Star vs las Fuerzas del Mal: La Guerra

Capítulo 28 El castillo Parte III

La habitación del trono había perdido todos sus guardias, solo quedando los líderes. Eclipsa acariciando su varita—paraguas, Tofee mirando con los brazos cruzados la puerta, Glosaryck limitándose a flotar mientras comía chocolate, la mutada Moon Butterfly en el techo vigilando que nadie perturbara el silencio. A eso se le sumaba una especie de planta que servía té a los presentes.

—A él sí que le gusta pelear…—rompió el silencio desde arriba Moon viendo la puerta derrumbada.

—Siempre fue así.—afirmó Eclipsa sonriendo—Tratando de demostrar que es el más fuerte de todos, hombres.—dijo con simpleza—¿No es así Hek?—preguntó a una de las lianas.

Al instante se materializó lo que quedaba de la conocida demoniza Hekapoo, había perdido totalmente cualquier rastro de fuego que hubiera tenido en el pasado, ahora lo que le quedaba era un color verde predominante en sus extremidades con un pecho marrón. Sus ojos habían tornado a morado, mientras que sus cabellos antes pelirrojos y flameantes se habían vuelto verdes y más bien parecidos a lianas que a un cabello. Por no mencionar su sonrisa, que parecía más digna de una planta carnívora que la que había tenido nunca en su pasado. Su pecho de madera se movía a un compás muy lento, mientras que sus brazos parecían casi rígidos. Esa falta de movimiento era compensada con los dedos de sus manos, los cuales literalmente eran lianas en movimiento. De la cintura para abajo solo era un tronco sin forma que echaba raíces por prácticamente toda la habitación. Cargaba la bandeja con tazas de té para el resto.

—Así es.—dijo fervilmente con la voz de Hekapoo, pero rasposa y forzada.

—Buena chica.—dijo Eclipsa tomando una de las tazas.

Unas lianas se movieron y el tronco retrocedió, pero sin el resto del cuerpo. El silencio volvió a la habitación.

—¿No deberíamos acabar con este intento de sublevación?—preguntó Tofee un poco más ansioso de lo que normalmente se encontraba.

Eclipsa se detuvo a mirarlo y sonrió ampliamente.

—Puedes estar tranquilo Tofee, solo hay dos amenazas verdaderas y esas son mi tataratatara nieta Star y el tataratatara sobrino de Globgor, ¿Cómo dijiste que se llamaba?

—Tom.—dijo Tofee no muy convencido—Pero, su alteza…

—Entiendo tus preocupaciones Tofee, pero ir abajo solo nos expone a los ataques de nuestros propios esbirros, y ya dejamos en claro que algunos de ustedes…—se detuvo y guiñó un ojo a Tofee, el mismo donde Rasticore tenía la gema—No tienen la opción de regenerarse nuevamente, dejemos que se peleen unos contra otros, cuando lleguen hasta aquí lo harán de rodillas e implorando piedad, es ahí cuando todo habrá acabado.

—Pero, Eclipsa … ¿Y si…?—intentó replicar Tofee.

—Tofee, enserio aprecio el gesto, pero preferiría que se quedaran aquí hasta que terminen con los insectos y reptiles.—dijo ella sonriendo—Dejemos que tengan una victoria antes de arrebatarles toda la esperanza, no hay mejor derrota que quitarles toda esperanza desde la cima.—dijo ella convencida—Imaginate sus rostros cuando vean todo lo que han sacrificado y nosotros estemos aquí, indiferentes y triunfantes.

Esa convicción se contagió por parte de Eclipsa hacia Tofee, el cual dio otro sobro a su taza de té y volteó hacia la puerta caída.

El silencio de la habitación fue interrumpido cuando un portal morado fue abierto justo al lado de la entrada. De este fueron empujados dos criaturas humanas, aproximadamente de la misma edad atrapados en una red junto a una decena de renacuajos con brazos y piernas. Fueron seguidos por Rasticore y unos pocos monstruos que se habían separado de la armada de Ludo y servían ahora a Eclipsa después de ser atrapados en el inframundo.

