Notas de traductor:

Empecemos junio a gusto…

Gracias a Melanie Tao de Usui, Oduvanchik Dandelion, Sly, Sephy Black, Silvers Astoria Malfoy, Violet Stwy, Askarsha, xonyaa11, toxica666, Adriana11, kawaiigiirl, Lunatica Dark, catzeruf, Acantha-27, my dilema y jessyriddle por comentar en los capítulos anteriores.

Este capítulo está tan extenso que, en serio, no encontré mis errores al leerlo… Se los comento para que, en caso de que encuentren algún fallo, me lo hagan saber.

Disfruten…


Malfoy nunca apareció en la Sala Común o en el banquete de bienvenida. Los alumnos que regresaban para cursar octavo año tenían su propia mesa en el Gran Comedor. Se sentía extraño sentarse en una mesa con Ravenclaws, Hufflepuffs, Gryffindors e incluso unos cuantos Slytherins. Blaise Zabini, Daphne Greengrass y Theodore Nott eran los otros Slytherins que estaban de regreso. Estaban sentados en un extremo de la mesa y no hablaban con alguien más.

—¿Por qué Malfoy tiene un cuarto propio? —gruñó Ron.

Luna intervino.

—Probablemente tienen miedo de que lo hechicen mientras duerme, si tuviera que compartir cuarto con un Slytherin o con alguno de ustedes. Parece que ha conseguido hacerse enemigo de casi todos. —Y Hermione tenía que darle la razón. Ron rodó los ojos pero no dijo nada. La bruja rubia parecía un poco más tranquila que en años anteriores: llevaba la misma túnica que la de los demás, sin aretes raros colgando de sus orejas o collares de corchos de botellas alrededor de su cuello.

Los de primero llegaron con la ceremonia usual del Sombrero Seleccionador. Hermione se mordió el labio con nerviosismo cuando el primer alumno de Slytherin fue anunciado, pero se tranquilizó al ver que recibía la usual celebración y aplauso, a pesar de que parecían más apagados que en otros años.

Miró a la mesa de Gryffindor y vio que Ginny estaba platicando y riendo con sus propios compañeros. Solo alguien que la conociera bien sabría que su sonrisa era una copia fiel de su sonrisa usual. Mañana será viernes, pensó con alivio. Podrían ir a clases por un día, lo que ayudaría a todos a acomodarse, y luego tendrían el fin de semana, antes de comenzar la semana completa.

—¿Lista, Hermione? —preguntó Ron. La chica miró a su alrededor y vio que los otros habían terminado de comer.

—Oh, sí, pero, ¿no deberíamos esperar por…? —Hermione señaló con la cabeza hacia el final de la mesa, donde los ex Slytherins apenas estaban terminando.

—¿Por qué? —preguntó Ron—. Ellos no esperarían por nosotros.

—Porque debemos poner el ejemplo —dijo, bufando. Fue innecesario discutir porque, un momento después, Theodore Nott miró a Hermione y se puso de pie. El resto de ellos imitó el gesto y, todos juntos, salieron del Gran Comedor. Era un gesto pequeño, pero le daba esperanza a Hermione porque, quizás, un poco de la antigua rivalidad entre casas podría ser reparada.

OoOoOoO

Draco salió de las cocinas unos cuantos minutos antes de que su primera clase, Aritmancia Avanzada, comenzara. No había planeado desayunar en la cocina, pero no había sido capaz de aparecerse en el Gran Comedor. Se había saltado el banquete de bienvenida, la noche anterior, por la misma razón.

Colgándose la mochila al hombro, subió al salón del quinto piso con rapidez. El hecho de que su túnica le quedara algunos centímetros corta era algo que lo ponía un poco nervioso, pero no podía hacer nada al respecto. Las cuentas en Gringotts de los Malfoy seguían bloqueadas por el ministerio. Su madre comenzó una campaña escrita en cuanto se retiraron los cargos en contra del rubio, tratando de obtener algunos fondos para tener dinero para vivir. Hasta entonces, tenía que arreglárselas con lo que tenía. Afortunadamente, tenía una nueva varita. El ministerio le había regresado la antigua, a regañadientes, pero Draco sabía que no podría volver a tocar la varita de espino jamás.

Se sentó en la fila de atrás del salón, segundos antes de que la campana sonara. Sacó su libro de texto cuando la profesora Vector pidió orden a la clase. Todo lo que Draco tenía que hacer era pasar ese año escolar, una clase a la vez. Se pasó una mano por el cabello, disfrutando de lo corto que estaba. Lo primero que había hecho después de que lo hubieron liberado fue cortarse el cabello. Ahora, estaba corto y se levantaba en puntas. Su padre lo habría odiado, pensó con una pequeña sonrisa.

Fue solo hasta que la profesora Vector puso el primer problema en el pizarrón que se atrevió a mirar a su alrededor. Granger estaba sentada en su lugar usual, al frente de la clase. Luna estaba sentada junto a ella y Zabini estaba en el lugar que estaba delante de él. El resto de la clase estaba lleno de alumnos de séptimo que no reconocía. Luna giró sobre su asiento y le sonrió ligeramente, antes de girar de nuevo. Draco destapó su frasco de tinta y trató de concentrarse en lo que la profesora estaba diciendo.

Afortunadamente, era una sesión doble de Aritmancia, y la mañana pasó rápidamente. Cuando la campana sonó, el rubio guardó sus cosas a prisa. Mantuvo la cabeza gacha, y no alzó la mirada cuando Blaise pasó junto a él. Su antiguo compañero pasó muy cerca, golpeándolo con fuerza en el hombro.

—Hola, Draco —dijo una voz cantarina. El rubio alzó la vista para ver a Luna Lovegood y Granger, paradas junto a él—. ¿Revisaste que en tu habitación no hubiera bowcrinkles?

—Hola, Luna. —Draco alzó su mochila—. Ningún bowcrinkle. (1) —Él y Luna se había hecho amigos cuando la chica estuvo prisionera en la mansión Malfoy. Había impresionado a Draco, cómo había enfrentado su realidad con una fuerza increíble. La valentía venía en muchas formas. No había olvidado que Luna había sido uno de los miembros del ED, que habían entrado al Departamento de Misterios con Harry.

—Malfoy —dijo Granger en voz baja, con el rostro tenso. Draco la miró con una ceja alzada. Ella y los Weasley eran las últimas personas que él esperaría que le hablaran. La chica se sonrojó ligeramente—. Y, em, ¿te acomodaste bien, ayer? No estuviste en el banquete.

Draco bufó por sus palabras. No sabía qué se tramaba Granger, pero sabía que nadie lo había extrañado.

—Granger —dijo, sin molestarse en responder a su pregunta.

—¿Vamos a almorzar? —dijo Luna, con emoción. Draco miró a Granger, esperando que la chica inventara alguna excusa, pero solo asintió y aceptó la idea. Las dos se giraron hacia la puerta y luego regresaron la mirada hacia el rubio. Él inhaló profundamente y se les unió.

—¿Weasley sabe que vas a entrar al Gran Comedor conmigo? —dijo el rubio, mirando a la chica, y sintió satisfacción cuando la vio tensarse.

Después de un momento, replicó.

—Le tomará un rato a mucha gente acostumbrarse a tu presencia aquí. Luna y yo lo platicamos anoche, y ambas estuvimos de acuerdo en que te merecías una oportunidad.

—¿Por qué?

—Porque lo intentaste. Porque, sin importar cuán mal estuvo lo que le hiciste a Harry, hiciste posible que escapáramos de la mansión Malfoy. —Parecía que Granger iba a decir algo más, pero ya habían llegado a la entrada del Comedor. Luna lo miró y notó que se detenía. Pasó su brazo por uno de los de él, sonriéndole ampliamente.

—No dejes que vean que el nuevo enemigo número uno del mundo mágico teme almorzar. —Draco asintió y alzó la barbilla, para después entrar al Comedor con ella. Se obligó a seguir caminando mientras el lugar quedaba en silencio—. Nuestra mesa está por acá —dijo Luna, impávida ante el hecho de que todos los estaban mirando fijamente. Granger seguía caminando con ellos, pero un poco apartada. Draco recordó todas las veces en las que Harry tuvo que hacer el mismo recorrido. Después de que lo eligieron para el Torneo de los Tres Magos, después del incidente con la lengua pársel y una docena de veces más. Y Harry siempre había conseguido hacerlo. Apretó su agarre a la mochila y caminó frente a las mesas de Slytherin y Gryffindor, que estaban en silencio. Ginny Weasley lo fulminó con la mirada, y luego dirigió su enojada mirada hacia Granger.

