TITULO: El Fin Absoluto del Mundo.
AUTORA: clumsykitty.
GENERO: Pos yaoi, que otra.
PAREJAS: Puf, muchas.
SERIE: Yu-Gi-Oh.
DISCLAIMERS: Que cosas no, los personajes de YGO no son míos.
WARNINGS: Que conste, difícil el asunto, si no gusta no lean, pues. Que raro que estén leyendo esto si ya saben que encontrarán por aquí.
SUMMARY: Cuando la esperanza muere al último y el amor se marchita, el fin de todo se avecina. ¿Quién puede detener la catástrofe?
NOTA CLUMSY: Para la pequeña Goth que hace de las suyas también. Para Arashi que me ha dejado conocer una triste historia de amor verdadero.
Gracias muchas a quienes me leen y otras tantas a quienes me dejan un review por ahí. Gachias.
I pray, looking into the sky
I can feel this rain
right now it's falling on me
fly, I just want to fly
life is all mine
some days I cry alone,
but I know I'm not the only one
I'm here, another day is gone
I don't want to die...?
Please be there when I'll arrive, don't cry... please…
And now the beat inside of me
is a sort of a cold breeze and I've
never any feeling inside
around me...
bring my body
carry it into another world
I know I live... but like a stone I'm falling down
And now the beat inside of me
is a sort of a cold breeze and I've
never any feeling inside
around me...
bring my body
carry it into another world
I know I live... but like a stone I'm falling
… (Falling again, Lacuna Coil).
CAPITULO XXVII. MUERTE.
-Ahora si nos matará.
-¡Pero no fue nuestra culpa!
-¡Ah! ¡Claro que si lo fue! Nos había dicho que ya no molestáramos más a los mentecatos ésos, pero no, ahí vamos a dar lata y mira que lo provocamos.
-Pero todo estaría bien si esos dos entrometidos no hubieran inmiscuido sus narizotas en mis asuntos.
-Tú de estúpido que anduviste presumiendo el Ojos Rojos. Te lo dije.
-Bueno, ya, vayamos con padre.
Kaho y Khura se tomaron de la mano para ir al trono donde Irkalla estaba en temible silencio. Miskra les miró llegar y con una sola mirada les hizo saber lo que pasaba por su mente. Ambos chicos bajaron la cabeza, culpables, y se arrodillaron frente a las altas escaleras.
-Lo sentimos.
El silencio fue su única respuesta por breves momentos, pero luego una carcajada brotó del pecho de Irkalla, llenando toda la sala.
-Ah, mis pequeños hijos. ¿Por qué esas caras?
-Es que… -Kaho parpadeó confundida- Ellos… el Ouroboros.
Irkalla se puso de pie y bajó lentamente las escaleras, poniendo sus manos detrás de su espalda y mirando a los jóvenes que de nuevo hicieron una reverencia a modo de disculpa.
-Dulces amores, no hay de que preocuparse. Todo está bien. Claro, claro, pasó lo que pasó, pero no es nada de que alarmarse. Después de todo, a estas alturas, ya no hay nada que ni los mismos dioses puedan hacer para detenerme.
-Pero, padre…
-No tengan malinterpretaciones, pequeños míos –Irkalla acarició sus cabezas-Todo lo que han hecho ha agradado enormemente a su padre. Y ahora, por fin, puedo dejarlos en completa libertad.
Tanto Kaho como Khura levantaron sus iluminados rostros, sonriendo.
-¿En verdad? –casi gritaron de emoción.
-Así es –el dios oscuro sonrió malicioso- Por favor, siéntanse en libertad de hacer lo que tanto han anhelado todo estos eones.
La primera en moverse fue Kaho, que riendo maliciosa, mutó su cuerpo que se despojó de la piel falsa y ropas que le cubrían para dar paso a una armadura de picos y escamas carmesí que envolvieron su cuerpo al tiempo que dos báculos medianos aparecían de la nada con sus respectivas esferas de luz negra y blanca resplandeciendo.
-¡Que se mueran todos! –exclamó, desapareciendo en el acto.
