N/A: Chibi Rukia came back. Me temo que yo no soy tan proh como Halane como para hacer esas n/a kilométricas que tanto os gustan, menos cerca de las doce de la noche con el sueño que me gasto ahora mismo xD Limítome a decir que este capi es una fusión de dos, por eso es taaan largo, y que hay un salto temporal entre uno y otro, os daréis cuenta en seguida. Siento mucho no haber respondido a las reviews del capítulo anterior D= y ahora tampoco tengo el cuerpo muy para hacerlo, así que mañana me dedicaré a vosotras en cuerpo y alma, chicas =)

En cuanto a las "anónimas"... Luna G, es un gusto leerte de nuevo ^^ Personalmente, Rosanna es otro de mis OC preferidos, después de Clarita, porque es la bomba, y nunca mejor dicho. Muy explosiva y brutalmente sincera, ya la veréis =D En cuanto a las rubias... ¡cuchara de palo, como se suele decir aquí! A esas hay que tratarlas con mano dura, y con eso se van a encontrar de ahora en adelante. Sí, sí, sí. Te comentaría más atentamente, pero la cabeza no me da para mucho, en serio xD Sólo decirte que muchísimas gracias por leer y por molestarte en dejar review.

En general siento la tardanza D: ¡Semanas de exámenes! Pero espero que el capítulo os guste y esas cosas ^^ ¡Gracias por vuestra paciencia, por leer, por agregar el fic, y por dejar reviews!

¡Nos vemos!


~Capítulo 28~

Cerró la puerta y se echó sobre la cama con pesadez, sintiendo como cedía bajo su peso lentamente, cerrando los ojos y dando un largo y prolongado suspiro. Todavía sentía cosquilleos en la mano con la que había golpeado la pared, y al pasarse los dedos por los nudillos para intentar aplacarlos, notó que se había levantado un poco la piel, pero no le dio más importancia que echar un ligero vistazo a su mano para dejarla caer sobre las sábanas.

Aún se sentía culpable por lo que había sucedido en la habitación de Clara, y se había sentido muy mal al verla llorar en los brazos de Lavi. Mal no, más bien, incómodo. Por no ser capaz de reaccionar a tiempo y por no haber sabido qué decir o hacer. Bufó. Que molesto era todo aquello.

Se frotó los ojos con la mano, arañándose un poco con las cuentas del rosario que llevaba en la muñeca y se sentó, dejando los brazos sobre sus piernas y las manos colgando en el aire. La puerta sonó entonces un par de veces, y una voz que reconoció enseguida pidió permiso para pasar.

-Pasa.

-Hola, Kanda.

La sonrisa suave de Lenalee lo calmó un poco. Cerró los ojos y volvió a suspirar.

-¿Qué quieres?

-Venía a ver como estabas- se quedó apoyada contra la puerta cerrada, sonriendo.

-¿Lavi?

-Lavi- admitió ella con la voz risueña.

-Ese idiota… Siéntate- ordenó.

Lenalee trotó un poco por su habitación hasta acomodarse sobre la silla del escritorio. Se colocó bien la falda y puso las manos cruzadas sobre el regazo, mirándolo, invitándolo a que le contase lo que le había sucedido.

-Tú eres quien ha venido a preguntar.

-¿Y tengo que hacerlo?- el gruñido de Kanda le resultó más cómico de lo normal- Oh, está bien. ¿Qué ha pasado?

-No te rías.

-Es difícil no hacerlo cuando sé que sabes lo que te quiero preguntar y me haces preguntártelo.

-Tsk.

Lenalee volvió a reír a pesar de que estaba preocupada por él. Lo veía un poco más apagado que de costumbre y eso no era normal. Se removió un poco en el asiento, y al ver que el chico no tenía intención de comenzar, volvió a preguntar pacientemente.

-¿Qué te pasa, Kanda?

-Nada- mintió, ya más por costumbre que por otra cosa.

-¿Nada?

-No- reconoció- Sí pasa algo.

-¿Entonces por qué dices que nada?- preguntó, confusa.

-Yo que sé. ¿Quieres saber qué me pasa o no?

-Si no quisiese saberlo no estaría aquí, aunque Lavi ya me ha contado por encima lo que ha sucedido en la habitación de Clara.

-¿Entonces qué quieres saber?

-Cómo estás tú. Te conozco.

-¿Me conoces?

-Bastante. Sé que te has sentido mal por haberla visto llorar porque no has sabido qué hacer. - Kanda se mordió la lengua – iba a soltarle una respuesta más propia de las que le soltaba a Lavi- y asintió con la cabeza. - Kanda, no tienes porqué - se levantó de la silla y se colocó a su lado, tomándole de la mano.

El muchacho la miró de reojo pero no la apartó. No le importó esa vez que Lenalee intentase calmarle con el calor de su mano, como hacía siempre.

-Lloraba. No me gusta ver llorar a una mujer- giró la cabeza en otra dirección, incómodo.

"Realmente le pasa algo" pensó Lenalee.

Kanda no solía admitir esas cosas así como así.

-Pero no fue culpa tuya.

-Sí que lo fue.

-¿Por qué?

La miró. En un principio no supo qué decir. Realmente no sabía por qué tenía la culpa. Tan sólo sentía que la tenía.

-No lo sabes, ¿verdad?

-No.

-Entonces es que no la tienes. No tienes por qué sentirte culpable.

-Pero me siento.

Lenalee suspiró y apretó con fuerza la mano de su amigo. Pudo notar el estremecimiento de sus dedos y abrió los suyos para examinarla, notando los nudillos lastimados.

-Perdona, no sabía que tenías una herida.

-Tsk. No es nada- masculló sin ganas.

Ella suspiró. Realmente estaba muy raro hoy, le daban ganas de abrazarlo y decirle que todo iba a ir bien. No lo había visto así de alterado desde el día en que Haruka había desaparecido durante dos días para llamar después desde París, diciendo que había pasado delante del aeropuerto y se le había ocurrido ir de compras allí, olvidándose completamente de que su marido y su hijo la esperaban para cenar.

-Esto no es propio de ti- dijo al fin, preguntándose si se atrevería a preguntar lo que quería saber. Decidió que si no lo hacía en ese momento, estando él tan dispuesto a hablar, no se atrevería nunca, así que lo soltó directamente- ¿Te gusta Clara?

-No- fue una respuesta concisa, simple, firme y... Sí, sincera. Lenalee le creyó.

-¿Entonces por qué te sientes tan responsable de ella?

El chico bufó y se apretó la nariz entre los ojos, cerrándolos con fuerza un momento.

-No sé. Me han encargado que la vigile un poco, pero no ha sido nada formal.

-¿Sus padres?

-No, los míos.

-Ya.

Eso tenía sentido. Kanda no era la persona más amable del mundo, Lenalee lo sabía, y no había mucha gente que pudiera decir que gozaba de su cariño, pero sí tenía un fuerte sentido del deber, y no cumplir con lo que se le encargaba lo frustraba muchísimo.

-Y voy yo y la meto en líos- gruñó, enfadado-. Puto Lavi, le dije que no quería ir a ese sitio.

-Venga, tranquilízate- le apretó la pierna y le sonrió-. Tampoco es para tanto. No tenías ninguna obligación para con ella, y aunque nos caiga bien y sea nuestra amiga tiene que aprender a cuidarse, ¿no te parece? No siempre vais a estar vosotros dos para defenderla.

-Tsk.

Se cruzó de brazos. Eso era precisamente lo que tendría que hacer. Decirles a sus padres que se dejaran de estupideces de mandarla a vivir a un colegio lleno de idiotas cuando no era capaz de hablar ni con ellos sin asustarse y la dejaran en un lugar donde Lavi y él pudieran tener un ojo sobre ella.