Con alivio, se sentó en la mesa de los de octavo, escogiendo un lugar lo más alejado que le fue posible de los Slytherins. Luna se sentó junto a él y comenzó a parlotear acerca de algo. Granger se sentó junto a Weasley. Draco vio cómo el pelirrojo se inclinaba hacia la chica y le susurraba algo al oído; ella solo negó con la cabeza y le dijo:

—Más tarde.

Por la mirada molesta que Weasley le dedicó a Draco, supo que no era muy difícil ver que no estaba contento.

Comió tan rápidamente como pudo y dejó la mesa. Afortunadamente, tenía que ayudar a Slughorn por el resto de la tarde. El profesor de pociones asintió al verlo y no desperdició su tiempo con pláticas banales; solo le dijo a Draco qué estaba de él. El usualmente salubre profesor parecía estar decidido a no serlo (2). Draco se preguntó cuán dispuesto había estado el profesor a recibir la noticia de que tenía un asistente este año. Al menos, Draco no tenía que preocuparse por ser invitado a ser parte del Club de las Eminencias.

Se sentía extraño estar de vuelta en el salón de Snape. Saber que Snape nunca volvería a entrar al salón, con su túnica revoloteando detrás de él. Draco rio cuando recordó haber intentado hacer que su propia túnica de moviera de forma similar, en segundo y tercer año; cuando era pequeño e ingenuo y pensaba que las apariencias eran lo que hacían al hombre. Siempre había tenido una relación difícil con su padrino. Como figura paterna y profesor, Snape había sido un mandón duro y despiadado. Intolerante a Harry o incluso a la memoria del chico. Los últimos dos años, el hombre se había negado a dejar que Draco se quedara estancado en lo que había perdido. Ahora, Draco entendía, con una risa amarga, que Snape había estado en lo correcto.

Como era el primer de clases, no había mucho para que él hiciera. Terminó sentado en la parte de atrás del salón; sus ojos se desviaban, sin quererlo, hacia la mesa donde él y Harry se habían sentado hacía cuatro años, destripando gusanos. Recordó escuchar la inhalación de Harry cuando Draco le hubo amarrado la bufanda alrededor de la cabeza. Ese jadeo había sido el que hizo que se preguntara si era posible que Harry fuera gay. Draco sonrió para sí mismo cuando recordó que se había atrevido a pasar sus manos por los hombros del Gryffindor, frotándolos como una prueba, y que se había deleitado por la reacción del moreno: un delicioso escalofrío. Ese pequeño gesto había hecho que comenzara a pensar en Harry bajo una luz completamente diferente. Quizás, tenían mucho más en común de lo que había podido esperar. Por solo un momento, se permitió preguntarse dónde estaba Harry, y luego apartó esa idea. No importaría aunque Harry estuviera parado junto a él, porque el moreno nunca querría tener algo que ver con él de nuevo.

Draco salió de su ensimismamiento por el sonido de la campana. Los alumnos de primero salieron, y Draco notó que unos cuantos, los más valientes, lo miraban de reojo, escondidas. Slughorn se le acercó, con una lista de ingredientes que quería preparados para la clase del lunes. Draco pasó el resto de la tarde en el cuarto de trabajo, a un lado del salón, preparando los ingredientes y los utensilios. Eso era mejor que estar soñando despierto y, de hecho, se sentía bien ser útil.

Por fin, la campana sonó, y Draco miró el reloj. La cena se serviría en una hora. En algún otro año, habría regresado a la Sala Común de Slytherin, o habría bajado a los vestidores de Quidditch para estudiar. Pero no podía imaginarse sentado en la Sala Común Oeste. El hecho de que no lo hubieran hechizado aún lo sorprendía, pero el día aún no había terminado. Fue a la biblioteca y se sentó en silencio, en una de las muchas mesas vacías. Él era el único ahí, aparte de la señora Pince.

Sacó una pieza de papel para dibujar de su mochila y comenzó a trazar. Durante su arresto, ni siquiera le habían permitido tener papel o lápiz. Para pasar el tiempo en su celda, se había encontrado a sí mismo sentado en el suelo, repasando el polvo con un dedo. Draco estaba perdido en sus pensamientos cuando escuchó a alguien sentarse junto a él. Como reflejo, le dio la vuelta al papel, sorprendido.

—Lo dibujas bien —dijo Luna.

—¿Qué estás haciendo aquí?

—No regresaste al dormitorio. Supuse que te encontraría aquí. ¿Sabes dónde está?

Draco sintió cómo comenzaba a palidecer.

—No puedo hablar de ello, Luna.

—¿No puedes o no quieres? —dijo la chica, ladeando la cabeza—. Deberías hablar…

—No puedo hablar acerca de él, me lo prohíbe mi libertad condicional.

—Es una pena —dijo Luna, con una sonrisa—. Quizá te ayude hablar, pero al menos todavía puedes dibujarlo.

—¿Adónde se fue Luna Lunática? La extraño. —Draco trató de sonreír, pero no pudo hacerlo bien.

—Partió en algún momento, por febrero o marzo, creo. Si la encuentras en la bodega, puedes mandarla de regreso —dijo Luna con una sonrisa triste—. Creo que fue cuando Garrick se puso muy enfermo, y yo tenía miedo de que muriera y me dejara sola allá abajo.

Draco pasó saliva. La rubia bruja estaba sonriéndole gentilmente, sin alguna señal de enojo en su rostro.

—Lo lamento tanto.

—También yo. Una cosa es cuando pierdes tus cosas, porque siempre puedes encontrar otras. Otra cosa muy diferente es cuando pierdes una parte de ti mismo, ¿no lo crees? —Estiró la mano y sacó el papel de debajo de la mano de Draco, para verlo—. ¿Sabes dónde está tu mitad faltante?

Draco miró el rostro de Harry, que le devolvía el gesto en el papel.

—Desapareció y nunca podré encontrarla. No en la bodega, o aquí, o en alguna otra parte —dijo en voz baja.

Luna se puso de pie y palmeó su hombro.

—Yo no estaría tan segura de ello. Incluso los nargles encuentran su camino de regreso a casa. Vamos, es hora de la cena.

Draco se puso de pie y salió de la biblioteca con ella. Era extraño que la única persona que le hablaba fuera la mujer que había sido prisionera en su casa por cinco meses. La cena fue una repetición del almuerzo: Luna se sentó junto a él y parloteó, y todos los demás en la mesa lo ignoraron. Si el resto del año iba como hoy, no sería tan malo.

Después de la cena, se dirigió a la Torre Oeste con Luna. A diferencia de las otras casas, no se necesitaba una contraseña para entrar. Tal vez, pensaban que unos chicos de dieciocho no estaban para tales trucos. Draco no había visto bien la Sala Común la noche anterior. Solo se había preocupado por llegar a su cuarto antes de que los demás aparecieran. Ahora, miró a su alrededor mientras todos entraban. La Sala Común era muy simple; estaba llena de sillones y sillas que no combinaban. Las ventanas estaban cubiertas con cortinas púrpuras, pero no había alguna otra decoración en el cuarto. Los otros chicos de octavo fueron a sentarse a las sillas y sillones. Granger y Weasley fueron inmediatamente a la esquina más alejada para discutir intensamente. Draco se giró hacia las escaleras que llevaban a su habitación cuando Luna lo detuvo.

—¿Quieres jugar ajedrez? —Una de las cosas que Draco había metido a la bodega a escondidas para ella y Garrick había sido un tablero de ajedrez. Había jugado con ella un par de veces y se había sorprendido al ver que ella era muy buena jugadora. Su padre había estado furioso cuando descubrió el tablero, una vez que todos hubieron escapado. Draco pasó su mirada de Luna a Blaise, que lo veía con los ojos entrecerrados, y negó con la cabeza.

—Esta noche, no.

