Capítulo XXVIII

T.I.M.O. y discusiones

Lily no podía hablar de la impresión. No le molestaba que su prima saliera con chicos. Pero el problema era precisamente que el chico con quien su prima se estaba besando hacía unos segundos no era del agrado de Lily. "cuantas veces miss Grey lo ha sacado de la biblioteca" pensó frenética "ahora ella es una más de su lista de triunfos…".

Lily estaba verdaderamente enojada con su prima, y ella miraba a Lily entre triste y molesta ante la reacción de ella. En cuanto a él… se había quedado mudo, junto a Sam. En un gesto de apoyo el chico le cogió la mano, cosa que le dio valor a Samantha.

– ¿Que vas a decir Lily? – preguntó Sam desafiante

– ¿Cómo se te ocurre andar con ese… aprovechador!?! – exclamó Lily – ¿Es que no te das cuenta que sólo era una más de su lista de chicas que han caído a sus pies?

– No lo puedo creer Lily… pensé que de todas las personas… – dijo Sam a punto de llorar – pensé que sabías que yo no soy de esas…

– ¿Pero por que él!?! – Lily estaba fuera de sí – esta noche cada uno irá a su Sala Común y mañana… si te he visto no me acuerdo… que ingenua eres Sam

– Oye!! – intervino el chico – ¿quién te da el derecho a entrometerte así en las decisiones de Samantha? – dijo muy molesto – Vamos Sammy… no tienes por que darle explicaciones – el chico apretó suavemente la mano de la chica y juntos se alejaron de allí dejando a Lily sola en medio del corredor.

Lily tenía ganas de llorar. Había perdido a Sam… su prima… su amiga de toda la vida. Pero ella tenía la culpa. Ella sabía que ese estúpido sólo buscaba chicas para divertirse y luego las mandaba a freír espárragos, y Lily sólo intentaba protegerla. Se fue a su Sala Común casi corriendo y se encerró en la habitación, corriendo las cortinas de su cama adoselada.

Durante las semanas siguientes Lily estaba muy deprimida. Le aburría estar con Robert, por lo que se pasaba el tiempo libre estudiando encerrada en la Sala Multipropósito. Tampoco le apetecía ir donde Hagrid, pues de seguro le preguntaría mil veces lo que le sucedía hasta que ella hablara, y no tenía intenciones de hablar de aquello.

Tal vez más que preocuparse por Samantha se había sentido celosa. Ellas siempre habían sido muy amigas, siempre se habían llevado muy bien, y más aún desde que Lily cumplió los once años y recibió su carta de Hogwarts. Era primera vez que peleaban, y lo que Lily más lamentaba era que la pelea fuera por un chico.

Lily, con lo terca que era, esperaba que Sam fuera hasta ella para pedirle perdón por haber actuado así. "Cuando se de cuenta que clase de… es ese estúpido vendrá llorando para que la consuele por haberse metido con ese………" pero Samantha nunca llegó donde Lily. Es más, se la veía muy alegre a donde quiera que fuera.

Entonces se refugiaba en la Sala Multipropósito.

– ¿Que sucede amor? Últimamente has estado muy triste… – dijo Robert una tarde en que caminaban por el corredor del séptimo piso.

– Tuve una pelea con Sam… – respondió triste – no puede entender que yo sólo quiero protegerla de ese imbécil…

– Lily… tu no eres su madre… además tienes que dejarla que se dé cuenta ella sola del error que está cometiendo… si es un error claro… - replicó él tratando de ser neutral, pues Lily era su novia, pero Samantha era una de sus mejores amigas – sólo dale un voto de confianza…

– Puede ser… pero no entiendo por que tiene que ser él…

– Podría haber sido cualquiera, pero ella lo eligió entre todos los chicos de la escuela… no le sigas dando vueltas preciosa… es su vida…

– Está bien… dejemos el tema por favor…

Lily abrazó a Robert fuertemente y siguieron caminando lentamente. Lily hacía su ronda como prefecta, y él la acompañaba, ya que no tenía mucho que hacer. Además, le encantaba estar con su novia.

Cuando llegaron al retrato de la Dama Gorda se despidieron con un cálido beso. Lily iba a dar la contraseña de entrada, cuando la puerta se abrió y por ella salieron Black y Pettigrew hablando en voz muy baja. Black le dirigió una mirada extraña a Lily y siguió su camino.

