Bueno, bueno, mundo. Aquí estoy de nuevo, ajds. Y aunque no tome la semana como quise, puedo decir que ahora si fue por algo productivo(?) Es decir, no fue por escuela o porque Madam inspiración tomo un descanso, sino que, estoy en foro y bueno, el punto de los foros es participar en retos, así que en estos días escribí dos, por eso el plazo de este capitulo al otro, también disculpas si no es muy largo, solo que el otro tema a tratar no me pareció prudente ponerlo en este. Ya, ahora haré un poco de publicidad diciendo que lean la nota al final del capitulo, por favor:3

Por cierto, gracias a Parachute, por la inspiración para el capitulo.

Asi que, lean al final, y ahora los dejo con el capitulo. Disfruten.

Lista de personitas:

Team Ethan: JAJAJAJA Por el ángel, si que reí con tu comentario. Y de Alec, bueno, es comprensible que trate así a Ethan, no(?) Quizá un día de estos aparezca ese bebe en tu puerta. Quizá. No lo se.

vanesaalex16: Creo que se cual es tu teoría, ah.

daluar: Ahora ya lo entendí, ajds.

Iornela12CullenPattinson.

MartuSobrino

AriVampire135

26Fairy06

AlynBi

LOURDESITA100

RocioCullenMalfoy17

Shira2000

cameeRCCS

ladyvani

lilly jane

Moni Morgensten Vulturi


Cap. 27 Bésame lento.

POV. Ethan.

La sujeté con firmeza, evitando que cayera, pero aquellos golpes me habían arrancado de la realidad. La extraña sensación se repetía en mi mente, hormigueando en mi piel, mientras mi cerebro se devanaba en encontrar una explicación a eso. Escuchaba a más de uno llamarme, llamar a Renesmee, pero nada de eso parecía ser capaz de devolverme a la realidad. No fue hasta que algo tiro de mis brazos, no fuerte pero tampoco suave, que ceñí mi agarre entorno a la chica en mis brazos. Parpadee rápidamente, como si me acostumbrara a la luminosidad del ambiente, cuando en realidad solo quería que todo dejara de ser un borrón. Y así fue como poco después enfoqué en la mano de Santiago que aún estaba sujetando con firmeza mi brazo. Guié mis ojos hasta su rostro, donde aquel par de orbes rojos me miraban entre desconfiados y preocupados.

-Déjamela a mí- musito con lentitud. Lo miré por unos instantes, antes de ceder e ir deslizando mis brazos hacia afuera, al tiempo que él se posicionaba sobre su cintura. Cuando yo estuve con los brazos colgando a mis costados y ella a su cargo, llevó una mano bajo sus rodillas, para cargarla como a un infante.

Suspiré, solo para acto seguido dejarme caer en el suelo, con mis manos apoyándose en mi estómago. ¿Fue real? ¿No lo había soñado? Negué con la cabeza rápidamente. No. Eso no fue una alucinación mía. La sensación fue demasiado nítida como para ser un invento.

Fue real.

No lo soné.

Un golpe provino de su estómago. Corrección, tres.

-Su estómago me golpeo- pronuncié, sintiendo como eso sonaba a cien por ciento estupidez. Pero no lo es.

-¿Qué?- chillo más de uno.

-Eso. Lo que dije. Su estómago me golpeo. Estoy seguro de ello.

Todos los ojos se enfocaron en mí. Bueno, no los de Santiago, los cuales desde hace un rato estaban en Renesmee.

-¿Estás de broma? ¿Están de broma? Es eso, una broma, ¿No?- saltó un incrédulo Emmett. Negué con la cabeza un par de veces.

Unos momentos de silencio prosiguieron a eso, hasta que la voz de Edward lo rompió.

-¿Es eso siquiera posible?- su mirada clavada en Carlisle y el hecho de que este no necesitara responder, para que Edward se dispusiera a dar un golpe a un árbol, resquebrajándolo, me hicieron saber que este había estado leyendo la mente del doctor.

-¿Qué sucede?- replico Alec, son voz serena pero expresión tensa.

-Es solo una teoría. Nada de lo que estemos seguros…

-Solo suéltalo, Carlisle.

