¿Feliz año? Sí, feliz año. Me he tardado una vida en subir un nuevo episodio y he tenido el apoyo de muchas otras, no he querido abandonar el proyecto pero teniendo muchas otras actividades (no caer en bronce en la vida y en el LoL) no he podido estar muy activa. Me he enfermado muy feo a fin de año y he organizado algunos torneos locales de LoL, así que la vida no me ha dejado hacer casi nada. Además... las madrugadas no son las mismas porque tengo mucha gente que depende de la organización, cosa que no era así en otros años.

En fin, intentaré no tardarme tantos meses, no me molesta para nada que me agreguen o que me manden mensajitos. En realidad eso me anima a seguir con éste proyecto tan hermoso 3 y con ustedes que han seguido leyendo esto año tras año.

En fin. Les dejo con el episodio, les mando un abrazo y mis mejores deseos para todos ustedes. Que sea un magnífico año para todos (y para el fanfic :3).


Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.

Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 28 – Como traidores y locos


Y como si se tratase de una pesadilla su terror comenzó de nuevo, saltó de la cama en medio de aquella oscuridad gritando, no sólo había sentido la presencia de algo extraño a su lado sino sintió cómo tal criatura se apoderaba de su vida.

- ¡Hey! –le habló fuerte una voz masculina y ella se apartó rápidamente pero este no la soltaba, así que lo cacheteó.

- ¡Ya basta! ¡Apártate! –dijo y entonces las luces se encendieron.

Lux elevó la mirada a pesar de sentir cómo lágrimas corrían por sus mejillas, cuando todo se aclaró notó a Draven con la huella de una mano en su rostro, él la miraba con molestia.

- ¿Qué haces aquí? –preguntó Lux asustada.

- 'Gracias Draven por preocuparte al escucharme gritar' –imitó el noxiano a la rubia con algo que ella debió decir.

- Te pregunté algo –siguió sin soltar el hilo de lo que sucedía.

- Idiota –respondió y dando media vuelta caminó hacia la salida, esa mujer no tenía remedio.

- Qué-Quédate –dijo con terror la rubia de inmediato, sentía una presencia oscura muy cerca, le helaba el cuerpo.

- Ah… -bufó molesto- ¿por qué me quedaría?

- Yo… lo siento –dijo agachando la cabeza.

- Estaré sentado frente a la ventana –suspiró y caminó con paso lento hasta tomar una silla, darle la vuelta y sentarse con la cabeza apoyada en el respaldar de la misma.

Había pasado apenas unas horas desde su regreso… desde aquella fatídica cita con Swain, apenas podía recordar las palabras dichas en tal reunión, tan sólo sentía… el dolor de aquella herida en su hombro.

Si pudiera respirar, si pudiera dormir, si pudiera… siquiera recuperar el control de sus miedos, si fuera de ese modo no tendría que recurrir a rogar la presencia de la persona que más la ha odiado en toda su vida.

Por otra parte, el noxiano quería apartarse del camino y no era que le temiera a las amenazas de Katarina, debía servir de algo, su hermano le había encomendado una última petición, un encargo… suficientemente tortuoso como para llevarlo a cabo, cuidar de su esposa.

Apenas la soportaba, deseaba que todos los demacianos se extinguieran por lo que una de ellos le hizo en el pasado pero lo que en realidad quería era olvidar el asunto y no podía, no con Lux invadiendo su vida. Era la misma luz que él veía en su amante, era la misma luz que al crecer en él se extinguió cual si hubieran ahogado su buena voluntad con violencia.

- Darius…

- ¿Qué con él? –preguntó sin ánimo Draven y siguió con la mirada fija en la ventana.

- Lo traicionaron –dijo al punto de las lágrimas, Lux estaba atónita.

Por un minuto creyó que hablaba de él pero se calmó al saber que nadie sabía su sucio secreto excepto Swain y LeBlanc.

- No digas tonterías, lo que te sucedió fue porque desafiaste tu existencia en un medio tan hostil.

- ¡Ellos me regalaron a un Conde! -levantó la voz- además mandaron a morir a tu hermano, mi esposo –susurró como si dijera un secreto- y no me citaron para matarme, lo hicieron parar herir su memoria y desaparecer cualquier acuerdo voluntario entre él y yo –las lágrimas volvieron a surgir pero esta vez venían acompañadas de un ceño fruncido.

