Hola a todos, a pasado mucho tiempo desde la última vez que actualice esta historia-Algunos diran que muchisimo-en primera instancia quisiera disculparme por eso, pero mi Padre enfermo gravemente y tuvo que ser hospitalizado y ciertamente el tener a tu Padre ingresado y muriendose en el hospital no es de mucha ayuda para la inspiración. Estos últimos meses tuve que acoplar mi estilo de vida entre la escuela, las tareas, el trabajo y las visitas al hospital y con todo eso aparte de que estaba falta de inspiración, aunque quisiera no podría haber escrito nada. Si ahora y en este momento estoy escribiendo es porque hace 2 semanas y luego de mucho sufrimiento mi Padre fallecio. Mis amigos estuvieron conmigo en el funeral conmigo y mi familia para apoyarnos y por eso me fue posible pasar el momento, aunque no alivio el dolor. Mi Padre puede no haber sido el mejor Padre del mundo, pero era mi Padre y du muerte me afecto profunfamente. Estuve medio ida durante unos días después del funeral, fue en uno de estos días que una de mis amigas-Tania Suárez-me pregunto que planeaba hacer al respecto de la historia. Ciertamente me sorprendio mucjo esta pregunta, luego de tanto tiempo sin actuslizar creí que incluso ya se abrían olvidado de mí y la historia, pero ella me mostro todos los reviews, suscripciones y demás a la historia, que por los motivos que he explicado antes-Muy poco tiempo libre-no había tenido ni oportunidad de checar. Cuándo ella me mostro todo esto dude acerca de si continuar, como he dicho mi inspiración en ese momento e incluso ahora no es la mejor, pero me puse a pensar en que ustedes no se tenían la culpa de que mi situación emovional en este momento sea un asco, además de que a razón de la muerte de mi Padre me dieron un pequeño periodo de vacaciones en el trabajo y tampoco tenía gran cosa que hacer y como si no ocupaba mi mente en nada solo era peor, pues bueno... Los siguientes 3 capitulos-A excepción del 28 parte 2 que ya tenía medio escrito y sólo fue cuestión de corregir, es por eso que el estilo narrativo es diferente-fue lo que salio de mi carente y un poco achicharrada mente. Este primero-Que comence a escribir a las 3 de la mañana del martes de la semana pasada-en un principio no tenía planeado escribirlo, sin embargo decidi hacerlo a modo de disculpa por pasar tanto tiempo sin actualizar, así que espero que les guste, sobre todo porque a partir de ahora utilizare este tipo de escritura-Es más fácil y desde que en su momento me pidieron que lo hiciera creo que les dije que esperaran un poco más pero que sin lugar a duda lo cambiaría-
Agradecimientos especiales a todos aquellos que estuvieron esperando actualización durante tanto tiempo, este capitulo va para ustedes. Así que bien no tengo nada más que decir, pueden comenzar a leer. Estoy preparada para recibir tomatazos para cuando acaben de hacerlo.
Capitulo 28-Primera Parte-Adiós al campamento
El chico suspiro. Se había levantado de la cama desde hace aprox. 2 horas, y fue realmente difícil, contando que tenia entre sus brazos el pequeño y cálido cuerpo de Kagome, jamás hubiera pensado que realmente sucedería: Poder despertar en la cama con el desnudo cuerpo de su hermanita entre sus brazos, era algo con lo que había soñado toda la vida, pero que aún así todavía le resultaba difícil de creer. El sólo pensar en que Kagome y él realmente habían… Era como un maldito sueño hecho realidad.
Incapaz de creerlo bajando la mirada se dedico a contemplarla dormir, mientras acariciaba suavemente su rostro y jugaba con algunos mechones de su cabello, simplemente adorándola en silencio.
Tras hacerlo durante algunos minutos no queriendo despertarla, sonriendo y tras darle un pequeño beso en la frente, levantándose de la cama, aprovecho que ella todavia estaba dormida para ducharse, ante todo no quería molestarla y después de lo sucedido era natural que ella se encontrara cansada, así que opto por dejarla descansar, pensando que quizá cuando saliera del baño su hermanita ya se encontraría despierta. Pero al salir se encontró con que Kagome todavía estaba durmiendo tranquilamente, por lo cual tras dirigirle una leve mirada a su pequeño rostro dormido tomando en cuenta que el Campamento se encontraba vacío, por lo cual no había nadie que los vigilara respecto a la primera regla del castigo que les había asignado la directora, que especificaba "No salir de la casa" Se permitió hacerlo durante un par de minutos para respirar un poco de aire puro.
Alejándose unos cuántos pasos de aquella pequeña casa que su hermanita y él ocupaban, se detuvo un momento contemplando los árboles que adornaban el panorama. Aún era bastante temprano y se sentía un aire de paz y tranquilidad, suspiró y entonces cerrando los ojos recordó todo lo sucedido la noche pasada entre su hermana pequeña y él. Aquella maravillosa noche que él había pasado al lado de Kagome acariciándola, besándola, amándola… ¡Como la amaba! Había hecho el amor con ella durante toda la noche. Aquel que había sido su más grande y delirante sueño durante prácticamente 16 largos y dolorosos años finalmente se había cumplido y aún así…
-Dios, yo… Soy un ser despreciable ¿No es cierto?…-Levantando la mirada al cielo, haciendo que su rostro fuera iluminado por los leves y cálidos rayos del sol que se colaban por las verdes hojas de los árboles un frustrado suspiro se escapo de sus labios y sin poder evitarlo bajo la mirada-
De una u otra manera siempre había sabido que terminaría así… Que algún día caería tan profundo en esa oscuridad a la que lo habían llevado sus propios deseos que no podría levantarse, en algún estúpido momento de esperanza incluso llegó a pensar que su alma podría llegar a ser salvada, pero eso no importaba ahora porque finalmente para bien o mal lo había hecho. Había pecado… Amaba a su hermana menor, a su inocente hermana pequeña, no había podido contener más sus sentimientos, todo lo que sentía por ella y había pecado… Sabia que no merecía perdón y por eso no lo pedía, por todo lo que había hecho hasta ahora no merecía ser perdonado, no lo merecía, porque incluso si estaba mal, incluso si no era correcto, no se arrepentía de nada. No se arrepentía… No le importaba si terminaba en el infierno. No le importaba si no podía ser salvado. Siempre que Kagome permaneciera a su lado. Siempre y cuándo pudiera tenerla a ella, todo lo demás le tenía sin cuidado…
-Realmente soy una persona horrible…-Repitió para si mismo ladeando la mirada-Pese a que eso es lo que siempre he querido haber conducido a mi hermana pequeña a hacer el amor conmigo, es algo…-Suspiro-Dios… Si realmente existes te lo suplico. Por favor no alejes a mi preciosa hermana pequeña de mí, incluso si no es correcto, la amo tanto que si nos separamos no sé si sería capaz de sobrevivir…
Tras decir esto y suspirar por una última vez. Sonriendo con tristeza decidió que lo mejor sería regresar adentro, si Kagome ya se había despertado y no lo encontraba seguramente estaría preocupada. Estaba a punto de hacerlo cuándo escucho una voz que no era la de su hermanita pequeña diciendo:
-Inuyasha…
Se dio la vuelta para ver de quién se trataba y entonces su cuerpo se congelo.
-¿Kouga…? ¿Qué haces aquí?
-¿Qué hago? Nada en especial. Uno de los asesores me envió a buscar algo que había olvidado y que vamos a necesitar en la próxima actividad y luego de pasar por el encargo pensé que sería una buena oportunidad para pasar a ver a Kagome, sin embargo aquí la verdadera pregunta en cuestión sería ¿Qué crees que estás haciendo tú? ¿Lo hiciste? ¿Realmente lo hiciste? ¿Dormiste con ella? ¿Te acostaste con Kagome?
Estas palabras lo dejaron estático, sin embargo no era el mejor momento para ponerse así, tenía que pensar en algo rápido.
-¿Estás loco?-Mirando al chico de cabello castaño mientras intentaba aparentar una tranquilidad que evidentemente no sentía, le cuestiono esto con burla pero aún así con cierto nerviosismo, si Kouga lo sabía y se lo decía a alguien eso sería…-Pero que tonterías estás diciendo Kagome es mi hermana, mi hermanita menor ¿Qué es lo que crees que estás diciendo? ¿O tal vez sea que en verdad ya enloqueciste?
-¿Enloquecer? No soy yo el que está loco, el único que está mal de la cabeza aquí eres tú. Oí lo todo lo que dijiste Inuyasha, no tiene ningún caso que te hagas el tonto-El atractivo chico de ojos dorados tragó grueso-Lo sabía, lo sabía desde hace mucho tiempo, pero aún así escucharlo es… ¿Amas a tu hermana? Eso no es sinceramente ni un poco divertido. Dime Inuyasha ¿Crees que Kagome durmió contigo porque te ama? ¿Qué ella lo hizo contigo por que está enamorada de tí?
Escucho preguntar al muchacho de ojos azules con burla, cómo si el sólo hecho de pensar en esa posibilidad fuera absurda.
-Kagome es una niña muy dulce e inocente, es cariñosa con todo el mundo, no me sorprende que sientas lo que sientes por ella. Pero eres su hermano mayor y el sólo acto de quererla es algo enfermo. El sólo pensar en lo que has dicho, que tú y ella han… Me revuelve el estomago y me dan ganas de vomitar…
El chico se llevo a la cara una mano tratando de contener un gesto de asco.
-Eres un degenerado. Entiendo que Kagome te quiere mucho, eres alguien sumamente importante para ella porque incluso si no me gusta aceptarlo ella tiene un gran complejo de hermano. Kagome es altamente dependiente de tí. Sin embargo no te ama, y tú no debiste aprovecharte de lo que ella siente por tí por ser su hermano mayor para conducirla a hacer algo que solo tú deseabas ¿No lo comprendes? Ella sólo está confundiendo aquella gran dependencia que tiene de ti con amor ¡Y tú vulgarmente la usaste para satisfacer tus propios deseos!
-¡Cállate!-Le gritó no soportaba el que le dijera semejantes cosas-
Sabía que Kagome no lo amaba, ella aún no sentía algo tan fuerte como eso por él pero la verdad era que incluso si había sido él quien la había incitado para que hicieran el amor la decisión había sido completamente suya. Ella también quería hacerlo. Por que incluso si eran hermanos ella también lo deseaba… Sabía que para estos momentos Kagome sólo lo quería, pero él haría que ese sentimiento de cariño se transformara en amor.
-¿Qué es lo que sabes para hablar así? ¿Qué puedes saber tú? ¿Tienes una idea de lo mucho que he estado sufriendo hasta ahora? Kagome es mi hermana pequeña y aún así he estado sintiendo esto por ella desde que tengo memoria, sin embargo no me rebajes a tu nivel, incluso si no quieres creerlo yo no tengo sentimientos tan viles ¡Jamás sería capaz de forzar a Kagome a hacer algo que ella no quisiera! ¿Realmente crees que sería feliz haciéndolo? Si Kagome se entrego a mí es porque ella así lo deseaba y si Kagome y yo hicimos el amor ese no es tu problema, que yo sepa entre tú y ella no hay nada ¿O si? Deja en paz a mi hermanita de una vez Kouga.
-Eres asqueroso, sencillamente repugnante. Dime Inuyasha ¿Tus Padres están enterados de eso? ¿De que tu hermana pequeña y tú…?-A esta pregunta el chico sostuvo la mirada sobre el otro muchacho incapaz de responderle-¿Para que lo pregunto? Tu misma cara me da la respuesta ¡Por supuesto que no! ¿Qué clase de Padres le permitirían a sus hijos llegar tan lejos? ¿Cometer semejante porquería? Me pregunto que es lo que dirían ellos si se enteraran…
Los dorados ojos del mayor de los Taisho se abrieron completamente de la impresión a estas palabras ¿Qué cómo reaccionarían sus Padres si se enteraban…? No quería saber la respuesta. Lo más probable era que quisieran alejar a Kagome de él y eso no podría soportarlo, le aterraba el sólo pensarlo… Suspiro y bajo la mirada tratando de tranquilizarse, tenía que pensar las cosas con claridad, ante todo no era ningún idiota y tenía que encontrar algo que lo ayudara en este momento. Algo que mantuviera a Kouga con la boca cerrada a pesar de todo lo que había oído.
-Dime Inuyasha-Repitió Kouga-¿No te interesa conocer cual sería la reacción de tus Padres?
-¿Tienes pruebas?-Farfulló sin más-
-¿Qué?
-Que si tienes pruebas. Como sabrás no puedes hacer una acusación tan sería como esa sin tener pruebas de por medio a menos que quieras ser demandado por difamación-Le explico con claridad. La tía Kagura era abogada y por eso sabía algo de leyes-Así que repito ¿Tienes pruebas de que Kagome y yo dormimos juntos? ¿De que hicimos el amor?
Tras un largo periodo de silencio sin decir nada el chico bajo la mirada al suelo aceptando su derrota.
-No eres otra cosa más que un depravado. Quisiera poder hacerle saber a todos la gran basura de persona que el gran Inuyasha Taisho es, pero como has dicho no tengo pruebas en tu contra.
El apuesto chico de ojos dorados le sonrío encantadoramente a esta respuesta.
-Aún así no lo consideres como tu victoria. No mereces estar cerca de Kagome, no deberías tener siquiera el derecho de tocarla con tus sucias manos. Pero supongo que por ahora no puedo hacer nada, así que por mucho que quiera hacerlo no diré nada de esto, en primera porque no tengo pruebas y en segunda por que no puedo permitir que Kagome sea señalada como algo que no es por culpa de alguien como tú. Realmente lo lamento por ella por tener como hermano a semejante pervertido. Supongo que puedes estar con ella por ahora, pero eso no será por mucho tiempo, voy a alejar a tu hermanita de ti…
¿Alejarla de él? Como si fuera a permitirlo. Miró al chico con rabia.
-Kouga eres un…-Suspirando, corto sus palabras antes de llegar al final. Ponerse así por un tipo como Kouga no valía la pena-Olvídalo no tengo tiempo para esta clases de tonterías. Kagome esta dentro y si no me equivoco ya estará despierta o estará por despertarse, y como comprenderás no quiero preocuparla, así que si me disculpas…
Diciendo esto y dándose la vuelta procedió a comenzar a caminar rumbo a la casa. Fue entonces cuándo para su sorpresa escucho la enfadada voz del que alguna vez había sido el novio de su hermanita pequeña diciendo:
-Escúchame muy bien, Inuyasha Taisho-El muchacho murmuro estas palabras mirándolo con furia-Será mejor que no te atrevas a volver a poner alguna de tus asquerosas manos sobre Kagome o de lo contrario…
-¿De lo contrario qué…?-Volviéndose para mirarlo mientras que una sonrisa se hacía presente en su atractivo rostro no pudo evitar preguntarle esto-Dada la situación en la que te encuentras dudo mucho que puedas hacer algo para impedir que lo que sucedió entre mi hermanita y yo vuelva a repetirse. No quiero volver a escuchar tus estúpidos reclamos al respecto de lo que mi hermana pequeña y yo hacemos con nuestras vidas de nuevo alguna vez más, así que te haré un favor y te lo diré claramente Kouga: No me importa si esta mal. No me interesa lo que pienses. Me vale un maldito carajo si es un tabú, un pecado o cualquier otro adjetivo que gustes añadir. Haré el amor con Kagome tantas veces como ella así lo desee…
Tras decir esto dedicándole una pequeña sonrisa al muchacho que aún lo miraba estupefacto se resolvió a entrar. Haciéndolo dirigiéndose a la habitación en la cuál había dejado durmiendo a su hermanita algunos minutos atrás, encontrando la cama vacía pudo confirmar sus sospechas de que tal y como lo había pensado Kagome ya estaba despierta. Podía escuchar algunos sonidos proceder del cuarto de baño, así que suponía que ella estaba dentro. Su pequeña y preciosa hermana bañándose… Una sonrisa se plasmo en su rostro sin que pudiera evitarlo, eso le daba ciertas ideas… La sonrisa se hizo más grande mientras pensaba, Inuyasha Taisho, él si que era un completo, verdadero y retorcido chico pervertido…
Mientras sentía el agua caer sobre su piel empapándola y mojando su cabello la pequeña muchacha suspiro. Se había levantado hace algunos minutos atrás llevándose la pequeña sorpresa de que su hermano no se encontraba dentro de la habitación, en vano había tratado de buscar en toda la casa pero él tampoco se encontraba ahí, debido al castigo que ambos debían cumplir, Inuyasha y ella no tenían permiso de salir, sin embargo dado que su hermano no se encontraba por ningún lugar de la casa suponía que él lo había hecho. Como no había nadie en el Campamento no creía que hubiera problema, pero aún así, no le parecía en lo absoluto correcto que su hermano no respetara las reglas. Aunque pensándolo bien, Inuyasha nunca había sido del tipo de chico que se preocupaba por esas cosas.
Se preguntaba si cuando saliera del baño él estaría esperándola, sentado como si nada sobre la cama… Aquella cama…
Con las mejillas ardiendo a más no poder, leves visiones de todo lo sucedido entre Inuyasha y ella la noche anterior sobre aquella cama comenzaron a invadir su mente. Aún ahora no podía terminar de creerlo, ella con su hermano… Había sido su primera vez. No, no sólo la primera, sino la segunda y la tercera y todas las que seguían después de esa… Trato de recordar con exactitud cuántas veces lo habían hecho, pero la verdad era que había perdido la cuenta después de hacerlo por cuarta ocasión, e Inuyasha y ella no habían parado ni un sólo momento desde que comenzarán a hacerlo, así que no tenia ni la más mínima idea, se preguntaba ¿Cuántas veces se puede hacer el amor durante toda una noche…?
No pudo evitar sorprenderse al darse cuenta de que era lo que estaba pensando. Dios, en verdad ¿Estaría comenzando a convertirse en una pervertida...?
Mientras se bañaba había estado meditando al respecto de si lo que había pasado entre su hermano y ella había sido correcto, mientras pensaba en esto la culpa no había tardado en llegar ¡Por supuesto que no era correcto! Inuyasha y ella eran hermanos… Hermanos, y al momento de entregarse a él, ella sabía perfectamente que lo que estaban haciendo estaba mal, lo sabía y aún así se había permitido continuar por que por mucho que se empeñara en negarlo, la verdad era que lo deseaba...
Inuyasha era su hermano mayor, pero hacia ya mucho tiempo que deseaba estar con él de esa forma. El admitir que todas las noches soñaba que su hermano le hacia el amor, era algo tan... Vergonzoso. Que aún le costaba aceptarlo. No quería ni siquiera pensar que es lo que pensaría Inuyasha de ella si se enterara que tenia esa clase de sueños con él.
Se sentía culpable por tener ese tipo de deseos hacia el chico que sabia era su hermano mayor, y mucho más por saber que por haberse permitido ceder a sus impulsos había terminado verdaderamente acostándose con él. Inuyasha la amaba, pero en estos momentos mentiria si dijera que tenia en claro que era lo que ella sentia por él. Siempre había pensado que para ella Inuyasha era sólo su hermano mayor. Pero ahora por más que quisiera no podría negar la pecaminosa atracción y deseo que sentia por él. Deseaba. Realmente deseaba a su hermano... Y entregarse a él, hacer el amor con él era algo que había estado deseando hacer desde hace ya bastante tiempo. Mentiria si no dijera que en más de una vez se había despertado completamente mojada luego de soñar que lo tenia entre sus piernas...
Haberse acostado con él le había abierto los ojos y dejado ver que incluso sin ser ser consciente de eso había estado anhelando, esperando por que él se decidiera a hacerla suya porque sabia que por mucho que lo deseara ella jamás se atrevería a dar el primer paso. Después de todo Inuyasha era su hermano y aceptar que tenia ese tipo de sentimientos por su hermano mayor, sería...
Siempre había pensado que si algún día llegaba a acostarse con él, la culpa de lo que había hecho no la dejaría vivir, pero ahora, por mucho que le sorprendiera a si misma el darse cuenta de ello, a pesar de sentirse culpable por haberse entregado a su hermano no se arrepentía de nada. Había hecho el amor con Inuyasha, había sido su primera vez, había perdido la virginidad en brazos de su hermano mayor y no se arrepentía de nada…
Cuándo finalmente acabo de bañarse tras terminar de vestirse saliendo del cuarto de baño, pudo divisar que en efecto su hermano se encontraba acostado sobre la cama leyendo un libro. Dejando entonces de lado a Inuyasha por el momento, se ocupo en el hecho de que como su piel estaba mojada por el reciente baño la ropa se le pegaba al cuerpo y dado que eso le resultaba molesto comenzó a halar de ella, lo hizo hasta que se dio cuenta de que el muchacho habiendo dejado de leer el libro que sostenía en las manos, la observaba fijamente desde la cama, se sonrojo completamente e Inuyasha al darse cuenta de esto le respondió con una sonrisa, a lo cuál ella se sonrojo mucho más. Y no pudiendo soportar por más tiempo aquella mirada tan penetrante e intensa, decidió acabar con aquél incomodo momento, diciendo lo primero que se le vino a la mente:
-Buenos días Inuyasha…
Sonriéndole, el muchacho le respondió de la misma manera:
-Buenos días Kagome ¿Dormiste bien?-Al escuchar esta pregunta la muchachita bajo la mirada hacia el suelo con las mejillas aún más rojas ¿Qué si había dormido bien? ¿Cómo se suponía que hubiera podido hacerlo cuando había pasado toda la noche con él encima de ella haciéndole…? ¡Apenas y había podido dormir nada! Aunque debía admitir que al hacerlo el cuerpo de Inuyasha era mucho más cálido y agradable de abrazar que el de un peluche-
Al pensar en esto su cara enrojeció mucho más si es que eso era posible. Y no pasando por alto este pequeño detalle la sonrisa que tenía el chico se ensancho aún más, después de todo comprendía perfectamente el por que del modo que tenia de reaccionar su hermana pequeña ante su anterior pregunta. Por supuesto todo se remontaba a la noche anterior...
La verdad era que la noche de ayer siendo que era la primera vez de Kagome lo que menos había querido era presionarla. Su hermanita era demasiado inocente por lo que suponía que el sólo hecho de rendirse ante el chico que sabía era su hermano mayor y permitirse perder la virginidad entre sus brazos ya era demasiada presión para ella, no quería darle más motivos para preocuparse... Lo único que quería era que ella se sintiera cómoda y que su cuerpo comenzará a acostumbrarse al suyo, por que tenía pensado tomarla muchas, muchas veces más… Razón por la cuál en un principio tras hacerlo por primera vez con ella, no se había sentido muy seguro respecto a la idea de cambiar de posición. Pero tras considerar lo sumamente ardiente y lujuriosa que Kagome se había comportado, lo ansiosa y apasionada que había sido su preciosa Kagome en aquella primera entrega había pensado que su hermanita estaría lista para la gran "hazaña" que suponía el cambiar de posición.
Habiendo decidido esto y con unas ansias que apenas y había podido contener al saber que muy pronto podría volver a tomarla, la había puesto de rodillas, exactamente en posición de perrito, y pese a que sus rodillas todavía temblaban a causa del enorme placer que la invadiera momentos antes, no fue tan difícil, ya que tenía su total y completa cooperación. Al parecer luego de hacer el amor con él, con su hermano mayor por primera vez a la pequeña Kagome le había quedado completamente claro que no había nada que ella pudiera hacer para evitarlo y ya ni siquiera intentaba resistirse, al contrario parecía que haberlo hecho con él le había gustado tanto, que se había resignado a aceptar de buena gana todo lo que quisiera hacerle.
Sin embargo no por ello su carita dejo de mostrarse completamente roja y algo asustada en el momento en el cuál la hizo adoptar aquella posición... Ante esto no había podido evitar sonreír, ella realmente no tenia la menor idea de por que la tenia hincada sobre la cama de esa manera o que era siquiera lo que planeaba hacerle. Nada que no le hubiera hecho en realidad, pero... El que Kagome actuara de un modo tan inocente no podía hacer más que recordarle el hecho de que su pequeña era nueva en todo eso. Y dado que conociéndola como la conocía dudaba mucho que a diferencia de otras chicas de su edad ella se hubiera leído el Kamasutra o libros parecidos en los que se explicaba literalmente lo que sucedía en una relación sexual, Kagome realmente no tenia la menor idea de ese tipo de cosas. En aquél momento un suspiro se había escapado de sus labios, mientras pensaba: Su pequeña y dulce hermanita menor, tenia tanto que enseñarle...
Y vaya que realmente le había enseñado… A su pequeña hermana no se le había sido concedido el más leve, mínimo o pequeño descanso durante toda la noche. Así tras hacerlo en la posición de perrito cuándo finalmente termino y se derramo de nuevo dentro de ella, probo hacerlo sentados, eso le gusto mucho, el pequeño cuerpo de Kagome se levantaba y al caer lo quisiera o no-Aunque suponía que si por la manera en la cual ella gemia y se contraia de placer, mientras le suplicaba incansablemente por más-su duro miembro era recibido de lleno por el cálido, pequeño y tembloroso sexo de la hermosa muchachita… En la cuarta ocasión la acostó de lado sobre la cama y entonces colocándose detrás de ella hizo que una de sus piernas rodeara sus caderas, sujetando entonces aquella pequeña pierna con uno de sus brazos para impedir que pudiera bajarla, ya que de esa manera tenía un mayor y libre acceso contra la pequeña intimidad de su amada hermanita pequeña, comenzó a embestirla salvajemente. Y ohh, Kagome... ¡Era tan infinitamente delicioso!...
Para la cuarta ocasión, ella ya estaba cansada, pero aún así continúo. Así que cuándo lo hicieron por quinta ocasión sólo para dejarla descansar volvieron a hacerlo acostados. Si, definitivamente esa era su posición favorita, le encantaba sentir a Kagome debajo de él, con sus pequeños senos, sus duros pezones presionándose contra su pecho, su perfecto y frágil cuerpecito empapado de sudor, la sensación de su piel rozándose contra la de ella, pudiendo ver su inocente carita cada vez que lo deseaba y sobre todo, aquella indescriptible sensación que resultaba el tener sus perfectas y torneadas piernas rodeando sus caderas mientras él la penetraba bruscamente y con fuerza ¡Era simplemente perfecto!
Y es que hacer el amor con Kagome le gustaba tanto, que por más que lo deseara no habría podido detenerse ¡Y no deseaba hacerlo! Quería hacerlo de tantas y tantas maneras, probar con nuevas posiciones, experimentar con ella todo aquello con lo que había soñado durante tantos años…
Besándola y abrazándola fuertemente mientras que seguía embistiéndola, le había dicho una y otra vez que la amaba, que siempre la había amado a pesar de ser su hermano. Así que esa noche, por esa noche, quería olvidarse del hecho de que era su hermano mayor y tenerla para sí, quería tenerla para él cuándo quisiera, a la hora que quisiera y cómo quisiera, pero si eso no era posible, entonces al menos por esa noche…
Siguió haciéndole el amor una y otra vez, se lo había dicho la haría suya hasta que se hartara de ello y aún así sabía que eso no pasaría nunca, por que la amaba y la deseaba más de lo que él mismo podría explicar, así que sólo quedaba esperar a que su cuerpo también desfalleciera de cansancio, en ese caso en verdad lo había sentido por Kagome, porque nunca había sido de las personas que se agotaban con facilidad y su pequeña hermana no había tenido otra opción más permanecer entre sus brazos, mientras sentía como su pequeño e indefenso sexo era penetrado por su hinchado y cada vez más demandante miembro una y otra vez, haciendo el amor con él durante toda la noche…
Y bien esa había sido la razón de que esta mañana su hermanita menor se mostrara tan cansada. Después de todo lo que le había hecho desde luego no era nada de lo que sorprenderse. No era nada de lo que sorprenderse, pero aún así no por eso dejaba de pensar que dado que había sido su primera vez quizá debería haber ido más lento y ser mucho más suave con ella y no comportarse como un maldito perro en celo.
Debería haberla tratado con más delicadeza, lo sabía, pero la única verdad era que tan pronto tuviera a su pequeña hermana desnuda y entre sus brazos una desesperación por tenerla, por sentirse dentro de ella y poseerla hasta el cansancio se había apoderado completamente de él. Desde luego nada de lo que hiciera la noche anterior con Kagome había sido en lo absoluto lento o suave. La había tomado con fuerza, salvajemente, sin delicadeza y con una ansiedad que difícilmente había logrado disimular.
En un principio había creído que luego de que hiciera el amor con Kagome por primera vez, la insana e incontenible necesidad que sentía de ella se aplacaria o al menos disminuiría un poco, pero contrario a lo que había pensado lo único que había conseguido tras poseer a su hermanita pequeña por primera vez era un deseo y un hambre de tan grande magnitud que literalmente sobrepasaba los limites de la desesperación. La deseaba... Queria hacerla suya una y otra vez, tomarla y hacérselo duro, salvaje, profundamente y con fuerza hasta que a su hermanita no le quedara la menor duda de que le pertenecía, de que era y siempre seria suya...
No era su culpa. Amaba y deseaba a Kagome y tenerla asi, poder hacerle eso era algo que llevaba deseando poder hacerle desde hace ya más tiempo del que pudiera contar. Jamás había deseado a nadie cómo la deseaba a ella y sabía que jamás lo haría. Kagome era la única que podía despertar en él esa hambre, esa necesidad inhumana... Ella era la única capaz de provocarlo hasta hacerlo enloquecer, ardiendo en medio del dolor y el deseo. Ella era la única. Siempre tan dulce e inocente, pura y hermosa, tan estúpidamente tierna... Ella había sido, era y seria por siempre su maldita perdición...
Y es por eso que el sólo pensar que con algún dia con cualquier otro tipo ella podría… Los dedos de sus manos se crisparon sobre el libro que sostenía con una suma fuerza demostrando irritación, mientras que aún sin quererlo recordaba las palabras que le dijera Kouga algunos momentos atrás. Aquellas de que no merecía estar cerca de Kagome y que iba a alejarla de él. Suspiro. Kagome… En este momento ella estaba a su lado, y no tenía caso pensar en todo lo que Kouga le había dicho, sobre todo porque no iba a permitirle el quitársela…
Con esto en mente, volviéndose para mirar a la hermosa jovencita temblorosa que acababa de vestirse y que parecía haber retomado la tarea de tironear con torpeza de su pequeña ropa azul de algodón que se le pegaba a la piel húmeda debido al reciente baño, toda su atención de concentro en ella.
Kagome se veía tan tierna, desvalida e infantil al hacer eso ¡Toda una niña! Que hizo que se maldijera a si mismo al recordar todas las cosas pervertidas y degeneradas que le había hecho en la noche de ayer. Y sin embargo justo en este momento el verla ahí paradita, con su cuerpo diminuto que le atraía enormemente y su cabello negro que caía en cascada sobre su espalda en forma de coquetos rizos, y sobre todo esa condenada expresión de desamparo en cada gesto ¡Lo estaba volviendo completamente loco! Que si no fuera por que sentía tanta compasión por ella y no quería hacerle daño, la hubiera desvestido y poseído ahí mismo de nuevo.
Una inevitable sonrisa se plasmo en sus labios a este pensamiento, después de la apasionada y lujuriosa noche que había compartido con ella le sorprendía cuanto deseaba volver a poseerla otra vez, cuán ardientemente su cuerpo deseaba el de su preciosa hermana... Si, no cabía la menor duda, solamente Kagome podia provocar ese tipo de reacciones en él...
Levantándose de la cama, dejando sobre ella el libro que estuviera leyendo hasta hace tan solo unos cuantos minutos atrás, acercándose a su hermanita y sin detenerse a pensarlo, sujetando con uno de sus brazos a la pequeña muchacha firmemente de su pequeña cintura pegándola de esta manera a su cuerpo, con la mano que tenía libre levantando su inocente carita hacia él presiono suavemente sus labios contra los suyos en una tierna caricia. Intento profundizar el beso, pero antes de que pudiera hacerlo la pequeña muchacha lo aparto de sobre ella diciendo:
-¿Qué? ¿Qué estás..?-La pequeña Kagome tenía las mejillas completamente rojas y la voz le temblaba. Era inevitable, ese beso la había tomado totalmente desprevenida. No es que no quisiera que su hermano la besara. De hecho lo deseaba, pero el que él lo hiciera repentinamente y de sorpresa era…-
Una sonrisa alumbro el rostro del muchacho a estas preguntas. Kagome estaba nerviosa y completamente sonrojada, y era por él. Jamás creyó que llegara el día en que realmente pudiera verla comportarse de esa manera sabiendo que era por su culpa, pero el poder verlo ahora, no podía menos que hacerlo inmensamente feliz. Kagome…
-Sólo quería darte un beso…-Suspiro el muchacho como respuesta-No tienes por que ponerte así simplemente por eso pequeña tonta…-Diciendo esto, alejando aquella mano con la que sostenía su rostro le dio un pequeño golpecito en la frente-
-Aunque digas eso, el que lo hagas tan de pronto y de la nada es…-Alego ella-
-¿Entonces esta bien si te pregunto primero?-Sonrió el muchacho mientras la contemplaba de aquella forma tan cálida, dulce y profunda que hacía que a Kagome le temblaran las rodillas-De acuerdo, si eso es lo que quieres entonces ¿Puedo darte un beso Kagome?
-Y… Yo… No sé si…-Tartamudeando inevitablemente ante la profundidad de aquella mirada y tratando a duras penas de dar una respuesta acertada, la pequeña muchacha ni siquiera atino a terminar su respuesta, ya que antes de que pudiera hacerlo los labios del que sabía era su hermano mayor volvieron a adueñarse de los suyos-
Fue un beso dulce y calmo y aunque al principio trato de resistirse, no pudo hacer nada contra la embriagante sensación que era el tener la suave presión de los labios de su hermano contra los suyos, lo maravilloso que era el poder sentir la cálida sensación de su aliento sobre su piel entre beso y beso. Incapaz de hacer nada para evitarlo simplemente se dejo llevar y sintiendo la manera en la cual ella le correspondía, los besos del muchacho se tornaron más demandantes y posesivos. Y dedicándose a besarlo con toda la entrega de la que era capaz Kagome no pudo entender el porqué sentía tanta emoción en esos momentos.
