Disclaimer: A huge thanks to thatwritr for her permission to do this translation. Y muchas gracias a Lilia por permitirme usar los capítulos ya traducidos, por ahora solo me adjudico el beteo.
Capítulo Veintiocho
No es su proyecto. La idea no fue suya; fue de Rosalie. Ella no ideó cómo organizarlo y mantenerlo; esa fue Bella. Ella no buscó la manera de pagar por él; fueron Alice y Bella.
Aún así su corazón se llena de orgullo hoy cuando el listón rosado que detiene la entrada al porche frontal es formalmente cortado. ESTO, el edificio en sí, es su contribución. Esme no es buena para teorías e ideas. Ella se expresa mediante lo concreto. En eso se parece mucho a Emmett, y aunque es Edward al que quiere más (muy dentro de su secreto corazón de corazones), es Emmett al que siempre ha entendidomejor. Ahora, están de pie, juntos y tomados de la mano, observando a Rose, Alice, Bella y a otros seis miembros del consejo ejecutivo cortar el listón ceremonialmente para inaugurar la casa.
—Deberías estar ahí —le dice Esme—. Esta casa lleva tu nombre.
—Y tú la construiste. Bueno, más o menos. Pero tampoco te veo ahí arriba.
Esme se encoge de hombros.
—No me gusta ser el centro de atención.
—A mí tampoco… bueno, no en este tipo de cosas. Pero a Rose le gusta. Tengo que estar en la casa para la fiesta más tarde de todos modos, así que me mantengo lejos del escenario por ahora.
Esme va a la recepción por un rato. Prefiere ser la anfitriona que la invitada y se esconde en la cocina de Rose por quince minutos, para revisar las charolas de comida. Edward la encuentra ahí. Intercambió turnos para poder tener la noche libre y "acompañar" a Bella. No se llama a sí mismo su "pareja", a pesar de que lo es. No está lista, y él no tiene prisa. El cariño ha crecido despacio entre ellos esta vez, aunque Esme sabe cómo Bella ve a Edward ahora. La relación entre ellos se ha transformado en sonrisas llenas de cariño y contacto físico cómodo, y una familiaridad física entre los dos que solo viejos amigos poseen, o viejos amantes. Se acomodan de la misma manera y hacen gestos similares. Si Edward se pasa la mano por el cabello, Bella repite la acción en cinco minutos. Esme no cree que es intencional. Y también han aprendido a hablarse de nuevo con solo una mirada.
Esme lo resiente menos de lo que lo hacía el otoño pasado. Tal vez se ha hecho a la idea, o tal vez ya no teme quedarse sola. Carlisle regresará en seis meses. Es gracioso cómo su expectativa le ha hecho más fácil el dejar ir a Edward. Ya no se siente tan desesperada.
—Supuse que te encontraría aquí —dice Edward acercándose para recargarse en la barra a un lado de Esme, quien remueve el celofán de las charolas de plástico con queso y fruta, vegetales y carnes frías—. ¿Te escondes?
—No más que tú —le dice, doblando el celofán en caso de que se necesitara para las sobras. Si no desperdicias, no te faltará nada. No es hija de una sociedad desechable. No es que ellos necesiten la comida, pero lo que sea que sobre se irá a una de las cocinas de caridad o será guardado para el refugio, aunque por ahora, no hay residentes que lo coman.
—Tenía que alejarme de la multitud por unos minutos.
Edward le da un golpecito a su frente que significa que se está alejando de la multitud de pensamientos más que de la de gente.
—Además, Bella me dijo que la estaba "atosigando".
Esme sonríe antes eso.
—¿Lo hacías?
—Tal vez. Un poco.
—Sabes que no le gusta eso.
—Lo sé. Pero es menos problema para mí el rellenar su vaso de ponche por ella… y de todas formas, tiene personas que "comprar con palabras", como dice Rose.
—Rose está en lo suyo.
—Claro. Es todo un show. —Hace una mueca.
