¡Hola a todas!
Aquí estamos con OTRO capítulo. (Es mi regalo por mi PRIMER ANIVERSARIO en el mundo de fanfiction. El pasado 6 de junio cumplí un año publicando esta historia. Muchas gracias a TODAS por su apoyo y sus comentarios durante este tiempo. Es por ustedes que sigo aquí y su entusiasmo me permite seguir imaginando escenas para nuestros queridos personajes. Reciban un caluroso abrazo de mi parte, espero que disfruten leyendo y seguiremos en contacto.)
Quiero mencionar en principio que la historia original de Candy Candy y sus personajes le pertenecen a sus creadoras Kyoko Mizuki y Yumiko Igarashi. El anime le pertenece Toei Animation.
Esta historia ha sido creada únicamente con el fin de entretener y agradar a quienes la leen. Espero que la disfruten tanto como yo he disfrutado al escribirla, plasmando en ella mi amor por el Candy mundo.
Valor, Honor y Lealtad es una historia de Universo Alterno. Además, descubrimos un personaje femenino adicional que le ha dado un giro a la historia. Los nuevos personajes nos han brindado una perspectiva diferente. La historia se ha unido ya a la línea de tiempo del anime y manga. La intención no es relatar las vivencias de Candy fielmente, sino descubrir lo que acontece en las vidas de los otros personajes. En este capítulo algunas escenas modifican la versión original, llenando los huecos que hay en la historia. Algunos de los hechos relatados pueden tener relación con nuestra realidad, con la finalidad de darle a la historia un aire verídico.
La temida y al mismo tiempo esperada escena para ver a Eliza disculparse llegó. Esta ocasión no parecía haber escapatoria. Sin embargo, la intención de esta joven orgullosa nunca fue sincera y por fin Madame Andley la pudo ver en realidad. Su actitud la ofendió en sobremanera, pues a pesar de haber dado instrucciones explícitas, estas no se acataron.
Fue la intervención de Candy, la que finalmente pudo darle un poco de luz a la situación y liberar la tensión generada en ese momento. El perdón se otorga de corazón y el ejemplo dado por Candy y Lainie dejó más que satisfecha a la Matriarca.
El encuentro de Candy y Annie fue agradable, ya que después de muchos años pudieron verse en igualdad de condiciones. Descubrimos el sufrimiento de Annie y la impotencia y frustración que vivió al verse imposibilitada de contradecir las órdenes de su madre.
Las percepciones que tuvieron ambas familias, los Brighter y los Leagan fueron totalmente opuestas. Como era de esperar, Meribeth Brighter ya no tiene motivos para evitar la amistad entre Annie y Candy. Por su parte Sarah Leagan continúa rehusándose a aceptar que su hija ha actuado inadecuadamente y piensa que todo está en orden.
¿Qué represalias tomará la Matriarca ahora que ve las cosas con más claridad?
SweetCandyAndley
Valor, Honor y Lealtad.
CAPITULO 25
LA INAUGURACION DE WORTHINGTON'S 1ª PARTE
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Londres 1911
Era un viernes por la tarde y la lluvia caía suavemente. Las gotas golpeaban a ritmo constante los cristales de la ventana que permitían la entrada de luz en la sala de la habitación que ocupaba en el Colegio. Se encontraba a solas sirviéndose una taza de té.
Se había vuelto ya una de sus costumbres favoritas, leer un poco para relajarse y esa tarde necesitaba una distracción que no lo llevara fuera del confinamiento de su habitación.
Las últimas salidas que había llevado a cabo, terminaron en inevitables peleas que desafiaban sus habilidades de pugilismo. Si bien se consideraba a sí mismo hábil con los puños, se había sentido desafiado unas cuantas noches atrás. La mayoría de las peleas en las que se había visto involucrado, se trataron de enfrentamientos uno a uno, pero la última fue peor de lo que esperaba.
De improvisto se vio sobrepasado por el número de contrincantes, aunque gracias a los trucos que había aprendido a lo largo de sus años, pudo salir con algo de ventaja. Sin embargo, no pudo evitar recibir algunos golpes directos al cuerpo y otros al rostro, por el momento sus heridas ya se estaban sanando. Quizás le quedaría una pequeña cicatriz por aquí y otra por allá, pero eso lo tenía sin cuidado.
Estaba muy concentrado en su lectura cuando escuchó que alguien tocaba a su puerta.
- Adelante. - Dijo con aburrimiento.
- Joven Grandchester, disculpe la interrupción. - Dijo Jeremy Sanders, un estudiante tímido que tenía una de las habitaciones del mismo corredor. - La Hermana Grey solicita su presencia. -
- Ahora ¿qué querrá esa vieja cara de pingüino? - Dijo más para sí mismo. - Ahora voy. ¿Es todo Jeremy? -
- Sí, joven Grandchester. - Contestó Jeremy antes de salir de la habitación.
Dejó el libro sobre el escritorio y salió en dirección de la oficina de la Madre Superiora. Caminó apesadumbrado y sin ganas. Era la tercera ocasión en el mes, que era llamado a la oficina de la Rectora. Casi podía escucharla sermoneándolo acerca de sus inasistencias y sus ocasionales salidas sigilosas.
Mientras tanto en la rectoría, la Hermana Grey meditaba acerca del comportamiento rebelde del joven Grandchester. Le preocupaba el curso que estaban tomando sus acciones. Si continuaba así, ella tendría que volver a notificar al Duque. Le mortificaba molestarlo haciéndolo venir al Colegio para hablar con su hijo. Se había percatado de que en lugar de mejorar su conducta, el temperamento del joven empeoraba después de cada visita.
