Capítulo XXIV

Nuevo amanecer

Candy se había levantado al alba, revisando las velas que había en la casa y apagándolas una a una, regresó a la habitación donde hacia unas cuantas horas había disfrutado de su primera noche de amor, entró al vestidor y se cubrió con una amplia bata, dejando su piel parcialmente desnuda, volteó hacia la cama, se quedó observando en dirección del cuerpo de su marido, quién dormía apaciblemente. Bajó a la cocina y comenzó a ordenar un poco los alimentos para el desayuno, hizo unos huevos con jamón, pan con mantequilla y miel y fruta picada, sacó dos vasos y los puso en una mesita para llevarle el desayuno a su esposo, tomó el jugo y después sirvió el café. Cuando había terminado, se dirigió hacia la habitación, llegó y lo dejó sobre su lado de la cama y abrió las cortinas.

Terry, despierta. Anda dormilón abre los ojos – lo movió en lo que se colocaba rápidamente en su lado y jalaba la mesita para comenzar a servirle a su esposo.

Mmm, cinco minutos – susurró el castaño.

Cinco minutos, bueno espero que en cinco minutos veas quién me va a llevar a cabalgar…- intentó provocarlo sin obtener éxito.

A esta hora Candy, ni los gallos cantan – dijo su esposo volteándose y acomodándose para seguir durmiendo.

Bueno entonces, me pondré el traje de montar sin ropa interior y le diré a Mickel que voy con él ya que mi caballo está en la villa – le contestó tajante y comenzando a bajarse de la cama para ir al vestidor.

Espera…ya me desperté – se levanto de repente. Mi amor qué rico huele, ¿lo hiciste tú? – exclamó sorprendido.

Sí, ¿te gusta? Me dio hambre y decidí hacer el desayuno – respondió sentándose de nuevo y comenzando a comer.

Desde ¿cuándo cocinas? – cuestionó intrigado pues la mayoría de las chicas que conocía no sabían ni hervir agua.

Mary y Dorothy me enseñaron, no es tan difícil – respondió con insuficiencia.

Mi amor – le dio un apasionado beso.

Mmm – sonrió lamiéndose los labios por aquel beso que le dio Terry.

Mickel en verdad se encuentra abajo – cuestionó él serio.

No – respondió ladeando la cabeza y sonriendo.

Entonces ¿por qué andas de traviesa? – preguntó cuestionó ligeramente enfadado.

No te querías despertar – alegó ella.

Podría haberlo hecho con algo más…sugerente – comenzó a desatar la bata con una mano mientras que con la otra, sólo pasó un dedo en medio de sus senos.

Ah sí, ¿con qué? – cuestionó ella con mirada traviesa.

Ven aquí y te enseño ¿con qué? – comenzó a besarle el hombro.

Señor Grandchester, ¿no tiene hambre? – consiguió zafarse la rubia.

Pues sí, pero no de comida – el castaño se dirigía hacia sus senos, los cuales comenzaban a llamarle la atención.

Terry, anda déjate de juegos y comamos – se separó rápidamente porque cuando comenzaba difícilmente le podía decir que no.

Bueno, pero no te escaparás para siempre – sonrió él mientras la desnudaba con la mirada.

Está rico princesa, te quedó muy bien – sorbió un poco de café.

Sí verdad, anda come – le urgió para que dejara de observarla así. Podrías pasarme la mermelada – le pidió cuando a ella solo le faltaba el pan tostado con mantequilla.

Aún no acabo mi café – protestó ya que se encontraba en la mesita de noche de él y no se quería parar.

Amor, pero te has comido todo, a mí aun me falta mi tostada – repitió ella cuando el castaño comenzaba a acercarse, así que le dio un golpe en la mano que había estirado. Espera – le sonrió comenzando a enojarse por qué aún no había terminado y el ya le había abierto la bata exhibiendo sus senos.

Candy ¿qué haces? – cuestionó enfadado.

