Descargo de responsabilidad: Glee no me pertenece y tampoco me pertenece esta historia.
¡Disfrútenlo y comenten!
Capítulo 27
Domingo, 28 de Octubre del 2012, 2:45 AM
Me siento de golpe.
Fue un sueño.
Sólo fue un sueño.
Puedo sentir cómo mi corazón late alocadamente en cada área de mi cuerpo. Late tan fuerte que puedo escucharlo. Jadeo por aire y me encuentro cubierta en sudor.
Sólo fue un sueño.
Intento convencerme a mí misma de eso. Quiero creer con todo mi corazón, que el recuerdo que acababa de tener no era real. No podía ser real.
Pero lo era. Lo recuerdo claramente, como si hubiese sucedido ayer. Cada uno de los recuerdos que han venido a mí durante estos últimos días, siempre vienen seguidos de otros. Cosas que había reprimido, o que simplemente era demasiado joven para recordar, vuelan hacia mi memoria a toda velocidad. Cosas que no quiero recordar. Cosas que desearía nunca haber sabido.
Quito las sábanas de encima de mi cuerpo y estiro la mano hasta la lámpara para encenderla. La habitación se ilumina y grito al darme cuenta que alguien más se encuentra en mi cama. Tan pronto como el grito escapa de mi boca, ella se despierta y salta de la cama.
—¿Qué demonios estás haciendo aquí? —susurro en tono alto.
Quinn mira su reloj, luego con sus palmas se frota los ojos. Cuando se despierta lo suficiente como para responder, coloca una mano sobre mi rodilla. —No podía dejarte. Sólo necesitaba cerciorarme de que estuvieras bien. —Descansa su mano en mi cuello, justo debajo de mi oído, y acaricia mi mandíbula con su pulgar—. Tu corazón —dice, sintiendo mi pulso latir contra sus dedos—. Estas asustada.
Viéndola en mi cama, preocupándose por mí como lo hace… no puedo enojarme con ella. No puedo culparla. A pesar del hecho de que quiero estar enojada con ella, simplemente no puedo. Si no se encontrara aquí en este momento, confortándome luego de la comprensión que acababa de tener, no sé qué habría hecho. No ha hecho nada más que culparse a sí misma por cada cosa que alguna vez me haya sucedido. Estoy comenzando a aceptar el hecho de que quizá ella necesite apoyo de la misma forma en que yo lo necesito. Por eso, le permito robarse otro pedazo de mi corazón. Tomo la mano que se encuentra tocando mi cuello y le doy un apretón.
—Quinn… recordé. —Mi voz tiembla al hablar, y siento las lágrimas queriendo salir. Trago y las empujo con todas mis fuerzas de vuelta hacia atrás. Se acerca más a mí y me gira completamente para poder mirarla de frente. Coloca ambas manos sobre mi rostro y mira fijamente a mis ojos.
—¿Qué recordaste?
Sacudo la cabeza, sin querer decirlo. Ella no me suelta. Me mima con sus ojos, asintiendo lentamente, y asegurándome de que está bien decirlo. Susurro tan bajo como puedo, aterrorizada de decirlo en voz alta—: Era Claire en el auto. Ella lo hizo. Ella fue la que me llevó.
El dolor y reconocimiento alumbran su rostro, y me jala hasta su pecho, envolviendo sus brazos a mí alrededor. —Lo sé, nena —dice contra mi cabello—. Lo sé.
Me aferro a su camisa y me sostengo contra ella, queriendo flotar en ese consuelo que sus brazos proporcionan. Cierro los ojos, pero sólo un segundo. Quinn se separa de mí justo cuando Claire abre la puerta de mi habitación.
—¿Rachel?
Me giro en la cama y la veo de pie en la entrada, lanzándole una mirada a Quinn. Gira sus ojos hacia mí. —¿Rachel? ¿Qué… qué estás haciendo? —Su rostro se nubla con confusión y decepción.
Giro mi mirada hasta Quinn. —Sácame de aquí —digo en voz baja—. Por favor.
Asiente, y luego camina hasta mi closet. Abre la puerta mientras yo me levanto y tomo un par de jeans de mi ropero para ponérmelos.