Su habitación estaba al final de las escaleras. La mejor parte de ello era la vista que ofrecía; podía ver millas a lo lejos. Lo malo era el hecho de que estaba directamente debajo de la lechucería. La renovación a la torre significaba que ahora había una escalera por fuera, para llegar a la lechucería, por lo que había un movimiento constante afuera de su ventana mientras las lechuzas iban de viaje en la noche y regresaban. El aleteo cerca de su ventana le ponía los nervios de punta. Afortunadamente, lo que fuera que hicieron en las renovaciones había ocultado el olor y los sonidos de la lechucería.

El cuarto era pequeño. Tenía un escritorio, una cama y espacio para su baúl, pero nada más. La cama no tenía los doseles que las de Slytherin tenían. Los únicos efectos personales que tenía afuera eran un dibujo de su madre y la caja para artista que Harry le había regalado. Cuando regresó a los vestidores por última vez, hacía dos años, solo había tomado la caja y los álbumes.

Colgó su túnica con cuidado; ya estaba desgastada, y como no sabía cuándo podría comprar una nueva, o si acaso llegaría a hacerlo, no podía arriesgarse a que algo le pasara. Sus ojos se dirigieron automáticamente a las mangas de su camisa, para asegurarse de que la Marca estuviera cubierta. Habían pasado ya dos años, y aún no soportaba mirarla. Había pensado en intentar retirarla con fuego, hasta que pudo ver en las celdas de contención a algunos de los otros mortífagos; los que sí lo habían intentado. Al parecer, la Marca conseguía aparecer, trazada en sangre, por encima del tejido cicatrizado más profundo.

Los ÉXTASIS, se recordó a sí mismo; eso era lo único para lo que estaba aquí: estudiar para sus exámenes. Abrió su libro de Aritmancia y se concentró en su tarea. A la mitad de resolver el primer problema, escuchó la manija moverse, cuando alguien trató de abrir. Maldiciendo, alcanzó su varita justo cuando la puerta se abrió de golpe.

Expelliarmus —gritó Blaise, y la varita de Draco voló de su mano, antes incluso de que pudiera apuntar a su antiguo amigo.

Draco lo miró pero no dijo nada. Por el rabillo del ojo, alcanzó a ver su varita, pero no había forma de que pudiera alcanzarla a tiempo.

—¿Tenías que volver, no es cierto? —escupió Blaise, mientras miraba a Draco desde la puerta. Entró y la cerró.

—Me sorprende que te haya tomado tanto tiempo hacer tu movimiento. Esperaste 24 horas.

Blaise dio dos pasos hacia delante y golpeó al rubio en la mandíbula. El golpe hizo que cayera contra el escritorio.

—Maldito pretencioso. —Tomó a Draco del frente de su camisa y lo golpeó en el estómago—. ¿Cómo cojones te atreves a mostrar tu rostro después de burlarte de todos nosotros?

Draco gruñó al tratar de respirar.

—Tengo el mismo derecho de estar aquí como tú —gimió.

—Te atreviste a llamarte Slytherin, sentarte en nuestra mesa, vivir en la Casa de Slytherin y, todo el tiempo, te la estaba metiendo Potter. Abrías las piernas para el jodido Harry Potter. Eres peor que todos los otros traidores de la sangre combinados. —Movió el puño para atrás y lo golpeó de nuevo. Esta vez, Draco cayó de rodillas, y Blaise movió el pie y lo pateó. El rubio recibió una patada más antes de ver su varita, y pudo tomarla cuando Blaise movió su pie para patearlo de nuevo. Draco se obligó a ponerse de pie y se volteó para encarar a Blaise, con la varita en ristre.

—Lárgate de aquí —dijo, con la varita temblando en su mano—. LÁRGATE.

—Sólo se pondrá peor, Malfoy. Hasta que te rindas; no te queremos aquí. —Blaise giró y se alejó, no sin antes volcar el escritorio. Draco oyó sus pasos mientras se alejaban por la escalera y, hasta que ya no lo escuchó, se atrevió a dejarse caer en el suelo, escupiendo sangre al hacerlo.

OoOoOoO

Hermione miró a Blaise Zabini mientras éste bajaba por las escaleras. El chico se sentó junto a Daphne Greengrass y le susurró algo al oído. Greengrass sonrió con gusto y se movió para besar su mano.

—Qué raro —le dijo a Ron, que estaba sentado junto a ella, leyendo su revista trimestral de Quidditch.

—¿Qué cosa?

—Escuché que Zabini le decía a Daphne que subiría por el libro del que habían estado hablando, pero acaba de bajar sin él.

—Como si Daphne Greengrass leyera un libro —dijo Ron, riendo—. Eso sería como si Pansy Parkinson estudiara Runas Antiguas.

—Creo que le hizo algo a Malfoy —dijo Hermione, mirando las escaleras.

—¿Y qué si lo hizo? —Ahora, Ron volteó para mirarla—. No es como si yo no quisiera hacer lo mismo.

—¿En serio lo harías? —preguntó Hermione, preocupada.

—¿Después de lo que le hizo a Harry? —Ron la miró, incrédulo—. Con gusto lo arrojaría a un lago lleno de inferi y reiría mientras lo jalan hacia abajo.

—¡Salvó nuestras vidas, Ron! Y, por muy equivocado que haya sido lo que le hizo a Harry, lo hizo para tratar de salvarlo. Malfoy fue torturado y tuvo que ver morir a muchas personas. E incluso así, intentó evitar que Harry se enterara de ello.

—Para salvar su propio pellejo —dijo Ron con amargura.

Hermione negó con la cabeza.

—Lo hizo para evitar que Harry pasara por todo el dolor por el que está pasando ahora mismo. —Tomó a Ron de la mano—. Te guste o no, pienso que Draco Malfoy en verdad ama a Harry. Y, de algún modo, no sé, Harry lo amó…

—Aún no puedo creer eso.

—Malfoy salvó nuestras vidas, y creo que nos corresponde ir a asegurarnos de que Zabini no lo haya lastimado.

—Entonces, ¿vas a ir a tocar a su puerta, a revisarlo, como si fueras su mamá? —dijo Ron, sin poder creerlo.

—Sí —dijo Hermione—. Y tú vas a venir conmigo. —Se puso de pie y miró a Ron, esperando.

El chico maldijo entre dientes y se puso de pie.

—Si Ginny se entera, nos va a matar a ambos.

Hermione se encogió de hombros y se dirigió hacia las escaleras, con Ron siguiéndola detrás lentamente. Llegaron al final de las escaleras y se detuvieron. La puerta de Malfoy estaba entreabierta. Ron sacó su varita y le hizo un gesto a Hermione, indicándole que esperara. Dio un paso hacia la puerta y la abrió por completo. Malfoy estaba en el suelo, recargado contra su escritorio, volcado, a la mitad de la habitación. Su rostro estaba cubierto de sangre de su nariz y de un corte en su mejilla, y se estaba agarrando un costado. Fijó en él el ojo que no tenía cerrado e hinchado.

—¿Vinieron a terminare? Bien, adelante —dijo, y escupió más sangre. Ron se quedó parado mientras Hermione lo rodeaba y se arrodillaba cerca del rubio.

—¿Tienes algo roto? —preguntó con ansiedad.

—¿Qué? ¿Quieres asegurarte de que solo recibas crédito por lo que rompas? —dijo, con una risa incrédula.

—Para poder repararlo. Soy muy buena con el Episkeyo.

—Mejor pregúntale primero a tu amado chico. —Draco giró la cabeza, para poder ver a Weasley un poco mejor con su ojo bueno—. No creo que esté ansioso porque te pongas a jugar a la enfermera conmigo.

Ron maldijo y bajó su varita.

—¿Quieres que te ayudemos o no? Hermione es buena, o puedo arrastrarte hasta llegar con la señora Pomfrey.

—Depende, ¿tienes algo de crece huesos? El Episkeyo no funciona bien con las costillas. —Draco gruñó y escupió más sangre en el piso.

—Correcto, costillas rotas y escupitajos de sangre es más de lo que puedo manejar —dijo Hermione con una mueca. Luego, miró a Ron—. ¿Por qué no vas por Neville…?

—Ya estoy aquí. —La voz de Neville se oyó desde la entrada—. Luna me hizo venir a ver qué estaba pasando.