Por el momento, lo que más la consternaba, eran las salidas nocturnas. Había sido notificada de las ausencias prolongadas a las clases y que presentaba algunas heridas en el rostro. En contadas ocasiones, se le había percibido aliento alcohólico y el característico aroma del tabaco.
De continuar así, se haría muy notorio y el honor del Real Colegio San Pablo se vería mancillado. Tenía que ponerle un límite, aunque bien sabía que esa era una tarea por demás imposible de llevar a cabo.
En ese momento, tocaron a la puerta y después de conceder el acceso tuvo frente a ella al joven que había mandado a llamar.
- Hermana Grey. - Dijo a modo de saludo.
- Joven Grandchester, tome asiento. - Le indicó la Hermana. Una vez que él se sentó en el sillón que tenía frente a su escritorio ella continuó. - Le mandé a llamar porque a pesar de las diversas conversaciones que ya hemos tenido con anterioridad, continúa faltando a clases. Además ha incursionado en otras actividades poco honorables para un joven de su posición. - Le dijo la religiosa con un tono recriminatorio.
Graham observaba atentamente a la Hermana Grey. Le divertía un poco lo incómoda que se veía al llamarle la atención.
- Hermana Grey. - Le dijo. - No tengo intención de asistir a clases tan aburridas. Prefiero dedicarle ese tiempo a otras actividades más atractivas. Sin embargo, en el momento en que mis notas disminuyan o deje de cumplir con los requerimientos académicos, yo mismo asistiré a clases. - La indiferencia de su voz, parecía contradecir el semblante de su rostro.
- Esa no es la única cuestión, joven Grandchester. Está dándole un mal ejemplo a sus compañeros. Además de desafiar la disciplina y quebrantar el reglamento. - Su temperamento se encendía cada vez más con la actitud poco receptiva del joven alumno.
- Hermana Grey. - Dijo en un tono condescendiente. - Nunca he sido aficionado a seguir las reglas, ni las imposiciones elitistas. La verdad es que no pienso empezar ahora. Usted está en su derecho de aceptar mi estancia en este prestigioso Colegio. En realidad, a mí me da igual. - Hizo una pausa para ver la reacción de la religiosa ante sus palabras. - Usted y yo sabemos que mientras permanezca en el Colegio, las aportaciones de mi padre seguirán mes con mes. Creo que eso me brinda ciertos privilegios a los que no pretendo renunciar. -
- La situación es más complicada de lo que piensa, joven Grandchester. Además de proporcionarles a nuestros alumnos los conocimientos que les servirán a la hora de estudiar una profesión adecuada, también es parte de nuestra misión ayudarles a formar su carácter y hacer de ustedes los caballeros que la sociedad necesita. -
- Por favor, Hermana Grey. No me parece que ninguna de esas áreas pueda cambiar en algo mi futuro, o el lugar que me corresponderá como hijo del Duque de Grandchester. Por lo que no veo motivo alguno para hacer las cosas de manera diferente. - Le dijo Graham.
- Joven Grandchester, me veré en la penosa necesidad de notificar a su padre. - Le dijo la Hermana Grey con la esperanza de que recapacitara.
- Haga lo que considere adecuado, Hermana Grey. ¿Hay algo más de lo que desee hablar conmigo? - Preguntó Graham visiblemente aburrido.
- No. Eso es todo por el momento. - Dijo la hermana con un deje de frustración. - Puede retirarse. -
En el momento en que Graham se levantó y se dio la media vuelta para dirigirse a la puerta, la hermana notó una pequeña pila de correspondencia sobre su escritorio.
- Joven Grandchester. - Lo llamó. - Esto le pertenece. - Le dijo al tiempo en que extendía los sobres en su dirección.
Graham los tomó sin mucha emoción. Y después salió de la oficina en dirección a su habitación.
Una vez a solas, la Hermana suspiró con cansancio. Pensaba en la carta que tendría que dirigirle al Duque de Grandchester. Debía enviarla a la brevedad.
Por otra parte, cuando Graham llegó a su habitación, dejó las cartas sobre su escritorio y fue a cambiarse de ropa. Repentinamente tenía deseos de salir a cabalgar y liberarse de la carga que significaba tener que confrontar a su padre.
Definitivamente, las últimas dos visitas que le había hecho no habían salido bien.
Ambos tenían el mismo carácter y desafortunadamente, el Duque nunca había tenido la intención de conocer y acercarse a su hijo. Había preferido delegar sus responsabilidades en las manos de su actual esposa, lo que se había convertido en una guerra sin cuartel entre ella y Graham.
La actual duquesa no quería renunciar a los privilegios que el ducado le proporcionaba. Y deseaba que su hijo fuera el heredero del título. Siempre renegó de la presencia de Graham y había hecho todo lo posible para distanciar al padre del hijo.
Cuando Graham iba a recoger la fusta que había dejado en el escritorio, notó que una de las cartas tenía una caligrafía diferente. La tomó entre las manos y reconoció inmediatamente el remitente.
Una enorme sonrisa se dibujó en su rostro. Si alguien lo hubiera visto, no lo habría reconocido. En los últimos meses, rara vez se le veía con un semblante tan alegre.
Abrió el sobre con impaciencia y procedió a leer su contenido.
Querido Graham,
Discúlpame por haberte abandonado durante tanto tiempo. Me han ocurrido tantas cosas, que mi mente ha estado demasiado ocupada y mis actividades me han absorbido por completo.
- ¡Mmh! -
Podría entender si estás molesto conmigo y te daría la razón.
- ¡Ja! ¡Vaya que si lo estoy! -
Me siento avergonzada por mi falta de atención hacia tu persona, pero créeme que en ningún momento ha sido mi intención dejarte en el olvido.
- ¡Más te vale Elaine! -
Para empezar, estuve castigada un tiempo, ¡no te rías, pero es verdad!