-No seas insensato. Me extraña de ti, Kanda.

-No soy insensato. Esa cría es una idiota. No puede vivir sola.

Lenalee se rió ante su ceño excesivamente fruncido.

-Sí que es un poco desvalida, sí, pero no te confundas. Estoy segura de que cuando la conozcamos más descubriremos que tiene algo detrás de esos ojos asustados. Lo que hizo hoy fue muy valiente.

-Fue una estupidez.

-No, no lo fue- se levantó y tiró de él-. Venga, acompáñame abajo. Tengo que irme antes de que mi hermano llame a la policía o algo por el estilo.

-Tsk. ¿Cómo le va?

-Bien... Ya sabes, como siempre- suspiró.

-Ya.

-Oye, ¿cómo te hiciste eso en la mano? Parece que le hubieras pegado a una pared- se rió de su propia broma hasta que la evidente incomodidad del chico le hizo pararse con un gesto de sorpresa-. No me digas que es lo que pasó.

-No le di muy fuerte- farfulló con algo de incoherencia, escondiendo la cara tras su flequillo.

Lenalee siguió riéndose, incapaz de contenerse incluso al notar que se estaba enfadando.

-Lo siento, es que... Es que es tan raro verte así de frustrado y enfadado contigo mismo... Ay- se secó las lágrimas de risa y le rozó el brazo con la mano. Nunca habría abrazado a Kanda, lo conocía demasiado, pero sabía que él interpretaría esa caricia de esa manera- Prométeme que no te preocuparás más por eso, ¿vale?- no le contestó, y la chica suspiró. Siempre igual- Prométemelo- repitió deteniéndose ya delante de la puerta y obligándole a hacer lo mismo.

Bufó resignado.

-Vale, vale.

-Bien- sonrió dulcemente-. La llamaré mañana y le diré que pida permiso para salir cuanto antes, ¿te parece? La llevaré a mi casa y procuraré ayudarla a adaptarse al colegio para que Lavi y tú no tengáis que estar de guardaespaldas, ¿te parece?

-Haz lo que quieras. Es su problema- masculló intentando recuperar su aire habitual, aunque no lo consiguió del todo.

-Eres de lo que no hay, en serio.

-Tsk.

-Venga, me marcho. Y duerme un rato, tienes mala cara- se alejó, despidiéndose con la mano mientras él esperaba a que se perdiera de vista. Era algo que siempre hacía, no es que esperara que se fuera a tropezar por el camino hacia la salida del jardín, pero no le gustaba que anduviera sola por ahí. Luego entró y cerró la puerta, bostezando.


Una vuelta.

Dos.

Tres.

Lo puso bocarriba y marcó el número que ya se sabía tan de memoria como el suyo propio.

Lo borró.

Le dio otra vuelta.

Y otra.

Y otra.

Suspiró, cansado, y lo puso de nuevo al derecho. Le dio a la tecla verde y buscó hasta encontrar el número y le dio a rellamada. Se puso el móvil en la oreja y esperó un tono. Dos. Tres. Comenzó a tamborilear los dedos en la mesa, nervioso, hasta que sonó el descuelgue. Respiró profundamente y soltó el aire con lentitud.

-¿Diga?

-Vaya, vaya, que de tiempo sin hablar. Casi se me había olvidado el sonido de tu voz, preciosa- bromeó.

-¡Tyki!

-Pensé que tenías mi número.

-Lo tengo.

-¿Entonces por qué te sorprendes?

-Porque no esperaba una llamada tuya, sinceramente.

Tyki se levantó de la silla y caminó hacia la cómoda, abriendo cajones hasta que dio con lo que buscaba: un paquete de tabaco. Sacó uno y se lo puso en los labios. Luego pilló el mechero y prendió la punta del cigarro, dejando el aparato sobre la mesa y dando una profunda calada, sintiéndose más calmado.

-Ya, bueno, es que he estado algo liado estas semanas.

La escuchó reírse y se sintió dividido. Realmente tenía ganas de verla de nuevo... pero pensar en lo que había hecho hacía que la sangre le hirviese.

-Me cuesta creerlo un poco. No te imagino matándote a trabajar, aunque es cierto que te he visto poco por los pasillos.

-Muchos exámenes, ya sabes. Y Road se pasa la vida secuestrándome para "jugar".

-¿Y qué clase de juegos puede tener con un hermanastro de veintiséis años?

-No quieras saberlo- murmuró, haciéndola callar de golpe- Pero no te llamaba para hablar de mi hermana. Quería saber si tenías mañana libre, para tomar un café.

-Tyki... Ya te dije la última vez que...

-Sí, sí, lo sé- le dio otra calada al cigarrillo, que se había consumido un poco mientras habían estado hablando- Nada de compromisos- su estómago se revolvió- Pero no te preocupes, Irene, sólo un café, lo prometo. A fin de cuentas, somos compañeros, ¿no? No está mal que quedemos para charlar e intentar ser amigos.

La escuchó chasquear la lengua, y estuvo seguro de que estaba sonriendo, satisfecha con lo que estaba escuchando. Siempre había sabido cómo contentar a una mujer, lo que tenía que decir en cada momento y cómo decirlo, y eso le había traído muchas ventajas, y en el fondo le fastidiaba muchísimo que con ella no hubiese funcionado, y que estuviese enchochada con ese estúpido pelirrojo.

-Está bien. Pero sólo un café, ¿entendido?

-Completamente- le dio una última calada al cigarro y lo apagó sobre el cenicero de su mesa- Es más, tienes mi permiso para abofetearme si intento pasarme.

Ella volvió a reír.

-Tranquilo, no creo que sea necesario, a lo mejor me da por tirarte el café encima.

-Uf, no sé que sería peor... algo me va a quemar igual.

-Cómo eres, Tyki.

-Todo un encanto, lo sé.

-Y muy modesto.

-Por supuesto. Entonces, ¿paso a buscarte a las cinco, más o menos?

-Está bien. Aunque llámame antes de salir de tu casa porque seguro que se me olvida y si no lo haces podrías pillarme casi sin ropa.

-Uhm... ¿así que sin ropa, eh?

-Tyki...

-Era broma, era broma. A las cinco.

-A las cinco.

-Bien, entonces nos vemos, espero que mañana por la mañana.

-Eso si tu hermana no te secuestra.

-Esperemos que no- bufó- Últimamente me está agotando... Menudas energías que tiene para ser sólo una cría...

-Eso es que estás viejo para ella.

-Eso le digo yo, pero no me hace caso.

-Ehm... Sí, creo que es mejor que siga sin saber que te obliga a hacer con ella.

Esta vez rieron los dos.

-Pues hasta mañana, preciosa.

-Hasta mañana, Tyki.

Colgó y se apoyó contra la pared, deslizándose por ella hasta el suelo y dejando el móvil a su lado. Se llevó las manos a la frente y se la frotó, suspirando de una forma prolongada. Chasqueó la lengua y dirigió la mirada hacia la cama, donde Road dormía abrazada a la almohada con una enorme sonrisa en los labios, vestida con un camisón blanco de tirantes demasiado corto, que dejaba ver sus piernas finas y suaves.

Sonrió, se levantó y se dirigió hacia la cama, sentándose en la orilla y acariciándole las mejillas con cuidado. Ella se restregó contra la almohada y parpadeó levemente, sonriendo todavía más al ver el rostro de Tyki.

Dejó el cojín y se puso de lado, abriéndole los brazos a su hermano y sacándole la lengua. Tyki suspiró, puso los ojos en blanco y se deslizó por las sábanas hasta encerrarse en su pecho.

-La he llamado.

-¿Sí?- comenzó a acariciar su pelo rizado.

