Capítulo XXVIII: El Infierno nos rodea
Shenandoah, Iowa...
Tras cuatro horas de viaje el ronroneo del motor de un Chevrolet Impala irrumpía en la tranquila población de Shenandoah. Tomando lo que parecía la avenida principal de aquella pequeña ciudad, Dean estacionó el coche frente a un bar de toldos verdes.
-¿Estás seguro que es aquí? -preguntó Sam aún sentado en el interior del vehículo inspeccionando el lugar.
-Sí. -asintió Dean. -Este es el bar con el que soñé. -dijo señalando el local que se encontraba frente a ellos.
Los hermanos salieron del vehículo y sintieron como la humedad golpeaba sus pulmones, armados con la Primera Espada y con paso firme caminaron hacia la acera hasta posicionarse justo en frente de la entrada de aquel bar. Sam intentó atisbar el interior del bar sin éxito, pues tupidas cortinas impedían observar el interior. Lo único capaz de divisar eran las sombras, de lo que parecían mesas y sillas, que se proyectaban sobre la tela.
-Parece que está cerrado. -habló el más alto mientras Dean trataba de abrir la puerta.
-¡Oh, gracias! Capitán de lo obvio... -bufó sarcásticamente el mayor de los Winchester. Sam ignoró el comentario y sacó unas ganzúas de su pantalón dispuesto a forzar la cerradura pero Dean se adelantó y propinó una patada a la puerta abriéndola de par en par. -Lo haremos a mi manera. -dijo sonriendo de medio lado antes de adentrarse en el interior de aquel bar.
El ambiente resultaba pesado y el polvo se acumulaba por todas partes del mobiliario, la barra de aquel bar hacía demasiado tiempo que no servía cervezas bien frías, sin duda alguna aquel lugar llevaba mucho tiempo cerrado al público.
-Lo recordaba más acogedor. -susurró Dean al mismo tiempo que hacía una seña para indicar que todo estaba despejado por su lado. -Miremos tras la barra, puede que esté en la trastienda...
Ambos cazadores dirigieron sus pasos cautelosamente hacia lo que parecía el almacén de aquel bar pero antes siquiera de avanzar unos metros Caín apareció justo enfrente de ellos haciendo que Sam reaccionará empuñado su arma.
-Tranquilo Sam. -habló pausadamente el primer asesino de la historia. -Soy Caín. Es un placer conocerte al fin. -el menor de los Winchester miró a su hermano esperando una confirmación antes de bajar su arma.
-No puedo decir lo mismo. -dijo Sam dejándole de apuntar.
-Estaba empezando a preocuparme, has tardado bastante en venir a mi encuentro. -habló Caín esta vez dirigiendo su mirada a Dean.
-He tenido otras prioridades. -respondió el aludido.
-Sí... Estoy al tanto del revuelo que ha ocasionado vuestra amiga entre Cielo e Infierno y de cómo Astaroth ha decidido mover ficha, nada bueno puede avecinarse de eso... Razón de más para desaparecer de una vez por todas del mapa.
-¿Sabes dónde se encuentra? -preguntó Sam interesado. Caín soltó una risita amarga.
-No tengo la menor idea. -negó lentamente con la cabeza. -Pero creedme cuando os digo que no estáis interesados en encontrarlo y que no lo queréis como enemigo.
-Me temo que es demasiado tarde para eso. -intervino Dean.
-No tenéis ni idea de contra quién os vais a enfrentar... -advirtió Caín acudiendo su cabeza.
-Ilumínanos. -invitó Sam.
-Astaroth fue creado como el más sabio de los ángeles y el único capaz de conocer todo tipo de destinos, ya sean humanos o divinos. En el Cielo poseía un lugar privilegiado, era respetado y admirado por el resto de sus hermanos pero pronto su egolatría aumentó y empezó a creerse superior al resto de los ángeles. A causa de su ambición vio en la línea del destino más de lo que debía y semejante conocimiento lo cegó con la ambición del poder absoluto y hasta con la destrucción de su creador, este sentimiento fue lo que le unió a Lucifer y por todo ello fue expulsado del reino de los cielos. Posee el poder de ver el pasado, el presente y el futuro. Su poder es comparable al de los arcángeles, algunos dicen que incluso es más poderoso que ellos debido a su gran sabiduría y experiencia tanto en el Cielo como en el Infierno. -Caín hizo una breve pausa antes de continuar. -¿Lo veis ahora? Esto se os escapa de las manos incluso aunque seáis los famosos Winchester.