La semana de los exámenes llegó rápidamente, y Lily, que había decidido a dejar los libros y apuntes el viernes antes de los T.I.M.O., estaba en la Sala Común de Gryffindor, sentada en el alfeizar de un ventana mirando hacía los terrenos de la escuela.

– ¿Estás bien? – le preguntó una voz tímida y chillona.

Lily se volteó a ver quien era y se sorprendió de ver que quien le hablaba era Peter Pettigrew.

– Yo… este… - Lily vaciló un momento – si, estoy bien – afirmó con una sonrisa forzada.

– Es que… no lo sé, yo siempre te he visto como una chica tan alegre y… me extraña que estés así como triste – dijo él pensando que si bien él no era la mejor persona para decirle aquello, alguien tendría que hacerlo, y en vista que eso no ocurría, había tomado la decisión de hacerlo– además no creo que sea por los exámenes… si fuera por eso estarías histérica, no deprimida

– La verdad… no me he sentido muy bien… – respondió ella sorprendida que aquel chico le estuviera diciendo aquellas cosas – gracias por la preocupación Peter… - Lily volteó a mirar los terrenos de la escuela nuevamente y cuando miró a su lado nuevamente notó que Peter ya no estaba. Había ido a reunirse con los Merodeadores. Al ver a aquel grupo sintió mucha rabia, especialmente al mirar a uno de ellos. Sus miradas se cruzaron un momento, desafiantes, pero luego él apartó la vista para fijarse en su amigo que ahora imitaba a la profesora de Adivinación.

Con melancolía se puso a pensar en las palabras de Pettigrew. Se daba cuenta que el chico tenía razón. Ella hasta en las ocasiones más terribles y desesperadas siempre se había mantenido cerca de sus amigas y con una hermosa sonrisa en el rostro.

En los últimos meses se había alejado muchísimo de Emily y Sarah, cosa muy extraña, pues solían andar juntas para todos lados. Quizá se debía a las hormonas pensó ella. Se había puesto de novia con Robert Taylor, y a causa de eso su mundo se había reducido a él y ella.

Craso error.

Pero ahora, sentada, mirando el cielo oscurecerse, no sabía como remediarlo. O en realidad si sabía, pero algo en su interior le decía que era muy tarde.

– Chicas… ¿podemos hablar?

Lily se había acercado lenta y silenciosamente al sillón donde las chicas estaban sentadas leyendo sus apuntes y comentando sobre los exámenes del día siguiente. Reconocieron la voz que les hablaba de inmediato y voltearon para ver a una triste y desanimada Lily Evans. Asintieron con la cabeza y se apartaron un poco para que la pelirroja se sentara al medio.

– He estado pensando… y me doy cuenta que desde que estoy con Robert las cosas no van muy bien entre nosotras… por favor, discúlpenme por haberos dejado de lado – Lily hablaba bajito y las chicas pudieron notar que su voz se quebraba – no quiero seguir sola ahora que todo ha empeorado – añadió mientras gruesas lágrimas bajaban por sus mejillas.

– ¿Empeorado?

– Si… peor… me peleé con Sam… a principios de mayo…

Lily no pudo aguantar más y rompió en llanto. Se sentía muy mal al haberse alejado de todo aquello que ella más quería: sus amigas y su familia. Un claro ejemplo de eso había sido la Navidad. Ella no se había quedado por la biblioteca, lo había hecho por estar más tiempo con Robert.

Emily y Sarah al ver a Lily llorando decidieron que lo mejor era subir al dormitorio donde sin dudas tendrían más privacidad.

– Samantha no nos contó nada… yo la he visto muy contenta siempre… – señaló Sarah – aunque a decir verdad me he dado cuenta que hay algo de tristeza… o resentimiento en su mirada

– Por lo mismo… nos peleamos – insistió Lily y les contó lo que había visto al salir de la biblioteca, lo que habían dicho ellas y la intervención final de él.

Al finalizar el relato Emily y Sarah no sabían como reaccionar. Por un lado sentían que debían apoyar a Lily, pero por el otro sabían que la gente podía cambiar. Y Sam estaba feliz con él, debían confiar en su criterio.

Estuvieron conversando un poco más sobre el asunto. Emily y Sarah trataron de hacer entender a Lily que bien ese chico podía haber cambiado, pero la pelirroja seguía igual de terca que siempre.

Así y todo las cosas entre la amigas volvieron a ser las de siempre y muy contentas y aliviadas se fueron a dormir para estar descansadas y despiertas para el día siguiente.