Pues de hecho creo que ya se me cayó la mermelada. Podrías limpiármela – lo miró con una sonrisa.

De hecho, tengo una idea mejor que esa – quito la mesita de la cama, tomo el tarro de mermelada, se destapó y le quitó la bata a Candy comenzando a embadurnarle los dos senos. Después comenzó a chuparla por todo lo que estaba sucio.

¡Te…rry, aaahhh! Sí, esa es una buena idea – dio su aprobación al sentir como sumergía su seno en su boca y chupaba el pezón, era una delicia.

Los amantes se fundieron en una dulce sensación y en menos tiempo del que quisieran, ya con el estómago lleno y embadurnados de mermelada comenzaron nuevamente la danza que habían aprendido la noche anterior, Terry la levantó para posicionarla en su erección, transformando la mirada traviesa de su esposa en una de deseo y placer. Ella se abrazó a él con las piernas y así sentados encontraron la combinación perfecta donde una vez más unieron sus cuerpos, minutos después tomaron un baño de tina juntos y mientras Terry se vestía y ella arreglaba la habitación un poco, vio su bolso y fuera de este, su teléfono, lo tomó y prendió su teléfono y se dispuso a oír los mensajes grabados, todos eran felicitaciones cuando de pronto oyó una voz conocida para ella. Sabía que eran solo palabras, pero desde la última vez que habló con Terry de esto, le hizo jurar que ella le contaría todo, aunque lo dudaba. Estaba dudosa, pero debía hacerlo aunque temiera su reacción, había cumplido su sueño, pero ahora debía compartir todo con su esposo. Se levantó de la marquesina de madera en la cual había derramado un par de lágrimas, temiendo más por lo que Terry fuera hacer, así que se encaminó hasta la cama, después de limpiarse las lágrimas, Terry estaba dormitando mientras hacia la comida.

Terry…- lo llamó desde su habitación.

Dime – se asomó viéndola bajar por las escaleras.

Tengo que decirte algo, pero prométeme que no te vas a enojar – dijo ella arrojándose a sus brazos.

Depende, ¿qué es? – la alejó unos cuantos centímetros antes de que ella le diese otro beso.

No, tienes que jurármelo – pidió ella.

Candy...- la llamó tomandola de la mano.

Terry no te diré nada y yo misma lo resolveré. Voy a ver la comida – comenzó a alejarse.

Está bien, ¿qué es? – sonrió malhumorado.

No sé si deba decírtelo aún – colocó el teléfono en su barbilla.

Por favor, dímelo – tenía que admitir que no estaba cooperando.

Bueno, escucha – abrió el teléfono, le puso altavoz y le dio en inicio.

¡Eh…hola Candy! Supongo que ahora estás en sus brazos, que envidia tengo, los brazos que deberían estar tocándote y colocándote entre el deseo de poseerte y el apetito voraz de la erección debería ser el mío, no sabes cuánto te deseo y no descansaré hasta que seas mía…aun estoy en el hospital tratando de salvar lo único que me queda de hombría, pero nada más, salgo y te cumpliré mi propuesta, sueña conmigo y no dejes que ese siga teniendo sexo contigo porque se arrepentirá – emulaba una voz al otro lado.

¡Malnacido! – insultó Terrence, pero conteniéndose.

Terry, prometiste que no te ibas a enojar, con ese basta – lo iba a cerrar cuando se lo quitó.

¿Hay más? – lo levantó cuestionándole a su esposa.

Si unos cuatro más y todos empeoran – señaló cabizbaja.

Espera aquí un momento – le pidió él y fue por su teléfono.

Terry, ¿a dónde vas? – le cuestionó cuando desapareció en la escalera.

Espera no tardaré y será mejor que te vistas – le pidió mientras Candy se dirigió a su habitación a vestirse mientras Terry se encerraba en la cocina, al parecer quería hablar con mas privacidad.

Pero…papá se que te veré pronto – murmuró lamentando lo que había hecho.