-Sí, he quedado con ella mañana.

-¿Vas a jugar un poco con ella?- dijo entre risas.

-Sí- su sonrisa era muy semejante a la que solía poner ella- Vamos a jugar...

La escuchó reír sobre su cabeza y se sintió más apretado cuando sus brazos pequeños hicieron más fuerza, los dedos se enredaron en sus rizos oscuros tirando ligeramente, sólo lo justo como para hacerle pegar un respingo.

-Que no juegue ella contigo, Tyki. No me gustaría nada perderte.

-Últimamente te noto un poco insegura, Road- dijo con tono burlón.

-¿A mí? Para nada. Sé que siempre volverás a casa.

Él suspiró, abrazándola. Era tan pequeña y tan dulce, y sin embargo se sentía protegido cuando estaba con ella, como si todo encajara en su lugar. De alguna manera, esa niña le daba equilibrio. Había sido así desde que había aparecido en la casa, siendo una miniatura de andares desgarbados que apenas si sabía decir un par de palabras vacilantes. No sabía cuándo había pasado a ser él el que buscaba refugio en sus brazos, pero la cosa era que así habían acabado.

-Sí. Al final siempre vuelvo a casa.

Road volvió a reír, y esta vez sus caricias no tuvieron más que una eterna dulzura.


Lavi rodó en la cama hasta quedar boca abajo y alargó la mano para hacerse con el móvil que estaba en el suelo encima de un montón de... cosas.

Sonriendo travieso, marcó el número que mejor se sabía. La hubiera llamado desde casa, pero teniendo en cuenta la memoria y atención al detalle de su tutor no se le antojaba demasiado tentadora la idea. Su móvil era cosa suya y el viejo ni siquiera sabía cuánto gastaba en él.

-¿No tienes nada mejor que hacer los viernes a las tres de la mañana que llamar por teléfono?- masculló como saludo la voz ronca de Irene.

-Mmm... No, la verdad es que no. Claro que podría haber llamado a Yu, pero es que no le deseo a nadie soportar sus despertares.

-Muy interesante- el claro tono sarcástico lo hizo sonreír más-. ¿Querías algo aparte de joder la moral?

-Sí- hizo un silencio para crear dramatismo, contando mentalmente los segundos-. ¿Qué llevas puesto?

-¿Eh?

-Que qué llevas puesto, tigresa. No es tan difícil, me atrevería a decir que si apartas esas sábanas tuyas tan bonitas y miras hacia abajo te verás.

-Muy gracioso.

-Venga, dímelo.

-Si te ayuda a autocomplacerte...

-¡Eh! ¿Quién ha dicho que esté...?

-Nadie, pero me llamas un viernes a las tres de la mañana y me preguntas que qué llevo puesto, con lo cual mi mente salta a la lógica conclusión de que te sobran hormonas, mocoso.

-Para nada. Es mera curiosidad- justificó con voz indiferente. En realidad era por molestarla un rato, pero para el caso era lo mismo.

-Bien, me alegra, porque no llevo nada demasiado erótico: sólo una camiseta de algodón color morado que me va ancha y me llega por las rodillas además de disfrutar de un precioso agujero en la cadera izquierda y unos pantalones anchos verdes.

-Vaya, qué decepción- chasqueó la lengua-. ¿La lencería fina sólo es para cuando estoy allí en persona?

-No, también la usé el martes.

-¿El martes?- frunció el ceño, pensando qué había pasado el martes- ¿Por qué el martes, fiera?

-Porque quedé con Tyki, y a una le gusta sentirse sexy cuando queda con un hombre como ese, aunque sólo sea para tomar un café.

-Ah- intentó sonar despreocupado, y aunque lo consiguió su cara no reflejaba el mismo sentimiento.

-La verdad es que estuvo de lo más agradable. No pensé que se lo fuera a tomar con filosofía, está muy claro que no deben darle calabazas muy a menudo.

-¿Le has dado calabazas?

-No exactamente. No es como si me hubiera preguntado nada. Sencillamente quedé con él sin ninguna segunda intención, lo cual ciertamente debe ser equivalente a darle calabazas.

-Pobre- pero sonó tan alegre que incluso él lo notó, y pudo imaginarla adoptando un gesto molesto en su enorme cama.

-Es un buen chico, sabes, y no se merece que le mienta.

-No le mentías, ¿no? Lo vuestro era sólo sexo, como lo nuestro- comentó como si le diera igual, aunque algo extraño le recorrió el pecho al decirlo.

-Pero no era algo regular, y él sentía por mí más que eso. No digo que estuviera enamorado, pero enterarse de que me acostaba con otro no le hubiera hecho gracia.

Suspiró más tranquilo al oír el singular. Al menos Tyki había sido su única competencia.

-Así que has quedado para declinar elegantemente sus intenciones, ¿no?

La risa franca y alegre le hizo sentir impotencia.

-Algo así.

-Bueno, me alegra ver que sigues siendo tan dura como siempre. No me gustan las chicas blandas- lo dijo bromeando y se rió, pero por dentro se sintió de pronto muy frío, y se preguntó si algo de eso no habría aparecido en su voz, especialmente cuando tuvo que esperar por la respuesta unos segundos.

-Gracias, creo- replicó al fin en tono firme-. Y dime, ya que estamos, ¿tú que llevas puesto?

-El pijama, y creo que vamos a tener que dejar esto para otro día si quiero usarlo para dormir esta noche.

-Hay que ver, me despiertas y luego me dejas así. Eres un maleducado, mocoso.

Ambos rieron.

-Ya ves, tigresa, pero eso sólo me hace más sexy.

-Si tú lo dices...

-Buenas noches.

Colgó sin esperar respuesta, como siempre, y se puso boca arriba, con los brazos tras la cabeza, preguntándose si algún día cercano él sería despachado como Tyki. Bufó apartándose el pelo de la cara. No tenía sentido ponerse tan lúgubre. Al igual que tampoco lo tenía ponerse a pensar en un futuro, cercano o lejano, que a lo mejor ni se iba a suceder de esa manera. Ese pensamiento hizo que su mente comenzase a divagar. Si no acaban separándose, o cansándose él de ella, o como fuese, ¿cómo terminarían? ¿Con una relación formal? ¿Viviendo juntos?

Se golpeó la frente en un vano intento por hacer que esas ideas desapareciesen, no muy seguro de querer que eso sucediese. Respiró profundamente y se dio cuenta de que se sentía, de pronto, enormemente bien. Ignoraba si había sido por esos pensamientos tan optimistas, pero tampoco quería centrarse mucho en ellos. No era propio de él.

Se levantó de la cama y se dirigió hacia su ventana, abriéndola y dejando que el fresquillo le diese en el rostro y le revolviese el flequillo despeinado. Su ojo verde vagó por el cielo, saltando de estrella en estrella- las pocas que se veían- y llegó hasta la luna, grande y redonda. Desvió la vista un momento hacia el móvil y sonrió con picardía. Lo cogió rápidamente y marcó un número, ensanchando su sonrisa cuando escuchó el descuelgue, seguido de un sonido hueco y un gruñido no precisamente muy amistoso.

-Ya puedes estar muriéndote... No, creo que ni por esas. Mañana te mataré.

Se echó a reír.

-Yo también me alegro de escucharte, Yu. ¿Soñabas conmigo?

-Vete al carajo. ¿Es que quieres que tenga pesadillas? ¿Qué coño quieres?

-Nada, sólo reírme un rato.

-Para eso sólo tienes que mirar en el espejo tu cara de payaso.

-Tío, en serio, dormido eres la hostia.

-Si no tienes nada que decirme te cuelgo.

-¿Y si tengo algo que decirte pero prefiero contártelo mañana?