La semana de los exámenes transcurrió con total normalidad. Por la mañana los teóricos, y por las tardes los prácticos.

Lily se había lucido en los prácticos de Transformaciones, Encantamientos y Defensa Contra las Artes Oscuras. Este último más que nada gracias a la ayuda de cierto libro de Magia Antigua y una colección de libros asociados al tema.

Fue una de las pocas personas que pudo contestar el teórico de Historia de la Magia, gracias a su capacidad para no dormirse en clase de Binns y prestar atención a pesar de lo aburridas y monótonas que llegaban a ser las clases.

– ¡Cinco minutos más! – se oyó la voz del profesor Flitwick entre las mesas.

Estaban todos en medio del examen teórico de Defensa Contra las Artes Oscuras. Lily estaba tranquila. Había terminado su examen hacía unos diez minutos y ahora se dedicaba a releer y corregir. El profesor Flitwick caminó hasta la tarima que estaba de frente a los estudiantes, mirando el reloj de arena que estaba sobre la mesa.

– ¡Dejen las plumas por favor! – chilló el diminuto profesor – ¡Tu también Stebbins! – un chico de cabello rubio lacio dejó la pluma abajo a regañadientes – Por favor, quédense sentados en sus lugares mientras yo recojo las hojas ¡Accio!!

Cientos de pergaminos volaron rápidamente hasta los brazos del profesor haciéndolo tambalear hasta que terminó en el suelo cubierto de pergaminos. Se escuchaban las risas de algunos alumnos, y dos de ellos se acercaron al profesor y le ayudaron a ponerse de pie.

– Gracias… gracias – suspiró acomodándose la túnica – ¡Muy bien, ya pueden irse todos!

Los alumnos abandonaron el Gran Comedor y se dirigieron, la mayoría, a los jardines a aprovechar el cálido y luminoso día. Lily recogió su mochila del suelo y guardó su pluma, tinta y pergaminos en ella. Al momento se le acercaron Emily y Sarah y las tres se dirigieron a la salida. En las puertas del Gran Comedor se encontraron con algunas amigas de Hufflepuf con las cuales conversaron un poco sobre el examen hasta que se separaron de camino al lago.

Lily, Sarah y Emily se encaminaron a una banca que estaba en la orilla del lago y dejaron sus cosas ahí. El sol se reflejaba en la lisa superficie del lago dándole un brillo especial al lugar. A lo lejos, en la orilla opuesta, el calamar gigante descansaba con los tentáculos al sol. Se quitaron los zapatos y las medias y se metieron al lago, en la orilla, para refrescarse los pies.

Estaban conversando animadamente, cuando les llegó el sonido de risas. Varias personas riéndose. Se voltearon a ver que sucedía y pudieron divisar que algunas personas se reían de una escena casi común en los pasillos y jardines de la escuela.

Severus Snape estaba en una extraña posición, inmóvil, y frente a él estaban Potter y Black apuntándolo con sus varitas. Un poco más apartados estaban Pettigrew, mirando a sus amigos con un gesto de admiración en la cara; y Lupin, que pretendía leer un libro, pero que en realidad no movía los ojos.

Scogufy!! – se oyó la voz de Potter. El hechizo alcanzó a Snape, que empezó a botar burbujas rosas de jabón por la boca.

Lily, muy enojada por lo que estaba viendo decidió intervenir. En realidad no era por Snape, pues a ella tampoco le simpatizaba, pero lo hacía por el desprecio que sentía por los Merodeadores, en especial por dos de ellos.

– DÉJALO EN PAZ!!! – gritó la pelirroja una vez que estuvo cerca. Potter se giró sobre sus talones, llevando su mano libre a su cabello, gesto muy común en él.

– ¿Todo bien Evans? – preguntó inocentemente, adoptando un tono de voz más maduro, agradable e inteligente.

– Déjalo en paz! – repitió ella, viendo a Potter con total desagrado – ¿Qué te ha hecho?

– Bueno… – dijo James pensativamente – es más el hecho de que existe… si sabes a que me refiero –añadió guiñándole un ojo.

Algunos de los estudiantes que estaban cerca, mirando el enfrentamiento entre Potter y Evans, se echaron a reír, incluidos Black y Pettigrew. Lupin se mantuvo imparcial, en el mismo lugar de antes, aparentado estar muy interesado en su libro de Transformaciones. Lily se mantuvo seria, con cara desafiante.