Mientras en la cocina, el castaño había cerrado la puerta y marco el teléfono de Albert.

Albert – lo llamó apenas cuando contestó su suegro del otro lado.

Terry, ¿pasa algo? ¿Candy se te escapó? – le cuestionó sonriendo.

No, es peor que eso, necesito que vengas y de paso te traigas a la policía o a George, Samuel también debería venir y los padres de Neil – al rubio se le borró la sonrisa cuando mencionó a todos los que deberían ir a verlo.

¿Pasa algo? ¿Candy está bien? – preguntó un poco preocupado.

Sí, pero no es ella – le contestó con cólera.

Entonces, me puedes decir ¿qué pasa? – comenzó a sonar preocupado.

Es Neil… - el castaño cerró el teléfono y se dirigió a donde se encontraba Candy.

Albert se quedó sorprendido, cerró el teléfono y comenzó a gritar, dando órdenes a diestra y siniestra.

Dorothy, sabes ¿donde está George? – le cuestionó a la castaña.

¿Qué pasa Albert? – le preguntó Eleonor cuando oyó la desesperación en su voz.

Dime William, ¿qué pasa? – preguntó George muy calmado.

Puedes reunir a Samuel y pídele a Archie que vaya por los padres de Neil, por favor – le indicó tratando de tranquilizarse.

Sí claro, pero antes dime ¿qué pasa? – insistió el castaño.

No lo sé, pero me habló Terry y me pidió que los llevara a la cabaña.

¿Pasa algo Albert? – Eleonor sonaba preocupada.

Me habló Terry, algo ha pasado, pero no me quiso decir nada – soltó dando vueltas en el recibidor.

Te acompaño – sugirió ella.

Sí, tenemos que llamar a la policía también, George podrías encargarte de eso también por favor – sonaba preocupado.

¿Que pasa William? – preguntó Samuel que venía con la señora Elroy.

No lo sé Samuel, Terry pidió expresamente que sólo nos presentáramos cinco personas – aclaró él porque con Eleonor eran suficientes.

Está bien, bueno George cuando estén listos me avisas estaré en la biblioteca – se encaminó y Eleonor corrió para tomarle la mano, a lo cual el rubio solo le sonrió.

Albert estaba preocupado, qué habría hecho Neil si en realidad estaba en el hospital, Terry no era de las personas que hablara en plena luna de miel si no fuese importante y menos con tanta gente. Decidió hablar con su hija.

Candy contesta – oyó el repicar del teléfono celular.

Mientras en otro lado, Terry oía cómo sonaba el celular.

No contestes Candy, debe ser Albert – le pidió a ella.

Sí, es mi papá. ¿Qué hiciste Terry? – le cuestionó extrañada.

Lo correcto, no permitiré que ese desgraciado lo intente nuevamente – le advirtió sentándose a su lado.

Pero…no así – trató de fingir una sonrisa.

No le va a pasar nada, sólo tomaré precauciones – Terry le tomó la barbilla con la mano y su pulgar le acarició la mejilla.

Está bien, pero ven aquí. Abrázame – pidió ella un poco triste.

Sí mi amor, ésta vez te protegeré – la abrazo con infinita ternura.

Tengo tanto miedo Terry, los mensajes dan escalofríos y hablan de nosotros y de Neil – comentó ella en apenas un hilo de voz, tratando de contener el llanto.

Oíste los demás Candy… - cuestionó sin mirarla.

Sí, abrázame más fuerte mi amor, haz que el miedo se vaya, por favor – sin poder evitarlo comenzó a llorar quedamente.

No llores Candy, debes ser fuerte – le dijo dándole un beso en la frente.

Te amo Terry – solo atinó a decir eso.

También te amo Candy, comemos – le limpio las lagrimas y bajaron a comer amenamente.

Pero vendrán – se detuvo al pie de la escalera.

Nos da tiempo, ellos llegarán casi al anochecer – afirmó el castaño.