Draven se encogió de hombros intimidado por la verdad, comenzaba a odiar su propia forma de ser, de no haber sido así de impulsivo quizá su hermano no hubiera sufrido tanto y tal vez no se hubiera empeñado tanto en desposar a este imposible, refiriéndose a Lux.

Su mirada se perdió en la penumbra mientras la rubia se perdía en sí misma, comenzaba a recordar el dolor provocado por el odio...

- Ah… -gimió encogiéndose.

- ¿Qué te pasa? –preguntó Draven curioso.

- No es nada –contestó la joven, estaba avergonzada, esperaba que Katarina no hubiera dicho nada.

- Déjame ver –dijo levantándose de su lugar y yendo hacia ella.

- NO –volvió a gemir arrinconándose en una esquina de la habitación pero estaba aún débil y cayó al piso.

Draven la miró de arriba hacia abajo, tenía el ceño fruncido, se preguntaba qué podía haber visto su hermano en esa criatura tan débil, ojalá no hubiera segado sus sentidos para envolverse en sus encantos juveniles.

Intentó dejar su desdén de lado y girando los ojos se agachó a la altura de la joven, la tomó entre sus brazos y la levantó suavemente, ella no lo veía, se cubría con aquella cabellera dorada. La puso en la cama y con la mano le indicó que se diera la vuelta, Lux expresó miedo y sobresalto al sentir el pulso firme de Draven en su cuello pero no podía ocultarlo más.

- ¿Es aquí? –preguntó.

- No… no le digas a tu hermano, por favor… -dijo con voz temblorosa.

El noxiano abrió sus ojos lo más que pudo al ver la horrible herida pero luego ablandó su mirada.

- Espera un poco –se apartó de ella y salió de la habitación dejándola entrecerrada.

Al cabo de unos minutos regresó con una caja, un botiquín que había estado guardado entre sus cosas desde hace algún tiempo, no lo usaba con frecuencia, no era su deber curarse sino el de sus sirvientes y su médico atenderlo. Ser una celebridad era bueno.

- ¿N-No preguntarás? –dijo aún con tono más bajo.

- Sabes… hace algunos años fui a Demacia, pude pasear por sus calles, están tan limpias que tuve la intención de tirar algunos botes de basura, la perfección nunca ha sido lo mío y por ello me sentí muy fuera de lugar, en realidad… estuve irritado. Aquel rey que tenían… -cambió su tono repentinamente a uno suave- me trató de una manera que no olvidaré, por un minuto sentí envidia, ¿qué hubiera sido de mí si hubiera crecido en un ambiente como ese? Quizás no tendría tantas heridas.

- Darius pensará que fui estúpida, me dejará… -se cubrió el rostro confesando uno de sus más grandes miedos, tal vez estaba siendo algo irracional.

- Aguanta –dijo al echar un poco de alcohol en la herida a lo que Lux se torció adolorida.

- ¡Ah! –se le escapó un corto grito pero luego aguantó el ardor.

- Ya casi… -siguió limpiando la herida, Draven estaba ensimismado.

Por unos minutos dejó de pensar en el presente y olvidó que ayudaba a aquella mujer que tanto despreciaba por parecerse a quien le rompió el corazón.

- Listo –dijo con un cierto tipo de agrado- ahora duerme -se acomodó para ver a Lux a la cara- estaré por allá –señaló una silla cercana al ventanal de aquella habitación.

Dejó de verla y se levantó, poco podía saber él de lo que la mente perturbada de Lux le hacía, tenía miedo y no quería admitirlo, era normal… después de que alguien atentara contra tu vida…

- No es de esa clase –dijo Draven al sentarse con vista al ventanal.

- ¿Disculpa? –cuestionó sorprendida.

- Mi hermano, él no te abandonaría. Es la clase de hombre que estaría ahí durante una terrible tormenta.

La joven no dijo nada más, se quedó unos segundos viendo a Draven, el mismo la ignoraba, siendo así ella acomodó su cabellera para finalmente acostarse y tratar de dormir, había sido una agitada noche. Comenzaba a ver una parte nueva y diferente de aquel noxiano, no, de Draven.