Sam y Dean compartieron una mirada de preocupación, no lo podían negar, aquella historia les había estremecido. Sin embargo nunca se rendirían en cuanto a proteger la vida de Emma, si Astaroth iba a ir a por ella, ellos se encargarían antes de él.
-Gracias por la advertencia pero no me vas hacer cambiar de opinión. -dijo Dean convencido.
-No eres de los que se leen las etiquetas... Lo recuerdo. -habló Caín sonriendo tristemente. -Os deseo suerte entonces. -añadió mirando a ambos hermanos. -Ahora si no te importa, ¿qué te parece acabar con lo que has venido a hacer?
Dean observó a Sam, el cual sacó de su cazadora el arma que el portador de la marca tanto ansiaba volver a poseer en sus manos. En un lento movimiento y con una mirada de preocupación, el pequeño de los Winchester tendió la Primera Espada hacia su hermano.
Cuando los dedos de Dean aferraron el arma la marca se iluminó en su antebrazo y una sensación de poder inundó su cuerpo por completo, su brazo empezó a temblar mientras la marca le ardía sedienta por derramar sangre, y aunque le daba miedo admitir lo que sentía, en el fondo, había extrañado aquella sensación de invencibilidad que le aportaba sostener entre sus manos la Primera Espada.
-Hazlo. -le invitó Caín parado frente a él. -Estoy listo para morir.
Pero a Dean no le hacía falta ningún permiso ya que nada más fijar su mirada sobre él tuvo el impulso de hundirle la hoja en el pecho, de acabar con cualquier atisbo de vida que pudiera existir en aquel Caballero del Infierno. En un rápido movimiento Dean atravesó el pecho de Caín con la Primera Espada, la piel del hombre se iluminó con destellos dorados al mismo tiempo que sus ojos se cerraban para siempre. El cazador disfrutó del momento y pese a que el hombre ya había muerto hundió más la espada removiéndola en la cavidad torácica mientras Sam a su lado lo miraba espantado.
-¡Dean, ya es suficiente! -exclamó Sam. Pero el portador de la marca seguía inmerso en su particular tarea e ignoró por completo la voz de su hermano. -¡Dean! -volvió a gritar Sam esta vez sujetando a Dean por los hombros para que reaccionase, viendo como sus llamadas de atención resultaban inútiles, el menor de los Winchester le empujo para que se separase del cuerpo ya inerte de Caín. Fue entonces cuando los hermanos cruzaron su mirada. -Suéltala. -pidió Sam.
-No, no puedo. -susurró Dean cegado por el poder.
Entonces algo que no esperaba ocurrió, la marca en su antebrazo empezó a arder como nunca antes lo había hecho, y aquello resultaba sumamente extraño porque cuando mataba era cuando mejor se comportaba esta, sin embargo, el ardor creciente en su piel se volvió insoportable y no pudo evitar lanzar un gruñido de dolor al aire. El sudor empezó a apoderarse de su ser mientras sentía cada gota de su sangre hirviendo por sus venas. El dolor era inaguantable y provocó que cayera de rodillas dejando caer también el arma al suelo.
-¡Dean! -soltó Sam agachándose para socorrerlo. -¿Qué sucede?
-Sa-Sammy... la marca... -balbuceaba un casi inconsciente Dean mientras Sam lo sujetaba fuertemente por los hombros para evitar que perdiera el equilibrio. -Es insoportable...
Los gritos de dolor de Dean seguían llenando todo el local y Sam no podía sentirse más impotente ante aquella situación. El menor de los hermanos alarmado examinó la dichosa marca para darse cuenta de que se encontraba cada vez más iluminada y que de ella partían venas de las que igualmente irradiaba luz.
-Haz que pare... Necesito que pare. -suplicaba Dean entre alaridos.
-¿Cómo? -se preguntaba Sam que no tenía ni idea de lo que estaba sucediendo. El cuerpo de su hermano estaba ardiendo y se iba encendiendo por momentos tal y como el cuerpo de Caín lo había hecho minutos antes. ¿Su hermano estaba muriendo? No, se negaba a pensar en eso. -Dean, aguanta, quédate conmigo. -añadió tratando de incorporarlo para salir de allí. Pero no pudo hacerlo, se quedó de piedra al ver como el rostro de su hermano mayor se encontraba también iluminado. -¡Dean!