- ¿Qué? ¡Ja, ja, ja! ¿Qué habrás hecho pequeña traviesa? -
Podrías creer que soy una consentida, pero no es así. Mi querida Tía Abuela es demasiado estricta y exigente con nosotros con respecto a las reglas y normas que debemos cumplir.
Aunque también entiendo que es parte de la formación que ella nos imparte.
- No creo que sea más estricta de lo que son aquí en el Colegio. Veo que los dos enfrentamos las mismas circunstancias. -
Además, en este tiempo he podido encontrar a una gran amiga y ahora debo decir que cuento con una hermana. Es un regalo que la vida me ha dado a través de mi querido Tío Abuelo. Mi hermano, mis primos y yo estamos muy felices por ello.
Pronto iremos a Nueva York, pues los padres de unos amigos nos han invitado a la inauguración de su nuevo Almacén. Será uno de los eventos más importantes del año. Y según una de mis amigas, muchas personalidades importantes del mundo financiero y artístico acudirán.
- Me pregunto qué personalidades del mundo artístico asistirán. ¿Acaso mi madre sea una de las invitadas? ¿Será posible que lleguen a conocerse? -
No me emociona demasiado el hecho de convivir con tanta gente. Lo que sí me emociona es volver a ver a mis amigos.
- ¿Te emocionarías de la misma forma si se tratara de mí? -
Siguiendo con nuestro juego de las adivinanzas, debo decir que el tenis no es el deporte que practico. Para ello, necesito de un equipo especial. También debo aprender algunas estrategias y movimientos. Debo tener la mente abierta, pues cada estrategia puede resultar en múltiples movimientos. La concentración es un requisito esencial. ¡Ja! ¿Lo adivinas?
- Sigue intrigándome. Aunque estoy algo confundido, porque podría tratarse del ajedrez, es un juego que requiere de todas las características que menciona, aunque no es un juego que se asocie únicamente a los caballeros ni es un deporte físico. ¿Qué otra cosa podrá ser? -
Ahora cuéntame de ti, tampoco tú me has escrito. Sí, ya sé que tu vida es muy aburrida en el colegio, pero dime, debe haber algo más que te apasione. O alguien que te importe. ¿Acaso alguien ya ha robado tu corazón y por eso me has olvidado? ¿O se debe a que ya te aburrió nuestra amistad? Te has tomado muy en serio el hecho de no escribir a menudo.
- Tienes razón, pequeña revoltosa. No he sido del todo el Caballero que esperas de mí. Me había prometido a mí mismo convertirme en un caballero por ti. La verdad es que nada de lo que he hecho desde mi llegada al colegio es digno de ser contado y no creo que debas enterarte de mis aventuras extra curriculares. No estarías orgullosa de mí. La verdad es que hasta ahora la única persona que me importa eres tú, pero eso no lo sabrás nunca. Si supieras que nuestra amistad es la única razón que le da alegría a mis negros días. Difícilmente me olvidaría de ti, Elaine. -
Te escribiré como me fue en Nueva York en la próxima carta.
Con cariño,
Elaine.
Después de terminar de leer la carta, su humor había cambiado completamente. Guardó la misiva junto a las anteriores y salió de su habitación en dirección del establo. Cabalgó por una hora, disfrutando junto a su querida Teodora del resto de la tarde.
Al terminar su rutina, cepilló a Teodora y la secó con una toalla. La dejó lista en las caballerizas. Esa noche descansó como no lo había hecho en varios días. Le escribió a Elaine y le contó un poco de su vida. Consideró que ya era tiempo de que se abriera con ella, después de todo, Elaine siempre le había abierto su corazón y se había mostrado tal cual era. Su frescura lo había cautivado y su sinceridad le había mostrado que aún había esperanza.
La alegría no le duró mucho tiempo. El domingo por la mañana, recibió la visita de su padre. Como había esperado, no fue muy agradable.
- ¡Buenos días, Terrence! - Le saludó el Duque al entrar en la habitación.
- Buenos días padre. - Graham se sorprendió de verlo en su suite. Se preguntaba si la Hermana Grey ya le habría notificado acerca de sus excursiones. La verdad es que no esperaba que fuera tan pronto. - ¿A qué debo el honor de su visita? - Le preguntó con cautela.
- ¿Acaso no puedo venir a visitarte sin tener que recibir una invitación por parte de la Hermana Grey? - Lo cuestionó el duque con curiosidad.
- ¿Entonces no la recibiste? - El joven se sorprendió.
- ¿Eso quiere decir que pronto recibiré una? ¿Qué es lo que has hecho ahora? - Sonó algo cansado, pues la falta de disciplina de su hijo se estaba convirtiendo en una rutina.
- Eso no tiene importancia. En fin, ¿en qué puedo serle útil? - Quiso cambiar el tema sutilmente.
- Es probable que no tenga importancia para ti. Pero si es que voy a recibir otra nota de la Hermana Grey preferiría estar al tanto del asunto que desea conversar conmigo. Además el único tema de conversación entre ella y yo, eres tú. - El Duque comenzaba a exasperarse.
- Nada nuevo en realidad. - Confesó. - Simplemente está preocupada por el honor de este distinguido Colegio. No está de acuerdo con mis paseos ni con mis actividades. Al igual que a usted, le preocupa demasiado lo que la sociedad londinense pueda opinar de mi persona. Lo que a mí me tiene sin cuidado. - Explicó llanamente.
- No te entiendo, Terrence. ¿Por qué te empeñas en llevar siempre la contraria? Nada parece satisfacerte. No estabas a gusto viviendo en Grandchester Hall y ahora tampoco pareces disfrutar de tu estadía en el Colegio. Después de todo fuiste tú quién aceptó venir a estudiar aquí. - El tono de su voz era imponente. Se estaba cansando de la situación.