Permanecieron besándose por un largo rato, ambas lenguas entrelazándose…
Sin embargo al cabo de algunos minutos, dejando de besarla al tiempo que separando sus labios de ella tomaba una profunda bocanada de aire y se volvía para mirarla fijamente mientras que ambos intentaban recuperar la respiración que habían perdido durante el beso, el apuesto chico sonrió. Y entonces tras acariciar suavemente el precioso rostro de su hermanita comenzó a jugar con su cabello, tomando pequeños mechones y oliéndolos, aquello la hizo sonrojar. Mucho más cuando inclinando repentinamente su cabeza hacía su cuello, y apartando suavemente su cabello lo escucho suspirar de manera frustrada, se pregunto que sería lo que había provocado aquella reacción en su hermano. Más no tuvo tiempo de pensarlo por que en el momento en que sintió la forma en la como los labios del muchacho rozaban su piel marcando pequeños besos se olvido de todo…
Siguiendo así, mientras acariciaba a su pequeña hermana deteniéndose un momento los ojos del chico se entrecerraron al divisar aquella pequeña marca que se encontraba justo en el centro de aquél perfecto cuello blanco, justo ayer antes de hacer el amor… Suspiro. Así que no se había equivocado. Kagome, ella realmente… Sin pensarlo mucho acercando su cara aún más hacia aquél pequeño lugar sus labios comenzaron a trazar pequeños senderos de besos, mientras sus manos levantaban suavemente la pequeña blusa que portaba la muchacha y se introducían dentro de ella, ahora sus manos se encontraban sobre su suave piel, y no tenia ni los deseos ni la intención de apartarlas de ahí. Además de que a juzgar por la forma en la que se comportaba Kagome, ella tampoco lo deseaba…
La miro nuevamente mientras suspiraba, y la muchacha también lo miro. No tuvieron que pensarlo 2 veces, no hubo necesidad de preguntarse, sus labios se buscaron desesperadamente mientras que abrazándose fuertemente ellos pasaban a devorarse. Sus lenguas jugueteaban una con la otra, acariciándose con deleite. Tal vez estarían actuando mal, quizá en verdad no deberían estar haciendo eso pero la verdad es que en esos momentos de lo que menos tenían ganas era de separarse…
El chico profundizo más el beso, y fue en ese momento cuándo un pequeño y curioso ruidito se hizo presente en la habitación. Continuaron besándose pero cuándo al cabo de unos segundos aquél inconfundible y mismo peculiar sonido que el estomago produce ante la necesidad de alimentos volvió a repetirse, separándose levemente de ella y relamiéndose los labios el muchacho pregunto:
-¿Tienes hambre Kagome?
Sintiéndose sumamente avergonzada la pequeña muchacha bajo la mirada al suelo, sin embargo se las arreglo para decir:
-Sólo… Un poco…-El muchacho sonrió. Ella estaba notable y claramente avergonzada, y se veía tan linda de esa manera…-
-Entonces será mejor que vayamos a desayunar. Comprenderás que el dejarte morir de hambre no es uno de mis planes y yo no tengo el menor deseo de enviudar antes de tiempo…-La cara de la chica enrojeció aún más, pero no dijo nada-
Entonces tras decir esto, tomando una de las manos de la muchachita el chico procedió a caminar rumbo al comedor. El día de ayer luego de terminar de comer había encontrado una nota en la ración de comida del día diciendo que por causa de la excursión al bosque de todos los asesores y campistas el día de hoy no les sería traído nada, lo cual a estas alturas ya debería de ser evidente dado que no había venido nadie salvo Kouga a molestar. Aún así había unas cuántas cosas que podrían comer dentro del refrigerador con el que contaba aquella pequeña casa. Entre ellas frutas, muchas frutas-Lo único disponible que había estado dentro del refrigerador desde el principio-Y una que otra reserva de comida de los últimos 2 días pasados, no era realmente el mejor menú que pudiera desear, pero al menos era algo…
Así luego de que Kagome y él se dividieran entre los 2 la gran reserva de frutas y recalentaran las sobras de comida que tenían a su disposición comenzaron a comer. Sin embargo tras ver cual era la comida recalentada Kagome no la quiso comer, bueno si no había querido comerla en su momento cuando la trajeron fresca dado que no era dulce, no era nada que pudiera sorprenderle a estas alturas, de tal forma que al final Kagome termino comiendo todas las frutas y él tuvo que conformarse con los restos de comida. Cosa que sinceramente no le agradaba, pero siempre y cuando ella estuviera bien y feliz, con eso era más que suficiente para él…
Tras terminar de comer Kagome levanto la mesa y a él le toco lavar los platos, mientras ella sacaba la basura. Luego de eso-Tras lavarse las manos obviamente-la muchacha se dirigió nuevamente a su habitación para empacar sus cosas, acto en el cual tras terminar con las tareas que le tocaban el muchacho la acompaño encargándose de las suyas propias.
No había nada de que sorprenderse. Hoy era el último día de campamento. Y a estas alturas ya había todo un sistema programado de las actividades a realizar el día de hoy. Para empezar los campistas que no habían irrumpido las reglas regresarían de su expedición al bosque aprox. A las 11.30 de la mañana a más tardar a las 12.00 del día y de ahí dispondrían hasta las 8.30 de la noche para arreglar o más bien empacar todas las cosas que habían traído para el viaje de regreso. A las 9.00 P. M. en punto comenzarían los reconocimientos a los mejores desempeños en el campamento y se entregaría el tan deseado premio al mejor hermano, en conclusión todos estarían saliendo del Campamento como a las 12.00 de la noche.
Pensando esto el chico suspiro. Apenas eran las 8.45 A. M. y contando que Kagome y él estaban castigados no vendrían a buscarlos hasta poco antes de que comenzará el último evento oficial es decir, el de despedida y entrega de premios que seria a las 9, lo que quería decir que tenían mucho tiempo libre antes de eso…
-Inuyasha…-Escucho la inocente voz de su hermana llamándolo, por lo cual se volvió para mirarla-
-¿Qué sucede Kagome?
-¿Has visto mi álbum de fotos familiar? Lo traje para poder ver fotos de Mamá y Papá cuando los extrañara, pero ahora no lo encuentro-Al escuchar esto el muchacho sonrió, así que ver fotos cuando los extrañara, eso definitivamente sonaba como a algo que haría Kagome. Recordó la pregunta que ella le había hecho y entonces respondió:
-Tu álbum familiar… ¿Te refieres a esa horrible cosa morada?
-¡No es horrible!-Protesto ella-
-Si tú lo dices…-Pasando su mirada por un libro de color morado que tenía dentro de su propia maleta sonrió, al contrario de Kagome siempre había creído que era horrible, pero…-
Estaba tan ensimismado en sus propios pensamientos que no fue plenamente consciente del momento en el cuál su hermanita se acerco a él quedando detrás suyo y observando el morado librito que había dentro de su maleta. Sabía que no era el de ella porque el suyo tenía la calcomanía de una gran flor pegada en una de las esquinas, pero ese… Exactamente el mismo diseño y forma ¡Si, no podía equivocarse!
Definitivamente era el álbum familiar de su hermano, lo sabía porque tanto ella, como sus Padres tenían uno exactamente igual. Su Padre lo había comprado hace unos 2 años en uno de sus tantos viajes y le había entregado uno de esos libros a cada uno de los integrantes de la familia, diciendo que ahí podían guardar aquellas fotos que fueran importantes para ellos. Después de esto su Padre había tomado una foto en dónde aparecían todos y la había pegado en la primera página de todos los 4 libritos, ya que decía que esa era la foto de la cuál partiría todo.
Sonrió si lo recordaba bien. A ella le había encantado ese regalo, al parecer era la única ya que aunque su Padre rebosaba de felicidad mientras se los entregaba, a su Madre el librito le había parecido algo tonto ya que decía que no tenía tanto tiempo libre como para eso y a su hermano mayor…
Bueno resultaba más que obvio que Inuyasha no estaba muy feliz que digamos con el regalo que se le había dado. La verdad era que en aquél momento no había entendido el porque, después de todo era muy bonito, y a ella si le había gustado. A decir verdad desde el día en que lo recibiera se había dedicado a llenar su álbum de muchas fotos importantes para ella, incluso así no había conseguido llenarlo, eran muchas hojas, se preguntaba si algún día lo terminaría. Según sabía su Padre iba en el mismo camino que ella, incluso habían hecho una competencia de quién lo terminaría primero, su Madre por el contrario sólo tenía una fotografías en todo el álbum, pero al menos lo intentaba. Respecto a su hermano…
Suspiro, era verdad, nunca había visto el álbum de Inuyasha, con la cara de molestia que tenía el día que se lo dieran incluso había llegado a pensar que se había desecho de él, pero esto, sonrió, aquél álbum era para guardar fotos familiares de momentos importantes y cosas así, se preguntaba que sería lo que habría guardado su hermano…
-Hermano ¿Ese libro es…?-Sin poder ocultar la emoción que sentía por el simple hecho de mirarlo, no lo pensó 2 veces y pregunto eso-
El chico dudo durante un segundo antes de responder, pero entonces tras decidir que ya no tenía importancia dado que Kagome ya sabía todo al respecto de que era lo que sentía por ella, suspiro y sin decir nada, levantando el famoso librito, se lo entrego. Los ojos de la muchacha se iluminaron inmediatamente. Siempre había tenido curiosidad por saber que era lo que tenía su hermano en su propio álbum.
Sin poder esperar más abrió el pequeño libro, comenzando a hojearlo. La primera imagen justo como en el de ella y podía saber también el de sus Padres, tenía aquella foto familiar. Aquella foto en donde su Padre reía alegremente mientras le acariciaba la cabeza, su Madre simplemente se limitaba a sonreír mientras miraba a la cámara y ella estaba que desbordaba de felicidad. Siempre le había causado tanta alegría el ver esa escena que había visto aquella fotografía millones de veces pero era la primera vez que reparaba tan profundamente en la expresión de su hermano.
Era cierto que Inuyasha había estado en contra de tomarse aquella fotografía desde el principio y no había estado de buen humor durante la toma de la misma, mientras ella era como un sol que brillaba de felicidad, él era como una tormenta de molestia e irritación. En la foto su hermano mayor la miraba a ella con una extraña expresión que nunca había conseguido interpretar plasmada en el rostro. Siempre había pensado que él estaba molesto con ella, dado que para empezar había sido ella la de la idea de la foto y como él no había querido tomársela y había sido prácticamente obligado por sus Padres a ello, seguramente estaría planeando la mejor manera de torturarla más adelante por ello, así que nunca se había detenido a profundizar en lo que significaba el que él la mirara tan fija y profundamente, pero ahora…
Suspiro. Inuyasha… Incluso si sabía que era cruel de su parte por sentirse así, sabiendo lo mucho que él debía de haber estado sufriendo durante todo ese tiempo, la hacía feliz, tan increíblemente feliz el saber que su hermano la amaba tan profundamente desde ese y mucho antes de aquel momento.
Sonriendo le dio la vuelta a la pagina, para ver la siguiente fotografía, era una foto de ella durante su fiesta de cumpleaños-navidad de hace un par de años, a decir verdad ni siquiera sabía que le habían tomado esa foto, sonrío, bien eso era lo de menos el verla le traía gratos recuerdos a la memoria. Le dio vuelta a la pagina dispuesta a ver la próxima foto, era otra de ella en esta ocasión durmiendo tranquilamente debajo de uno de los árboles del jardín de la Mansión, ni siquiera recordaba cuándo había pasado eso. Le dio la vuelta a la página era nuevamente otra fotografía de ella en esta ocasión comiendo algún postre en el comedor de la Mansión. Eso le daba un mal presentimiento…
Comenzó a pasar las hojas una por una y se dio cuenta de que no se había equivocado, todas ¡Absolutamente todas eran fotografías de ella! Ya fuera recientes o de cuándo estaba más pequeña, todas sin excepción trataban de ella, era cierto que en algunas salía con sus Padres o con su hermano mayor, pero aún así… El álbum estaba completamente lleno, sin que faltara una sola pagina por cubrir de fotografías de ella. Realmente no sabía si sentirse alagada o asustada, saber que su hermano se preocupaba tanto por ella…
Suspiro, realmente Inuyasha nunca dejaba de sorprenderla, y ahora que lo recordaba bien incluso había una vez en la cuál había visto una carpeta en la computadora de su hermano llena de una enorme cantidad de fotos suyas, después de todo no era nada de lo que pudiera sorprenderse, realmente Inuyasha…
Suspirando nuevamente decidió repasar las fotos con mayor tranquilidad, la verdad era que una vez pasada la sorpresa se le antojaba increíblemente tierno el que él se hubiera tomado tantas molestias como para llenar un álbum como ese con tantas fotos de ella, cuándo ella ni siquiera llevaba el suyo por la mitad. Suspiro. Inuyasha…
Siguió mirando las fotos y fue entonces cuándo se encontró con una fotografía de cuando su hermano mayor y ella eran pequeños. La foto dejaba ver a un pequeño niño que desde esas alturas ya era sorprendentemente atractivo, abrazando a una pequeña que por los rasgos de su aniñada cara se dejaba notar claramente que era su hermana menor, juntos en una cálida tarde de verano. Sonrío, y entonces mirando a su actual y nada pequeño hermano mayor musito:
-¿Sabes? El Inuyasha de aquella época era tierno…
Al escuchar esto el muchacho pareció no comprender por un mínimo segundo, sin embargo rápidamente dándose cuenta de que era lo que se refería, sonriendo y acercándose hasta ella para mirar la foto de la que hablaba la muchacha respondió:
-Si. Puede ser… Ahora soy demasiado avaricioso…
-¿Eh? ¿En serio?-Farfullo la pequeña chica sin comprender-Pues a mi no me parece que gastes mucho dinero, de hecho creo que eres bastante ahorrativo comparado con Mamá y…
Riendo inevitablemente a esto el muchacho agrego:
-No me refería a eso Kagome.
-¿No? No comprendo…
-En aquél entonces yo… Estaba feliz con el simple hecho de tenerte a mi lado. No me importaba si no me querías, siempre y cuándo pudiera estar cerca de ti era más que suficiente para mí. Pero ahora… Eso no es y jamás podrá ser suficiente. Quiero que me mires a mí y sólo a mí Kagome, que sólo pienses en mí, que sólo me ames a mí, que sólo me desees y anheles a mí, que sólo vivas por y para mí… Justo como a mí me sucede contigo…
-Hermano…
-Kagome, tú… Tú eres y siempre serás mi mayor anhelo, aquello que más deseo. Te amo y quiero tenerte sin importar que. Quiero que seas sólo mía, completamente mía en el total, completo y literal sentido de la palabra. Mía en cuerpo y alma, por las leyes de Dios y de los hombres. Tan mía que nunca nadie lo pueda negar…
A estas palabras la muchacha lo miro incapaz de decir nada. Inuyasha, pensar que él la amaba tanto, era…
Suspirando tras notar la clara expresión de sorpresa que adornaba la cara de la que era su hermanita el muchacho suspiro, lo que menos quería era asustarla, así que tratando de tranquilizarla añadió:
-Pero seguir así simplemente a tu lado me parece bien, podría decir que es suficiente-Sonrío tiernamente-Al menos por el momento…-La forma tan deliberadamente provocativa y algo perversa en la cuál el chico había dicho aquello último la hizo sonrojar-
-¿A qué te refieres con eso de por el momento?-Agrego la muchachita con las mejillas completamente rojas-
-A nada en especial…-Él dijo eso, pero la manera en la como desvió la mirada no le decía nada bueno. La muchachita resoplo-Cambiando de tema-Alego el muchacho repentinamente-tú eras adorable en aquél entonces y sigues siéndolo aún ahora. Mi dulce, hermosa y adorable hermana pequeña… No necesito nada más, lo único que deseo eres tú…. Kagome. Mi Kagome…
-Hermano yo…-A estas palabras el gesto del chico se lleno de una tenue irritación-
-Inuyasha-Musito mirándola fijamente-Quiero que me llames Inuyasha te lo he dicho antes ¿Cuántas veces tengo que repetírtelo? Inuyasha, ese es mi nombre. Odio cuándo me llamas hermano. No quiero ser solamente tu hermano, jamás he querido serlo. Entiendo que a estas alturas soy importante para ti Kagome, pero yo quiero serlo aún más…
-¿Aún más? Aunque digas eso yo… No comprendo ¿Qué tanto?-Pregunto la muchachita bajando levemente la mirada. No le gustaba esta conversación, sentía que no podía estar a la altura de lo que su hermano deseaba de ella y no quería lastimarlo más por no ser capaz de hacerlo…-
-Tanto como tú lo eres para mi. Quiero que me mires a mí y sólo a mí Kagome, que sólo pienses en mí y en nada más que en mí …
La pequeña chica lo contemplo en silencio por un par de segundos y entonces musito:
-Aunque digas eso también tengo que pensar en la escuela, las tareas… El desayuno también es importante… Y…
El muchacho suspiro. Niñita tonta… Justo cuándo estaba siendo tan serio, ella tenía que… Sin pensarlo mucho rodeo el pequeño cuerpo de su hermana hundiendo su cabeza contra sus pequeños senos mientras aspiraba profundamente su aroma. Kagome…
A esto la pequeña muchacha no pudo evitar sonrojarse. Sabía que no tenía sentido, Inuyasha y ella habían hecho cosas mucho más intimas que esa la noche anterior, lo sabía y aún así… No podía evitarlo. El sentirlo tan cerca, su agradable y familiar calor, su cálida respiración, su embriagante y varonil aroma, sus fuertes brazos. Todo eso no podía dejar de afectarle. Se sentía tan avergonzada…
-He… Hermano-Consiguió musitar a penas-Su… Suéltame…-Su corazón latía tan rápido, y sus mejillas enrojecían aún más a cada segundo. Sentía que terminaría muriéndose de la vergüenza si él no la dejaba ir-
Mirando la expresión que adornaba la inocente cara de la muchacha el chico no pudo más que sonreír, realmente Kagome, ella era… Tan estúpidamente tierna. Sin realmente pensarlo mucho el agarre que sus brazos mantenían sobre su pequeño cuerpo se intensifico, cosa a la cuál la muchachita enrojeció más ¡Tonto Inuyasha! Le había dicho que la soltara no que la abrazara más fuerte.
-Inuyasha…-Suplicó-
-No quiero.
-¿Por favor?-Agrego como última esperanza-
-No quiero… Soy tan feliz estando simplemente así… Espere tanto tiempo para poder tenerte entre mis brazos, no quiero dejarte ir Kagome…
-Pero…
-Nada de peros. No voy a dejarte ir… Kagome, tan solo déjame permanecer un poco más de tiempo así, es lo único que pido. No es algo tan malo ¿Cierto?
-Bueno, no… Pero…-Logrando tartamudear estas palabras apenas, mientras sentía su cara arder de lo sumamente roja que estaba la muchachita bajo la mirada al suelo. Se sentía tan avergonzada y su corazón latía tan rápido que apenas podía respirar -
Viendo la actitud que adoptaba su hermanita pequeña y las inconfundibles mejillas rosadas que iluminaban su preciosa cara, el apuesto muchacho sonrió. Kagome estaba sumamente avergonzada, era imposible no notarlo. Y aunque le encantaba verla así, tan afectada por su causa, suponía que lo mejor sería dejarla tranquila, al menos por el momento, antes de que su hermanita terminara desmayándose a causa de la vergüenza. Cosa que si bien parecía algo tonto y ridículo, tratándose de Kagome era algo que muy posiblemente podría pasar.
Inhalo profundamente llenándose con su aroma y entonces aún sin desearlo sus brazos la liberaron. Kagome lo contemplo extrañada por un leve segundo. Más sin embargo finamente le sonrió y le dio las gracias. A esto el chico se sonrojo sin que pudiera evitarlo, entonces ladeo la cara intentado no mirarla. No había hecho nada que mereciera el que ella le diera las gracias. Además de que Kagome lucía, tan linda y encantadora al sonreírle, tan infinitamente pura e inocente, tan sumamente frágil e indefensa, que al verla así de lo que menos ganas tenía era de soltarla. Quería protegerla, tomarla en sus brazos y mantenerla entre ellos por y para siempre…
Resoplo en silencio. Estúpida niñita tonta… Sólo Kagome podía afectarle tanto con una sola y simple sonrisa. Pero sabía que eso no era culpa de ella, era solo que él la amaba perdida y enloquecedoramente más de lo humanamente posible…
Suspiro y entonces volviéndose hacía ella que aún no se había movido ni un solo milímetro del lugar en el que estaba cuándo aún la tenía abrazada, musito:
-Vamos Kagome, te ayudare a buscar tu estúpido álbum…
Diciendo esto y luego de que ambos chicos procedieran a buscarlo, el famoso álbum apareció alrededor de unos 15 minutos después, estaba sobre el marco de una de las ventanas del comedor. Al parecer Kagome había estado viendo las fotos mientras que disfrutaba del aire fresco que entraba por la ventana levemente abierta. Pero entonces le había dado hambre y había ido a ver si había algo que pudiera comer en el refrigerador, tras lo cuál, se le había olvidado el libro.
Luego de encontrar el álbum Kagome le había invitado a que lo vieran juntos. Cosa a la que desde luego el chico se había negado, y la cual no era ninguna sorpresa tomando en cuenta lo mucho que siempre le había gustado el ver las fotos familiares. Pero luego de que la muchachita insistiera, sintiéndose incapaz de decirle que no a su brillante, inocente y claramente emocionada carita sonriente había terminado aceptando. Y así era como tras luego de haberse sentado en la cama, su hermanita y él se la habían pasado viendo fotos familiares para su gran molestia y sin embargo Kagome lucía tan radiante y feliz que era incapaz de decir nada al respecto por temor a hacerla sentir mal.
Tras mirar el álbum durante un par de minutos su hermanita y él llegaron a una imagen que le resulto odiosamente familiar. Era aquella foto que les había sido entregada hace algún tiempo atrás durante este mismo Campamento cuándo Kagome y él participaran en aquél "Juego de los Sombreros" Al final del cual habían tenido que casarse, para obtener los puntos que otorgaban por la participación en dicho juego. En aquél momento pensando que Kagome no la querría, e incluso tal vez quisiera deshacerse de ella puesto que en un principio ni siquiera había estado de acuerdo en querer casarse con él, había optado por quedársela.
Sin embargo la foto que mostraba a su hermanita con un vestido de novia "Casándose" con él había desaparecido al día siguiente de que se la entregarán. Había permanecido días enteros buscándola sin ningún resultado. Era cierto que en algún momento había considerado la posibilidad de que Kagome la tuviera, pero como esa opción resultaba muy poco probable, al final había terminado resignándose al hecho de que muy posiblemente la foto se le había caído en algún lado y la había perdido. Y es por eso que ahora enterarse de que en verdad la tenía su hermanita no podía dejar de sorprenderle.
-Kagome ¿Esto…?
Volviéndose para mirarlo, la pequeña chica sonrió y entonces musito:
-Pensé que a Mamá y Papá les gustaría verla. Es una imagen bastante graciosa ¿No cree…?-Estas palabras lo dejaron estático. En el corto tiempo que había pasado desde que observara la fotografía por primera vez hasta el momento, había sopesado muchas posibilidades del porque Kagome tenia aquella fotografía y ninguna era ni remotamente cercana a la respuesta que ella le había dado ¿Qué era lo que ella había dicho? ¿Qué era graciosa? ¿Graciosa...?-
El gesto que adornaba el atractivo rostro del muchacho se lleno de irritación y entonces sujetando a la pequeña chica con fuerza de uno de sus pequeños brazos la estampo contra la cama.
-¿Graciosa…?-Preguntó con una inmensa irritación y sin encontrarle la gracia al asunto, mientras que acercando su rostro al de ella la miraba fijamente-¿Crees que es graciosa Kagome? ¡No juegues conmigo, estúpida niñita tonta!…
Acerco su rostro más al de ella, de tal forma que su flequillo se rozaba con la frente de la muchacha, acariciando levemente su piel, entonces sin dejar de mirarla añadió:
-Casarte conmigo, formar una familia juntos… Tal vez para ti no sea otra cosa más que una idea ridícula y sin sentido. Pero para mí…. Creí habértelo dejado bastante en claro desde aquella ocasión-Añadió esto haciendo referencia a lo que habían discutido aquél día en el que participarán en el juego de los sombreros, luego de que habiéndola atrapado, Kagome se negará a querer casarse con él, incluso si sólo era un juego-Kagome. No estoy bromeado al respecto de mis sentimientos hacía tí. Te amo. Siempre te he amado. Y si hay alguien con quien desee compartir mi vida o formar una familia, esa sin duda eres tú. No pienso aceptar a nadie más…
La muchachita no dijo nada. No sabía que decir, podía notar sin necesidad de esforzarse lo claramente molesto que estaba su hermano, eso y el hecho de que tener su perfecto rostro tan cerca de su cara, sus profundos ojos dorados mirándola tan fijamente y más que nada su fuerte y firme cuerpo sobre el suyo aprisionándola contra la cama, no era de mucha ayuda para ella en estos momentos. Sobre todo por el hecho de que el tenerlo encima de ella en semejante posición no hacía nada más que enviarle imágenes nada sanas y muy poco fraternales a la cabeza ¡No era su culpa! Ella no era una pervertida. Pero luego de lo sucedido la noche anterior entre ella e Inuyasha en esa misma cama, podía saber por experiencia lo delicioso que el estar en una cama con el sexy y fogoso cuerpo de su hermano mayor encima de ella podía resultar…
Sus mejillas se llenaron de color y sin que pudiera evitarlo sintiéndose sumamente avergonzada bajo la mirada. Cosa a la cuál el chico contemplándola no pudo hacer más que morderse los labios. Su pequeña hermana con la mejillas sonrosadas, sus dulces y achocolatados ojitos brillantes, los labios levemente separados, y su sedoso cabello negro esparcido por entre las sabanas mientras su inocente carita adoptaba un evidente gesto de vergüenza lo tenía simplemente hipnotizado. Ella lucía tan hermosa. Y el sentir su pequeño y frágil cuerpecito firmemente apretado contra el suyo, era algo tan… ¡Estúpida niñita tonta!…
Incapaz de resistirse sujetando su pequeño rostro con delicadeza, antes de que su hermanita supiera que había pasado sus labios se adueñaron de su pequeña boca, fusionándose profundamente con sus dulces y rosados labios, robándole el aliento. Su cálida lengua se introdujo dentro de su boca hundiéndose dentro de ella y perdiéndose en el incomparable sabor que sólo Kagome podía brindarle. Fue en el momento en el cuál comenzó a jugar con su pequeña lengua acariciándola y envolviéndola con la suya, que ella pareció reaccionar, intentado apartarlo. Cosa a la cuál abrazándola fuertemente y pegándola más contra su cuerpo el muchacho la forzó a profundizar el beso, siguiendo de esta manera no paso mucho tiempo antes de que dejándose seducir por los sensuales movimientos que trazaban sus labios sobre los suyos, su lengua contra la suya, que dejando de resistirse y rodeando su cuello con sus pequeños brazos y acariciando su suave cabello su hermanita pequeña comenzara a corresponder con tantas ansias como lo hacía él.
Continuaron besándose larga y apasionadamente, hasta que finalmente luego de un largo tiempo besándola y habiéndola saboreado completamente, el chico separando sus labios de los de ella, retiró muy lentamente su lengua de la pequeña boca de Kagome, y al hacerlo la pequeña y delicada lengüita de su hermana pequeña lo siguió, como si persiguiese a la suya. Un pequeño hilo de saliva se formo entre sus 2 lenguas, al tiempo que sentían como su aliento se volvía más y más necesitado…
Habiendo dejado de besarla. El chico permaneció mirándola fijamente mientras luchaba por respirar. No podía hablar. Le faltaba el aliento, eso, y que al estar tan cerca de ella, su suave y dulce aroma. Aquél incomparable aroma que era de ella, sólo de ella lo envolvía completamente, impidiéndole pensar en nada más que no fuera ella. Kagome…
Mientras sentía la cálida y ardiente mirada del que era su hermano mayor fija sobre ella. La pequeña chica sintió sus mejillas enrojecer. Podía sentir el cálido y embriagador aliento de Inuyasha acariciando sus labios nublándole el pensamiento y la capacidad de respirar. El chico se acerco un poco más y en ese momento entreabriendo los labios la muchachita sintió como sin que pudiera evitarlo su respiración comenzaba a volverse pesada. Era casi como si se estuviera sofocando… Pero no era la única. El muchacho por su parte estaba en igual o peores condiciones que ella. La mirada tan pura y brillante de Kagome, sus pequeños labios temblorosos…
Sus respiraciones se habían vuelto profundas y agitadas y no podían dejar de mirarse. No necesitaron decirse más… Sus labios necesitados y hambrientos, desesperadamente volvieron a buscarse. Fusionándose en medio de un violento y apasionado beso que no deseaban viese su fin.
La pequeña chica dejo ir un gemido en el momento en el cuál su pequeña boca fue invadida por la sensual lengua de su hermano. Se sentía tan bien, que alejando sus manos de su cabeza y posándolas sobre su espalda, abrazándose a él no dudo en corresponderle, podía sentir como sus lenguas unidas y entrelazadas trazaban un baile intimo y erótico al mismo tiempo que sus labios se mutuamente devoraban en un beso ardiente y lleno de ansiedad, que conforme pasaba el tiempo se iba haciendo más demandante y lujurioso, más enloquecedor, mientras se besaban ardorosamente una y otra vez… Y aún así no parecía ser suficiente…
Arrinconando el cuerpo de la muchacha más contra la cama, mientras que una de sus manos se introducía dentro de su pequeña blusa, recorriendo muy lentamente su suave piel, la otra comenzó a acariciar una de las suaves y torneadas piernas de su hermanita, levantándole la pequeña falda de tenía puesta. A esto un dulce gemido escapo de los pequeños labios de la muchacha mientras la besaba y al escucharlo el chico no pudo contenerse más, introduciendo la mano que acariciaba sus piernas debajo de su pequeña falda, profiriendo un gemido de satisfacción sus dedos presionaron su suave intimidad, y haciéndolo no pudo evitar jadear al darse cuenta de lo increíblemente mojada que ya se encontraba Kagome para aquellos momentos. Sus dedos estaban completamente empapados. Impregnados de ella…
Enloquecido de deseo, y completamente dispuesto a tenerla por completo. Incapaz de resistirse apartando su pequeña ropa interior uno de sus dedos se introdujo cuán largo era, todo dentro de ella…
A esto emitiendo un pequeño gemido de placer, y despertando del erótico trance al que las caricias de su hermano la habían conducido, la muchachita pareció reaccionar. Rompiendo apenas el beso que ambos compartían, y colocando sus pequeñas manos contra su pecho intentando alejarlo, musito:
-Inuyasha por favor, detente… Esto no…-Su voz débil y temblorosa sonaba a suplica. No podía evitarlo, jadeante, con la respiración entrecortada y el cuerpo ardiendo de deseos de lo que menos tenia ganas era de detenerse. Pero incluso ella comprendía que no sería prudente llevar aquella situación mucho más lejos-
-Te amo Kagome…-Susurrando esto al tiempo que levantaba su pequeña cara a él, el muchacho intento volver a besarla-Quiero hacerte el amor… Sé que no es correcto, pero te necesito demasiado como para no poder volver a sentir tu piel contra la mía como anoche…
-Pero…-Susurro ella. Lo deseaba. Indudablemente lo deseaba, mentiría si dijera que no, su cuerpo se estremecía anhelantemente de él, al tan solo pensar en la posibilidad. Pero acostarse con su hermano mayor, volver a hacer el amor con Inuyasha seria…-Inuyasha yo… No creo que este bien… Continuar con esto…
-¿No quieres?-Le cuestiono el apuesto muchacho con un deje de voz al escuchar estas palabras, temeroso de que quizá al final Kagome si se hubiera arrepentido de haberse entregado a él, de haberle entregado su virginidad a él-
-No es eso… Yo…-Diciendo esto en un susurro de voz. La muchacha ladeo la cara visiblemente sonrojada, cosa a la cual mirándola el chico no pudo evitar morderse los labios ¡Maldición Kagome! Quizá su hermanita no tuviera el menor deseo de volver a hacerlo con él. Él por otra parte… ¡Quería tanto tomarla que no podía soportarlo! Kagome lo indudablemente provocaba y el verla actuar de un modo tan dulce e inocente tan sólo lo hacia desearla más…-
-Responde una simple y sencilla pregunta Kagome-Acotó el muchacho-Hacerlo conmigo ¿Te gusto?
¿Qué si le había gustado? No había terminado de oír esta pregunta cuando su cara comenzó a arder de lo roja que se había puesto.
-Inuyasha yo…-Susurro después de un largo tiempo-Admito que lo de ayer fue muy placentero, pero no estoy muy segura de si lo más correcto sea volver a hacerlo, después de todo tú y yo somos hermanos…
No podía evitarlo, a pesar de saber que había llegado mucho más lejos que eso con su hermano mayor, a pesar de que moría por volver a hacerlo, la pequeña muchacha no creía que repetirlo fuera lo correcto, después de todo una persona podía equivocarse una vez, pero 2 ya era demasiado.