-Mañana estarás muerto en cuanto que pises la puerta de mi casa.

-¿No me dejarás ni cinco minutitos para hablar?

-Como mucho cinco segundos para que puedas gritar.

Volvió a reírse con más ganas. Lo escuchó suspirar y supo que se había dado cuenta de que le pasaba algo.

-Pues la verdad es que prefiero contártelo mañana, cuando estés más despierto.

-¿Entonces para qué carajo me has llamado?

-Ya te lo he dicho, necesitaba reírme un poco- alzó la ceja y sonrió- Dime, Yu, ¿qué llevas puesto? ¿Yu? ¡Yu!

Se separó el móvil de la oreja y miró la pantalla, riéndose.

-¡Me ha colgado!


Dio un pequeño respingo cuando notó los brazos deslizándose suavemente por su cintura hasta rodearla, entrelazando las manos sobre su vientre plano. Sonrió y no pudo reprimir una risilla cuando lo escuchó deslizarse por las sábanas hasta pegarse a su espalda, y los pelos de la nuca se le erizaron al sentir su respiración sobre la misma, provocando que en su estómago hubiese un baile de mariposas, que aumentó cuando su olor empezó a llegarle poco a poco y empezó a sentir el calor de su pecho.

"Respira, Lenalee, respira" pensó.

El corazón le latía con fuerza en el pecho y casi se podía decir que temblaba de los nervios.

-¿Estás bien?- su voz sonó algo ronca en su oído y se estremeció todavía más.

-Sí- se sonrojó al escuchar su propia voz, más aguda de lo normal.

-¿Seguro?

Hizo ademán de girarla, pero ella le apretó las manos y lo miró de reojo, asintiendo con una sonrisa, volviendo a su posición original. Si lo miraba a la cara no iba a poder controlarse y lo sabía.

-Sí- suspiró- Estoy bien, no te preocupes... Es sólo...

-¿Es sólo? ¿Te molesta que esté así?- preguntó, algo alarmado, intentando separarse.

Por supuesto ella no lo dejó. Todo lo contrario, se estrechó más contra él y comenzó a acariciarle las manos con los dedos.

-No seas idiota. Si me encanta... lo que pasa... es que me encanta... demasiado...- murmuró, sonrojada.

Segundos después lo notó estremecerse a él y supo que la había entendido, y enterró su cara en el cuello de ella, avergonzado.

-Vaya... Lenalee, no…

-Lo sé- dijo, riéndose- No es que no quiera… Es que aún no… me siento preparada, ¿entiendes?- deslizó suavemente su dedo índice por el dorso de la mano, dibujando círculos.

-No te preocupes por eso- le dio un pequeño beso en el cuello y otro en el pelo.

-Lo sé- repitió- Eres tan bueno, Allen…

Él sonrió, cerró los ojos y enterró su cara en el pelo de ella, aspirando su aroma. Sintió cómo Lenalee se iba relajando poco a poco entre sus brazos, normalizando su respiración.

-¿Qué hora es?- preguntó, no muy seguro de si estaba despierta.

-Las tres y media- contestó muy bajito.

-Uf. Y mañana clase... No quiero- se quejó, encogiéndose contra ella y bufando, haciéndola reír- No te rías, que es verdad. No quiero. Encima hay que levantarse temprano y tenemos matemáticas a primera hora. No es justo...

-Desde luego, Allen- notó sus uñas arañándole suavemente en las manos- No abras los ojos.

Sintió los labios de Lenalee posarse sobre los suyos, y atraparlos en un beso suave y dulce, que correspondió de buena gana. Fue a mirarla cuando se separaron, pero ella le cubrió los ojos con una mano. La notó temblar.

-¿Lenalee?

La escuchó arrastrar su cuerpo por las sábanas y acercarse a su oído.

-Te quiero.

Lo dijo con una voz que no parecía la suya, tan bajito y tan rápido que tardó un poco en procesar sus palabras. Cuando notó que apartaba su mano, abrió los ojos y la vio de nuevo de espaldas a él. No pudo sino sonreír. Sonreír de una forma tan estúpida y tan feliz que sintió que la piel se le iba a quedar así de estirada para siempre.

El pecho se le llenó de un sentimiento que no supo reconocer, y la abrazó con todas sus fuerzas, tal y como su cuerpo se lo estaba pidiendo. Se pegó todo lo que se pudo a su nuca y habló sin pensar demasiado.

-Yo también te quiero.

La notó temblar otra vez y aferrarse con fuerza a sus brazos.

-Bueno... pues ahora a dormir...- su voz era débil.

Allen rió débilmente y la abrazó con más fuerza.

-¡Pero no me llores!

-¡No estoy llorando!- mintió, apartando una de las manos para secarse las lágrimas que se le escapaban.

La sonrisa del chico se volvió tierna, y cuando fue a enterrar de nuevo su rostro en su cuello, Lenalee se dio la vuelta con muchísima rapidez y apretó su cara contra el pecho de él, dejándolo algo descolocado durante unos segundos.

-Buenas noches- le escuchó murmurar.

-Buenas noches- le respondió.

Lenalee se durmió casi en seguida. Allen se quedó despierto un rato más, jugueteando un poco con su pelo negro y con la misma sonrisa idiota dibujada en el rostro, sintiéndose inmensamente feliz.


La mañana del viernes, decidió Clara mientras se cepillaba el pelo, no había sido tan horrible.

Vale, su compañera de pupitre seguía sin hablarle, le habían desaparecido los deberes de inglés y de matemáticas tras el recreo y a la hora de la comida había tenido que sentarse sola, pero aparte de eso no había estado tan mal. Seguía viva, y nadie la había insultado. No estaba mal.

Suspiró. Lenalee la había llamado para decirle que se quedarían todos en casa de Kanda ese fin de semana, así que tenía que preparar las cosas. Y no quería ir.

Estaba un poco confusa desde lo del lunes. No quería que los chicos se sintieran incómodos, ni sentirse así ella. Era todo muy complicado.

Volvió a suspirar.

Hubo un par de golpes en la puerta, y se quedó paralizada con el peine a medio camino de la melena.

-Abre la puerta, niña nueva.

Reconoció la voz de Rossanna a pesar de no haberla escuchado apenas y se levantó a abrir algo asustada.

-H-hola...

La otra se metió en la habitación sin más ceremonia.

-Acabo de enterarme ahora de que el lunes tus amiguitos y tú les distéis bien por culo a Paula y su séquito de burras rubias- esbozó una súbita sonrisa que dio a su cara una simpatía que antes no había tenido. Se dio cuenta de que el suyo era un rostro muy expresivo-. Bien hecho, chica nueva.

-Ah... Gracias...

-¿Siempre hablas así?

-¿A-así?

-Sí. Como si fueran a pegarte, ya sabes- frunció el ceño-. ¿Te pegaban en casa?

-¡No, claro que no!- exclamó escandalizada.

-Eso está bien. Si quieres que la gente se lo crea será mejor que dejes de caminar como si alguien te persiguiera con un palo- se rió ante la ocurrencia.

-T-te llamas Rossanna, ¿no?

-¿Qué clase de pregunta es esa después de llevar una semana sentándonos juntas?

-B-bueno, tú me llamas chicas nueva...

-Ah, sé tu nombre, pero es que nunca vi a una que pareciera tan nueva como tú. Pareces un polluelo asustado todavía.

Clara sonrió medio en serio, medio en disculpa.

-Es que veo que no he empezado con buen pie, y claro...

-Estás de broma, ¿no? Has puesto a Paula en su sitio. No había visto un comienzo así en mi vida.

Clara se sentía un poco intimidada ante el cambio brusco de Rossanna, que de pronto parecía mirarla casi con admiración. No era que le cayera mal, parecía maja, y estaba claro que tenía unas ocurrencias muy divertidas, pero la miraba como si ella fuera superior en algo, como si la admirara.