- No creo que se pueda decir que tenía muchas opciones. - Le respondió Graham con el ceño fruncido. - La verdad era que usted ya no me quería cerca, para evitar tener más conflictos con su esposa, o ¿acaso ya lo ha olvidado? - Le preguntó irónicamente.
- Las cosas no eran así de simples. - El duque suspiró profundamente. - Por supuesto que no deseo tener más conflictos con Gisselle, pero tú eres mi hijo. Ella siempre lo supo y aunque no fuera de su agrado, así lo aceptó. - Le explicó.
- Pero no por eso dejó de hacerme la vida imposible. - Graham se expresó con disgusto. - Lo que yo no entiendo es por qué se casó con una mujer a la que no ama y que evidentemente no tiene nada en común con usted. -
- Eso es algo de lo que no voy a discutir contigo. - Le dijo su padre contundentemente. - Solo te diré que existen compromisos que van ligados con el apellido. Esos compromisos deben cumplirse, nos guste o no. Y tú no estás en condiciones diferentes. También hay compromisos que deberás asumir cuando llegue el momento. - Lo sentenció.
- No se equivoque padre. - Le dijo Graham negando con la cabeza. - Tampoco espere que siga sus pasos, sin que al menos intente defender mis propias elecciones. No pretendo cumplir ningún compromiso que ponga en riesgo mi propia felicidad. - Lo desafió abiertamente.
- ¿Felicidad? - Preguntó el Duque con sarcasmo. - Hay asuntos más importantes que se anteponen a la gloriosa idea de la felicidad. ¡Terrence Graham Grandchester, asumirás los compromisos que tengas que cumplir llegado el momento! - Declaró el Duque de Grandchester con firmeza.
- ¿Eso fue lo que pasó entre usted y mi madre? - Graham había llegado a esa conclusión. No pudo evitar albergar un gran resentimiento en contra de su padre y su odiosa madrastra. - ¿Tuvo usted que asumir sus compromisos cuando le llegó su tiempo? Si decidió anteponer su supuesto deber a su amor y a su felicidad, entonces ¿por qué me alejó de ella?- Le cuestionó con fiereza. Aún percibía la amargura en las palabras de su padre. - Si iba a terminar entregándome en las manos de una mujer que me despreciaba, ¿cuál era el propósito de arrebatarme del lado de la única persona que realmente me ha amado, mi propia madre? - Siempre se lo había preguntado a sí mismo. En su infancia no había podido comprender el abandono de su padre y el desprecio de su madrastra. Ahora simplemente lo aceptaba aunque no podía evitar el vacío que eso ocasionaba en su interior.
- Eres mi hijo. Esa es razón suficiente para tenerte a mi lado. Tu vida es mucho mejor conmigo de lo que pudo haber sido con ella. - El duque trataba de mantener la compostura frente a su hijo. No quería reconocer que había fallado en su principal tarea. Siempre creyó que Terrence estaría bien bajo el amparo de su esposa. Demasiado tarde se había dado cuenta de que no había sido así.
- Eso no puede saberlo. Ella al menos me habría tratado con amor y gentileza, muy diferente a como me ha tratado su mujer. Pero ahora no hay manera de saberlo, ¿verdad? - En ese momento sintió un gran nudo en la garganta. Se dio la media vuelta y se dirigió a la ventana del balcón. Esperó un momento antes de continuar. - Usted se ha encargado de impedir que haya contacto entre nosotros. Quiero verla, quiero hablar con ella, quiero saber si ella ha pensado en mí o si alberga la esperanza de… -
- ¡Eso no sucederá nunca! - Lo interrumpió con furia. - ¡Te prohíbo que intentes localizarla! Y te aconsejo que en esta ocasión no tientes tu suerte al ir en contra de mis órdenes. ¡No te van a gustar las consecuencias si lo haces! - Todavía sentía como le temblaba el labio inferior. Respiró profundamente para recuperar el control de sí mismo. Algo en su corazón le decía que si Terrence se reunía con su madre, lo perdería para siempre.
- Preferiría cambiar de tema si es que en realidad quiere conversar conmigo, padre. Aún no ha respondido mi pregunta, ¿cuál es el motivo de su visita? - Le dijo Graham con total indiferencia.
- He venido a dejarte tu mesada y a recordarte que celebraremos el cumpleaños de Timothy y quiero que asistas. - Dejó el sobre encima del escritorio.
- Me parece que esa no es una muy buena idea. Estoy seguro que su esposa no estará muy complacida con mi presencia y no estoy de humor para soportar sus desplantes. Preferiría abstenerme y mantener la distancia. -
- Es una reunión familiar y es mi deseo que mi hijo mayor esté presente. Te espero el miércoles a las 6. La Hermana Grey ya ha sido notificada y se te ha otorgado un permiso especial para salir del Colegio. No me dejes esperando, Terrence. - Le exigió su padre.
- … -
- Bien, tengo que irme. Seguiremos hablando en otra ocasión. - Le dijo al tiempo en que se dirigía a la puerta.
Al quedarse solo, la idea de rencontrarse con su madre comenzó a instalarse en su mente y en su corazón. Tenía la esperanza de que al menos ella lo pudiera comprender. Si acaso pudieran hablar, tal vez podrían tener la oportunidad de acercarse y recuperar el tiempo perdido. Tal vez ella sí lo amara después de todo.
El Duque de Grandchester, salió profundamente consternado del Colegio. Pudo percibir en la mirada de Terrence, que ya había tomado una decisión. Si quería mantener a su hijo bajo su tutela, debía actuar de inmediato.
