar un poco de aire fresco. —murmuré tomando un trozo de manzana que había cortado en cubos para mi ensalada de fruta, la alcé entre mis dedos y la coloqué entre sus labios, él sacó la punta de su lengua provocativamente y chupó la punta para luego, de un solo movimiento, meterla en su boca — ¿cómo están los chicos? Rose y Alice se quejan que están inundados de trabajo al igual que tú.

Él bajó la mirada e hizo una mueca, —De hecho sí, acabo de escaparme de una reunión, tenemos otra dentro de un par de oras, así que aproveché a venir a almorzar contigo.

—No traje mucho, solo un par de emparedados y fruta. No traje M&M´s si me preguntas —sonreí recordando nuestro primer almuerzo juntos, solo un puñado de M&M´s y un yogurt.

—Me lo debes para la próxima—rio besando mi cuello.

Comimos fundidos el uno en el otro, sus manos traviesas rosando mis pechos de vez en cuando y su boca depositando húmedos besos en cualquier parte de piel que pudiera alcanzar. Papi Jr. corrió por la verde hierba y comió de las salchichas que había traído para él, se asustó con un gran Danés que venía de la correa de su dueño y con la cola entre las patas traseras vino a acurrucarse en mi regazo, mirando a la distancia la posible amenaza, Edward le puso nuevo nombre, Coraje.

Rodé los ojos ante tal nombre sarcástico…

—Este año tenemos que venir, es el aniversario de inauguración. Ya serán cuatro años desde que se puso la piedra inicial —sus brazos apretaron mi cintura —Hay una gala… para la celebración, quiero que seas mi compañera esa noche.

Me quedé aturdida, allí mirando las vigas de acero que cruzaban sobre nuestra cabeza. ¿Él quería hacernos público en Chicago? Oh Dios… sin pensar demasiado, sonreí y volteé a verlo.

— ¿En serio? ¿Quieres que te acompañe? —dije sin poder dejar de sonreír.

Él rio entre dientes —Por supuesto que sí, quiero que todos vean la hermosa novia que tengo, estamos juntos hace ¿Cuánto? ¿cuatro meses? ¿mas? Y aun te mantengo para mí, es hora de mostrarte al mundo—

—Un poco menos oficialmente— besó mis labios y yo me sentía volar ¿quería presentarme al mundo? Oh dios…

—Bueno… eso no importa, nunca importó, siempre fuiste tú de todos modos. Quiero que el que pregunte, sepa que estarás ocupada cada noche conmigo por el resto de los días, así que no me niegues esa cita.

Acaricié sus ojos cerrados con la punta de mis dedos, —¿Cuándo es?

—Dentro de una semana, aquí en este mismo lugar, se instalará una gran carpa y habrá muchos invitados —murmuró acariciando un mechón de cabello suelto y poniéndolo detrás de mi oreja —y tú serás la mujer más hermosa de la gala, Dios… no puedo esperar para ese día —sonreí alzando la cabeza y dejando un beso en sus labios.

—Yo tampoco puedo esperar —susurré acariciando su mentón — ¿puedo pedir ayuda a Alice con un vestido? Quizá ella tenga uno apropiado para mí…

—Shhh… Bella, ve con ella, mira vestidos de gala y elije el que más te guste. Yo arreglo lo demás, Alice y Rose también irán, por lo que pueden ponerse de acuerdo para ir de compras juntas en el transcurso de esta semana.

—Lo haré, gracias por invitarme —murmuré sin poder reprimir la sonrisa que estallaba en mi boca.

—Es un placer, no podía ser de otra manera, solo es contigo con quien quiero estar —susurró— te amo.

—Yo también.

Luego del almuerzo fue nuestro momento de besos y abrazos, mientras escuchábamos el concierto de la filarmónica de Chicago, Edward tarareó en mi oído partes de Four Seasons de Vivaldi. El parque estaba repleto de personas media hora más tarde, casi todos sentados sobre el frondoso césped y otros parados al lado del pabellón.

— ¿Qué harás esta tarde? —dije alzando la cabeza para mirarlo, él suspiró dejando salir el aire entre los dientes.

—Tengo una reunión con la compañía constructora del Spire, luego otra reunión con mi equipo y supongo que luego volveré a casa, quizá hasta muy tarde…

—Tu madre llamó y me invitó a su casa a cenar, quería que fuéramos juntos pero le expliqué lo ocupado que estas, al parecer entiende… así que iré sola —me alcé de hombros.

—Lo lamento mi amor —su gesto cansado se tornó culpable, pero una suave sonrisa se levantó en sus labios —envíale mis saludos ¿Sí? —besó mi mejilla y miró su reloj —creo que es hora de irme —asentí resignada alejando mi espalda de su pecho, él se paró y acomodó el saco de su traje. Se volvió a poner de cuclillas frente a mí y tomó mi rostro entre sus manos fuertes y suaves.

—Te amo —besó mis labios— pronto mi vida, pronto.

Y quise creer, sí, le creí.

*O*

— ¡Bella! —fui recibida en casa de los Cullen por Esme rodeándome con sus brazos —pasa, pasa. Carlisle está cocinando chuletas en la parrilla, ¿cómo te gusta? ¿a medio punto, cocida o suave?