—Genial. Una reunión de Gryffindors, como si eso no fuera a causar que me golpeen de nuevo. —Draco trató de respirar profundamente, pero terminó tosiendo. Luna pasó junto a Neville y se acercó al rubio, sentándose del otro lado.

—Te advertí que checaras si había bowcrinkles —dijo, con tristeza.

—Si por bowcrinkles te referías a que pusiera un encantamiento cerradura en mi puerta, deberías haber sido un poco más directa, Luna —dijo Draco, mirándola con una media sonrisa, por la inflamación de su rostro. La chica palmeó su mano y luego se apartó, cuando Ron y Neville se acercaron.

—¿Listo, Malfoy? Esto va a dolerte. —Neville y Ron metieron las manos po debajo de sus brazos y lo levantaron. El rubio gruñó cuando sus costillas rozaron una con la otra—. No nos vomites, Malfoy. Eso en verdad me molestaría —lo amenazó Ron, cuando comenzaron a avanzar.

Draco peleó contra la oscuridad pero, cuando los tres estuvieron hasta arriba de las escaleras, miró hacia abajo y todo se puso negro.

—Bueno, así será más fácil —dijo Neville, mientras él y Ron ajustaban rápidamente su agarre, para acomodar al peso inconsciente del mago entre ambos.

Hermione lo miró, incrédula.

—¿Cómo que más fácil?

—Así no sentirá cuando lo arrastremos por los cinco niveles de escaleras —dijo Ron con una sonrisa—. Maldita suerte que viva hasta arriba de las escaleras. —Hermione asintió y se giró, para mirar el cuarto de Malfoy.

—¿Por qué no Luna y yo ponemos su habitación en orden? Solo nos tomará un minuto, los alcanzamos. —Ron gruñó, mostrando su aprobación, y él y Neville comenzaron a descender. Hermione los miró por un momento y luego se volteó para mirar el cuarto. Vio a Luna y se encogió de hombros—. Regresemos el escritorio a donde estaba y luego juntemos sus cosas. —Juntas, enderezaron el escritorio y Hermione se puso a acomodar los libros de texto. Encontró un dibujo de Narcissa Malfoy, que había caído bajo la cama. Verlo confirmaba que Malfoy debía haber sido el que hizo el dibujo que Harry había encontrado en el baúl; la técnica era la misma. Del lado más lejano del escritorio, Luna estaba sentada en el suelo, junto a una caja rota de madera—. ¿Qué es eso?

—Su caja para artista —dijo Luna con tristeza, sosteniendo la cubierta rota—. Esto lo pondrá triste.

—¿Por qué crees eso? —preguntó Hermione, mientras se acercaba para sentarse junto a la rubia.

—Esto es lo único que le queda de Harry —dijo Luna con tranquilidad, mientras levantaba los carboncillos y los volvía a poner en su estuche. Hermione dejó caer los papeles que había levantado y miró la caja.

—¿Harry le dio esto?

Luna asintió.

—En su primera Navidad juntos. Fue algo muy dulce de su parte. Draco ni siquiera había notado que Harry sabía que le gustaba dibujar.

—Harry le dio esto. —Hermione no parecía notar que estaba repitiendo sus palabras—. ¿Cómo lo sabes?

—Draco bajó mucho a visitarme en la bodega de la mansión Malfoy, cuando llegó a casa para Navidad, cuando me capturaron. Platicábamos. Creo que se sentía mal porque yo estuviera ahí. Me contó acerca de Harry —dijo Luna—. Claro, ninguno de los dos pensaba que estaría vivo para recordar algo de eso.

Hermione acercó su varita a la tapa rota.

Reparo —dijo, mirando cómo la madera se fundía y regresaba a su estado original. Levantó la tapa y repitió el hechizo; las bisagras chillaron y el metal de dobló. Luego, la chica probó si la tapa abría y cerraba bien—. Ya estás, nunca sabrá que se rompió.

—Sí lo sabrá, pero se sentirá feliz de que la hayas arreglado. Uno siempre sabe cuando algo que amamos está roto, ¿no es así? —Luna sonrió felizmente cuando acomodó el último lápiz en la caja—. Me preguntó dónde guardará éstas —dijo, sosteniendo un fajo de notas arrugadas.

—¿Puedo verlas? —preguntó Hermione. Luna le dio las notas.

¿El martes, después de la cena?

El domingo, sáltate la cena, ven abajo

Nos vemos en nuestro árbol, a las 3

Había más de una docena de notas, todas con la letra de Harry.

—Guardó todas las notas que Harry le dio —dijo Hermione, incrédula—. ¿Qué significa "abajo"? No se refiere a las mazmorras, ¿verdad?

—Es donde solían reunirse, no quiso decirme dónde era —explicó Luna. Tomó las notas y las metió debajo del fondo removible en la caja—. ¿Vamos a verlo?

Vieron a Blaise Zabini aún sentado en la Sala Común al salir; el chico las fulminó con la mirada pero no dijo nada.

—Me sorprende que Draco no haya respondido a la agresión, y si sí lo hizo, no parece que Zabini tenga alguna marca de ello.

—No puede —dijo Luna—. Es una condición de su libertad condicional: no puede pelear.

—¿Ni siquiera para defenderse? —preguntó Hermione, impactada.

—No puede pelear, batirse en duelo o hechizar a alguien —dijo Luna—. Espera que nadie se entere de que no puede defenderse.

—Pues tiene toda la razón al preocuparse. Aquí hay algunos que les gustaría usarlo como un costal para golpear —dijo Hermione, negando con la cabeza.

Luna y Hermione se cruzaron con Ron y Neville, se salían de la enfermería.

—¿Cómo está?

—Tiene las costillas rotas —dijo Ron, encogiéndose de hombros—. Pomfrey estaba sacando la crece huesos mientras nos íbamos.

—De acuerdo, iré a desearle buenas noches —dijo Luna. Hermione asintió y dijo que iría con ella. Seguía un poco inquieta por haber visto las notas de Harry. Una cosa era saber que habían estado saliendo, y otra muy diferente era ver la prueba en las pequeñas notas que Harry había mandado.

—¿Quieres que espere? —ofreció Ron. Hermione negó con la cabeza.

—Solo será un minuto. —Ella y Luna atravesaron las puertas; solo una cama estaba ocupada. La señora Pomfrey estaba parada junto a él, sosteniendo un frasco de poción. Ya había reducido la hinchazón de su rostro, así que cuando Draco se giró para mirarlas con los ojos entrecerrados, pudo ocupar los dos.

—Tu novio ya se fue —dijo.

—Solo vinimos a asegurarnos de que estuvieras bien —dijo Hermione, mientras Luna se acercaba desde el otro lado de la cama.

—Sí. Bien. Estoy bien.

—Estará bien, una vez que la crece huesos haga su efecto —dijo la señora Pomfrey. Le dio una cuchara para medir—. Tres cucharadas, señor Malfoy. Señorita Granger, ¿puedo hablar un momento con usted?

Hermione se veía sorprendida. Asintió.

—Lamento que esto te haya pasado, Draco. —Giró y se alejó rápidamente. Miró por encima del hombro y vio cómo Luna se acercaba a Malfoy y hablaba con él.

La señora Pomfrey la siguió y se giró hacia su oficina.

—Señorita Granger, hablé con la profesora McGonagall y ella me dijo que debía darle esto a usted. Es para el señor Potter. —Levantó un sobre sellado y se lo dio a Hermione. La chica miró la carta y luego a la enfermera. Vacilante, estiró la mano y tomó el papel.

—Debe saber que Harry se rehúsa a leer todas las cartas como ésta —dijo Hermione—. Ésta no es la primera.

—Lo entiendo, pero por mi propia conciencia, necesitaba escribir esto. —La señora Pomfrey se sonrojó—. Cuando Dumbledore me pidió que le diera la poción, si algo le pasaba a él, a Dumbledore. No sabía que… no, eso no es cierto. Podía oler la poción y sospechaba qué era. Y aun así se la di al señor Potter, el último día que estuvo aquí.

—Está bien —dijo Hermione. No sabía qué más decir—. No se preocupe por ello.

—¿Cómo no hacerlo? —dijo Pomfrey, negando con la cabeza—. Si alguna vez desea hablar conmigo, le diré lo poco que sé.