Durante años había logrado interceptar la correspondencia que Eleonor había enviado. Había leído las numerosas cartas que ella había mandado. En todas ellas expresaba el profundo amor que tenía hacia Terry y el enorme anhelo de volver a tenerlo en sus brazos. Le había hecho saber que siempre lo esperaría.
Si Terrence la encontraba, no regresaría y lo perdería definitivamente. Los planes que ya se habían hecho para el futuro de su hijo, se verían afectados. No podía darse el lujo de permitir que eso sucediera.
Aunque tuviera que ceder una gran parte de su fortuna, haría todo lo posible por mantener a Eleonor alejada de su hijo. Se pondría en contacto con ella inmediatamente. No se iba a arriesgar.
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Lakewood Verano 1911
Los días habían pasado demasiado rápido. Finalmente el curso escolar había terminado. Los resultados de las evaluaciones que habían presentado los jóvenes Andley fueron más que destacadas.
Incluso el avance que había logrado Candy durante el tiempo extraordinario que se le había asignado con los tutores, había sorprendido a la Matriarca.
Madame Elroy estaba complacida con sus sobrinos. Decidió viajar a Nueva York sólo con ellos y con Candice. Por segunda ocasión, se llevaría a los jóvenes de viaje sin la compañía de los hermanos Leagan.
Había dado instrucciones para que se enganchara el vagón especial para su traslado a Nueva York.
Debido a que los Andley eran inversionistas en la línea ferrocarrilera, se había construido un vagón con especificaciones especiales para la familia Andley. Se usaba en contadas ocasiones y la línea ferroviaria solicitaba ser informada con tiempo suficiente para hacer los preparativos adecuados.
El vagón contaba con cuatro camarotes y una sala. El primer camarote lo ocuparía Madame Elroy, quien requería de cierta privacidad. El segundo lo ocuparían Elaine y Candice. El tercero sería para Stear, Anthony y Archie. El cuarto por ser el más pequeño lo ocuparían las damas de compañía. Y la sala sería para que pudieran tener un espacio privado durante el día, y compartir los alimentos sin necesidad de mezclarse con los demás pasajeros. Madame Elroy era algo quisquillosa con la seguridad de sus sobrinos.
Así también, mandó un telegrama notificando su llegada a la Mansión que tenían en Nueva York, solicitando que se prepararan las habitaciones necesarias. Además de informar el día y la hora aproximada de su llegada, para que tres vehículos los esperaran y los trasladaran a la Mansión.
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El lunes 27 de junio de 1911 en la Mansión Leagan, Eliza y Neil se encontraban listos para salir a cabalgar. Habían pasado ya dos semanas desde la reunión en la Mansión de las Rosas. Les intrigaba el silencio de la Tía Abuela.
Esa mañana, habían pedido permiso a su madre para ir a visitar a la Tía Abuela.
Desde la distancia, lograron observar que había mucho movimiento en la entrada de la casa. También había tres carruajes que estaban siendo cargados con equipaje.
Se detuvieron antes de que pudieran ser vistos y contemplaron como la Tía Abuela abordaba el primer carruaje ayudada por Stear y Anthony. Enseguida, Archie ayudó a subir a Elaine y a Candice.
En el segundo carruaje, abordaron Anthony, Stear y Archie. Mientras que en el tercero iba la dama de compañía de la Tía Abuela, la Sra. Marie, seguida de Nina y Dorothy.
Desde su escondite, los vieron partir con rumbo desconocido. Regresaron a su casa para informar a su madre de lo que habían visto.
- ¡Mamita, mamita! - La llamó primero Eliza.
- ¿Qué sucede? ¿Por qué estás gritando Eliza? - La cuestionó Sarah.
- ¿Sabías que la Tía Abuela tenía programado un viaje? - Continuó Eliza.
- ¿De qué estás hablando? No sabía nada al respecto. - Sarah estaba intrigada.
- Cuando íbamos llegando, los vimos que estaban abordando diferentes carruajes. Llevaban suficiente equipaje como para ausentarse en un viaje largo. - Le explicó a su madre.
- No tengo idea de dónde pudieron haberse ido. Tal vez tu padre sepa algo al respecto. Sé que ha estado esperando que la Tía Abuela le conceda una audiencia. -
- Tenemos que averiguar a dónde han ido. ¿Por qué no nos han invitado? - Continuó Eliza.
- Tal vez sea por tu metida de pata, hermanita. - Intervino Neil.
- ¿De qué estás hablando, Neil? - Le dijo a su hermano mientras lo miraba furiosa.
- Pues a que creo que esto se debe al fracaso total de tu disculpa. - Explicó indiferente.
- ¡Hice lo que me pidieron que hiciera! ¡Fue el día más humillante de mi vida! - Gritó exasperada.
- ¡Basta ya! - Les dijo Sarah. - No es momento para discutir. Tengo que pensar en algo. Vayan a sus habitaciones. Necesito estar a solas. - Les indicó con severidad.
Cuando Sarah se quedó sola en el Salón de Té, recapacitó las palabras de su marido.
¿Cuándo abrirás los ojos, mujer? ¿Acaso no te diste cuenta de la molestia y el disgusto que causó la falsa disculpa de Eliza en la Tía Abuela? Eliza no estaba realmente arrepentida. Esperaba que al menos pudiera congraciarse con la Tía Abuela. El rostro de Madame Elroy reflejó su incomodidad y estoy seguro de que la ofensa la tomó como algo personal. Define de una vez por todas cuál es el bando que vas a elegir.
Pensaba en todo lo sucedido. ¿Sería esta la forma en que la Tía Abuela los estaba castigando? ¿En verdad había perdido el apoyo de la Matriarca? ¿Podría volver a congraciarse con ella? ¿Sería esta la única reprimenda? ¿Habría más privilegios perdidos a causa de este incidente? ¿Qué dirá Robert cuando se entere? ¿Y si mejor no le digo nada?