—Excelente Rasticore.—dijo Eclipsa complacida viendo a las indefensas criaturas—¿Qué son? ¿Ranas y… Terrestres?—dijo acercándose hasta Rafael—Ohhh, hace tanto tiempo que no he visto uno.—dijo acariciando sus mejillas y provocando que Rafael gritara de dolor y mordiera su dedo.

Eso provocó que Moon y Tofee se pusieran en posición de ataque, así como todos los monstruos que habían salido del portal, pero Eclipsa, en cambio ni se inmutó por la mordida, solo le mostró una sonrisa al hombre.

—Llévate a los renacuajos con el resto de los niños.—dio la orden Eclipsa usando sus dedos para mover las mandíbulas de Rafael que luchaban por cerrarse—Tengo que tener unas palabras con lo terrestres… ¿Alguno de ustedes los conocen de algo?—preguntó a sus generales.

Tanto Moon, Hekapoo y Tofee abrieron los ojos de par en par, pero contestó Glosaryck.

—Son los padres del novio de Star, reconocería ese mostacho en cualquier dimensión.—dijo el susodicho apareciéndose frente a ellos y analizándolos—¿Sabes? La Tierra es un lugar divertido, tienen chocolate.

Eclipsa sonrió y soltó la mandíbula de Rafael provocando que este cerrara la boca de golpe. Los dos señores Díaz se abrazaron asustados y temblando.

—¿Esa no es la mamá de Star?—dijo horrorizada Angie hundiéndose en el pecho de su esposo—¿Y e-ella no es la chica pálida que iba con Marco? ¿Qué les paso?

—Tranquilos, no dolerá.—dijo Eclipsa tomando su varita y apuntando a ambos—Por mucho tiempo.—añadió mientras el brillo de su varita incrementaba.

Un hechizo morado fue disparado, pero una sacudida provocó que ambos se tropezaran y el hechizo diera directamente contra una pared, en lugar de ellos. Esa sacudida causó que los generales de Eclipsa voltearan a todos lados para estudiar de donde provenían. Aprovechando esa pequeña ventana de posibilidades Rafael se levantó y ayudo a su esposa y ambos corrieron hacia la puerta derrumbada, giraron a la derecha, escucharon como un rayo estaba a punto de alcanzarlos, cuando Angie empujó a su esposo a la dirección contraria y salieron corriendo lejos de Eclipsa.

La referida solo vio boquiabierta como dos simples criaturas se habían logrado escapar de ella con esa facilidad y sus cejas se pusieron peligrosamente cerca la una de la otra.

—Tofee… Ve por ellos.—dijo conteniéndose y señalando la puerta caída a la vez que cubría su dedo mordido—Vivos o muertos, estarán aquí.

Tofee sonrió y salió lanzado directamente a la puerta a una velocidad impresionante, incluso para Eclipsa, era obvio que estaba mucho más que ansioso, deseaba luchar, hacer algo por ella, y esa era una cualidad que ella siempre apreciaba. Rasticore comenzó a prepararse para correr, pero Eclipsa lo detuvo.

—Rasticore, no será necesario, confío en Tofee.—dijo ella tan tranquila como siempre—¿Pero sabes? Vendría bien que fueras a la Tierra y consiguieras algunos terrestres, quiero hacer experimentos para ver cómo será mis próximos súbditos, estoy pensando en una temática canina humanoide, ¿Qué te parece?—dijo ella dando una risa y acariciando el brazo de Rasticore—Los que traigas que sea con vida…

—¿Y los que no?—le brillaron los ojos.

—Tenemos prioridades, has lo que tengas que hacer.—dijo Eclipsa resuelta y dándole rienda a Rasticore, el cual abrió un portal.