-Hermanos ¿Ehh?-Repuso el muchacho con amargura-A mi parecer Kagome que esa relación se rompió hace mucho tiempo…
-Aún si lo que dices es cierto yo no estoy muy segura de que debamos volver a hacer algo como eso de nuevo-Agrego la muchachita-hacerlo una vez esta bien, pero 2 es demasiad…-El rostro del apuesto chico se cubrió de irritación ¿Qué 2 veces ya era demasiado? ¡Kagome no entendía nada!… Incluso si lo hubieran hecho mil veces, incluso si pasará el resto de la eternidad haciéndolo con ella jamás sería suficiente…-
No le dio tiempo de terminar, sin pensarlo mucho, sujetando su pequeño rostro con una de sus manos volvió a besarla. Sus labios hambrientos y necesitados comenzaron a acariciar insaciablemente los de su pequeña hermana, perdiéndose en la dulzura y suavidad de aquella pequeña boca. Kagome… Ella tenía un sabor tan dulce… Tan estúpida y malditamente dulce…
Mientras la besaba el apuesto chico pudo notar que los pequeños labios de su hermanita temblaban y su respiración era forzosa, ella giraba la cara mientras trataba de oponerse al beso aún cuándo resultaba más que evidente que también lo deseaba, sinceramente no entendía por que Kagome hacía eso. Apenas ayer habían hecho ardorosa y apasionadamente el amor durante toda la noche y ahora ella se resistía ante el simple hecho de compartir un sólo pequeño e inocente beso.
Estaba de acuerdo con Kagome, en el hecho de que eran hermanos y lo que hacían no era correcto. Lo sabía… Pero le importaba un maldito carajo. La amaba tanto, que en estos momentos el si estaba o no bien era lo que menos le tenía sin cuidado. Además incluso cuándo los labios de Kagome le decían eso, su cuerpo le decía algo completamente diferente. Sus pezones estaban duros y ella estaba toda y completamente mojada. Tan tentadoramente mojada… Volvió a morderse los labios ¿Qué si entendía que lo que quería hacerle a su hermanita era incorrecto? ¡Por supuesto que lo entendía! Pero el negarse frente a algo que ambos tan obviamente morían desesperadamente por volver a hacer, le parecía más incorrecto y estúpido todavía.
-No… Inuyasha, somos hermanos no deberíamos…-Susurro ella apenas en medio del beso, intentando resistirse una vez más, sentir la forma en la cual los labios del muchacho acariciaban profundamente los suyos, se sentía tan bien… Pero había caído ya una vez en el error de dejarse seducir por el chico que era su propio hermano mayor, no lo haría 2 veces ¡No podía permitírselo!-Somos hermanos…. ¿Lo comprendes? Hermanos… No deberíamos….
Estaba seriamente decidida a esto, o al menos eso creía, es por eso que no pudo evitar sorprenderse en el momento en el cuál sintiendo como todo su cuerpo comenzaba a inevitablemente arder ante los dulces, envolventes y seductores movimientos que trazaba la lengua de su hermano al juguetear con la suya, incapaz de resistirse involuntariamente comenzó a responder a las caricias que le proporcionaba el muchacho, sabía que estaba mal, pero cada vez que decía la palabra "hermanos", sus lenguas se entrelazaban, acariciándose mutuamente, buscando insaciablemente los labios del otro…
-¿Por qué no?-Exclamo el chico rompiendo inesperadamente el beso tras un largo tiempo en el cual los 2 habían permanecido besándose enloquecedoramente, hasta el punto de casi terminar ahogándose por la falta de aire-Kagome te amo… Deseo tanto hacerte el amor que ya no puedo soportarlo. Y no importa que tanto te esfuerces en negarlo, sabes bien que tú también lo deseas…
Diciendo esto volviendo a tomar posesión de su encantadora boca en un beso codicioso y sumamente demandante, dejo que su lengua se sumergiera profundamente en la pequeña boca de Kagome y entonces la besándola más duro comenzó a mover ansiosamente el dedo que había introducido en el suave y tierno sexo de ella. Inmediatamente el rostro de la pequeña muchacha se contrajo con una clara expresión de placer y dejo ir un gemido de placer, cosa a la cuál mordiéndose los labios el chico bajo la mirada ¡Maldición Kagome! ¿Cómo algo que se suponía era incorrecto podía sentirse tan jodidamente bien? El saber que su hermanita pequeña estaba tan húmeda y excitada, tan dispuesta para él no podía hacer otra cosa más que terriblemente excitarlo más que lo que ya lo estaba. Sintió su dura erección apretarse contra la molesta bragueta de sus pantalones y casi gimió de la desesperación. Saber que la tenía tan cerca y dispuesta, completamente lista para él y al mismo tiempo tan renuente a aceptarlo era una horrorosa tortura ¡Maldición quería hundirse en ella! ¡Ahora!
Incapaz de resistirse comenzó a deslizar más insistentemente aquél travieso dedo dentro de ella ¡Por Dios! ¡Qué Delicia! ¡Qué Delicia! La sensación era maravillosa. En ese momento un pequeño y sensual gemido se dejo oír de los labios de su preciosa hermana, eso lo excito tanto que sin detenerse a pensarlo sumergiendo mucho más profundamente aquél mismo dedo en el cálido centro de Kagome retomo sus caricias con incluso más ansias, y ¡Ahh! ¡Se sentía tan bien! ¡Definitivamente esa niñita lo volvía completamente loco! La escucho gemir nuevamente ¿Es que ella nunca dejaría de torturarlo? El escucharla gemir de esa manera simplemente lo sacaba de quicio y lo enloquecía, por que lo hacia hundirse en el deseo de querer escuchar mucho más de su preciosa voz… Quería escucharla llorar ahogada de placer mientras repetía su nombre una y otra vez ¡Y por Dios que lo conseguiría!
-E… Eso… Mmmm…. Nn… No… ¡Ahh! No…-Comenzó a decir ella entre beso y beso, en el momento en el cual encontrando el camino a través de su pequeña y empapada hendidura, sin pedirle permiso, introduciendo otro dedo dentro de su suave calidez, sin darle el suficiente tiempo para intentar hacer algo al respecto o siquiera reaccionar comenzó a mover aquellos 2 fuertes y experimentados dedos dentro de ella, acariciándola suave y deliciosamente…-
Ante este acto tratando de huir de los apasionados labios de su hermano que la mantenían prisionera en un beso interminable, la pequeña muchacha intento quejarse, pero sus quejas murieron en sus labios tan pronto como su hermano mayor comenzó a frotar su sensible e hinchado clítoris con uno de sus dedos, suave, pero implacablemente haciéndola mojarse más. No, no… Eso no estaba bien. No estaba para nada bien. No lo estaba pero… Se sentía tan estúpida y malditamente bien ¡Era tan rico!
Refugiándose en los labios del que era su hermano, besándolo con más y más ansias en un intento desesperado de no romper a gemir, sintiendo cómo todo su cuerpo era recorrido por repetidos estremecimientos de placer al compás de las caricias del muchacho, la pequeña chica dejo ir un intenso jadeo. No… No… Se sentía tan rico ¡Era delicioso! Y ella estaba tan excitada. No podía evitarlo. El sentir la forma en la cuál los diestros, sensuales y traviesos dedos de su hermano mayor se movían aún más deliciosa e insistentemente de lo que lo habían hecho nunca antes, dentro de su expuesto e indefenso sexo, moviéndose provocativamente dentro de ella, acariciándole sin titubear y con maestría, aquel sensible lugar entre las piernas, la volvía completamente loca…
-Hermano… ¡Hmmm!-Estas palabras nacieron de sus labios antes de que ella se diera plena cuenta de siquiera en que momento las había pronunciado, pero para cuándo quiso hacer algo al respecto ya fue demasiado tarde. Su hermano mayor sin la menor consideración moviendo sus dedos dentro de ella, volvió a acariciar su sensible sexo de nuevo arrancándole otro gemido de los labios-
Después de esto sin darle el menor tiempo para siquiera intentar reponerse de lo que había sentido, el chico apretando su indefensa feminidad logro hacer que emitiera otro gemido, no fue el único ya que dicha situación siguió repitiéndose una vez y otra más y otra más… Así, con los ojos cerrados por el evidente placer, podía sentir aquellos perfectos dedos deslizándose por sobre los sensibles pliegues de su excitado sexo, acariciándolo suave y sensualmente, torturándola mediante placenteras caricias, llenándola más y más de placer a cada segundo. Podía sentir su excitado sexo mojarse más y más a cada segundo y como el intenso ardor que ya sentía en su cuerpo aumentaba drásticamente con cada una de las caricias que le proporcionaba el que era su hermano mayor, hasta convertirse en un torrente de pasión y necesidad que no podía controlar. Estaba mal, él era su hermano, pero eso era lo de menos en esos momentos. Se sentía arder, deseaba, realmente deseaba tanto a Inuyasha… Pequeñas lágrimas de placer comenzaron brotar de sus ojos a medida que forcejando entre los brazos del muchacho intentaba liberarse de él. No quería eso. Bueno si lo quería, pero… No. No iba a dejarse convencer por él una vez más…
-¡No! Inuyasha no… ¡Ahh! ¡Ahhh!… ¿Qué estás haciendo? De… Detente…-Intento quejarse. A esto sonriendo ampliamente, el muchacho respondió forzándola a profundizar el beso que ambos mantenían y entonces aún sin dejar de besarla, con su pulgar comenzó a estimular su pequeño y a estas alturas hinchado y sumamente excitado clítoris arrancándole pequeñas lagrimas de placer-
Sintiendo esto, y lloriqueando de placer mientras se besaban, la muchachita intento resistirse una vez más:
-No… Inuyasha te digo que no… ¡Ahh! ¡Detente de una vez!-Su vocecita era apenas un suave y delicado murmullo, pero aun así el chico consiguió escucharla-
Separando entonces sus labios levemente de los de ella y volviéndose para mirarla con una expresión no muy complacida en el rostro el muchacho susurro:
-¿Detenerme? Kagome sé sincera ¿En serio quieres que lo haga? Aunque tus labios digan eso, tu cuerpo no parece pensar lo mismo…
La muchachita gimió. Si, lo que él decía era cierto. Sabía que lo deseaba, más que a nada lo deseaba, pero le molestaba que él fuera tan arrogante como para restregarle esa verdad en la cara. Y es que por más que intentaba detenerlo el muchacho continuaba sus caricias dejándolas sin fuerzas. Se sentía tan débil incluso para protestar.
-Kagome acéptalo…-Susurro el muchacho con una voz tan increíblemente anhelante y sensual mientras que acariciaba insistentemente su pequeño y palpitante sexo, que la hizo humedecerse más-Tú también estás muriendo de deseos por que volvamos a hacer el amor. Sé que te avergüenza y te sientes culpable por el hecho de que seamos hermanos, no es nada de lo que pueda sorprenderme tratándose de ti… Sin embargo te pido que me comprendas. Te deseo tanto ¡Por Dios! Te he deseado durante años. Por eso yo…-Suspiro profundamente y entonces centrando su mirada en ella continúo-Ya no puedo esperar más ¡Quiero hacerte mía ahora! Tengo unos horribles deseos de estar dentro de ti, Kagome. Quiero sentir tus preciosas piernas alrededor de mi cuerpo... Tus tiernos y pequeños senos contra mi pecho, tu inocente y dulce voz resonar en mis oídos mientras te hago el amor apasionadamente... Quiero que tu aroma se quede impreso en mi cuerpo y que tu aliento me queme la piel... Si tú estás a mi lado, no necesito nada más. Sólo quiero hacerlo contigo, con mi hermana pequeña. Quiero hacerlo muchas, muchas veces... Quiero tenerte sólo para mí...
El anhelo y la necesidad que se reflejaba en el apuesto rostro, en los hermosos ojos dorados del que sabia era su hermano mayor al decir aquellas palabras hacia que a la pequeña chica le doliera todo el cuerpo y se le rompiera el corazón. Inevitablemente las mejillas de la muchacha enrojecieron completamente y entonces bajando la mirada musito:
-Inu... Inuyasha por favor, hicimos el amor hace tan sólo la noche de ayer…
-¿Y? ¿Cuál es el problema?-Replico el chico con voz firme pero anhelante-Te amo y te necesito Kagome... Sé que este amor no puede ser, pero aún sabiéndolo sólo deseo estar contigo, quiero tenerte entre mis brazos y poder amarte. Siempre, siempre... Y por siempre... Te amo tanto Kagome, te deseo mía ahora y tú no vas a decirme que no tienes el menor deseo de sentirme dentro de tí, por que mentirías… ¿O tal vez creas que puedes tener suficiente tan sólo con mis dedos?
Sin decir más y mientras la miraba fijamente simplemente disfrutando con su expresión, su inocente carita llena de placer pese a sus constantes quejas el muchacho comenzó a mover más insistentemente sus dedos dentro de la pequeña intimidad de la muchacha.
-¡Ahh!.. No ¡No!-Intento resistirse la pequeña Kagome, podía sentir su excitado sexo mojarse más con cada pequeña caricia que le hacía inclementemente su hermano mayor-
Sonriendo inevitablemente ante el saber de la reacción que sus caricias provocaban en el pequeño cuerpo de la que era su hermanita y lo maravilloso que era escuchar el magnifico espectáculo que resultaba su preciosa voz inundada de placer… Placer que él estaba más que dispuesto a brindarle. Incapaz de contenerse y deseando explorar mucho más en aquel dulce y húmedo interior, introdujo un tercer dedo dentro de ella ¡Por Dios! ¡Eso era el paraíso! ¡Kagome era la gloría! ¡La única y verdadera gloría gloria!
Entonces inclinándose hacia ella para volver a besarla, puso un poco más de presión en su pulgar que se mantenía acariciando su sensible clítoris. A esto la muchachita se tenso entre sus brazos y dejando ir un jadeo de placer un par de lagrimas nacieron de sus inocentes y ya demasiados llorosos ojitos. Aún con todo eso no se detuvo ¡Era fascínate! Si tendría que pudrirse en el infierno por toda la eternidad por hacerle eso a su inocente hermanita de 15 años, lo aceptaría sin protestar ¡Era delicioso!… ¡Kagome era deliciosa! ¡Tan infinitamente deliciosa! Quería agradecerle por eso, por todo lo que sentía, por todo lo que ella le provocaba y es que siendo sincero lo único que deseaba en ese instante era que ese momento nunca terminara…
Sin detenerse a pensarlo comenzó a mover aquellos 3 dedos dentro de ella más ansiosa y rápidamente, mientras que con su pulgar acariciaba su inflamado clítoris de una forma tan deliberadamente lenta en contraste, atrapando a la pequeña muchacha en una situación en la cuál le era imposible intentar siquiera escapar del inmenso placer que la inundaba. Con lágrimas naciendo de sus ojos debido al intenso placer que sentía y su cuerpo retorciéndose entre los brazos de su apuesto hermano mayor al ritmo de los espasmos que le provocaban sus talentosos dedos, con los ojos cerrados y los labios abiertos lo único que podía hacer era gemir, gemir de placer, esperando que llegara el momento en el cuál él se cansara de aquello y le brindara un poco de paz a su atormentado sexo…
-¡Inuyasha! ¡Ahh!… ¡Inuyasha!…-Musito, una y otra vez, mientras sentía sus dedos moverse cada vez con mayor ímpetu dentro de ella-
-Kagommme…. Mmmmmmmm… ¡Ahhh!… Kagome…-Le escuchaba decir al compás de sus sensuales caricias. La habitación entera estaba llena del sonido de los gemidos de ambos hermanos-
Inuyasha continúo acariciando su interior con sus dedos, la pequeña Kagome ya no sabía que hacer empezaba a humedecerse más de lo que ya estaba. Su cuerpo completamente cubierto de sudor, inundado de placer, haciendo crecer cada vez más y más el calor, el deseo dentro de ella, de su húmedo sexo…
Inconscientemente comenzó a levantar su pequeño cuerpo a su hermano incitándolo a que sumergiera sus dedos mucho más profundo dentro de ella. Sus deseos se cumplieron, ya que más pronto de lo que podría haber deseado pudo sentir como el movimiento de los dedos del muchacho dentro de ella se hacía más violento y delicioso que antes, ante esto no pudo evitar el que su pequeño sexo se mojara aún más y el que ella rompiera a llorar gimiendo una y otra vez de placer. Ahh… Se sentía tan bien. Más… Quería más…
Mirando entonces la reacción que tenía su pequeña hermana ante sus caricias, sus inocentes facciones inundadas de placer, no pudiendo evitar el que una sonrisa le llenara la cara, acariciándola más insistentemente el muchacho musito:
-Vaya Kagome pese a lo que decías antes ahora no sólo tu cuerpo sino incluso tu pequeña boca esta diciendo cosas diferentes. Tienes una voz verdaderamente preciosa ¿Sabes?…-Las mejillas de la muchacha se pusieron rojas a más no poder mientras que oyendo al muchacho decirle esto, escuchaba asimismo sus incontenibles gemidos resonar dentro de la habitación-
Se sentía tan avergonzada, pensar que con su propio hermano mayor ella estaba… ¡Era vergonzoso! ¡Tan sumamente vergonzoso! No podía seguir, la vergüenza que sentía era tan grande, tan inmensa que… ¡Al diablo con la vergüenza! Separando más ampliamente sus pequeñas piernas al tiempo que se aferraba fuertemente al cuerpo su hermano comenzó a suplicarle por más. La estúpida vergüenza le valía un comino en ese momento. Lo único que sabía era que lo quería, lo necesitaba dentro de ella, dentro y ahora…
-¡Ahh!… Mmmm.. Inu… ¡Hermano! Más… Más… ¡Por favor dame más!-Suplico incansablemente una y otra vez-
A esto sonriendo ampliamente el muchacho musito:
-Ser tan sincera respecto a lo que quieres. Eres adorable Kagome… Jamás pensé que fueras tan buena seduciendo a la gente, pero ya que eso es lo que quieres, supongo que no me queda más que hacer lo que deseas…
El muchacho no había acabado de decir esto cuando moviendo sus dedos dentro de ella con tal increíble maestría y habilidad que ni siquiera termino a atinar que era lo que había hecho hizo que su cuerpo se llenara de un placer incontenible. No podía creerlo, tan delicioso. Tan sumamente delicioso… Numerosas e incontenibles lágrimas comenzaron brotar de sus ojos al tiempo que abriendo la boca gemía una y otra vez. Inuyasha… Eso se había sentido tan rico. No, había sido algo más que rico, tan maravillosamente delicioso. Si su hermano mayor seguía acariciándola de esa manera sabía que terminaría volviéndose loca. Era demasiado y al mismo tiempo no suficiente. No lo comprendía… Quería más, pero al mismo tiempo… Sintió su cabeza ponerse literalmente en un blanco total mientras los dedos de su hermano se movían dentro de ella al mismo tiempo que con un gran espasmo de placer, un incontenible gemido de satisfacción y con su pequeño cuerpo retorciéndose entre los brazos del muchacho la humedad comenzaba a brotar a borbones de ella.
No supo que había pasado, simplemente se quedo ahí, flotando entre la nada y fue entonces cuándo escucho la voz de su hermano mayor diciendo:
-Vaya, vaya Kagome… Así que al final acabaste tan sólo con mis dedos dejándome a mí así, que persona más insensible…-Su voz se dejaba oír cargada de malicia y sin embargo al mismo tiempo sus manos trazaban caricias llenas de ternura sobre su cuerpo-
Sonrió y entonces apartando su mano de aquél suave, delicado y excitando lugar, no dudo en llevarse aquella mano a la boca para pasar a lamerse los dedos. Saboreando, disfrutando del dulcemente adictivo sabor del que estaban empapados, del pecaminoso y prohibido néctar que mojaba sus dedos con un gesto tan malditamente lascivo que sólo provoco más humedad en la pequeña muchacha. No podía evitarlo su hermano mayor era pura y dura sensualidad…
-Dulce…-Musito el chico suavemente mientras que lamiendo sus dedos la miraba fijamente-Tienes un sabor tan embriagante y dulce Kagome…
No pudo decir nada a esto, no podía hacerlo. A decir verdad para esos momentos apenas y podía pensar con claridad. No era su culpa al estar cerca de Inuyasha era como si le bloquearan la capacidad de pensar, había algo en él que la volvía una completa estúpida. No podía hablar, no podía pensar, no podía formar ni un solo pensamiento coherente y resultaba tan fácil ceder ante él. Sus besos, sus caricias conseguían poner su mente completamente en blanco. Lo deseaba, realmente lo deseaba, pero… No estaba bien, tener ese tipo de deseos por el chico que era su hermano mayor no era correcto… Sabia que entre ella e Inuyasha no podía haber nada, menos aún el permitir que se repitiese algo como lo sucedido ayer, lo sabía y aún así…
-Hermano, yo… Creo que ya hemos llegado demasiado lejos… Por favor detente, esto no…
Diciendo esto a duras penas mientras que cerraba fuertemente los ojos la muchachita pudo sentir como pequeñas lagrimas comenzaban a desbordarse de ellos, podia notar claramente la forma en la cual sus piernas temblaban y su mojado sexo palpitaba deseoso de algo que sabia no podia permitirse desear. No tratándose de Inuyasha, él era su hermano lo sabía, lo sabía pero... Si continuaba un sólo segundo más cerca de él ya no podría...
Escuchando estas palabras y tras mirarla fijamente durante un leve segundo el apuesto muchacho bajo la mirada. Así que su hermano ¿Verdad?
-¿Hermano?-Repitió con cierta irritación-
Independiente de si eso era o no cierto, jamás se había sentido como su hermano y le molestaba el que ella no dejara de llamarlo una y otra vez de esa manera. Lo molestaba porque por más que se lo dijera Kagome no parecía comprender el hecho de que más que ser su hermano la quería, la deseaba como hombre. Y si la noche anterior que habían compartido juntos no había sido suficiente como para dejarle en claro que lo ultimo que quería en el mundo era ser su maldito hermano mayor, entonces procuraría ser mucho más claro y directo respecto a sus deseos esta vez. La veía como una mujer, pensaba en ella como una mujer, la deseaba como una mujer, la amaba y se negaba, fuerte, profunda y rotundamente a renunciar a ella. A dejarla escapar en ese momento.
-No has dejado de llamarme así durante los últimos minutos pero… ¿Realmente piensas en mí como tu hermano? Dime Kagome ¿Realmente me veías como tu hermano en el momento en el cuál te aferrabas a mí y gemías mi nombre mientras hacíamos el amor? ¿Lo hacías?
-Inuyasha yo…
-Responde-Insistió el chico-
-No-Respondió finamente Kagome con voz temblorosa-
Y mirándola, el apuesto muchacho no pudo evitar sonreír ante su respuesta.
-¿Lo ves? Tú misma deseas esto. Me detendría si supiera que no es esto lo que quieres, pero sé que no es así. Así que te lo diré claramente: He estado esperado por tenerte, por hacerte mía durante años Kagome ¿Comprendes lo que es eso…? Estoy seguro que ni te lo imaginas. Tú… Me mantenías constantemente excitado. Para mí era una completa agonía ¡Estaba lleno de un deseo insoportable y no podía hacer nada al respecto, por que la chica a la que deseaba era nada más y nada menos que mi hermanita menor!… Te deseaba tanto... ¡Por Dios! Mis fantasías sobre lo que íbamos a hacer, sobre lo que iba a hacerte cuándo finalmente pudiera tenerte incluso me avergonzaban a mi mismo… Hubiera dado mi alma sin dudar un sólo minuto a cambio de poder pasar una sola noche contigo…
-Inu...-Jadeó la pequeña muchacha sintiendo sus mejillas enrojecer, pensar que su hermano la amaba tanto era...-
-Y es por eso que el sólo pensar que algún día con algún otro tipo, tú...-Suspirando profundamente mientras la miraba el muchacho continuo-¡Me volvía completamente loco! No alejaba a todo chico que se acercara a tí por que quisiera ser un buen hermano, ni tampoco te repetía una y otra vez que eras muy pequeña como para poder salir con alguien porque te estuviera protegiendo. Era porque te quería para mí y el verte con cualquier otro me hacia enloquecer de los celos... Sin embargo eras mi hermana pequeña y por mucho que me doliera aceptarlo tú no sentías lo mismo por mí… Por todo esto me prometí a mi mismo no tocarte hasta que tú lo desearas, y ahora que lo haces, ahora que sé que realmente deseas que hagamos el amor, incluso si lo que pides es que me detenga no lo haré.
Escuchando estas palabras la muchachita bajo la mirada mientras decía:
-Inuyasha basta, sabes perfectamente que tú y yo somos hermanos...
-Si, lo sé-Musito el chico-Pero que lo seamos no cambia en absoluto mis sentimientos. Te lo he dicho ya muchas veces: Te amo Kagome, te deseo tanto... Sabes perfectamente que jamás sería capaz de hacerte algo que no desearás, así que si realmente deseas que me detenga, si no es esto lo que quieres entonces mírame, mírame a los ojos Kagome. Si lo haces y me dices que esto no es lo que quieres, que no es esto lo que deseas, juro que me detendré.
Dios sabía que lo que decía era cierto. Si Kagome realmente no deseaba esto lo aceptaría y la dejaría en paz. Pero sabía debido a lo sucedido en esa misma cama ayer noche, que ella si lo deseaba. Ella deseaba que volvieran a hacer el amor y él se moría por poder volver a escuchar sus pequeños y dulces gemidos de placer mientras la hacía suya…
A pesar de todo lo que él había dicho la pequeña chica no se volvió para mirarlo. Sabía que por más que quisiera no podría rechazarlo y si lo miraba lo más probable es que acabara rindiéndose frente a él. Pero eso no estaría bien, Inuyasha era su hermano, su hermano mayor, hacer algo como eso de nuevo no estaba bien, no podía estar bien. Y por esa razón se obligo a si misma a ignorar el desesperado deseo que sentía para intentar alejarse de él, escapar de su voz, de su calor, de sus brazos y de la necesidad que generaba en ella. Pero no podía hacer nada contra él, así de impotente como lo había sido la noche anterior.
-Mírame Kagome-Ordeno el muchacho al ver que ella simplemente no se decidía a hacerlo-
Ante la inminente autoridad y sensualidad que desprendía su voz sintiendo sus mejillas enrojecer la pequeña niña trato de resistirse, fue totalmente imposible, finalmente sin poder hacer nada para evitarlo con un gemido frustrado de rendición obedeció. Sus mejillas enrojecieron aún más inevitablemente cuándo sus ojos se encontraron con los de él, entonces tomando su rostro en sus manos e inclinando su rostro sobre el suyo mientras la miraba con dulzura escucho a su apuesto hermano mayor decir:
-Te amo. Te amo… Kagome Taisho te amo. Sé que es una locura pero te amo. No me dejes, por favor no me rechaces… Tú no… Yo nací por tí, yo nací para tí, mi pequeña. Mi hermosa hermanita pequeña…
Diciendo esto mientras acariciaba suavemente su precioso rostro, el muchacho continuo:
-Sé que esto es incesto y que por ello debería ir al infierno… No sólo por abusar de mi hermana, sino porque eres una pequeña niña de 15 años y yo soy tu hermano mayor. Pequeña sé que esto no es correcto… Sé que es un pecado, un delito, un tabú que no debería romperse, pero no me importa nada si te amo. Te amo con todo mi ser y a pesar de que desee olvidar que soy tu hermano, que no debería siquiera tocarte, no puedo evitarlo… Soy un ser despreciable…-Musito al tiempo que con un solo movimiento la apretaba mucho más contra si y sin poder evitarlo las lágrimas comenzaban a caer por sus mejillas-Quererte… Desearte de esta manera…
Las lagrimas que nacían de sus ojos comenzaron a aumentar, acto al cuál abrazo aún más fuertemente a la pequeña chica. Kagome. Pasara lo que pasara jamás quería dejarla ir… No podía ¡No quería renunciar a ella!
-Pero no me importa-Continúo-deseo estar contigo, quiero que seas mía, que seas mi mujer, mi esposa, mi amante, la madre de mis hijos… No lo esconderé más ¡Te amo Kagome! Y así será por siempre y para siempre, y por mí que la sociedad piense lo que quiera, te amo y haga lo que haga eso no va a cambiar…
Escuchando esto y con las mejillas reluciendo de tan rojas que estaban, la muchachita se volvió para mirar al chico por un leve segundo. Su mirada era tan profunda y cálida, y sus ojos la observaban con tanta ternura y amor, aunque también podía distinguir un destello de deseo que brillaba con tanta ansiedad, mirándola a ella, sólo a ella, deseándola a ella, sólo a ella...
Lo sabía, su hermano mayor la amaba de una forma tan profunda que casi podía rayar en la locura. Él la amaba, la había amado, deseado desde siempre y durante todo ese tiempo lo único que ella había hecho era hacerlo sufrir. Siempre hablándole de los chicos que le gustaban, de las chicas con las que quería que él saliera, de lo maravillosa y perfecta que era su familia y lo mucho que deseaba que fuera así por siempre, lastimando sus sentimientos incluso sin darse cuenta. Lo había hecho sufrir más de que ninguna persona jamás se lo merecería y aún así Inuyasha, él… Seguía queriéndola, mirándola de una forma tan dulce. Esa mirada, esos ojos la derretían...
Antes de que pudiera darse cuenta de que era lo que estaba haciendo tomando el rostro de su hermano entre sus manos y acercándolo al suyo propio, lo beso nuevamente. En el momento en que sus labios se rozaron con los suyos, se sintió tan feliz, tan completa… El muchacho suspiro y entonces ella, incapaz de contenerse y completamente enloquecida lo atrajo hacia sí con más fuerza y entonces comenzó a besarlo como realmente quería, con un total desenfreno. Sintiendo esto el chico no dudo en corresponderle con la misma entrega, pasión y necesidad con la cuál ella lo besaba, y cerrando los ojos la pequeña Kagome simplemente se dejo ir, dejando que su hermano devorara su rosada boca con toda libertad…
Era incorrecto, lo sabía, pero la verdad era que sus deseos por su hermano mayor eran algo superior a su voluntad, anhelaba hacer esto, deseaba hacerlo, su cuerpo lo necesitaba. Por muy mal que estuviera quería hacer el amor con Inuyasha… Gimió en silencio, ahogándose en su propio placer, eso estaba mal, muy mal lo sabía de sobra, pero aún así no podía luchar contra ese deseo, durante meses había intentado resistirse a su hermano, a lo que ella misma deseaba, pero ahora se encontraba completamente indefensa frente a él, su voluntad había sido reducida a nada sin incluso darse cuenta. Ardía en la necesidad de sentir la piel de su hermano contra la suya, sus labios acariciando los suyos y sobre todo aquél gran pedazo de carne viajando en lo más profundo de su interior, penetrándola, golpeándola sin la menor consideración, haciéndole ver lo mucho que le pertenecía…
El chico suspiro. Kagome… Había deseado tanto poder hacer esto durante mucho tiempo, hasta el punto de casi enloquecer. Y había sido tan frustrante el tener que contenerse simplemente por el hecho de saber que ella era su hermanita pequeña, había estado reprimiendo lo que sentía por ella durante prácticamente 16 largos años de su vida, no quería hacerlo ni un sólo segundo más…
Moviendo una de sus manos hacia una de las torneadas piernas de la muchacha para acariciarla mientras mantenía la otra en su cintura, manteniendo aquél pequeño y delicado cuerpo firme y apretado contra él, impidiéndole cualquier posibilidad de escape no dudo en profundizar mucho más el beso que ambos compartían. Su lengua se introdujo inclementemente dentro de aquella pequeña y cálida boca comenzando inmediatamente a jugar con la suave y delicada lengüita de Kagome, su lengua y la de su pequeña hermana se rozaban y se enredaban dulce y sensualmente bailando entre si… ¡Y por todos los demonios del infierno! Ella tenía un sabor tan dulce y era tan suave…
Sin la menor piedad su lengua se sumergió aún más profundamente dentro de aquella pequeña boca, probando y acariciando. Sin que pudiera evitarlo el dulce aroma de su pequeña hermana lo embriago completamente, nublándole los sentidos y él simplemente se dejo llevar entregándose al beso con un increíble abandono ansioso y un placer tan maravillosamente adictivo que no podía soportar. Así, mientras sus labios necesitados y hambrientos se devoraban con sumo gusto el uno al otro. Apretándola más contra si mismo al tiempo que profundizaba el beso el muchacho no pudo evitar gemir, dulce, Kagome tenía un sabor dulce… Tan malditamente dulce que lo envolvía, lo enloquecía, y lo hacía desear por más. Más de su dulce sabor, más de su deliciosa fragancia y calidez, más de sus inocentes caricias, más y más de ella, simplemente más y más de su pequeña hermana…
Mientras tanto, sintiendo la forma tan desbordantemente apasionada en la cuál su hermano la besaba la pequeña chica no dudo en aceptarlo ni un solo segundo, pegando mucho más su cuerpo a él trato de hacerlo lo mejor que podía en su inexperiencia. Los labios de su hermano al moverse y acariciar los de ella eran tan demandantes y exigentes, tan sensuales, y provocativos, y estaba por demás decirlo increíblemente posesivos, pero al mismo tiempo eran gentiles y dulces. Era tal su maestría al acariciarla, tan embriagantemente placentero que incapaz de resistirse ella terminaba respondiendo completamente por pura inercia. Jamás podría competir contra él. Provocándole miles de incompresibles sensaciones y haciéndola ver indudablemente las estrellas. Cada vez que la tocaba su hermano mayor manipulaba su cuerpo y su corazón a su entero antojo y ella no podía hacer nada contra eso. Derritiéndose inevitablemente entre sus brazos, tan sólo deseaba, buscaba más… Más de él. Más de su calor y sus caricias. Mas de aquella adictiva y deliciosa boca pecaminosa. Realmente no quedaba la menor duda de por que él era el maestro y ella la alumna…
El sentir su húmeda lengua persiguiendo a la suya, jugando con ella era una verdadera delicia. La forma en la cual la experimentada lengua de su hermano presionaba contra la suya de forma sensual y ardiente, deslizándose sobre ella al mismo tiempo que le acariciaba el paladar juguetonamente y hacia que se enredaran en un provocativo baile a dos, le simplemente encantaba. Los besos de su hermano eran deliciosos. Las caricias que sus manos trazaban sobre su pequeño cuerpo todavía mejor.
