Finet La chica menos inesperada.

Holiguiiss mi gente... Es momento de sufrir, y habló enserio... no quiero que me andén reclamando, desde ahorita les aviso... Sobre aviso no hay engaño... Refrán muy popular en México... Este fic está hecho de imaginación Vallartense, Jalisciense y Mexicano... que lo disfruten...

La historia y personajes adicionales son de mi imaginación. HDA (Hora De Aventura) no me pertenece en lo más absoluto. Si fuera mío, haría un piche desmadre XD


Chapter-28: La traición sobre el amor.


Paso el tiempo y nadie sospechaba el amorío que tenía la princesa con su guardia. Pasaban la tarde básicamente olvidando todo, se olvidaban de su vida, del pasado y de su estatus social, en ese tiempo de olvido absoluto lo recompensaban llenándose de caricias y de besos en cualquier parte del cuerpo. Eran tiempos de joven enamorados y lo vivían al máximo límite, al caer la noche Diaval se iba por voluntad propia o Lourey debía de pedir dulcemente que se retire para atender a su hija.

Se daban cuenta de la realidad, no era tan pesada porque eran conscientes de lo que hacían y no les importaba en lo absoluto, al contrario. No sólo pasaban la mayor parte del tiempo en la alcoba de la princesa, también la pasaban recorriendo la aldea, logrando pensar a la gente que sólo se trataba de un Medicum acompañando a una Mercader y varias veces terminaban con ir a su lugar secreto de niños para intercambiar besos sentados en el tronco. Ahí se encontraban con el aire faltándole en los pulmones a ambos, pero ninguno quería parar hasta que la joven tomó la iniciativa:

Diaval... Hay que respirar—soltó una pequeña risa.

Me gustaría aguantar más—se excusó para seguir saboreando la boca de la princesa.

Pero ella lo detuvo poniendo la mano en la mejilla del Medicum. Tenía tantas cosas en mente y él también, Lourey se sonrojo brutalmente intentando encontrar las palabras correctas, Diaval se quedó viendo las acciones de su superior mientras contaba en silencio los dedos de las manos ¿por qué se encontraba nerviosa? Al fin la chica pudo reunir valor y entreabrir los labios para expulsar palabras de ellas:

Diaval... ¿Te gustaría-ría casa-casarte conmigo-o?—pregunto nerviosa.

El silencio se adueñó del ambiente y Diaval tenía la cara tan teñida de rojo. Diaval era muy valiente, se enfrentaba constantemente a monstruos y los rebana sin tener tanta piedad con ellos por saber las intenciones de esos seres de aspecto espeluznante, pero ahora se encontraba sin palabras en frente de la mujer que siempre estuvo enamorado y tomó esa iniciativa de preguntar eso. Respiro hondo para que no sospechara lo nervioso que se encontraba, sonrió de cierta forma que él ya no fuera el que estaba tan sonrojado y le dedico un beso en la frente a la joven:

Claro, no le veo ningún problema—dijo dulcemente haciendo sonrojado más a la chica.

Le devolvió la sonrisa...

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Hace unos pocos días que se han visto apariciones de esos seres con más frecuencia, poniendo en peligro no sólo a la princesa, sino a toda la aldea en general incluyendo la de los Medicums, por el momento Diaval se preocupaba de que algo le ocurriera a Lourey, por lo que opto por quedarse una noche en la alcoba de la princesa:

No te preocupes por mi Diaval, Valentino y yo estamos bien—exclamo relajada.

Valentino era el nombre que le había dado a la esfera que muy pronto daría a un ser viviente. Sabía cómo era la chica, hiciera lo que hiciera ella no quería que la cuidará, pero era su jodido trabajo y no podía excusarse con el juramento:

Debe de entender que es mi trabajo—menciono como milésima vez el Medicum algo irritado.

¿No tienes segundas intenciones?—interrogo con un tono de malicia y burla, más que nada burla.

Diaval enrojeció por eso. Por supuesto que tenía segundas intenciones, él era un humano y como cualquier humano tenía necesidades que ocupaban atención de cierta persona que tenía en frente suyo. Se acercó a ella con delicadeza, le planto un beso pequeño en los labios incitándola a que se dejara llevar y así fue. En poco tiempo las manos de Lourey se adueñaron del cuello de Diaval, el beso se hizo más profundo y esa clase de intensidad los mataba a los dos.