Pasé con ella tomada de mi brazo y atravesamos juntas el salón hasta la cocina, por algún lugar fuera de la casa pude oír las risas de Alice y Rose. Esme me llevó a través de una amplia puerta que daba hacia el patio trasero y sonreí al ver a las chicas, ambas envueltas en grandes toallas blancas, con el cabello mojado y con cervezas en las manos.

— ¡Bella! ¡Llegaste!... bien ya somos cuatro mamá, podemos jugar una partida de vóley —Alice comenzó a empujar a Rose a la piscina, la cual estaba atravesada en la mitad por una red de al menos un metro de alto sobre el agua.

— ¡Me encanta! —dije con entusiasmo.

—De ninguna manera chicas —Esme tomó mi mano y me llevó a la parrilla donde Carlisle asaba vegetales y piezas de carne y pollo. Él me abrazó saludándome con una sonrisa.

— ¿Cómo te gusta la carne Bella? —con una espátula daba vueltas a las chuletas que recién comenzaban a asarse.

—Medio punto está bien —asentí tomando la botella de cerveza que Esme me ofrecía. Era relajante encontrar a la familia Cullen distendida disfrutando de un caluroso día de Junio, era aun más gratificante sentir que me trataban como un miembro más de la familia.

—Tienes que ponerte un traje de baño, Alice tiene varios, estábamos esperándote para jugar un partido de vóley ¿te apuntas? —Esme tenía un pareo puesto alrededor de su cintura que tapaba lo que parecía ser un traje de baño entero en azul. Asentí sonriente, sabía que esta tarde me divertiría mucho. Alice esperó impaciente a que terminara mi botella de cerveza y ponerme al día con Carlisle y Esme, cuando ella salió a la cocina a buscar el tazón de salsa marinera, Alice no perdió tiempo en tomar mi mano y arrastrarme hacia las escaleras hasta llegar a una habitación.

Quise reír… parecía que en esa habitación un chicle hubiese estallado. Rosada hasta el techo.

—Finge que no ves, es mi habitación de la infancia, no puedo creer que aun en la adolescencia el rosado me tuviera cegada… me duelen los ojos con solo entrar aquí. Le insistí a mamá que renovara la habitación e hiciera otra cosa, pero quiere conservarla… para avergonzarme seguramente cuando lleguen los nietos —rio ella buscando en un bolso de mano que había sobre la cama. Sacó de allí dos cajas pequeñas y las abrió revelando dos pequeños trajes de baño.

—El blanco —dije definitivamente antes de que ella pudiera decir algo. Era el único de los dos con el cual estaba segura que mis pechos no se desbordarían. El otro turquesa, parecía una burla, dos triángulos que parecían más bien pezoneras y dos triángulos unidos por tiras para el bikini.

—Ok… si tú lo dices —me entregó el traje de baño y ella me empujó hacia una puerta lateral, su cuarto de baño. Rápidamente me desnudé y me coloqué los trozos de tela. No estaban mal, mis pechos se veían bien, tapados y bien, até el corpiño con las tiras de tela que tenía entre los pechos.

Cuando salí del baño Alice me estaba esperando con un pareo similar al de Esme pero en blanco, —Ponte esto… no queremos que mi padre tenga un buen primer plano de tu culo. Lindo culo por cierto —rio entre dientes.

—Iuug ¡Alice!... —me coloqué el pareo y salí tras ella hacia donde todos los demás estaban disfrutando la tarde noche.

Carlisle cocinaba aun, Esme nos esperaba colocando sobre la mesa de madera rústica, un plato de nachos con salsa de guacamole. Mmmm… se me hacía agua la boca, por lo que me separé de Alice que me llevaba a la orilla de la piscina y me serví un par de nachos con salsa. El cielo…

—Wow, ¿te gusta el guacamole? —Esme rio colocando más nachos.

—Me fascina la comida mexicana —dije masticando. —Sue, la mama de Leydi, siempre me castiga con platos así cuando la visito… anoche hizo tamales con chile.

—Rico… también los sé hacer, pero a Carlisle le cae mal el picante —se alzó de hombros y se fue con las chicas. Terminé de masticar mi nacho y miré con pena los otros que aun estaban en el plato, tomé un trago de cerveza y me fui detrás de ella.

Cuando era una post adolescente llena de energías, mi madre y yo íbamos a un club de Chicago junto a Leydi todos los veranos. Ella tomaba sol y Leydi y yo nos entreteníamos en la piscina jugando al vóley o compitiendo por quién aguantaba más debajo del agua. Cuando crecimos y mamá conoció a Phil, dejamos de ir a ese club de barrio. Pero Leydi y yo continuábamos jugando vóley en el patio de su casa o simplemente en su calle. Extrañaba esos momentos y estaba agradecida que Alice, Rose y Esme fueran las que activaran esos recuerdos hermosos y continuaran con lo que un día había dejado atrás.