—Tofee voy a la Tie…—dijo anunciando a su amigo, provocando que Tofee volteara a verlo con una mirada encendida—Oh cierto, lo siento…

Y entonces Tofee pudo ver como el portal que se había puesto frente a él se había perdido, y con este también su rastro de los dos terrestres que había perseguido. A pesar de que en las habitaciones anteriores había logrado seguirlos debido a que dejaban las puertas cerradas, ahora se encontraba en una biblioteca con estanterías gigantes y varios pasillos. No escuchaba pasos, pero por consiguiente tampoco voces. Por lo que había dos posibilidades, o ellos se habían logrado escapar rápidamente, o se estaban ocultando.

Tofee tenía que tomar la decisión si seguir corriendo y recuperar el rastro o comenzar a buscar a tientas por la biblioteca Butterfly. Tomando en cuenta que los humanos no parecían especialmente rápidos, optó por cerrar la puerta detrás suya y comenzar a caminar por la vía central.

Veía los múltiples estantes, acomodados por secciones de distintas índoles, desde dimensiones, magia negra hasta simplemente linaje, miraba entre las estanterías, esperando que ahí se ocultaran los señores Díaz. Pero al ver que aquello tardaba demasiado intentó desde otra perspectiva y comenzó a introducirse entre los pasillos de literatura mewniana, entre los cuentos clásicos de Gleres el valiente sin fuerza o Rusty'ntyh. Cuando repentinamente dio un puñetazo a una estantería, derrumbando prácticamente toda una hilera de libros y dejando expuesto el otro lado del pasillo.

Tofee suspiró molesto al otro lado tratando de imaginarse lo sencillo que sería encontrarlos si pudiese ver todo desde la parte de arriba, de haberlo hecho Tofee se habría dado cuenta que los señores Díaz se encontraban justo en la zona donde él había dado el puñetazo, pero separados por una estantería de distancia, teniendo ambos en medio la estantería vacía de libros expuesta por Tofee.

Particularmente el señor Díaz estaba del lado donde la librería se extendía, mientras que su esposa se encontraba del lado donde se iba al pasillo central. Rafael sabía que podía distraer a ese hombre lagarto y trató de transmirlo por su mirada a su esposa. Esta al ver lo que él planeaba le negó con la cabeza efusivamente, provocando que Rafael le contestará asintiendo con la cabeza.

A pesar de las negativas Rafael se levantó de golpe y volteó hacia las estanterías de la biblioteca frente a él. Aun volteando a su esposa le hizo una señal apuntándose a sí mismo, luego uniendo sus dos manos y apuntando a su esposa, para finalmente gritar:

—¡Corre!—y se disparó hacia las estanterías.

La señora Díaz en lugar de correr se ocultó detrás de otra estantería y vio por la ranura del ojo como Tofee se lanzaba cual fiera hacia donde se encontraba su esposo. Pudo ver la ira reflejada en el rostro de Tofee, ira que se podía sentir hasta en la manera de andar, definitivamente no lo iba a dejar escapar, y cuando Tofee estaba decidido no importaba cuanto le tomase, cumplía su palabra.

Lanzó un gruñido para provocar mayor horror en el señor Díaz, lo podía ver enfrente suya, dando una vuelta a la derecha en la esquina para que Tofee lo perdiera de vista, pero en lugar de ocultarse de sus golpes solo logró que Tofee golpeara la estantería a su derecha e hiciera que decenas de libros salieran disparados hacia su dirección. El señor Díaz se cubrió la cabeza, recibiendo varios golpes contundentes, pero no rindiéndose e internándose en una sección con títulos totalmente desconocidos para él.

El señor Díaz pudo sentir la mirada de Tofee dañina a su espalda, cada vez más cerca, prácticamente escuchando las filosas uñas cortando el aire. En uno de sus sprints se dio cuenta de una figura negra que tenía enfrente, y saltó a una estantería que tenía del lado izquierdo esquivando por poco las garras de Tofee y rodando en el suelo para levantarse de inmediato y dar otra vuelta, saltando para evitar una cola látigo.