Se rió un poco, nerviosa.

-Sí, bueno, es que estaba molestando a un amigo, y...

-¿Los dos chicos de los que habla todo el mundo?

-Sí.

-Me los perdí- suspiró-. Para una vez que viene alguien interesante... Aunque bueno, aquí todas encuentran interesantes a casi todos los tíos. Seguramente no fueran para tanto.

-N-no sé, son guapos y eso...

-¿En serio?

-Sí... Yo creo que lo son...

-¿Crees?- bufó, y otra vez se acordó de Kanda- Pensé que eras tímida, no tonta. ¿Son guapos o no son guapos?

Clara se sonrojó pensando en ambos, sin duda eran muy atractivos, cada uno en su línea.

-Sí, lo son- afirmó, y de pronto se sintió algo más segura-. Son muy guapos- remarcó.

Rossanna sonrió, era una sonrisa extraña, algo torcida y sarcástica, pero la encontró agradable.

-Ya los veré otro día que vuelvan- miró la pequeña maleta abierta sobre la cama-. ¿Te marchas?

-Sólo el fin de semana... Unos amigos y yo vamos a la casa de uno de ellos.

-¿Amigos?

-Sí.

-¿Vas con chicos?

-Tres chicos y una chica. Y yo, claro.

-Entonces me voy, supongo- sonrió otra vez-. Sabes, no eres tan tonta como pareces. Creo que hasta podrías caerme bien.

Se fue como había llegado y Clara se sentó, aturdida pero feliz. Había hecho una amiga. Ya no estaba sola en el colegio. Abrazó a la almohada de puro contento y luego se acercó al armario: era hora de empezar si no quería llegar demasiado tarde.


Allen se apoyó contra el timbre, aprovechando para recuperar el aliento y mirando el reloj. Nueve y cuarto y habían quedado a las nueve, ¿cómo se le había hecho tan tarde?

"Claro, ¿cómo iba a ser?" se dijo mentalmente con ironía, recordando a su padre persiguiéndolo para pegarle con un libro por haberle preparado una comida que no le gustaba.

Pero bueno, tenía que mirar el lado positivo: le esperaba un cómodo fin de semana rodeado de amigos en la siempre guay casa de los Kanda, que era cómoda, silenciosa y calentita, y donde la comida la preparaba la vieja Nanny y no él mismo.

-No te mueras en mi puerta, Moyashi.

Como siempre que la escuchaba de imprevisto, la voz de Kanda hizo que un disimulado escalofrío se colara por su espalda.

-Hola, bakanda- saludó fríamente al ver que Lenalee no estaba cerca.

El otro sólo gruñó, haciéndose a un lado para dejarlo pasar. Vio que miraba a ambos lados.

-No han llegado.

-¿Eh?

-Los demás.

-Ah...- los maldijo para sus adentros. Así que se daba prisa sólo para llegar a un salón donde tendría que estar a solas con Kanda. Pues genial.

El japonés lo hizo pasar al salón y esperó a que él se sentara para hacer lo mismo, cruzando sus largas piernas. Allen se dijo que verdaderamente era afeminado, lo cual casi lo hizo reír. Se hubiera reído de no estar tan de malas por la situación. Nanny entró con toda su discreción, sonriente. Rara vez abandonaba su habitación o la cocina salvo que la llamaran, pero al oír a Allen se había apresurado a hacerlo.

-Señorito Allen...

-¡Nanny!- sonrió dulcemente a la anciana- ¿Qué tal todo?

-Muy bien, señorito. ¿Se le ofrece algo?

-No, no te preocupes, de verdad...

-Tráele leche, a ver si crece un poco.

Los dos lo miraron con reproche.

-Señorito...

-No te molestes, Nanny, no vale la pena.

-¿Qué quieres decir con eso, Moyashi?- preguntó inclinándose hacia adelante con indignación.

-Nada- parpadeó inocentemente.

La mujer suspiró.

-Bueno, estaré en la cocina, preparando comida que podáis tomar aquí, ¿está bien, señorito?

Kanda hizo un gesto de asentimiento con la cabeza y la despidió con un suave gesto de su mano. Allen frunció el ceño.

-Nanny te quiere de verdad. Podrías ser más amable.

-Tú podrías ser menos idiota y nadie te lo va diciendo.

-¿Te consideras nadie?

-Evidentemente no, pero creo que no necesito recordártelo porque tus actos hablan por si mismos, moyashi.

-Vaya, así que con el pie izquierdo, ¿eh?- se escurrió hacia atrás en el sofá- De todas maneras no vales el esfuerzo de una discusión, bakanda.

-Podría decir lo mismo, moyashi.

-Pues entonces deja de provocarme.

-Deja de hacerlo tú.

-Eso pienso hacer.

-Bien.

-Bien.

-Genial.

-Perfecto.

-¿No ibas a cerrar el pico?

-He dicho que iba a dejar de provocarte, no que fuese a callarme la boca.

-Parece que aún no te has dado cuenta de que eso va unido.

-Pues mira, eso es un paso, porque a ti no te hace falta ni abrir la boca.

-Te la estás ganando, moyashi.

-Ni que a mí me faltasen ganas...

En ese momento el timbre los sobresaltó- a uno más visiblemente que al otro- e hizo que dejasen de hablar de golpe. Kanda se levantó suavemente y con serenidad del sillón, como si la discusión que acabasen de mantener no hubiese sucedido nunca, y se acercó a abrir la puerta, donde permaneció hasta dejar paso a una sonriente Lenalee, que lo saludó dándole una leve palmadita en el rostro. Luego se acercó a Allen, que mostraba una amplia sonrisa en la cara- de idiota, para Kanda- y que recibió a la chica con un suave beso en los labios.

Kanda bufó y fue a cerrar la puerta cuando un pie lo impidió. Al contemplar el zapato, el japonés giró el rostro y apretó la puerta lo suficiente como para arrancarle un gemido de dolor a la otra persona, que entró dando saltos cuando Kanda se decidió a dejarlo pasar.

-¡Joder, Yu, tienes una mala hostia a veces!

-Lo que tú digas.

-¡Has apretado a sabiendas de que tenía el pie ahí!

-Evidentemente.

-¿¡Pero por qué! ¡Si aún no te he hecho nada!

-Tú lo has dicho, aún. Además, he estado discutiendo con el moyashi y me he puesto de mal humor.

Sonrió levemente al ver como Lenalee regañaba a Allen, y lo miró desafiante cuando sus ojos grises se encontraron- los de Allen bastante cabreados-.

-Y tú tampoco sonrías tanto, Kanda. No entiendo por qué os tenéis que andar peleando siempre, la verdad. ¿Es que no somos todos amigos?

-Sí lo somos- dijo Lavi, alzando los hombros y cojeando hasta el sofá, sentándose frente a la pareja- Pero es que Allen y Kanda se ponen nervioso el uno al otro. Es su forma de decirse que se quieren.

-Y una mierda voy a querer yo a ese- dijeron a la vez, haciendo reír a Lavi y suspirar a Lenalee, que le dio un pequeño coscorrón a su novio.

-¿Te vas a quedar ahí hasta que llegue la princesa, Yu?

El mencionado gruñó y le desvió la mirada.

-Es un peñazo tener que levantarme otra vez.

-¿No será que quieres asegurarte que llega bien y no se cae por el camino o algo así?

-Tsk. Tonterías.

-Oh, qué tierno eres, Yu.

-Como un osito de peluche- ironizó Allen- ¿No ves que lleva un corazoncito en el cuello que dice "Love me"?

-Moyashi...

-¡Allen!