— ¡Mía, mía!—gritó Alice dando un salto adelantándose a Esme, le pegó a la pelota con la palma de su mano y ésta pasó hacia nuestro lado chapoteando contra el agua, Rose era más alta que yo, así que no me extrañó que fuera ella quien le pegara para marcar un punto en terreno contrario. Festejamos como si fuera el mundial de vóley. — ¡No se vale! —se quejó Alice— Rose tiene el doble de mi tamaño.

—Cuidado con lo que dices —Rose apuntó con un dedo a su hermana.

—Es el doble de alta que yo… ella debe ir atrás siempre.

—Así no son las reglas —dije tratando de no reír, la verdad era que yo estaba complacida, tenía a la más alta de las tres. Esme era solo unos centímetros más alta que Alice y entre las dos debían pelearse por saltar alto para tomar la pelota, para cuando querían pasarla del otro lado de la red, Rose ya estaba allí para bloquearlas.

—No… mamá ve con Bella —dijo Alice colocando un puño en su cadera. Esme alzó una ceja mirándola.

— ¿Me estás diciendo que prefieres a Rose antes que a tu madre? ¿Tan mala jugadora soy? —Esme parecía ser capaz de llorar, aunque sabía que todo era fingido. Carlisle reía desde su lugar frente a la parrilla.

—Mamá, no… pero, no es justo —parecía niña berrinchuda. Oh cielos… ¿Dónde estaba mi celular en momentos como ese? Tenía que ser inmortalizado en un video.

— ¿Y quién dijo que jugar contra ti es justo enana? —una voz dijo desde la entrada. Cuando volteé mis ojos se abrieron y mi corazón comenzó a latir con fuerza. No era Edward el que miraba divertido desde la entrada al patio trasero, era Emmett y Jasper, pero mis ojos rebuscaron más allá de ellos tratando de vislumbrar una cabeza con cabello cobrizo. No tuve éxito, solo estaban ellos dos.

— ¡Pudieron venir! —gritó Esme dando pequeños aplausos. — ¿Dónde está Edward?

—Está aun en el estudio, en una reunión atrasada… no sé si llegará —dijo Jasper escuetamente mirándome con una disculpa en los ojos, antes de besar los labios de Alice que ya había salido de la piscina.

Ok… la noche definitivamente había pasado de ser divertida a una desilusión total. Me sentía fuera de lugar de repente. Rose y Alice habían abandonado la piscina para ir a ocuparse de sus maridos y Esme fue a buscar más platos a la cocina. Salí sin prisa del agua y tomé una gran toalla de una de las reposeras del lateral. Pasé por delante de Esme que colocaba los platos en la mesa y le pedí la orientación para ir a un baño, no quería tomarme atribuciones que no me correspondían al entrar sola a la casa. Ella me dijo que podía usar el baño de la segunda planta.

Caminando por el corredor de la segunda planta, sonreí parándome a ver a cada paso, fotografías familiares que colgaban de la pared. Eran entrañables y me daban una idea completa de cuan unida era esta familia. Carlisle y Esme en lo que parecía ser su luna de miel en Orlando, Florida. Un bebé en sus brazos sobre una cama de hospital, ambos con sonrisas relucientes en sus rostros, otro bebé de cabello rubio sobre una hermosa cuna de tul blanco, carreras de bicicletas, primeros pasos, graduaciones, tres de ellas.

Cuando volteé a mirar sobre mis pasos para ubicarme donde estaba, recordé esa puerta que ahora estaba frente a mí. La habitación de Edward. Oh cielos… un paraíso para mis sentidos. Miré hacia la escalera que estaba a unos metros de mi y oí las risas del piso inferior, estaban felices, ocupados, distraídos. Tomé el pomo de la puerta y teniendo la esperanza de que pudiera estar abierto, giré y entré.

Respiré profundamente al hacerlo, cerré la puerta detrás de mí y sonreí reconociendo todo desde aquella lejana ya primer visita. Estaba todo tal cual. Oh dios… hasta el edredón sobre el cual habíamos hecho el amor tan descaradamente estaba limpio, prolijo y en su lugar sin una sola arruga.

Di unos pasos hacia la pared repleta de discos y saqué uno sonriendo al ver "Selecciones de los mejores temas de música clásica", lo guardé y di otro paso para descubrir un disco cuyo título me hizo reír más "Útero" de Nirvana.

Vaya variación musical.

Paso a paso fui recorriendo cada rincón de la habitación, prestando atención a los detalles que no había podido apreciar en mi primera visita, un trofeo de natación, unas paletas desgastadas de ping pong, un par de lentes de montura negra sobre el escritorio de madera pulida y brillante, montones de reglas de diseño, escuadras y lápices, más discos… hasta que me detuve frente a la pared llena de imágenes, desde fotografías de edificios increíbles que jugaban con las leyes de la física, famosos por su aerodinamismo, hasta diseños hechos por su propia mano. Eran increíbles y me hacían trasladar a un mundo imposible, un universo donde todo era posible, formas imposibles que en la cabeza de Edward funcionaban, diseños y líneas que competían con los edificios más originales que conocía. Mi imaginación era limitada pero la de él… oh Dios, la de él era interminable. Su cerebro era privilegiado y eso llenaba mi pecho de orgullo.