—¿Rachel? —dice Claire, viéndonos a ambas desde el marco de la puerta. No la miro. No puedo mirarla. Toma unos cuantos pasos dentro de la habitación justo cuando Quinn abre un bolso de lana gruesa y lo coloca sobre la cama.
—Lanza aquí algo de ropa, nena. Tomaré lo que necesites del baño. —Su tono de voz es calmado y tranquilo, lo cual calma un poco el dolor recorriendo mi interior.
Camino hasta el closet y comienzo a sacar camisas de sus ganchos.
—No irás a ningún lado con ella. ¿Estás loca? —La voz de Claire suena en pánico, pero aun así no la miro. Continúo lanzando ropa en el bolso. Camino hasta el vestidor y abro la gaveta de arriba, tomando un puñado de calcetines y ropa interior. Camino hasta la cama y Claire me detiene, colocando sus manos sobre mis hombros y obligándome a mirarla.
—Rachel —dice, con incredulidad—. ¿Qué estás haciendo? ¿Qué te sucede? No te irás con ella.
Quinn regresa a la habitación con un puñado de artículos personales y camina justo alrededor de Claire, guardándolos en el bolso.
—Claire, te sugiero que la sueltes —dice tan calmada como una amenaza pueda sonar.
Claire bufa y se gira para mirarla. —No te la llevarás. Si te atreves a salir de esta casa con ella, llamaré a la policía.
Quinn no responde. Me mira y alcanza los artículos en mis manos, luego se gira y los coloca dentro del bolso, cerrándolo. —¿Estás lista, nena? —dice, tomando mi mano.
Asiento.
—¡Esto no es un chiste! —grita Claire. Las lágrimas comienzan a caer por sus mejillas y luce enloquecida, mirándonos una y otra vez. Ver el dolor en su rostro me parte el corazón, porque es mi madre y la amo, pero no puedo ignorar la rabia y traición que siento debido a los últimos trece años de mi vida.
—Llamaré a la policía —grita—. ¡No tienes ningún derecho a llevártela!
Busco en los bolsillos de Quinn, luego saco su celular y tomo un paso hacia Claire. La miro directamente a los ojos, y tan calmada como puedo le tiendo el teléfono. —Toma —digo—. Llámalos.
Baja la mirada hacia el celular en mis manos y luego me mira.
—¿Por qué haces esto, Rachel? —Las lágrimas ya se encuentran desbordadas sobre su rostro.
Tomo su mano y lanzo el teléfono allí, pero se rehúsa a tomarlo.
—¡Llámalos! ¡Llama a la policía, mamá! Por favor —le ruego. Le suplico que los llame, para probar que estoy equivocada. Para demostrar que no tiene nada que ocultar. Para demostrar que yo no soy lo que esconde—. Por favor —digo otra vez, en voz baja. Cada parte de mi corazón y mi alma quiere que tome el teléfono y los llame para así saber en verdad que estoy equivocada.
Claire toma un paso atrás al mismo tiempo en que aspira una bocanada de aire. Comienza a sacudir la cabeza, y estoy casi segura de que sabe que ya lo sé todo, pero no me quedo para averiguarlo.
Quinn toma mi mano y me guía hasta la ventana abierta. Me deja salir primero, y luego sale detrás de mí. Escucho a Claire lloriquear mi nombre, pero no dejo de caminar hasta que llego al auto. Ambas subimos y ella conduce lejos. Lejos de la única familia que en verdad alguna vez haya conocido.
Domingo, 28 de Octubre del 2012, 3:10 AM
No podemos quedarnos aquí —dice mientras caminamos a su casa—. Claire podría venir buscarte. Déjame ir rápido por unas cosas y vuelvo rápido.
Se inclina sobre el asiento y pone su frente en la mía. Me besa y después sale del auto. Todo el tiempo que está en su casa, recuesto mi cabeza en el asiento, mirando hacia la ventana. No hay ninguna estrella en el cielo para contar. Sólo es una noche clara. Es adecuada para el día que he tenido.
Quinn regresa al auto unos minutos más tarde y pone su maleta en el asiento trasero. Su madre está en la entrada de la casa observándola. La vio y fue a ella, tomó su rostro en las manos como lo hace conmigo. Le dice algo, pero no sé qué es. Ella asiente y le da un gran abrazo. Después camina de nuevo al auto y se sube.