El Medicum despojo las ropas finas de la princesa para mayor comodidad de su superior y hacer más placentero el asunto para los dos, sobre todo para él. Quería que solo fuera suya, de él y de nadie más, se llamaría egoísta por pensar en esa clase de cosas, pero esa mujer lo tenía tan loco por el amor provocando poder hacer cualquier cosa que ella pidiera sin respingar. La princesa soltaba una que otra risita e inhalaba el aroma de su amor secreto, queriendo formalizar un lazo más íntimo con él y volver a recaer en la oscura soledad.

Ellos dos solos y nadie más.

Pero para desgracia de esta escena, siempre hay un final. Era la primera y la última noche que la pasarían amándose sin remordimientos, sin rencores y sobre todo con la más pura ingenuidad de los dos pensando que esto sería parte de otras noches que podrían ir juntando con el paso del tiempo.

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¿Cómo te has sentido, Diaval?―pregunto una extraña luz.

¡¿Por qué haces esto?!―exclamo el Medicum hecho cólera.

Esto fue lo que pediste, pero si quieres salir, solo pídelo―menciono el ser con simpleza.

El Medicum pensaba que era solo una trampa, una vil trampa. Las cadenas se aflojaban y sentía mayor libertad, la oscuridad se dispersó dejando a la vista la forma física del extraño ser, se sorprendió bastante al descubrir que él se encontraba encadenado, las cadenas de Diaval eran más nuevas que las de ese prisionero:

¿Te encuentras bien?―interrogo con compasión.

Sí, pero tienes que salir, yo saldré después de ti―levanto la mirada y Diaval quedó sin aliento.

Tenía tantas ganas de echar a llorar en ese preciso momento al igual que otros sentimientos mezclados que no podía distinguir cuál era el correcto para sentir tal horror y a la vez tal comprensión. Al momento que se quitó las cadenas fue corriendo rápidamente al prisionero y con su espada rebano las cadenas oxidadas sin pensarlo.

Despertó sudando en frío, realmente eso se sintió tan real y tan ficticio. Se incorporó de la cama para ir a lavarse la cara, pero fue detenido por Lourey que despertó tallándose los ojos:

¿Te sucede algo?―pregunto con voz dulce y de preocupación.

Solo fue un sueño, nada más―exclamo intentado animarla.

Pasó alrededor de una media hora cuando al fin decidieron salir de la cama. El joven Medicum se sentía feliz, pero ¿Por qué se sentía tan pesado? ¿Por qué tenía este sentimiento mezclado con otros? Se dio cuenta de algo, pensaba en sangre derramarse y ver a toda la gente aclamando por eso, por alguna extraña razón sintió la necesidad de herir a una persona ¿Y por qué solo una? ¿Por qué no todas? Su mente jugaba con él de la manera más cruel posible:

¿Por qué pienso en eso?―susurro para sí mismo mientras admiraba la vista de la aldea desde el balcón que se conectaba con el cuarto de la princesa.

Porque no lo puedes evitar, es muy simple ―exclamo otra voz, muy similar a la suya.

Yo no deseo la destrucción de nadie…―fue interrumpido por la voz.

No lo niegues. Desde que comenzaste el entrenamiento de Medicum siempre te ha gustado descuartizar monstruos ¿Por qué no personas?―interrogo la voz.

¿No es lo mismo?―se preguntó.

Mira esa gente, mírate a ti. Te crees suficiente para que Lourey se sienta feliz ¿no es así? No eres nada, solo un simple siervo nada más. No te mereces el amor de una princesa mucho menos el derecho de tener una mirada de ella…―fue interrumpido por Diaval.

¡Cállate! ¡No es cierto! ¡No puedes obligarme a esto!―gritó de frustración.

No lo puedes negar. Esto eres, sin importar lo que padre tan ejemplar eres, que tan buen amigo fuiste con Lourey has llegado hacer su amante. Pero aun no deja ocultar lo que realmente eres Diaval, un Medicum despiadado―la voz se calló al pronunciar esas palabras.