En efecto, a las ocho de la noche habían llegado doce jinetes a la cabaña Andley, cada uno bajó de su caballo y comenzaron a caminar hacia la puerta. Terry se encontraba cobijado en la sala y había prendido la chimenea horas antes. Cuando comenzaban a besarse oyeron un sonido en la puerta.

Toc, toc.

Espera mi amor voy a abrir – Tery se levantó a abrir.

Terry, podemos pasar – solicitó Albert, mientras todos ahí se quitaban las capuchas de las gabardinas y dejaban los fuetes en la entrada.

Por supuesto, Albert – Terry indicó que debían entrar.

Candy, ¿qué ha pasado? – la vio acurrucada en el sillón con los ojos llorosos.

Espero que Terry hable contigo papá – dijo ella cuando Terry después de haber invitado a los demás a sentarse, se dirigió con su esposa y le tomó la mano para besársela.

Por supuesto – dijo el rubio mientras se sentaba con Eleonor.

Candy – la instó a hablar la rubia mayor.

¡Hola, Eleonor! – simulando una sonrisa.

¿Ha pasado algo? – preguntó Samuel un tanto preocupado por el semblante de Terrence.

Creo que deberían de sentarse – los invitó nuevamente.

Por supuesto – Samuel volvió a sentarse.

Todos se observaban entre sí y a los recién esposos. Hasta que Terry decidió comenzar.

Albert, sé que Neil es tu sobrino y después de lo acontecido creo que deberíamos de tomar otras precauciones, a todos los aquí presentes les pido total discreción – los miro uno a uno.

Lord Grandchester, los señores de la policía no son de Londres, ellos pertenecen a la guardia real y tienen un código de honor para con los miembros de la realeza – justificó el honor de la guardia real.

Gracias Samuel, Candy, adelante – le pidió Terry.

Hoy encendí mi teléfono en la tarde, la mayoría eran felicitaciones de América, menos cinco llamadas hechas aquí en Escocia – informó la rubia bajando la mirada.

¿De quién eran Candy? – cuestionó Albert.

De…Neil – respondió la rubia mirándolos con lagrimas en los ojos.

Espera William, quizás también sean mensajes de felicitación – exclamó Shara.

No…exactamente. Esperen, lo encenderé – asintió Candy cuando de pronto fue interrumpida.

Espera Candy, Albert debemos advertirles, lo que escucharán no es muy agradable y tiene que ver con nuestra intimidad y con los deseos de ese bastardo, aún así ¿quieren escucharlo? – preguntó a todos los ahí presentes.

No – dijo Shara firmemente.

Siéntate Shara.

No lo haré, me voy, cómo es que ésta mujercita puede hablar así de mi hijo después de lo que le hizo – la señaló con rabia al haber sido informada días antes por Elisa que su hijo estaba por perder el otro testículo.

Guardias, deténganla – ordenó Terrence, a lo cual los guardias se pararon y aprisionaron y sentaron a Shara.

He dicho que me voy – protestó ella en desacuerdo.

No, no lo hará señora, no entiende que su hijo está enfermo, necesita ayuda, consentirlo más sólo lo perjudicará, quédese donde está – Terry le ordenó.

Es necesario este teatrito William – cuestionó molesto John.

Lo es John, se que te está afectando pero es necesario, Candy continua – le pidió a su hija.

Está bien, subiré el volumen.

Eh…hola Candy, supongo que ahora estás en sus brazos, que envidia tengo, los brazos que deberían estar tocándote y colocándote entre el deseo de poseerte y el apetito voraz de la erección debería ser el mío, no sabes cuánto te deseo Candy, aun no puedo creer que ese te haya poseído antes que yo, te juro que no descansaré hasta que seas mía…aún estoy en el hospital tratando de salvar lo único que me queda de hombría, pero nada más salgo y te cumpliré mi propuesta, sueña conmigo y no dejes que ese siga teniendo sexo contigo porque se arrepentirá.