Alcé mi mano y con mis dedos marqué suavemente el contorno del diseño que tenía delante de mí, las líneas suaves, como la cintura de una mujer. Era un rascacielos, pero estaba como ladeado en su parte central. Parecía como un tubo largo y liso que tenía una curva en la mitad y sufría una desviación. Fruncí el ceño tratando de averiguar cómo era posible que una estructura como esa pudiera llegar a sostenerse si pudiera ser real, solo se me ocurrían pilares de acero que se alzaran desde el suelo y que sostuvieran el lado que se desviaba.

—Es hermoso ¿verdad?

— ¡Oh Dios! —salté volteando en mi lugar, llevando una mano a mi pecho y con la otra dándole una palmada al pecho de él por haberme asustado.

—Casi me matas —dije entre dientes, en parte enojada y en parte aliviada de que haya podido venir —te extrañé —me lancé a sus brazos y ahogó su risa en mi cabello aún mojado. Había olvidado a qué había ido al piso superior.

—Te extrañé también mi amor —dijo él acariciando mi espalda desnuda debajo de la toalla —llamé a mi madre para ver si aún estabas aquí, iba a llevar unas pizzas a tu departamento en caso de que no lo estuvieras, pero… en cuanto me dijo, vine en seguida.

—Que bueno —murmuré levantando la cabeza —pensé que no te iba a ver hoy, como dijiste que ibas a estar ocupado hasta tarde.

—Me liberé bonita, muero de cansancio y moría de ganas de verte —él bajó su cabeza hasta que sus labios tocaron los míos. Cuando el encuentro se produjo, alcé mis brazos y enredé mis dedos en su cabello, sus manos abrazaron con fuerza mi cintura, moviéndose con desesperación, ansiedad, arrebato por mis caderas y mi culo. Gruñó cuando el beso se puso más acelerado, su boca parecía que iba a comerme entera, oh Dios… sí, eso quería, quería ser su alimento, su sustento, su aire… así como él era el mío. —Maldición, te amo Bella… —separó sus labios lo suficiente como para gruñir esas palabras en mi boca abierta y húmeda. Jadeante dejé caer la toalla al suelo y él enseguida desvió la mirada de mi rostro al resto de mi cuerpo.

—Yo también te amo —susurré con un hilo de voz. Era uno de esos momentos en los que temías romper el encanto con alguna estupidez, un tropiezo, la voz chillona, algo que simplemente pudiera romper ese tan íntimo momento. No quería romperlo, si… estábamos en la casa de sus padres, en una barbacoa ofrecida por su padre, estaban esperándonos abajo, pero maldición… no habíamos tenido un momento como este, de tal nivel de identidad, desde hacía días y lo extrañaba.

Él me bebió entera, sus ojos recorrieron mi cuerpo y hasta pudieron hacerme sentir la caricia, sus ojos barrían sobre mi piel, deseosos, anhelantes y ansiosos. Sus manos se empuñaron a cada lado de sus piernas y vi, sintiendo una punzada de placer y poder, cómo su mandíbula se apretaba haciendo sobresalir el hueso de su quijada, las venas de su sien.

El tiempo se fracturó, solo duró un segundo el momento entre que él estaba parado allí mirándome y al siguiente estaba tomándome de la cintura, haciendo chocar mi espalda contra la pared y su boca contra la mía. Hubo un lio de manos, lengua, dientes y gemidos roncos surcando la garganta de cada uno. Edward estaba frenético, como si nunca me hubiese tocado, como si me necesitara. Yo por mi parte, me derretía en sus manos… Dios.

Mis manos buscaron enseguida y sin tardanza, la hebilla de su cinturón, mientras sus manos arrancaban literalmente el bikini de mi cuerpo dejándome desnuda y temblorosa contra él. Podía sentir la humedad chorreante entre mis piernas, su pene duro y pesado clavándose en mi cadera… oh cielos, lo necesitaba. No podía más, si no estaba dentro de mí pronto me moriría.

—Mierda nena, quiero cogerte, tan fuerte… no tienes… una puta idea… voy a terminar en mis pantalones si no estoy dentro de ti en este instante… tan caliente con eso… ¿cómo pudiste? — dijo entre gruñidos y jadeos. Terminé de desabrochar el pantalón y de un tirón lo bajé junto a su bóxer. Su verga dura e hinchada saltó orgullosa entre nosotros, oh Dios… podía estar a punto de eyacular, como él había dicho, la punta estaba de un color más oscuro, tirando a purpura y las venas se distinguían atravesando la longitud, sus testículos se apretaban por debajo y tuve unas ganas urgentes de mamarlos como quería hacerlo con su verga. Abrí mis piernas, metí mis dedos entre mis pliegues y los separé como una flor, ofreciéndome, mostrándole donde lo quería con urgencia. Me sentía húmeda y caliente como el infierno.

—Cógeme —dije con voz entrecortada, apenas me reconocí.

— ¿Dónde me quieres? —susurró él con voz gruesa, su mirada vidriosa y oscura estaba centrada en mi sexo, su lengua lamía sus labios y su mano derecha bombeaba suavemente su dura erección. La punta de mi lengua se asomó entre mis labios, quería esa gota transparente que asomaba por la pequeña ranura de la punta, esa gota salada y caliente que era solo la antesala del verdadero festín.