-¡Joder! ¡Si estás aprendiendo, moyashi!

-¡Es Allen!

Lavi empezó a reír a carcajadas y Allen lo miró con el ceño fruncido. Lenalee se echó contra el sillón y se centró en liar con sus dedos las puntas del pelo blanco de Allen, rindiéndose, sabiendo ya que no podría hacer nada para que dejasen de pelearse de una vez.

Curiosamente después se hizo el silencio. Lavi se estiró en el sofá como si estuviese en su casa. Allen se echó contra el hombro de Lenalee y se acurrucó ahí, entrecerrando los ojos. Kanda se apoyó contra la puerta y se cruzó de brazos. Fue el único que no se sobresaltó cuando, minutos después, el timbre volvió a sonar.

Abrió la puerta sin sonreír en absoluto, incluso se acentuó un poco su ceño, y se encontró con los enormes ojos azules de Clara que tan raro lo hacían sentir siempre.

-Hola- saludó sobriamente.

-H-hola, perdona la tardanza, es que el taxi no aparecía y no quería venir andando sola de noche y...

-Pasa de una vez- se hizo a un lado y la dejó pasar, arrebatándole la mochila de las manos.

-¡No hace falta! Puedo llevarla yo, en serio...

-No- objetó simplemente.

-¡Buenas, princesa!

Clara se aturulló como de costumbre ante el entusiasmo del peligroso, tropezando con la mesilla que había junto al sofá en el que se había alzado él bruscamente.

-Hola, Lavi- miró a Lenalee y Allen, acurrucados en el otro sofá-. Hola- dijo sonriendo.

Ambos respondieron a su saludo mientras Kanda entraba para sacar las piernas de Lavi y sentarse junto a él, señalándole la butaca a Clara.

-Siéntate tú ahí, si quieres, yo estoy bien compartiendo el sofá... No me importa aguantar las piernas de Lavi si prefiere acostarse, en serio...

-¡Calla, princesa! ¡Si estuviera allí no podría fastidiarlo!

-Tienes dos pies- comentó Kanda, sorprendiéndola, pero el pelirrojo pareció entender, porque enmudeció con mirada asustada.

-¿Qué tal en el cole?- preguntó Lenalee amablemente.

-Bien... Mi compañera me ha hablado antes de salir, resultó ser una chica algo... peculiar, pero parece agradable de todas formas y... Bueno, eso, que sin problemas.

Los dos mayores cruzaron una mirada algo cómplice. Ya hablarían con ella con más calma, estaban seguros que de no podía haber sido todo tan bonito.

-Me alegro mucho, Clara.

-Yo también- apoyó Allen, sonriéndole.

-Calzonazos.

-Sólo porque sea educado eso no quiere decir que...

-¿Seas un calzonazos? Sí quiere decirlo eso de que digas que sí a todo lo que dice tu novia.

-Porque me alegra que a Clara le vaya todo bien, aunque a ti te dé lo mismo.

-No me da lo mismo.

Clara se sonrojó violentamente al escuchar la respuesta.

-N-no discutáis por mí...

-Tranquila, sólo te están utilizando como excusa- suspiró Lenalee.

Los dos se volvieron cada uno para un lado, enfurruñados, y Lavi se rió otra vez.

-Bueno, bueno, ¡vaya finde vamos a tener si vais a estar así de morros!- se volvió hacia la enorme pantalla de Kanda- ¿Hace una peli?

-¡Oh, sí!- la exclamación complacida de Clara y sus ojos brillantes y alegres hicieron sonreír a todos (exceptuando a Kanda, por supuesto), y la opción de la película pronto fue apoyada por todos. Lavi fue a por la cena a la cocina junto con Allen, y las chicas se quedaron recorriendo los DVD's de Kanda en busca de algo interesante.

-¿Qué os apetece?- preguntó el japonés con su habitual deferencia a las chicas. En lo que a él le concernía, debían elegir y él aguantarse.

-No sé...- Lenalee paseó los dedos por los lomos de las cajas- ¿Tú quieres algo especial, Clara?

-N-no... Quiero decir...

-¿Sí?

-No, nada...

Kanda bufó, guardando un DVD con brusquedad.

-Dilo.

-Si no era nada...

-Clara, ¿hay algo que te guste especialmente?

Ella pareció confusa, y sus ojazos empezaron a buscar un rincón donde esconderse en la habitación.

-No sé... Las pelis de risa no están mal... Ni las románticas...

En ese momento los otros dos hicieron su aparición cargados de bandejas de bocadillos y ensaladas que dejaron en la mesa ratona, y Nanny entró a dejar una bandeja con bebidas en el suelo, justo al lado, deseándoles que se divirtieran.

Lavi suspiró abriendo una Coca-cola y antes de que nadie siguiera hablando alargó la mano y cogió un DVD con mano experta.

-Je... Sabía que la tendrías.

Kanda lo miró intrigado, y lo mismo hicieron los demás.

-¿De qué hablas, Lavi?- preguntó Allen.

-¡La última peli de miedo que salió, esa de la que hablan todos en el instituto!

-Será en vuestra clase- dijo Lenalee.

-Sí, en nuestra clase. ¡Todo el mundo la ha visto menos nosotros!- la metió en el aparato sin esperar más aprobación y se instaló en su pose de siempre, con los pies apoyados contra el muslo de Kanda, que para sorpresa de Allen ni siquiera hizo amago de apartarse.

Lenalee se acomodó junto a Allen, y Clara, cabizbaja, se sentó en la butaca, encogiéndose en ella cuando se dio cuenta de todos estaban absortos en la película y ninguno le prestaba más atención que a una palomita que había rondando por la lámpara del techo, que fue apagada por Nanny cuando se dio cuenta de que habían puesto la televisión.

La película empezó. A pesar de que no había para nada un ambiente tenso en la habitación, con las risas de Lavi, los bufidos de Kanda y los susurros de Allen a Lenalee cada vez que se encogía junto a él, Clara no dejó de abrazar sus rodillas ni un momento, como si haciéndolo fuese a sucederle algo semejante a los de la película. Reprimió un par de gritos que Lenalee no se calló, y encogió la cara otras tantas, cada vez que aparecía alguna persona de repente o que algo le asustaba.

Cuando ya iba bastante avanzada la peli, a Kanda le dio por mirar a Clara, extrañado al percatarse que la chica no emitía ningún sonido, a diferencia del resto de la sala, y se la encontró completamente encogida en el sillón, temblando y escondiendo el rostro cada dos por tres. Giró de nuevo la cabeza y suspiró pesadamente. Esperó cinco minutos más, mirando a destiempo a la chica, y cuando vio que no cambiaba de posición ni hacía indicios de moverse o decir algo, se alargó a por el mando del dvd y le dio a pause.

-¡Eh! ¡Si estaba en lo mejor!

-Cierra la boca- gruñó, señalando con la cabeza a Clara, que seguía encogida.

-¡Clara!- dijo, alarmado, y se levantó de su asiento para ir junto a ella- Clarita, ¿estás bien? Dios santo, estás temblando. ¿Llevas mucho rato así?

-Me atrevería a decir que toda la película.

Allen y Lenalee también se giraron, algo preocupados, y Lenalee también se levantó para ir donde ella. Lavi le había tomado de las manos e intentaba que bajase las piernas para poder verle la cara, que en ese momento tenía encogida contra las rodillas.

La chica se sentó a medias en la butaca y le acarició el brazo derecho y el pelo

-Cielo, no pasa nada, sólo es una película. Vamos, cálmate- le dijo Lenalee.

Clara seguía temblando, e incluso sollozó un par de veces. Entonces, de pronto, se separó y se lanzó a los brazos de Lavi, que la recibió muy sorprendido. Comenzó a sollozar cada vez más alto y se aferró con fuerza a la ropa de su amigo, que sonrió con ternura y la rodeó con sus brazos, acunándola e intentando calmarla.