El Medicum cayó en cuenta que tenía razón, siempre la tuvo. Lourey no se encontraba, se había ido desde hace un rato y lo dejo a cargo de Valentino, se acercó a ese objeto con cautela y lo rebano a la mitad sin necesidad de poner una expresión de tristeza o de alegría. Estaba serio y necesitaba más que solo acabar con la vida de un no nacido. Salto del balcón y fue en busca de más víctimas, lo primero que encontró fue otra criatura del Inframundo 4 y la degolló sin piedad logrando el alivio de los Medicums. Pero no por mucho tiempo ya que al momento que lo degolló absorbió algo de la esencia. Los Medicums se tensaron al ver la nueva apariencia de su líder:

¿Di-Diaval?―pregunto uno algo asustado.

El que pregunto fue literalmente descuartizado ante los ojos de los demás, el miedo los invadió al tener que enfrentarse a él. Uno se atrevió a dispararle una flecha lográndole dar en la cabeza, pero ante la locura recorriendo en el cuerpo del Medicum adueñándose de su mente solo se quitó una parte de la piel dejando expuesto el hueso del cráneo. La sangre se demarraba, tiñendo la melena rubia de un anaranjado al combinarse, reía con cinismo al momento de cortar o herir gravemente a muchos.

Estaba loco.

Estaba sufriendo.

Diaval ahora era el prisionero de Guston Roller.

Cuando Lourey regreso de sus deberes para encontrarse con una escena que la desgarro por dentro, Valentino estaba partido por la mitad. Lo había criado con tanto amor con la esperanza de formalizar al fin un vínculo maternal y no sentirse nuevamente sola, partió a llorar mientras recogía las piezas, pero su tarea de reparar a Valentino se fue al caño al oír el sonido de alarma. Dejó los pedazos en la cama y fue al balcón para investigar a lo que su Aldea se estaba enfrentando.

Esto ya era demasiado para ella, tenía que contener las lágrimas. Él no era su querido Diaval, pero tristemente lo era. Se mantuvo seria y llego hasta el ser sin ocultar ante nadie como era realmente su soberana:

¿Diaval?―pregunto con dulzura.

Diaval…―soltó una risa sádica―Ya no está princesa, solo esta su servidor. Guston Roller―exclamo el ser de cuernos.

Devuélveme a Diaval―exigió la soberana apretando los puños sacando algo de su poder.

¿Crees que puedes conmigo, princesa?―susurro y dio el primer golpe.

La princesa lo esquivo sin ningún problema, pero no le dio tiempo de reaccionar para el segundo golpe. Perdió el equilibrio de sus pies, estaba a punto de recibir el tercer golpe el cual logró detenerlo con su mano hecha una ráfaga de luz provocando que se alejaran los dos a una distancia de diez metros, siguiente golpe fue el de ella intentando contener el impulso de detenerse:

Lourey―susurro el ser logrando que la chica dejara de lanzar sus ataques y lo miraba a los ojos.

Por un instante el silencio reino, pero el ser la agarró del cuello y comenzó a asfixiarla con sus manos convertidas en una semejanza a manos de alambre desgarrando poco a poco la carne del cuello de la princesa. Pero dejo de hacerlo y admiro la sangre que derramaba del cuello la soberana, se arrancó algunos cabellos intentando contener algo, a pesar del esfuerzo de Diaval de evitar el desastre, activo la espada y se abalanzo con la intención de matar de una vez por todas a la Reina, la chica contuvo el ataque con sus manos, pero subestimo lo fuerte que era ese ser:

Diaval…―llamó la princesa― ¡Diaval, reacciona!―exclamo otra vez su nombre, teniendo los ojos clavados en su mirada.

Estaban frente a frente, la espada centímetros de matar a alguien, solo se escuchó un pequeño quejido de unos labios entreabiertos dueños de unos ojos que soltaron lágrimas:

No―susurro la princesa al ver el horror.

El Medicum logró apuñalarse a sí mismo, la sangre comenzó a manchar sus vestiduras y una presencia oscura salía de ahí maldiciendo en antiguos juramentos que los aldeanos conocían muy bien. Diaval quito sus manos del mango de la espada atorada en su corazón y agarro con fuerza las de la princesa indicándole que se acercara un poco. Le dio un beso en la frente:

Me hiciste feliz…―murmuro débilmente―…Adiós, mi amada Princesay ante esas últimas palabras se desplomo.