—Aquí —dije abriendo más las piernas, estaba parada con mis piernas abiertas y mi espalda estaba contra la pared, pero él podía ver jodidamente bien mi vagina rosada y desnuda, mi excitación goteando entre mis dedos era el indicativo de que lo necesitaba imperativamente. Oh Dios… mis pezones se erguían duros y rosados como fruta madura deseando esa boca, la mordida, las paredes de mi bajo vientre se apretaban ante la inminente invasión, lo quería, lo quería, bien dentro de mí, abriéndose paso, hundiéndose, llenándome. —Te necesito aquí Edward… duele, duele tanto… —tomé uno de mis pechos con una mano y lo amasé pellizcando la punta, cielos, el deseo era abrumador, nublaba mis sentidos, me emborrachaba de necesidad, verlo allí lo hacía peor… tan salvaje, primo y con todas las indivisiones lejos de nosotros. Esa era nuestra manera de conectarnos… pura, llana y hambrienta y lo sería siempre. No había otra forma.

—Metete esos dedos nena… mételos y coge tu hermosa conchita con tus dedos.

Oh si…

Hice lo que me pidió, metí dos dedos en mi coño y mis rodillas temblaron amenazando con dejar de sostenerme. Bombeé dentro de mí una cantidad de veces que a la tercera dejé de recordar el número. Él hizo lo mismo con su verga, la rodeó con su mano apretada, su dedo pulgar arrastró la gota caliente que salía de la punta y bombeó, no supe cuantas veces, pero lo hacía rápido, con respiraciones cortas y su mirada fija en mi vagina.

— ¿Eso quieres que te haga Bella? ¿he? Que te folle fuerte y duro como lo haces con tus dedos —jadeó con voz entrecortada. Mis dedos salían y entraban una y otra vez, haciendo ese sonido de bombeo húmedo, oh Dios… iba a correrme fuerte, iba a ensuciar todo.

—Edwaaaaard —gruñí por lo bajo temblorosamente, — ¡Edward!

Él no apartó la vista de mi, pero si su mano de su pene e hizo a un lado la mía mojada. Gemí sin miramientos cuando colocó esa mano mojada sobre su cara y me hizo acariciarlo dejando el rastro de mis jugos en su piel.

—Quiero oler a ti —susurró oscuramente. Entonces abrió mis piernas con el movimiento de las suyas, alineó su erección con mi vagina y de un empujón lo tuve dentro. ¡Siiii! El cielo… el paraíso, el mismo infierno… si me moría allí, lo haría feliz.

Mordí mi labio ahogando mi grito gutural, extendí mis piernas aun más ampliamente… maldición, era bailarina, podía volverlo loco con mi apertura. Él gruñó y tomó cada pierna por debajo del pliegue de la rodilla con cada mano y las empujó contra la pared. ¡Sii! Abierta, bien abierta para él.

—Mira… maldita sea Bella, ¡baja esos ojos y mira! —me sostuve con mis manos en cada uno de sus hombros y miré. Esa era nuestra unión. El epicentro de mi placer… del suyo.

—Oh Dios —gemí entre dientes. Mis ojos no eran capaz de separarse de ese lugar. Justo ese punto, en el que su verga hinchada y gruesa entraba y salía con velocidad demencial de entre mis pliegues. Sus bolas chocaban con mis nalgas y una fina capa de sudor bañaba nuestros cuerpos. Sexo… sexo… olor y sonidos de sexo. El cuarto infantil de Edward no era puro de ninguna maldita manera, lo habíamos corrompido, habíamos roto esa inocencia, pero a Edward eso parecía darle cierto placer, morboso e intenso placer, al igual que a mí.

— ¿Bella? —gimió lastimosamente, alcé la mirada y su rostro era una contracción pura y genuina de placer a punto de estallar, dolor a punto de pasar a ser satisfacción — ¡Bella! —abrió los ojos apretando los dientes. Llevé mis manos alrededor de su rostro, acercando mi boca a la suya y respirando con él el mismo aire. Jadeando uno dentro de la boca del otro.

—Oh Dios… —balbuceé. Apreté mis músculos pélvicos y lo sentí. Su pene literalmente se sacudió dentro de mí, la punta rozó mi punto G y no hubo vuelta atrás. Me vertí entera en su cuerpo, y él se vertió en el mío con calientes chorros que llenaron mi vientre.

No pude gritar… con tal nivel de placer que llegaba a oleadas poderosas sobre mí, era insuficiente gritar. Mi mente alcanzó otro nivel, vi las putas estrellas. Fue algo fuera de este mundo, literalmente dejé de respirar, mis pulmones no seguían ordenes, mi cuerpo, nada… todo estaba sometido al más increíble orgasmo que tuve en mi vida.

Cuando el aire volvió a mis pulmones, lo hizo como esas personas a punto de ahogarse, salvándose en el último segundo. Y con cada respiración las réplicas me sacudieron una y otra vez, como una burla, como un maldito terremoto saqueando mi cuerpo.