—No es un show, Edward. Este refugio no es un show.
—Lo sé…
—Rose entiende la importancia de la publicidad. Y Alice también… incluso Bella. Están haciendo lo que es necesario para conseguir donadores. Simplemente… no es lo mío.
—Ni tuyo ni mío. Rose está arrastrando a Emmett con ella para todas partes, y Alice hizo que Jasper se quedara solo por media hora. Luego huyó.
—Te gustaría ir con él…
—Sí. Y no. Bella podría necesitarme…
Esme ríe.
—Espero que Bella sepa apreciar que cambiaste turnos solo para ponerte un esmoquin y estar aburrido a su lado toda la noche.
Eso había sonado más malicioso de lo que pretendía y agacha la mirada, pero a veces se siente desesperada con Bella. No es que culpe a Bella por seguir de luto… Esme perdió a un hijo… ni siquiera por su escepticismo sobre Edward. Pero Edward es el hijode Esme, incluso si no lo es, y siempre estará, sin duda, de su lado. Quiere que Bella se apure y reconozca el valor de lo que está esperando de rodillas para que lo acepte de nuevo.
—Claro que sí —dice Edward ahora, y Esme se pregunta si está respondiendo a su pregunta verbal o a sus pensamientos—. Me dijo que no tenía que hacer esto. Yo quería hacerlo, Esme.
—El que te diga que no tenías por qué estar aquí es diferente a que aprecie que lo estés.
—Lo aprecia —dice, y hace una pausa para acercarse y mirarlo a los ojos, o por lo menos tan cerca como puede. Es muy alto—. Lo hace —insiste—, pero no está lista para más. Si lo estuviera… bueno, necesita superar el luto primero. No quiero ser el desquite, no quiero que esté conmigo solo por despecho o porque se sienta sola.
—Lo sé. Sí te ama, creo.
—No digas eso…
—Te ama, Edward. Lo puedo ver en su rostro. Tal vez no se ha dado cuenta, pero te ama.
Edward se pellizca el puente entre sus ojos y Esme sonríe ante el familiar gesto de frustración.
—No quiero hacerme esperanzas…
—No estoy hablando de esperanza. Veo lo que veo. No está lista… estás en lo cierto con respecto a eso. Pero te ama. Además, ¿crees que Alice hubiera dejado que esto progresara tanto si creyera que Bella te rompería el corazón? —Ese es su as bajo la manga. Incluso sin lo que lee en los rostros de las personas, Esme confía en las visiones de Alice.
—No, no lo haría —dice Edward—. No me dice nada en concreto… pero me da ánimos.
—Lo que es como si te lo dijera.
Edward bufa y se aleja de la barra, regresando a la perfecta sala con techo de catedral de Rosalie y Emmett. Esme cambia las charolas vacías por llenas y luego se disculpa con Rose para irse, quien solo sonríe y toma sus manos en agradecimiento. Rose no es siempre malagradecida. Esme da un vistazo a la habitación hacia donde Bella está hablando con dos patrocinadores… y ahí está Edward a su lado.
—Él es el doctor Ed Masen. —Esme escucha que lo presenta—. Es el hermano menor de Esme… Esme trabajó en la mayor parte de la restauración del refugio. El doctor Masen estará viniendo a manejar nuestra clínica dos veces a la semana. No todos los refugios pueden presumir de tener un neurocirujano trabajando con ellos. —Suena como uno de esos chistes ensayados, pero los patrocinadores ríen de todas formas y le inclinan la cabeza en reconocimiento, y él sonríe. Ese es su trabajo por esta noche: sonreír cuando Bella lo presume.
—¿Y dónde trabajas el resto del tiempo? —uno de los patrocinadores le pregunta.
—Estoy haciendo una residencia en Emory en Atlanta.
—Oh…
Esme pierde el hilo de la conversación al salir por la puerta trasera. Ha cumplido con su tiempo y escapa mientras puede. La recepción está en las capaces manos de Rosalie.