—¿Qué le dijiste?
Agarra mi mano. —Le dije que tú y tu madre se pelearon, así que te estoy llevando a una casa de algún familiar en Austin. Le dije que me quedaría con mi papá por algunos días y que volvería pronto. —Me mira sonriendo—. Está bien, está acostumbrada a que me vaya. No está preocupada.
Me doy la vuelta para ver por la ventana cuando empieza a conducir por la carretera, justo cuando la lluvia comienza a caer en el parabrisas.
—¿Realmente nos vamos a quedar con tu papá?
—Iremos a donde quieras. Aunque dudo que quieras ir a Austin.
La miro. —¿Por qué no querría ir a Austin?
Frunce los labios y enciende los limpiaparabrisas. Pone su mano en mi rodilla y me masajea con su pulgar.
—Es el lugar de dónde vienes —dice en voz baja.
Miro hacia la ventana y suspiro. Hay muchas cosas que no sé. Demasiadas. Presiono mi frente en el cristal y cierro los ojos, permitiendo que salgan las preguntas que he estado reprimiendo toda la noche.
—¿Mi papá aún está vivo? —pregunto.
—Sí, lo está.
—¿Y mi mamá? ¿De verdad murió cuando yo tenía tres años?
Se aclara la garganta. —Sí, murió en un accidente automovilístico unos meses antes de que nos mudáramos a la casa de al lado.
—¿Todavía vive en la misma casa?
—Sí.
—Quiero verlo. Quiero ir allí.
No me responde inmediatamente. En su lugar, respira profundamente.
—No creo que sea una buena idea.
Me volteo a verla. —¿Por qué no? Probablemente pertenezco a ese lugar más que a otro sitio. Él necesita saber que estoy bien.
Quinn se sale de la carretera y se estaciona. Se vuelve en su asiento y me mira tristemente.
—Cariño, no creo que sea una buena idea porque sólo te enteraste de él hace apenas unas horas. Es muy pronto para tomar una decisión. Si tu papá te ve y te reconoce, Claire iría a prisión. Necesitas pensar detenidamente acerca de eso. Piensa en los medios de comunicación, piensa en los reporteros. Créeme Rachel, cuando desapareciste acamparon delante de tu casa por dos meses. Toda tu vida cambió, no importa la decisión que tomes. Pero quiero que tomes la mejor decisión para ti. Voy a responder a cualquier pregunta que tengas. Te llevaré a donde quieras ir en un par de días. Si quieres ver a tu papá, ahí es a donde te llevaré. Si quieres ir con la policía, allí es donde irás. Si quieres sólo correr lejos de todo, eso es lo que haremos. Pero por ahora, sólo quiero que asimiles esto. Es tu vida. El resto de tu vida.
Sus palabras me han golpeado directamente. No sé qué pensar. De hecho no sé si estoy pensando. Ella ha pensado en esto desde muchas perspectivas y no sé qué hacer. No tengo ni idea, esto es una mierda. Me volteo, abro la puerta y salgo de la carretera bajo la lluvia. Me paseo de atrás a delante, tratando de concentrarme en algo para mantener la hiperventilación a raya. Hace frío y la lluvia no cesa de caer, sólo me golpea. Enormes gotas de lluvia caen en mi piel y no puedo mantener los ojos abiertos.
De repente Quinn sale del auto, camino rápidamente a ella y arrojo mis brazos alrededor de su cuello, enterrando mi cara en su camisa ya mojada.
—¡No puedo hacer esto! —grito por encima del ruido de la ola de lluvia golpeando el pavimento—. ¡No quiero que esta sea mi vida! —Me besa en la parte superior de mi cabeza y se inclina para hablar en mi oído.
—No quiero que esto sea tu vida, tampoco —dice—. Lo siento. De verdad siento que esto te pase a ti. —Desliza un dedo debajo de mi barbilla y me jala para que la vea de frente. Su cabeza protege mis ojos de la lluvia, pero las gotas se deslizan por sus mejillas, labios y cuello. Su cabello está mojado y enmarañado en su frente, así que quito un mechón de sus ojos.