Inuyasha y ella eran hermanos y hacer este tipo de cosas no era correcto, lo sabia, pero sentirlo tocándola, el simple hecho de sentirlo besándola, abrazándola se sentía tan bien y la hacía sentir tan inmensamente feliz. Ahora, después de haber intentado negarlo en tantas ocasiones antes, podía decirlo con claridad: Lo deseaba, deseaba tanto a Inuyasha, a su hermano mayor. Estaba mal, lo sabía, pero aún así lo deseaba. Quería que él tocara su cuerpo y la acariciara. No más que eso ¡Quería que él la devorara completa!
Las piernas le temblaban, los labios le ardían contra la boca del muchacho, su cuerpo se sentía tan caliente y ella estaba mareada. Completamente borracha. Intoxicada. Y era por él, su querido y absolutamente prohibido hermano mayor. Inuyasha… Necesitaba sentir su embriagante calor llenándola, siendo uno con ella, sus experimentadas y diestras manos recorriéndola, su sensual boca sobre todo su cuerpo, no tan sólo en sus labios. Quería sentirlo a él por completo fusionado a más no poder con su pequeño cuerpo. Eso era lo que quería. Deseaba a Inuyasha, a su propio hermano mayor y ahora también sabía que no soportaría perderlo ¡Inuyasha era suyo! No quería compartirlo con nadie. Sus labios, sus ojos, su cuerpo, hasta la última de cada pequeña gota de su esencia era suya. Lo quería todo de él y no estaba dispuesta a compartirlo con nadie. Su hermano mayor era suyo. Suyo y únicamente suyo…
-Mmmm… Inuyasha ¡Ahh!… ¡Hermano!…Te deseo… ¡Te necesito tanto Inuyasha!-Gimiendo inevitablemente entre beso y beso, la pequeña chica susurro esto con la voz entrecortada-
Y diciéndolo sus pequeños bracitos se aferraron al cuello de su hermano deseando poder acercarlo más a ella, moría ante el saber de que pronto podrían volver a ser uno solo. Lo deseaba tanto y sus pequeñas piernas no tardaron mucho en comenzar a mojarse mucho más de lo que a esas alturas ya lo estaban como manifestación de ese deseo.
Al escuchar a su hermanita pequeña decirle eso el muchacho sintió como una incontrolable necesidad de tocarla, de hacerla suya comenzaba a invadirlo. Siempre había querido escucharla decir eso, la amaba, y la deseaba tan desesperadamente tanto, que al saber que ella se sentía igual de necesitada que él no podía reprimir el intenso amor y deseo que sentía por ella. Quería desnudarla, penetrarla rápidamente y hacerle el amor en ese preciso momento…
Pero también quería ir despacio, seducirla y excitarla hasta volverla completamente loca. Quería convertir a la pequeña e inocente Kagome, a su preciosa y dulce hermana menor en una completa y total adicta a él, para que siempre estuviera a su lado, para que de igual manera que le sucedía a él con ella, Kagome jamás pudiera ser capaz de mirar a otros…
Con esto en mente profundizando más el beso que ambos compartían, con el único deseo de devorarla, la atrajo más contra su cuerpo apretándola contra si. Mientras la besaba aquél delicado, dulce e inigualable aroma que poseía su pequeña hermana y que lo volvía absolutamente loco lo embriago completamente. Entonces suspirando inevitablemente y separando levemente sus labios de los de ella, mientras la abrazaba fuertemente, susurro:
-Kagome... Mmmmm... Mi pequeña e inocente Kagome… Te... Ahh... Amo tanto pequeña...
A estas palabras las mejillas de la muchacha se pusieron completa y absolutamente rojas y mucho más en el momento en el que bajando la mirada por causa de la vergüenza, pudo contemplar la tremenda erección que ya tenía su hermano para esos momentos.
Y no pasando por alto esa actitud el apuesto chico no pudo evitar sonreír. Tan tierna, tan estúpidamente tierna. En verdad, no había ni un sólo momento en el que Kagome dejara de actuar como una pequeña niña, dulce e inocente, pero eso lo verdaderamente enternecía. Sujetando muy suavemente el delicado mentón de su pequeña hermana la obligo para que se volviera a mirarlo y entonces en un increíblemente dulce tono de voz musito:
-Te amo Kagome… Te amo tanto...
A estas palabras la muchachita enrojeció súbitamente más de lo que ya lo estaba, los ojos de su hermano oscurecidos de deseo al mirarla la estaban literalmente devorando. Casi creyó que el corazón se le iba a salir del pecho de tan rápido que latia. Nunca antes en toda su corta vida alguien la había hecho sentirse tan deseada, perseguida… Casi, casi acosada…
Inuyasha puso una sonrisa depredadora en los labios que provoco que la pequeña muchacha enrojeciera súbitamente más de lo que ya lo estaba, y este sonrojo llego a su punto máximo en el momento en el cuál sujetándola fuertemente por la cintura y atrayéndola a si el muchacho la pego contra su propio cuerpo provocando que su dura erección se apretara contra su sensible centro, entonces sujetando suavemente la inocente carita de su hermana con una de sus manos el chico hizo que sus labios se nuevamente encontraran con los de ella.
A todo esto, pese a sentirse verdaderamente avergonzada y teniendo una cara tan roja que parecía que en cualquier momento podría explotar Kagome ni siquiera intento resistirse. Simplemente se dejo besar mientras sentía como pegándola más contra su cuerpo el duro miembro de su hermano se apretaba contra su a esas alturas muy húmedo sexo al mismo tiempo en que sus diestras y firmes manos comenzaban a deslizarse trazando sensuales caricias sobre su pequeño cuerpo hasta llegar a uno de sus senos sin que siquiera pudiera darse cuenta y comenzaban a masajearlo. Sin poder resistirse entonces cubriendo con sus pequeños brazos el cuerpo del muchacho aferrándose a él comenzó a empujar insistentemente su mojada feminidad contra el hinchado, rígido y sumamente necesitado miembro del chico.
Un pequeño gemido se escapo de los labios del atractivo muchacho a este acto y no pudo evitar morderse los labios para pasar a hacer el beso que compartía con la pequeña chica más profundo ¡Maldición! No había esperado que ella hiciera eso. No era que le molestara, al contrario le agradaba y le hacía inmensamente feliz el que Kagome lo deseara tanto como para atreverse a hacer algo como eso, pero la deseaba tan estúpidamente tanto que el que ella hiciera ese tipo de cosas desde luego no era de gran ayuda para su autocontrol…
Apretando el pequeño cuerpo de su hermanita contra la cama incapaz de contenerse comenzó a restregar su dura erección contra el cálido centro de la muchacha. Y sintiendo la forma en la cuál el cuerpo de su hermano se apretaba tan deliciosamente contra ella, la ávida e incansable forma en que su boca devoraba la suya, la descarada forma en la cuál sus manos la recorrían y la dureza de su miembro aumentar aún más a cada segundo la pequeña chica no pudo contener un gemido de placer. Se sentía tan bien ¡Era delicioso! ¡Indescriptiblemente delicioso! Podía sentir como su pequeño sexo comenzaba a palpitar pidiéndole por tener el enorme miembro de su hermano acunado en ese necesitado lugar, lo deseaba tanto… Quería que Inuyasha acabara de una vez por todas con eso y que la tomara tan fuerte y salvajemente como la vez anterior o con más salvajismo…
-Inu… Mmmm... ¡Ahh!-Sin que pudiera evitarlo un fuerte gemido se escapo de sus labios al sentir la manera en la cuál dejando de masajear sus pequeños pechos los perversamente lascivos dedos de su hermano, los cuales al parecer no conocían la palabra respeto comenzaban a jugar con sus sensibles pezones rozándolos y apretándolos, haciendo que sus pequeños botones rozados se endurecieran e hincharán inevitable y dolorosamente deseosos de más-
Aún así, a pesar de que ella permitía que la tocara, el chico podía notar fácilmente su tensión y su conflicto interno. Ella estaba dudando, al parecer aunque no se lo dijera Kagome aún seguía sintiéndose culpable ante el hecho de saber que eran hermanos y que lo que hacían no era correcto. Ella se sentía culpable y preocupada ante el saber que hacía ese tipo de cosas con el chico que era su hermano mayor, y él se juro a si mismo que borraría todas esas preocupaciones aunque tuviera que dedicar el resto de su vida a ello, haría que su pequeña hermana lo deseara con tanto fervor y desesperación como él la deseaba a ella. Que lo amara tanto que el hecho de saber que eran hermanos jamás volviera a tener importancia. Un amor tan grande que incluso cuándo podría elegir no hacerlo ella siempre lo eligiese a él sin importar qué. Uno en el cuál incluso si el mundo entero se pusiese en su contra, su hermanita decidiera siempre permanecer a su lado.
Pensando esto y volviendo a concentrar toda su atención en su pequeña hermana, no necesito pensarlo mucho, con una sonrisa adornando su fino rostro, tomando la pequeña blusa de la muchacha se ocupo de quitársela. Luego de esto sin perder ni un sólo segundo con los pulgares se encargó de bajarle el pequeño sujetador blanco con estampado de florecitas rosadas que ella llevaba puesto para dejar expuestos aquellos preciosos y níveos pechos coronados por un par de pequeños pezones rosados, que lo invitaban a beber de ellos. En todo esto Kagome estuvo totalmente de acuerdo y simplemente se dejó hacer, así que el despojarla de aquellos molestos pedazos de tela no fue una tarea verdaderamente difícil.
No, lo difícil fue lo que vino después...
Sin nada de por medio que la cubriera los pequeños pechos de su hermanita menor estaban desnudos e indefensos delante él, expuestos para él como si de un suculento banquete se tratara. Ante esto no pudo evitar tragar grueso. Sin importar cuantas veces los mirara los pequeños pechos de Kagome jamás dejaban de sorprenderle. Eran tan hermosos, tan increíblemente perfectos y suaves. Y como cada vez que los veía a él se le hizo agua la boca por saborearlos... Por poder devorarlos completamente...
Si definitivamente sin importar cuanto tiempo pasara el problema siempre era el de controlar sus deseos de abalanzarse sobre ella y lamer, chupar, morder y disfrutar de todo lo que esos preciosos pechos, aquellos encantadores botones rosados tenían para ofrecerle sin excederse al punto de asustar a su pequeña hermana. Realmente no quería asustarla, pero tenia que aceptar que el contenerse a si mismo era difícil. No era su culpa, la deseaba, más de lo que podría expresar la deseaba y llevaba tanto tiempo deseando poder verla, tenerla y sentirla así entre sus brazos...
Pensando en esto y sumamente complacido ante la hermosa vista dispuesta para él, y sólo para él... Sabiendo que tal y como había soñado durante muchos años, ahora tenia entre sus brazos a la real y pequeña Kagome, su inocente hermanita menor tan frágil, dócil, indefensa y sobre todo tan dispuesta a ser nuevamente suya. Con una sonrisa curvándose en sus seductores labios incapaz de contenerse inclinándose sobre ella, antes de que la pequeña niña supiera que había pasado capturo uno de aquellos deliciosos pezones acariciándolo con su lengua, lamiéndolo lentamente para luego comenzar a chuparlo con suma avidez mientras que el otro lo pellizcaba suavemente con un par de sus dedos. A esto Kagome dejo ir un pequeño jadeo. Entonces al tiempo que la sonrisa que ondeaba en su rostro se hacia más grande comenzó a frotar la sensible punta de preciosos botones de su hermana con los pulgares, acariciándolos, deleitándose con su deliciosa textura…
Los pequeños pechos de Kagome eran tan firmes, y al mismo tiempo tan suaves… Realmente los senos de su preciosa hermana eran perfectos. Perfectos para él...
Y ahora eran suyos, todos suyos... Al tiempo que la acariciaba un pequeño gemido se escapo de sus labios. Kagome... Había esperado tanto para poder tenerla así, que ahora ni siquiera conseguía terminar de creerse que era real. Que tenia a su preciosa hermanita, a su dulce y encantadora Kagome prácticamente desnuda y entre sus brazos mientras chupaba sus hermosos y tiernos pechos. El tenerla, el sentirla entre sus brazos, tan íntimamente cerca de él, le encantaba y lo tenia sencillamente fascinado. Kagome tenia un sabor tan dulce… Y la manera en la cual ella se estremecía y profería pequeños gemidos de placer con cada ardiente caricia que trazaba su lengua sobre su piel era algo tan… Provocativo.
Todo sentimiento de culpa que hubiera dentro de la pequeña muchacha fue gradualmente desapareciendo, gracias a las atrevidas caricias que ahogado en el deseo de finalmente poder destruir esa insufrible relación como hermanos, le proporcionaba precisamente su hermano mayor. Así con los ojos cerrados mientras sentía como un increíble placer comenzaba a invadirla inevitablemente más y más a raíz de las caricias que le hacía su hermano. Podía notar sin necesidad de esforzarse el gran ardor y deseo que amenazaba con inundarla de los pies a la cabeza, al mismo tiempo que la humedad producto de su excitación, comenzaba a brotar desequilibradamente entre sus piernas. Sus ya muy rojas mejillas enrojecieron aún más inevitablemente al darse cuenta de que su hermano apenas y la había tocado y ella ya estaba así, realmente no podía creer que su cuerpo fueran tan sumamente pervertido como para ponerse de esa manera simplemente por algo como eso.
-Tienes puesta una expresión tan lasciva y sensual Kagome...-Escucho decir de pronto al que era su hermano-¿Te había dicho ya lo mucho que eso me provoca?
-Yo… Yo no…-Intento alegar la pequeña muchacha, con las mejillas rojas-Yo no he hecho nada para...
Escuchando esto y sin que pudiera evitarlo el muchacho sonrió antes de decir:
-Lo haces todo el tiempo Kagome. Incluso si tú no te das cuenta de eso, hasta la más mínima de tus acciones me provoca. Te deseo tanto… ¿Sabes lo difícil que es contenerme a mí mismo y reprimir mis deseos de tomarte cuándo lo que más deseo es poder hacerte el amor a cada maldito segundo del día?
A esta repentina confesión las mejillas de la chica enrojecieron súbitamente más de lo que a esas alturas ya lo estaban, al tiempo que levemente y a penas decía:
-Pero… Yo no…
-Lo sé-Rió el muchacho mientras que la miraba fijamente. Sus ojos devorándola-Tú no querías provocarme y yo no quería que me sedujeras-Acercando su cuerpo aún más al de ella bajo la voz-Pero ambos queremos esto…
Sin decir nada más sujetándola con fuerza tras lamer con delicadeza la sensible punta comenzó a mordisquear uno de los duros botoncitos rosados que coronaban los preciosos pechos de su hermana.
-Mmmm… Inuyasha…-Diciendo estas palabras mientras sus ojitos de llenaban de pequeñas lágrimas de placer la pequeña chica no pudo evitar gemir. Sentir la cálida y sensual lengua de su hermano acariciando su piel, sus dientes mordisqueando sus tiernos pezones era algo tan sumamente delicioso…-
Y no pasando por alto la dulce exclamación de placer que había dejado ir su pequeña hermana un pequeño gemido de frustración se dejo oír de los labios del apuesto muchacho. No podía evitarlo, la pequeña e inocente carita de Kagome llena de un evidente placer mientras se mordía los labios en un gesto tan malditamente sensual que sólo provocaba el excitarlo más, lo volvía completamente loco. Maldita niña…
Era simplemente imposible el intentar contenerse y es que ¡Dios la deseaba tanto! No había pasado un sólo día en el cuál no la hubiera deseado. Quería hacerla suya otra vez, quería tenerla nuevamente en sus brazos mientras sentía la calidez de su piel desnuda rozarse con la suya, quería tomarla en ese preciso momento, su mente le pedía tomarla, ¡Su cuerpo lo exigía a gritos! Su duro y adolorido miembro queriendo hundirse en ella la reclamaba con urgencia. Pequeña niñita tonta ¿Quién diría que el sólo pensar, mirar a su hermanita menor podía dejarlo de esa manera?…
Simplemente no podía contenerse. Ahora que la estaba tocando, ahora que finalmente podía tocarla después de tantos años de soñar con ello no podía parar. Comenzó a frotarse contra ella con más y mayor insistencia sin darle siquiera tiempo de protestar mientras seguía disfrutando de sus precioso senos. A todo esto muy pronto los dulces gemidos de Kagome envolvieron la habitación en un seductor paraíso. La humedad presente en su sexo producto de su excitación hizo que su miembro llorara y vibrara. Quería bañarse en ella. Sumergirse dentro de su humedad, caliente y profunda. Quería empujar dentro y fuera de ella escuchándola gritar su nombre, hasta que al final incapaz de soportar tanto placer, los maravillosos gemidos de Kagome, la sensación de su pequeño cuerpo bajo el suyo, la calidez de su interior y su miembro clavándose insaciablemente dentro de ella convocaran a la caliente lava de la liberación derramándose en lo más profundo de ella…
Si, no era necesario decirlo. Ardía por ella con un fuego que lo devoraba de los pies a la cabeza, el fuego del amor y la pasión, un fuego que deseaba compartir con ella…
Separando levemente sus labios de sus pezones apenas un poco comenzó a plantar pequeños besos en sus preciosos senos al tiempo que le decía:
-Kagome te amo… Tú eres lo que más deseo… He estado deseando tenerte, hacerte mía desde hace años… Y ahora que finalmente te tengo voy a amarte más de lo que jamás podrías haber deseado, voy a hacerte el amor con locura una y otra vez hasta lograr hacer que tú me ames tanto como yo te amo a ti… Te amo, te amo tanto pequeña…
-Hermano yo...-Susurro la pequeña muchacha, quería decirle algo, pero presentía que nada de lo que dijera en aquél momento seria lo que su hermano realmente quería escuchar-
-No digas nada Kagome...-Añadió el chico mirándola con tristeza-
La amaba. Más que a nada la amaba, pero comprendía que en estos momentos Kagome no sentía lo mismo y no quería presionarla. Demasiado había hecho permitiéndose llegar hasta este punto con ella. Además que sabia que sin importar que tan feliz le hiciera el saber que ella le permitía tomarla no podía contener las ganas que lo invadían de romper a llorar cada vez que recordaba que ella no lo amaba y que como Kouga había dicho seguramente no era otra cosa más que un maldito aprovechado por utilizar los sentimientos que Kagome tenia hacia él por ser su hermano mayor para conducirla a hacer algo que solamente él deseaba.
-Inuyasha...-Escucho la dulce voz de su pequeña hermana sacándolo de sus pensamientos-Hermano yo te quiero mucho...
Diciendo esto la pequeña muchacha bajo la mirada. Sabia que no era eso lo que su hermano quería oír, pero era lo mejor que podía hacer por él en esos momentos.
-Yo realmente te qu...-No había terminado de decir esto cuando levantando su pequeña carita a él, el muchacho volvió a besarla-
Separando entonces levemente sus labios de ella, mientras la miraba con ternura musito:
-Eres una tonta Kagome…
No dijo nada más. Abrazándola con fuerza retomo el beso, besándola mucho más profundamente que antes. Devorándola con ansias y fervor. Kagome no lo amaba, y el que ella tratara de consolarlo diciéndole que lo quería tan sólo se le hacia más doloroso. Sabia que el lastimarlo no había sido la intención de Kagome al decirle eso, pero aún asi... Ella realmente era una pequeña niñita tonta, lo sabía pero aún asi eso tan solo hacia que se enamorara aún más de lo que ya lo estaba de ella...
Mientras pensaba en esto, con sus labios apoderándose de la rosada boca de su pequeña hermana, un pequeño suspiro se escapo de sus labios. Kagome, había deseado tanto poder besarla... Que aún no podia creer que realmente la tuviera entre sus brazos, el sentir la forma en la cuál el pequeño cuerpo de la muchacha se derretía entre sus brazos mientras que sus lenguas se sumergían en un ardoroso baile, tan increíblemente lujurioso y caliente que lo hacia sentir sofocado, era tan hermoso e increíble como un sueño. Pero lo mejor era que era real. Mientras la besaba separándose un momento de ella para tomar aire no pudo evitar relamerse los labios. Era imposible, Kagome estaba deliciosa. Tan sencillamente deliciosa... Sin importar cuantas veces los probara el sabor de los labios de su pequeña hermana era lo más dulce, maravilloso, excitante y exquisito que había tenido la dicha de probar en su vida. Sabía que estaba a punto de perder la cabeza pero no le importaba. No, mientras fuese con Kagome.
Incapaz de contenerse llevando sus manos hacia las pequeñas piernas de la que era su hermana menor sujetando su pequeña falda con fuerza, comenzó a halar de ella hacia abajo, buscando el poder quitársela. Dándose cuenta de esto y moviendo suavemente sus preciosas piernas a él, su hermanita le facilito el trabajo, por lo que no paso mucho tiempo antes de que consiguiera hacerlo. Lo siguiente y también la ultima prenda que la cubría fueron sus ya demasiado mojadas y pequeñas bragas las cuáles de un diseño similar al de su sujetador, tampoco resultaron muy difícil de quitarle.
Una enorme e inevitable sonrisa se plasmo en el apuesto rostro muchacho al saber que finalmente tenía a Kagome completamente desnuda delante de él. Eso era algo, que aún le resultaba imposible de creer, era increíble, pero ahora su preciosa hermanita menor estaba desnuda delante de él. Desnuda y completamente deseosa de entregarse a él, tal y como la había imaginado tantas veces en sus sueños a lo largo de tantos largos y dolorosos años. La cálida humedad de excitación que emanaba del pequeño sexo de su hermanita pequeña le nubló los sentidos. En ese momento, no existía nada más que ella, ella y su deseo por satisfacerla. Nada más. Quería enloquecer a Kagome. Quería que lo deseara tanto como él a ella, que le suplicara por más...
Incapaz de resistir el deseo de acariciar su tierna piel con sus dedos, sus labios y todo su cuerpo se inclinó hacia delante y presionó un suave beso contra la suave piel del estómago de su pequeña hermana. Ella contuvo la respiración y él pudo oír su corazón latiendo aceleradamente dentro de su pecho. Aspirando entonces su fragancia profundamente, elevó una de sus torneadas piernas por sobre sus hombros, con cuidado para mantenerla equilibrada cuándo su hermanita vacilo. Intento acercarse a ella, pero en ese momento las pequeñas manos de Kagome se colocaron sobre su cara y sus ojos descendieron para encontrarse con los suyos. A estas alturas era imposible que su hermanita no entendiera lo que él quería hacer, así que si sus suposiciones estaban en lo cierto, Kagome, ella…
-Inuyasha, yo no...-No tuvo que pasar mucho tiempo antes de que la dulce y encantadora voz de Kagome se hiciera presente en el silencio de la habitación, haciéndole ver que no estaba equivocado-
-Quiero saborearte…-Fue lo único que dijo, y al instante pudo sentir como el hermoso cuerpo de su hermana menor se estremecía en sus brazos-
No era para menos la pequeña chica aún se debatía entre su temor y su deseo de permitir que su hermano volviera a acariciarla de la forma en que ya sabía que lo haría. Deseaba a Inuyasha, hacer el amor con él había sido delicioso y quería volver a hacerlo, pero algo como esto, cada vez que su hermano la acariciaba de esa manera, ella... No quería... Aún así Inuyasha lo deseaba, y aunque se lo negara a si misma su cuerpo también, era imposible engañarse a si misma, cuándo tan sólo había bastado con escuchar su voz para que todo su cuerpo se estremeciera por causa de la necesidad.
-Inuyasha...-Suspiro-
-Eres tan linda Kagome, después de todo lo que hemos hecho sentirte todavia asustada por algo como esto, es algo tan... Dulce... Y provocativo. Sé que no es tu intensión, pero al actuar de esta manera tan sólo haces crecer mis deseos de devorarte completa...-Al escuchar a su hermano decirle esto con una oscura y sexy voz, la pequeña chica no pudo evitar el que su pequeño sexo ya demasiado mojado se empapara aún más vibrando por causa de la necesidad. Era inevitable, mucho más cuándo al decir esto los profundos ojos dorados de Inuyasha se fundían dentro de los suyos de tal manera que la hacían temblar entre sus brazos-
El muchacho permaneció mirándola con una sonrisa, a lo que la pequeña muchacha dejo ir un tembloroso jadeo, no dijo nada más aparte de esto. Razón por la cual interpretando aquel pequeño jadeo y asimismo aquel largo periodo de silencio como un sí, acercándose más a ella, y bajando su cara a la pequeña intimidad de la que era su hermanita el chico depositó una sutil lluvia de besos ahí, escuchándola jadear a esto sonrió, y entonces separando los rosados labios íntimos de su precioso sexo con su lengua, comenzó a lamerla. Su lengua deambuló lentamente desde su pequeña abertura hasta su clítoris. La lamió repetidas veces, haciendo una pausa únicamente para succionar la carne entre sus hinchados labios y su rojo e inflamado botoncito de placer. A esto Inuyasha no mostró ni la más mínima piedad. Torturo a su pequeño y sensible clítoris con calientes besos y firmes lametones, cosa a la cual la pequeña chica comenzó a gemir desesperadamente. No podía evitarlo, los labios, los dientes, y la lengua de su hermano la estaban volviendo loca…
Sin poder resistirlo la pequeña muchacha gimió incesantemente mientras se revolvía entre los fuertes brazos del chico, intentado escapar de esa dulce y exquisita tortura, pero las manos de Inuyasha eran firmes y la mantuvieron contra su hambrienta boca. Excitantes y sensuales sonidos llenaron la habitación, avivando el deseo de ambos, desesperándolo más a él... Inuyasha gimió contra ella, aumentado la intensidad de sus caricias lanzó pecaminosamente su larga y rasposa lengua profundamente en el interior de la húmeda abertura de su pequeña hermana y la empujó en ella como si fuese su miembro. Dentro y fuera su lengua la penetró y sus dedos se unieron al juego sobre su hinchado y palpitante clítoris. Kagome gimió mientras sentía como la humedad y la excitación en su feminidad iba aumentando más, llevándola más y más a la cima del placer….
-¡Hmmm...! Inuyasha ¡Ahh...! ¡Inuyasha!...-Gimió Kagome una y otra vez. A esto el chico cerró lentamente los ojos mientras seguía acariciándola, saboreando el dulce sonido de su voz…-
Kagome gimió nuevamente. Era imposible, la sensación de tener la sensual y talentosa lengua de su hermano acariciando su sensible carne le provocaba una excitación tan feroz que no podía controlarla, gritaba con cada una de sus caricias. En un determinado momento en el cuál la lengua del chico rozó suavemente su pequeño y excitado clítoris, el placer barrió por ella como un fuego incontrolado. Y en ese momento, quedó devastada por una corriente feroz de pasión, no podía resistirse lo sabía, de nuevo incluso si estaba mal acataría las órdenes de su hermano en todo lo que él quisiera, sin pensar en las consecuencias. En ese instante era sólo una esclava de su potente y magnético encanto, no preparada en su inocencia para hacer frente a una necesidad, un deseo tan crudo y envolvente como el que sentía por él…
El chico siguió acariciándola, por lo cuál al cabo de un rato el placer que el muchacho había provocado en su cuerpo rompió sobre ella con la fuerza de una explosión. Kagome se sonrojó. Su cuerpo estaba ardiendo de deseo. Se le doblaron las rodillas y se habría desvanecido si no fuera por la enorme fuerza con la que su hermano la sujetaba. Alzó la voz en un alto y entusiasta gemido. Los temblores la sacudieron por lo que le pareció una eternidad, nublándole la visión con su fuerza.
Inuyasha sintió los temblores del orgasmo de la pequeña chica encerrando su lengua como un apretado puño. Y supo que mientras viviese nunca podría olvidar el sabor, el tacto y el aroma del cuerpo de su pequeña hermana…
Cuándo la intensa liberación de la chica disminuyó en pequeños y profundos temblores, Inuyasha bajó su pequeña pierna y se levanto. Entonces permaneció quieto por un largo momento, sin decir nada, tan sólo mirándola a los ojos sin parpadear. Aquello la sorprendió, pero definitivamente no tanto como el ver sus hombros temblar con el esfuerzo de abstenerse de saltar sobre ella y devorarla completamente. Sus ojos ardieron en los de ella mientras la miraba y sus manos tiraron con fuerza de la pequeña muchacha apretándola contra su bien formado cuerpo.
-Te amo Kagome…-Susurro el muchacho y la pequeña muchacha no puedo evitar el temblar ante la deliciosa sensualidad de su voz-
Aún algo aturdida por ello, observo cuándo la cara del chico se acerco más a la suya, tan cerca que su cálido aliento rozaba una de sus tiernas mejillas. Suspirando el chico inhalo profundamente sobre su cara llenándose con su aroma, y entonces, lenta, muy lentamente pasó su lengua sobre una de sus rosadas mejillas para saborearla. Kagome casi se desmayó entre shock y el deseo al sentir a su hermano haciéndole eso. Entonces él presionó sus labios contra los de ella. Besándola. Kagome gimió al sentir el dulce calor de ese par de labios que abrasaban a los suyos. Correspondió completamente, sin dudarlo un sólo momento. Separo los labios y se entrego más a la caricia mientras él la besaba con la misma entrega que ella. Se besaron largamente y sin descanso. Aquél fue un beso ardiente, de posesión y de un amor rayando en la obsesión.
Entonces sin saber cómo había terminado así, de pronto se encontró repentinamente contra la cama, debajo de él mientras el muchacho la besaba. Mientras lo hacía la pequeña chica pudo sentir como su hermano empujaba contra ella para tratar de abrir sus pequeñas piernas, en ese momento el fuego del deseo bajo hasta su vientre causando una inundación de humedad que se precipitó entre sus piernas. Sus muslos se abrieron en contra de su voluntad e Inuyasha inmediatamente se colocó entre ellos. Su endurecido miembro se restregó fuerte y deliciosamente contra su húmeda hendidura provocando que el muchacho soltará un gemido de placer, el chico siguió frotando sus 2 sexos una y otra vez, hasta que el placer fue tan intenso que se convirtió en una tortura que ninguno de los 2 no podía soportar.
Se oyó un grito desesperado, y demasiado tarde, Kagome se dio cuenta que el grito había salido de su garganta. La pequeña chica temblaba y gemía aprisionada bajo el cuerpo de su hermano, sus rodillas temblaban y su sexo se mojaba más y más a cada segundo con la evidencia de su feroz deseo ¡Ahh! Inuyasha…. Deseaba tanto sentir como él introducía su miembro dentro de ella, anhelaba tanto sentir el como su endurecida vara resbalaba completamente en el húmedo y necesitado lugar entre sus piernas… Quizá antes de ayer ni siquiera entendiera que era lo que realmente significaba hacer el amor, pero ahora sabía nunca antes en toda su corta vida había estado tan preparada para el carnal baile de la unión entre un hombre y su mujer…
El fuego del deseo la quemaba completamente y no podía soportarlo, a estas alturas lo único en lo que podía pensar era en lo mucho que deseaba sentirlo dentro y que la molesta ropa que dificultaba el contacto entre su piel y la de su hermano tenía que desaparecer.
No pasando por desapercibido el intenso brillo de deseo que quemaba en los achocolatados ojos de Kagome, así como tampoco una inusual expresión de sufrimiento en sus aniñadas facciones, el atractivo muchacho sonriendo al darse cuenta de que aquello que atormentaba a su hermanita parecia ser lo mismo que lo atormentaba a él, tras acariciar su pequeña carita, mientras la miraba fijamente y con una voz que casi resultaba dolorosa de la suma necesidad que profesaba musito:
-Te deseo Kagome… Siempre te he deseado…-Diciendo esto al tiempo que procedía a quitarse la chaqueta que llevaba puesta y a levantarse la camisa, sus ojos se encontraron con los de su pequeña hermana y se fundieron en ellos-Te amo tanto… Lo quiero todo de ti.
Continuando de esta manera y mientras la miraba con suma necesidad no necesito pensarlo, llevando sus manos sobre su propio cuerpo se ocupo en deshacerse de los pantalones, boxers y cualquier otro pedazo de tela que aún le cubriera para esos momentos. Se sentía tan desesperado. Su cuerpo ardía a causa del deseo y era sofocante. Terminando de hacerlo y encontrándose igual de desnudo de lo que ya lo estaba Kagome, tomando una de sus pequeñas manos y llevándosela a la boca, comenzó a depositar pequeños y tiernos besos en cada uno de los pequeños deditos de Kagome, entonces tras mordisquearlos ligeramente, muy lentamente comenzó a lamer cada uno de aquellos deditos, metiéndoselos a la boca. La pequeña muchacha dejo ir un jadeo a esto y contemplando su preciosa carita sonrojada, decidiendo entonces dejar en paz su pequeña mano, su húmeda lengua saboreo dulcemente una de sus sensibles orejas, la cuál después levemente mordisqueó. Cuándo termino Kagome estaba tan increíblemente roja que no pudo evitar sonreír. Definitivamente sólo Kagome podía ser tan estúpidamente tierna e inocente...
Incapaz de contenerse se inclino hacia ella para volver a besarla. Quería hacerlo tierna y dulcemente, pero en el momento en el cual sus labios tocaron los de su pequeña hermana, siendo incapaz de contenerse su hambrienta boca se apodero de la de ella atrapándola en un beso altamente demandante y lujurioso. No podia evitarlo. Quería devorarla completa.