-Ya está, ya está. Tranquila, princesa- le susurró al oído.

-Clarita, si no te gustaban las películas de miedo deberías habérnoslo dicho. Ay, qué tonta- dijo Lenalee, sonriendo al final de la frase y acariciándole el pelo desde arriba.

-E-e-es que... c-como queríais verla... yo... yo no quería- dijo entre sollozos.

Lavi, Allen y Lenalee sonrieron. Kanda sólo bufó.

-Tonta.

-¡Yu! No seas así.

-Debió habérnoslo dicho- gruñó.

-Como un osito de peluche- murmuró Allen- No te preocupes, Clara- le sonrió dulcemente- Si en realidad el único que quería ver la película era Lavi, los demás no hemos dicho nada porque no teníamos preferencias. La próxima vez que no estés de acuerdo con algo dilo, que no te vamos a morder.

La chica lo observó desde los brazos de Lavi y asintió con la cabeza, volviendo a enterrar su cara un poco en el pecho del chico, que seguía abrazándola y susurrándole que se calmara. Cuando se sintió mejor se separó de él, frotándose los ojos y sentándose en el suelo.

-Lo siento, os he hecho pasar un mal rato.

-Uy, sí, qué terrible. He tenido que estar abrazando y consolando a una chica preciosa. ¡Debe de ser mi día de suerte!

Clara se cubrió el rostro con las manos aprovechando que ya las tenía ahí, muerta de la vergüenza, y Lavi comenzó a reírse, tomándola de las manos y dándole un pequeño beso en la frente.

-Venga, ¿quieres sentarte conmigo ahora?- le guiñó un ojo.

-No... no quiero molestarte...

-Buf, es que eres una molestia horrible, Clarita.

-Lo sien...

-No lo dice en serio- dijo Kanda, cansado de tanto momento pasteloso- Y si no te gusta la película la cambiamos y punto.

-¡Pero yo quiero terminar de verla!

-La cambiamos y punto- sentenció.

Kanda se levantó para buscar algo que pudiera gustarle a Clara, y suspiró resignado dando con una que sabía que le encantaría y que él sufriría a cada segundo. La puso sabiendo que nadie se quejaría, porque Lavi era más cursi que nadie y Allen se callaría porque a Lenalee le agradaría la elección.

Iba a volver al sofá, pero como vio a Clara sentada con la cabeza de Lavi en las piernas se fue a la butaca.

-Si te asustas con esta, te echo- amenazó ganándose miradas de reproches que se transformaron en risas al ver el título de la película en la pantalla.

-¡Vaya, Yu, has hecho una broma voluntariamente!- comentó el pelirrojo alegremente, y el japonés esbozó una de sus curiosas sonrisas.

-No os acostumbréis.

-Nah, ya sabemos que tu gran sentido del humor viene en dosis mínimas y de edición limitada, no te preocupes.

Kanda sólo gruñó y se acomodó mejor para que la coleta no le molestase. Vaya mierda tener que ver esa película tan romanticona y boba, pero bueno, al menos Clara no lloraría con esos estúpidos ojos suyos.

Pasaron la película en silencio hasta faltar media hora para el final, momento en el que los sollozos de Lavi y Lenalee inundaron el salón. Los dos estaban conmocionadísimos por el dramatismo del guión. Kanda miró el techo sin comprender qué veían de emotivo, a él no le parecía nada trágico. Clavó los ojos en Clara para comprobar que estuviera bien y se dio cuenta de que estaba completamente inmersa en la película, apenas parpadeaba y tenía los labios relajados, y sus dedos pálidos, que jugueteaban inconscientemente con algunos mechones pelirrojos de Lavi, eran lo único en ella que se movía de alguna manera. Ahora sí que parecía una muñequita, tan inmóvil, con esa mirada ausente y el movimiento mecánico de los dedos. Frunció el ceño sin saber si le agradaba o le daba grima.

En realidad Clara había visto esa película cientos de veces. Sentido y sensibilidad no era sólo su libro favorito, sino una de las películas que más le gustaba. Pero no podía evitar quedarse tan absorta como la primera vez al ver cómo el corazón de Marianne se iba destrozando al mismo ritmo que el de Elinor, si bien de una manera más descontrolada y apasionada. Le hubiera gustado poder ser como Elinor, saber controlarse y hacer siempre lo correcto sin molestar a nadie.

Se dio cuenta de pronto de que Lavi lloraba en su regazo y de que ella estaba jugueteando con su pelo y se sintió avergonzada. Apartando la mirada de la pantalla para disculparse, sus ojos se cruzaron con los de Kanda durante un segundo y enrojeció.

Claro, a él no debía gustarle nada esa película. Seguramente la había puesto para ella y se estaría aburriendo mucho. Miró a Allen, que parecía pasárselo bien consolando a Lenalee. Bueno, nadie parecía fastidiado... Aparte de Kanda, pero él lo parecía a menudo. Y de pronto se dijo a sí misma que aunque hubiera rechazado la película Kanda la habría puesto igual.

Empezaba a conocerlo lo bastante como para saber que sólo haría lo que le parecía que debía hacer, ni más ni menos.

Le sonrió, como dándole ánimos, y aunque ya no la observaba lo escuchó bufar y se sintió bien al reconocer que era el mismo bufido que hacía cuando Lavi le daba algún consejo o Lenalee se mostraba amable con él. ¿Quizás empezaba a considerarla una amiga? Miró al pelirrojo, que seguía muy concentrado en llorar amargamente, y ahogó una risita. Lavi ya la consideraba su amiga, así que era fácil que Kanda compartiera su opinión. Y qué mono llorando por la película, a él sí que no le faltaba sensibilidad. Lavi era muy gracioso.

Suspiró algo más profundamente de lo que lo había estado haciendo antes y centró sus ojos de nuevo en la pantalla, perdiendo sus dedos de nuevo en algunos mechones del pelo de Lavi. Normalmente no se tomaría la licencia de hacerlo, pero necesitaba tener distraídas las manos, siempre que veía una película que le gustaba lo hacía, y al chico no parecía molestarle en absoluto, de modo que no se cortó un pelo- y nunca mejor dicho- en seguir haciéndolo, aunque sabía que luego se pasaría todo el rato avergonzada por ello.

Comenzó a morderse la uña del pulgar de la mano que tenía libre cuando se fue acercando el final, hasta que Lavi le cogió la mano y se la puso junto a la cara, llena de lágrimas, haciéndola enrojecer un poco más al notar que se dedicaba a acariciarla con sus propios dedos, no sabía si nervioso o emocionado.

Cuando aparecieron los créditos, tanto Lavi como Lenalee sorbieron por la nariz a modo de dar finalizada su llantina, y Kanda se levantó para encender la luz.

Lenalee siguió abrazada a Allen un poco más, que sonreía, con la mejilla apoyada contra la cabeza de la chica y le acariciaba el brazo derecho con la yema de los dedos. Lavi tampoco se movió. Fue Clara la que apartó sus manos del pelo y de la cara del chico y colocó una de ellas, dubitativa, sobre la espalda de su amigo, acariciándolo como quien acaricia a un gato.

La butaca crujió al recibir a Kanda de nuevo, que alargó el brazo para coger un refresco que vació casi de un trago, observando después a sus amigos, que comenzaban a recobrar la compostura. Todos se sorprendieron un poco al ver el rostro sereno de Clara, sin evidencias de haber llorado nada, pareciendo incluso feliz.

-Jo, princesa, no sé como te has podido aguantar las lágrimas. Era preciosa.