—No vamos a permitir que esa sea tu vida esta noche —dice—. Vamos a volver al auto y vamos a pretender que estamos huyendo porque queremos… no porque tenemos. Podemos pretender que te voy a llevar a un lugar increíble… a algún lugar que siempre has querido ir. Puedes acurrucarte en mí y podemos hablar de lo emocionadas que estamos y vamos a hablar de todo lo que vamos a hacer cuando lleguemos. Podemos hablar de las cosas importantes más adelante. Pero esta noche… no vamos a dejar que esa sea tu vida. — Pongo mi boca en la de ella y la beso. La beso porque siempre sabe que decir. La beso porque siempre está ahí para mí. La beso porque siempre apoya las decisiones que tomo. La beso por ser paciente conmigo mientras pienso en todo. La beso porque no puedo pensar en nada mejor que meterme en el auto con ella y hablar de cualquier cosa que haremos cuando lleguemos a Hawai.
Separo mi boca de la suya y de alguna manera, en medio del peor día de mi vida, encuentro la fuerza para sonreír. —Gracias, Quinn. No podría hacer esto sin ti.
Me besa suavemente en la boca de nuevo y me sonríe. —Sí nena, pudiste.
Domingo, 28 de Octubre del 2012, 7:50 AM
Sus dedos se han entrelazado lentamente a través de mi pelo. Mi cabeza está descansando en su regazo y hemos estado conduciendo durante más de cuatro horas. Apagó su teléfono en nuestro camino a Waco después de recibir textos suplicantes de Claire —usando mi teléfono—, deseando que me lleve de regreso a casa. El problema con esto, es que ya ni siquiera sé dónde está mi casa.
Por mucho que ame a Claire, no tengo idea de cómo asimilar lo que hizo. No hay una situación en el mundo que alguna vez pueda hacer que robar a un niño esté bien, así que no sé si alguna vez querré volver con ella. Mi plan es encontrar tanta información como pueda acerca de lo que sucedió, antes de tomar cualquier decisión sobre cómo debo manejar esto. Sé que lo que debería hacer es llamar inmediatamente a la policía, pero a veces lo que hay que hacer no es siempre la mejor respuesta.
—No creo que debamos permanecer en la casa de mi padre —dice Quinn. Supuse que ella pensaba que yo dormía, pero es obvio que sabe que estoy despierta ya que está hablando conmigo—. Vamos a conseguir un hotel para esta noche y mañana averiguaremos lo que tenemos que hacer. No me mudé de su casa en las mejores condiciones este verano, y ya tenemos suficiente drama al cual hacerle frente.
Asiento en su regazo. —Lo que quieras hacer, está bien. Sólo sé que necesito una cama, estoy agotada. No tengo ni idea de cómo estoy despierta aún. —Me siento y estiro los brazos delante de mí, justo cuando Quinn pone su auto en el estacionamiento de un hotel.
Después de que ella nos registra, me entrega la llave de la habitación, se marcha al aparcamiento y busca nuestras cosas. Deslizo la tarjeta —que funciona como llave en la puerta— y la abro, luego entro en el cuarto del hotel. Hay sólo una cama, lo que asumí que ella lo pidió así. Hemos dormido en la misma cama varias veces antes, así que habría sido mucho más incómodo si hubiera pedido camas separadas.
Regresa a la habitación unos minutos más tarde, y deja nuestras maletas. Desvalijo la mía, en busca de algo para dormir. Desafortunadamente, no he traído ningún pijama, así que tomo una camiseta larga y algo de ropa interior.
—Necesito tomar una ducha. —Agarro los pocos artículos que traje, los llevo al baño conmigo y tomo un baño muy largo. Cuando termino, intento secar mi cabello pero estoy demasiado cansada. En su lugar, recojo mi pelo húmedo en una coleta y me lavo los dientes. Cuando salgo del baño, Quinn está desempacando nuestras dos maletas y cuelga nuestras camisas en el armario. Me echa un vistazo y vuelve a mirar cuando nota que sólo llevo una camiseta y la ropa interior. Me mira, pero sólo durante un segundo antes de apartar los ojos incómodamente. Trata de ser respetuosa, considerando el día que he tenido. No la quiero tratándome como si yo fuera frágil. Si éste fuera cualquier otro día, ella comentaría lo que llevo puesto y sus manos estarían en mi culo en dos segundos. En su lugar, me da la espalda y toma el último de sus artículos de su bolsa de lona.