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Las cuatro horas de viaje se pasaron volando. La emoción que embargaba a todos los jóvenes era palpable. El cuarteto, deseaba mostrarle a Candy los lugares en los que habían crecido. Y compartir con ella un poco de su pasado.
Candy por su parte, estaba emocionada pues era la primera ocasión en que hacía un viaje largo. Durante el trayecto había estado observando por la ventana del carruaje, el paisaje y a los pocos carruajes que habían cruzado por el mismo camino.
La Tía Abuela, observaba en silencio, las expresiones de ambas jovencitas. Pudo percibir la manera sencilla en que Elaine compartía sus experiencias y conocimientos con Candice. Las escuchó hablar y reír durante todo el trayecto, causándole un dolor de cabeza, pues no la dejaron dormitar. Por un momento, hubiera querido enviarlas al carruaje de los jóvenes, pero prefirió que viajaran con ella.
En el carruaje de los jóvenes, ellos iban hablando acerca del próximo cumpleaños de la Tía Abuela. Lainie ya les había dado algunas ideas y les había pedido que avanzaran en la estructuración de la sorpresa.
Era necesario hacer una lista de lo que necesitaban, de las personas a las que invitarían y del arreglo del salón. Debían diseñar el menú de acuerdo a las preferencias de la Tía e inventar algunas excusas para ir al pueblo y conseguirlo todo. Tenían el tiempo exacto. Además de la oportunidad de entregar las invitaciones durante su estancia en Nueva York.
También estaban emocionados por regresar a Chicago y visitar su antiguo refugio.
En el carruaje de las damas de compañía, la Sra. Marie iba dormitando. Aunque de vez en cuando uno que otro ronquido rompía la armonía del entorno. Mientras tanto, Nina con gran paciencia, le daba indicaciones a Dorothy. Dorothy se encontraba entusiasmada con el viaje, pues al igual que Candy, era la primera vez que hacía un viaje como ese.
Nina, por su parte, estaba más que emocionada, pues podría ver a Jack, después de tanto tiempo. Al estar ambos en Nueva York, podrían reunirse sin esperar hasta navidad.
Cuando llegaron a Chicago, los empleados ya los estaban esperando en la entrada de la Mansión, cumpliendo con los protocolos establecidos.
Después de mostrarle a Candy su habitación, que se encontraba junto a la de Lainie, todos se retiraron para refrescarse y bajar a comer en compañía de la Tía Abuela.
Tuvieron el resto de la tarde para descansar, la Tía Abuela se había retirado con esa intención. El médico le había indicado que debía descansar entre los trayectos, pues debido a su salud, debía evitar esforzarse o efectuar viajes muy largos.
Aprovechando que la Tía Abuela estaría en su habitación en el ala izquierda de la Mansión, se vieron con libertad para organizar su fiesta sorpresa. Aun tenían el siguiente día, para realizar alguna actividad en Chicago y llevar a Candy con ellos.
La lista de los invitados finalmente quedó. En primer lugar, le enviarían la invitación al Tío Abuelo William, a través de George. Después, al Sr. Vincent Brown, el padre de Anthony, a quien él no había visto en casi dos años. Los Brighter, los Worthington, y después de un gran debate, accedieron invitar también a los Leagan.
Aunque no estaban muy seguros, aceptaron por el bien de la Tía, después de todo era su cumpleaños.
La lista del menú también quedó terminada. El primer plato sería una ensalada de lechugas con verduras a la mantequilla y pimienta. Le seguiría una crema de champiñones con trocitos de tocino. Después vendrían dos platos de carnes y aves. Le pedirían a la Sra. Melville que preparara las recetas favoritas de la Tía Abuela.
Tendrían que contratar también un cuarteto de cuerdas o una pequeña orquesta para que amenizara la tarde. Tal vez, si no lograban encontrar a los músicos que requerían, ellos mismos podrían amenizar la velada. Tendrían que practicar muy discretamente para no arruinar la sorpresa.
Esa noche, todos durmieron profundamente pues el cansancio los venció después de la cena.
Al otro día, aprovecharon para visitar su antiguo refugio. Afortunadamente, los empleados de la mansión se encargaron de mantener el lugar en buenas condiciones. Solicitaron algunos alimentos en la cocina, prepararon un picnic y decidieron pasar el resto del día fuera.
El asombro en el rostro de Candy fue palpable. La pequeña casa del árbol era muy hermosa. Desde abajo podían verse las ventanas y la puerta. Pero aparentemente, no había manera de subir.
Fue cuando Candy escuchó, que Lainie treparía por el árbol para dejar caer una escalera de soga y que activaría el elevador.
- Lainie, ¿acaso sabes trepar árboles? - Le preguntó Candy un poco sorprendida.
- Por supuesto, desde pequeña ha sido una inquieta traviesa. - Intervino Archie.
- ¿En serio? - Candy sonrió abiertamente y con total alegría comentó - Yo también sé trepar árboles, la Hermana María y la Srita. Pony siempre me retaban cuando era pequeña. En el Hogar de Pony, hay un gran árbol al que siempre trepaba.
- ¡Ja, ja, ja! ¿Quién iba a decir que nuestra pequeña revoltosa iba a encontrar una compañera de travesuras igual de intrépida? - Expresó Stear.
- Entonces, ¡hagamos una carrera! - sugirió Candy, preparándose para empezar.
- Seguro. - Aceptó Lainie.
Una vez que estuvieron preparadas, iniciaron el ascenso. Los chicos observaban con asombro como ambas subían sin dificultad. Sin embargo, les sorprendió que Lainie fuera vencida en una de las actividades en las que se consideraba una experta.