-Lo sé- dijo, sonriendo tibiamente- es una de mis películas preferidas. La he visto tantas veces que supongo que será por eso.

-O porque no eres como esta panda de llorones- replicó Kanda, antes de terminarse de otro sorbo la lata.

-Oye, que tú no tengas sentimientos no quiere decir que los demás también seamos de piedra, Yu- dijo Lavi, señalándole acusadoramente con el dedo.

-Tsk.

-Deberías limpiarte las…- dijo Clara, llamando su atención y pasándose las manos por las mejillas, indicándole a qué se refería.

-Oh, claro, cierto, princesa, gracias- se pasó el puño por los ojos, quitándose los restos salinos- Bueno- sorbió los mocos otra vez- ¿Y ahora que hacemos?

-No sé, ¿os apetece jugar a algo?- preguntó Lenalee.

-¿Por qué no?- dijo Lavi- Algunas risas nos vendrían bien después de esto.

Nadie hizo caso al susurrado "Por favor" de Kanda.

-¿Tú qué dices Allen?- preguntó Lenalee, sonriéndole.

-Es evidente que no te va a decir que no- dijo Kanda, cruzándose de brazos.

-Vete a la mierda.

-No empecéis- Lenalee tomó a Allen de la mano y lo levantó con ella- Vamos a buscar los juegos, Allen. Siguen donde siempre, ¿no es así, Kanda?

-Sí.

-Bien, entonces ahora volvemos.

-Hasta ahora- dijo Allen, confuso.

-¡No os magréeis demasiado!

Se escuchó un leve "que te den", pero ninguno le hizo caso.

Lavi se acurrucó contra Clara, haciendo bufar a Kanda al ver que la chica se apartaba educadamente.

-Jo, y ahora te da corte, cómo eres, princesa. Bueno, y dinos, ¿cómo te fue el día hoy?

-Bi-bien- repitió- No pasó… nada…- mintió.

-Mientes.

-¿Por qué sigues haciéndolo si sabes que el capitán Verdades te descubre siempre?

-Vete a la mierda- dijo el japonés.

-Es que…

-¿No quieres preocuparnos?

-Bueno… no- reconoció al final- No quiero que tengáis que estar siempre pendientes de mí… Sé… sé cuidarme yo sola.

-Já.

-Yu, no seas desagradable.

-Sólo digo la verdad. Y la verdad es que Já, tú no sabes cuidarte sola.

-Eso no es cierto- murmuró.

-Sabes que lo es, por mucho que te duela. Así que deja de mentir de una vez y dinos que te ha pasado.

Un sentimiento muy extraño golpeó a Clara en el pecho. No supo muy bien qué era, pero lo reconoció, lo había sentido otras veces, sobretodo cuando de pequeña se habían metido con ella, pero nunca había sido capaz de expresarlo. Decidió hacer como había hecho siempre, esconderlo bajo presión y hacer como si no estuviese ahí.

-Clara, no hagas caso a Yu, no tienes por qué responder si no quieres- dijo Lavi con voz suave.

-No, si...- levantó la cabeza de pronto, echándose el pelo hacia atrás y pareciendo muy orgullosa por un fugaz instante- Puedo contarlo- aseguró con repentina firmeza, mirando a Kanda a los ojos. Él frunció el ceño, le pareció atisbar una chispa de desafío en las pupilas asustadas.

-Adelante- invitó.

Clara hizo un resumen rápido de su mañana, al final del cual ambos chicos estaban serios como si acabaran de asistir al funeral.

-¿Eres consciente de que... bueno... de que esos accidentes no son tales?

-Sí- bajó la cabeza un poco-, ya lo sé.

-Como decía, no puedes cuidarte sola- masculló Kanda, cruzándose de brazos.

-¡Yu!- el reproche de Lavi fue apenas un susurro, pero sonó como un latigazo- Tienes que hacer algo para evitarlo, Clara. Pero ahora estoy más tranquilo, esa chica Rossanna parece tener carácter.

-Yo también lo pienso- sonrió-. Parece tan... Segura de sí misma y es tan sincera. Tiene personalidad.

-Eso está bien, ¿verdad, Yu?

El aludido asintió con la cabeza, sintiéndose bastante inútil.

-Voy a por más bebidas. Nanny debe haberse acostado ya.

-Ya voy yo- Clara salió corriendo sin darle tiempo a replicar. Quería alejarse del interrogatorio que empezaba a lastimarla. Lavi suspiró.

-Acaba de escapar, y tu amabilidad no ha ayudado a retrasar eso.

-Sólo digo lo que pienso.

-No te ofendas, Yu, pero sería mejor que no lo hicieras- el japonés levantó la mirada, sorprendido-. No me mires así, sabes que siempre he apreciado tu sinceridad y esa manera tuya de decir las cosas, pero no es lo que Clara necesita. Lo que le hace falta es cariño, seguridad en sí misma, paciencia y un poco de comprensión. Tus comentarios mordaces no van a arreglar nada.

Kanda sintió una oleada de rabia que lo tentó a tirarle la mesa a Lavi en toda la cara, pero se contuvo rápidamente.

-Mentir no arregla nada- objetó en un gruñido.

-No digo que mientas, sólo que seas más amable.

-Tsk.

Giró la cara enfadado y Lavi suspiró justo cuando Clara volvía, cargada con una bandeja de latas llenas.

-Vaya, qué silencio- bromeó.

-Ya ves, princesa, hemos despertado al dragón de la cueva.

Los dos rieron y Kanda gruñó otra vez.

-¿Estás bien, Kanda?

-Sí- prácticamente ladró. Luego se levantó de repente-. Jugad sin mí, no tengo ganas. Estoy cansado.

-Venga, Yu, no seas...

-Estoy cansado- repitió clavándole los ojos.

Clara sólo sonrió con amabilidad.

-Que pases buena noche- dijo mientras se le borraba la sonrisa al sentirse de pronto algo incómoda sin saber por qué.

-Buenas noches- masculló el chico antes de salir con paso rápido.

-Pues no se le ve muy cansado- comentó riendo.

-No está cansado, le ha dado una rabieta.

Lavi tenía el ceño fruncido, y Clara se extrañó muchísimo. Por alguna razón, a pesar de su habitual sonrisa, el gesto parecía en él más natural que esta última.

-¿Por qué?

-Ni idea, pero le ha dado- mintió encogiéndose de hombros-. No te preocupes, se le pasan rápido. Mañana estará como nuevo, dispuesto a mirarnos mal y amenazarnos a todos.

Clara secundó su insincera risa y Lavi volvió a abrazarla. Abrazar a Clara se sentía bien, realmente era como él imaginaba que sería tener una hermana pequeña.

Allen y Lenalee bajaron justo cuando se separaban, y la chica se prometió hablar con Clara de ello más tarde.

-¿Qué le ha pasado a bakanda?

Su novia omitió el mote por el bien de su salud nerviosa y dejó las dos cajas que traía sobre la mesa.

-Pasó por nuestro lado cuando veníamos hacia aquí, parecía alterado.

-Una rabieta de las suyas.

-Pues vaya día para tenerla, ¿no?

-Bakanda nunca fue muy listo.

Clara escuchaba en silencio, preguntándose por el motivo del arranque de Kanda. No le parecía que fuera a dejar sus deberes como anfitrión por un capricho. Bueno, sí, pero no por uno que considerara tonto.

-Algo debió molestarle- comentó más para sí misma que para los otros.

-¿Lavi?- preguntó Lenalee.

-Nada- alzó las manos en gesto de inocencia.

-¿Seguro?

-Sí.

-Entonces qué sería...- Clara se quedó pensativa unos segundos, y luego descartó el asunto-. Bueno, ya nos enteraremos. ¿Qué juegos habéis traído?