No puede ser… ese maldito, maldito seas Neil – se levantó Albert vociferando, Samuel lo entendía era su hija la que estaba en peligro, pero debía calmarlo, ya que no podía perder el control en la situación de estrés en la que se encontraba Candy.

Calma señor Andley. El siguiente Candy – con la mirada le pidió que continuase.

No resisto más, ardo en deseos de penetrarte y oír como gimes mi amada Candy, quiero que me pidas más, te lo daré porque ese esposo no te sirve ni para uno, quiero morder tus senos y arrancarte un sonoro gemido, pide más Candy, aaahhh…- terminó el segundo mensaje con el aparente sonido de una descarga de excitación que seguramente le había provocado una masturbación.

Terry se había levantado, daba vueltas en el pasillo.

Terry, ten calma, siéntate – le pidió Eleonor.

Lord Grandchester, no ha oído los demás mensajes – le cuestionó Samuel.

No…sólo el primero – justificó él.

Tenga paciencia. Candy adelante – le pidió a la rubia que continuase.

Con que tienes apagado el teléfono, a estas horas ya te habrás convertido en mujer, lo malo es que no lo experimentaste conmigo mi amor, pero te aceptaré aunque ese te haya tocado. Haré algo mejor, lo haremos con lujuria y pasión enfrente de él. Ahora no habrá caballos que se interpongan, sabías que tu padre me golpeó en la boda, esa también me la cobraré, nadie sabía que tenía una hija y cuando te conocí eras sólo una Johnson, no una Andley como yo, desde que te vi, te deseé, pero no, debías escoger una vara alta, un duque, un egocéntrico Grandchester y lo que es más importante un bastardo, si bastardo porque él me robó lo que más quería, a ti Candy. Cómo me reiré, Albert no sabe a quién le perdonó la vida, a Elisa pudo haberla amedrentado, pero no tengo porque cumplir sus órdenes, a ella no la bajó de mujerzuela y haré lo mismo contigo, primero te violaré como lo hizo con mi hermana y luego te haré mía delicadamente, pero te acordarás Candy, te acordarás de quién te hizo mujer fui yo, no ese suave de Grandchester – con estas palabras terminó el mensaje, Albert soltó un bufido y Terry colocó su brazo en la chimenea.

Terry…- lo llamó Candy.

El siguiente Candy – la apuró Samuel ya que veía que con cada palabra dicha en esos mensajes ella se desmoronaba tal cual migaja de pan.

No puedo, toma Terry – le soltó el teléfono y se recogió sobre el sillón, abrazándose a sí misma, entonces Terry accionó el siguiente mensaje.

Hola princesa, sé que ahora estarás descansando, sabes ayer me encontré a Mickel en el hospital y platicamos de ti, otro estúpido que se enamoró de ti, que escondido lo tenía y tú ramera, cómo le dabas alas con tu encantos. ¿Cuándo crees que pensabas decírmelo? Ahora que lo pienso, si lo traes así es que algo le diste. Dime, él fue quién te desfloró antes que Terry, ¡ay pobre muchacho! Eres un durazno mordido, pero qué durazno, déjame adivinar, debajo del vestido no traías nada, por eso querían huir. Me estoy saboreando tu humedad, qué rica estás Candy y a que Terry no sabe lo que te pasó, lástima que tu estúpido caballo se interpusiera entre tú y mi ansiedad – nadie podía creer lo que escuchaban.

Falta poco calma – pidió Samuel.

Bueno perra no piensas contestar, yo aquí dejándote mensajes y tu tirándote a Grandchester, dime ¿qué te dijo? Se dio cuenta que te habías entregado a otro, Mickel está feliz de ser tu amigo. Dime ¿qué hacia Samuel Harrison en la fiesta? Te hizo condesa por el pago de tus favores, pobre vejete, si ya ni puede. Veamos saben que eras una perdida mujerzuela Candice Andley, que se ofrece a cualquier postor, que abre las piernas sin pensar en el cornudo de tu esposo, pues te informaré algo, yo sí lo sé y ésta me la pagarás hasta que seas mía, completamente mía – comenzó a reírse.

