El sabor del amor
Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.
Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.
Rangos de edad: Kagome – 20, Sango – 22, Miroku – 25, Inuyasha – 26
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Capítulo dos
Ahora eres mía, mademoiselle, pensó, y solo yo te haré sentir así de bien…
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—Despierta… —Inuyasha codeó a su futura esposa horas después de que hicieran el amor. El cuerpo de Kagome estaba cómodamente amoldado al suyo. Eran las siete de la mañana y Kagome tenía que ducharse y comer antes de la ceremonia.
—Déjame, Casa… —Un enorme bostezo interrumpió el resto de la frase mientras se acurrucaba más contra su prometido. Sus manos estaban apoyadas contra su pecho y sentía su brazo apretándola por la cintura, haciendo que parpadeara para alejar el sueño de sus ojos.
Inuyasha se rio afectuosamente.
—Ayame va a venir dentro de unas horas a recogerte, cariño —susurró contra su oído—, tienes que prepararte para ella.
Kagome gruñó.
—Dile que espere… pospón la boda… tengo sueño.
—¿Te cansé anoche? —susurró con voz ronca y Kagome se movió un poco.
—Sí.
Una respuesta seca. Para ser sinceros, hizo que Inuyasha se riera.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Acabas de hacerlo.
Inuyasha puso los ojos en blanco, pero apartó a su esposa de él para poder mirarla a la cara. Ella suspiró, apartando su fino pelo de la cara antes de parpadear inocentemente en dirección a Inuyasha.
—¿Qué pasa?
—¿A dónde quieres ir de luna de miel?
Kagome se quedó pasmada por un momento antes de que le empezara un tic nervioso en la ceja.
—¿Estás de broma?
—¡Lo digo en serio! —rio Inuyasha mientras se movía para sentarse—. ¿A dónde quieres ir de luna de miel?
—En serio quieres tener una luna de miel… —Kagome parecía escéptica e incrédula. Ni en sueños habría pensado que Takahashi Inuyasha querría una luna de miel… especialmente en vistas de que iban a tener un matrimonio de conveniencia.
—¡Oye! —Inuyasha sostuvo las manos en alto en señal de defensa, su pecho se agitó ligeramente—. Tengo derecho a divertirme con mi mujer si y cuando yo quiera.
Kagome se encogió.
—Qué pervertido eres.
Inuyasha se rio mientras ayudaba a Kagome a incorporarse.
—Bueno, a dónde quieres ir, mademoiselle…
Kagome le lanzó una mirada asesina.
—Lo pensaré. Ahora, tengo que darme una ducha.
—¿Puedo ir contigo?
Kagome se bajó de la cama.
—Sólo si crees que puedes comportarte.
Inuyasha silbó.
—No puedo prometer nada de eso, nena… —Y entró con ella en el baño…
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—Te veré en la boda. —Kagome besó suavemente los labios de Inuyasha antes de irse con Ayame. Ai y Hikari, junto con Ichiro, Kasumi y Kyo iban a quedarse en casa de Inuyasha durante un hora o así mientras Kouga y Miroku decoraban la playa. Hayabusa, Hojo y Daichi estaban teniendo un reunión de último minuto con la empresa de catering, lo que impedía que ayudaran a Inuyasha a cuidar de los niños.
Estoy cuidando de cinco mocosos el día de mi boda… pensó sarcásticamente Inuyasha para sus adentros mientras caminaba por la habitación, acariciando la espalda de la pequeña Kasumi.
—Tío Inu. —Ai tiró de la pernera del pantalón de Inuyasha y el venerable empresario bajó la mirada hacia ella, sonriendo ligeramente.
—¿Mmm?
—Vas a casarte con mamá, ¿verdad?
Inuyasha asintió.
—Entonces, ¿vas a estar siempre con ella?
Él volvió a asentir.
—Entonces, ¿eres el príncipe de mamá que ha venido a cogerla en brazos y a llevarla hacia su final feliz?
Inuyasha arqueó una ceja.
—¿De dónde has sacado eso, enana?
Ai ladeó un poco la cabeza.
—Cuando era pequeña, mamá solía contarme historias de cómo los príncipes apartaban a las princesas de sus vidas y vivían felices en castillos y esas cosas. Mamá siempre parecía triste cuando me contaba historias, así que un día le pregunté y dijo que deseaba que su vida fuera como un cuento de hadas, donde un príncipe la cogería en brazos y viviría feliz para siempre con ella.
Inuyasha observó a la pequeña con los ojos abiertos como platos. Su prometida, la mujer con la que se había acostado y a la que había dejado embarazada, siempre había soñado con dejar su confinada vida y vivir libre como un pájaro.
Su actuación como Miko no le estaba sirviendo de mucho… pensó, sorprendido, para sus adentros. Mientras seguía caminando con Kasumi en sus brazos, Inuyasha empezó a pensar de forma incontrolada.
No te preocupes, mademoiselle Miko… ser una modelo famosa va a ser todavía mejor para ti…
—¡TÍO INU! —bramó Kyo e Inuyasha salió de su ensoñación. Miró por encima de un sofá y se encontró con Kyo subido sobre una silla, estirándose hacia un tarro de galletas.