—Voy a tomar una ducha rápida —dice—. Llené el cubo de hielo y agarré unas bebidas. No estaba segura de si querías una soda o agua, así que conseguí ambas. —Toma su ropa interior y camina alrededor de mí hacia el baño, cuidadosa de no mirarme. Cuando me pasa, le agarro la muñeca. Se detiene y se da vuelta, me mira con cuidado en los ojos y en ninguna otra parte.
—¿Me puedes hacer un favor?
—Por supuesto, cariño —dice con sinceridad.
Deslizo mi mano a través de la suya, luego la traigo a mi boca. Beso ligeramente su palma, luego la descanso en mi mejilla. —Sé que estás preocupada por mí. Pero si lo que está pasando en mi vida hace que te sientas incómoda acerca de estar atraída por mí, hasta el punto de que ni siquiera puedes mirarme cuando estoy medio desnuda, vas a romper mi corazón. Eres la única persona que me queda, Quinn. Por favor, no me trates de manera diferente.
Me mira a sabiendas, luego aleja su mano de mi mejilla. Sus ojos se reducen a mis labios, y una pequeña sonrisa juega en la esquina de su boca. —¿Me estás dando el visto bueno para admitir que aún te quiero, a pesar de que tu vida se ha vuelto una mierda?
Asiento. —Saber que todavía me quieres, ahora es más una necesidad de lo que era, antes de que mi vida se volviera una mierda.
Sonríe, luego deja caer sus labios en los míos, deslizando la mano por mi cintura y alrededor de mi espalda baja. Su otra mano se planta firmemente en la cima de mi cabeza, guiándola mientras me besa profundamente. Su beso es exactamente lo que necesito en estos momentos. Es lo único que podría sentirse bien en un mundo lleno de mal.
—Realmente necesito una ducha —dice entre besos—. Pero ahora que tengo el visto bueno para seguir tratándote igual —Agarra mi culo y me tira contra ella—. No te duermas mientras estoy allí, porque cuando salga, quiero mostrarte lo increíble que creo que te ves en estos momentos.
—Bien —susurro contra su boca. Me libera, luego camina hacia el baño. Me acuesto en la cama justo cuando el agua empieza a caer.
Trato de ver la televisión por un tiempo ya que nunca tengo la oportunidad, pero nada puede retener mi atención. Han sido unas agotadoras veinticuatro horas, ya está amaneciendo y ni siquiera hemos ido a la cama. Cierro las persianas y las cortinas, luego me arrastro de vuelta a la cama y tiro una almohada sobre mis ojos. En cuanto comienzo a dar la bienvenida al sueño, siento a Quinn meterse en la cama detrás de mí. Desliza un brazo debajo de mi almohada y uno sobre mi lado. Puedo sentir sus cálidos senos apretado contra mi espalda y la fuerza de sus brazos alrededor de mí. Desliza sus manos a través de las mías y me besa suavemente en la cima de la cabeza.
—Te quiero —le susurro.
Me besa de nuevo la cabeza y suspira en mi cabello. —Yo ya no creo que te quiera. Estoy bastante segura de que he ido más allá de eso. De hecho, estoy segura de que he ido más allá de eso, pero todavía no estoy lista para decírtelo. Cuando lo haga, quiero que sea fuera de este día. No quiero que lo recuerdes así.
Pongo su mano en mi boca y la beso suavemente. —Yo también.
Y una vez más en mi nuevo mundo, lleno de angustia y mentiras, esta chica sin esperanzas de alguna forma encuentra una manera de hacerme sonreír.