-No- refuto Edward, sin volverse a nadie en particular-. Primero la atendemos, luego hablamos.

Cabe decir que nadie se opuso a eso. Santiago desapareció en un parpadeo, seguido de varios más. Emmett aunque tenía una cara de querer hacer lo mismo, se dirigió junto con Jasper al auto que habíamos traído hasta acá.

-Apúrale, muchacho- dijo el último, en lo que estiraba las manos para pedirme las llaves. Se las di sin pensar. No es como si estuviera listo para conducir, no.

El rostro de Carlisle.

El arranque de Edward.

Solo una teoría.

Golpes en el estómago.

¿Es eso tan siquiera posible?

¿Lo es?


POV. Renesmee/May.

El zumbido volvió, solo que era demasiado tenue como para tomarle importancia. Lo ignoré, sintiendo unas enormes ganas de dormir. Pero no me fue posible. Ya que los zumbidos tomaron forma, forma de palabras, palabras pronunciadas por voces que me eran conocidas, pero que no tenía ganas de escuchar. No ahora.

Rodé hacia un costado, enterrando mis manos en la almohada.

Momento. ¿Almohada?

Entreabrí los ojos, encontrándome con una habitación en penumbra. Y no cualquier habitación, era la misma donde habían atendido a Ethan el día que lo atacaron. Esto no estaba así siempre, pero cuando la instalaban, lo hacían de la misma manera.

Esperé a que pudiera distinguir cada detalle en la habitación. Cada ranura y mota de polvo. Cuando eso sucedió, agudice el oído, prestando atención a las voces.

-¿Quién se lo dirá?

-Santiago.

Una risita. La risa de mi amigo y compañero.

-Quien diría que son tan cobardes- otra risa-. Si lo mas que ella puede hacer, es arrancarles la cabeza.

¿Ella?

Hablaban de mí.

Intenté poner más atención, pero todo lo que se escuchaba eran unos pasos arrastrándose, los ritmos de varios corazones, respiraciones…Ethan.

-Ethan- articule. Esta vez en voz alta, justo en eso se abrió la puerta, me alce sobre mis codos, esperando verlo, pero lo que obtuve fue un par de ojos rojos y una familiar mueca.

-No. Soy vampiro, no humano- comentó, cerrando la puerta detrás de sí.

Me acomodé en la cama, con la mirada siguiendo cada uno de sus cautelosos pasos. Cuando estuvo a mi lado, sujeto una de mis manos entre las suyas.

-Es un milagro que no te hayas levantado de la cama aun, protestando que quieres estar de pie, que estas bien- comento como quien no quiere la cosa, llenando el lugar de su tensión.

-Sé que paso. Sé porque estoy aquí. Y admito que fue extraño- el recuerdo de los golpes, me hizo llevar mi mano libre a mi estómago, moviéndose con suavidad sobre la zona-. Solo por eso sigo en cama. Claro, solo hasta que me digan la razón- sus ojos dejaron de verme a mí, para pasar a mi vientre. Detuve el movimiento de mi mano, mirándolo con los ojos entrecerrados. La tensión crecía cada vez más-. ¿Qué sucede? ¿Estás bien?

Soltó una risa seca.

-Santiago.

-Renesmee- su mirada volvió a mí, haciéndome tragar pesado. Sus ojos tenían un brillo distinto, uno que me decía que realmente estaba preocupado.

-¿Qué va mal?- inquirí, comenzando a no querer realmente una respuesta.

-En sí, nada va mal- su dedo pulgar trazaba círculos en el dorso de mi mano.

Divaga. Solo está evitando el tema.

-Tenemos toda la eternidad, eh. Cuando quieras escupirlo.

La comisura izquierda de su boca se levantó un poco. El amago de una sonrisa.

-Para esto no tenemos toda la eternidad- por alguna razón sus palabras tensaron mi espalda. Apreté el agarre de nuestras manos. Algo va muy mal. Aunque diga que no, así es-. Es decir, no sabemos cuánto durara él bebé en nacer. Puede que se desarrolle rápido, puede que no. Quizá un mes. Eso dicen que tardaste tú, puede que más. Eso depende. Porque esto no había sucedido antes…- había comenzado a hablar atropelladamente, diciendo muchas cosas a la vez, pero la única que se quedó en mi mente, fue la palabra: Bebé.