Hermione sonrió y asintió.

—Si él quiere saber… —Luego, miró hacia donde Draco Malfoy estaba acostado. Parecía estar viendo un hueco en el lado más lejano del lugar—. Necesitamos preocuparnos por el presente ahora mismo, no por el pasado.

OoOoOoO

Draco entró al Gran Comedor para desayunar. Como esperaba, el salón quedó en silencio. Se dirigió hacia la mesa de los de octavo grado y se sentó lo más lejos posible de Nott y Greengrass. Zabini ya había dejado la escuela. McGonagall había ido a la enfermería y le había dicho:

—La política de cero tolerancia es lo que le dije a todos los alumnos, señor Malfoy. Y lo dije en serio.

Draco no sabía si el hecho de que Zabini ya no estuviera significaba que tenía menos de qué preocuparse. Quizás más. Tal vez significaba que cualquiera que tuviera un problema con que él estuviera ahí recurriría a técnicas más sutiles que patearlo en las costillas. Como recordatorio de que acababan de sanar, sus costillas protestaron cuando se estiró para tomar un panqué.

—A ver, permíteme —dijo Granger, y le acercó la canasta—. ¿Ya estás mejor?

Draco asintió y no se molestó en responder. No entendía la motivación de Granger para ser amable con él, y hasta que lo hiciera, no iba a arriesgarse. Comió tan rápido como pudo y se puso de pie. Levantó su mochila con cuidado, porque las costillas reparadas con crece huesos necesitaban un par de días para sanar, pero no quería que alguien pensara que estaba escondiéndose en la enfermería, temeroso de mostrar el rostro.

—¿Estás seguro de que estás lo suficientemente bien como para ir a clase? —preguntó Granger. Draco miró a Weasley, para ver qué pensaba de la preocupación de su novia por él. El pelirrojo tenía la cabeza gacha y estaba comiendo sin cesar, ignorándolos. Luna estaba sentada junto a él; alzó la mirada y le guiñó un ojo. El chico le sonrió brevemente. Luna Lovegood era la única persona en la que confiaba ahora. Nada como estar bajo el yugo de terror como para unir a dos individuos totalmente diferentes—. ¿Vas a Runas? Luna y yo también la cursamos. —Granger se inclinó hacia abajo y agarró su mochila—. ¿Lista, Luna? —La rubia asintió. Granger se acercó al oído de Weasley y le susurró algo; el chico le contestó con un gruñido. Ella sonrió y le dio al pelirrojo un beso en la cabeza, lo que hizo que Draco se estremeciera—. Vamos —dijo, con el rostro iluminado—. Estoy emocionada por regresar a la clase, después de habérmela perdido el año pasado.

—No te perdiste de mucho el año pasado —dijo Luna—. No se aprendía mucho. —Draco no pudo evitar asentir; estaba de acuerdo con lo dicho.

—Hermione, ¿puedo hablar contigo? —Una voz se oyó detrás de ellos al pasar por la mesa de Gryffindor. Draco reconocería esa voz donde fuera; habría seguido caminando, de no haber sido porque Luna puso su mano en su brazo al girar.

Ginny Weasley estaba parada detrás de ellos. Draco escuchó a Hermione dudar y decir:

—Ya vamos para nuestra clase, Ginny. ¿Podemos hablar más tarde?

—Ahora. —La comadrejilla pasó junto a ellos, dirigiendo la salida del Gran Comedor. De nuevo, todos los ojos estaban enfocados en él. Draco maldijo entre dientes y Luna palmeó su brazo.

—Mejor terminar con los gritos temprano, ¿no lo crees?

Apenas se habían alejado de las puertas del salón, cuando la pelirroja giró sobre sus talones y apuntó a Granger con el dedo.

—Quiero saber por qué estás caminando a las clases con él. ¿Por qué siquiera le diriges la palabra? —Las palabras no fueron gritadas, pero Draco sabía que la novia de Harry, ex novia o lo que fuera, podía alzar el techo cuando quería.

—Ginny, por favor. Ahora no. Hablemos de esto más tarde —dijo Granger, con un tono de súplica que, Draco sabía, no iba a funcionar.

—¡Tú sabes lo que le hizo a Harry! ¡¿Cómo puedes soportar estar en el mismo salón que él, mucho menos CAMINAR A LAS CLASES CON ÉL?! —Genial. Gritos. Solo le había tomado diez segundos. Draco comenzó a alejarse antes de que los gritos se dirigieran a él. Solo consiguió dar cinco pasos—. No te vayas a ninguna parte, Malfoy. —Ginny dio un paso para quedar frente a él—. ¿Qué le hiciste a Hermione? ¿Otro Obliviate? ¿Hiciste que olvidara…?

—Por el amor de Merlín, Ginny. ¡No hizo nada! Solo creo que se merece una oportunidad. Retiraron todos los cargos…

—¡LE BORRÓ LA MEMORIA A HARRY!

—¡PORQUE LO AMABA! —respondió Granger, gritando. Draco sintió que la sangre abandonaba su rostro. Esto no podía estar pasando. No lo suficientemente cerca como para que toda la escuela lo oyera. Alzó la mirada y vio que la comadreja estaba caminando hacia ellos. Maravilloso.

—¿Qué está sucediendo? —El Gryffindor ya estaba arremangándose, como si estuviera preparándose para la batalla.

—Nada. Joder, nada —dijo Draco, gravemente. Giró para alejarse.

—Quédese donde está, señor Malfoy. —La voz de McGonagall se oyó. Draco negó con la cabeza. Jodidamente genial. Los cinco giraron para ver a McGonagall, caminando hacia ellos, seguida por una bruja rubia que Draco no reconoció.

—¿Cuál es el problema aquí?

Nadie habló, pero tres pares de ojos se dirigieron a Ginny Weasley, que seguía fulminando a Draco con la mirada.

—Solo quería saber por qué Hermione está caminando a las clases con él. Una cosa es que pueda estar aquí, pero ella no tiene por qué ser amable con él.

—Ya veo. Bueno, es una fortuna que la sanadora McCain haya llegado. Va a dar terapia grupal y, al parecer, ustedes cinco acaban de ofrecerse para ser el primer grupo —dijo McGonagall, sin intención de oír reclamos.

—No necesitamos un sanador.

—¿Terapia con él?

—¿A qué se refiere con terapia?

Draco no se molestó en responder. Ya sabía que esto vendría, y no sabía cómo sentirse al respecto. Miró a la sanadora; la mujer era de mediana estatura y el rubio cabello le llegaba un poco más abajo de los hombros. Sus mejillas tenían hoyuelos.

—¿Incluso yo, profesora McGonagall? —Luna alzó la voz—. Yo realmente no soy parte de esto… —dijo, señalando con las manos a los otros cuatro.

—Creo que sería beneficioso si también asistiera. Usted es amiga del señor Malfoy, y estoy segura de que él apreciará tener a alguno a su lado.

Ginny Weasley la miró como si estuviera a punto de explotar, pensó Draco con satisfacción.

—¿Cuándo nos vamos a reunir? Tenemos Runas en unos cuantos minutos.

—Con el permiso de la directora, nos vamos a reunir ahora mismo. A veces, es mejor reunirse cuando las emociones están en proceso. Hay menos tiempo para crear defensas. —La sanadora habló por primera vez. Granger se veía horrorizada por la idea de perderse clases.

—Le haré saber a la profesora Babbling. Estoy segura de que puedo conseguir las notas de la clase y la tarea que se deje.

—Muy bien —dijo McCain. La mujer les sonrió—. La profesora McGonagall fue muy amable en arreglar un salón para uso grupal mientras estoy aquí. —Les indicó que la siguieran. Reticentes, la siguieron por el pasillo. Draco iba en la retaguardia del grupo, preguntándose cómo podría intentar escaparse de la sesión.

Entraron a un salón del tercer piso, que había sido transformado para uso de la sanadora. El cuarto entero tenía el aspecto de una acogedora sala de estar, en vez de un salón. Los candelabros en las paredes iluminaban los sillones y sofás que estaban acomodados en un círculo flojo. La sanadora McCain les indicó que se sentaran. Ginny fulminó a Granger con la mirada, pero no dijo nada, y escogió una silla alejada del sofá en el que Granger y Weasley se habían sentado.