Mis ojos se abrieron finalmente, Edward me abrazaba, fundiéndose a mí como un niño encontrando a su madre luego de un tiempo perdido. Su respiración jadeante chocaba contra mi cuello y su respiración vacilaba, fruncí el ceño cuando sentí la humedad en mi hombro.

— ¿Edward?

—Eres mía —susurró con voz rota. Una punzada de pánico me atravesó, separé mi cara de su cuello y traté de mirarlo, pero él no me mostraba sus ojos, en su lugar resopló como si tratara de controlarse y me besó fuerte… pude degustar la sal en sus labios —mía, preciosa y mía. ¿Oíste? Mira como explotamos nena, ¿alguien puede igualarnos? No… nadie, tú me exprimes, yo te dejo temblando… eres mía y yo… soy tuyo.

—Lo eres —dije con voz firme, era una maldita y puta verdad.

—Bien… ahora —respiró agitadamente en mis labios y se separó un poco de mi cuerpo —ponte ese hermoso bikini, no se te ocurra lavar esa conchita, que quede llena de leche ¿sí?

Dios…

—Sí —dije como autómata a punto de desmayarme.

—Y vamos a comer un poco de carne… me niego a pasar un puto segundo más lejos de ti.

Tomó mi mano y comenzamos a vestirnos, él con un short de verano y yo con las partes del bikini que había sobrevivido y mi pareo.

No supe bien qué había sucedido en esos minutos luego de nuestro orgasmo, pero sonreí… algo me decía que Edward pasaría al menos esta noche conmigo y no solo para dormir.

*O*

Entré al café al que Leydi y yo siempre visitábamos antes de que cada una volviera a casa al final del día. Era un hermoso e intimo lugar donde por la noche se leía poesía y podíamos oír cantar artistas novatos que solo deseaban expresarse. Ella estaba leyendo el menú con el ceño fruncido, sabía que algo estaba molestándola, no podía esperar saber qué era. Me acerqué y dejé mi bolso en la silla a mi lado.

— ¿Mal de amores? —murmuré con una sonrisa

Ella no me miró, siguió con sus ojos fijos en el menú, —Calla y siéntate —Rodé los ojos, al parecer se había levantado hoy del lado equivocado de la cama.

Tomé mi menú y escaneé rápidamente sabiendo ya qué iba a pedir, cuando el camarero vino por nuestros pedidos, Leydi aun no había levantado los ojos del papel.

—Una ensalada capresa con un trozo de lomo a medio punto y jugo natural de naranja —sonreí agradeciendo al chico, éste volteó hacia Ley y reí entre dientes cuando sus ojos se fijaron irremediablemente en el escote de mi amiga.

Ella cerró el menú y al fin me miró, forzó una sonrisa y alzó una ceja cuando no dejé de mirarla. Ella tomó un palito de masa crujiente de la pequeña panerita y la mordió indiferente.

— ¿Qué? —dijo defensivamente.

—Nada… —mordí un palito crujiente y sonreí —creo que un patito se te salió de la fila.

—Te lo advierto —dijo apuntándome con un dedo mientras yo reía. Fuera lo que fuera lo que le sucedía me lo contaría eventualmente, había aprendido a darle tiempo, ella sola lo encontraba.

—Así que… ¿Cómo va el club? —solté para comenzar un tema cualquiera.

—Mal, los sábados son claves y nos has faltado, Jake es optimista, pero los clientes esperan verte nena. Además… me aburro, no tengo con quién hablar, ni tomar mis chupitos. Te extrañé —por primera vez en lo que iba desde mi llegada me dio un atisbo de sonrisa.

—Yo también te extrañé, el sábado bailaré… ¿qué pasa con Jasón? No tendrías que aburriste con él ahí.

—Ni lo nombres —dijo sin dejar lugar a discusión —espero que estés ensayando, porque tiene que ser grande nena… estamos haciendo bastante publicidad con los clientes exclusivos del club. Las bailarinas tribales que Jake contrató para remplazarte no movían la cadera ni para disimular, hasta Jake tiene más movimiento de pelvis que ellas…

Nos miramos por un segundo…

— ¡Ewwww!—gemimos las dos imaginando los movimientos de pelvis de Jake.

Diez minutos después nuestras ensaladas vinieron con nuestro medallón de lomo, cielos… se veía riquísimo y no podía dejar de salivar mientras cortaba el primer trozo.

—Mierda, esto es delicioso —dije masticando aprobando sin dudas el menú.

— ¿Y cómo van tus cosas con el arquitecto? —dijo sorbiendo un poco de jugo. No pude evitar sonreír pensando en nuestra noche de ayer, una sonrisa que vaciló con mi despertar de hoy, cuando abrí mis ojos no había ni rastros de él. Si no hubiese sido por el olor a sexo en mi habitación, hubiese creído que haber pasado la noche con él había sido toda una ilusión. —Van serias las cosas ¿he? ¿Qué tan serias?