Khura sonrió y también se transformó. Sus ropajes largos y elegantes se destruyeron al momento en que su cuerpo humano cedió ante la forma de dragón que surgió. Un largo y fuerte cuerpo escamoso lleno de púas y cuernos duros igual que sus garras afiladas. Siseando como una risa victoriosa, irguió su enorme cabeza que echó un suave fuego negro por sus fauces y le rodeó. Cuando esa neblina desapareció, ya no estaba.
Irkalla posó sus manos detrás de su espalda para ir con Miskra.
-Ya sé que los consiento, pero no lo puedo evitar.
-Son tus órdenes, milord.
-Dime, Miskra. ¿Cómo estuvo la entrevista?
-Tal cual tú la habías previsto, mi señor.
-Jejejeje, me parece, mi querido general, que es hora que vean por qué tienes ese título. Que mi ejército se levante.
-Enseguida, milord.
Haciendo una reverencia, el general salió de la sala del trono para caminar un buen trecho por unos largos e interminables pasillos antes de cruzar por largos portones y finalmente terminar frente a un pesado arco de piedra negra. Miskra tomó su yelmo y se lo colocó en su cabeza. Su mano derecha tocó el arco y pasó por él.
Ozha miraba a la durmiente Shashenka encima de su cabecera, bastante pensativo. Sus ojos verdes recorrían su cuerpo como si estuviera leyendo algo en él y que le hacía suspirar de cuando en cuando. Su mano arrugada y rocosa cepilló apenas sus rubios mechones con ternura.
-Koshka…
Un pequeño temblor se sintió, muy frágil apenas como para despertar a la rusa pero que alertó a la gárgola quien levantó su rostro, extrañado. El temblor se sintió de nuevo, igualmente frágil pero reconocible. Ozha bajó de la cabecera para escalar una pared frente a él, poniendo más atención al movimiento que volvió a repetirse, pero esta vez, más fuerte. Sin moverse, la gárgola de piedra esperó de nuevo otra repetición que se hizo presente.
-¡AAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHH!
Shashenka despertó, encontrando frente a ella a una gárgola viviente colgada de la pared. Ozha bajó alarmado buscando tranquilizarla pero la rubia echó a correr fuera de la habitación.
-¡ENKA!
El temblor volvió a aparecer y todos salían de donde estaban confundidos y atemorizados. Solomon llamó al Faraón. Meiran fue la única que no prestó atención al suceso al ver huir a Shashenka de la gárgola que le seguía, uniéndose a la persecución.
-¿Qué está pasando? –preguntó Tea.
-No lo sé –respondió Odión- suena como… como…
-Como un ejército marchando –habló con seriedad Seth.
Nadie pudo hacer algún cuestionamiento. El temblor llegó aún más fuerte pero también un disparo de Meiran se escuchó dentro del atrio, terminando de asustar a todos.
-¡Déjala! –se le escuchó gritar a la joven detective.
Honkie saltó alrededor de todos realmente en pánico. Atemu apareció con el Ojo de Ra brillando en su frente y una espada dorada en su mano.
-Deben huir.
-Pero, ¿qué pasa?
El templo/Tienda de Juegos se cimbró. Shashenka apareció de nuevo, gritando histérica y empujando a todos los que estaban en su camino, saliendo fuera.
-¡Shashenka! –le llamó Meiran y salió tras ella.
-¿A dónde van? ¡Esperen! –Solomon les llamó- ¡No podemos dejarlas ir!
-¡Yo iré por ellas! –dijo Makyo, girándose a Seth- Amo, por favor…
El ojiazul asintió y el anciano echó a andar. Solomon miró a Yugi.
-Quédate con Joey. Iré a ayudar a Makyo.
-¡Pero no debemos separarnos!
-Vayan antes de que sea demasiado tarde –les advirtió Atemu aún serio.
Solomon y Makyo salieron tras las jóvenes que ya se perdían de vista por los parajes. Makyo miró alrededor con extrañeza.
-Están muriendo.
-¿Qué? ¿Quiénes?
-Las plantas y árboles –señaló el paisaje- Algo las está secando.
-No me gusta lo que está ocurriendo.
-Iremos en Mary Sue, las señoritas van demasiado lejos ya.
Dentro, Joey miraba con cierto enfado a Ozha.