Inuyasha se enfadó.
—¡¿DÓNDE ESTÁ LA MALDITA COCINERA?! ¡¿CÓMO DEMONIOS DEJA QUE ICHIRO Y KYO SE SUBAN A LAS SILLAS?!
Kasumi empezó a llorar.
Hikari suspiró.
—Oh, no…
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—Juro por Dios que si volvéis a dejarme con vuestros enanos, solo… el día de mi boda… —Inuyasha dejó la amenaza en el aire mientras enderezaba la corbata de su traje. Era un traje negro de aspecto sedoso con elegantes pantalones de sastre y una excelente chaqueta que cubría una camisa azul pálido. Una corbata negra descansaba perfectamente sobre la camisa mientras Inuyasha conseguía domar su largo pelo negro, haciéndolo presentable para su novia.
Miroku se limitó a reír disimuladamente mientras que Sesshomaru estaba sentado en la cama de Inuyasha, su hija Rin estaba sentada a su lado.
Rin, Ai y Hikari iban a ser las tres niñas de las flores, pero Rin había fallado en el último minuto porque tenía mucha fiebre. Kagura, que estaba en su séptimo mes de embarazo, iba a estar con Izayoi durante el desfile. Rin iba a sentarse con Kanna, cerca de la primera fila, porque Sesshomaru era el padrino.
—No fueron tan malos —reprendió Hayabusa e Inuyasha le lanzó una mirada asesina.
—¡Kasumi me vomitó encima, Kyo casi se cae de una silla, a Ichiro casi le da un subidón de azúcar, Ai me estaba amenazando con matarme si le hacía daño a Kagome, Dios esa niña es como su madre, y Hikari se estaba riendo a mi costa! ¡Esa niña es como su padre, te lo digo yo! —se quejó Inuyasha de una vez mientras los hombres estallaban en carcajadas. Kouga fue el que se rio con más ganas dado que el comentario sobre Hikari era muy cierto.
Sesshomaru se rio disimuladamente mientras su hija se acurrucaba contra él. Estaba a punto de ponerla en su regazo pero su móvil empezó a sonar, haciendo que Rin se sobresaltara un poco. Inuyasha sonrió con cariño mientras cogía a Rin en brazos, haciendo que la enferma niña se acurrucara contra su tío, sus ojos ya estaban medio cerrados.
—Mensaje con foto de Kagura —murmuró Sesshomaru antes de abrir los ojos como platos con sorpresa. Miroku saltó de pánico.
—¡¿Qué pasa?! ¡¿Se ha puesto de parto?!
Sesshomaru negó lentamente con la cabeza.
—¡¿Entonces?!
—Kagome… está genial…
Los hombres estuvieron quietos por un momento antes de atacar a Sesshomaru para poder ver a Kagome con su vestido de novia. Inuyasha se quedó quieto con su sobrina en brazos. Tenía una mirada asesina.
—¿Qué pasa, tío? —inquirió Daichi e Inuyasha le lanzó una mirada de desprecio.
—Venga, comeos con los ojos a mi mujer. Digo, es solo que yo no puedo verla hasta el desfile —gruñó Inuyasha.
—¡Que no te importe si lo hacemos! —Hayabusa sonrió—. No me extraña que sea modelo… a eso es a lo que yo llamo piernas.
Inuyasha frunció el ceño.
—¡APARTAD LOS OJOS DE LAS PIERNAS DE KAGOME!
Hayabusa, para molestar a Inuyasha, le sacó el teléfono a Sesshomaru y besó la pantalla. Antes de que Inuyasha pudiera lanzarse sobre Hayabusa, Sesshomaru golpeó al pobre hombre en la cabeza, con una expresión de asco en su rostro.
—¡Tus babas están en mi móvil, cara de panoli!
—¿Cara de panoli? Qué coj… —Antes de que Hayabusa pudiera completar la frase, Sesshomaru volvió a golpearlo.
—¡Nada de palabras vulgares ni obscenidades delante de mi pura hija!
Inuyasha se rio disimuladamente mientras Hayabusa atendía su magulladura…
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Kagome se movió inquieta mientras la limusina entraba en la playa privada de Inuyasha. Kagome vio inmediatamente a Izayoi, Inutaisho y Kagura en la entrada, la pobre mujer arrastraba la sandía que tenía dentro. Kagome sintió amor y adoración por Kagura en ese momento.
Menuda cuñada.
Sango estaba dando los últimos retoques a la cara de Kagome, resaltando el colorete, acentuando el pintalabios, reajustando la máscara de pestañas… lo habitual. Ayame y Ayumi estaban preparando el ramo para Kagome mientras Eri y Yuka miraban por la ventanilla, observando su dulce diseño para la playa privada.
A pesar de que Kagome había perdido la virginidad, habían elegido un vestido blanco para la joven modelo. Le sentaba perfectamente a su cuerpo, con volantes en el pecho y una apretada cinta bajo sus grandes pechos. El vestido era, a partir de ahí, flojo, fluyendo por su cuerpo, dejándole suficiente espacio para moverse y respirar para el bebé que se estaba desarrollando.