—Las ratas siempre son escurridizas.

Dijo Tofee prácticamente aburrido y lanzando un suspiro de cansancio y sin el menor esfuerzo derrumbando empujando la estantería completa de pasillo detrás de la cual se ocultaba Rafael provocando que todos los libros cayeran y se escuchará un grito masculino de dolor. La estantería que había derrumbado se recargaba con la siguiente.

Tofee sonrió triunfalmente poniendo sus manos en su espalda y caminando con paciencia y la cabeza alta, además de una respiración calmada. Ya podía ver el cuerpo del terrestre intentando levantarse con la poca fuerza que le restaba y arrastrándose lentamente, daba tanta pena que casi se le antojaba no matarlo… Casi.

Cuando estuvo frente al señor Díaz levantó su cola sin mover ninguna otra extremidad y recibió un ataque de una pesada enciclopedia que lo distrajo y dio el tiempo suficiente a Rafael para mover libros de la estantería que sostenía la suya y hacerse hueco para pasar al otro lado.

Extremadamente molesto por esa interrupción Tofee volteó hacia la dirección de su atacante y encontró con un par de libros a la señorita Angie Díaz posando lista para una batalla y haciéndole un gesto con sus cuatro dedos modulares de su mano derecha, los cuales decían más que mil palabras.

Como si de una estampida de toros se tratase Tofee fue corriendo hasta el final del pasillo preparando su puño con la fuerza necesaria para destrozar los huesos de tan frágil ente. Sin esperar que a su espalda volviera a sentir el peso de un libro cayendo encima suya, era el señor Díaz que desde el suelo le había lanzado uno de la montaña de libros que tenía encima, provocando que Tofee corriera hacia él, recibiendo nuevamente el golpe en su espalda de la señora Díaz.

—Ja…—se detuvo en su lugar y volteó a la señora Díaz, con su rostro serio y tenso—No debí subestimarlos, mí error, permítanme corregirlo.

Alzó sus garras y antes de que la señora Díaz pudiera ver nada sintió como una ráfaga de viento pasaba a su lado y hubo un sonido de cuchillas siendo arrastradas en el aire… Ella parpadeó un par de veces antes de que tocara su rostro, el cual ardía como mil demonios en tres rajas y la sangre comenzaba a caer a pequeñas porciones.

—¡ANGIE!—gritó Rafael Díaz, pero fue detenido cuando una mano invisible para su velocidad lo empujó de vuelta a la montaña de libros donde había caido.

La señora Díaz se llevó sus manos al rostro y al volverlas a ver notó que estaban llenas de sangre, comenzó a explorar su rostro con una sola mano y sintió dolor en tres zonas distintas, seguía viva, pero tenía tres marcas de garras al rojo vivo en su rostro, las cuales apenas sentía por el dolor.

Tofee no perdió tiempo e intentó dar media vuelta, pero terminó deslizándose en el suelo debido a la fricción e hizo un adaman por volver y terminar lo que había iniciado, cuando repentinamente volvió a recibir un libro en el rostro. Su molestia fue tal que gruñó en la dirección del señor Díaz, pero este volvió a lanzarle un libro, y otro, y otro más. Uno de estos terminó en la boca de Tofee, provocando que este retrocediera un poco. Rafael aprovechó esa oportunidad para tomar a su esposa y salir corriendo cuanto le permitían sus extremidades, pero Tofee, harto de esos juegos para niños cerró su mandíbula y destrozó el libro que le había lanzado el hombre.

En aquel momento Tofee estaba molesto, ¿Cómo era posible que dos simples humanos pudieran ser tan molestas ratas? Claro que Tofee no estaba actuando con toda la seriedad que debía, no valía la pena gastar energías en unos bocadillos pequeños, debía guardarse para el plato fuerte. Pero esos dos tontos mortales lo estaban comenzando a enojar, y pronto aprenderían que nadie hace enojar a…

Salió disparado hacia atrás a la vez que lanzaba un grito por el dolor de las quemaduras que recibía de la bola de fuego. Fue tal su dolor que medio rostro quedó incinerado y prácticamente carbonizado. La bola de fuego continuó su camino hasta una tanda de estanterías, incinerándolas, pero dejando a Tofee en el suelo y dolorido mientras se regeneraba de las quemaduras. Algunas a su alrededor comenzaron a quemarse.