-¡Explícate!
-Yo no estaba haciendo nada, solo cuidaba de Shashenka pero estos temblores la despertaron y se asustó al verme.
-Hm…
-Deja tus quejas para después, Joey –Atemu sacó su monte de cartas- Váyanse lo más lejos posible.
-¿Faraón?
-Y por todos los dioses. Huyan de Kaho y Khura.
Un nuevo sismo abrió un hoyo en el techo del templo. El Faraón lanzó al aire sus cartas que de inmediato se transformaron en los monstruos que llevaban inscritos.
-Suban y váyanse de aquí.
-Pero… Yami…
-Cuídate, aibou.
Atemu se plantó frente a Seth.
-Vete.
-No lo haré.
-Te quieren y lo sabes. Vete con Joey.
-Prefiero…
-Lo estamos, recuérdalo. Vete… por favor.
-¿Y tú?
-Voy a pelear junto con los dioses que quedan.
-No te atrevas a perder.
El Faraón sonrió a medias mientras Seth se daba media vuelta para tomar uno de los monstruos que iban cargando a cada uno del resto del grupo. Atemu ya no les miró, desapareciendo de ahí. Como obedeciendo órdenes mentales, todas las cartas salieron volando del templo junto con Yugi y los demás. El Mago Oscuro y la Maga Oscura se detuvieron frente al pequeño tricolor.
-Iremos con nuestro señor –susurraron ambos antes de tomar una dirección opuesta a ellos.
-Esto no me está gustando pero nada.
-Tea, vámonos –dijo Ozha- Vámonos ya.
El grupo se fue, alejándose cada vez más rápido de lo que quedó del templo que sucumbió ante el último estremecimiento de la tierra. Volando por entre blancas nubes, se perdieron en el horizonte. Atemu les observó desde la punta de una colina, al lado del ejército de Anubis. Altos y feroces chacales negros con armas sagradas. El temblor fue mayor y todos se giraron.
A lo lejos, en un valle profundo, lo que era el verde pasto se carcomía a velocidad impactante ante las pisadas de altos y fornidos guerreros de máscaras negras y deformes como monstruos salidos de las peores pesadillas. La mancha oscura que formaba ese ejército invadía el paisaje. Eran miles.
-Mi señor, te hemos desobedecido por estar a tu lado.
Atemu miró por sobre su hombro y sonrió.
-Mahado… Mana…
No hubo más conversación. Un estallido de fuego negro les atacó, iniciando una batalla entre las dos huestes que destruyó todo a su alrededor, dejando solo una larga densa humareda. Aquél cielo cósmico se quedó sin luceros, ni estrellas, ni galaxias. Un vacío negro y terrorífico era lo único que se avistaba.
-Tengo frío –titiritó Yugi.
-Ven conmigo –Joey se acercó a él, abrazándole.
Estaban descansando en medio de lo que parecía ser un viejo y seco bosque. El cielo volvía a ser nublado y lleno de relámpagos como le vieran antes. Pero sobre todo, un frío que llegaba con un viento mudo comenzaba a sentirse.
-¿Habremos salido del cielo de los dioses? –preguntó Tristán, mirando alrededor.
-Pareciera –musitó Marik.
-Tenemos que seguir –intervino Ishizu, envolviéndose en su manto- Aún no estamos a salvo.
-Llevamos demasiado tiempo viajando, y quien sabe donde estemos –replico Ryou- Descansemos un poco, me muero de frío.
-Hagamos un fuego.
-Te ayudo, Odión.
Tristán y Odión cortaron algunas ramas y troncos secos de alrededor, reuniéndolos para hacer un fuego que calentase sus cuerpos. Mokuba se talló sus manos y Seth le abrazó, besando sus cabellos.
-Nisama, hace mucho frío.
-Ya pasará.
-Parece que Seth no siente el clima –observó Yugi a Joey.
-Porque es un dragón –les respondió Ozha tras ellos con Honkie en brazos hecho ovillo- Está muy por encima de las penurias mortales.
-Sí, claro –gruñó Joey.
Odión terminó de poner el último tronco seco y miró a Tristán.