Candy…- la llamó Albert ya que ella había comenzado a temblar.

Mi amor, no te hará daño te lo prometo – le dijo Terry sin dejar de abrazarla.

No quiero seguir escuchando… - colocó su rostro en su pecho.

¿Hay más? – cuestionaron todos.

Sí hay más, pero no quiero escucharlos, no por favor Terry no quiero – se dejo caer en su pecho y de pronto todo se desvaneció.

No, no lo harás…Candy – la llamó sin obtener respuesta.

Rápido Albert, llevémosla arriba – le indicó Eleonor, ayudando a Terry con su peso.

Eleonor vamos – la apuró el rubio.

Caballeros, escucharemos los otros mensajes, debemos tener pruebas contundentes de la acusación que se quiera levantar – sugirió Samuel invitando a los demás a sentarse.

Por supuesto – señaló John para después sentarse.

Candy despierta, mi amor – le tocaba el rostro sin obtener respuesta.

Terry ve por el botiquín de primeros auxilios, está debajo del lavabo del baño de invitados – le señaló Albert.

Enseguida – fue corriendo por el botiquín.

Albert – lo miró y notaba la mirada furiosa de su novia.

Eleonor, mi hija, ese bastardo se ha atrevido a ofenderla, cada vez que escuchaba una palabra de su boca mi mente vagaba en ese día en la que no la pude defender – estaba molesto, furioso y preocupado.

No te preocupes Albert, vamos hay que arroparla y antes quitarle el vestido – sugirió ella.

De acuerdo iré abajo, veré como debemos proceder – señaló él.

Por supuesto – le dio un beso fugaz en los labios y Albert bajó rápidamente.

Mamá, aquí tienes – entró apurado Terry proporcionándole el botiquín.

Anda Terry, ayúdame a desnudarla – Terry y Eleonor la mudaron de ropa por un camisón y algunas frazadas para pasar la noche.

Si madre, te ayudo – le respondió el sin chistar.

¿Qué pasó? ¿Los oyeron todos? – cuestionó Albert a Samuel.

Los demás no son muy importantes, son meras masturbaciones del muchacho, antes que nada, ¿cómo está la condesa? – preguntó Samuel preocupado.

Bien, ha sufrido un desmayo. La Duquesa Grandchester la está atendiendo. ¿Que ocurrirá señor Harrison? – cuestionaba al hombre preocupado.

Bueno, como usted sabrá esto es muy delicado, hay dos maneras de hacerlo. Que los condes imputen una demanda en su contra o que la reina intervenga, en ambas la reina se va a enterar por muchas situaciones – explicó él un tanto aliviado.

¿Algo menos drástico? - pidió Albert.

Hace un momento me comuniqué con James Strathon para que me devolviera la llamada, le hice un encargo, apostaré a cuatro guardias en el hospital que arrestarán y cuidarán al joven Leagan, de igual forma en el cambio de guardia se lo informarán a la reina, pero eso nos dará tiempo de que la condesa se encuentre mejor y que tengamos audiencia en un par de días – le comentó al rubio.

¿No hay otra forma de hacer esto, William? – preguntó un triste John.

No está en mis manos John – le confirmó Albert.

Podemos retirarnos – pidió John al ver la negativa de Samuel.

Bueno, si James, gracias. Los guardias están este momento saliendo, llegarán al hospital en una media hora – confirmó Samuel.

Gracias Samuel – le agradecieron los rubios al amigo de Terry.

De nada, tengo que irme, el camino a Londres es más largo con la nieve, así que debo apresurarme y tratar de detener esta bomba lo más que se pueda. Me despide de la condesa, William, Duquesa – se despidió con un saludo de mano y Samuel hizo una reverencia a Eleonor.

De su parte, le informaré el estado de mi hija, gracias por todo – agradeció amablemente.