La mañana siguiente el clima hacía justicia a la oscura ciudad, comenzó a llover torrencialmente, aquel noxiano dormía plácido hasta que unas palmadas lo despertaron. Todo era algo borroso pero pudo ver a Lux frente a él, de pie… con el rostro animado y aparentemente calmo.

- ¿Qué haces despierta? –preguntó quejoso.

- Siento lo de anoche, deberías descansar en tu habitación, no hay necesidad de que te quedes –dijo con amabilidad.

- Ah –gruñó- vuelve a la jodida cama y duérmete. Es demasiado temprano –volvió a cerrar los ojos pero Lux no se movía de su lado.

Cuando creía que podía ignorarla llegó un sirviente para interrumpir su dinámica.

- Señor, tenemos visitas.

- ¡Mierda! –se levantó de golpe y antes de que el sirviente dijera algo, tomó a Lux por los hombros y la dirigió a la cama, la acostó y cubrió con todo lo que estuviera en sus manos- "maldita Katarina" –pensó dentro de sí.

- ¿Qué sucede aquí? –preguntó Vi.

- Yo… -decía sospechoso.

- ¿Estás ahogándola? –preguntó la piltoveriana viendo como Lux tenía un montón de cobertores en la cabeza.

- ¡Oh! –se apartó al instante-. Ok, por esta ocasión… no fue intencional.

- Qué idiota eres –le contestó Vi a Draven apartándolo violentamente- ¿cómo estás? –preguntó preocupada a la despeinada rubia.

Lux sólo sonrió, estaba esforzándose por mostrarse fuerte, no quería que Vi se entrometiera, era mejor dejar a todos fuera…

- Bien –vio a Draven- ¿podrías dejarnos solas?

- Como sea –le contestó el noxiano y antes de salir volteó hacia Vi y le guiñó un ojo- te veo luego, bombón.

La pelirosada levantó su puño enseñándole el dedo de en medio a lo que Draven no contestó mas que con una mirada coqueta para luego desaparecer.

- Llegué hace un momento, nadie me ha dicho lo que pasó, ¿qué hacía ese idiota en tu cuarto?

- Tuve una mala noche, sólo está cumpliendo su deber como "cuñado".

- Sí, claro. Cuídate, ese tipo no es de fiar –advirtió Vi.

- Es una buena persona, sólo necesita alguien en quien confiar –lo justificó Lux- pero… no hablemos de mí, estoy bien –cambió su tono- ¿qué hay de lo que te pedí que investigaras?

- Tuve muchos problemas, dado que no habían fechas exactas o nombres exactos, simplemente me diste unos alias.

- Lo sé, lo lamento.

La pelirosada se acomodó en la cama de Lux para luego ver a la nada por unos segundos, quizá lo que iba a decir era demasiado serio para su actitud juguetona, así que antes de soltar cualquier información sacó unos papeles de su chaqueta.

- Pero tengo algo, no es mucho, son sólo unos datos, algunos disturbios, un área bastante amplia afectada, casi un hectárea desolada, aquí tengo el informe.

Lux los tomó de las manos de Vi y abrió los ojos como platos al ver la fecha. Habían pasado casi 20 años desde aquel suceso, los sospechosos concordaban con la descripción que Lux le había dado a su amiga.

- En ese tiempo lo atribuyeron a jóvenes vándalos y sacaron una declaración a unos viejos agricultores –decía Vi con un tono de preocupación- ¿puedes decirme cómo sabías de ellos? Lo que pasó hace años, pasó recientemente, nadie lo investigó porque nadie relaciona estos hechos pero lo hice yo porque tú me diste las pistas, ¿hay algo que no me estés diciendo?

- No intervengas, es un asunto interno demaciano.

- Puedo hacerlo, dado que el evento de hace 20 años se dio en una población cercana a Piltover pero no lo haré si me explicas.

Lux se negaba a hablar de ello, podría ser algo más peligroso que un muchacho que proclamaba ser de su sangre, quizá esto no debería ser conocido por nadie, ¡qué problema!