Ruta 136, Iowa. En esos precisos momentos...
Un flamante Porsche 356B Karmann de 1963 se encontraba estacionado a un lado del arcén de aquella solitaria carretera comarcal mientras una chica de larga cabellera castaña trasteaba con su motor sin comprender porque el vehículo le había dejado tirada a tan escasos minutos de su destino. Emma cerró el capó del coche furiosa, pese a no tener mucha idea de mecánica, había comprobado el nivel de aceite, los contactos, la batería, el combustible y todo parecía estar en orden. Recordó como Dean, en uno de los días que se habían tomado lejos de la acción, se había pasado toda una tarde encargándose personalmente de poner a punto aquel vehículo para que funcionará a la perfección. Y ahora, su motor ni siquiera daba señales de vida.
Emma, maldiciendo su suerte, sacó el móvil dispuesta a llamar al servicio de asistencia en carreteras pero antes de empezar a marcar ningún número sintió una presencia que la alertó al momento. Al levantar la vista se encontró con un hombre de cabellos dorados que la observaba con una fría y penetrante mirada azul al mismo tiempo que le dedicaba una media sonrisa que resaltaba su marcada mandíbula. Era un hombre atractivo, de eso no cabía duda, pero todo lo que tenía de atrayente lo tenía de peligroso, Emma lo percibió desde el segundo uno.
-¿Necesitas ayuda? -preguntó el desconocido con un marcado acento británico.
La chica sin pensárselo dos veces empuñó la espada angelical que portaba en su cazadora.
-El que va a necesitar ayuda vas a ser tú si no desapareces de mi vista.
El hombre no pudo evitar soltar una sonora carcajada ante aquella amenaza.
-Eres audaz Emma, eso me gusta. -habló mientras se acercaba a ella. -Verás no he venido a tu encuentro para pelear, al menos, no de momento. Soy Astaroth, probablemente ya hayas escuchado algo sobre mí pero permíteme presentarme formalmente.
-No estoy interesada. -cortó Emma tajantemente. -Sé lo que quieres y no voy a permitir que me lo arrebates.
En un brusco movimiento la chica se abalanzó sobre Astaroth para tratar de atravesarlo con el arma pero el Duque del Infierno era mucho más rápido que ella y logró inmovilizarla sin problema alguno al mismo tiempo que la desarmaba lanzando la espada angelical al otro lado de la carretera.
-Quieta cariño. -ordenó Astaroth mientras la sujetaba por la espalda. -Vas a escuchar lo que he venido a decirte te guste o no. -añadió girándola para encarar sus rostros. -Eres una criatura especial. -susurró observándola de cerca.
Emma le miró con todo el despreció que su castaña mirada podía permitirse. Astaroth había puesto sus sucias manos sobre ella y no podía hacer otra cosa que esperarse lo peor, sin embargo el hombre retrocedió unos pasos aliviando la tensión que había surgido entre ambos.
-Imagino las cosas horribles que deben haberte contado de mi para que reacciones así. Pero a estas alturas deberías saber que ni los buenos son tan buenos ni los malos somos tan malos... -dijo guiñándole Astaroth. -El Cielo quiere usar tu alma, y yo también. Sin embargo, hay un pequeño detalle que marca la diferencia, ellos no van a ofrecerte nada a cambio mientras que yo sí.
La chica lo escuchaba hablar atentamente, midiendo cada una de las palabras que salían por su boca.
-¿Para qué la quieres? -preguntó con cautela Emma. El hombre sonrío al ver que había captado su atención.
-Para abrir un portal que digamos... Ayudará a poner las cosas en su sitio. -respondió Astaroth. -Verás tu alma es capaz de abrir portales querida, es la clave si deseas volver al mundo del cual provienes ¿No te ha contado nada de eso tu amigo Castiel? -preguntó intencionadamente al ver la cara de sorpresa de ella. -Supongo que debe haber un conflicto de intereses...
-Mientes. -pronunció Emma.
-¿Lo hago? -dijo él alzando una ceja y negando con la cabeza. -No querida, el poder de tu alma es capaz de ello.
-¿Por qué no me la has quitado ya entonces? ¿A qué estás jugando? -inquirió la chica.