Pinché un tomate cherry y lo llevé a mi boca haciéndolo explotar deliciosamente, —En Tokio… fue wow… ningún hombre antes me había tratado como él. Aplacando mis dudas, dándome ánimos, enseñándome cosas nuevas, respondiendo por mí, él es todo lo que quiero Ley… y supongo que yo soy lo que él quiere —bajé mi mirada a mi vaso de jugo.

— ¿Qué quieres decir con eso? —murmuró sospechosamente.

Tomé una larga y profunda respiración y exhalé decidida, ella era mi amiga, a ella era a la que le contaba todo y eso zapateaba en mi lengua con ansias de salir a la luz.

—Él… como que insinuó que quiere casarse conmigo —pensé que los ojos de mi amiga se saldrían de sus cuencas —mm… estábamos en un momento romántico y él simplemente dijo que pronto estaría llevando su anillo…

— ¿Estas diciéndome que Edward te dijo eso? —Leydi me miraba con los ojos bien abiertos antes de elevar su tenedor y engullir el trozo de carne del extremo. Me alcé de hombros y asentí masticando mi ensalada. —Mierda Bella... Ese hombre está totalmente loco por ti, no me sorprendería que al final del día se aparezca por aquí con un anillo de diamantes y de rodillas proponiéndote matrimonio.

—No, es muy pronto —dije frunciendo el ceño al masticar la musarrella... —esto parece rancio —lo deje a un lado y pinche un tomate —él tiene muchos proyectos y le llueven cada día mas y mas clientes... Es lo que quiere pero estoy segura que esperaremos un tiempo antes de dar un nuevo paso. Además… estás loca Ley, es muy pronto —murmuré nerviosa recordando lo que Edward me había dicho en el yate en Tokio, mientras teníamos detrás nuestro el Puente Arco iris. Esa promesa explicita… esos deseos a futuro.

Leydi hizo una mueca... —No lo sé Bella, él te ama —murmuró con una sonrisa como si ese fuera motivo suficiente. Rodé los ojos…

— ¿Cómo van tus cosas con Jasón? —mastiqué el tomate cherry y miré por encima de su hombro a las personas que almorzaban en el restaurant. Si Edward no hubiese insistido que saliera con mis amigas y disfrutara los pocos días que quedaban de mis vacaciones del restaurante, hubiese ido a su estudio a almorzar con él, pero sabía que estaba lleno de trabajo. ¿Me preguntaba qué era aquello que lo había tenido ocupado todos estos días?

Mi amiga se alzó de hombros y apuñaló un par de trozos de musarrella con el tenedor, —Quiere hacer lo nuestro más formal, el sábado por la noche ¡me pidió ser su novia! —dijo escandalizada, fruncí el ceño.

— ¿Qué hay de malo en eso? Es una cosa buena que te tome en serio. Esa musarrella creo que está rancia —señalé lo que se estaba llevando a la boca. Ella mordió y frunció el ceño.

—Está buena. Es decir… no quiero ser su novia, recién estamos comenzando a conocernos y él quiere ya algo serio, sabes que no me gusta sentirme atada — dijo sacudiendo su melena hacia atrás.

—Tal vez no has descubierto que lo amas, cuando te des cuenta de que lo haces no querrás estar separada de él —dije con una media sonrisa. Ella sonrió alzando las cejas y señalándome con el tenedor.

—Por eso digo que ustedes no aguantaran ni tres meses de novios, les doy eso… tres meses y se casan, estoy segura. Ya ves lo que hablan las revistas, eres exquisita Isabella Swan —hizo un movimiento de cejas a lo cual no pude evitar responder con una sonrisa.

—Así parece —volví mi atención a mi ensalada al mismo tiempo que oí un par de risas cerca de mí, al mirar hacia el lugar de donde provenían, mi mano se congelo con el tenedor camino a mi boca y mi respiración se detuvo… allí, en el vestíbulo del restaurante mirando por entre las mesas, estaba Heidi Vulturi.

¿Qué hacía ella aquí?

Una parte de mi mente me dijo la respuesta más lógica, era un restaurante, ella estaba allí para almorzar. Pero ¿por qué justamente teníamos que coincidir en el mismo lugar? Era uno de esos restaurantes que gente como ella no acostumbraba a visitar, uno pequeño, uno alejado del Loop. Dios… la puerta del restaurante volvió a abrirse y sentí el impulso de esconderme detrás de Leydi que seguía hablando comiendo su ensalada, me hundí un poco en el asiento y miré más allá del hombro de Leydi. Enseguida reconocí ese sobrero pull and bear negro, esa chaqueta juvenil azul y su aire desenfadado ¿Por qué Gio estaba allí con ella? ¿Y por qué se la llevaba al fondo del restaurante con una mano en su baja espalda?

—Hum… —volví a mirar a mi amiga que volteaba la cabeza detrás de ella hacia donde yo había estado mirando. Me enderecé en mi lugar y tomé un sorbo de jugo —parece como si hubieses visto un fantasma —ella volteó nuevamente hacia mí.

La miré con una ceja alzada y reí negando con la cabeza — ¿Un fantasma? —sacudí mi mano quitándole importancia —oye… ¿y por qué no quieres que Jasón sea tu novio?