Luego de besarla durante un largo rato, separándose de ella y acercándose a su sensible y blanco cuello el muchacho comenzó a depositar pequeños y húmedos besos sobre ella para luego empezar a deslizar lentamente su sensual y muy sedienta lengua sobre ella, saboreando, probando y disfrutando, simplemente llenándose con el dulce sabor de aquella tierna y blanca piel que lo embriagaba y lo volvía completamente loco. Aquella la misma piel que siempre había deseado probar…
A todo esto Kagome tenia la mente completamente en blanco. Ni siquiera se había dado cuenta de lo alto que estaba gimiendo. Lo único de lo que era consciente en ese momento era del movimiento que trazaban la boca y los dedos de Inuyasha sobre su cuerpo. El placer que sentía era cada vez mayor. Y podía sentir como un enorme y sofocante calor iba extendiéndose por todo su cuerpo, haciéndola pensar que en cualquier momento aparecerían llamas. Los gemidos fueron aumentando en frecuencia y volumen y en un cierto momento mientras se mordía los labios y lloriqueaba de placer, inconscientemente bajo la mirada, así con pequeñas y cristalinas lágrimas escapándose de sus ojos, entreabrió la mirada y entonces pudo ver el enorme miembro del que era su hermano mayor duro, brillante y reluciente, abrigado entre los pliegues de su centro húmedo y caliente. No pudo reprimir un gemido de placer al ver cómo su hermano empujaba su sexo contra el suyo. Menos aún cuándo el chico comenzó a frotarse contra ella, haciendo el calor dentro de su cuerpo crecer aún más. Tras este roce intento alejarse completamente asustada. No por lo que el atractivo chico había hecho, sino por lo que ella había sentido, jamás pensó que llegaría el día en el cuál pudiera desear a su hermano tanto como lo hacía hoy…
Había intentado alejarse sin embargo uno de los fuertes brazos de Inuyasha alrededor de su cintura le impidió hacerlo. Fue así como pegando más su cuerpo al suyo, y sin esperar más comenzó a frotar su masculinidad contra ella, una y otra vez… Restregándose contra su centro de calor. Al sentirlo hacer aquello de forma inevitable empezó a humedecerse. Era algo simplemente delicioso… Pero no lo suficiente. Así que pegando mucho más su sexo contra el de su hermano comenzó a hacer lo mismo que él, escuchándose gemir de forma cada vez más frecuente, y es que el sólo tacto entre sus 2 sexos desnudos, calientes, mojados-debido a la humedad que nacía de ella-y sobre todo la forma en la cuál se estremecían y comenzaban a excitarse más ante cada roce que se brindaban era algo insoportable. El miembro de su hermano crecía más y más a cada segundo y su sexo se mojaba más y más con cada más mínimo roce contra él. Se deseaban. Eso era algo imposible de negar. Ninguno de los 2 podía disimular las ganas que tenían de volver a hacer el amor. Lo necesitaban. Quizá no fuera lo mejor ni más correcto, pero sus cuerpos lo pedían a gritos…
-Hermano más… Por favor más…-Estas palabras nacieron de sus labios antes de que siquiera pudiera comprender que era lo que pedía. Su voz ahogada entre múltiples jadeos no podría haber sido mas clara en lo que pretendia demostrar: Una inmensa necesidad-
Escuchando sus palabras y con una placentera sonrisa surcando sus labios el muchacho comenzó a restregarse más duro y profundamente contra ella, cosa a lo cual la muchachita gimió. Podía sentir la dureza del sexo de su hermano chocando contra el suyo. Y la textura de su piel al acariciar la de ella. El chico continúo por un par de minutos con eso sin embargo repentinamente y para su total agrado colocando la punta de su endurecido miembro sobre la entrada de su empapado sexo, apretó suavemente contra ella para poder penetrarla, su pequeño sexo tembló de la emoción al tan sólo saber que dentro de unos pocos segundos él estaría dentro de ella, llenándolo con toda aquella dureza...
Así mientras veía la preciosa carita de Kagome llenarse de un inocultable placer con cada una de sus caricias y escuchaba sus pequeños gemidos de placer resonar en la habitación el apuesto muchacho no pudo evitar sonreír. Ella era tan infinitamente tierna, tan dulce y hermosa... No había forma en que pudiera dejar de amarla, en que ella no le resultará atractiva, la amaba más y más a cada segundo que pasaba. La amaba, siempre había sido así…
Ante los ojos de todos, de sus Padres, familiares, amigos, conocidos, descocidos, en fin el mundo entero siempre había sido perfecto. No había cosa que hiciera o realizará en la que hubiera falta, no había nada de que preocuparse si él estaba presente, cualquier duda que tuvieran podían consultarle y él fácilmente se las resolvería. Desde pequeño siempre había tenido ese tipo de destrezas para cualquier cosa que deseara hacer. Bastaba con que leyera, viera o escuchará algo, para que pudiera comprenderlo y lograra hacerlo sin el menor error. Cuentas, negocios, artes, cocina, deportes… No había algo en lo que pudiera fallar. Era simplemente perfecto por nacimiento, tal y como un robot creado con ese propósito y por ello las personas lo admiraban. Se preguntaba que dirían si supieran acerca de sus sentimientos por su hermanita pequeña… Si seguirían creyendo que era tan perfecto como siempre lo habían supuesto.
Y es que, no había nada que negar. Kagome había sido su mayor anhelo, su más grande obsesión desde que tenía memoria. Si, no había necesidad de decirlo pero estaba enamorado como un idiota de ella. La amaba, la deseaba tanto... Para él Kagome siempre había sido como una pequeña y deliciosa fruta prohibida que moría por poder probar, degustar de ella y devorarla hasta hartarse de su sabor, pero que sin embargo sabía que jamás podría tocar. Por mucho que lo deseara, por más que lo quisiera jamás tocaría ni la más mínima o pequeña parte de ella con sus sucias manos, como su hermano mayor el hacerlo no era algo que le estuviera permitido lo sabía, pero aún así… Era incapaz de luchar contra la insana y enfermiza atracción que sentía por ella. Dios sabía que había intentado, realmente había intentado, hecho hasta lo imposible por tratar de olvidarse de ella, sólo para terminar dándose cuenta que no importaba que tan intensa o entregadamente lo intentara era incapaz de olvidarla y el asqueroso amor, el retorcido deseo que sentia por ella tan sólo se hacia más fuerte. Kagome era cómo un veneno que corría por sus venas y lo corroía por dentro, uno del que no podía y no tenía el menor deseo de desintoxicarse...
Y es que si, aún cuándo sabía que al hacer algo como esto con Kagome estaba echando al borde su futuro, no le importaba nada si la amaba… Siempre la había amado. Sabía que por el sólo hecho de haber nacido en la familia Taisho, tenía prácticamente el mundo a sus pies. Esa era su vida. El mundo era su dominio. La perfección su lenguaje. Kagome, su obsesión…
Esa era la única y sencilla realidad. Aquél chico perfecto ante los ojos de todos, estaba más que manchado, hundido en un pecado del que jamás podría escapar... Cierto era que Kagome era su hermana menor y que si lo quisiera podría conseguir sin problemas alguna otra novia, estaba seguro de que no seria muy difícil hacerlo. Pero el problema estaba en que sólo la quería a ella, era incapaz de sentir algo hacía cualquier otra chica, sólo amaba, sólo deseaba a Kagome. La deseaba a ella, a su dulce e inocente hermanita pequeña, jamás podría estar sin ella, jamás se resignaría a perderla, jamás… Deseaba a Kagome, toda entera. Y la tendría. En cuerpo y alma…
Fijando su mirada en la pequeña muchacha que se encontraba debajo de él, la contemplo en silencio. Sus ojos ardían en el fuego de una inmensa necesidad y lujuria. Sintió su ya muy duro, enorme e hinchado miembro ponerse aún más duro de lo que ya lo estaba para esos momentos ¡Maldición! La amaba, realmente la amaba y la deseaba tan desesperadamente tanto que ya no podía soportarlo… Ya no podía contener el deseo de sentirla suya, de poder hacerle el amor. Quería hacerlo ¡Y lo quería ahora!
Quería, necesitaba hacerla suya… Entrecerrando los ojos mientras que veía a la pequeña muchacha que se encontraba atrapada debajo de su propio cuerpo y lo miraba inocentemente suspiro.
-¡Dios! De verdad… Que habrás hecho para ponerme así…-Y es que estaba tan malditamente excitado. Resultaba imposible de creer que de verdad fuera una pequeña niñita como lo era Kagome la que lo hubiera llevado a ese estado-
Suspiro nuevamente y entonces pegando su cuerpo desnudo contra el indefensamente desprotegido cuerpo de su hermanita su miembro endurecido comenzó a frotarse contra la húmeda y deliciosa calidez que empapaba a aquél pequeño sexo. A esto las mejillas de la chica enrojecieron. Tener a su hermano mayor haciéndole algo tan suma e increíblemente pervertido como eso era tan vergonzoso, pero se sentía tan bien… Verdaderamente bien, sin embargo no era suficiente. Sus pequeños brazos se asieron más fuertemente al cuerpo del muchacho al tiempo que levantando sus caderas a él lo incitaba a seguir. Aquello se sentía bien, muy bien, pero no era eso lo que quería. No quería sentirlo rozándose contra ella, sino dentro de ella.
-Inuyasha…-Susurro apenas con voz suplicante-
-¿Si? ¿Que sucede pequeña?-Al decir esto el apuesto muchacho se volvió para mirarla. Sus ojos la observaban con tanta dulzura y a la vez con una insaciable avidez, de nuevo el depredador sobre su presa. La muchachita sonrío. Al parecer él no podía esperar más para hacerle el amor, lo entendía perfectamente por que ella sentía lo mismo-
-Yo quiero…-Su voz se apago antes de poder decirlo. Una cosa tan vergonzosa como esa, ella no podía…-
-¿Que cosa Kagome?-Le pregunto el chico con una sonrisa. Su pequeño rostro se lleno de frustración, su hermano mayor era tan cruel, sabía perfectamente que era lo que quería, lo que ella más deseaba en esos momentos y sin embargo pese a que sabía que lo deseaba tanto como ella, seguía frotando aquella cosa provocativamente contra su entrada sin avanzar ni un sólo centímetro más, con el simple y evidente propósito de torturarla ¡Y eso era desesperante! Quería sentirlo dentro ahora. No quería esperar-
-Por favor hermano…-Suplico una vez más-
Sonriendo el muchacho farfullo:
-Vamos Kagome si estas tan ansiosa podrías al menos decirme claramente que es lo que quieres ¿No es así?-Sin poder evitarlo un par de lágrimas se formaron en sus ojos al ver la forma tan cruel en la cuál su hermano se divertía torturándola-
-Hermano mayor eres realmente perverso…-Medio lloriqueo-
-Realmente Kagome…-Susurro el chico con ternura mientras con uno de sus dedos limpiaba suavemente las pequeñas lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos-Creo que tú y yo sabemos que esto no es ni siquiera la mitad de todo lo perverso que puedo llegar a ser…-Con la mano libre, Inuyasha sujeto su pequeña cara y la acerco a su rostro, hasta que su pequeña y rosada boca quedó al alcance de la suya-Y pienso hacerte tantas cosas perversas, mi amor...
Ella suspiró, con el semblante resignado. E Inuyasha capturando sus pequeños labios, se deleito escuchado los pequeños jadeos entrecortados que salían de la encantadora boquita de su hermana entre beso y beso. La deseaba tanto que ante la intensidad de su necesidad, tuvo que hacer un enorme esfuerzo para controlarse y besarla con dulzura cuando lo que en realidad quería era violar su boca como un frenético salvaje.
Al principio la pequeña muchacha respondió tímida y vacilantemente. Pero a medida que sus lenguas se entrelazaban con más familiaridad, se arqueó hacia el cuerpo de su hermano y lo estrechó por la cintura para atraerlo más hacia su propio cuerpo.
-Vamos… Kagome-Murmuro el chico agitada y entrecortadamente separando sus labios de ella tras un muy largo y apasionado beso, mientras la miraba con un enorme anhelo, deseo y frustración en la mirada-Dime que es lo que quieres… Si no lo dices seguiremos así para siempre… ¿Estarás conforme con eso?
Mientras el muchacho decía esto sus caderas se movían una y otra vez, simulando pequeñas embestidas, razón por lo cuál la pequeña Kagome podía sentir claramente la forma en la como su duro y enorme miembro tocaba su mojada y pequeña entrada repetidamente, haciéndola excitarse más de lo que ya lo estaba, no podía soportarlo más, lo quería dentro ¡Ahora!
-¡Ahh!…-Sin que pudiera evitarlo un placentero gemido se escapo de sus labios en el momento en el cuál abriendo sus excitados labios íntimos la dura punta del miembro de su hermano se introdujo dentro de ella, los pliegues de su interior se acomodaron inmediatamente a él rodeándolo y acariciándolo, recibiéndolo encantada y gustosamente-
Pudo notar el momento exacto en el cuál el muchacho comenzó a moverse suavemente dentro de ella, haciéndola gemir placenteramente. Mmmmmm… Se sentía tan bien, quería más… Más. Escuchando sus deseos su hermano mayor introdujo su dura y caliente punta un centímetro más profundo dentro de ella y la muchachita dejo ir un gemido de satisfacción. Cerro los ojos esperando que él la penetrara completamente y fue entonces cuándo noto que él se retiraba de su interior.
-¡No!… ¡Por favor! Hermano ¡Por favor no!…-Suplico al mismo tiempo que desesperadamente levantaba sus caderas más a él y rodeaba con sus piernas las caderas del muchacho impidiéndole alejarse-
-Dime hermanita ¿Te gustó?-Le pregunto el apuesto chico con una sonrisa, cosa a la cuál la muchacha bajo la mirada claramente avergonzada-Si es así. Entonces vamos dime ya ¿Qué es lo que quieres?
-Hermano yo…. Yo…-Tartamudeo ella-
-Responde claramente ¿Qué es lo que quieres Kagome?
-Yo quiero tu m…-Luchando contra la enorme vergüenza que sentía logro murmurar a penas aquella pequeña frase, sin embargo escucho la burlona voz de su hermano resonar junto a su oído al tiempo que perversamente le susurraba:
-No te escucho Kagome habla más fuerte-No pudo evitar el que una leve irritación la invadiera al notar que al parecer su hermano mayor se divertía viendo su cara de desesperación-
-Quiero… Quiero tu…-Tartamudeo nuevamente, entonces cerrando los ojos mientras trataba de luchar contra la enorme vergüenza que sentía una vez más abriendo la boca musito-¡Quiero tu miembro hermano!
Al escuchar esta respuesta el chico sonrío.
-Bien, me has dicho que es lo que quieres. Ahora dime ¿En dónde lo quieres?-Las mejillas de la chica enrojecieron aún más, había creído que todo acabaría con lo que había dicho hace unos momentos pero al parecer no era así. Realmente a su hermano parecía encantarle ponerla en situaciones que la avergonzaran. Apretó los ojos fuertemente para evitar mirarlo, sabiendo que de otra forma no podría hacerlo y entonces respondió:
-En mi… En mi se… Sexo. Pon tu miembro dentro de mi sexo, quiero sentirte dentro de mí Inuyasha…
-Ya veo… Y una vez que este dentro ¿Qué es lo que quieres que te haga Kagome?
Las mejillas de la chica enrojecieron aún más y sintió pequeñas y nuevas lágrimas llenar sus ojos. Su hermano mayor era realmente cruel.
-Vamos Kagome ¿No estarás pensando en detenerte aquí? ¿O si?-La pequeña muchacha trago grueso. Desearía poder hacerlo, para quitarle a su hermano aquella irritante sonrisa de la cara, pero su pequeño cuerpo ya no podía más. Su sexo palpitaba hambriento por sentirlo dentro y ella se retorcía en la necesidad de que fuera pronto-
Suspiro una vez más y entonces con la cara ardiéndole completamente debido a la gran vergüenza que sentía se atrevió a decir:
-Te deseo hermano ¡Y quiero que me hagas el amor tan duro y tan fuerte que no sea capaz de pararme en una semana!
Al escuchar esto el muchacho sonrío con una enorme satisfacción llenándole el rostro, entonces su expresión se lleno de ternura y acariciando con delicadeza la pequeña cara de la muchacha musito:
-Lo has hecho realmente bien Kagome… He sido muy cruel contigo ¿No es así? Lo siento. Simplemente quería escucharte decir eso aunque fuera por una vez. Era una especie de capricho: Mi pequeña e inocente hermana menor diciendo cosas pervertidas. Si que soy un completo y absoluto bastardo retorcido y degenerado ¿No es cierto?-Diciendo esto deposito un pequeño beso contra una de sus mejillas-
-Si. Degenerado y realmente malvado-Al tiempo que se hacía la enojada la muchacha inflo levemente las mejillas a modo de puchero-
-Ya veo, así que eso es lo que piensas-Sonrió el muchacho-Si tú lo dices supongo que en verdad lo soy, pero no puedo evitarlo, por que yo... Te amo Kagome…
Diciendo esto sus labios volvieron a apoderarse de los de la pequeña muchacha y lo que podría haber sido una inocente caricia se torno en un beso húmedo y lujurioso. Sus lenguas se encontraban una y otra vez, bailando placentera y deliciosamente sin el menor deseo de detenerse. El chico suspiro. No podía contenerse por más tiempo así que acomodando más firmemente la dura punta de su miembro dentro de la sensible entrada del sexo de Kagome se decidió a penetrarla de una vez por todas. Una placentera sonrisa se perfilo en sus labios al notar que estaba completamente lista para él. Los pequeños labios íntimos de su sexo resbaladizos e hinchados, estaban abiertos, invitándolo a entrar. Y su hambriento y necesitado miembro no podía alejarse de su dulce néctar más de lo que un miserable podría alejarse del agua en el desierto…
-Kagome te amo…-Volvió a repetirle mientras que abrazándola fuertemente la miraba con suma dulzura-
Escuchando esto, la jovencita levanto la cara hacía él, para observarlo y sus mejillas se tiñeron completamente de rojo. Inuyasha...
-Inuyasha yo… Inuyasha ¡Ahhh!-Intento decir, más no pudo evitar gemir en el momento en el cuál la dura punta del miembro de su hermano comenzando a introducirse más en ella, se abría camino para que entrara todo dentro de su pequeño cuerpo…-
Sintiendo su rostro contraerse a causa del enorme placer que le provocaba sentir una pequeña-O en su caso no tan pequeña-parte de él dentro del precioso cuerpo de su hermana, dejando ir un jadeo de placer Inuyasha se esforzó en seguir penetrándola. Su dura punta ya se encontraba dentro de ella y ¡Ohh Dios! ¡Eso era tan sublimemente delicioso! Podía sentir como las paredes interiores del pequeño sexo de la que era su hermanita menor se aferraban a él, midiéndole, luchándole incluso cuándo lo llamaban para que fuera más profundo ¡Por Dios Kagome! Incluso cuándo ya no era virgen ella seguía demasiado pequeña y no quería lastimarla, por eso intento ir lentamente...
Fue un ejercicio verdaderamente tortuoso el controlarse para evitar empalarla con una dura embestida como realmente quería. No quería forzarla, el sexo de Kagome era pequeño, demasiado pequeño al compararlo con el enorme grosor que deseaba introducir dentro de ella. Tratando de tener un poco más de paciencia empezó a introducirse en ella lenta, deliciosamente… Centímetro a centímetro su hinchado miembro fue acogido por su intimidad de una forma maravillosa ¡Exquisita! ¡Diabólicamente exquisita!… ¡Kagome, su pequeña, dulce, inocente y amada hermanita menor nunca encontraría nada que le diera más placer, que hacerle el amor una y otra vez!
La amaba tanto que quería ser paciente con ella. La deseaba tanto que al sentir la forma en la cuál su pequeño sexo palpitaba queriéndolo, llamándolo, sin poder esperar ni un sólo minuto más mientras pensaba que ojala Kagome pudiera llegar a perdonarlo por si acaso le hacía daño su necesitado miembro empujo fuertemente dentro del cálido y pequeño sexo de ella. A esto, mientras él gemía de satisfacción por lo enloquecedoramente rico que se sentía el encontrarse nuevamente dentro de ella, dejando ir un tembloroso jadeo de placer su pequeña hermana se estremeció contra él, casi a punto de desvanecerse entre sus brazos.
Levantando entonces su cuerpo de sobre el de ella levemente, mientras la miraba una cálida y tierna sonrisa inundó el rostro del muchacho. Kagome, si tan sólo ella supiera la cantidad de veces que había soñado, que se había imaginado el tenerla así, entonces quizá podría comprender lo inmensamente feliz que lo hacía al permitirle hacerle el amor.
-Te amo Kagome-Repitió lo mismo que le había dicho en tantas ocasiones antes y que jamas se cansaria de decirle-Realmente te amo...
Diciendo esto y tras suspirar profundamente, se inclino para volver a besarla, sus labios se rozaron suavemente con los suyos y al hacerlo una de las pequeñas manos de Kagome se asió a su cabello, acariciándolo e impidiéndole alejarse-No es que quisiera hacerlo-sin poder evitarlo sonrió contra sus labios y entonces la besó profundamente. En ese momento la pequeña muchacha se movió debajo de él, regalándole un pequeño y sutil roce entre sus sexos, ahora firmemente pegados que lo simplemente enloqueció. Ella volvió a moverse debajo de el y fue así como antes de que siquiera pudiera darse cuenta de que era lo que había sucedido que su cuerpo se estremeció de placer, un hormigueo de deseo le recorrió la columna vertebral y su miembro profundamente sumergido dentro de ella se le crispó dolorosamente, ante esto sin detenerse a pensarlo, sabiendo que la tenia toda para él, que después de tanto desearlo su hermanita pequeña finalmente era suya le dio una suave embestida, a esto la pequeña chica gimió y se estremeció entre sus brazos. Fue entonces cuándo sin poder contenerse por más tiempo, el muchacho, sujetándola fuertemente de las caderas para poder embestirla mucho más profundamente, sin darle tiempo a la pequeña chica para intentar reponerse de lo que había sentido, incapaz de contenerse a si mismo comenzó a embestirla con fuerza, enterrándose profundamente dentro de ella. No había comenzado a hacerlo, cuando al instante la muchachita aferrándose fuertemente a él comenzó a gemir y retorcerse con insistencia bajo su cuerpo, no era ninguna sorpresa. Debido a la desbordante humedad de su sexo podía notar sin necesidad de esforzarse lo increíblemente excitada que se encontraba su hermanita pequeña. Y no había necesidad de decirlo pero el sentirla tan ansiosa, tan necesitada, tan anhelante de él, no podía hacer otra cosa más que excitarlo terriblemente, mucho más de lo que para esas alturas ya lo estaba. Si, lo había dicho y lo repetiría: Estupida niñita tonta...
Sonriendo con ternura mientras la miraba se inclino para besarla. La amaba tanto. La deseaba tanto. La torpe e inocente de su hermanita menor ¡Lo volvía completamente loco! Ella y sólo ella podía llevarlo al límite de todos sus sentidos. Hacerlo alcanzar la más plena gloría. Era torturante, enloquecedor y sumamente placentero sentirse acogido por el cálido interior de ella, sentir como su pequeño cuerpo se expandía y contraía con total facilidad para él y sólo para él...
El placer de saber que estaba embistiendo a su hermanita pequeña, que era su precioso sexo el que lo acogía, que eran los pliegues de su dulce, cálido, sedoso y ardiente interior los que lo rodeaban, llenándolo de un incomparable placer estuvo a punto de volverlo loco. Apretando los dientes intento concentrarse y pensar con un poco de coherencia, nada más difícil cuándo tenia entre sus brazos a la pequeña chica a la que siempre había deseado y se encontraba dentro del más precioso cuerpo que había soñado nunca con poder siquiera tener. Y es que a pesar de ya haberla tomado antes, de haber pasado la noche anterior haciéndole el amor hasta desfallecer. Estaba tan impaciente por sentirla. Se sentia aún más ansioso y desesperado de lo que lo estuviera la primera vez por poder experimentar a aquella pequeña mujer. Por hacerle entender que era suya, solo suya...
Kagome estaba completamente roja, sentía tanta vergüenza, deseaba a Inuyasha, de eso no tenía duda, pero la sola idea de pensar, de saber que estaba haciendo todo ese tipo de cosas pervertidas con el chico que era su hermano mayor. Que era su hermano mayor, precisamente Inuyasha quien estaba haciéndole el amor, no podía dejar de avergonzarle. Sus mejillas enrojecieron aún más mientras lo sentía entrar y salir de ella, se sentía a sí misma totalmente indefensa y llena con toda la enorme longitud de él ¡Dios! Inuyasha estaba increíblemente grande, mucho más grande de lo que lo estuviera la noche anterior, ni siquiera sabía si aquello era siquiera posible, pero eso era lo que menos le importaba en ese momento.
Era inevitable y es que el simple hecho de sentirlo dentro de ella, saberse nuevamente suya la volvía completamente loca. Su sexo estaba absolutamente lleno con el miembro de su hermano, sin que faltara un sólo milímetro por cubrir y eso le encantaba. Separando sus labios levemente de la boca de su hermano mientras lo abrazaba fuertemente, la pequeña chica gimió. Inuyasha... El sentir el duro y grueso miembro de su hermano mayor dentro de ella llenándola y moviéndose… La manera en la cual su duro falo se rozaba contra su clítoris, acariciándolo cada vez que la penetraba la mandaba completamente al delirio...
Sintió como pequeñas lágrimas comenzaban a inundar sus ojos al tiempo que su cuerpo se sacudía al vaivén de las fuertes y constantes embestidas de su hermano. Era tan delicioso… Tan sumamente delicioso.
En ese momento suspirando el muchacho se inclino y aprisionando el cuerpo de la pequeña Kagome apretándola contra su pecho comenzó a acariciar sus sensibles y rosados pezones con sus dedos, a esto el cuerpo de la chica se agito de placer y se contrajo aferrándose al cuerpo de su hermano. Sin interrumpir el movimiento el chico la volvió a penetrar mientras sentía como el sudor le resbalaba por la cara y podía escuchar claramente el sonido que hacían los cuerpos desnudos de su pequeña hermana y el suyo propio al chocar con cada nueva embestida, inundando la habitación con aquél característico aroma a sudor y piel, un completo ambiente de desenfreno y lujuria, sonrió tenía impregnado en su cuerpo el aroma de su pequeña hermana y no había nada que pudiera ser más satisfactorio que eso, el saber que le pertenecía, que ella era suya, completamente suya...
-¡Ahhh! ¡Kagome!…-Gimió el muchacho-Te amo tanto… ¡Aahhh! Estar haciendo todo esto contigo se siente tan bien ¡Es maravilloso!… Te amo... Te amo Kagome…
-¡Ahhh! ¡Inuyasha!-La escucho gemir-Se siente tan rico … Y pensar que es mi hermano mayor el que me esta haciendo todo esto, estoy haciendo el amor con mi hermano…
El muchacho sonrió.
-Así es Kagome, es tu hermano mayor el que te está haciendo esto ¿Puedes sentirlo? Como el miembro de tu hermano golpea tu pequeño sexo una y otra vez… Siéntelo Kagome. No quiero que olvides esta sensación, la de tu hermano poseyéndote… ¡Eres mía! ¡Tan mía!… Voy a penetrar este pequeño sexo sin piedad una y otra vez hasta que pronuncies mi nombre en medio de lágrimas de placer…
Sin decir más comenzó a embestirla con más y más fuerza, los ojos de la muchachita se abrieron de la impresión que le provocaba el sentir tanto placer invadiéndola...
-¡Inuyasha! ¡Ahh! ¡Aahhh! ¡Inuyasha!…-Kagome gimió. No podía evitarlo. El placer y el dolor la mareaban, las manos, la boca y los dientes de su hermano mayor estaban en todos los lugares que podían alcanzar y su miembro se encontraba tan profundamente sumergido en su interior que ella sintió de pronto como si se hubiera partido en dos…-
Un gemido agudo, lastimero y animal sonó repetidas veces y con cierta sorpresa Kagome se percató que el sonido salía de sus propios labios…
El chico gimió ¡Aahhh! ¡Maldición! Por más que quería le era imposible mantener a raya sus emociones. Un sonido gutural surgió de lo más profundo de su ser con toda la fuerza de su placer, mientras estaba más consciente que nunca de que era lo que estaba haciendo con su pequeña hermana. Sus cuerpos chocaban audiblemente entre si con cada nueva embestida ¡Y esto simplemente lo enloquecía! Ver el sudor cubriendo la pequeña cara, el perfecto cuerpecito de su hermanita con un fino brillo, era un espectáculo digno de ver y aún mejor cuándo su bella y pequeña carita estaba llena de tanto placer…
-Kagome ábrete más para mí…-Ordenó él-Quiero estar más profundo dentro de ti, sentirte más mía. Ahora…
La muchachita obedeció sin pensarlo un sólo momento inmediatamente luego de oír sus palabras, abriendo más las piernas, para acoger más profundamente el enorme miembro de su hermano, su sexo apretó con más fuerza alrededor de él y en respuesta el chico empujó aún más furiosamente. Kagome empezó a gemir, casi gritando mientras su cuerpo pulsaba y se estremecía debido a los constantes ataques de su hermano. El muchacho la abrazo fuertemente mientras continuaba embistiéndola ¡Maldita sea! Se sentía delicioso, tan malditamente rico, golpear, golpear y golpear una y otra vez el pequeño sexo de su hermana. Gimió fuerte y sonoramente sin poder contenerse. El placer que sentía, que invadía todo su cuerpo de los pies a la cabeza era explosivo, intenso y absorbente. Se sentía exhausto pero aún así quería más…
Fue por eso que sujetando sus 2 piernas de modo que se mantuvieran rodeando sus caderas el muchacho comenzó a embestirla con más y más fuerza, lo que la hizo soltar lagrimas de placer, gimiendo incansablemente hasta que su preciosa voz lleno por completo la habitación. Aún con esto, cuándo Kagome lloraba y lloraba retorciéndose entre sus brazos incapaz de soportar tanto placer no se detuvo, al contrario comenzó a golpearla con más y más fuerza, bombeando su miembro dentro de ella mientras la escuchaba gritar. Y es que le encantaba. El sonido que hacia, aquél característico e indecoroso sonido que hacia su miembro cada vez que se sumergía en ella se le antojaba tan lascivo. Kagome estaba tan húmeda, tan deliciosa que lo volvía absolutamente loco. Completamente llorosa y jadeante, ella era su maldita y jodida perdición, pero no la dejaría ir, no antes de que le hubiera hecho el amor hasta la inconsciencia.
Sintiendo los feroces golpes de su hermano la muchachita gimió. Inuyasha era insaciable y debía admitir que debido a la intensidad de sus embestidas su sexo se sentía un poco adolorido y después de hacerlo con él seguramente le dolería más, pero a estas alturas le importaba muy poco lo cansado o lo adolorido que estaría su cuerpo al terminar, y es que era simplemente delicioso...
En ese momento el muchacho la embistió nuevamente enterrándose hasta lo más profundo dentro de ella, y la pequeña chica volvió a gemir, no era para menos podía sentir el gigantesco, duro y hambriento de ella miembro de su hermano llenándola por completo y lastimándola por su enorme tamaño al penetrarla, ya que a pesar de que ya no era virgen, él seguía siendo demasiado grande para ella, y eso le causaba un gran dolor. Su sexo era muy pequeño para él, pero no le importaba si él la lastimaba aún más con cada embestida, si su húmedo y adolorido sexo ya no podía soportar el ritmo que el gigantesco miembro de Inuyasha llevaba. Era tan doloroso que sentía como si una estaca se estuviera clavando en su interior, pero no le importaba, después de todo ese placer bien merecía la pena…
-Kagome… Te amo pequeña, te amo tanto… -Le escucho susurrar de manera entrecortada debido al placer presente en su voz-No puedo contenerme…-Añadió él al tiempo que su sexo era penetrado por su enorme miembro en una salvajemente placentera embestida ¡Ahh! ¡Tan rico!…-Kagome, me gustas demasiado, eres deliciosa, me vuelves completamente loco y me encanta hacerte el amor…-
Le escucho confesarle y para que negárselo, si a ella también le encantaba hacerlo con él, antes de ser suya, jamás, ni en sus más remotos sueños hubiera imaginado que existiera algo tan exquisito y delicioso como eso; el miembro de su hermano penetrándola…
-No puedo detenerme, no puedo dejar de hacerte mía… Kagome, podría pasar el resto de la eternidad haciéndote esto, todo el tiempo… Podría morir de esto Kagome ¡Pero que forma de morir!..
Al escuchar esto nuevas lágrimas de placer comenzaron a brotar de sus ojos de la pequeña niña mientras que sintiendo al que sabía era su hermano mayor embistiéndola, y dejándose llevar, con sus pequeños brazos aferrados a su cuerpo lo abrazaba aún más fuerte. En ese momento el chico la embistió con más fuerza, y sus llorosos ojos se cerraron con placer… ¡Mmmmmm! ¡Inuyasha!… Su hermano mayor continúo golpeándola una y otra vez, con embestidas tan fuertes y salvajes hacían que todo su cuerpo se estremeciera de placer. Podía sentir como su intimidad le ardía y dolía debido a las constantes embestidas tan brutales y salvajes que su hermano le daba, podia sentir como con cada embestida ese dolor aumentaba más, podía sentir a su hermano arremeter contra ella con tanta fuerza como si quisiera romperla… Pero sentir sus fuertes embestidas se sentía tan diabólicamente delicioso que no deseaba que parara, incluso si al terminar tuviera todo el cuerpo adolorido quería seguir con todo esto al lado de su hermano hasta el final…
Siguiendo el ritmo de sus salvajes estocadas contra ella, y volviéndose para besarla, el muchacho, profundizando más el beso que compartían, su lengua húmeda y sensual se rozo con la suya invitándola a iniciar un ardoroso baile el cuál ella por supuesto aceptó. Asi mientras sus lenguas se enredaban tentativamente una sobre la otra y sentía como el gigantesco miembro del que sabia era su hermano golpeaba salvajemente y sin la más mínima piedad su pequeño sexo, sin que éste pudiera hacer nada para defenderse y evitarle disfrutar al muchacho de él, teniendo que resignarse a sentir como aquél enorme miembro que correspondía al que era su hermano mayor lo penetraba insaciablemente, hundiéndose en él una y otra vez. Una y otra vez. Sin descanso una y otra vez. Permanecieron besándose por un largo tiempo, sin embargo el aire no es eterno y eso fue algo que los 2 pudieron comprobar ya que necesitándolo se vieron forzados a separarse. Un pequeño hilo de saliva se formo entre sus labios a esta acción.