Domingo, 28 de Octubre del 2012, 5:15 PM
Dormimos durante el desayuno y el almuerzo. Para cuando llega la tarde y Quinn entra con comida, me muero de hambre. Han pasado más de veinticuatro horas desde que he comido algo. Ella acerca dos sillas al escritorio y toma los alimentos y bebidas fuera de las bolsas. Compró lo mismo que había pedido luego de la muestra de arte de anoche, pero nunca llegamos a la parte de ordenar. Remuevo la tapa del batido de chocolate y bebo un gran sorbo, luego quito el envoltorio de mi hamburguesa. Cuando lo hago, un pequeño pedazo de papel cae y aterriza en la mesa. Lo sostengo y lo leo.
Sólo porque ya no tengo un teléfono y tu vida es increíblemente dramática, aun así no quiero que explote tu ego. Lucías realmente hogareña en tu franela y ropa interior. Realmente espero que te compres un par de pijamas para no tener que ver tus piernas de pollo de nuevo toda la noche.
Cuando dejo la nota sobre la mesa y la observo, está sonriéndome. Sus hoyuelos son tan adorables que me inclino hacia adelante y lamo uno esta vez.
—¿Por qué fue eso? —ríe.
Tomo un mordisco de mi hamburguesa y me encojo de hombros.
—He querido hacer eso desde el momento en que te vi en la tienda.
Su sonrisa se convierte en una presumida y se inclina hacia atrás en su silla.
—¿Querías lamer mi rostro la primera vez que me viste? ¿Es eso lo que usualmente haces cuando te sientes atraída por alguien?
Sacudo mi cabeza.
—No tu rostro, tu hoyuelo. Y no. Eres la única persona por la cual he sentido la urgencia de lamerla.
Me sonríe con confianza.
—Bien. Porque tú eres la única chica con la que he tenido la urgencia de amar.
Santo Dios. No dijo directamente que me ama, pero escuchar salir esa palabra de su boca hace que mi corazón se hinche en mi pecho. Tomo otra mordida de mi hamburguesa para esconder mi sonrisa y dejo que su oración persista en el aire. No estoy lista para que esta se vaya todavía.
Ambas terminamos nuestra comida en silencio. Me pongo de pie para limpiar la mesa, luego camino hacia la cama y me coloco mis zapatos.
—¿A dónde vas? —Me está observando atarme los cordones en mis zapatos. No le respondo enseguida porque no estoy segura a dónde estoy yendo. Sólo quiero salir de esta habitación de hotel. Cuando mis zapatos están atados, me pongo de pie y camino hacia ella, luego envuelvo mis brazos a su alrededor.
—Quiero ir por una caminata —digo—. Y quiero que vengas conmigo. Estoy lista para comenzar a hacer preguntas.
Besa mi frente y luego toma la llave de la habitación de la mesa.
—Entonces, vamos. —Tomando mi mano, enlaza sus dedos con los míos.
Nuestro hotel no está cerca de ningún parque o senderos para caminar, así que elegimos caminar por el patio. Hay un montón de cabañas alrededor de la piscina, todas vacías. Ella me dirige hacia una de ellas. Nos sentamos y me inclino en su hombro, mirando hacia la piscina. Es octubre, pero el clima está bastante templado. Empujo mis brazos por las mangas de mi franela y me abrazo a mí misma, acurrucándome a su lado.
—¿Quieres que te diga lo que recuerdo? —pregunta—. ¿O tienes preguntas específicas?
—Sí. Pero quiero escuchar tu historia primero.
Su brazo está envuelto alrededor de mis hombros. Sus dedos acarician la parte superior de mi brazo, y besa el lado de mi cabeza. No me importan cuántas veces bese mi cabeza, siempre se siente como la primera vez.