-Si fuera posible, le pediríamos al dios del clima algo de ayuda.
-Ja, ¿y eso como sería posible? –rió Tristán.
Odión le miró, como pareciendo pensar. De pronto, su cuerpo se contorneó de forma graciosa y comenzó a danzar alrededor de la aún no hecha fogata. Todos le miraron primero confundidos y luego empezaron a reír.
-Deja de hacer esas locuras –le dijo Ishizu.
El raro baile siguió por otros minutos, haciendo olvidar a los demás por un breve momento el frío que estaba haciéndoles temblar.
-Nisama, ¿no te da risa?
Seth soltó a Mokuba con el ceño fruncido. Sus dedos se afilaron a garras, gruñendo de forma extraña. Ozha le alcanzó a escuchar y con sus alas abrazó a Joey y Yugi.
-¡Hey! ¿Qué haces?
Ryou jaló a Tea y Serenity justo a tiempo. Seth lanzó un ataque de fuego luminoso al aire, pasando muy cerca de las cabezas de todos. Marik fue el único que se atrevió a mirar hacia donde iba el ataque del ojiazul. Sus ojos se abrieron como platos.
-¡CUIDADO, ARRIBA!
En el cielo nublado estaba flotando Kaho, contemplándoles con una mirada asesina. Su mano izquierda que sostenía el báculo de la oscuridad les señaló. Odión comenzó a temblar como si fuertes espasmos le atacaran. Ishizu gritó aterrada y Marik trató de hacer algún conjuro que contrarrestara el efecto pero apenas sacaba algún papel mágico éste se incineraba.
-¡Por los dioses!
La Maga Roja se dejó ir de lleno contra Odión. Joey trató de levantarse pero Ozha se lo impidió.
-¡Nada lograrás! ¡Tenemos que huir!
Monstruos de las cartas se interpusieron frente a Kaho que los cortó como si de papel se trataran con sus báculos. Seth hizo montar a Mokuba en otro de los monstruos y partieron entre llantos aterrados del pelinegro que no daba crédito a la figura maléfica de la pelirroja que llegó frente a Odión solo para atravesar su pecho con su mano y extraer su corazón al que dio un mordisco.
-¡Vámonos! –gritó Ozha.
Kaho alcanzó a Ishizu.
-No tan rápido.
-¡Deja a mi hermana!
Marik no dudó en golpear a la pelirroja. Kaho se echó a reír, sujetando el puño del egipcio y quebrándolo con un crujido cual copa de cristal fino. Ishizu, horrorizada, trató de defender a su hermano menor solo consiguiendo que la Maga Roja le hiciese lo mismo que a Odión. Mientras Marik caía al suelo de dolor, Kaho bebía la sangre caliente del corazón de Ishizu.
-Sirvientes del Faraón. Jejejeje. Mueran entonces en su nombre.
-¡Ishizu!
Kaho puso un pie en el cuello de Marik, aplastándolo. Su ya sangrienta mano obtuvo su tercer premio. Los ojos carmesí de la chica brillaron de placer.
-Faraón, perderás hasta el último de tus seres queridos. Sabrás lo que es la soledad del desprecio, la frialdad del abandono, la crueldad de la venganza. Sufrirás todo lo que sufrió madre y aún más.
Miró a los Ishtar en el suelo, con el pecho abierto en dos, desangrándose.
-¡Jajajajajajaja!
Kaho giró su rostro al cielo. Los demás ya estaban lejos de su alcance. Aparentemente.
-Es el fin, mortales.
Si hacía un frío insoportable, el grupo ya no lo sentía. Todos tenían los pelos de punta, aferrados a los monstruos que volaban lo más rápido posible de la Maga Roja. De vez en cuando eran escuchados algún sollozo de Serenity o de Tea pero nadie hacía comentario alguno. Aún sin poder creer lo que había ocurrido con los Ishtar.
/ Joey… /
El rubio se giró confundido a todos lados. Una voz hablaba en su cabeza. Pronto dio con la fuente. Un par de ojos le miraron determinantes. Joey pasó saliva.
/ Ven conmigo… /
/ ¿Qué? /
/ Sígueme /
/ ¿Por qué te escucho…? /
Con un resoplido, el castaño miró a su hermano menor.