-¡Alto ahí! ¿Qué?- alcé la voz, haciendo que guardara silencio de su parloteo innecesario-. ¿Dijiste bebé?- replique al no obtener una respuesta concisa-. Santiago- apremié, con los dientes apretados.

Asintió.

Entonces le arrebate mi mano, para llevarla junto a la otra a cubrir mi rostro. Mis respiraciones se aceleraron, podía escuchar a mi corazón latir en mis oídos. Los golpes. Los malditos golpes. Eran patadas.

-Patadas. Simples y puñeteras patadas.

Descubrí mi rostro, para ver que Santiago estaba arrodillado a mi lado. Sentí las lágrimas escocer en mis ojos, por lo que parpadee para desaparecerlas, pero no funciono, estas cayeron por mis mejillas calientes. Ni siquiera me moleste en borrarlas, sino que enterré mi rostro en el hombro de Santiago, sujetándolo con fuerza por la espalda, mientras él me susurraba que todo estaría bien. ¿Hablaba en serio? Estaba embarazada. Estaba condenando a un pequeño. En dos meses los Vulturi estarían aquí, dispuestos a acabar con nosotros, con él. Sobre todo con él. Más lágrimas cayeron por mis mejillas. Ni siquiera tenía un nombre, cuando ya había una lápida asegurada para él. Para mi bebé.

-No es justo- solloce contra su camisa. Pude sentirlo asentir.

-Nada malo va a pasarle.

-Qué más quisiera- qué más quisiera.

Alguien llamo a la puerta, haciendo que nos separáramos. Miré el rostro de Santiago y podía jurar, que si no fuera vampiro, estaría llorando conmigo. El me miro como pidiendo permiso, a lo que asentí, a sabiendas de quien se trataba, de quien estaba del otro lado de la puerta. Beso mi mejilla, borrando con el acto unas gotas saladas. Me dedico un intento de sonrisa, antes de abrir la puerta, intercambiando de lugar con Ethan. Me acomodé en la cama, con la espalda sobre el pequeño respaldo de metal. Sintiendo una agradable sensación por la frialdad del mismo.

[Play: Kiss me slowly-Parachute]

Sus pasos eran en si tropezones, por lo que tardó en llegar y cuando lo hizo su rostro estaba coloreado en rojo, con unas gotas de sudor corriendo por su frente. Parecía sacado de un maratón.

-Lo lamento- mascullo, sin dar tiempo a nadie más, cerrando los ojos a la par de sus palabras, impidiéndome mirar esos orbes verdes.

No dije nada, sino que extendí una mano hasta su barbilla, misma que acaricie hasta que abrió los ojos. Cuando lo hizo, cruce mis piernas a manera de indio, palmeando el espacio delante de mí en la camilla, para que tomara asiento. Vaciló, pero lo hizo. Analice su figura por unos momentos. No parecía para nada aquel chico que prácticamente me acorralo y sedujo aquel día en que nos conocimos, en el bosque. No parecía aquel que se me coloco delante de mí para defenderme, cuando Derek apareció. Tampoco era aquel que me planto frente dos semanas atrás. No. Este chico era otro. Era el que veía desde la ventana de su habitación, tiempo atrás. Era el que intentaba dibujarme, el que se sentía como una presa cuando lo acercaba y luego lo empujaba lejos. No era el chico valiente, el que se forzó su paso a mi mundo, era el chico que siempre fue, el que era antes de esto, antes de mí, aquel que sin palabra o movimiento alguno me podía derretir. Era lo que no podía sobrevivirme y que a pesar de eso, amaba.

-En verdad, lo lamento. Y entiendo si estas molesta- su voz era solo un hilillo, pero podía escucharla aun así.

-¿Realmente crees que estoy molesta? ¿Por esto?- tomé una de sus manos, para dejarla sobre mi barriga. Sus ojos se suavizaron cuando observo nuestras manos sobre esa zona de mi piel-. Ni siquiera tendrías que pedir disculpas, porque no hay razón. Y por si no quedo claro, no estoy molesta.

-Pero, tus ojos.