—Tienes que entender lo irreal que esto se siente para mí, Rachel. He estado pensando en lo que te sucedió cada día de mi vida durante trece años. ¿Y pensar que he estado viviendo a tres kilómetros de distancia por siete de esos años? Todavía estoy teniendo problemas procesándolo. Y ahora, cuando finalmente te tengo aquí, contándote todo lo que sucedió…
Suspira y siento su cabeza inclinarse contra el respaldo de la silla. Hace una breve pausa, y luego continúa—: Luego de que el auto arrancó, me dirigí dentro de la casa y le dije a Les que te habías ido con alguien. Ella seguía preguntándome quién, pero yo no tenía idea. Mi madre estaba en la cocina, así que fui a contárselo. Ella no me prestó mucha atención. Estaba cocinando la cena y nosotras éramos simplemente niñas. Ella había aprendido a ignorarnos. Además, todavía no estaba segura de que algo había pasado, que no se suponía que tendría que pasar, así que no sonaba asustada o algo. Ella sólo me dijo que volviera y fuera a jugar con Les. La forma despreocupada en que trató todo me hizo pensar que todo estaba bien. Teniendo seis años, y segura de que los adultos sabían todo, no dije nada más sobre el tema. Les y yo salimos afuera a jugar y otro par de horas pasaron cuando tu papá salió, gritando tu nombre. En cuanto lo escuché llamarte, me congelé. Me detuve en el medio de mi jardín y lo observé, de pie en su porche, llamándote. Fue el momento en el que supe que él no tenía idea de que te habías marchado con alguien. Sabía que había hecho algo malo.
—Quinn —la interrumpo—. Eras sólo una niña.
Ella ignoró mi comentario y continuo—: Tú papá caminó hacia nuestro jardín y me preguntó dónde estabas. —Hace una pausa y aclara su garganta. Espero pacientemente a que continúe, pero luce como si estuviera recogiendo sus pensamientos. Escucharla decirme lo que sucedió ese día, se siente como si estuviera contándome una historia. No se siente para nada como si lo que estuviera diciendo estuviera directamente relacionado con mi vida o conmigo.
—Rachel, tienes que entender algo. Tenía miedo de tu padre. Apenas tenía seis años y sabía que había hecho algo terriblemente malo al dejarte sola. Ahora, tu padre jefe de policía está de pie delante de mí, con un arma visible en su uniforme. Entré en pánico. Corrí hacia mi casa, y corrí directamente a mi habitación y cerré la puerta. Él y mi madre golpearon la puerta por media hora, pero tenía demasiado miedo para abrirla y admitir que sabía lo que había sucedido. Mi reacción los preocupó a ambos, así que él inmediatamente llamó por respaldo. Cuando escuché los autos de policía estacionar fuera, creí que estaban allí por mí. Aún no entendía lo que había sucedido contigo. Para cuando mi madre me convenció de que saliera de mi habitación, tres horas habían pasado desde que te habías marchado en aquel vehículo.
Ella todavía acariciaba mi hombro, pero su agarre se había endurecido. Empujé mis manos fuera de las mangas para poder tomar su mano y apretarla.
—Me llevaron a la estación, y fui cuestionada por horas. Querían saber si recordaba el número de placa, el tipo de auto que te había llevado, cómo lucía la persona, qué te habían dicho. Rachel, no sabía nada. Ni siquiera podía recordar el color del vehículo. Lo único que podía decirles era exactamente lo que estabas usando, porque tú eras lo único que podía ver en mi mente. Tu padre estaba furioso conmigo. Podía escucharlo gritar en el pasillo de la estación que si solamente le hubiera dicho a alguien enseguida lo que había pasado, podrían ser capaces de encontrarte. Me culpaba a mí. Cuando un oficial de policía te culpa por perder a su hija, tiendes a creer que sabe de lo que está hablando. Les lo escuchó gritar, también, así que pensó que era todo mi culpa. Por días, ella ni siquiera me habló. Ambas intentábamos comprender qué había sucedido. Por seis años vivimos en este perfecto mundo dónde los adultos siempre tiene la razón y cosas malas no nos sucedían a las personas buenas. Luego, en el lapso de un minuto, fuiste raptada y todo lo que creíamos que sabíamos se volvió una imagen falsa de una vida que nuestros padres habían construido para nosotras. Nos dimos cuenta ese día de que incluso los adultos hacían cosas horribles. Los niños desaparecían. Los mejores amigos eran alejados de ti y no tenías idea si siquiera seguían con vida.