McCain miró al grupo.

—Deberían saber que tenía la intención de reunirme con todos ustedes más tarde esta semana. Sin embargo, dados los eventos de este fin de semana, decidimos adelantar la primera sesión grupal. Se ha vuelto claro que ciertos problemas necesitan ser expuestos, antes de que se repita el incidente; algo que, claramente, no puede ser tolerado.

La mujer continuó.

—Ahora, sé que todos están familiarizados el uno con el otro. Sin embargo, yo no he tenido la oportunidad de conocerlos a todos. Nos hemos reunido debido a que todos ustedes han sido afectados por las acciones de Draco. Pasé todo el fin de semana discutiendo con la profesora McGonagall cómo manejar un grupo tan diverso. Nos gustaría prevenir más ataques, y la mejor forma de hacerlo es ayudándoles a entender y, esperemos, a sanar.

—Ahora, como ustedes cuatro saben, Draco tiene prohibido, por su libertad condicional, hablar de su relación con Harry Potter. No obstante, es imposible tener estas sesiones con esa restricción. Por eso, recibí permiso del ministerio para que esa restricción sea retirada durante las sesiones. Esto es bajo el entendido de que estas sesiones serán llevadas a cabo en completa confidencia y no serán discutidas fuera de este salón. ¿Entendido?

—Hay un problema. Yo no quiero hablar de ello. —Draco miró a la sanadora—. No es asunto de ellos.

—Sí lo es —dijo la sanadora—. Los tres fueron directa y drásticamente afectados por tus acciones. Idealmente, me gustaría tener a Harry Potter aquí, para que participara, pero entiendo que está fuera del país.

—Se ha negado a hablar acerca de esto por una razón. No quiere saber lo que él le hizo —escupió Ron.

—¿Y no quieres saber por qué? —preguntó la sanadora—. ¿Cómo vas a poder sentarte en clases con Draco, compartir la Sala Común, verlo cada día sin expresar lo que está haciendo que estés agarrando el brazo del sofá con tanta fuerza?

Weasley bajó la mirada hacia su mano y, conscientemente, aflojó su agarre.

Draco negó con la cabeza.

—Esto no servirá de nada. A ellos no les importa y yo no quiero hacer esto.

—A mí me importa. Yo quiero saber lo que pasó —dijo Granger, mirándolo—. Quiero saber cómo pudiste hacerle eso a Harry, si lo amabas tanto como sospecho que lo hacías.

—Engañó a Harry y luego cubrió sus huellas, borrándole la memoria —dijo Ginny fríamente—. Harry nunca podría haber estado enamorado de él.

Draco miró a la sanadora.

—¿Ve? No tiene sentido.

—Todo lo que estoy escuchando es la razón precisa por la que necesitamos hacer esto. Todos tienen su propia versión de lo que pasó. Solo tú puedes compartir lo que sucedió en realidad.

—No, no puedo compartir lo que sucedió en realidad. Escuche, sé que lo de la terapia es parte de mi libertad condicional, pero nunca dijeron que sería grupal. No puedo hablar frente a ellos.

—Porque sabes que conocemos a Harry, y sabemos que él nunca, nunca podría… —La voz de Ginny comenzó a apagarse.

—¿Amar a alguien como yo? Bueno, sí lo hizo, y ni siquiera necesitó una poción de amor para ello. —Las palabras brotaron de su boca antes de que pudiera detenerlas. Con un grito indignado, Ginny se lanzó contra él. Granger y Weasley la agarraron mientras la chica se agitaba para alcanzar al rubio. Éste tuvo que hacerse para atrás, para esquivar el golpe.

—¡BASTARDO! ¡¿Cómo te atreves?! Eres un maldito y asqueroso mortífago. —Ginny estaba gritando a todo pulmón. La sanadora se puso de pie y se acercó a Ginny, poniendo las manos sobre sus hombros, mientras Granger y Weasley la agarraban de los brazos.

—Por favor, toma asiento, Ginny —dijo la sanadora con firmeza—. No vamos a gritarnos insultos ni atacar. —Ginny sacudió sus manos, se giró y tomó asiento. Su rostro estaba pálido y su mano tembló cuando se retiró el cabello del rostro—. Draco. —La sanadora se giró hacia el rubio—. Por favor, abstente de hacer comentarios provocadores.

El chico asintió forzadamente, pero respiró profundamente. Era muy fácil regresar a ser el arrogante y cruel imbécil que solía ser.

—Lo siento. No era necesario que dijera eso, no debí haberlo hecho. —Los tres Gryffindors lo miraron como si hubiera perdido la cabeza. El rubio pensó que valía mucho la pena el esfuerzo que la había tomado disculparse.

—Bueno, em, gracias, Draco.

—No confío en él —dijo Weasley—. El Draco Malfoy real nunca se disculparía por algo.

—Tal vez no has conocido al Draco real —dijo Luna, con voz cantarina, a Ron—. Antes de que decidan si Harry pudo o no haberlo amado, deberían conocer a Draco.

—Excelente sugerencia, Luna —dijo la sanadora—. ¿Por qué no me cuentas acerca del Draco real que tú conoces?

Luna miró al rubio, con la ceja alzada. Él quería negar con la cabeza, decirle que no lo hiciera. Pero, si quería una nueva vida, tenía que comenzar con las tres personas que estaban fulminándolo con la mirada en ese momento.

—Está bien, diles lo que quieras —dijo, mirando el suelo frente a él.

La callada voz de Luna llenó el silencio.

—Las visitas de Draco, después de que me capturaran, eran lo único que me mantenía cuerda. Sabía que estaba arriesgándose mucho al bajar a verme como lo hacía. Pero siempre venía y traía comida y cobijas para nosotros, para Garrick Ollivander y para mí. Cuando estás prisionero por meses, pierdes la esperanza, pero las visitas de Draco me mantuvieron viva hasta que ustedes llegaron y me rescataron.

Luna prosiguió.

—Sabíamos cuánto se estaba arriesgando Draco, pero aun así venía. Incluso trajo pociones para ayudar a Garrick a seguir con vida, cuando estuvo muy enfermo. —Miró alrededor del cuarto—. Creo que todos ustedes necesitan pensar en cómo los ayudó, no en cómo los lastimó. —Se giró hacia Draco—. Creo que nunca te agradecí en persona, Draco. Pero, en mis oraciones, te lo agradezco cada día. No soy la misma persona que era cuando me capturaron en el tren, pero al menos estoy viva, y todo es gracias a ti. —Se puso de pie y jaló a Draco para abrazarlo, poniéndose de puntas para susurrarle algo al oído. Draco la miró, incrédulo, con una ligera sonrisa marcando su pálido rostro. El chico acarició por un momento su cabello, al abrazarla.

—¿Por qué te arriesgaste tanto para ayudar a Luna? —preguntó la sanadora.

—Porque era lo correcto. Ya había visto pasar suficientes cosas malas a la gente, así que, lo que fuera que pudiera hacer para ayudar, lo hacía —dijo Draco, agarrando la mano de Luna con fuerza—. Y tú me ayudaste tanto como yo te ayudé.

Luna sonrió con felicidad y se sentó en la silla junto a él. Lo miró y susurró:

—Necesitas contarles lo que me contaste.

Él negó con la cabeza.

—No tiene sentido, nunca lo creerán.

—¿Nunca creeremos qué?

—Cómo se enamoraron Harry y Draco —dijo Luna.

—Harry no ama a Malfoy —dijo Ginny, apretando los dientes.

—Pero lo hizo —dijo Granger suavemente—. He visto las notas que Harry le escribió y el dibujo que Malfoy hizo de ambos. No sé cómo, pero Harry debió haberlo amado, y creo que Malfoy también lo hizo.

—Por favor, me gustaría que usaran los nombres de los demás, no los apellidos. No usar los nombres solo incita a hostilidades… —La sanadora se detuvo cuando Draco rio.

—Lo lamento, alguien nos dijo a Harry y a mí exactamente lo mismo hace un largo tiempo. —La frase salió tan fácilmente que Draco se sorprendió, como todos los demás. Decir tan casualmente algo acerca de Harry, algo que solo había hecho con otra persona: Luna. En esas oscuras y terroríficas noches, hablaba con ella acerca de Harry. Y había sido extrañamente reconfortante saber que alguien más sabía acerca de lo que había tenido una vez.