- Ya te dije, es asunto demaciano. No lo compliques, era parte de mi misión resolver este misterio, claro… antes de venir a Noxus.

- Antes de casarte con Don Imbecil.

- "Darius" –pensó para sí y un sentimiento no lejos del anhelo le recorrió cada parte de su cuerpo.

- ¡Vaya! –la pelirosada se pegó en la cabeza- No debí decir eso, él está bien, estará bien… supongo, la guerra apenas va a comenzar.

- ¿Qué? –dijo sorprendida y su amiga cubrió su boca. Qué indiscreción- ¿Entonces no resolvieron nada? Oh no… -comenzó a hiperventilar mientras se levantaba de la cama, casi no podía caminar, estaba débil por lo sucedido el día anterior y caminó como pudo hasta su guardarropa. Las palabras de Swain cobraban forma- lo van a matar… él… él… necesito ir, necesito verlo… -no podía respirar, se ahogaba.

Salió con lo que pudo ponerse fuera de su hogar, poco le importó que los sirvientes de la casa le pidieran que reconsiderara, caminó por el lodo, salpicaba su inmaculada vestimenta hasta que no pudo más y se apoyó en un árbol. En su cabeza tenía la seria intención de llegar hasta su esposo pero… sus fuerzas le abandonaban.

Dentro de la casa estaba Vi, la cual había intentado por varios medios detenerla, no había tenido ninguna oportunidad, dado que Lux la apartaba. La veía desde dentro pero sabiendo que su amiga sólo iba a pescar un resfriado ya que no llegaría a ningún lado en ese estado, llamó a Draven. Sabía que él la arrastraría por la fuerza dentro del castillo.

- No puede ser… -dijo el noxiano al ver a Lux caminando fuera en medio de una torrencial lluvia.

Caminó a prisa y se encontró con Vi, la misma en esta ocasión no lo había recibido con un insulto sino con una mirada de preocupación, la cual le impulsó más a ir por la esposa de su hermano. Cuidar de ella era más difícil de lo que creyó.

- Debo advertirle, debo llegar con él… -musitaba.

- Hey –le llamó la atención Draven.

- Él está ahí fuera… -aquellas lágrimas llenas del terror más profundo que pudiera tener se confundieron con gotas de agua pero no era difícil distinguir el dolor de aquella expresión- no sabe lo que le van a hacer, la guerra ha iniciado y no… no lo sabe… necesito ir.

- ¿Estás loca? Son casi 6 días de viaje, ni si quiera yo se dónde está.

- ¡Eres otro traidor! –le gritó Lux y Draven tensó su cuerpo por un minuto- Tu hermano está ahí afuera sin saber que todos le han dado la espalda. Yo no puedo vivir sin él, no después de todo lo que he dejado, si él desaparece… nada habrá valido la pena, nadie lo entiende, nadie sabe lo difícil que es. No seré parte de aquella traición. Debo advertirle, hacer que regrese y…

- No podemos hacer nada, en cuanto salgas de las tierras que me pertenecen, ahora que no está, no podré protegerte, te tomarán como rehén y quizá esta vez logren matarte a ti también. Él es fuerte, podrá lidiar con esto fuera pero tú no eres bienvenida, ni en Demacia, ni aquí…

Cuando creyó que podría contestar a eso sus ojos perdieron foco de Draven, estaba demasiado alterada y era presa de un severo ataque de ansiedad. Su cuerpo cayó secamente al piso, sólo podía sentir como sus lágrimas se mezclaban con el barro entre sus dedos y cabellera.

- Darius… –dijo casi arrastrando las últimas letras del nombre de su amado para luego perder el conocimiento.

Distante pero no desconectado, Darius volteó como si alguien le hubiera llamado pero de inmediato volvió su mirada al camino, no había nada.

Apenas había llegado la noche y sus manos heladas no podían contener un pequeño temblor, habían quemado uno de sus campamentos y verificaba que hubieran sobrevivientes pero no, estaba desolado. Aquél príncipe con complejo de Rey cumplía su cometido, no dejar piedra sobre piedra, eliminando a todos los que estuvieran de parte del noxiano.