-No estoy molesta, Ethan. Estoy preocupada, estoy aterrada- me sinceré, sintiendo una nueva amenaza de lágrimas.

-¿Por ti?

-Por él, o ella. Lo que sea que vaya a ser. Solo, temo porque lo estoy condenando, ¿Sabes?- mi voz fue bajando de intensidad, al igual que el ángulo de mi cuello, hasta que termine en silencio con la vista sobre mis piernas.

-No permitiré que nada le pase. A ninguno de ustedes dos- la firmeza de voz, la del Ethan que se forjo su camino a mi lado, me llamo a alzar la cabeza. Entorne los ojos, expresándole algo que él ya sabía-. Sé que no puedo hacerlo físicamente, pero algo se me ocurrirá. Quizá podría formar el plan, la alineación, que se yo. Lo importante, es que no dejare que nadie los dañe.

-No sabemos que saldrá de esto- susurré, esbozando una mueca.

-Quizá no. Pero hay algo que sí sé- se movió por la camilla, hasta que mi espalda quedó completamente pegada en la cama, sus manos, una al lado de mi cabeza, la otra al lado de mi cadera. Su cuerpo contra el mío. Contuve la respiración, observando como sus labios se acercaban a los míos. Saboreando un beso que jamás llego, porque se detuvo solo a la distancia suficiente para atrapar sus labios, rozarlos-. Estamos juntos en esto. Cuando el momento llegué, no voy a correr, me quedare contigo, los dos nos abriremos paso a través de todo lo que se nos interponga en el camino, haremos que este angelito, tenga una gran y segura vida.

-¿Y si las cosas se ponen difíciles? ¿Si todo apunta a un final inevitable? ¿Si es él bebé o nosotros, o yo?- insistí, motivada por el miedo. Uno tan profundo que me carcomía desde el interior. Uno que jamás en mi vida había sentido. No se comparaba ni siquiera con el de la muerte. Porque en ese, sabes que habrá una paz al final, pero cuando temes por alguien más, por un pequeño ser que solo te tiene a ti para defenderse, ahí todo es diferente. Y la muerte, se vuelve apetecible, si eso salva a esa especifica persona.

-No pienses de esa manera- replicó, sacudiendo su cabeza de manera imperceptible.

-Son posibilidades. Realidades. Eso es lo que veo: un futuro incierto- bajé un poco mi frente, para apoyarla en la suya, creando un espacio más amplio entre nuestros labios.

-Tienes razón cuando dices que no sé qué saldrá de esto. No lo sabemos. Puede que esto nos lleve a caminar por el borde del vacío, pero no importa; tampoco estoy seguro de si las cosas saldrán bien, pero si estoy seguro de que caminare contigo- su aliento golpeaba mi rostro con mayor intensidad, a causa de su profunda respiración-. Todo lo que yo veo, es el cielo arriba, la tierra abajo, una hermosa chica que es el amor de mi vida, que lleva en su vientre a mi hijo, nuestro hijo. Veo una familia. Eso Renesmee, es todo lo que veo- sus labios acariciaron suave y cortamente los míos-. Así que no huyas, Renesmee. No corras.

Tomé su rostro con ambas manos, fundiendo mis orbes chocolates con los suyos verdes. Las lágrimas ya no aparecerían, al menos no por terror, mi corazón latía fuerte, seguro, y aquí, cerca de él, podía creer en lo que me decía. Podía pensar en un futuro para todo esto. Eso, si él estaba conmigo.

-Ethan.

-No digas nada- replico-. Solo bésame lentamente.

No discutí eso, sino que acune sus labios con los míos, con una inmensa suavidad, escuchando como su corazón se aceleraba, mis manos se deslizaron hasta la parte posterior de su cuello. En ese momento, sentí otro golpe, no, otra patadita en mi estómago, pero no fue tan fuerte como las otras, esta no me asusto, no me saco el aire de golpe, sino que fue algo leve, como el aleteo de una mariposa dentro de mí, algo que me sonó a un 'Todo estará bien'.


Aquí estoy de nuevo, con mi infomercial, solo invitándolos a pasarse por mi perfil y ver mis historias. Intente insertar el link, pero esta cosa no me deja:(

Den favoritos o comentario y hagan a una escritora feliz(?) ajds.