—¿Quién? —preguntó Granger.

—Cedric Diggory —dijo Draco.

—Pensé que tal vez había sido él. —Granger asintió al ver la expresión asombrada de Draco, y explicó—. Simon Ward vino a la casa de Harry y nos contó que Cedric y Harry habían sido amigos. También nos contó acerca de ti.

—Simon… Rayos. Lo había olvidado —dijo Draco, negando con la cabeza.

—Apuesto a que le habrías borrado la memoria también, si lo hubieras recordado —dijo Ron—. Él es quien llenó los espacios en blanco por primera vez.

Ginny se veía confundida.

—¿Quién es Simon Ward?

—El novio de Cedric Diggory. Vino a la casa después de que el artículo en El Profeta contara lo de la memoria de Harry. Le dijo a que lo había conocido a él y a Draco y que sabía que habían estado saliendo durante el Torneo de los Tres Magos.

—¡¿Y por qué ésta es la primera vez que escucho acerca de esto?! —dijo Ginny, enojada.

Weasley miró a su hermana, incómodo.

—No era como si quisiéramos restregártelo en el rostro. Ya era suficientemente malo saberlo, y pues…

—Merlín le salve de mis hermanos. Dejen de tratar de protegerme —gruñó Ginny—. Entonces, ¿Cedric Diggory y este Simon Ward sabían acerca de Harry?

Granger asintió.

—Al parecer, sí. Según Simon, Harry se encontró con Cedric en la Copa del Mundo y se hicieron amigos.

—Espera, ¿a qué te refieres con que, "al parecer", Harry y Cedric se hicieron amigos? ¿Él no sabe que eran amigos? —Draco sintió que la sangre abandonaba su rostro—. ¿No recuerda a Cedric?

Ron lo miró, incrédulo.

—No, no lo recuerda, porque borraste dos años de su memoria. ¿O acaso oportunamente olvidaste eso?

—¡Me borré a de su memoria, no a Cedric! —dijo Draco, negando con la cabeza—. No puede haber olvidado a Cedric.

Granger lo miró; sus ojos cafés mostraban preocupación.

—No, Harry perdió casi todos sus recuerdos de Diggory. Lo único que recuerda de él es que estuvieron juntos en el Torneo de los Tres Magos, la noche en la que murió y que jugaron juntos al Quidditch el año anterior.

Draco se puso de pie y comenzó a moverse alrededor del cuarto. No podía soportar estar sentado.

—Eso no se suponía que pasaría. No debería haber perdido esos recuerdos… Cedric era su amigo. Él… joder.

—Draco, cuando se utiliza el Amoris Delere, la intención es solo borrar los recuerdos amorosos de una persona en específico, pero si alguien más estuvo involucrado en la relación, si los recuerdos están entrelazados, entonces esa tercera persona también se pierde.

—Espere, ¿está diciendo que Cedric Diggory y Harry también estaban…? —dijo Ginny, temblando.

—¡No! Merlín, ni siquiera lo sugieras. Cedric solo era un muy buen amigo. Nos ayudó, marcó una diferencia. Fue devastador cuando murió. Y creo que, honestamente, puedo decir que Harry lo quería, pero solo como amigo. No puedo creer que también destruí eso. —Draco se pasó la mano por el cabello.

—Dado que los recuerdos de Diggory no eran el verdadero objetivo del hechizo, es posible que pueda recuperar la mayor parte de ellos —dijo la sanadora—. Cuando su mente comience a recuperarse del trauma, es posible.

—Como sea, Simon le dejó a Harry las cartas que Cedric le escribió. La sanadora con la que hablé dijo que podrían ayudar a activar los recuerdos —dijo Granger, mirando a la sanadora. La mujer asintió, confirmándolo—. Pero Harry se rehusó a leerlas. No quiere saber nada más.

—Debería leerlas. Cedric era un buen hombre —dijo Draco.

—Dijiste que él los acercó, ¿cómo lo hizo? —preguntó la sanadora con gentileza.

Draco asintió.

—¿Está segura de que no violaré mi libertad condicional?

—Tengo una declaración firmada por el ministro Shacklebolt, que te da permiso de participar en las sesiones de terapia y compartir la información que se considere necesaria para la terapia.

—¿Qué pensará Harry, si le cuento todo a sus amigos? —dijo Draco—. Sabrán más de lo que él sabe.

—Porque le borraste la memoria —dijo Ron bruscamente—. ¿Por qué preocuparse por él de repente?

—Nunca he hecho nada sin preocuparme cómo podría afectar a Harry —gruñó Draco.

Ginny rio, indignada, pero Draco la ignoró. Luego, miró a la sanadora.

—Sería mucho mejor si Harry estuviera aquí para participar, pero no tenemos esa opción. Entonces, necesitaremos trabajar juntos por ahora. Cuando esté listo, puede que le ayude que sus amigos ya hayan entendido las cosas.

—Yo nunca lo entenderé —dijo Ginny, negando con la cabeza—. No hay forma de que Harry pudiera haberlo amado.

Draco se acercó a la mesa que tenía un contenedor de agua y se sirvió un vaso, mientras las manos le temblaban. Dándole la espalda al grupo, bebió el líquido de un trago. Escuchó a alguien acercándose detrás de él y supo que era Luna.

—Puedes hacer esto, Draco. Justo como lo hiciste esa noche en la bodega —susurró.

—Pero es nuestro secreto, de Harry y mío. Incluso cuando estábamos juntos, no quería que nadie lo supiera.

—Creo que es hora de que los secretos terminen. Ya ha habido mucho daño por culpa de ellos —dijo Luna con suavidad.

Draco la miró y luego miró a los otros chicos, que estaban viéndolos.

—¿Y si me odia por hablar?

Luna le sonrió.

—Harry ya te odia, así que no veo cómo pueda sentir algo peor. —Draco rio por ello; un burdo intento de risa. Lo que la chica decía era cierto. En realidad, no importaba, Harry nunca podría perdonarlo. Si quería empezar desde cero, si quería sobrevivir los siguientes diez meses viviendo con los amigos de Harry, tendría que hacerles entender.

Con un sentimiento de pavor porque no le creyeran, sin importar lo que dijera, se volvió a sentar. Con voz vacilante, comenzó a contarles acerca de la primera reunión, en el salón de las mazmorras, el día que le había pedido ayuda a Harry. Les contó cómo habían comenzado a reunirse con Cedric en los vestidores.

—¿Cuáles vestidores? —preguntó Ron—. ¿En el campo de Quidditch?

Hermione negó con la cabeza.

—¿En serio soy la única que ha leído Historia de Hogwarts? Los primeros vestidores de Quidditch estaban en la base de la Torre Oeste, debajo de nuestro dormitorio. —Draco la miró y casi sonrió. Era lógico que ella supiera eso.

—Entonces, ¿esperas que creamos que Harry simplemente aceptó ayudarte con la maldición imperius, y que en verdad la usó contigo? —Ron lo miró, negando con la cabeza—. Y luego simplemente comenzaron a…

Draco se encogió de hombros y asintió.

—No era como si nunca peleáramos, pero podíamos resolver nuestros problemas. Cedric nos ayudó mucho con eso. Salimos a volar unas cuantas veces, solo nosotros dos. Y trabajábamos en Pociones, allá abajo. Era la primera vez que podía pasar tiempo con él a solas, y que podía verlo sin todas esas idioteces de "El Elegido". Luego, nos tocó un castigo juntos y entendimos, o bueno, yo entendí que… bueno, que quería… ser algo más que solo un amigo. Después de eso, fue cuando las cosas cambiaron entre nosotros. —Se sonrojó al recordar el primer beso que Harry y él se habían dado. Había tenido tanto miedo de que al besar a Harry, el chico lo apartara bruscamente.

—¿Por qué recibieron castigo? —preguntó Weasley.

—Por hechizarte en la clase de Snape —dijo Draco, recordándolo con una sonrisa—. Creo que Harry fue castigado solo por llegar tarde. Snape nos hizo destripar gusanos. La peste era horrible.

—La bufanda. Por eso es que tenía una parte de tu bufanda —dijo Hermione.