—¿Estas bien Janna?—escuchó Tofee la voz alterada de un demonio.

—Estoy bien pero estas que ardes…—dijo una chica moviendo sus manos para aliviar el dolor—Gracias por eso, tú.—dijo esa chica sonriendo a un ente con cuernos.

—¿Tú? ¡¿Tienes idea de lo que te he salvado?!—gritó con voz demoniaca, y entonces Tofee lo reconoció, era Tom Lucitor.

—¿De un demonio grandote?—dijo la chica relajada, esa debía ser la amiga de Star.

—¡No es cualquier demonio!—gritó Tom desesperado—¡Es Globgor!—dijo tomando a la chica de la muñeca y comenzando a flotar alejándose del incendio—Tenemos que huir…

—Es solo un demonio grandote…—dijo la chica intentando sonreír—¿Qué es lo peor que puede…?

Pero fue detenida debido a que un rayo de energía le dio de pleno a Tom, provocando que este cerrara los tres ojos y cayera en picada hacia el suelo. La chica se aferró a Tom hasta que comenzaron a rodar en el suelo.

—¿Globgor?—dijo Tofee finalmente recuperando su rostro—Debo de…

Se detuvo puesto que del mismo orificio donde habían salido el príncipe Lucitor y la chica terrestre entró magnificente Globgor, el último de los antiguos demonios, que Tofee derrotó hace cientos de años cuando aun luchaba por los mewnianos, antes de que Eclipsa llegará al poder.

El pequeño orificio no dio espacio para tremendo cuerpo, provocando que este forzara su entrada golpeando el hueco y dejando que el techo comenzara a desplomarse y una humarada de polvo se extendiera junto al humo del fuego que iba ganando cada vez más terreno.

—¡GAHH!—gritó el ente demoniaco que tanto temían todos mientras sus manos brillaban de un rojo vivo y sus ojos no se quedaban atrás.

—Tenemos que salir de aquí Janna…—dijo Tom tomándola de la muñeca y comenzando a correr entre las estanterías.

—Esta bien, pero yo seré la que lleve los pantalones.—dijo la chica corriendo junto al demonio y alejándose del fuego que habían traído al haber sido lanzados por un golpe de ese monstruo.

Tofee, estando solo a unos metros de distancia, también se levantó y notó que se sentía débil, el humo y el polvo levantados por la entrada precipitada de Globgor habían provocado que aspirara mucho de este polvo en sus entrañas. A pesar de que los otros dos no pudieron ver a Tofee, este sí que pudo oírlos y los comenzó a seguir de cerca.

Encima de ellos paso Globgor, el cuál iba directo hacia el fuego que se expandía para intentar acercarse a sus víctimas. Escucharon un aullido desde aquella parte y todos, Tofee incluido, aceleraron el paso.

—No puedo ver nada…—decía Janna tosiendo y comenzando a caminar más lento.

—No Janna, no te rindas, quédate conmigo…—comenzó a decir Tom moviendo a Janna casi por su cuenta—Dime, dime… ¿Por qué me seguiste? Globgor es alguien a quien debo enfrentar por mi cuenta.—dijo Tom dando vuelta en una estantería, suerte que lo hizo porque por ese mismo pasillo donde antes estaba salió disparada la mitad de una estantería en llamas.

—¿Por qué tú?

—Yo soy el príncipe de los demonios, y él es un demonio, uno muy antiguo…

—¿Por qué entonces intentas detenerlo?—dijo Janna ya incapaz de mover sus piernas y cerrando sus ojos, Tom la cargaba prácticamente—Si Star se enterara… Ella te habría intentando ayudar…

—Star tiene otros problemas que atender.—se detuvo puesto que frente a ellos cayó la otra mitad de la estantería, aunque esta tenía clavada un diente de quince centímetros que Janna tomó.