Fue asi cuándo con sus pequeñas manitas aferradas al cuerpo de su hermano y sus piernas envolviendo sus caderas no puedo evitar gemir en el momento en el cuál bajando su cara a su cuello el muchacho comenzó a trazar un sendero de besos y húmedas caricias hasta llegar a uno de sus pequeños pechos, sintió como todo su pequeño cuerpo se estremecía por el placer y entonces llevando sus manos a la cabeza de Inuyasha comenzó a presionar sobre ella impidiéndole alejarse mientras sentía como la sensual y rasposa lengua del muchacho se enredaba sobre uno de sus rozados y excitados pezones. Lamiéndolo suavemente, para luego comenzar a chuparlo, lenta y deliciosamente. Causándole un delicioso placer que fue haciendo que se olvidara de todo, de todo menos del sensual y atractivo chico que la miraba como si en todo el basto mundo nadie le importara más que ella …
-¡Ahh! Inuyasha…-Los marrones ojos de la pequeña niña se cubrieron de pequeñas lágrimas sin que pudiera evitarlo. Eso era rico, muy rico, pero ella deseaba más, así que incapaz de resistirse ansiosa por sentir más de las caricias de su hermano, mucho más y más de él, fue levantando sus pequeñas caderas a su cuerpo, invitándolo a penetrarla más profundamente, su pequeño sexo literalmente chorreaba en el momento en el cuál alejándose del suave cabello de Inuyasha y bajando lentamente por su espalda trazando suaves caricias una de sus pequeñas manos llegando hasta la parte baja de la misma comenzó a acariciar suavemente los firmes, suaves y perfectos glúteos de su hermano, al mismo tiempo que moviéndose suavemente debajo de él, de manera experimental y hasta cierta forma inocente debido a su gran inexperiencia, provocando que su pequeño cuerpo lo acogiera aún más profundamente dentro de ella, dejaba ir un pequeño jadeo.
A esto, sintiendo sus caderas tensarse ante aquella fricción tan exquisita, el chico tras contener el aliento por un mínimo segundo dejo ir un gemido especialmente doloroso ¡Maldición! Eso había sido tan increíblemente delicioso…
Al notar la reacción que había tenido su hermano a su pequeño experimento tras volverse a mirarlo y sonreírle con una evidente satisfacción la pequeña chica volvió a repetir el movimiento, lo cual sólo sirvió para atormentarlo ya que después no continuó moviéndose más. Inuyasha tensó las caderas encima de ella, intentando conseguir que se moviera de la forma en la que él lo deseaba, fuese lo que fuese que ella hubiera hecho quería que Kagome volviera a hacer lo mismo, había sido delicioso y quería volver a sentirlo, mientras pensaba en esto pudo sentir como repentinamente llevando una de sus manos hacía su cuerpo su hermanita pequeña deslizaba muy lentamente un par de sus dedos desde la firme clavícula de su cuello hasta llegar a su perfecto y bien formado pecho descendiendo hasta llegar a su vientre en línea recta, acariciando suave y lentamente…
A esto un gemido de evidente dolor se dejo oír de la garganta del muchacho. El sentir a Kagome tocándolo, desde que podia recordar siempre había sido un arma de 2 filos. Pese a que hasta el más sutil e inocente de sus roces le proporcionaba un incomparable placer al final lo único que ella hacia al tocarlo era incrementar sus deseos por ella, razón por la cuál no era ninguna sorpresa que en ese momento se sintiera arder. Maldición Kagome… ¡La deseaba tan estúpidamente tanto! Que pese a ser lo que más deseaba, el sentir a su hermanita pequeña acariciándolo de un modo tan evidentemente lascivo era demasiado para él, su cuerpo no podía soportarlo, sentía que terminaría volviéndose loco de placer cada vez que las pequeñas manitas de Kagome lo tocaban, y es que ella lo simplemente enloquecía.
Incapaz de comprender todos los sentimientos que se entremezclaban en su interior, Kagome inicio un nuevo y pequeño movimiento de caderas. Fue entonces cuándo colocando sus manos sobre esa pequeña parte de aquel precioso cuerpecito que lo simplemente enloquecía, Inuyasha tuvo que sujetarla firmemente para evitar cualquier otro movimiento.
-Kagome…-Resoplo el apuesto chico mientras la miraba con un cansado e irritante gesto de frustración y disgusto-deja de moverte. No quiero hacerte daño.
Ante estas palabras la muchachita respondió con una sonrisa, y entonces despacio, muy despacio para martirizarlo, pego su pequeño sexo a él tan profundamente que el muchacho sintió que moriría del puro placer ahí mismo. A esto apretando fuertemente los dientes Inuyasha clavó los dedos en sus costados como una suave advertencia mientras que mirándola fijamente con una de expresión de total frustración, no pudo evitar decir:
-Kagome realmente tú… Nunca dejas de sorprenderme ¿No es cierto?
La pequeña chica se volvió para mirarlo, sus castaños ojos cuál chocolate se fundían con un evidente brillo de deseo, entonces una provocativa sonrisa se perfilo en sus rosados labios mientras su mirada seguía enfocada en él. Sintiendo entonces un intenso deseo recorrer todo su cuerpo el chico no pudo evitar el tragar grueso.
-Bueno… Si tú puedes hacerme cosas perversas… Entonces creo que es justo que yo también pueda hacerlo ¿No crees?
Tras decirle esto y sonreírle nuevamente una vez más, ella volvió a moverse, incluso más despacio esta vez, para culminar con un leve movimiento circular de las caderas que provoco que su duro miembro fuera acogido por los pliegues internos de su intimidad en una caricia tan insoportablemente placentera que lo volvió absolutamente loco. Curvando la cabeza hacia atrás y cerrando los ojos el atractivo muchacho dejo ir un necesitado gemido de frustración. Y entonces sin poder contenerse más, dejando ir un bufido lleno de irritación, volviéndose para mirar a la que era su hermanita pequeña, con un gesto de desesperación cubriendo sus facciones e inundando su voz exclamó:
-¡Maldita sea! ¡Muévete, por favor!-Olvidadas quedaban las palabras que dijera momentos atrás. Quería. Necesitaba que ella se moviera. Eso era lo único en lo que podía pensar, aquello que más deseaba en esos momentos. Y si Kagome no accedía a complacerlo, podia jurar que entonces definitivamente enloquecería-
-¿Así?-Volviéndose para mirarlo, mientras hacia esta pregunta. La carita de Kagome era la viva imagen de la inocencia mientras al mismo tiempo trazaba lascivos y sensuales movimientos con las caderas, lo había dicho y lo repetiría ¡Maldición! ¿Cómo ella podía ser tan inocente y tan lasciva a la vez?-¿Qué opinas hermano? ¿Lo estoy haciendo bien?-Pregunto la muchacha, su inocente voz al decir esto era todo lo contrario a los movimientos que trazaba su cuerpo-
Unas gotitas de sudor se formaron en la frente del apuesto chico a estas palabras. Ella pensaba torturarlo ¿No es así? Pues si eso era lo que ella quería, ese bien podía ser un juego para 2. Había llegado el momento de tomar medidas drásticas...
Sonriendo, y deslizando una mano sobre el pequeño cuerpo de su hermana uno de sus dedos se poso justo sobre el punto en donde ambos estaban tan íntimamente unidos y buscó el centro más dulce y sensible de aquél pequeño sexo. Kagome jadeó cuando él rozó aquél delicado lugar levemente, sin llegar a ser una caricia. Entonces deseosa de más comenzó a levantar sus caderas a él mientras gemía inevitablemente. Bien, ahora era ella la que jadeaba y ondulaba su pequeño cuerpo sobre su duro e hinchado falo.
-Te gusta ¿Verdad? ¿Es esto lo que quieres?-Pregunto dulcemente el atractivo muchacho-
La pequeña chica asintió a penas, entonces él volvió a tocarla, levemente y sin la suficiente fuerza como para satisfacerla, ante esta pequeña caricia la pequeña niña se revolvió entre sus brazos presa del placer y entonces sonriendo más ampliamente y con un perverso tono de mofa y satisfacción el muchacho repitió exactamente las mismas palabras que ella acaba de decirle:
-¿Qué opinas hermanita? ¿Lo estoy haciendo bien?
-Por favor… Hermano…-Diciendo esto con voz suplicante Kagome se inclino sobre él, de tal manera que sus preciosos pechos quedaban a escasos centímetros de su boca y aunque pequeños resultaban demasiado tentadores como para que Inuyasha los ignorara-
Sin poder resistirse llenándose la boca con uno de aquellos suaves y encantadores pezones su húmeda lengua se paseo sobre toda aquella perfecta redondez, humedeciendo aquella sensible piel con su saliva y provocando que el pequeño pezón rosado se hinchara y endureciera mucho más de lo que ya lo estaba, deseoso por más de aquellas deliciosas caricias. Tras terminar aplico el mismo tratamiento al otro pequeño pecho lamiéndolo con la lengua hasta que el pequeño y sensible pezón se irguió reclamando toda su atención.
Atención que encantadamente su hermano mayor se encargó de darles, ya que sus dedos, sus labios, y su lengua colmaron de atenciones sus rozados botones hasta que sintiéndose desvanecer en medio de tanto placer, la pequeña Kagome creyó que se iba a volver loca si su hermano no paraba y que definitivamente lo mataría si se detenía.
Así mientras hacía todo esto el muchacho continuo embistiéndola, el sentir la forma en la cual el enorme miembro de su hermano se rozaba contra su clítoris cada vez que se introducía dentro de ella, estuvo a punto de hacerla desfallecer de placer. Era tan delicioso, tan increíblemente delicioso que se sentía perdida. Hundida en aquel enorme torbellino de placer que el tener, sentir a su hermano sobre ella, dentro de ella le provocaba.
Ante la profundidad de sus caricias la muchachita gimió y entonces con una voz increíblemente maliciosa al tiempo que se volvía para mirarla el muchacho pregunto:
-¿Más? ¿O es que acaso quieres que me detenga Kagome?
-De acuerdo tu ganas-Exclamo la pequeña muchacha con voz frustrada-De una u otra manera siempre lo haces ¡Estúpido hermano mayor!-Diciendo esto sus pequeños y adorables pechos se agitaron delante de su cara y los movimientos que hizo su pequeño cuerpo al acercarse a él provocaron que los suaves pliegues internos que envolvían su miembro terriblemente excitado se estrecharan aún más, antes de que ella hiciera eso ya que sentía tan increíblemente bien que por más que lo intentara jamás hubiera pensando que podía sentirse mejor ¡Maldita fuera Kagome por hacerlo sentir así! Pensar que una pequeña niña como ella podía provocarlo tanto resultaba estúpido, por no decir ridículo y aún así… ¡Era tan delicioso! Definitivamente jamás podría tener suficiente de ella… Observándola fijamente Inuyasha resoplo en silencio.
-Bien, creo que en esta ocasión lo mejor será declarar empate-Tras decir esto impulso inevitablemente las caderas hacia ella, recordándole que era lo que quería-Muévete, Kagome por favor…
Asintiendo tímidamente la pequeña muchacha accedió finalmente a hacer lo que le pedía. Y fue exquisito. Una verdadera tortura. Ella encontró el ritmo perfecto, suave, rápido y alentador. Incluso consiguió mezclar el salvaje ritmo de sus embestidas con el movimiento de sus propias caderas hasta obtener una precisa sinfonía de movimientos que lo sedujo sin remedio. Realmente, Kagome… ¡Era tan delicioso! ¡La más incomparable, maravillosa y gloriosa sensación que no conocería jamás! ¡Y es que maldición! Tenerla debajo de él, estar haciéndole el amor le provocaba un placer incomparable. El dulce aroma que despedía de ella le nublaba todos los sentidos, sus jadeos eróticos y sus pequeños gemidos de placer, la forma en la cuál ella se movía tan inocente y al mismo tiempo tan provocativamente era… Ella lo llevaba indiscutiblemente directo al paraíso. Realmente Kagome. La amaba tanto…
El verla tan entregada a él, tan llena de gozo y placer debido a sus caricias era al mismo tiempo una bendición como una maldición. Así que tuvo que cerrar los ojos para no ver el placer que brillaba en las aniñadas facciones enardecidas de su pequeña hermana, la increíble y sumamente imagen erótica de ella que le brindaba. Con su indiscutible inocencia, Kagome resultaba arrolladora, simplemente aniquiladora ¡Que Dios se apiadara de él hasta que llegara el momento de la aniquilación! ¡Y es que maldita sea! Ella lo simplemente mataba. Pero… Ohh, no había otra forma en la cuál estuviera más ansioso por morir.
En ese momento Kagome incremento el ritmo al que se sacudía sus pequeñas caderas, cosa a la cual abriendo levemente los ojos para verla el muchacho trago grueso. Con su precioso cuerpo abierto y vulnerable para él, Kagome lucía tan hermosa como una pequeña diosa. Una Diosa dispuesta a torturarlo con un incomparable placer hasta la muerte, muerte que él estaría más que dispuesto a aceptar si era entre sus brazos. La necesidad que sentía de ella se hizo insoportable, especialmente cuando llevando sus labios a su boca y capturándola, ella comenzó a juguetear con su lengua con la mayor osadía que le fue posible. Inuyasha correspondió al beso con una necesidad frenética. Un beso en el cuál esta vez no podía ocultar su inmensa necesidad. Sin detenerse a pensarlo hundió su lengua en las profundidades de esos tiernos y rosados labios, poseyendo aquella pequeña boca. A lo que ella respondió arqueando el cuerpo contra él, mientras que su duro miembro seguía moviéndose dentro de ella, intentando alcanzar el punto más profundo dentro del cálido pasaje lubricado por el delicioso néctar de la excitación que sentía su pequeña hermana.
-Ohh… ¡Por Dios! Estar dentro de ti se… ¡Ahh! Se siente tan bien Kagome… Es… Mmmm.. Delicioso…
-Inuyasha… ¡Hmmmm!… ¡Inu!…-La escucho gemir y a esto un nuevo gemido se escapo de su boca. Y es que ¡Ahh! Por más que quisiera jamás hubiera podido imaginar que Kagome sería una aprendiz tan buena, tan increíblemente atenta y hábil, bien, era tan agradable el poder saberlo… El verla tan entregada, tan obviamente excitada, su preciosa e inocente carita llena de placer era un espectáculo digno de ver. El verla así era algo que inevitablemente lo excitaba, lo invitaba y lo hacía arder en el deseo de hacerle aún más fogosa y apasionadamente el amor-
No necesito pensarlo. Simplemente empezó a embestirla con una fuerza increíblemente brutal otra y otra vez… Golpeándola incansablemente. Sus movimientos eran incontrolables, no podia evitarlo Kagome, la necesitaba tanto... Pasando entonces del pequeño y frágil cuello de su hermana, fue lamiendo cada parte de aquella dulce y nivea piel hasta llegar a sus senos desnudos los cuales comenzó a lamer con un indescriptible descaro y avidez. Ante esto sintiéndose notablemente avergonzada la muchachita intentó alejarlo, pero Inuyasha tras sonreírle perversamente, embistiéndola con más fuerza, comenzó a chupar y mordisquear sus pequeños pechos con incluso más descaro.
Después de un largo rato de la misma manera regresando a sus labios y llevando una de sus manos a sus senos, se mantuvo acariciando suavemente aquellos dulces y ahora mojados botoncitos rosados que hasta hace solo un minuto atrás se encontrarán dentro de su boca; mientras que con su otra mano se mantenía acariciando una de sus suaves mejillas. Todo esto por supuesto sin que el indefenso sexo de su hermanita dejará de ser literalmente masacrado por su insaciable miembro que lo penetraba salvajemente una y otra vez sin la más mínima piedad; sin el más mínimo descanso, arremetiendo contra él una y otra y otra y otra vez…
-¡Ahh...! Inuyasha… ¡Inuyasha!... Mmmm… Hermano…-La muchachita susurro esto apenas con su inocente voz impregnada de placer y pequeños gemidos de satisfacción, no había acabado de hablar cuándo pudo percibir como sorprendentemente el ya muy enorme e hinchado miembro de su hermano mayor crecía aún más dentro de ella-
-¡Ahh! Estas tratando de excitarme otra vez ¿No es así Kagome?-El chico gimió estas palabras entonces mirándola fijamente añadió-Ahora tendrás que sufrir las consecuencias.
Tras decir esto afirmando las suaves caderas de la muchacha comenzó a embestirla con fuerza.
-¡Ahh!… ¡Ahh!-La pequeña Kagome no podía ni hablar, el placer que sentía por tener a su hermano mayor haciéndole el amor era tan grande que su pequeño cuerpo temblaba incontrolablemente por el sólo hecho de sentirlo dentro-
-Tienes una voz tan hermosa Kagome…-La profunda voz de Inuyasha susurrándole eso en el oído al mismo tiempo que la golpeaba aún más profundamente hizo que sin poder evitarlo su espalda se curveara hacia atrás-
-Eso no… No es cierto…-Ella dijo esto con la voz entrecortada por el placer a lo que el chico dejo ir una divertida risita ante aquella pésima mentira-
-¿Sabes?-Añadió con una voz perversamente mordaz-Si vas a mentir deberías aprender a hacerlo mejor hermanita… Eres una pésima mentirosa. Bien, me parece que tendré que castigarte por ello…
Habiendo acabado de decir esto el muchacho comenzó a embestirla con más y más fuerza. La pequeña chica gimió, su castigo no podría haber sido mejor, se sentía derretir de placer... No lo comprendía, se suponía que él la estaba castigando, pero el deseo que sentía por su hermano mayor era tan grande, que sin poder resistirse con el hambre y el deseo que sentía de él desbordando por cada pequeño poro de su blanco y sudoroso cuerpo se aferro al cuerpo de Inuyasha desesperadamente, podía sentir como sus pequeñas piernas temblaban con cada poderosa embestida que él le propinaba, la forma en la que sus golpes se volvían más intensos, más fuertes y salvajes con cada segundo que pasaba. Se sentía a punto de desfallecer de placer, pero no le importaba, era tan… Tan ¡Delicioso!
Pudo sentir como repentinamente las embestidas que el atractivo muchacho le daba iban aumentando en intensidad y violencia. Cosa que a estas alturas creía imposible. Ante esta situación el placer que sentía creció y la envolvió completamente, mientras que sin poder evitarlo sus ojos se abrían y los gemidos que salían de su boca aumentaban de volumen, mientras sentía como sus piernas temblaban y su interior se estremecía por la intensidad de las embestidas que su hermano mayor administraba con precisión y sin piedad a su indefenso sexo, sus ojos se abrían mucho más a cada segundo en el cual continuando sus ataques sin contemplación contra su adolorido sexo, el chico seguía acariciando sus sensibles senos con maestría, al mismo tiempo que continuaba besándola profunda y entregadamente, simplemente separando sus labios ligeramente de los suyos para gemir de la misma forma que ella, todo esto claro sin detener aquella sinfonía de ataques mortales que su insaciable miembro le brindaba a su húmedo sexo.
Para esas alturas el placer que sentia, la envolvía y la llenaba era tan grande, que no podía soportarlo. Cada vez que ella movía su adolorido cuerpo hacía arriba tratando de huir y encontrar un poco de paz, él la traía de vuelta hacia abajo y la hundía en ese océano de placer otra vez. Pese a todo no podía siquiera intentar resistirse. Con los ojos cubiertos de lágrimas por causa del placer que sentía y la envolvía a cada momento no podía hacer otra cosa más que abrazarlo fuertemente sintiendo como cada parte de su cuerpo, hasta el más mínimo de sus cabellos se estremecía con su sólo y simple contacto. La ardiente sensación de tener aquella estaca ardiente penetrando incansablemente en su cuerpo no le permitía pensar en nada. Sólo en lo maravilloso que se sentía tener a su hermano mayor encima de ella, dentro de ella… La violencia con la cual su miembro la golpeaba, como un hierro incandescente, la hacía olvidarse de todo lo demás. Era una pecaminosa delicia que se iba grabando en el fondo de su ser…
-¡Inuyasha!… ¡Ahh! ¡Inuyasha!-Gimió ella-Se siente tan bien... Más... ¡Golpéame más hermano! Haz comigo lo que quieras… Hazme cualquier cosa que se te ocurra, lo que más te guste..
Al escuchar estas palabras comenzando a embestirla con más fuerza el chico rió y entonces con una voz llena de deleite susurro:
-Kagome, pequeña no me des ideas…
-Yo… Yo no… ¡Ahh! Hermano… Se siente tan bien... Es tan rico... Tu ¡Hmmmm! Duro miembro esta golpeando mi sexo y es tan rico... Golpéalo más... Más y más... ¡Ahhh! ¡Inuyasha...!
Sonriendo sin poder evitarlo al darse cuenta de lo tierna que ella podía ser abrazándola fuertemente el muchacho musito:
-Te amo Kagome… Te amo tanto y después de mucho desearlo finalmente eres mía… Jamás permitiré que te alejes de mí…
-¡Ahh! ¡Ahh! ¡Inuyasha!
-Si, sigue así Kagome… Sigue gimiendo de placer… Por mí… Para mí… ¡Mmmm!…
A medida que hablaba la pequeña muchacha podía notar como la agitada respiración del chico le rozaba la piel suavemente como la más dulce y tierna de las caricias y ese hecho sólo aumentaba aún más el placer que el sentirlo dentro de ella, llenándola y moviéndose le provocaba. Podía sentir sus caderas arremeter con más y más fuerza contra ella, ya sin ninguna delicadeza, pero le encantaba. Inuyasha, su querido hermano mayor… Lo necesitaba tanto…
-¡Ahh!… ¡Ahhh!..
-¡Mmmm! Kagome… ¡Ahh!
La jadeante respiración de los 2, y sus gemidos de placer eran más que audibles en el contorno de aquella pequeña habitación cerrada. Era imposible el siquiera intentar permanecer callados, el placer que sentían era demasiado grande y la atmósfera presente en el aire se dejaba notar demasiado cargada de lujuria y sensualidad... Para esas alturas ambos chicos estaban más que excitados, no podían dejar de gemir y retorcerse de placer, el más mínimo contacto los llevaba a la más suprema gloría, y sus cuerpos ardientes y sudorosos se sacudían al ritmo de aquél lujurioso y pecaminoso baile que no tenían el menor deseo de que viera su fin.
Asi mientras contemplaba la sensual imagen que resultaba ser el pequeño cuerpo de su hermana cubierto de sudor, su preciosa carita inundada de placer una inevitable sonrisa se plasmo en el atractivo rostro del muchacho, mientras recordaba las palabras que Kouga Taijiya le dijera esta mañana. Que desear a su hermana, que el sólo acto de quererla era algo enfermo y que no podía ser. Y que Kagome y él no podían estar juntos por esa razón.
¿Y qué si eran hermanos? La amaba, más de lo que jamás podría amar a nadie y por muy mal que estuviera sabía que Kagome también sentia algo por él. Mucho más de lo que hablando sobre los valores y la moral, Kouga podría despertar en ella.
Pobre desdichado. Sabia que amaba a Kagome, se había dado cuenta de eso desde hace mucho tiempo y por su forma de mirarla sabia que por mucho que hablara de decencia y códigos morales él tambien la deseaba. La única diferencia estaba en que mientras el mayor de los Taijiya soñaba con poder tener a Kagome algún día, ahora y en ese momento él y únicamente él, era el dueño del endurecido miembro que se deslizaba dentro del pequeño y cremoso sexo de la que era su hermanita pequeña. Eran sus manos las que la acariciaban y sus labios los que la besaban. Era su miembro el que estaba perforando a Kagome, llenándola una y otra vez, observándola llorar, gemir y estremecerse entre sus brazos. Era él el que la escuchaba suplicar ahogada de placer mientras contemplaba deslizarse y desaparecer centímetro a centímetro en el interior de su dulce y sumamente mojado sexo su enorme e hinchado miembro. Él era el único que podía disfrutar de su precioso cuerpo y tener la certeza de que Kagome era suya.
Sin poder contenerse levantando la pequeña cabeza de Kagome la acerco nuevamente a su boca para volver a besarla, que Kouga y todos los idiotas que vinieran después de él se fueran muy a la mierda. Kagome era suya, y nunca iba a renunciar a ella...
Mientras pensaba en esto, aferrándose fuertemente a él su hermanita le devolvió el beso. Entonces gimiendo casi dolorosamente Inuyasha introdujo su lengua en la boca de su pequeña hermana, enredándose con la de ella, mientras su miembro se bañaba incansablemente con los cálidos jugos que brotaban de lo más profundo de ella. Así, mientras se besaban la pequeña chica sintió una incontrolable necesidad de impulsar las caderas hacia él, no se detuvo a pensarlo y simplemente se dejo llevar por lo que ella misma quería, no había acabado de hacerlo cuándo apartando sus labios de los suyos y con los ojos cerrados en una evidente expresión de frustración su hermano mayor jadeó.
-¡Maldición Kagome! Deja de provocarme… Ser tan inocente y al mismo tiempo tan increíblemente lasciva… Eres sencillamente sorprendente pequeña…
Sintiéndose avergonzada por el halago, la pequeña muchacha lo observo tímidamente durante un leve segundo y luego musito:
-Tú… Tú también hermano…-No mentía. El sentir a su hermano mayor hundiéndose en ella, poseyéndola era una sensación tan increíble que ella se sentía encantada, sencillamente encantada de estar haciendo todo esto con él-
Sin poder resistirse cerrando los ojos mientras sentía un par de lágrimas correr por sus mejillas a causa de tanto placer lo estrechó fuertemente entre sus brazos, intentando impregnarse de la sensación de su piel contra la suya, el delicioso y embriagante aroma varonil que emanaba de él, y más que nada el increíble placer que su cuerpo le proporcionaba al estar tan intima y profundamente unidos, lo abrazo más fuertemente al tiempo que levantando las caderas hacía él lo invitaba a nuevamente moverse, invitación que sonriendo perversamente el chico por supuesto no rechazo. Hacerle el amor a Kagome era tan sumamente placentero… Quizá ella fuera su hermanita pequeña pero a estas alturas eso era lo que menos le importaba. Podía hacerle el amor y eso lo hacía sentir más feliz de lo que lo hubiera sido nunca antes en la vida. Profundizando mucho más el beso al momento que embistiéndola con más fuerza se enterraba hasta lo más profundo dentro de ella, escucho a la pequeña Kagome gemir con fuerza, y no pudo evitar sonreír ella era tan dulce e ingenua, y tan infinitamente hermosa…
Separándose de sus deliciosos labios que a estas alturas estaban rojos e hinchados debido a la demanda del anterior beso, el chico acerco sus labios a la pequeña clavícula de la muchacha y empezó a depositar pequeños besos en su cuello, al tiempo que sintiéndose entrar y salir del precioso cuerpo de la hermosa niña innumerable cantidad de gemidos de dejaban oir de su boca. Era inevitable cuándo tenía la sensación de volverse completamente loco cada vez que sentía la forma en la como los pliegues internos del cálido y mojado pequeño sexo de Kagome se aferraban a él, a su duro miembro, aliviando su dolor y llenándolo de un tan grande e incomparable placer que jamás había soñado conocer. Y es que ¡Ahhh Kagome! Era tan rico que se sentía delirar de placer... Siguió embistiendo a la pequeña muchacha. Nunca. Definitivamente nunca se cansaría de ella…
-Hermosa... Eres tan hermosa Kagome…-Musito entre ardientes jadeos al tiempo que tomando su pequeño rostro entre sus manos y mirándola fijamente, añadía-Me encanta ver tu cara llena de placer… Eso me excita más… Quiero escucharte gemir, gritar que me amas ¡Grita para mí Kagome! Grita que me deseas, grita que me amas, grita de placer… Déjame escuchar tu dulce voz mientras te hago mía…
-¡Ahh! ¡Inuyasha! ¡Más dame más!…-La escucho pedir-
Obedeciendo a sus insistentes suplicas comenzó a golpearla con mayor fuerza una y otra vez, nuevas y deliciosas embestidas dirigidas sin la menor piedad contra su dulce y pequeño sexo…
No podía controlarse a sí mismo… ¡Su pequeña hermana lo volvía completamente loco! ¡Un total demente que deseaba hacerle el amor a cada maldita hora del día! Era inevitable el intentar siquiera resistirse, no podía contenerse y embestía cada vez con más fuerza contra ella.
-Te amo… ¡Aahhh! Te amo Kagome… ¡Ahh! ¡Te amo tanto pequeña !…
-¡Ahhh! ¡Dios! No te detengas!…-Gritó ella una y otra vez mientras sentía como él cabalgaba sobre ella a un ritmo casi frenético-
-Dime Kagome ¿Quién te posee en cuerpo y alma? ¿A quién perteneces?-Demandó saber él entre incontables jadeos de placer-
-A ti hermano, te pertenezco a ti Inuyasha ¡Sólo a ti!-Gimió ella como respuesta-
-Eres mía Kagome…
-Si, soy tuya, Inuyasha…
-Te amo Kagome. Te amo tanto… Y ahora eres mía… Toda mía pequeña…
Entonces guiando su cara a la de la pequeña chica el muchacho estampo su boca en la de ella. Envolvió y persiguió, jugando con la pequeña lengua de la chica hasta más no poder, saboreando incansablemente del dulce sabor que ella le ofrecía. Sus labios se separaron y volvieron a unirse con los de ella en incontables ocasiones, simplemente disfrutando el uno del otro, mientras se abrazaban fuertemente y él seguía embistiendo contra el pequeño sexo de la muchachita. Con su miembro entrando y saliendo de ella, le hizo el amor, poseyendo su cuerpo, una y otra vez, mientras que su lengua se adueñaba de su boca hasta que ella estuvo irremediablemente perdida en medio de tanto placer…
El muchacho sonrió. Con las piernas temblando, totalmente agotada y sin capacidad de discernimiento después de la violencia de sus contantes arremetidas, todo lo que Kagome podía hacer era gemir y apretarse más contra su cuerpo mientras él la acariciaba y poseía con rudo vigor. Reclamando lo que le pertenecía, aquello que siempre había sido suyo mientras escuchaba sus gritos de placer.
De pronto agarrándola fuertemente de las caderas el muchacho forzó un empuje muchísimo más rápido y profundo, penetrándola hasta el fondo una y otra vez con toda su fuerza, mientras ella lloraba y gemía completamente enloquecida de placer. Inesperadamente pudo sentir como aumentando la frecuencia de sus constantes arremetidas, los golpes de su hermano se hacían más salvajes y enloquecedores, el placer que sentia se hizo tan grande e intenso que no podía contenerlo, sintió que terminaría volviéndose loca y fue entonces cuando dándole una fuerte embestida, sintió que su hermano se derramaba finalmente y de una vez todo dentro de ella. Le costo asimilar lo que había sucedido, pero no tanto como para no darse cuenta que ahora le pertenecía más que nunca a Inuyasha. Su pequeño sexo estaba completamente lleno con su duro miembro, y si eso no fuera suficiente su pecaminosa semilla la llenaba completamente hasta derramarse, era tanta y tan cálida que con sus pequeñas piernas temblando alrededor del aún endurecido miembro de su hermano acabo por la simple sensación.
Suspirando entonces pesadamente, la muchachita levanto la mirada hacia el apuesto muchacho. Se sentía tan exhausta y cansada, sus pequeñas piernas temblaban y a su mente aún le costaba salir del blanco espacio de vacio al que la había llevado el orgasmo. No podia creerlo... Tan delicioso...
La noche anterior tras perder la virginidad en brazos de su hermano había disfrutado mucho. Su primera vez había sido deliciosa. Sin embargo ni de lejos en todas las múltiples veces que lo habían hecho durante todo el transcurso de la noche había gozado tanto. Eso había sido...
-¿Por qué...?-Se oyó decir antes de que siquiera pudiera darse cuenta-Tan... Maravilloso...
Sus palabras habían sido entrecortadas, pero aun asi fueron suficientes para el muchacho que abrazándola fuertemente al tiempo que la pegaba más contra su cuerpo musito:
-Es natural... ¿Kagome tienes una idea de cuántas veces lo hemos hecho sólo hasta ahora? Después de hacerlo sin parar tantas ocasiones, era sólo cuestión de tiempo antes de que tu cuerpo comenzase a acostumbrarse al mío. No te sorprendas hacer el amor se volverá aún más delicioso después de esto. Después de todo no en vano hay un dicho que dice "Entre más veces lo hagas mejor se siente..."-Añadiendo esto último con cierta malicia, una perversamente sexy sonrisa se hizo presente en sus labios-
Mirándolo y sintiendo sus mejillas enrojecer sin que pudiera evitarlo la muchachita trago grueso a estas palabras ¿Que se sentiría mejor que ahora? Le resultaba imposible de creer. No cuándo había sido tan rico... Pero cuando lo hiciera por primera vez con Inuyasha ni de lejos hubiera soñado que el placer que ya sentía en esos momentos pudiera ser más grande, asi que...
-Hagámoslo de nuevo-Estas repentinas palabras fueron más que suficientes para sacarla de todas sus cavilaciones-
-¿Qué...?-Jadeó apenas y al escucharla el apuesto chico sonrió inevitablemente-
-Kagome tú… Te ves tan hermosa cuándo te vienes-Diciendo esto mientras la miraba con suma dulzura, Inuyasha dejo escapar un suspiro-Te lo dije antes ¿No? Una vez jamás será suficiente. Te amo, te necesito… Necesito saborearte, Kagome. Necesito embriagarme con tu dulce sabor, necesito tenerte entre mis brazos y saber que tu cuerpo llora por tenerme a mí, sólo por mí…
El tono tan sensual en la voz del muchacho al decir esto hizo que la muchachita se humedeciera, al notar esto el chico que aún se encontraba dentro de ella sonrió aún más ampliamente y ella cerro los ojos bajando la cara con vergüenza, era injusto que Inuyasha le dijera estas cosas ¿Por qué se empeñaba en hacer y decir cosas que la avergonzarán?
-Quiero que me desees Kagome-Agrego el muchacho sin dejar de mirarla-quiero volverte una completa adicta a mí, quiero ser el único hombre al que puedas desear, de la misma manera en la cuál yo tan solo puedo desearte a tí y excitarme con el simple hecho de pensar en tí. Voy a hacer que me desees de la misma forma atroz y desesperada en la cuál yo te deseo a tí y entonces aún si es imposible voy a intentar hacer que te enamores de mí...