Kagome tenía puestas unas bailarinas blancas, un corte subía hasta su muslo, dejándole suficiente espacio a sus piernas. Su pelo estaba recogido en un apretado moño, su velo se agarraba a él. Una tiara dorada descansaba en lo alto de su tocado.
Un hombre alto y anciano abrió la puerta de Kagome, ella le sonrió antes de salir. La rodearon instantáneamente Izayoi, Kagura (un montón de gente que no había visto nunca), Aiko (la chica que había sido violada por Naraku) y algunas socias más de Inuyasha.
—¡Estás encantadora! —chilló Izayoi—. Me alegro tanto de que vayas a ser mi segunda nuera… esa espantosa Kikyo habría puesto en evidencia el nombre de la familia.
Kagome sonrió con dulzura mientras abrazaba a Izayoi. Kagura se estaba volviendo loca, inquietándose por su cuñada. Inutaisho se rio entre dientes mientras colocaba una mano en el hombro de Kagura, diciéndole que se calmara.
Después de que la miraran prácticamente todas las mujeres, a Kagome la llevaron a una carpa que estaba montada solo para ella, para que se hiciera los retoques de último minuto.
—Inuyasha acaba de llegar —afirmó Sango mientras entraba en la carpa diez minutos después. Kagome alzó los ojos y se encontró con los brillantes de Sango.
—¿Cómo va vestido?
Menuda primera pregunta para la nueva novia… Ayumi se rio disimuladamente y Eri estalló en carcajadas mientras Sango las fulminaba con la mirada.
—¡Es una pregunta válida! Va genial, cariño —Sango fue hacia Kagome—, vais a hacer una pareja muy mona y un pedazo de bebé… Hikari y Ai están listas para lanzar flores y están preparando la marcha nupcial… ¿estás lista?
Kagome tragó saliva, pero asintió…
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En la distancia se oía el sonido de un órgano mientras Kagome empezaba a caminar por la delgada alfombra. La arena de la playa volaba ligeramente, pero no molestaba a ninguno de los presentes en la boda. Inuyasha había terminado llamando a algunos de sus socios por algo relacionado con el trabajo, pero habían jurado por sus negocios y sus hijos que nunca le dirían a nadie que habían estado en la boda del señor y la señora Takahashi.
Kagome ni se había molestado en levantar los ojos para mirar al novio porque estaba demasiado nerviosa. Un médico le había dado a Kagome medicina saludable para calmar su estómago y mantenerlo en calma durante toda la boda.
Según Marika, Inuyasha había pagado un montón por aquellas pastillas. Kagome le estaba agradecida.
Kagome llegó al altar y mantuvo la cabeza gacha, las mariposas se volvían locas en su estómago. Sintió unos dedos fríos extendidos y presionándose contra la base de su barbilla antes de tirar de ella para que alzara la mirada.
Modelo conoce empresario…
Vio extrema adoración y preocupación por ella en los ojos de su prometido. Tenía una sonrisa torcida en su rostro y Kagome tuvo que reprimir la urgencia de derribarlo y devorar sus labios allí mismo.
—Estamos aquí reunidos…
Para ser sinceros, nadie le prestaba atención al Padre. Todos miraban a Inuyasha y a Kagome; un frío empresario y una alegre modelo, unidos en santo matrimonio. Nadie había pensado nunca que Inuyasha elegiría sentar la cabeza, pero aquí estaba, sentando la cabeza y esperando un heredero que estaba en camino…
Aparentemente todo era posible.
—Si alguien se opone a que estas dos personas se unan bajo el ojo de Dios, que hable ahora… o calle para siempre.
Silencio…
Continuó el silencio mientras todos descansaban para disfrutar del resto de la ceremonia. Los ojos de Kagome se entretuvieron en los labios de Inuyasha un momento antes de apartar la mirada.
Inuyasha no pudo evitar reírse un poco. Su prometida era tan mona y sus sutiles gestos lo eran aún más…
Este es el capítulo dos, Kagome, se dijo Kagome, ya no eres una niña pequeña… eres la modelo Miko, esposa de Takahashi Inuyasha… maldición, menuda imagen tengo…
Sesshomaru llevó los anillos y se dijeron más oraciones. Kagome e Inuyasha intercambiaron los anillos y se miraron, ambos sonriendo con ganas. El Padre se dirigió a terminar la ceremonia…
—Puedes besar a la novia…
Sus labios estaban a milímetros de distancia…
A un pelo de ancho…
Palpables…
—¡APARTA TUS LABIOS DE MI PROMETIDA!
Todos los ojos se giraron para encontrar los amenazadores de…
—¿Naraku? —susurró Inuyasha, poniéndose delante de su esposa.
—No está solo…
Kagome abrió los ojos como platos.
—¿Papá?
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¡Tachán! Sé que muchas os lo esperabais, pero aquí están. Espero que os haya gustado, me han alegrado muchísimo vuestros comentarios. Nos vemos en la próxima.
¡Hasta pronto!