—Bonito.—dijo ella jugueteando.

—Janna, enserio no es tiempo de…—intentó decir Tom, pero tropezó ipso facto con un bulto gigante que debido al humo no se podía ver.

Al revisar qué era este notó carne humana, rápidamente logró remover un poco el humo agitando su mano y tomó a los señores Díaz, notó que el rostro de la mama de Marco estaba marcado en rojo por tres grandes cicatrices.

—¡¿Qué hacen ustedes aquí?!—dijo escandalizado Tom moviendo sus manos y provocando que todo el humo en su zona cercana desapareciera—¡Despierten!

—¿Eh?—el señor Díaz fue el primero en recuperar la conciencia—¿Es el niño satánico?—preguntó el señor Díaz mareado por los efectos del humo.

—El niño eres tú.—dijo Tom cargándolos a ambos y comenzando a volar hacia una salida, solo para darse cuenta de su error cuando repentinamente recibió un chorro de energía desde su espalda que lo hizo caer en picada—Tiene que ser una broma.

—¡AHHHHHH!—gritaba la criatura prehistórica dando un salto de altura e intentando caer encima de Tom y los humanos.

Para suerte de todos habían aterrizado en una sección de la librería sin el humo del fuego cada vez más y más alto. Para su desgracia Globgor se acercaba rápidamente y ellos estaban en pésimas condiciones.

—¡Maldita sea!—gritó Tom juntando sus dos manos y lanzando un hechizo doble de lava al referido Globgor, provocando que el salto de este se viera frenado y lentamente comenzara a retroceder.

—¡AAAAAAAHHHHHHHHHH!—gritó Globgor con más fuerza y comenzó a vencer los rayos de Tom con su hombro, cayendo de vuelta a donde estaban los presentes.

—¡Por un demonio!—gritó Tom dejando de lanzar su hechizo y esquivando el golpe de Globgor al rodar en el piso—¡Janna!—gritó Tom a la vez que sintió el impacto, intentando correr, pero siendo tomado de los pies por Globgor.

—¡Quieto!—gritó Globgor riéndose desde el cráter que había creado—¡Quiero aplastarte!—levantó su mano derecha volviendo sus dedos garras.

Si Tom no hubiera rodado en el suelo, probablemente hubiera sido el final para este, puesto que las garras se incrustaron en el piso de piedra y dejaron marcas profundas.

Una vez Globgor falló su ataque, fue el turno de Tom para regresar la moneda y lanzar uno de sus cuernos como si de un proyectil se tratase, solo para ser totalmente ignorado por la piel indestructible del demonio.

—Jaja…—continuó riendo, terminando de levantarse y acercándose a un cada vez más encerrado Tom.

Ese monstruo era de varios metros de alto, y veía a Tom como si fuera un bebe que no había aprendido nada, confiado y con una sonrisa de par en par caminaba sin ningún impedimento hacia Tom, ignorando el resto de su camio.

—Eclipsa dijo diviértete, Globgor se divierte.—dijo la criatura riéndose de Tom y tomándolo de su ramera—Globgor consiguió la cena.—dijo riendo y levantando a Tom en el aire sin ningún problema, casi como si fuera una muñeca de estropajo.

Pero el chico no se dejo e inmediatamente respondió con un ataque directo al ojo de Globgor con su ráfaga de lava, resultando en… Nada, ni siquiera se inmuto porque sus ojos estuvieran a temperaturas que podrían derretirlos si se descuidaba en su distribución interna de calor. El monstruo, aun cargando a Tom comenzó a agitarse como si fuera un perro y se libró del ataque del príncipe. Globgor le mandó una sonrisa antes de estamparlo contra una estantería y provocar un efecto domino que terminó de tirar dos estanterías detrás de Tom.