– Crees que es gracioso – le espetó fríamente – pero sólo eres un arrogante fanfarrón, Potter. Déjalo en paz!!

– Lo dejo si tu sales conmigo Evans – dijo Potter rápidamente, ganándose una mirada gélida por parte de ella – Vamos… sal conmigo y nunca volveré a poner mi varita en el viejo Snivelly

Detrás de ellos, Snape ya se libraba del hechizo de obstrucción que le había lanzado Potter y comanzaba a moverse hacia su varita, escupiendo jabón al mismo tiempo.

– No saldría contigo ni aunque tuviera que elegir entre tú y el calamar gigante – respondió ella.

– Mala suerte Cornamenta – dijo Black despreocupadamente. Miraba a Lily con recelo, pero eso nada tenía que ver con la situación en que estaban. Se volteó hacia Snape para salir de la conversación – AY!! – justo cuando Black se daba la vuelta Snape ya dirigía su varita hacia Potter.

De la varita salió un rayo de luz y un corte apareció en la cara de él salpicando de sangre su túnica. Se dio la vuelta rápidamente y un segundo más tarde otro rayo de luz chocó contra Snape. De pronto Snape se encontraba flotando de cabeza en el aire, con su túnica cayendo sobre su cabeza, quedando sus delgadas y pálidas piernas al descubierto, al igual que su ropa interior.

El grupo de espectadores había crecido poco a poco, y se escucharon vítores y carcajadas. Potter, Black y Pettigrew celebraban.

– Bájenlo de ahí!! – gritó Lily. Su expresión furiosa estaba decayendo y parecía a punto de sonreír.

– Ciertamente – le respondió el Merodeador y con un brusco movimiento de varita Snape cayó al suelo. Se desenredó bruscamente y se puso de pie de un salto con su varita en la mano, preparado.

Petrificus Totalus – exclamó Sirius inesperadamente y Snape se desplomó en el suelo, tieso como una tabla.

Lily sacó su varita.

– Déjenlo en paz!! – gritó amenazando a Potter y Black, quienes la miraron cautelosamente. Sabían muy bien lo que ella era capaz de hacer con su varita. Era una bruja muy poderosa. Había quedado demostrado en variadas ocasiones.

– Evans – dijo Potter con su típica voz de seductor –, no me obligues a echarte un maleficio – terminó seriamente.

– ¡¡Retírale la maldición!! – exigió la pelirroja

James la miró unos segundos, contemplando la posibilidad de acceder a sus exigencias, o seguir con la diversión. Finalmente se volteó, y con un suspiro pronunció la contra maldición.

– Ya está – dijo volviéndose a Lily –. Has tenido suerte de que Evans estuviera aquí Quejicus – añadió mirándolo burlonamente.

– No necesito la ayuda de una asquerosa sangre impura – exclamó Snape mirando a Lily con asco, quien lo miró, furiosa.

– La próxima vez – dijo fríamente – no me meteré donde no me llaman. Y por cierto – añadió – yo que tú me lavaría los calzoncillos, Quejicus – dijo con desdén.

– Pídele disculpas a Evans! – gritó Potter furioso a Snape, amenazadoramente, levantando la varita.

– No quiero que lo obligues a pedirme disculpas – gritó Lily a su vez, a Potter – Tú eres tan detestable como él.

– ¿¿QUE?? – gritó él, incrédulo – ¡Yo jamás te llamaría… eso que tu sabes!!

– Siempre te estas desordenando el pelo porque crees que queda bien que parezca que acabas de bajarte de la escoba – comenzó a enumerar –, vas presumiendo por ahí con esa estúpida Snitch, te pavoneas y echas maleficios a la gente por cualquier tontería… Me sorprende que tu escoba pueda levantarse del suelo, con lo que debe pesar tu enorme cabeza. ME DAS ASCO!! – finalizó mirándolo con odio. Dio media vuelta y volvió a la orilla del lago con sus amigas, sin escuchar los gritos de Potter llamándola –. ¡¡Os juro que lo odio!!

– Solo a ti se te ocurre ir allí… – dijo Emily, desde el agua – sabes muy bien lo idiotas que son… los Merodeadores… y Snape también.

– Si… tenéis razón… – respondió Lily resignada – yo me voy a la Sala Común… ¿venís?

– Es muy temprano aún… luego te alcanzamos en el Gran Comedor para el almuerzo – dijo Sarah sentada en el césped.