Ella me miró por un segundo desconfiando de mi desvío de conversación y suspiró rendida.

—Soy una mujer independiente y liberal, no quiero un novio que me ande vigilando cada anoche con ojo de águila, no… sabes que no —dijo ella rotundamente.

—Pero ¿qué sientes por él?

—Nada —dijo cortante, abrí los ojos y reí.

— ¡Mala!... pobre Jasón, debe estar a tus pies y tu indiferente, si te gustaba tanto que no podían dejarse de mirar.

Ella alzó un hombro, —Bueno, me gusta y mucho, pero no quiero sentirme atada, no por ahora.

Lo dejé así, no faltaría mucho para oír a mi amiga decir que estaba perdidamente enamorada de Jasón.

Miré sobre el hombro de Ley nuevamente pero no había ninguna rubia ni ningún sobrero por los alrededores. ¿Qué estarían haciendo juntos allí? No era un lugar donde frecuente la gente como ella, es decir… gente subida de humos, ni tampoco era un lugar cerca de donde ellos se movían. Imaginaba que Gio debía estar en el estudio en este momento… se suponía que estaban muy ocupados. Pero estábamos en los suburbios, en un humilde y acogedor café cerca de la casa de Leydi.

—Tengo que ir al baño —murmuré antes de que pudiera pensar lo que diría. Leydi, jugaba con las teclas de su celular por lo que solo me ahuyentó con una mano.

Caminé atravesando el salón hasta llegar a un arco que dividía a la parte donde solo había pocas mesas y era más intimo. Nada lujoso, pero estándar. Una cortina de tela sedosa separaba esa parte del restaurant con la otra por donde Heidi y Gio habían desaparecido. En un corredor adjunto pude notar que estaban cerca los baños, por lo que me hice la distraída y saqué mi celular, disimulando con él para que ningún camarero me viera fisgoneando.

Miré sobre mi hombro y Leydi parecía estar hablando por teléfono muy aireadamente con alguien, rodé los ojos, seguramente el pobre Jasón estaba pagando por sus patitos salidos de la fila.

Mierda… tenía que hacerlo. Di un paso adelante y abrí la cortina.

Oh mierda…

Ambos estaban sentados en una mesa, juntos, uno al lado del otro. Aun al parecer sin ordenar. Ella tenía sus manos debajo de la mesa y él una mano en la mejilla de ella y la otra perdida debajo de la mesa también. Él estaba disfrutando el beso arrebatador en el que estaban sumergidos, pero algo en la cara de ella me decía que muy bien no la estaba pasando.

Frígida

Pensé súbitamente rodando mis ojos ante mis pensamientos. Ella besaba con los labios fruncidos y con el ceño arrugado… ¿quién en el mundo besa con el ceño arrugado? Como si hiciera un esfuerzo…

Alcé mi celular y con un clic tenía la foto archivada en mi aparatito. Bien… ambos podían hacer lo que quisieran, igual ella se habría olvidado de Edward dejándonos en paz finalmente y él terminaría su coqueteo conmigo. Podían ser felices muy bien juntos. Quizá eran iguales el uno para el otro.

Sonreí guardando mi celular y caminé de nuevo a la mesa, aun con ganas de probar ese pastel de limón que había visto en la mesa de postres hacía un rato. Maldita boca salivante…


Bien hecho Bella!... Ahora... ¿por qué estaban allí juntos estos dos? ¿por que la actitud fría de Heidi? Vamos a ver por qué en la próxima...

Gracias a todas las lectoras y a las nuevas que van llegando, gracias. Las amo por siempre estar ahi, a todas las nenas que envian sus reviews y a las locas del grupo en facebook, las amo. Pero sobre todo quiero darle un enrome GRACIAS a mi beta; Ginette Bri Drb. Gracias preciosa, eres grande!

Ahora niñas... se que anduve fallando con la publicación puntual que había con el fic. bueno, saben que estamos en diciembre y por lo menos a mi, que soy mamá, me toca lidiar con fechas de termino escolar, actos, egreso, evaluaciones finales, etc... asi que para las que lo sabían y comprendieron, muchas gracias, para quienes no lo sabían y estaban exigiendo capi como si esto para mi fuera primordial y una obligación, por favor, traten de comprender también que yo no solamente escribo, hago miles de cosas mas.

Bueno, con esto dicho, tengo que hacerles un anuncio. No estaré para las dos semanas que son las fiestas navideñas, viajaré y me dedicaré solamente a mi familia, por lo que la ultima actualización de este año será si dios quiere, el 21, porque si, trataré de adelantarles capi. Cuando vuelva el año que viene... (suena raro eso) publicaré dentro de la primera semana de Enero y seguramente allí, tendré nuevas noticias. ESPERO QUE COMPRENDAN que comienzan las vacaciones aqui en Argentina.

Ahora lo ultimo antes de dejarlas libres para que pongan su review, jajaja... "Exótica" fue nominada junto con muchos fics, a los "20 mejores fics del 2012" en el grupo FFAdiction en Facebook. Para quienes les gusta Exótica y sean miembros de ese grupo, les agradeceré el voto, sería una muy linda retribución. Muchas gracias.

Lu