De nada, señores con su permiso, guardias síganme – le ordeno a dos de ellos y los demás se quedaron por ordenes explicitas de Albert antes de que llegaran los Leagan a la Villa Andley.

Estarás contento William, meterás a la cárcel a tu propio sobrino – Shara lo acusó vilmente.

Lo siento Shara, Candy es mi hija y ya sabrán quién es más importante para mí – recalcó lo último.

William, podemos retirarnos – pidió John.

Sí John y no se preocupen, un guardia los seguirá para que no vayan a avisarle a Neil – les informó, a lo cual John sólo bajó el rostro mientras que Shara replicaba.

¿Desconfías de nosotros? – cuestionó Shara.

De John no, de ti sí, finalmente eres su madre, no es así – le rebatió.

La tía abuela, no lo permitirá – gritó ella.

Pero dada la casualidad, de que ella no se meterá en este asunto porque la reina lo sabrá muy pronto y podría tener complicaciones por acoso sobre tu hijo, así que sabrás lo que haces – le advirtió colérico.

Shara guarda silencio y vámonos, deja de decir tonterías que la situación de Neil no es buena – la jaló para que no importunara tanto a Albert, John estaba consciente de que no había educado adecuadamente a su hijo, asi que habría que dejar que todo siguiera su curso.

Esto es imperdonable – vociferó ella al ver que su marido se dejaba mangonear por Albert.

Que tengan buen camino – se despidió de ellos.

Albert – lo llamó Terry.

¿Cómo está Candy? – preguntó Albert preocupado en demasía.

Dormida, le tuvimos que administrar un tranquilizante, no dejaba de llorar. Es la primera vez que la veo así – le dijo en un tono diferente.

Debió traer recuerdos de ese día Terry, la siento mortificada – se tomó el pecho.

¿Qué pasará? – preguntó Terry tranquilo, ya que él sabía que entre ellos dos había información demasiado extraña como para tratar de entenderlo.

Dime Terry, ¿qué quieres hacer? – cuestionó el rubio.

Te mentiría si te dijera que no quiero molerlo a golpes, pero Candy compartió conmigo esto, fue difícil contenerme ante tanta barbaridad, lo más difícil fue decírmelo y ella cumplió, yo debo cumplir también mi parte – le comentó él sobre su intención.

¿Qué cosa dices? – preguntó él admirado.

Me hizo prometerle que no me enojaría y que no le haría nada – soltó lamentándose de haberlo hecho.

Pues sí, pero eso fue por tu cuenta, yo no seré tan benévolo, ya no – resolvió Albert.

En cualquier decisión que tengas que hacer, te apoyo – le coloco la mano en el hombro.

Bueno Terry, sabes que si Samuel estuvo aquí oyendo los mensajes, la reina se enterará en un par de días – le informó el rubio.

Lo sé, además con el nombramiento de su majestad creo que Samuel ordenará que arresten a Neil – advirtió Terry.

Así es, los llamarán a comparecer. ¿Lo harás? – cuestionó Albert inquieto.

Lo decidirá Candy, no sé cómo le afecte esto- comentó Terry.

Terry…lo siento – pidió disculpas.

¿Qué cosa? – preguntó intrigado.

Siento haber inmiscuido a todas estas personas en su intimidad – refirió Albert.

Prefiero eso, a que ese malnacido se aproveche de nuestro buen corazón, bueno del tuyo – le echó una indirecta.

Capté la idea. Terry… podríamos quedarnos aquí, ya es muy noche para andar en el camino – le pidió al castaño tallándose los ojos con sus dedos.

Por supuesto, encenderé la chimenea del cuarto de invitados, dile a mi madre que le prestaré ropa de dormir de Candy para que se mude, a ti una de las mías; les llevaré más frazadas – le informó en lo que Albert iba a donde le indicó, debía ir primero a la cocina a poner agua caliente para el té y después subiría a encender la chimenea.