Lily se despidió de las chicas tras ponerse las calcetas y los zapatos y se dirigió al castillo. Cuando pasó por donde antes estaba el alboroto causado por los Merodeadores, ya no había nadie. Los Merodeadores se habían ido, y solo un par de Hufflepuf's estaban por ahí cerca.

Al entrar al Hall de entrada, le llegó el delicioso aroma del almuerzo que los elfos preparaban en esos momentos. Se dirigió a la puerta del pasillo de la cocina. Casi a mitad de camino entre la puerta y la entrada a las cocinas se encontró con Sirius Black. Se detuvieron a un metro de distancia, mirándose con rabia y resentimiento.

– Que buen espectáculo – le dijo Lily a Sirius, irónicamente – Una excelente forma de demostrarle a todos lo estúpidos que podéis llegar a ser.

– No te metas Evans… ya sabes que no es asunto tuyo

– Claro que si es asunto mío – replicó ella – por que antes que nada yo soy una prefecta… y ustedes están todo el tiempo haciendo de todo por perder puntos para Gryffindor y quedaros castigados… pero claro… que me tiene que importar a mi… si cada día los puntos que YO gano en clases ustedes los pierden en los pasillos…

– Tu no estas discutiendo conmigo por un montón de estúpidos puntos, Evans… – exclamó Sirius – ¿por que no mejor me dices las cosas a la cara y terminamos por fin con esto? Estás celosa por que Sam esta feliz conmigo… y tu no estás con quien quisieras…

– ¿Como puedes saber que es lo que a mi me pasa, si ni siquiera me conoces? – preguntó ella – Lo que pasa es que no entiendo cómo Sam puede ser tan ciega y creerte, si no eres más que un mujeriego, engreído y petulante, al igual que tu amigo.

– Me importa bien poco si tu me crees o no, Evans – replicó Black fríamente – lo que yo necesito es que Sami me crea… y de eso no me preocupo, por que se que cuento con su confianza – dijo amenazadoramente – ella sabe que la amo – añadió en un susurro casi imperceptible, que Lily alcanzó a oír.

Antes que Lily pudiera replicar, Sirius se dirigió a la puerta del Hall de entrada, dejando a Lily, en medio del pasillo, muy desconcertada. Olvidando su propósito de ir a las cocinas, pasó de largo frente al enorme cuadro del frutero de plata hasta llegar a uno que mostraba a un grupo de bailarinas de ballet. Después de pronunciar la contraseña entró a una pequeña sala cuadrada. Dio un par de vueltas y luego entró por una puerta, para encontrarse en un extremo del pasillo de la Sala Común de Gryffindor, en el quinto piso.

Pasó de largo el retrato de la Dama Gorda y bajó por una escalera oculta tras un tapiz y se encontró frente a la entrada de la Sala Común de Ravenclaw. Ciertamente la última persona que quería ver en esos momentos podría acercarse de un minuto a otro, a salir por el retrato, pero ella esperó pacientemente hasta que el retrato se abrió y por el salió una chica rubia, probablemente de primer año.

– ¿Puedes ir a buscar a Robert Taylor, por favor? – preguntó la pelirroja. La niña asintió tímidamente y volvió a entrar a su Sala Común. Tres minutos más tarde la niña volvió a salir y se dirigió rápidamente a la escalera, detrás salió Robert.

– Amor… ¿que pasó? – preguntó un tanto preocupado

– Discutí con Potter y Black después del examen… y luego discutí con Black en el corredor de las cocinas…

– ¿Por qué¿que sucedió?

Lily le contó todo lo que había sucedido en los jardines de la escuela luego del examen de Defensa Contra las Artes Oscuras y la posterior discusión que sostuvo con Sirius fuera de las cocinas. Estaba muy afectada, mas que nada por el hecho que una vez más había discutido con el novio de su prima. Debía sentirse feliz por ella, pero por algún extraño motivo no podía aceptarlo.

Por más que pensaba en aquello, no encontraba relación ni coherencia a lo que el chico le había dicho, "tu no estás con quien quisieras…". Claro que estaba con quien quería. Ella estaba muy bien con Robert, además él no tenía como saber de sus sentimientos.

– Lily… no le des más vueltas al asunto…

– ¿Bajamos a almorzar? – preguntó ella de súbito, dejando atrás el tema de conversación.

Robert accedió de inmediato, y bajaron juntos al primero piso, conversando de esto y de aquello, abrazados, o cogidos de las manos, deteniéndose de cuando en cuando para besarse o simplemente abrazarse.