Por un instante se agachó tocó el piso, aún estaba caliente, el fuego había sido muy intenso, debía pensar en un contraataque, uno que acabara con las fuerzas de asedio, sabía que gran parte de los soldados demacianos se escondían en unas ruinas cercanas a unas cuevas que antiguamente fueron un pueblo de explotación mineral.

Se levantó del piso y vio hacia el cielo, amanecería en unas horas más, debía actuar, ¡debía! Entonces se fijó la meta, acabar con gran parte de los soldados escondidos en las ruinas, tal vez explotar las cuevas mineras haga que el lugar se desplome y haga que gran parte del ejército demaciano huya.

- Soldado –llamó al más cercano que encontraba- lleva a un grupo de hombres y busquen una entrada a las cuevas de la ciudad minera al oeste.

- Sí, señor, ¿algo más? –preguntó aquel.

- Exploten las ruinas –dijo sin el menor temor.

Después de que Jarvan quemó gran parte del campamento, sin sentir ni una pisca de pena por los hombres que no tuvieron mínima oportunidad de luchar… realmente él tampoco sentía ningún tipo de piedad. Esperaba que su rival cambiara de opinión, que decidiera no hacer más daño del que había hecho pero la sangre que se derramó no iba a quedar impune.

- No va a quedar nada, haré que te pares sobre tus huesos quebrados.

Mientras el deseo del dolor acompañaban a Darius, la soledad y el desespero inundaban el corazón de Lux. Inestable, así podía llamarse, estaba actuando de una manera irracional, al despertar en su cama con la visión algo borrosa sólo podía pensar en levantarse.

- Por fin –dijo Draven.

- Deja de cuidarme, hagamos un trato –empezó a hablar la rubia con la poca fuerza que tenía- advierte a tu hermano de todos los males en Noxus, de Swain y del consejo. A cambio yo me iré para siempre.

- ¿Crees que eso solucionará algo? Esto no es ni el principio –le contestó el noxiano y se acostó en la misma cama que ella.

- Entonces volveré a Demacia, desde ahí lucharé por una conciliación, tengo influencias, mi familia me apoyará.

- Es lo mejor que puedes hacer –levantó su mano e hizo gestos bocales como si hablara- bla bla bla bla~

- Es mi única opción, dame unos días para reponerme y regresaré.

- Si es lo que quieres –la volteó a ver y le dio una almohada.

Entonces llegó la piltoveriana con un plato de sopa, a lo mejor ello le daría fuerzas para levantarse, seguir con sus cometidos y quizá… salvar la vida de su amado pero era demasiada ilusión.

- Toma –le entregó el plato con amabilidad la pelirosada mientras que con la otra mano halaba a Draven por las orejas fuera de la habitación- disfrútala, volveremos en un minuto.

Fueron hasta el salón para darle algo de espacio a Lux pero ambos seguían alerta por si la rubia fuera a cometer otra locura. Vi y Draven se sentaron en un sillón no muy cerca, por un minuto se quedaron sin nada que decir hasta que el noxiano comenzó a coquetearle con la mirada.

- ¿Ni si quiera en un momento así? –preguntó Vi algo cansada.

- Está bien –sonrió y giró su cuerpo al lado contrario de su compañera.

- ¿Por qué lo intentas tanto? –preguntó nuevamente la piltoveriana.

- ¿No lo adivinas? –le contestó con otra pregunta coqueta.

- ¿Quieres acostarte conmigo? –preguntó ella.

- ¡Ja! –rió Draven- no es tan simple, si quisiera acostarme contigo simplemente te hubiera emborrachado, nos hubiéramos divertido y ya. Me gusta tu intensidad.

- Haces que me sienta como una cucaracha con alas, diferente a todas las demás que viven correteándote en el piso.

El noxiano suspiró y se acercó a ella para luego verla con una sonrisa sincera.

- Acabemos con esto –bajó la mirada porque eso la había tomado por sorpresa- iré a tu cuarto hoy.

- ¡Sí! –dijo levantándose de un salto- ¿puedo llevar juguetes? –preguntó divertido mientras caminaba tras aquel sillón.

- Lo que quieras pero después quiero que dejes de hacerme insinuasiones estúpidas, ¿oíste? –se volteó a verlo pero se encontró con el rostro de aquel.