Decide pasar por el frente del refugio una vez más en su camino a la cabaña, así que frena cuando sus ojos de vampiro detectan movimiento en el porche. Saliendo de la calle principal hacia el frente de la casa, se estaciona debajo del techo del pequeño estacionamiento, apagando el motor. Ya no hay ningún tipo de movimiento. Quien quiera que fuese, se está escondiendo, y Esme se pregunta si ha interrumpido un robo, pero el sonido de varios latidos de corazón acelerados le dice que los intrusos están asustados. Al salir del coche, Esme es golpeada por la fuerza de la adrenalina en la sangre humana… tan, tan dulce. Desea tener el control de Carlisle, y piensa en él mientras se acerca al porche del refugio.
—¿Hola?
Nadie responde. Los corazones están ahora a mil por hora. Si fuera una mujer humana normal, estaría ansiosa, así que trata de pretender que lo está, sosteniendo con fuerza sus llaves y moviéndose con pasos indecisos.
—¿Quién está ahí? Sé que alguien está ahí. No te voy a lastimar. Trabajo aquí… bueno, más o menos. Por favor, sal.
Aún no hay respuesta, pero Esme puede sentir que esos que esperan no han huido tampoco, así que sube las escaleras y se detiene arriba, volteando hacia la zona oscura detrás del columpio del porche.
—Por favor, sal de ahí —dice de nuevo.
Un largo minuto pasa, luego una voz suave se escucha:
—¿Cómo supo que estábamos aquí?
Es una mujer, y Esme deja que sus músculos se relajen. Pero la pregunta es perspicaz, y Esme se da cuenta que sin querer ha cometido un error.
—Yo, eh… vi que algo se movía en el porche —dice.
—¿Desde la calle en su coche? —su voz suena incrédula.
—Tengo buena vista. Venía al refugio de todas formas, a revisar y a asegurarme que la puerta estuviera bien cerrada. Me pareció ver movimiento, y cuando salí, escuché un ruido.
—No hicimos… hice… ningún ruido.
—Debiste haber…
—No.
—Por favor, sal. No te lastimaré. —Esme cree que es mejor cambiar el tema.
Casi un minuto más pasa antes de que, finalmente, las sombras se muevan y una figura se levante. Esme puede oler su miedo, fuerte como el vino rojo. La sangre late en sus venas.
—Escuché que el refugio estaba abierto.
—Lo está. ¿Cómo lo encontraste? Se supone que está escondido. —¿Acaso ya se había perdido la seguridad del secreto?
—Hablé con un policía —dice la mujer—. Ella me dio la dirección. Me iba a traer, pero no la dejé. Cuando llegué, no había nadie. Pero ya no puedo regresar a casa. —La mujer toma un paso hacia enfrente, acercándose a la iluminación de los focos del coche de Esme. Se ve joven—. Soy Hannah.
—Hola, Hannah. Soy Esme.
—¿De verdad trabaja aquí?
—Sí. —Esme le muestra sus llaves. Suenan como cascabeles en el aire nocturno—. Déjame abrirte para que entres.
Esme abre entonces la puerta y prende las luces y el termostato; Hannah está parada en la puerta, flanqueada por tres niños. No tiene nada fuera de lo común… tiene una altura promedio con cabello rubio cenizo, ojos cafés y un rostro un poco curtido, sin maquillaje, ni siquiera para cubrir las marcas de golpes.
—Pasa —le dice Esme—. Bienvenida a la Casa McCarty.
—No tenemos nada… ni ropa ni nada. Nada personal.
—Está bien. Nosotros sí. Para eso estamos.
Saca su teléfono.
—Dame un minuto. Déjame llamar a nuestra directora y hacerle saber que tenemos residentes. —Hace uso del marcado rápido y Bella contesta—. Ven al refugio —le dice Esme, manteniendo la sonrisa en su rostro para el beneficio de Hannah y sus hijos—. Tenemos clientes.