-Moki, sujétate de mí.
-Nisama… snif… ¿qué…?
-Hazlo.
Mokuba se abrazó por la cintura a Seth que se dejó caer de la bestia que les transportaba. Joey les alcanzó a ver y llamó a los demás.
-¡Esperen!
Los hermanos Kaiba cayeron a una especie de lago de aguas doradas ante la mirada atónita del resto.
-¡Esto no puede estar sucediendo! –gritó Tea- ¿Qué les está pasando a todos?
-¡ESTÁN MURIENDO MUJER TONTA!
Brotando de la nada, Khura abrió sus fauces para devorarla junto con Serenity y el monstruo que les llevaba.
-¡NOOOOOOOOOOOOO!
Joey trató una vez más de hacer algo pero Ozha apareció para impedirlo. Tristán tomó el lugar del rubio, empujando a las chicas justo a tiempo, salvándolas. No así él.
-¡TRISTÁN!
Khura rió al momento en que sus gruesos y largos colmillos se encajaron en el cuerpo de Tristán, rompiendo de un solo golpe todos sus huesos y llenando de sangre su hocico. Serenity desmayó y por poco cae al agua sino es por Tea que le sujetó a tiempo.
-Joey, por amor a lo que queda de tus amigos. ¡Haz lo que Seth! –le jaloneó Ozha, dejándose caer con Honkie en el agua.
-¡HOOOOOOOOOOOOOOOOOONK!
-Joey… -gimoteó Yugi aterrorizado- … no quiero morir…
Ryou tomó la decisión por ellos, jalándolos en su caída hacia el lago dorado. Los tres alcanzaron a ver antes de perder de vista todo, la última escena espantosa. Tea y Serenity les seguían, pero Khura ya estaba demasiado cerca de ellas. Joey abrió de par en par sus ojos al ver como su hermana y amiga eran vilmente masticadas por el malvado dragón, salpicando el agua dorada de tintes rojizos.
Luego, todo se oscureció.
-¡SHAAAAAASHEEEEEEEEEEEENKAAAAAAAAAAAAAAAA!
Meiran corría a toda velocidad, pero parecía como si Shashenka fuera aún más rápida que ella. Una punzada en su vientre casi le hace tropezarse pero la castaña no se detuvo en su carrera.
-¡Vete al infierno! –masculló para sí.
La rusa se alejaba a una velocidad que no le conocía. Meiran apretó sus dientes, sacando fuerzas de flaquezas para correr todavía más. Por fin, la suerte le ayudó cuando Shashenka se tropezó violentamente y cayó al suelo.
-¡Shashenka!
La otra parecía poseía por la locura total. Así en el suelo donde había quedado, comenzó a jalarse sus largos y ya desaliñados cabellos, golpeándose a sí misma mientras balbuceaba palabras en ruso sin sentido alguno. Meiran llegó a ella para abrazarla e impedir que siguiera lastimándose.
-Shhh…
-¡NOOOOOOOOOOO!
-Shh…
Shashenka le pateó con fuerza en el vientre. Meiran jadeó y por poco la suelta pero renovó su agarre, esta vez meciéndola.
-Shh…
-¡NO ME TOQUES! ¡TE ODIO! ¡TE ODIOOOOOOO!
-Shh…
La detective sollozó un poco y sujetó a la rusa por el cuello para inmovilizarla por completo.
-Te amo… por favor… por favor… regresa a mí… te amo… te amo… te amo…
Aparentemente Shashenka se calmó y fue hasta entonces que Meiran pudo percatarse donde estaban. Sintió un fuerte escalofrío ante la realización.
Habían entrado a una cueva llena de voraces demonios que masticaban apurados seres humanos aún con vida, escupiendo sus huesos a lo lejos. Shashenka había tropezado con un cráneo. La castaña pasó saliva, palideciendo. Haciendo acopio de fuerzas, arrastró a la rusa lo más lejos que pudo sin soltarle tal como le tenía, rezando a todo lo que conocía para que los demonios no notaran su presencia en medio del sangriento festín que se estaban dando.