Draco asintió.

—Se la amarré alrededor de la cabeza, para que no pudiera oler. Seguía lastimado por su enfrentamiento con el dragón, por lo que no podía alzar sus brazos para amarrarla por sí mismo.

—¿Qué pasó después de Navidad? —preguntó Hermione—. Recuerdo que Harry se veía miserable. Pensé que era debido a la segunda prueba, y que no podía resolver el acertijo del huevo, o porque tal vez estaba enamorado de Cedric.

—¿Pensabas que Harry estaba enamorado de Cedric Diggory? —exclamaron Ron y Ginny al mismo tiempo.

Hermione asintió, impaciente.

—En ese momento, sí. Siempre estaban juntos. Y en ese entonces, sabía que Harry era gay. Fue antes del Adcredo, claro. No te lo dije, Ginny, porque sabía que Harry te gustaba, y que Harry no estaba listo para que la gente supiera que era gay. Y no quería que Ron lo molestara por ello.

—Ese enero, tuvimos una pelea. Rompimos por casi un mes —dijo Draco, haciendo una mueca al recordarlo—. Fue mi culpa, como estoy seguro que deben imaginarlo. Fue por el artículo de El Profeta, acerca de Hagrid.

—Ese fue un artículo lleno de odio —dijo Hermione.

—Harry me dijo que no podía estar con alguien que pensara como yo lo hacía —dijo Draco—. Tuve que tomar una decisión, acerca de quién iba a ser. Un bravucón como mi padre, o alguien a quien admiraba, como Harry.

—¡Y entonces de disculpaste con Hagrid! —dijo Luna, con una sonrisa—. Enfrente de todos en el Gran Comedor.

—Claro. Y por ello pasaste por la carrera de baquetas —dijo Weasley, recordando de repente—. Todos pensamos que te habías vuelto temporalmente loco.

—No. Solo quería mostrarle a Harry que podía cambiar —dijo Draco—. Valió la pena cada maldición.

—Entonces, todas las peleas e insultos entre ustedes eran fingidos —dijo Hermione, pero negó con la cabeza—. Harry no es tan buen actor. Siempre puedes ver todo lo que está pensando.

—A veces ves lo que quieres ver, y nosotros estábamos muy acostumbrados a ser idiotas con el otro, arriba. Era fácil mantener los dos roles separados. —Draco se encogió de hombros—. Aunque puede confundir la mente.

—A mí me engañaron —dijo Weasley.

Ginny miró a su hermano y a Granger, sin poder creer lo que estaba oyendo.

—¿En serio van a creer todo lo que está diciendo? ¡Podría estar mintiendo descaradamente! No olviden que le borró la memoria a Harry, borró todo esto. Probablemente tenía una buena razón. Tal vez Harry lo odiaba, tal vez Malfoy utilizó la imperius con él y lo obligó a hacer cosas.

—Harry puede salir del estado de la imperius, ya sabes eso. ¿Y en serio crees que podría haberle "hecho cosas" por dos años sin que él hiciera algo al respecto? Las cosas que hicimos, las hicimos juntos, yo no lo forcé nada.

—Ginny tiene razón. Lo único que tenemos es lo que Malfoy nos está diciendo —dijo Ron.

La sanadora McCain giró hacia Hermione.

—¿Tú crees que Draco está mintiendo? Pareció una historia muy honesta.

—Le creo. Concuerda con lo poco que sabemos. La snitch, la bufanda, lo que Simon nos contó —dijo Hermione—. Y Harry te enseñó cómo hacer un patronus, ¿no es cierto?

Draco dudó y luego asintió.

—Cedric y yo queríamos aprender, entonces nos enseñó. El de Cedric era un cuervo.

—Y ya me habías dicho que el tuyo era una pantera. Lo mandaste para advertirnos que Umbridge estaba en camino, cuando el ED se reunía en la Sala de los Menesteres. —Hermione ignoró los jadeos de sorpresa de Ginny y Ron, y solo miró a Draco.

—¿Lo viste? Harry pensaba que nadie se había dado cuenta.

—Todo se puso fuera de control después de eso, por eso no lo recordaba. Pero he estado repasando todo lo que pasó ese año, y recordé que un patronus entró a la Sala casi al mismo tiempo que Dobby.

Draco se encogió de hombros.

—Trataba de mantener a los patrulleros lejos de ese piso durante sus reuniones. Umbridge no me avisó nada esa noche, así que tuve que usar el patronus.

Ginny interrumpió.

—Aún no lo creo. Quiero ver esos vestidores. Tal vez haya alguna prueba allá abajo.

Draco negó con la cabeza.

—No.

La sanadora lo miró.

—Tengo entendido que la profesora McGonagall te dijo que no podías ir allá abajo, pero como parte de una…

Draco dijo duramente:

—No, no quiero bajar. No puedo. Me prometí a mí mismo que no regresaría ahí.

—¿Ven? ¡Está escondiendo algo! —dijo Ginny, triunfante—. No me importa si él no quiere ir, yo quiero ver si este lugar siquiera existe.

—Yo también lo quiero ver —dijo Ron, asintiendo—. Si es como él dice que era, debe haber algo ahí.

La sanadora miró a Draco.

—¿Tendrías alguna objeción porque fueran?

Quería decir no, que ese lugar era suyo y de Harry. Nadie debía ir ahí. Odiaba no tener poder para detenerlos; irían sin importar lo que él dijera.

—En tanto no… desordenen las cosas —dijo con resentimiento.

—Draco, si te dijera que Harry me dio los álbumes, para que te los devolviera, ¿te gustaría que los regresara a los vestidores?

Draco se detuvo y miró a Granger.

—¿Te los regresó?

—Sí, no quiere nada de ti —dijo Weasley, satisfecho al ver la expresión de Draco.

—Claro que no. Eso lo sé —dijo Draco, logrando responder con rudeza. Se acomodó en su asiento y miró a Luna. La chica lo miraba, preocupada. Él quería decirle que estaba bien, pero no era cierto.

—¿Qué tienen de relevante los álbumes? —preguntó la sanadora—. No los mencionaste hace un momento.

—Son solo unos viejos álbumes de vinilo. No son la gran cosa. Deberías llevarlos a los vestidores. Ahí es donde pertenecen —dijo casualmente, pero por dentro estaba gritando. Esos álbumes le pertenecían a Harry.

—¿Cómo fue que lograste ponerlos en el baúl de Harry? —preguntó Granger—. Los encontró ahí después de sexto año.

—Dobby los puso en el baúl por mí. Después de que Dumbledore murió, supuse que Harry no regresaría a la escuela. Quería que los tuviera, porque habían sido un regalo. En un momento, habían sido importantes para él. Sabía que no sabría cómo habían llegado ahí, pero esperaba que simplemente aceptara que estaban ahí y que eran suyos.

—No querías que los perdiera, porque ya había perdido los de su madre, cuando su tío los destruyó —dijo Granger, tratando de adivinar, mirándolo cuidadosamente.

Draco se encogió de hombros y miró la hora.

—Ya pasó la hora del almuerzo. Tengo Herbología. ¿Ya terminamos aquí? —Draco miró a la sanadora. Se sentía abatido, y no podía imaginarse yendo a clases, pero haría cualquier cosa con tal de salir de esa habitación.

—Sí, por supuesto. —McCain miró la hora, sorprendida—. No había esperado que esta sesión durara tanto. Nos reuniremos de nuevo, por supuesto. Todos ustedes tienen sesiones individuales conmigo esta semana, y tendremos otra sesión grupal el viernes.

—¿Y qué hay con los vestidores? —dijo Ginny. Se había puesto de pie y estaba con las manos en los hombros.

—Lo checaré con la profesora McGonagall, para obtener su aprobación —dijo la sanadora, mirando a Draco de reojo. El chico había levantado su mochila y estaba colgándosela al hombro—. Les haré saber cuándo pueden hacerlo, antes de la siguiente sesión.

OoOoOoO


(1) No encontré el significado de Bowcrinkle en el universo pottérico; Oak debe haberlo inventado…

(2) Quiero creer que quiere decir que estaba "decidido a no ser salubre" porque le dejó hacer cosas muy asquerosas, o algo así…


Notas finales:

¿Quién más ama a Luna? o.o/

Adigium21