- ¡Eres muy buena, Candy! Me ganaste por muy poco. Creo que he perdido la práctica. - Reconoció Lainie una vez que ambas estaban en la terraza de la casa. Ambas rieron de buena gana. - Ahora, desamarra esa soga y yo activaré el elevador. - Lainie le indicó a Candy dónde se encontraba enrollada la escalera.
- ¡Está bien! ¿Qué es eso de un elevador? - Preguntó Candy.
- Oh, dejaré que eso te lo explique Stear. - Le sonrió Lainie.
Una vez que los jóvenes subieron a la casa del árbol, colocaron la cesta en una de las mesas y se dispusieron a mostrarle todos los rincones a Candy. Stear le explicó el funcionamiento del elevador. Después le contaron algunas de las vivencias que habían tenido en esa casa antes de mudarse a Lakewood.
La tarde fue muy amena, estaban muy contentos y satisfechos cuando decidieron regresar a la mansión. Después de todo debían descansar bien esa noche pues al día siguiente partirían a Nueva York.
El tren partía a las 10 de la mañana. Lainie y Anthony se habían levantado antes de lo que estaba programado y en secreto se pusieron de acuerdo con Samuel, la Sra. Melville y Peter, para que ellos fueran adelantando algunos preparativos. Como habían participado en la organización y en las compras para celebraciones anteriores, ellos tenían la suficiente experiencia y los contactos necesarios para conseguir todo lo que necesitaban y enviarlo a Lakewood durante su ausencia, evitando así que la Tía Abuela los descubriera.
El único pendiente que les quedaría a ellos sería la elaboración de las invitaciones y entregarlas personalmente. Para eso aprovecharían los días que tenían libres en Nueva York.
Después del desayuno, todos estaban listos para salir rumbo a la estación de trenes. Abordaron los vehículos y partieron alegremente.
El viaje fue muy placentero, Madame Elroy aprovechando la privacidad de su camarote estuvo descansando gran parte del trayecto.
Por su parte, los chicos Andley se entretuvieron contando anécdotas de su viaje anterior a Nueva York y de la obra de teatro a la que asistieron. También escucharon algunas vivencias de la infancia de Candy y de cómo era la vida en el Hogar de Pony.
Lainie estuvo muy interesada en la vida sencilla del Hogar y le platicó a Candy que ella ayudaba a dos orfanatos en Nueva York. También le conto que con la ayuda de los hermanos Worthington habían logrado mejorar la calidad de vida de muchos pequeños desafortunados.
Candy los invitó a todos a pasar unos días en el Hogar y experimentar de primera mano lo que era vivir en un lugar así. Les dijo que a pesar de no contar con una madre y un padre, las dos mujeres que dirigían el orfanato habían suplido esa ausencia con todo su amor y afecto, enseñándoles a amar la vida y a su prójimo.
Candy las consideraba sus madres y a los chicos del orfanato los consideraba sus hermanos. En su corta vida había tenido que despedirse de algunos de ellos, pues fueron adoptados en diferentes momentos por distintas familias.
Desafortunadamente, no tenía contacto con ellos, pero esperaba que fueran felices. Tanto o más de lo que ella era en ese momento. Su anhelo era ayudar a ambas damas cuando fuera mayor.
Lainie por su parte, se ofreció a ayudar también y le intrigaba mucho la personalidad de las madres de Candy. Anthony, Stear y Archie también se comprometieron a ayudar a los chicos del Hogar.
Finalmente, llegaron a la terminal de Nueva York. Como lo había solicitado Madame Elroy, ya los estaban esperando.
El traslado fue relativamente corto y tranquilo. Una vez que llegaron a la Mansión, Lainie solicitó que se enviara un mensaje a casa de los Worthington, notificando su llegada. Esperaba que al día siguiente, al menos Alexandra pudiera visitarlos.
Mientras tanto se dedicaron a mostrarle a Candy la casa y los alrededores.
Al día siguiente, Alexandra se presentó después de la comida, con la intensión de darles la bienvenida y de cumplir con la promesa que les había hecho cuando estuvo en Lakewood. Platicaron muy a gusto y entre todos intentaron convencer a la Matriarca de salir con ellos e ir a degustar los éclairs de los que Alexandra tanto disfrutaba. Después de tanta insistencia y persuasión, la Tía Abuela accedió a convivir con sus sobrinos.
Cuando llegaron al restaurante llamado "Un Petit Plaisir", ya tenían una mesa reservada y dispuesta para ellos. Alexandra se había tomado la libertad de prever esa situación desde la tarde anterior cuando recibió el mensaje de Lainie.
La hora habitual en que la Dama disfrutaba del té, fue degustada en el famoso restaurante. Ninguno quedó decepcionado. Los diferentes tipos de pastelillos complacieron sus paladares, especialmente el de Archie.
- Estos bocadillos están deliciosos. Aunque quisiera poder comer uno más, me temo que debo medirme por salud. - Expresó la Tía Abuela con un poco de remordimiento.
- Podemos llevar algunos y compartirlos después, Tía Abuela. - Sugirió Archie inmediatamente. Ya se había comido tres pastelillos y todavía pensaba que podía comer unos cuantos más si llevaban a casa.
- Creo que ya has comido suficiente, Archie. Debes cuidar tu hermosa dentadura. - Le reprendió la Dama.
- Es verdad, Archie. Si quieres que tus dientes se mantengan en buen estado debes reducir tu consumo de azúcar. De tanto verte, creo que yo ya me empalagué. - Le dijo Stear.
- Vamos, no seas así con él. Tampoco es que coma dulce todos los días. - Lo defendió Anthony.