-Porqués espero hacerte entrar en razón. -respondió pausadamente el aludido. -Verás tu alma sola es poderosa, pero el pack completo puede aportarme mucho más. Si vienes conmigo usaré tu alma para mi cometido y luego te mostraré como usarla para el tuyo. Es un trato justo, ¿no crees?
Antes de que Emma pudiese contestar una voz irrumpió furiosa.
-¡Aléjate de ella! -exclamó un hombre de pelo negro y mirada azul cielo empuñando una espada angelical.
-Castiel, Castiel... -canturreó Astaroth al mismo tiempo que Emma se giraba para observar a su amigo a unos pasos de distancia tras ella. -Eres un estúpido si crees que tienes alguna posibilidad contra mí. -añadió el rubio con una sonrisita de suficiencia en sus labios.
-Y tú eres aún más estúpido si crees que iba a venir solo. -habló una tercera voz masculina tras Astaroth.
-Tú... -masculló el Gran Duque del Infierno con la sonrisa borrada de sus labios. -Se supone que Lucifer te mató.
-Cómo puedes ver falló. -respondió Gabriel con gesto de obviedad. -Ahora, aléjate de ella.
-Dime Gabriel, ¿desde cuándo batallas de nuevo junto al coro celestial? -preguntó en tono burlón Astaroth.
-Desde que te has vuelto un grano en el culo de nuevo. -contestó Gabriel con una falsa sonrisa. -Debe ser duro que nadie te haya tenido en cuenta en todo este tiempo, ¿verdad? Qué el único que te valorará esté encerrado en su jaula...
-¡Cállate! -gritó el rubio visiblemente molesto. -Pronto volverá y nadie osará volverse a reír de nosotros. Y todo gracias a ella...
Emma se horrorizó al escuchar aquellas palabras, estaba refiriéndose a Lucifer, el portal que pretendía abrir Astaroth no era otro que la jaula en la que Miguel y Lucifer se encontraban encerrados. Mientras Gabriel y Astaroth se retaban mutuamente con la mirada, la chica retrocedió alejándose del Gran Duque del Infierno en dirección a Castiel.
-Me he cansado de escuchar tus gilipolleces Asti. -habló Gabriel en guardia. -Cas, llévatela de aquí. Os daré algo de tiempo. -añadió mirando al ángel de la gabardina y a la chica que se encontraban ya uno al lado del otro. Castiel asintió y posó sus manos sobre los hombros de la joven.
-Esto no acaba aquí... ¡Iré a por ti Emma! -amenazó Astaroth.
Lo siguiente que la chica vio fueron las afueras del búnker. Sin mediar palabra el ángel depositó una de sus manos sobre el pecho de la joven y el quemazón que sintió esta en las costillas provocó que un quejido se escapara de entre sus labios. La costillas de la cazadora acababan de ser marcadas con símbolos enochianos.
-Lo siento, sé que no es agradable. -se disculpo el ángel. -Pero es necesario, debí hacerlo hace tiempo. Esto evitará que Astaroth y cualquier otro ángel vuelva a encontrarte tan fácilmente.
-Gracias Cas. -susurró Emma aún algo conmocionada por todo lo que acababa de vivir.
-¿En qué estabas pensando? -reprochó el ángel a su amiga. -Si no llega a ser por la llamada de Sam no hubiera aparecido en el búnker para vigilarte y darme cuenta de que no estabas allí.
-Lo siento... Espera, ¿Sam te llamó?
-Sí, no las tenía todas consigo de que obedecieras y te quedarás a salvo en el búnker... No se equivocó. -relató Castiel. -Emma has de tener más cuidado, esto no es ningún juego.
-Lo sé. -dijo la chica con culpabilidad mirando al ángel pero este parecía absorto en sus propios pensamientos. -¿Cas, estas bien?
Al escuchar la pregunta de Emma el ángel reaccionó.
-Es Sam, está rezándome, algo no va bien con Dean. -informó el ojiazul. -Me necesitan.
-Llévame contigo, por favor. -suplicó Emma. -Me volveré loca si no se lo que sucede.
Castiel accedió a la petición de la chica, sería mejor tenerla vigilada que volver a dejarla sola, juntos se dirigieron a la ciudad de Shenandoah al encuentro de Sam y Dean.