¿Está bien? – preguntó Terry.

¡Terry! ¡Me asustaste! – Eleonor casi salta del susto.

No te preocupes mamá, a Candy no le molestará nada de esto, sólo deja que se recupere y volverá a ser la de antes – le informó un Terry optimista. Por cierto, Albert te espera en la habitación de huéspedes.

¡Terry! – respondió sonrojada.

Hijo gracias, ten cuidado, ya está profundamente dormida – le informó para que no la despertase.

Lo sé madre, toma, es un camisón de Candy y dale esto a Albert, se quedarán juntitos ésta noche – le hizo burla.

De acuerdo, déjame cambiarme – comenzó a entrar en el vestidor cuando su hijo la llamó.

Aquí no, en el de huéspedes, Albert fue a dejar los caballos en el establo y regresará muy frío, en la mesa de noche les puse té caliente y unas frazadas por si sufren de frio, aunque lo dudo – siguió con la broma mientras su madre se sonrojaba.

Pero Terry…- protestó ella.

No te preocupes mamá, sólo quiero que seas feliz y con Albert lo eres – la abrazó dándole un beso en la mejilla.

Hijo mío, no me apenes – le pidió escondiendo el rostro en su pecho.

Sólo ve, te está esperando y nada de mordidas ¡eh! – le advirtió el sonriente y ella solo atino a salir corriendo de allí sin antes agradecerle.

Gracias – mencionó y se fue cerrando la puerta.

De nada mamá – exclamó fuertemente y comenzó a reír.

Candy, te protegeré con mi vida – se quedo observándola demasiado tiempo y después de cambiarse la ropa de dormir se metió con su esposa a la cama, la cual la abrazó para quedarse dormido.

La rubia dormía tranquilamente, su sueño era apacible, en el sueño se divertía con Clin y Puppet, como cada día de su vida en las praderas de Escocia cercanas a la villa. Terry hacía horas que se había levantado y Candy apenas abría los ojos, desorientada tratando de enfocar la habitación que para su gusto tenía demasiada luz. Hasta que vio un cuerpo asoleándose con algunos rayos que se asomaban.

Se incorporó y dejó caer su cabello ensortijado en la almohada.

Terry – lo llamó.

Mi amor, ¿como estas? – le cuestionó sin moverse de la marquesina que estaba en la ventana.

Bien solo que dormí mucho – señaló ella. ¿Todos se fueron? – preguntó enrarecida.

No, nuestros padres están aquí – señaló él.

¡Ah! Y ¿qué haces? – le cuestionó extrañada.

Aún ¿tienes sueño? – le devolvió la pregunta al ver que no abría los ojos completamente.

Algo, ¿donde están? – re cuestionó la rubia.

En la habitación de huéspedes. Ven amor, camina hasta acá – la llamó con un ademán.

¡Ay esta helado el piso! ¿Qué pasa? ¿Qué ves? – caminó hacia él y se subió con él a la marquesina.

Mira Candy, ¿no es hermoso? – cuestionó incesantemente.

¡Maravilloso! – ella no podía creerlo.

Pero ¿qué es lo que ves realmente? – se preguntó más a ella misma.

Un nuevo amanecer para ti, mi vida – sonrió abrazándola.

Terry, tengo sueño – bostezó ella.

Duerme princesa, te arroparé en mi pecho y cuidaré tu sueño – le comentó abrazándola y cubriéndola del frio con la frazada que tenia encima de él.

Una vez más, Terry sentía que todo el odio que tenía hacia Neil se evaporaba al tener a su princesa entre sus brazos, cuidándole el sueño y viendo ese hermoso amanecer, supo que a partir de ahora su vida se llenaría de felicidad.

Continuará…

Bueno chicas sé que me ausenté un tiempo, pero esto del fallecimiento de mi Mona no me dio cuartel y recién comencé a escribir nuevamente, les actualizo con un mega capítulo y por supuesto la historia se pone interesante. Saludos y feliz lectura.