Diciendo esto y antes de que la pequeña muchacha pudiera siquiera asimilar que era lo que le había dicho, girando sobre su propio cuerpo y tumbándose sobre la cama, el muchacho la colocó encima de él sin darle ningún respiro.
-Por favor… No... No más...-Suplicó Kagome entre leves jadeos-En verdad si siento más de esto yo...
Se sentía tan cansada y había sido tan rico, hacer el amor con había sentido tan bien... Había sido tan delicioso que literalmente había visto estrellas cuando la tocaba y si ahora volvía a hacerlo con su hermano y tal y como Inuyasha dijera se sintiera aún mejor ¡Seguro que se volveria loca! No quería... Sentir algo como lo de ahora ya había sido demasiado, seguramente moriría si él la forzaba a experimentar nuevamente un orgasmo tan grande como ese, no soportaría más placer que ese no podría...
Sonriendo mientras la escuchaba hablar el chico sujeto sus caderas con fuerza, y entonces comenzó a mover lentamente su duro miembro dentro de los hinchados pliegues de su adolorido sexo.
-No... Espera, tan sólo déjame descansar...-Añadió rápidamente la pequeña muchacha con voz temblorosa. Podía notar sin necesidad de esforzarse lo increíble y sorprendentemente duro que aún se encontraba el miembro de Inuyasha tras lo que habían hecho y si había aprendido algo de él la noche anterior, eso era que su querido hermano mayor no tenia la menor piedad al hacer el amor-No quiero sentir más esto... Espera por favor hermano... Deten...
-De ninguna manera. No voy a detenerme Kagome. No cuando he esperado tan desesperadamente tanto para tenerte...-Diciendo esto el apuesto chico sonrió. Maldición, sólo Dios sabía lo mucho que había soñado, fantaseado con tener a Kagome donde la tenía ahora: Entre sus brazos y con su miembro tan malditamente sumergido dentro de su pequeño cuerpo que la pequeña niña apenas y podía respirar-
Diciendo esto mientras la miraba con una inocultable necesidad y lujuria y le sonreía con cierta perversidad no la dejo terminar sino que atrayéndola firmemente hacía él para nuevamente besarla, comenzó a embestirla con fuerza. Inmediatamente los ojos de la muchachita se llenaron de lágrimas y ni siquiera tuvo tiempo de quejarse ya que antes de que pudiera decir nada la sensual lengua de su hermano mayor adueñándose de su boca comenzó a juguetear con la suya, mientras que empezaba a golpearla con más y más fuerza. En esta ocasión el muchacho no se contuvo, gruñendo con anhelo sujetó sus pequeñas y delicadas manos con una de las suyas, sujetándola como si ella fuera una prisionera a merced de sus deseos, al tiempo que seguia penetrándola.
La muchachita no sabia que hacer se sentía aprisionada y violada, el duro miembro de su hermano la taladraba con toda su fuerza, y ella jadeaba y jadeaba más, simplemente lloriqueando. Él la estaba poseyendo toda... Y ella no podia hacer nada para evitarlo. Su hermano mayor la estaba prácticamente violando y lo peor de todo era que le gustaba... Los lascivos sonidos que hacia el miembro de Inuyasha al penetrar en ella, los húmedos y lujuriosos besos, la sensación del dolor y el sumo placer entremezclándose una y otra vez. Su pobre sexo estaba tan adolorido, pero no importaba que tanto suplicara el duro e insaciable miembro de su hermano no le daba descanso alguno, la penetraba y la penetraba, los golpes tan sólo continuaban aumentando de velocidad, taladrándola más duro. Haciéndoselo como si no hubiera un mañana...
-¡Ahh!... No... Esto es... Por favor hermano... ¡Ahhh...!-Susurrando estas palabras a duras penas entre beso y beso, las lágrimas producto de su intenso placer entremezclado con dolor no dejaban de caer. Su pequeño sexo estaba tan adolorido como el duro miembro de su hermano hambriento de ella. Inuyasha estaba tan dentro de su cuerpo que dolía...-Ten piedad... No... No me golpees tan fuerte... Puedo sentir tu duro miembro tan dentro que duele... ¡Hahhh!... No me obligues sentirlo aún mas profundo... Es demasiado para mí... No...
Completamente inflamado de placer, al sentir la forma en la cual los mojados y suaves labios del sexo de su hermanita absorbían su miembro con desmedida locura, por mucho que ella dijera que no, no pudo evitar sonreír. Kagome seguía estando excitada y eso lo provocaba tan malditamente tanto. Incapaz de contenerse a si mismo apretándola contra su cuerpo, la penetró con desesperación. Golpeándola con toda su fuerza, una y otra vez hasta el fondo.
-¡Ahhh...! ¡Ahhh!... No... Estoy siendo penetrada por el duro miembro de mi hermano... Por el miembro de mi hermano, yo...-Gimió la pequeña muchacha. Podía sentir con toda claridad la forma en que pese a pedirle que se detuviera, pese al enorme dolor que sentirlo hundiéndose dentro de ella le causaba, los pliegues de su interior se aferraban al hinchado miembro de Inuyasha como si jamás quisieran dejarlo ir-
Y es que no creía que fuera posible, pero se estaba excitando más y más a cada momento, el que Inuyasha la forzara a todo eso, dado lo dulce que era siempre con ella le parecía increíble. Pensar que el dulce, gentil y agradable chico que siempre cuidaba de ella, cuidando no lastimarla y siempre complaciendo hasta el más mínimo de sus caprichos, se había convertido en este hombre completamente insaciable y perverso, exigiéndole y obligándole a aceptar, imponiendo sus deseos sobre los suyos, la verdaderamente excitaba.
Su hermano mayor le estaba haciendo el amor de una forma tan ruda y egoístamente deliciosa que no podía creerlo, pero le verdaderamente encantaba. Era esa misma sensación la que la excitaba tanto al punto de dejarle hacer lo que quisiera con ella. Su hermano mayor realmente estaba como furioso, como si nunca en su vida hubiese tenido sexo. Y el sentir la forma en la que su pequeño sexo era forzado a aceptar el duro miembro de su hermano dentro de si se sentia tan rico. La fantasía de tener a su hermano mayor violándola la volvía completamente loca. Su pequeño sexo literalmente chorreaba en torno al duro miembro de Inuyasha. No puedo evitar el sorprenderse al notar el rumbo que comenzaban a tomar sus pensamientos ¡Dios! Realmente se estaba convirtiendo en una pervertida…
No era su culpa. Sentir aquel vaivén salvaje, violento y agresivo, aquél gigantesco miembro clavándose una y otra vez dentro de ella, le provocaba una sensación tan malditamente adictiva que no quería que se acabara nunca... Tenía los ojos abnegados de lágrimas y la respiración jadeante de tanto gemir. El húmedo y lascivo sonido que hacía el miembro de su hermano al penetrar en ella, aquel sonido tan pervertido la hacía volverse completamente loca, se sentía como una gatita en celo. En ocasiones su hermano se detenía pero entonces ella completamente enloquecida de placer, movía las caderas desesperada. Su pequeño cuerpo se estremecia, y su sexo palpitaba pidiendo más y más, y su hermano lo complacía, fundiéndose más y más con ella… Ahogándola con sus embestidas.
Inuyasha iba muy rápido, tanto que la cabeza le daba vueltas, sentía que se desmayaba, y las fuerzas se le iban. Incapaz de contenerse a si misma rompió a llorar en medio de tanto placer y en respuesta el chico comenzó a embestirla con más y más fuerza. Fue ahí cuándo se desbordó del placer, lo sentía todo adentro de ella. Y eso se sentia muy rico... Era tan increíblemente rico... Jadeante, sudorosa y embriagada por los besos y las caricias de su hermano, por aquél afrodisíaco perfume a sexo y lujuria que flotaba en el aire, se sentía como apresada, envuelta y poseída. Completamente perdida de placer lo único que podía hacer era jadear, gemir, llorar y temblar retorciéndose contra los brazos de Inuyasha…
-¡Ahh! Hermano… Se siente tan bien... ¡Más...! ¡Más...! ¡Ahhh! ¡Más! Golpéame más Inuyasha... ¡Destroza mi sexo sin piedad! Quiero sentir tu duro miembro taladrando mi sexo... Haciéndome entender que soy tuya… ¡Hazme tuya Inuyasha! ¡Tan tuya! Hazme el amor hasta hartarte de ello, por favor… Deseo ser tuya hasta desfallecer…
La pequeña chica no tenía plena idea de lo que decía, pero no podía contenerse, tan sólo sabía que jadeante y desesperada, necesitaba más y más... Más de Inuyasha y de cualquier cosa que su hermano quisiera darle. Su cuerpo ardía deseoso de ser uno con su hermano, y de repente ella quería ser suya con una ferocidad que no había conocido en toda su vida. Quería pertenecerle de la forma más carnal y elemental. Su corazón se rompería si no podía encontrar la manera de ser total y completamente suya. Sabía que era incorrecto, atroz y repugnante desear semejante unión con su propio hermano mayor, pero lo deseaba tanto que se sentía indefensa contra la fuerza de sus propios sentimientos.
Al oír esto el muchacho no pudo el evitar volverse para mirarla. Los ojos de Inuyasha se centraron en ella con tal intensidad que la hicieron estremecerse. La forma en la cuál su hermano la miraba hacía que su cuerpo se calentara. La hacía sentirse sin aliento… El la observaba con tanto amor y ternura, pero al mismo tiempo sus ojos también reflejaban un incontrolable río de pasión y deseo, la mirada del muchacho no podía ser más clara para demostrar eso, él la veía como si tuviera hambre y ella fuera su almuerzo…
Aún sin dejar de mirarla, atrayéndola más hacia su propio cuerpo y sonriendo el muchacho le susurro al oído:
-Eres una pequeña pervertida Kagome...-Esas palabras simplemente la excitaron más. Ya no le importaba nada, estaba borracha de placer, y la verdad, era que a estas alturas ella sentía como toda una completa pervertida, una malvada hija que había perdido la virginidad en brazos de su hermano mayor y ahora permitía que él le hiciera el amor hasta hartarse cada vez que se le antojara-
-Si… -Dijo jadeando-Soy toda una pervertida, una completa pervertida. Así que házmelo ¡Házmelo duro!
Diciendo estas palabras y abrazándolo guiando sus labios a los suyos, lo beso nuevamente, mientras sentía como el duro miembro del que sabia era su hermano se movía dentro de ella, entrando y saliendo, penetrándola hasta el fondo una y otra vez. Haciéndola llorar de placer cada vez más y más. Cada vez que él la golpeaba, sentir la violencia con la que lo hacia la volvía completamente loca.
Y es que teniendo a Inuyasha sumergido en lo más profundo de su cuerpo Kagome ni siquiera podía pensar con claridad, no podía siquiera respirar, estaba mareada de placer, de necesidad...
-¡Aahhhh! ¡Inuyasha! ¡Hermano… ¡Mmmm!... Se siente tan... ¡Ahhh! Bien... Más... ¡Por favor más...!-Gimió ella-
-Kagome…-Suspiro el chico mientras la salvajemente embestía-¡Aahhhh! Hacer esto contigo es tan maravilloso... Te amo... Te amo tanto pequeña… No pienso dejarte ir y mucho menos compartirte con nadie. Eres mía Kagome. Lo sabes ¿Verdad? ¡Ahh!…-Su voz envió escalofríos de cruda necesidad a través de ella-Siempre has sido mía….
-Sí, soy tuya Inuyasha…. ¡Hmmm! Siempre he sido tuya hermano...
Diciendo esto con un pequeño jadeo de placer, la muchachita suspiro. Por más que quisiera no podia negarlo. El poder y el control que su hermano tenía sobre ella era absoluto. Sólo de la noche anterior para hoy su cuerpo había sido tomado incontables veces por él, una y otra vez... Para estos momentos su mente se encontraba completamente a la deriva. Deseaba a su hermano mayor. Siendo conciente de lo que sentia por él, había pensado que podía luchar contra lo que sentia, que podía evitar que sabiendo que eran hermanos algo como esto sucediera, pero ya era demasiado tarde. Siempre había sido demasiado tarde. Tal y como Inuyasha decía, siempre había sido suya...
Escuchando sus palabras y sonriendo, el apuesto muchacho agregó:
-Si eres mía entonces compláceme. Muéstrame lo mucho que amas el tener mi miembro enterrado profundamente dentro de tí mientras te quito el aliento. Quiero sentir cómo te vuelves loca con mi miembro en tu interior Kagome...
El muchacho no necesito decirlo 2 veces. A su voz sin detenerse a pensarlo ni por un sólo momento su hermanita comenzó a deslizar su pequeño y sensible sexo mojado sobre su duro miembro con facilidad mientras que aferrándose a su cuerpo repetía su nombre una y otra vez. A todo esto sin que pudiera evitarlo el apuesto muchacho trago grueso. Tan ansiosa. No podia siquiera creerlo. El que realmente tuviera a Kagome, la real e inocente Kagome cabalgando sobre su cuerpo, introduciéndose y recibiendo una y otra vez su duro falo dentro de su precioso sexo por su propia voluntad, era...
-¡Inuyasha! ¡Ahh! ¡Inuyasha...! Se siente tan rico hermano...
Escuchando a su preciosa hermanita decir estas palabras el muchacho sonrió. Todo lo que había fantaseado hasta ahora ni siquiera se comparaba con todo el placer que estaba sintiendo. El placer lo desbordaba. El observar a Kagome revolverse de placer entre sus brazos mientras lloriqueaba repitiendo incansablemente su nombre lo volvía completamente loco. Su pequeña y preciosa Kagome jadeando y llorando de placer, tan bella, tan femenina. Incapaz de resistirse, abrazándola fuertemente le susurro al oído:
-Eres tan hermosa Kagome... ¡Ahhh! Tan hermosa… Y ahora eres mía... Sólo... ¡Mmmm! Mía… Nunca te olvides de eso…
Tras decir esto el chico volvió a besarla con toda la pasión que había reprimido durante tantos años. Su lengua instigadora se introdujo dentro de la pequeña boca de la muchacha para poder deleitarse con la dulzura de la suya. Un roce que ella también disfrutaba. El chico volvió a embestirla, y sus lenguas enredadas, en un baile de puro erotismo, gimieron en respuesta. Inuyasha siguió golpeando el pequeño sexo de su hermana mientras la besaba sintiendo como el caliente líquido producto de su deseo empapaba sus piernas y es que el sexo de la muchacha literalmente chorreaba, ella estaba verdaderamente muy excitada y el saber que estaba así por su causa lo llenaba de felicidad, mientras la embestía Inuyasha puedo sentir como Kagome se aferraba a él con desesperación para intentar resistir la tormenta de placer que la arrastraba a cada momento.
Deshaciendo entonces el agarre que una de sus manos mantenía sobre sus frágiles muñecas mientras la pegaba más a su cuerpo, la miro. Sus preciosos ojitos brillantes por el placer, sus mejillas completamente sonrojadas al mismo tiempo que su tentadora boquita profería incansablemente sonidos de placer y su sedoso cabello negro estaba agitándose en el aire mientras sus cuerpos se encontraban tan increíble y profundamente fusionados que apenas y podía creerlo, su belleza era tanta que lo desarmaba. Kagome era como un ángel, dulce e inocente y él era el ser miserable y corrompido que tomaba todo de ella. Lo sabía, pero aún así la amaba, había pasado toda una vida sufriendo, enamorado como un completo idiota de ella y anhelado desesperadamente que llegara el día en el que pudiera tenerla como la tenía ahora.
Mirándola fijamente, esa hermosa y aniñada carita con la que había soñado tantas veces, incapaz de contenerse se inclino para robarle un beso. No podía evitarlo, completamente adicto a su sabor, simplemente devoro aquella pequeña boca, tomando más y más. No podía parar. Su mente consumida por la lujuria, tan sólo anhelaba más, más y más de ella. No podía controlarse a si mismo perdido en medio de tanto amor y placer, su pequeña hermana lo volvía completa y absolutamente loco. La sensación de tener su piel desnuda contra la suya lo enardecía. La amaba, la deseaba y no, no iba a renunciar a ella. No podía hacerlo. Después de todos estos años de tortura, finalmente era suya para tomarla, para tenerla y no pensaba dejarla ir, no ahora, no nunca. No importaba lo que tuviera que hacer para tenerla, lo destruiría todo si era necesario. Entonces ella sería suya, toda suya por completo...
-¡Hermano! ¡Ahhh!... ¡Hermano! ¡Más! ¡Inuyasha por favor más...!-Escuchando a su encantadora hermanita decirle esto mientras él taladraba su pequeño sexo sin piedad no pudo evitar sonreír y entonces decirle:
-Eres una chica tan jodidamente mala, Kagome... Sabes que soy tu hermano mayor y aún así...
-Yo no... No puedo evitarlo... Sé que esta mal, hacer el amor con mi hermano esta mal pero... Te necesito... Realmente te necesito Inuyasha...
Diciendo esto la muchachita dejo ir un suave jadeo. Y es que Dios, quizá ella fuera una completa pervertida. Pero es que hacer el amor con su hermano mayor le simplemente encantaba y no podia negarlo... Su hermano mayor la estaba volviendo jodidamente loca de placer. Locamente dichosa. El sentir la forma en la como él reclamaba su cuerpo, una y otra vez, haciéndola suya sin compasión apagaba cada asomo de vergüenza, culpa o remordimiento que pudiera llegar a sentir por el hecho de saber que estaba entregándose nuevamente a su hermano. Su sexo desbordante de humedad se encontraba palpitando alrededor del duro miembro de Inuyasha, ansiando más de sus feroces golpes que la llevaban hasta el borde del éxtasis. No podia negar que sentir su duro miembro dentro de ella la volvia loca de lujuria. Y es que hacer el amor con su hermano mayor quizá estuviese mal, quizá fuese un pecado, pero era tan condenadamente delicioso... ¡Le encantaba! Sentir a su hermano dentro de ella, sentir esa dura cosa golpeándola, la forma en que sus labios íntimos lo acariciaban cada vez que entraba y salía de ella, casi como si reconocieran que le pertenecía, que su pequeño sexo era propiedad del duro miembro de su hermano... Un pequeño gemido se escapo de sus labios al simplemente pensar en esa opción, no cabía la menor duda Inuyasha la estaba transformando en una completa pervertida. Pero no podía evitarlo hacer el amor con él, sentir sus firmes brazos rodeándola, su piel sudorosa contra la suya, su cálida boca devorándola con suma desesperación como si no pudiera tener suficiente de ella. Reclamándola por completo una y otra vez le encantaba...
-¡Inuyasha! ¡Ahh! ¡Inuyasha!-Repitiendo estas palabras sin descanso una y otra vez la respiración le salía por la boca de forma violenta e irregular. No era su culpa el sentir la forma en la como su querido hermano mayor entraba y salia de ella, violentamente y con toda libertad, estaba comenzando a llevarla más lejos que una simplemente desquiciante locura. Era tan rico, todo era tan rico...-
Un gemido se escapo de su boca. Era inevitable cuándo para esos instantes Inuyasha estaba tan adentro de ella que no podía sentir nada más que su palpitante e hinchado miembro mientras éste se abría paso a través de su sensible y excitada carne. Con cada nuevo golpe su pequeño cuerpo se sacudía justo encima del de su hermano debido a la intensidad de sus movimientos. Todo era tan delicioso que Kagome no pudo evitar el arquear la espalda ofreciéndose más libremente al muchacho mientras buscaba más, quería más… ¡Necesitaba más!
Su hermano no tardo mucho en comprenderlo y al tiempo que empezaba a besarla más apasionadamente comenzó a golpearla con más y más fuerza, un par de gemidos escaparon de sus labios mientras lo hacía y es que ¡Maldita sea! Era tan infinitamente delicioso. Jamás, ni en sus más remotos sueños había sentido tanto placer y satisfacción como la que sentía ahora. Hacer el amor con su hermanita era un sueño hecho realidad, sentirse dentro de ella era tocar la gloria y conocer el paraiso ¡Ohh, Kagome...! El ver su hermosa carita llena de placer, escuchando sus pequeños jadeos de satisfacción mientras ella le suplicaba incansablemente por más era definitivamente una escena que quería grabar a fondo dentro de su memoria.
La calidez de su cuerpo, el sabor de sus besos y de su blanca piel. Aquella dulce y cálida humedad en la que no dejaba de sumergirse. Otro gemido se dejo oír de sus labios mientras que afirmando sus caderas se hundía dentro de ella una vez más ¡Era imposible! Húmeda, ella estaba tan indescriptiblemente húmeda y cremosa, definitivamente el paraiso... El sonido tan lascivo que nacía y se dejaba escuchar cada vez que sus 2 sexos chocaban lo volvía completamente loco, porque hacía más real y palpable aquél enorme pecado que estaban cometiendo. Y es que tal vez sonara tonto, pero a estas alturas después de haber hecho el amor con ella tantas y tantas veces, aún no podía terminar de creérselo. Había pasado tantos años soñando, deseando que llegara el día en que realmente pudiera tenerla así. Que ahora que en verdad la tenía la inmensa felicidad que sentía le aterraba. Tener a Kagome, sentirla suya, que ella repitiera su nombre una y otra vez entre espasmos de placer mientras le suplicaba por más era lo que siempre había deseado. Perfecto de los pies a la cabeza, y le aterraba pensar que todo no fuera nada más que un sueño. Un muy dulce y hermoso sueño del que tarde o temprano tuviera que despertarse para descubrir que Kagome sólo lo veía como su hermano y jamás le dejaría ponerle una sola mano encima.
Sintió como una enorme tristeza comenzaba a llenarlo a estos pensamientos, mientras no cesaba de repetirse a si mismo que era real. Tenía que serlo. De lo contrario no podría soportarlo...
De pronto, rompiendo el beso que compartían, atrayendo su rostro al de ella para mirarlo a los ojos y con una pequeña sonrisa de complicidad su hermanita musito:
-Es real Inuyasha. Estoy aquí y soy tuya. Sólo tuya...-Estas palabras lo dejaron estático. A diferencia de Kagome, él nunca había sido una persona muy transparente. Y ahora pensar que había dejado que sus sentimientos se reflejaran tanto al punto de que su hermanita se diera cuenta de ellos era, sencillamente... Algo sin precedentes. O quizá fuera porque en ese momento estaban completa y total, tanto en cuerpo como alma, conectados-Tuya... Y si no me crees puedes hacerme el amor tantas veces como lo desees hermano, hasta que te convenzas de que es real o te hartes de ello, lo que suceda primero o si lo prefieres quizá las 2 cosas: Puedes hacerme el amor hasta convencerte de que es real y luego continuar haciéndomelo hasta hartarte de ello. Todo mi cuerpo es tuyo Inuyasha. Mi sexo es propiedad de tu duro miembro hermano y no puede esperar para que le hagas entender a quién pertenece...
Escuchando estas palabras y sonriendo inevitablemente, un profundo suspiro escapo de los labios del muchacho. Entonces levantando una de sus manos para acariciar la preciosa carita de la que era su hermanita pequeña, susurro:
-Lo dije antes y lo repito: Eres una pequeña pervertida Kagome...
No dijo más y tampoco necesito hacerlo. Atrayéndola hacía si y volviendo a besarla, girando sobre su propio cuerpo y estampando el de la pequeña muchacha contra la cama, separándose un leve momento de aquella adictiva y rosada pequeña boca para mirarla, con una enorme sonrisa surcando sus perfectos labios, sin cesar ni un sólo momento de mirarla suspiro:
-Mi hermosa hermanita pequeña, créeme que realmente lamentarás el haberme hecho una oferta como esa... Pensaba tomarte una vez más y dejarte descansar, pero ahora voy a hacerte el amor hasta verdaderamente hartarme de ello…
-¿Lo que sucederá...?
-Probablemente nunca...-Kagome pudo darse cuenta por el perverso tono en la voz del muchacho al decir esto, que él no estaba bromeando, pero sin saber porque en vez de asustarla sus palabras tan sólo conseguían excitarla más…-
Con estas últimas palabras Inuyasha retomo el movimiento con incluso más fuerza y violencia que nunca antes, introduciéndose una y otra vez dentro de ella mientras que abrazándola fuertemente y guiando sus labios a aquella pequeña cara para volver a besarla, atrapaba su rosada boca en una intima y lasciva caricia tan placentera y pecaminosa como el baile que en esos momentos trazaban sus sexos. Dejando ir pequeños jadeos de placer mientras profundizaban el beso con unas más grandes e intensas ganas que nunca antes de mutuamente devorarse, sus lenguas comenzaron a bailar provocativa y placenteramente al mismo son al que en ese momento lo hacían sus cuerpos. Todo era tan único, tan maravilloso y delicioso.
Enloquecidos de placer y sintiéndose desfallecer en medio de ese estado de creciente suma excitación, en la que ya se encontraban, sus cuerpos unidos a más no poder lo único que ansiaban era nunca llegar a separarse. Y es que el placer que sentían, los llenaba e invadía en ese momento era tan intenso que ambos hermanos sabían que eso no iba a durar mucho más. Era demasiado intenso, demasiado desquiciante y abrumador, demasiado absorbente… Simplemente demasiado todo...
Aferrándose fuertemente al cuerpo de su hermano y llorando de placer, la muchachita sólo atino a recibir sus potentes y certeros golpes. Pérdida en medio de aquél creciente mar de placer no entendía nada y no quería hacerlo, lo único que sabía y que la conectaba con la realidad en esos momentos era el duro miembro de su hermano que enterrado en lo más profundo de su cuerpo, tanto que parecía imposible, no dejaba de recordarle una y otra vez que le pertenecía. Que era suya y sólo suya. Pequeñas lágrimas de placer brotaron de sus ojos mientras que incapaz de contenerse rodeando con sus piernas las caderas del muchacho buscando sentirlo mucho más y más profundo, lo sentía moverse. Le resultaba imposible creer que apenas el día de ayer era una dulce y virginal chica que inocentemente soñaba con poder recuperar a su hermano y a su familia, y ahora, en estos momentos con su propio hermano estaba...
¡Por Dios! ¿Qué clase de hermana era ella? Sabía que Inuyasha era su hermano mayor, su único hermano y aún así no podía dejar de gemir, buscar sus labios, aferrarse a él y suplicarle por más. Hacer el amor con su hermano mayor, entregarse a él tan libremente estaba mal, muy pero muy mal, lo entendía, pero el placer que sentía, la necesidad que él generaba en ella era superior a su voluntad misma. Lo deseaba, realmente lo deseaba. Y entregarse a su hermano, dejar que él hiciera con ella todo cuanto quisiera y más, sentir aquel rígido miembro entrando y saliendo de su pequeña y empapada feminidad era lo único que le importaba en esos momentos.
Cerrando los ojos ante el intenso placer que sentía recorrer todo su cuerpo, Kagome podía sentir como los labios de su sexo se rozaban profundamente con el miembro de su hermano mayor cada vez que él los separaba con una embestida, a estas alturas el movimiento que se producía ante la unión de ambos cuerpos era tan intenso y salvaje que no podía controlarlo, y las embestidas del chico iban aumentado de velocidad y fuerza a cada segundo que pasaba, enterrando la evidente prueba de su excitación entre los temblorosos muslos de la pequeña muchacha. Incluso sin ser conciente de ello Kagome se movió debajo de él, ondulándose de tal manera que abrazó con mayor fuerza la enorme y certera espada que golpeaba con fuerza en su más sensible lugar….
Los ojos de la muchachita se abrieron en el momento en que sintiendo como el apuesto chico bajaba sus labios y capturaba uno de sus pequeños pezones. Su boca se sentía caliente como una llama sobre su sensitiva carne y sintió la textura de rasposa su lengua cuando él lamió la rosada aureola. Su respiración pasaba en pequeños y desesperados jadeos entre sus dientes mientras su lengua seguía trabajando sobre ella y eso sumado a la exquisita sensación de su otra mano sobre su otro pecho y él sin cesar de embestirla, se sentía desfallecer por completo… Él chupó más fuerte su pezón, al sentir su desesperada necesidad y ella gimió otra vez de forma desesperada.
Entonces apretando su pequeño cuerpo aún más contra la cama y haciendo que su erección se frotara aún más profundamente contra su carne mojada. Con una feroz embestida el chico tiró de ella provocando que ambos gimieran. Kagome me sentía tan avergonzada al respecto, ponerse así por causa de su hermano era algo tan vergonzoso. A estas alturas estaba tan húmeda que Inuyasha se movía muy fácilmente en una resbaladiza danza contra su centro. Ella podía sentir el suave rozamiento del miembro del chico meciéndose contra su clítoris con cada una de sus embestida, hasta que no pudiendo resistirlo más quiso gritar por más de ese dulce tormento. Quería más de él, quería que él la llenara, que la hiciera suya sin contemplaciones una y otra vez, ansiaba tanto ser suya, completa y absolutamente suya, deseaba tener una unión más profunda con él. Sin eso no se sentiría totalmente saciada...
Lloriqueando de placer simplemente perdió la cuenta de todas las veces que sintiéndolo entrar en ella se desvaneció del puro placer ¡Inuyasha! ¡Ahhh! ¡Inuyasha!... Era rico, tan rico... El sentir a su hermano mayor, besándola, acariciándola de la forma más descaradamente libidinosa que podía existir, era… Tan indescriptiblemente rico...
-¡Hmmm...! ¡Inuyasha! ¡Ahh!... ¡Hermano!…
Escuchando a su hermanita gemir incansablemente su nombre, una y otra vez, mientras se aferraba a su cuerpo y se retorcia debajo de él, el chico creyó que terminaría volviéndose loco. Y es que el escuchar su nombre en la vocecita llena de placer de que la sabía, bien o mal era su hermanita pequeña lo enardecía. Siempre, siempre había soñado con hacerle el amor, sus más delirantes sueños jamás habían conseguido satisfacerlo y ahora pensar que era real... Que su duro miembro realmente se encontraba dentro del precioso sexo de Kagome martilleándola incansablemente y escuchándola decir su nombre entre incontables jadeos de placer era mejor que todas sus fantasías juntas...
Y es que el placer que le producía su hermanita pequeña era demasiado grande como para soportarlo. No podía hablar ni pensar, no podía recordar ni tan siquiera su nombre. Era tan... ¡Mmmm! ¡Delicioso! Lo único que podía hacer era aferrarse a ella y dejarse arrastrar por el inminente placer que amenazaba con enloquecerlo.
Se sentía tan bien que Inuyasha no pudo evitar el gemir nuevamente, entonces se relamió los labios lenta, sensualmente y al mismo tiempo que le enviaba una caliente mirada a su hermanita pequeña, con sus profundos ojos dorados brillantes y relucientes de deseo, susurro:
-Eres más dulce que la miel, más embriagadora que el vino Kagome. Me has emborrachado… Pero quiero más. Deseo más. Lo quiero todo de ti… Eres mía Kagome…-Juró-Mía y nunca voy a dejarte ir…
Observando la hermosa carita de placer que su hermanita le regalaba, su sudoroso cuerpecito retorciéndose debajo de él por causa de tanto placer, permaneció observándola fijamente y en silencio durante un largo tiempo, sus ojos no eran otra cosa que un inmenso mar de ardiente deseo. La muchachita no pudo evitar sonrojarse a esta mirada, mucho más cuándo acercando su perfecto rostro más al de ella y centrando su mirada en ella, haciendo que sus ojos se encontraran escucho a su hermano decir:
-Mía. Sola y únicamente mía...-Diciendo esto el muchacho sonrió. Una perversa sonrisa tan absoluta e increíblemente sexy que la pequeña chica se estremeció. Su pequeño cuerpo aún no había dejado de temblar cuándo sin pedirle el menor permiso los labios del muchacho volvieron a adueñarse de los suyos-
Su hermano mayor estaba besándola. Kagome no podía siquiera intentar resistirse a un veneno tan potente y erótico como lo era ese, así que cuándo él la besó, abrazando a Inuyasha hizo más profundo el beso y con un suspiro entrecortado, se rindió a él completamente. Sus ojos se cerraron con placer y de sus labios escapo un pequeño gemido mientras besándose enloquecedoramente permitía que el muchacho le hiciera el amor aún más salvajemente. Nunca antes había sentido tal necesidad, tal hambre interminable por otra persona, como lo hacía por él ahora…
-¡Ahhh! ¡Inuyasha!-Gimió mientras levantaba las caderas mucho más a él y sentía como el inmenso miembro del muchacho penetraba los sensibles e hinchados labios íntimos de su sexo con una nueva y poderosa embestida-
-¡Maldita sea! Kagome, se siente tan bien…-Escucho decir al muchacho en un gemido-Te amo tanto… Sería tu esclavo ¡Aaahhh!… No, tu más fiel y devoto perro para el resto de nuestros días, si así lo quisieras, si tan sólo te entregaras a mí libremente…
-Lo hago-Gimió desvergonzadamente la pequeña chica-Soy tuya Inuyasha, sólo tuya. Haz conmigo todo lo que desees hermano…-Al decir esto su cuerpo se movió contra él de tal manera que su caliente centro se apretó intensa, eróticamente, contra el duro miembro del chico, haciendo sonar más reales sus palabras-
Suspirando las manos del chico se apretaron con fuerza en un espasmo contra ella. Él dejó escapar un suave y penetrante gemido y entonces tomó su boca otra vez en la de él. La besó con tal fiereza, tal abandono ardiente e irreflexivo, que Kagome sintió que sus dientes le mordisqueaban tierna y apasionadamente sus labios, haciéndolos sangrar y permitiéndole probar el sabor de su propia sangre.
Mientras tanto manteniendo sus piernas abiertas lo más posible para él, el caliente miembro del muchacho continuaba penetrando una y otra dentro de su pequeño y tembloroso sexo, entonces dejando de besarla el chico se volvió para mirarla fijamente y capturó con sus ojos los de ella.