Sin embargo, otra nueva punzada en su vientre le hizo aflojar el agarre en Shashenka y esta tuvo el aire suficiente para gritar.
-¡TEEEEEEE ODIOOOOOOOO!
Los demonios se giraron a donde ellas. No tenían rostros humanos sino más bien un afilado hocico lleno de ojos sin párpados, ojos de ancha y oscura pupila que se fijaron en el par. Dejando a sus desamparados y mutilados humanos a un lado, gatearon a ellas. Meiran sacó su arma.
Pero ninguna bala fue disparada, los demonios más que rodearlas para comérselas en el acto, bien parecían curiosos de algo mucho más importante. Shashenka que lloraba histérica se deshizo del abrazo de Meiran para arrastrase lejos de ella.
-¡MONSTRUO! ¡MONSTRUO!
Meiran le miró atemorizada. Un par de lágrimas cayeron de sus ojos.
-Enka…
-¡TE ODIOOO!
Un claxon hizo que los demonios huyeran despavoridos. Luces iluminaron a las dos jóvenes.
-¡MEIRAN! ¡SHASHENKA! –llamó Solomon con escopeta en mano- ¡VENGAN!
Mary Sue aplastó a un par de demonios, quedando lo suficientemente cerca de ellas. Solomon bajó aprisa y tomó del brazo a la rusa para alzarla en vilo a la camioneta.
-¡MEIRAN!
La joven detective salió de su terror para correr a Mary Sue cuando ésta dio una vuelta furiosa antes de correr a toda velocidad lejos de ahí. Subiendo en la parte trasera, Meiran cayó de rodillas para mirar a donde los demonios. Éstos no le perseguían, masticando a sus infortunados hermanos que fueron arrollados por la camioneta, miraban a la castaña con lo que, si acaso podría decirse de ese hocico babeante y atiborrado de colmillos retorcidos, una sonrisa de complicidad.
-¡Meiran! ¡Meiran! ¿Estás bien?
-¿Eh?
-¿Te hirieron?
La castaña negó, recostándose contra la ventanilla por donde Solomon le miraba preocupado.
-… gracias…
-Aún no des las gracias, no sé como pudieron llegar… a esto… pero vamos a salir.
Meiran ya no le respondió, miró por el rabillo del ojo a una exhausta Shashenka que no paraba de temblar en los brazos de Solomon. Sus ojos vacilaron un poco antes de dejar escapar otro par de lágrimas más. La mano que sostenía su pistola se movió como autómata a su vientre, apuntando directo. La detective apretó sus ojos al jalar del gatillo.
Solomon que revisaba a Shashenka se volvió a la parte trasera de la camioneta al escuchar una risa algo desquiciada de Meiran. Tocando su hombro, llamó su atención.
-¿Hija, que sucede?
-No tenía balas.
-¿Qué?
-Cuando salí corriendo tras Shashenka, olvidé cargar el arma.
Makyo miró por el espejo retrovisor a la castaña sin decir nada. Meiran se limpió sus lágrimas con el dorso de su mano, riendo otro poco más.
-No entiendo…
-La vida me odia…
-Meiran…
-¿Ella está bien?
-Creo que de nuevo cayó en estado catatónico.
-Es mejor…
Mary Sue al fin alcanzó un terreno firme, saliendo de ese valle irregular lleno de cuevas altísimas. Solomon jadeó asombrado. Cuando habían entrado por las chicas aún había verdes prados y un cielo hermoso. Ahora estaba un paisaje desolado e infernal.
-Kami sama, ayúdanos.
Meiran tenía su mirada perdida, con lágrimas congeladas en sus ojos. Sus manos se posaron en su vientre. Una suave punzada, casi como una patadita, le hizo sonreír de manera desconsolada.
-Shh… ya, ya… mamá te cuida…
-Ya falta poco… muy poco… el nuevo reino se avecina y con él mi trono eterno. Te he vencido, nunca más he de doblegarme ante ti. Mira como tus preciosos hijos son destruidos por su propia suerte. Míralos como se resignan a su muerte. Contempla como sus pecados por fin los alcanzan. Has perdido. Has perdido. Acepta tu derrota –Irkalla sonrió malicioso-… padre.
Continuará…