Lourey logró en vano retener la caída del muerto Medicum contra el suelo, las lágrimas no paraban de brotarle por los ojos y gritar el nombre del joven, padre, guardián y el amor de su vida a los cuatro vientos sintiendo culpabilidad en su corazón de no poder detectar ese ser a tiempo. Lloro desconsolada abrazando el cuerpo de Diaval sin importar que el mango de la espada le lastimara ya que al poco tiempo volvió a incorporarse en cinturón del guardián.

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Sonaron las gotas de la lluvia caer, esto era un día triste para los "Guardianes del Enquiridión Dorado" junto con los Medicums. Los humanos sabían muy bien el desastre que ocasiono uno de los suyos y prefirieron exiliarse mientras llevaban el cadáver a las lejanías donde se ubicaban un fragmento de una gema extraordinaria que culminaba la paz tanto de los seres vivos como de los muertos.

Los Medicums entregaron sus armas junto con la de Diaval que fue custodiada por la princesa. Cuando partieron, Lourey fue a mandar un estante para el cinturón y se encerró en su cuarto por el resto del día dando a luz al pequeño Valentino que logró componerlo otorgándole sangre de su cuello. Al momento que le dieron el estante, le pidió ayuda al oráculo de la Aldea para dar indicaciones de una profecía:

Cuatro generaciones deben de pasar, cuatro donde solo mis descendientes obtendrán mi genética sin importar que tan distinto sea el progenitor o la progenitora… ¿estoy en lo correcto?―pregunto la reina al oráculo.

Al ser descendiente estéril. La naturaleza se encargó de recompensarla con el don de Adivinación y de poder viajar en tiempos relativos―explico el oráculo.

Ella lo sabía bien, mejor que nadie ya que posiblemente el resto de sus descendientes serán fértiles y capaces de procrear, pero el cuarto descendiente sería el determinado para unir el lazo perdido con el tataranieto de Diaval. Sabía a lo que se enfrentarían y debía de por el momento advertir a los peligros que se avecinaban al estar libre el ser maligno que se encargaba de mandar a los monstruos del Inframundo 4.

Dicto como se llevaría a cabo la profecía mientras el oráculo afirmaba lo tan acertado estaba la princesa:

Pero… ¿Se da cuenta que tendrá que interrumpir en la línea del tiempo para que se lleve a cabo la profecía? Desgraciadamente nunca puede retroceder un día, solo volver a donde inicio su viaje―indico el oráculo a su soberana.

Lo sé bien. En la mañana parto rumbo a un viaje para hacer eso posible…―respondió en seco Lourey.

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Y ahí mismo se encontraba, enfrente de ella mirándose mutuamente sin ningún atrevimiento de mencionar alguna palabra. Ambos orbes cafés se peleaban en silencio, le recordaba tanto a ella en su juventud, ese característico sonrojo al llorar y lo helada que podía ser al momento de enfrentarse a los problemas:

―Es tu decisión… Volver o nunca hacerlo―exclamo en seco.

La chica se limpió las lágrimas que estaban rodando por las mejillas coloradas. Podía comprender su situación, ante ella su tataranieta Petrikov Nicolet Lariza estaba por tomar la decisión de que si volvía habría consecuencias graves y todo esa peso problemático está dirigido a Finn, pero por otra parte si no volvía; ese jodido órgano que se llamaba "corazón" sentiría la necesidad de saber de su padre, Betty, Carmen, Gonner, Marceline, Grumosa hasta Bonnibel, pero al que más extrañaría y estaría totalmente ajeno a su recuerdo sería Finn.

Debía de admitirlo. Lo ama, él se lo había dicho un sinfín de veces y ella no fue lo suficiente valiente para decirle lo que sentía cada vez que sentía su mirada, sus manos abrazando posesivamente sus caderas al excederse con el alcohol, cuando le daba el consentimiento de tocar esa cabellera rubia que tanto le gusta y no admitiría. No tuvo esa oportunidad…

Solo una decisión…


Vero: Esto continuara…

Vivis: Ya es una larga lista de muerte…

*risa malévola insertada aquí*

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