Sin que se pudiera mediar una palabra comenzó a apretar a Tom para escuchar como sonaban sus huesos al romperse, lo hacía con tanta fuerza y lentitud que era obvio debía ser solo por mero placer, Globgor en verdad lo estaba matando lentamente para ver que sacaba de sus gritos, una maldad con la que Tofee no estaba en absoluto de acuerdo, Tofee era discreto y paciente. Globgor, al contrario, era ruidoso y directo al grano, pero poderoso y fiel a aquellos que entraban en su lista de "amigos".

Por eso Eclipsa lo amaba, por su fidelidad y por su sed insaciable de sangre en la guerra.

—¡Por Eclipsa!—gritó Globgor agitando al apretado Tom, solo para sentir que de su cola colgaba una pequeña molestia.

Al voltear de vuelta se encontró con un humano común y corriente colgando de su cola para intentar hacerle un daño. Pero esa visión solo enterneció a Globgor, el cual se sacudió la cola de un movimiento que mandó a Rafael a volar contra unas estanterías, dejándolo herido de la pierna abierta en un ángulo extremadamente doloroso. El monstruo entonces comenzó a notar el resto de pequeñas criaturas que lo rodeaban.

—¡RAFAEL!—gritó Tom, el cual le había comenzado a caer bien el señor Díaz desde que lo conoció las horas atrás—¡Él está fuera de esto Globgor! Yo soy el príncipe de los demonios, ellos son solo humanos…

—Comida.—dijo el monstruo moviendo su lengua de uno a otro lado.

—¡NO!—gritó Tom atacando directo a sus ojos y cuernos—¡Debes seguir mis ordenes!—gritó con una voz demoniaca y disparando lava al mentón de Globgor.

Pero todos sus ataques eran inefectivos contra Globgor, este ni se inmutaba e incluso lo acercaba para que estuviera delante de su rostro, incapaz de hacerle el mínimo rasguño.

—¡MUERE!—gritó Tom lanzando su hechizo a toda potencia y logrando solo que Globgor lo volviera a aplastar entre sus manos.

—Tú no eres príncipe de Globgor.—dijo el demonio riendo frenéticamente—Globgor era, y es, el rey de los demonios.—dijo a la vez que sujetaba a Tom con una mano y con la otra invocaba una bola de fuego.

Al instante Tom cerró sus ojos e intentó evitar pensar en el terrible dolor que estaba a punto de sentir, excepto porque no sintió nada, sino que escuchó el grito de Globgor y comenzó a caer en picada al suelo.

Incrédulo ante lo que ocurría, Tom noto que en la espalda del susodicho Janna se aferraba a un diente que ella había clavado en la gruesa piel del demonio. Este, al no conocer el dolor de su propia dentadura, comenzó a moverse frenéticamente de uno a otro lado, y al ser sus manos gruesas no podía alcanzar justo el punto de su espalda donde se encontraba esa puñalada.

Pero eso no importaba, Globgor intentó embestir su espalda contra la pared, cosa en la que fracasó miserablemente al tratar de herir a Janna. Ella simplemente saltó de su espalda y él se enterró incluso más su propio diente, causándole más dolor.

—¡Ahora o nunca!—dijo Tom cachando a Janna y corriendo volando hasta donde los señores Díaz yacían, cargando él a Rafael y la chica a Angie.

Entre los dos corrieron entre las estanterías, aprovechando que Globgor hacía un escandalo para zafarse de su propia dentadura punzante, dolorosa y capaz de atravesar cualquier tipo de carne.

Sin saberlo, Tofee los seguía a su espalda, listo con sus garras para hacer un ataque por la espalda, cuando repentinamente el salón entero comenzó a agitarse cuando les faltaban pocos metros para salir por la puerta. Globgor, ya molesto por ese ultraje volvió a dar un salto de altura, y localizó a su presa, este no tardó en embestirla y tenerla entre sus rodillas incapaz de moverse.