-Mírame mientras te hago mía, Kagome. Quiero que me veas así tanto como me sientes. Quiero que no haya ninguna duda en tu mente de que soy yo, Inuyasha Taisho, tu hermano mayor, el que esta aquí dándose un banquete con tu precioso cuerpo, el único que puede disfrutar de la pequeña delicia que hay entre tus bellas piernas…
Los ojos de Kagome se abrieron sorprendidos por sus palabras y luego se cerraron mientras él penetraba nuevamente dentro de ella. Su miembro estaba tan caliente como una llama. Y ella lo sintió golpearla una y otra vez, su miembro bañándose con cada uno de los cálidos jugos que iban brotando de ella, bebiéndola, guiando la mirada hacía abajo la pequeña muchacha pudo ver el endurecido miembro de su hermano moviéndose de atrás hacía adelante mientras él se hundía dentro de ella sin que sobrara ni un solo milímetro suyo sin llenar. Sus hermosos ojos dorados cerrados y sus largas pestañas negras hicieron oscuras sombras en sus pómulos mientras el apuesto chico gemía, pero ella no apartó la mirada, él le había ordenado que lo mirara, ella tenía que mirarlo. Lo vio retroceder ligeramente y pudo observar su miembro salir hasta que se vio indecentemente, tan pecaminosamente largo y luego sintió un nuevo golpe sin la menor piedad en su pequeña intimidad. Una y otra vez él la embistió salvajemente, hasta que ella estuvo tan empapada debido a tanta excitación que las piernas le temblaban. Él parecía disfrutar con todo esto, porque su miembro bebía hasta la última gota que su pequeño y adolorido sexo tenía para dar y todavía exigía más.
Dirigiéndose al rostro del muchacho las pequeñas manos de Kagome acariciaron su cara suavemente y luego se pasearon por el oscuro cabello del muchacho, deleitándose con su sedosa textura, y al ser conciente de estas pequeñas caricias los movimientos del chico aumentaron en velocidad y violencia contra de ella. Debido a lo mojada que estaba, los húmedos y absorbentes sonidos que hacía el miembro de su hermano al penetrar en ella con cada nueva embestida, se hicieron mucho más audibles y el escuchar aquellos sonidos tan lascivos la hizo volverse completamente loca de deseo. Revolviéndose entre los brazos del muchacho y apretando su pequeño cuerpo aún más contra el de su hermano. Acercando su sexo más profundamente en su mojado calor, gritó cuando él la empalo de una forma aún más profunda, haciéndola vibrar, incapaz de contenerse se balanceó impotentemente contra él mientras su hermano le hacía el amor con mucho más salvajismo y pasión. Su miembro empujaba dentro y fuera de ella, llenándola completamente, haciéndola anhelar por una penetración más llena, aun más apretada….
-Te amo Kagome…-Añadió el muchacho al tiempo que guiando sus labios a los suyos volvía a besarla, su sabor llenó su boca de nuevo y Kagome temió terminar volviéndose adicta a ese único y masculino sabor….-
Con cada movimiento de su cuerpo, su caliente miembro se presionaba aún más contra su sexo, y eso era algo tan malditamente erótico… Sus testículos botaban gentilmente contra la hinchada y tierna carne entre sus piernas, añadiendo más sensaciones a sus inundados sentidos y volviéndola salvaje. Doblando sus rodillas, usándolas para ensanchar más sus piernas, el chico se reclinó hacia atrás e inspiró profundamente.
-Hueles a mí ahora Kagome…-Su voz al hablarle era sensual, provocativa y sobre todo muy posesiva…-Y yo huelo a ti. Nunca sacaré tu perfume de mi piel, tu sabor de mi boca… Te amo tanto Kagome… Jamás pensé que realmente llegaría el día en que pudiera tenerte, pero ahora te tengo aquí, entre mis brazos y se siente tan hermoso como un maldito sueño. Todavía no puedo terminar de creerlo… Saber que eres mía me enloquece, incluso teniéndote tan sólo deseo más… Así que por favor Kagome, ábrete más para mí. Entrégate más a mi. Déjame reclamarte… Necesito reclamarte. Toda entera…
Haciendo lo que él le pedía la pequeña chica separo aún más las piernas, entonces Kagome sintió como el miembro de su hermano, duro y demandante la embestía profundamente. A esto sintió una placentera sensación de ardor mientras él la embestía, inexorablemente, llenándola de sí mismo…. Gimió ¡Dios! Su erección era tan grande, su pequeño cuerpo no estaba preparado para lo grande que realmente era, pero aún así se sentía delicioso. Él la llenaba… Y la llenaba… Y la llenaba. Su pequeño sexo siendo penetrado una y otra vez…
No pudiendo resistir aquél delicioso placer Kagome gritó, Inuyasha tenía razón, estar haciendo todo esto era como en un sueño… Mientras escuchaba a su hermanita gemir Inuyasha se alzó hacia arriba y expresó su satisfacción con un sensual y placentero gemido.
-Ohh, Kagome, poder hacerte el amor es como un sueño… Pero ahora eres real y verdaderamente mía. Sólo mía, me perteneces y no pienso entregarte a nadie…
-Si, hermano. Soy tuya, únicamente tuya Inuyasha…
La pequeña chica se levanto y entonces le planto un pequeño beso en los labios al muchacho, el chico sonrió y correspondió al acto con total entrega. Mientras se besaban Kagome podía sentir como aquél enorme y duro pedazo de carne que poseía su hermano se deslizaba sobre sus más profundos e íntimos tejidos hasta que estuvieron temblorosos y vivos por la exquisita sensación, haciéndola sentir aún más mojada, aún más caliente. Debido a la intensidad con la cuál ambos chicos hacían el amor. La cama comenzó a gemir y temblar bajo ellos en protesta mientras sus movimientos iban aumentando en fuerza y ritmo.
-¡Ahhh! Hermano… Se siente tan bien… Por favor, Inuyasha, por favor más…-Rogó ella, contoneándose contra su potente miembro. Sus palabras se convirtieron en agudos, desesperados gritos cuando él la acercó bruscamente hacia él. Sus movimientos se hicieron más feroces mientras empujaba más profundamente, más duro, y más rápido en el interior de su ansioso cuerpo-
-¡Ahh! ¡Sí!… ¡Si! ¡Inuyasha! ¡Inuyasha! Sigue así Inuyasha…-Los ojos del muchacho se abrieron de la impresión, esas palabras… Sólo las había escuchado que Kagome las dijera en sus sueños, pero ahora… Sonrió, no era un sueño y era mucho más placentero que cualquiera de ellos…-¡Inuyasha! Te necesito tanto hermano…-Gimió ella-
El chico se volvió para mirarla, su pequeño e inocente rostro lleno de placer se le antojaba tan tierno… Y el escucharla diciendo eso era… Fue entonces cuándo un pequeño recuerdo referente a hace unos pocos días atrás le vino a la mente. A esto el chico comenzó a reírse. Oyendo esto, Kagome no pudo evitar sentir cierta curiosidad.
-¿De qué te ríes Inuyasha?-Le cuestiono-
El muchacho la miro con dulzura y entonces musito:
-¿Recuerdas aquella película porno que viéramos un día antes de que cumpliera 18?
-Si la recuerdo, ver todo eso contigo en aquél momento fue tan vergonzoso…-Añadió ella con las mejillas rojas, aunque a decir verdad lo mejor era callarse, porque lo que estaba haciendo con su hermano en estos momentos dejaba corta a aquella película-¿Pero por qué preguntas?
-Bueno en cierto momento de la trama, la tipa esa mientras lo hacía con su jefe comenzó a gritar "¡Si! ¡Si!" y tú dijiste que eso era algo falso y tan vergonzoso que jamás dirías algo como eso… Así que dime ¿Quién es la personita que hasta hace poco estaba gritando "¡Sí!… ¡Si! ¡Inuyasha!"?-Las mejillas de la chica se pusieron más rojas de lo que ya lo estaban, a lo que el chico se rió suavemente mientras la miraba con dulzura-¿Lo ves? No era tan falso…
Tras decir esto el chico le dio una profunda embestida que la hizo gemir nuevamente… Entonces bajando sus labios a su boca el muchacho comenzó a besarla con dulzura y pasión y Kagome abrazándolo con fuerza le correspondió con la misma devoción con la cuál él la besaba, así abrazados permanecieron besándose intensa y largamente…
Finalmente abandonando aquellos pequeños y rosados labios el chico comenzó a descender por sobre el cuello de la chica el cuál lamió con su sensual, húmeda y rasposa lengua…
La pequeña muchacha se aferró a él con mucho más fuerza mientras sentía como su lengua se deslizaba por su sensible piel y su enorme y endurecido miembro seguía arponeando sin descanso una y otra vez su pequeña intimidad… Gimió suavemente mientras levantaba las caderas tratando de sentirlo más profundo, lo necesitaba tanto…
-¡Ahh! Hermano… Más… ¡Golpea más fuerte mi sexo!-Jadeo ella de repente-
El muchacho sonrío y entonces Kagome volvió a gritar cuando Inuyasha comenzó a girar sus caderas contra las de ella, ondulando su falo dentro de ella en una deliciosa danza de salvaje erotismo. Bajando más de su cuello él chico se acerco a uno de sus pequeños pechos y haciéndolo su lengua torturo majestuosamente el pequeño botón rosado que lo coronaba, haciéndola gemir más fuerte, entonces comenzó a chuparlo y ligeramente mordisquearlo. La pequeña muchacha cerró los ojos sus pezones se sentían tan sensibles que tan sólo un pequeño toque con la experta boca de su hermano bastaba para excitarla más, estaba tan excitada…
-¡Mmmm! Kagome… ¡Aahhh! Te amo tanto Kagome…-El gemido gutural y satisfecho de Inuyasha vibró por todo su cuerpo-
-Hermano… Mmmm… ¡Ahh!… Inuyasha…-Musito la pequeña chica mientras sentía como el enorme miembro del muchacho machacaba su indefenso sexo sin piedad, cosa que la tenía sencillamente encantada…-
El chico la abrazo fuertemente y entonces volvió a besarla, por la forma en la cuál las pequeñas paredes del interior del pequeño cuerpo de su hermana se contraían en torno a él, podía deducir que el final no estaba demasiado lejos, pensando en esto comenzó a embestirla cada vez con más fuerza. Ambos chicos permanecieron gimiendo, acariciándose y besándose como locos durante el poco tiempo que les quedaba. Mientras escuchaba su hermano gemir Kagome jadeó. Su cuerpo se sentían cansado y adolorido, pero poder sentir el perfecto y musculoso cuerpo de su hermano encima de ella, sus manos acariciando su cuerpo, sus labios brindándole increíbles y placenteras atenciones, todo eso unido al placer de tenerle llenándola tan dulcemente, estaban haciéndola llegar lentamente a la liberación, a la más plena gloría…
Abrió los labios dejando oír un gemido mientras sentía como su hermano la embestía, esto no duraría mucho y ambos lo sabían… Envolvió sus piernas alrededor de las caderas del muchacho tratando de disfrutar hasta el último momento de aquella pecadora penitencia, aquél delicioso castigo que su hermano le proporcionaba a su adolorido cuerpo.
-Mía-Escucho jadear al muchacho repentinamente-Eres mía Kagome... ¡Ahhh!... Te amo tanto... Mmmm... Quiero tenerte sólo para mí hermanita... Quiero acabar dentro de ti y llenarte con mi semilla... Cubrirte, marcarte completamente con mi esencia para que nunca más puedas volver a mirar a otros hombres sin recordar que eres mía. Sola y únicamente mía...
Escuchando estas palabras, mientras se aferraba fuertemente a él y lo miraba con sus achocolatados ojos llorosos la muchachita musito:
-Soy tuya... ¡Ahhh! Sólo tuya Inuyasha... Córrete dentro de mi hermano, lléname toda, lléname con toda tu leche...
La pequeña chica no necesito decirlo 2 veces, abrazándola fuertemente mientras que la embestía con fuerza un par de veces más, las manos de Inuyasha se cerraron alrededor de sus caderas y la sujetaron más fuertemente contra él. Fue entonces cuándo exhalando un gemido de satisfacción el chico se derramo de nuevo todo dentro de ella. En ese momento abriendo los ojos enormemente mientras sentía como nuevas y cristalinas lágrimas nacían de ellos, a causa de un enorme y tan intenso placer que superaba por mucho a cualquiera que hubiera sentido antes. Aferrándose tanto como sus manos y sus piernas se lo permitían al cuerpo del muchacho Kagome gimió con más fuerza, sentía como su sexo tembloroso y adolorido se aferraba fuertemente al miembro de su hermano, mientras lo escuchaba gritando en toda la pasión de su salvaje éxtasis, viajando juntos hacia las estrellas mientras él la llenaba con su crema. El cuerpo de Kagome aceptó cada una de las fogosas ráfagas, y aún apretó fuertemente el miembro del muchacho para conseguir más, hambrienta de todo lo que él pudiera darle, mientras que llorando de placer incapaz de decir nada más tan sólo atinaba a musitar el nombre de su hermano. Y escuchándola decir esto con sus dorados ojos brillando en son de triunfo mientras sentía como el pequeño y sudoroso cuerpecito de la que sabía su hermana menor se retorcía debajo de él, el apuesto chico no pudo contenerse a si mismo de decir:
-Mía... Eres toda mía Kagome...-Diciendo estas palabras con una perversa sonrisa de satisfacción, conciente de la verdad de sus palabras sus ojos adoptaron un nuevo e inocultable brillo de posesividad. Suya, Kagome era sola y únicamente suya. No estaba dispuesto a compartirla con ningún otro. Ni ahora, ni nunca...-
Cansada, exhausta y sin la suficiente fuerza para intentar siquiera moverse debido al desbordante placer que el orgasmo había traído consigo y del que no conseguía todavía recuperarse, la muchachita dejo ir un largo suspiro. Eso había sido tan indefinidamente delicioso. Inuyasha tenía razón se sentía mejor con cada vez que lo hacían. Podía sentir con toda claridad el cuerpo de su hermano recostado encima del suyo, que igual de exhausto que ella tan sólo intentaba recuperar la respiración. Un pequeño jadeo escapo de sus labios al sentir el cálido aliento de su hermano que rozando su piel con cada estremecida respiración que sostenía el muchacho tan solo conseguía poner mucho más a flor de piel todos sus sentidos. Y si esto no fuera suficiente para impacientarla, el miembro de su hermano hirviente e hinchado y mucho más duro que una roca incluso después de haberse corrido durante 2 veces seguidas y con tanta fuerza, aún parecía no tener suficiente de ella.
Una pequeña sonrisa se hizo presente en sus labios al darse cuenta de que al parecer Inuyasha no era el único. Su cuerpo estaba exhausto y cansado después de la intensa liberación sexual de la que había sido presa momentos antes, pero aún así ilogicamente no parecía ser suficiente. Su sexo aún adolorido por la anterior brutalidad de su hermano al poseerla, le palpitaba intensa y dolorosamente. Como si no tuviera suficiente con el hecho de tenerlo enterrado a más no poder dentro de ella. Goteando a causa de la necesidad, y dándole una muy clara idea de que era lo que quería, su excitada intimidad suplicaba por recibir un poco más de las constantes atenciones que muy gentilmente le brindaba el endurecido miembro de su hermano. Le resultaba imposible de creer que luego de haber hecho el amor durante 2 veces seguidas con él aún continuara necesitándolo tanto. Dios, en verdad, tan sólo de la noche de ayer para hoy había llegado a convertirse en una verdadera pervertida...
-La palabra correcta es ninfómana Kagome...-Escuchando a su hermano decir esto, se volvió para mirarlo. Iba a preguntarle como sabía que era lo que estaba pensando, pero antes mientras hacían el amor, sin comprender exactamente como ella misma había tenido una total seguridad de que era lo que pensaba su hermano en esos momentos, así que no le sorprendía tanto. Al parecer mientras se encontraban así la unión entre ellos era total y absoluta-
Sintiendo sus mejillas enrojecer a este pensamiento, recordo que era lo que el muchacho acababa de decirle hace tan solo unos momentos. Y sin que pudiera evitarlo una total expresión de confusión inundo su rostro. Riendo suavemente a esto, el muchacho añadió:
-Si, tratándose de ti, lo más natural hubiera sido pensar que no tienes ni la menor idea de lo que eso significa...-Diciendo esto el muchacho suspiro, y entonces acercando sus labios a uno de los oídos de la muchacha muy suavemente susurro:
-Ninfómana, es una palabra que se usa para referirse a una mujer que es una completa adicta al sexo Kagome...
Escuchando estas palabras y sintiendo sus mejillas enrojecer aún más la muchachita alego:
-Yo no...
-Lo sé...-Interrumpió el muchacho-Sólo trataba de bromear. Además de que en cierta manera el término es incorrecto. Una ninfómana es el tipo de mujer que con tal de satisfacer su necesidad sería capaz de acostarse con cualquiera. Y eso es algo que nunca, definitivamente nunca permitiré tratándose de tí. No podría vivir sabiendo que lo has hecho con otro después de haberte acostado conmigo...-Diciendo esto el muchacho suspiro y entonces mientras comenzaba a mordisquear muy suavemente una de las sensibles orejas de su hermanita añadió-Eres mía Kagome. Sólo mía, preferiría mil veces la muerte antes que verte en los brazos de otro hombre ¡No quiero y no pienso compartirte con otro!
Su mirada al decir esto era tal que la pequeña muchacha se estremeció. El amor, el deseo que su hermano mayor sentía por ella era claramente perceptible en cada centímetro de su firme, tenso y perfecto cuerpo. Inuyasha la amaba, su deseo por poseerla era total y absoluto. No sabía si ella podía vivir con esa presión, no sabía si lo amaba o no, pero lo necesitaba, más que a nada lo necesitaba y ahora, después de todo esto lo que menos deseaba era separarse de él, no podía ni quería renunciar a él...
-Jamás seré de otro Inuyasha...-Sujetando con ambas manos el rostro de su hermano y diciendo estas palabras la pequeña muchacha sonrió levemente-
No sabía porque había dicho eso, pero sabía que era verdad. No podría dejarse tocar ni mucho menos hacer ese tipo de cosas con alguien más que no fuera Inuyasha, él y sólo él...
A estas palabras una repentina sonrisa se plasmo en los labios del muchacho, y entonces volviéndose para mirar fijamente a la pequeña mujercita suspirando se acerco a ella para oler su suave y sedoso cabello, mientras pensaba en que ella tenía razón, Kagome era suya y él no iba a dejarla ir, no ahora y no nunca. Bajando sus labios a ella para continuar besando sus rosadas mejillas, no pudo dejar de notar que la cara y el cuerpo de su preciosa Kagome estaba todo bañado en sudor, justo de igual manera que el suyo, un recordatorio más de la realidad de lo que habían hecho… Sonriendo inevitablemente y siendo incapaz de contenerse sus labios capturaron nuevamente los de su pequeña hermana con ternura, ante esto pudo notar como Kagome abría su pequeña boca lentamente lo que le permitió meter su lengua dentro de su cálida y deliciosa boca comenzando a jugar con su lengüita que ansiosa recibía todas sus caricias, internándose al juego y permitiéndole disfrutar de esa manera mucho más de ella ¡Maldición! Ella sabía tan bien…
Kagome lo abrazo pegando su cuerpo más al suyo, al tiempo que el beso que compartían se volvía mucho más apasionado y él apretaba su pequeña boca pidiéndole más, exigiéndole más, queriendo más, mucho más de ella…
-Te amo... Te amo Kagome... Te amo tanto, sé que me deseas, pero eso ya no es suficiente... Quiero escuchar de tus labios el decir que también me amas. Lo deseo tanto que ya no puedo soportarlo, por favor apresúrate a amarme pequeña...
Diciendo esto separando sus labios de los de ella un par de milímetros para mirarla el muchacho suspiro, y notando la cálida mirada, aquella dulce expresión que su hermano le regalaba la pequeña muchacha no pudo evitar jadear. Los ojos de Inuyasha estaban tan... Tan infinitamente hermosos, aquél precioso oro dentro de su mirada parecía estar fundiéndose, derritiéndose, y era por ella, sólo por ella...
-Inuyasha...-Diciendo estas palabras con un leve jadeo, la muchachita no dijo más-
Daría lo que fuera por hacerlo feliz, besarlo y decirle que ella también lo amaba. Pero la verdad era que no lo sabía. Quería a su hermano y la necesidad que sentía por él era mayor y más fuerte que ella misma, pero no estaba segura de si lo amaba ¿Era así como se suponía que debería sentirse el amor? Nunca había estado enamorada de nadie, quizá era por eso que no sabía. A lo largo de toda su vida había querido, apreciado, admirado, e incluso se había sentido atraída por muchos chicos a los que pensaba lindos, en su momento había creído que eso era lo que significaba amar a alguien, pero en estos momentos se daba cuenta de que lo que había sentido por ellos no era ni una vaga sombra de lo que sentía ahora por Inuyasha. Quería decirle a su hermano que lo amaba, sabía que nada haría más feliz a Inuyasha que eso, pero no quería engañar a Inuyasha y decirle algo de lo que ni siquiera tenía plena seguridad y que podría hacerlo sufrir después, por causa de haber confundido lo que verdaderamente sentía por él. Sus sentimientos eran un completo caos en este momento, era inevitable...-
Suspirando profundamente al escuchar la vocecita de su hermana el muchacho dejo ir un pequeño jadeo. Lo sabía, lo había sabido siempre, pero ¡Maldición, él...! Era un completo avaricioso ¿No es cierto? Acaba de hacer el amor con Kagome. Ella era suya. Mucho más suya de lo que alguna vez hubiera imaginado poder verdaderamente tenerla, pero aún así ¡No era suficiente! El tener su cuerpo sin duda lo hacía feliz, pero no lo satisfacía. Necesitaba tanto su cuerpo como su corazón para poder estarlo, y el tener solamente uno de los 2 jamás sería suficiente...
La amaba, y deseaba que ella fuera completa y absolutamente suya sin ninguna duda. Suya, sólo y únicamente suya. Tanto en cuerpo como en alma, lo quería completa y absolutamente todo de ella, jamás estaría satisfecho con nada menos que eso ¿Es qué acaso era mucho pedir?
Observando la clara expresión de tristeza que inundaba el inocente semblante de su hermana, tras sus anteriores palabras acariciando una de sus rosadas mejillas con ternura, el chico añadió:
-No lo malinterpretes Kagome. No tienes porque sentirte triste, no por mí. A decir verdad yo... Soy feliz. El saber, el sentir que puedo tenerte después de tantos años y años deseándolo, me hace algo más que infinitamente feliz… Te amo Kagome y me encanta hacerte el amor. La razón es simple, te amo e incluso sabiendo que esta mal yo soy un completo adicto a mi hermana pequeña, no hay nada que desee más que besarte, acariciarte y poder hacerte mía una y otra vez hasta enloquecer. Por querer y desear todo eso de mi pequeña hermana, yo soy un completo y absoluto miserable, retorcido bastardo degenerado. Un total pervertido. Pero te amo. Y por no me avergüenzo de nada. Te amo y al permitirme hacerte el amor me has hecho más feliz de lo que nunca pensé que sería, es sólo que...
-No te amo-Estas palabras dichas por la inocente vocecita de Kagome fueron más que suficiente para destrozarlo en menos de un segundo, lo sabía, estaba conciente de eso, pero el escucharlo de su boca ahora era...-
-Si, exactamente eso, tú no me amas-Suspirando estas palabras con una inmensa tristeza, sin dejar de mirarla el chico simplemente le dedico una pequeña sonrisa mientras que acariciando suavemente el negro cabello de la chica, la observaba en silencio -
No dijo nada más aparte de esto, y ella tampoco agrego nada. No sabía, ni quería decir nada, no cuándo él la miraba de esa forma… Tan tierna, dulce, profunda y pasional que sencillamente podía dejarla sin habla. Casi como si con sólo una palabra pudiera perdonarle todo.
Inuyasha lucía tan triste, no le gustaba mirarlo así, quería decirle algo, algo que hiciera que esa expresión de infinita tristeza desapareciera de su perfecto rostro, pero no tenía ni la menor de que decirle.
-¿Sabes...?-Añadió después de un largo rato de silencio-A mi también me gusta hacerlo contigo...-Bien, de acuerdo, eso no era lo mejor para decir en un momento así, pero era lo único que se le había ocurrido-
Sonriendo levemente a estas palabras, y con una voz llena de ternura el muchacho simplemente agrego:
-Eres una completa idiota Kagome...
La pequeña muchacha contuvo las ganas de replicar a eso, sabía que no era el momento más adecuado para ello. Pensaba en esto cuándo escucho a su querido hermano mayor añadir:
-Si lo que dices es cierto y realmente te gusta hacer el amor conmigo cuándo no me amas, entonces no eres otra cosa más que una pequeña pervertida y muy posiblemente un buen prospecto para ninfómana...-Al decir esto la voz de su hermano claramente sonaba a burla, así que sabía que no iba en serio pero no por eso era menos irritante-
Suspirando profundamente luego de decir estas palabras el muchacho añadió:
-Te amo Kagome. Realmente te amo, y juro que tarde o temprano, así sea lo último que haga voy a hacer que sientas lo mismo por mí. Así que escucha atentamente Kagome Taisho, porque no quiero que olvides jamás estas palabras. Hice que me desearas, conseguí que accedieras a hacer el amor conmigo y ahora te digo que incluso si tengo que dedicar el resto de mi vida a ello voy a hacer que te enamores de mí.
-Inuyasha...
-Aunque por el momento si lo único que deseas de mí es mi cuerpo no pienso negártelo-Diciendo esto con una perversa sonrisita que la hizo estremecer, el muchacho continuó-ante todo no puedo negar que junto al hecho de lograr que me ames el hacerte una completa adicta a mí, conseguir que sólo puedas desearme a mí y únicamente a mí y que por lo tanto sólo puedas hacer el amor conmigo es algo que siempre he querido. Te amo Kagome. Así que si has de convertirte en una adicta a esto, entonces hagámoslo los 2. Convirtámonos en un par de hermanos idiotas, pervertidos y degenerados que no piensan en otra cosa más que besarse y acariciarse hasta el cansancio, hacer el amor hasta el enloquecer, probar nuevas y diversas posiciones que poder usar cuándo lo hagan, los juguetes sexuales que usarán y las miles de formas en que podrían disfrutar y divertirse juntos…
Mientras él hablaba la pequeña chica lo miro en silencio incapaz de creer todo lo que él acaba de decirle, hasta el momento creía que ella era una pervertida, pero al parecer su hermano mayor lo era aún más…
Al notar evidente expresión de incredulidad y sorpresa que reinaba en el pequeño rostro de su hermanita el muchacho no pudo evitar el romper a reír.
-Lo siento Kagome. En verdad lo siento. No quería asustarte… Tan sólo estaba jugando, sabes perfectamente que jamás sería capaz de hacerte nada que tú en verdad no desearas. Te amo y es por eso que todo será de la manera en la cuál tú lo desees y a tu propio ritmo. Eres aún muy inocente y algo torpe al tratarse de hacer el amor, pero eso es natural, yo he sido el primer hombre en tu vida. Sin embargo incluso si tienes mucho que aprender sé que irás mejorando con cada ocasión en que lo hagamos, haré todo lo posible por enseñarte más y más cada vez que lo así sea. Pero jamás haré algo que pueda lastimarte, algo que este más haya de tu alcance o que no puedas soportar. Nuestra relación será simplemente todo lo intensa y pervertida que tú lo desees…
Al escuchar todo esto inevitablemente la muchachita bajo la mirada con gesto avergonzado sin saber que decir, sin embargo al mismo tiempo que la abrazaba aún más fuerte, escucho a su hermano mayor decirle:
-Te amo Kagome. Incluso si es un pecado y por hacerte todo esto, por atreverme a siquiera ponerte una mano encima merezco podrirme en lo más profundo del infierno. Te amo tanto Kagome. Tanto...
-Hermano…
-Te amo tanto, mi pequeña ninfómana-Diciendo esto y tras mirarla con dulzura planto un beso en una de sus mejillas-Eres tan dulce, tan pequeña e inocente… ¿Cómo sería posible no amarte? Te amo, te deseo Kagome, así que incluso si no esta bien, incluso si soy tu hermano mayor y el simple acto de tocarte es considerado un pecado, por favor déjame hacerte el amor…
Al escuchar estas palabras la pequeña chica trago grueso. Podía contemplar con toda claridad los profundos e irresistibles ojos dorados del muchacho ardiendo, fundiéndose en los de ella, deseándola a ella y solamente a ella. Y eso era... Mirándolo, sintiéndolo tan peligrosamente cerca, sintiendo la forma tan atronadoramente dolorosa en la cuál latía su corazón, sus mejillas ardiendo de tan rojas que estaban, lo mucho que le costaba en esos momentos el acto de respirar y la poca claridad mental que los intensos ojos de su hermano habían provocado en ella, intentado escapar de su penetrante mirada trato de bajar la cara, pero antes de que consiguiera hacerlo sin que pudiera hacer nada para evitarlo los labios de su hermano mayor capturaron los suyos.
Fue solo un pequeño roce, pero eso fue más que suficiente, sin poder resistirse sus brazos se aferraron al cuello del muchacho, invitándolo a profundizar más el beso, a esto el chico apretando suavemente el cuerpo de la muchachita sobre la cama, sin dejar de acariciar sensual y profundamente los rosados labios de su hermanita, llevando una de sus manos hasta los senos de la muchacha apretó uno de sus pequeños y desnudos pechos, para seguidamente comenzar a acariciarlo.
-Inuyasha… Mmmm… Esper…-Intento resistirse la muchacha, deseaba hacerlo, realmente quería, pero pensar que estaba a punto de entregarse nuevamente a él, a su hermano mayor no podía evitar causarle ciertos sentimientos de culpa, sentimientos que rápidamente desaparecieron al sentir la forma en la cuál, aprovechando que sus pequeños labios estaban separados la húmeda y experimentada lengua de su hermano se introdujo inclementemente toda por entre sus labios, invadiendo su pequeña boca-Hmm… Hermano… No… Detente no quiero que hagas esto…
Dejando de besarla por un pequeño momento y volviéndose para mirarla, con una enorme sonrisa plasmada en la cara el muchacho pregunto:
-¿Qué es lo que no quieres que haga Kagome?
-Yo… Yo no…
Sin poder evitarlo su cara se puso completamente roja al darse cuenta de que él tan sólo estaba jugando con ella. Eso era más que evidente al mirar la perversamente divertida mirada que le dedicaba el muchacho y mucho más contando el hecho de que le hubiera preguntado algo como aquello, y es que más haya de avergonzarla realmente no le veía el punto a preguntarle algo como eso, sobre todo cuándo el muy malvado sabía perfectamente a lo que se refería…
Llevando una de sus manos a su cabello y acariciándolo suavemente mientras la miraba con ternura, al mismo tiempo que se inclinaba sobre ella sin preocuparse en quitar la enorme sonrisa que adornaba su rostro el muchacho susurro:
-Volvamos a hacer el amor Kagome…
Su hermano mayor no necesito repetirlo 2 veces, ya que sin darle tiempo para reaccionar besándola más profundamente, aquella dura cosa que tanto le encantaba sentir comenzó nuevamente a entrar y salir de su intimidad, por lo cual gimiendo inevitablemente y aferrándose a él simplemente le dejo hacer. No podía evitarlo, quizá estuviera mal, quizá fuera un infame e imperdonable pecado, pero hacer el amor con él, con su hermano mayor le gustaba, realmente le gustaba...
Sintiendo la forma en la como Kagome respondía a todas sus caricias una inocultable sonrisa se hizo presente en los labios del apuesto muchacho, quizá en estos momentos ella no lo amara, pero muy pronto eso cambiaría, porque bien o mal Kagome sería suya, y de nadie más que suya y así sería por siempre, jamás permitiría que otro se la quitará… Permaneció besándola y haciendo el amor con ella durante un largo rato más, tras el cuál aprovechando que todavía faltaba algo de tiempo para que vinieran a buscarlos volvieron a hacerlo un par de veces más, nunca antes se había sentido tan feliz, tan completo como en esos momentos, podía hacer suya a Kagome, después de tantos años deseándolo finalmente podía disfrutar de lo maravilloso que se sentía hacerle el amor…
Cuándo finalmente terminaron, notando que faltaba relativamente muy poco para que dieran las 9, y con ello el que alguien llamará a su puerta y los encontrará en una situación no muy fraternal que digamos, aún contra su voluntad el apuesto chico no tuvo más opción que separarse de ella, levantándose de la cama luego de haberle hecho el amor tan duro y tan fuerte que la pequeña chica había acabado desmayándose, decidió que iba a dejarla descansar un poco mientras que él se nuevamente bañaba, la idea no le apetecía en lo más mínimo, ya que a esas alturas todo su cuerpo olía deliciosamente a Kagome, sin embargo por mucho que quisiera no podía presentarse como lo estaba ahora frente a los demás campistas y la directora del campamento. El claro aroma de Kagome mezclado con el de sudor, piel y sexo que se desprendía en esos momentos de su cuerpo sería demasiado sospechoso. Resoplo en silencio y entonces volviendo la mirada hacía donde ahora dormía la inocente chica a la cual su conciencia no dejaba de gritarle que era su hermanita menor, acercándose a ella y acariciando su suave y pequeño rostro no pudo evitar decir:
-Lo siento, dejándote así…-Dijo esto refiriéndose al claro gesto de cansancio que reflejaba la pequeña chica-Perdóname Kagome. Sé que el hacer esto no es correcto, no sólo porque seas mi hermanita, sino porque eres aún una pequeña niña, lo sabía y aún así yo… Lo siento. Pero ya no podía seguir conteniéndome, te amo tanto…
Luego de decirle esto, sonriendo con ternura y tras depositar un beso sobre su pequeña frente decidió meterse a bañar. Bien o mal, este Campamento para Hermanos aún no acababa y no sabía porque pero tenía un extraño presentimiento respecto a aquello que aún les esperaba antes de poder dar por terminado este Campamento...