Le sonrió de nuevo pero con una mirada loca, esos ojos verdes que tanto la agobiaban ahora le daban una sensación intensa, quizá la que tanto quiso ignorar todo este tiempo pero no se detuvo y con ánimo de no perder el momento la besó.

Vi permaneció con los ojos abiertos, la sorpresa era tanta que apenas podía creer que estaba sucediendo, ojalá su cuerpo hubiera reaccionado de una manera diferente pero despertó de aquel bello momento y con un puñetazo lo apartó.

- ¡Oh! –se levantó del sillón y fue a verlo- ¡lo siento tanto! Fue… la… ¡no tengo idea! La costumbre.

- ¡Déjalo, déjalo! –se apartó cubriendo su rostro- hoy habrá fiesta en casa, bebé. Iré a vigilar a la loquita –descubrió su mirada, estaba feliz pero muy rojo por el puñetazo y parecía tener algo de sangre saliendo de su naríz.

No podía disimular su satisfacción de finalmente… estar con la mujer que había tenido rondando su mente por tantas semanas, aunque tenía deberes más importantes por eso volvió a la habitación de Lux. Su ilusión se apagó por un instante al verla con la mirada fija en una ventana, la sopa en la mesita de noche, enfriándose.

- ¿Vas a comer? -preguntó desganado.

- ¿Cómo puedes estar tan tranquilo? –volteó hacia él. No parecía cómoda en su cama, su cuello de seguro estaba esforzándose para girar hacia aquella ventana tan lejana.

- Nunca estoy tranquilo, además no has vivido lo que yo. Estás loca y mi hermano también, se merecen, pero… –caminó hacia la cama y se acostó al lado de la rubia- son fuertes –giró su cuerpo hacia la mesita de noche y tomó la sopa para dársela- haz algo por él, no te mueras.

Un segundo de reflexión la llevó a considerar que no debía dar razones para que su esposo se preocupara, ella se cuidaría para que no encontrara pedazos al regresar porque… iba a regresar, no era una ilusión, era su destino.

Tomó una cucharada de sopa y la probó, sabía salada…

- "Vi" –sonrió dentro de sí- "gracias" –se tomó un par de cucharadas y lo dejó.

- De verdad… lo amas –interrumpió Draven de la nada con tono serio. Como si hubiera guardado esas palabras y hubieran explotado en ese instante.

- ¿A qué viene eso? –preguntó sin prestar mucha atención.

- Me sorprende, es todo –dijo y trató de cambiar de tema- ¿crees que estarás bien si me voy un par de horas?

- No pasa nada, el castillo está bien protegido, ¿por qué? –preguntó inocente la rubia mientras apoyaba su cabeza en la almohada junto a Draven.

- Quiero comprar algunas cosas para esta noche, tu amiguita por fin abrirá sus… brazos para darme la bienvenida.

- Iugh… -dijo con desagrado y alejó levemente su cuerpo de él- vete de aquí –lo intentó empujar.

- Jaja –sonrió y Lux se detuvo por un momento mirándolo curiosa- ¿qué? –la miró.

- Nada –le devolvió la mirada amable- sólo que es la primera vez que me tratas así – al instante Draven chocó su cabeza con suavidad contra la de ella.

Quizás el acto de amor más grande a los ojos de aquel noxiano era que la rubia estaba dispuesta darlo todo por su hermano, así como él, por un momento al verla desesperada algunos engranes en su cerebro comenzaron a girar para llevarlo a la conclusión de que no era sólo una ilusión, ella estaba verdaderamente comprometida con aquel amor.

- Tienes algo de fiebre, no salgas de la cama y por favor, no corras en la lluvia de nuevo. Deja de actuar como una cabra loca –se levantó de aquella cama y se dirigió hasta la puerta.

No había volteado a verla pero sabía que la rubia lo miraba atenta, quizás, quizás… solamente quizás, comenzaba a agradarle un poco, pero sólo un poco. Sus labios se curvearon levemente, una sonrisa luchaba por mostrarse en aquel rostro.

- Lo intentaré –dijo en voz baja la rubia a sí misma mientras veía desaparecer a Draven tras esa puerta.


Fin de Episodio 28