—¡¿Qué haces bestia?!—gritó Tofee enojadísimo en las rodillas del susodicho—¡Somos del mismo equipo!

Tanto Tom, como Janna, que conocían a Tofee se quedaron impactados de verlo ahí, yaciendo en las rodillas de Globgor y viendo como su cabeza era desgarrada por las garras del monstruo.

—¡Tofee!—gritó Globgor enojado y golpeando incluso más fuerte a este, aun sabiendo que este se regeneraría.

Ni Tom, ni Janna intentaron entender aquello, rápidamente dieron media vuelta y salieron por la puerta principal, antes de que el fuego se extendiera y los dejara encerrados con ambas bestias.

—Tenemos que irnos.—dijo Tom tomando la mano de Janna y saliendo corriendo por el pasillo—Gracias…—dijo a la vez que escuchaba algo grande y pesado siendo arrojado dentro de la habitación que habían dejado.

—¿Por?—dijo Janna ayudando a la señora Díaz casi desinteresada.

—Porque me ayudaste con Globgor.—dijo Tom sonriendo—No se me hubiera ocurrido usar su propio cuerpo en su contra…

—Es porque no has crecido en las calles.—le dijo Janna sonriendo—¿A dónde vamos?

—A dejar a estos fuera de batalla, no deberían estar aquí, y luego dejarte a ti con Star y yo volveré con Globgor.—dijo Tom decidido.

—No puedes vencerlo.—le dijo Janna segura de sí misma y negando mientras chasqueaba la lengua.

—Mas debo de de.—dijo Tom mirando hacia el frente y cerrando sus ojos del enojo—Pero primero, hay que poner a salvo al pequeñín.—dijo Tom al señor Díaz, el cual apenas y se movía por el dolor en su pierna.

—No te dejaré, morirías si fueras solo, en cambio yo sé que puedo con ese grandulón tonto.—dijo Janna sonriendo a duras penas—No dejaré que nadie vuelva a irse frente a mis narices si puedo evitarlo.—dijo Janna recordando como ella fue la que vio el cuerpo de Alfonzo.

—Es mi responsabilidad.—dijo Tom sonriéndole a la chica—Gracias…

Se escuchó una fuerte explosión, y todos cayeron al suelo. Tom no pudo decir cómo lo sabía, pero algo estaba claro, las cosas apenas estaban comenzando a empeorar. Repentinamente la cabeza de Tom comenzó a dolerle...Y eso solo podía significar algo, Eclipsa había realizado un hechizo, o de lo contrario, algún hechicero extremadamente poderoso... Y él estaba con dos heridos de gravedad a mitad de un pasillo sin ayuda cercana, con Globgor probablemente persiguiendolos. Todo parecía ir de mal en peor.

Continuara...

Na.- Bien, con esto ya entramos en la recta final, este capítulo fue raro... Se supone que es especial porque esta escrito como si una cámara grabara todo, osea, si lo notan, no hay saltos entre escena y escena, todo es parte de un conjunto. Aunque bueno, sería bueno anunciar que ya solo queda capítulos, dependiendo que tanto resuma esto. Sé que aunque no hay muchos comentarios, hay gente leyendo, y quiero agradecer, ya estamos a punto de terminar el fic, solo un poco más, gracias por el apoyo.

Intento subir 1 capítulo a la semana, por lo que la proxima actualización debe ser en 3 semanas o 4, dependiendo lo bien o mal que me vaya, así que mientras, solo quiero disculparme por lo del hiatus de 1 año, no fui justo... La serie dejo de llamarme la atención un rato, pero me sentí mal por no acabar esto estando ya en el final, así que... Sí, la serie no me gusta como esta yendo (no me disgusta el Starco, solo que esta demasiado forzado), pero eso no significa que no me gusten los viejos capítulos. Sooo, gracias por todo, por el apoyo que recibí, fue el único motivo por el que decidí acabar esto, me dieron una motivación poderosa.