- Lo que pasa es que tú no lo has visto comer después de que todos nos hemos retirado del comedor. Siempre se las ingenia para convencer a alguien en la cocina. - Le susurró Lainie a Anthony para que sólo él la escuchara.
- Me alegro de que les hayan gustado. Este es mi lugar favorito por diversas razones. Además de que los éclairs de aquí son exquisitos, también ofrecen una gran variedad de pastelillos y bebidas. He podido probar una, aunque es muy fuerte, es bastante agradable cuando le tomas gusto. El café, puede tomarse solo y algo cargado o agregarle un poco de leche. Yo en lo personal lo prefiero sólo y no muy cargado. Ojalá en otra ocasión podamos degustarlo juntos. - Comentó Alexandra. - Además el tradicional chocolate francés y los croissants son muy populares. Otra de las razones por las que me agrada el lugar, es que la tarde de los jueves algunos jóvenes se reúnen para leer y compartir la poesía. Al terminar la sesión literaria, las marquesinas de los teatros de la avenida Broadway despliegan diferentes anuncios de las obras que presentan. ¿Sabían que la Avenida Broadway también es conocida como "El Gran Camino Blanco"? Ya he tenido la oportunidad de encontrar algunas de las celebridades del momento al recorrer esa avenida. Uno nunca sabe a quién podría ver. - Alexandra estaba emocionada.
Después de escuchar con mucha atención todo lo que Alexandra les contaba, la tarde fue muy amena y el tiempo se esfumó. Tuvieron que regresar a sus respectivos hogares.
Alexandra les visitó nuevamente la siguiente tarde y después de obtener la anuencia de la Tía Abuela, salieron dispuestos a cumplir con su misión. Esa tarde visitaron varias imprentas para conseguir el material que iban a usar para hacer las invitaciones. Terminaron de diseñarlas, litografiarlas y sellarlas. Durante el resto de la tarde se dedicaron a descansar, pues debían recuperar todas sus energías para lo que tenían deparado el resto de la semana.
Lainie deseaba visitar nuevamente los orfanatos a los que apoyaba y en esta ocasión, además de Alexandra, Candy se unió efusivamente a la visita. Todo lo que Lainie le había contado acerca de los apoyos que brindaban y cómo reunían fondos para mejorar los ingresos de ambos orfanatos, que eran evidentemente más grandes que el Hogar de Pony, le llamaban mucho la atención.
Durante una de sus conversaciones con Lainie, Candy le preguntó si podían hacer algo parecido en Lakewood. Ante la efusividad de Candy, Lainie le dijo que ella misma hablaría con la Tía Abuela para conseguir un permiso especial. Tal vez podrían pasar un fin de semana juntas en ese lugar tan especial para Candy.
Cuando Anthony, Stear y Archie se enteraron de la visita que ellas harían a los orfanatos, también se unieron a la actividad. En parte, querían acompañar a las chicas pues no deseaban dejarlas solas. Además, para ellos también sería una oportunidad de colaborar.
Al llegar al primer orfanato, Jack Smith se encontraba ya en el lugar, junto a un par de jóvenes que estaban bajando algunas cajas de los automóviles que llevaban. Junto a él se encontraba Simon Carter, el representante de los Worthington. Con la finalidad de asegurarse de que las donaciones se invirtieran correctamente en el orfanato, ellos ayudaban con la administración de los fondos destinados para adquirir los artículos que requerían ser sustituidos y adquiridos para mejorar la calidad de vida de los niños.
Alexandra les explicó a los Andley que todas las donaciones se habían concentrado y dividido en partes proporcionales para poder entregarlas en esa ocasión, aprovechando que Lainie estaría con ellos. Los jóvenes y Candy se sorprendieron de la cantidad de artículos que se habían adquirido.
La Sra. Sophie Hartman, directora del orfanato, los acompañó durante su estancia. Cuando estaban entregando los juguetes a los niños, vieron como la alegría, la emoción y el agradecimiento iba llenando el corazón de cada uno de ellos.
Lainie se enteró que algunos de los chicos que habían estado en su visita anterior ya habían sido adoptados y que algunos otros eran nuevos. En general, muchos de ellos sabían quiénes eran esos ángeles que les hacían regalos dos veces al año.
Hicieron una visita similar en el otro orfanato, y al terminar su jornada, se sintieron exhaustos pero maravillosamente satisfechos.
Finalmente, el ansiado día de la inauguración llegó. El Gran Almacén de los Worthington sería inaugurado el 2 de julio de 1911. Había una gran expectativa en los medios de comunicación pues numerosos reporteros se encontraban en la entrada de la enorme construcción.
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Bueno, hasta aquí, ¿qué les pareció? Me está costando trabajo hilar algunas ideas, pero creo que va quedando bien, ¿no creen?
En el próximo capítulo finalmente asistiremos al evento esperado en Nueva York. Nos leemos pronto.
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Saludos a todas aquellas que siguen leyendo la historia de forma anónima. Gracias por estar ahí, en algún lugar.
Recuerden que sus comentarios son el combustible que toda escritora necesita para seguir inspirándose y continuar escribiendo.
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Recientemente algunas chicas han seleccionado mi historia como favorita:
JoselinCastillo'Skywalker
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Ahora, a mis queridas amigas:
Angdl, Ms Puddle, sayuri1707, mariana seguame, Lulushkita, prinskasu-chan, Josie y Paolau2, por tomarse el tiempo de dejarme maravillosos comentarios. De verdad que todos son muy importantes para mí, y me motivan a seguir con la historia. Sé que no todas tienen una cuenta en ff pero, a través de estas páginas quiero agradecerles su presencia.
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Reciban un abrazo caluroso y lleno de afecto.
Su Amiga,
SweetCandyAndley
29 JUL 2015