—Mirábamos las noticias constantemente, esperando por reportes. Por semanas, mostraban tu foto en la pantalla de la televisión, pidiendo pistas. La foto más reciente que tenían de ti era de justo antes de que tu madre muriera, cuando solamente tenías tres años. Recuerdo que eso me hizo enojar muchísimo, preguntándome como podían haber pasado casi dos años sin que alguien te hubiese tomado una foto. Mostraban fotos de tu casa, y a veces mostraban nuestra casa, también de vez en cuando, mencionaban la chica de al lado que lo había visto todo pero no podía recordar ningún detalle. Recuerdo que una noche… la última noche que mamá nos dejó ver el reportaje en la televisión… uno de los reporteros había mostrado una imagen filtrada de nuestras casas. Mencionaban al único testigo, pero se referían a mí como "La chica que había perdido a Hope". Eso enfureció tanto a mi madre, que corrió afuera y comenzó a gritarles a los reporteros, a gritarles que nos dejaran en paz. Que me dejaran en paz. Mi padre tuvo que arrastrarla de vuelta en la casa.
—Mis padres hicieron lo mejor que pudieron e intentaron vivir una vida lo más normal posible. Luego de un par de meses, los reporteros dejaron de aparecer. Los interminables viajes a la estación de policía para más interrogatorios finalmente habían terminado. Las cosas comenzaron lentamente a parecer normal para todos en el vecindario. Para todos, menos para Les y yo. Era como si toda nuestra esperanza hubiera sido tomada junto con nuestra Hope.
Escuchar sus palabras y la desolación en su voz me causaba nada más que culpa. Uno pensaría que lo que me sucedió a mí hubiera sido tan traumático que me habría afectado más a mí que a las personas a mi alrededor. Sin embargo, apenas puedo recordarlo. Fue un acontecimiento tan sin importancia en mi vida, pero aun así había prácticamente arruinado su vida y la de Lesslie. Claire era tan calmada y amable, y llenaba mi cabeza con mentiras sobre la adopción y los hogares de acogida, que nunca pensé ni siquiera en cuestionarlo. Como Quinn había dicho, a una edad tan temprana tú crees que los adultos son todos honestos y sinceros que ni siquiera piensas en cuestionarlos.
—He pasado tantos años odiando a mi padre por abandonarme —digo tranquilamente—. No puedo creer que ella me arrebató de su lado. ¿Cómo pudo hacerlo? ¿Cómo alguien podría hacer algo así?
—No lo sé, cariño.
Me senté derecha, luego me giré para mirarla a los ojos.
—Necesito ver la casa —digo—. Quiero más recuerdos, pero no tengo ninguno, y en este momento es duro. Apenas puedo recordar algo, mucho menos a él. Sólo quiero pasar por allí. Necesito verlo.
Acaricia mi brazo y asiente.
—¿Ahora mismo?
—Sí, quiero ir antes de que oscurezca.
Todo el camino estoy en absoluto silencio. Mi garganta está seca y mi estómago está hecho nudos. Tengo miedo. Tengo miedo de ver la casa. Tengo miedo de que él pueda estar en casa y tengo miedo de que pueda verlo. Realmente no quiero verlo todavía, sólo quiero ver el lugar que fue mi primer hogar. No sé si me ayudará a recordar pero sé que es algo que debo hacer.
Baja la velocidad y se estaciona en la acera. Observo la fila de casas frente a la calle, con miedo de alejar mi mirada de la ventana porque es muy difícil girar y mirar.
—Estamos aquí —dice con tranquilidad—. No luce como el hogar de alguien.
Lentamente giro mi cabeza y miro por su ventana a la primera casa en la que viví en mi vida. Es tarde y el día está siendo trabado por la noche, pero verla no trae inmediatamente ningún recuerdo. La casa es color café con un borde en marrón oscuro, pero los colores no lucen para nada familiares. Como si Quinn pudiera leer mi mente, dice—: Solía ser blanca.
Me giro en mi asiento y enfrento la casa, tratando de recordar algo. Intento visualizarme caminando a través de la puerta delantera y ver la sala, pero no puedo. Es como si todo sobre esa casa y esa vida hubiese sido borrado de mi mente de alguna manera.
—¿Cómo puedo recordar como lucen tu sala y cocina, pero no puedo recordar las mías?
No me responde, porque probablemente sabe que no estoy buscando una respuesta. Simplemente coloca su mano sobre la mía y la sostiene allí mientras observo a las casas que cambiaron el rumbo de nuestras vidas para siempre.
Segunda parte de su regalo de navidad, un capitulo muy cargado de pistas
