Y este! Dedicado a Alice-KuroRabbit y a todos aquellos que esperaban este momento jejejeje

12 de julio


Por los años: la herencia Black

Capítulo 28: Al zoo.

La habían obligado a llegar ahí así que al menos lo iba a disfrutar. No tenía ganas de seguir enfadada con Mamoru, pero él no parecía ni siquiera entender el motivo.

— Samy —le llamó la voz de Tetsuya—. ¿A dónde vas? —preguntó poniéndose a su lado.

Ella hizo ver que no le oía. Al fin y al cabo llevaba los auriculares puestos a los oídos, aunque por costumbre los llevara a un volumen muy bajo, nunca habría querido que su música preferida le dañara los oídos—. Samy… —sonrió Tetsuya pasando la mano por delante de la chica.

Ella lo miró y se quitó los cascos de los oídos.

— Te-chan —sonrió.

— ¿Tu también vas al zoológico? —preguntó Tetsuya.

— ¿Es que lo han dicho a todo el instituto? —preguntó Asami.

— Eso parece —respondió él—. Aunque me sorprende que vayas.

— Fue una oferta irrechazable —sonrió amargamente ella.

— Te han amenazado —acertó él—. Esa chica… ¿cómo era? ¿Kyoguku Chieko? —preguntó mirando a Asami que le afirmó con la cabeza—. ¿No tiene los humos muy elevados?

— Así es ella… —se rió la chica Kudo—. De hecho creo que esto le viene de su rica madre…

— ¿Te refieres a Sonoko? —preguntó Tetsuya.

Asami le miró sorprendida.

— Mi madre me habló de alguien llamado Kyogoku Sonoko —se excusó encogiéndose de hombros.

— Así es —respondió ella—. Ya estamos llegando.

— ¡Sam! ¡Junior! —gritó la voz de Sara al medio de la calle delante de un edificio de muros altos, con una puerta de hierro redonda y con barrotes.

— ¿Por qué ella también ha sido invitada? —preguntaron los dos a la vez mirándose.

Se echaron a reír y siguieron el camino hacia la puerta del zoológico.

— ¿Qué tal? —preguntaron Hiro y Takeshi a la vez.

— ¿Ha sido cosa vuestra? —preguntó Tetsuya señalando a la hija Hakuba.

— Lo siento —se encogió Hiro de hombros mientras miraba hacia otro lado—. Quería quedar con nosotros, pero cuando le dijimos de esto quiso acompañarnos.

— Al final viniste, Asa-chan —sonrió Chieko agarrándola del brazo.

— Qué remedio —sonrió ella amargamente mirando hacia otro lado.

— ¿Ibas a ser la única que no iba a venir? —preguntó Akira al lado de Chieko y de Mamoru.

— Lo siento Kyogoku-kun, la verdad es que no me apetecía nada —sonrió—. Además… nunca he estado en un zoo, aunque tampoco me llama mucho la atención —admitió medio avergonzada.

— ¡¿Qué?! —gritaron Tetsuya, Sara, Hiro y Takeshi—. ¡¿Cómo puede ser eso?!

— Porque teníamos que ir cuando Chieko iba a hacer los 11, pero nuestros padres nos obligaron a irnos a otros lados y al final no pudimos ir —recordó Akira.

— Y mis abuelos nunca me llevaron —sonrió Asami—. Al menos yo no lo recuerdo.

— No tuviste infancia —susurró Tetsuya dando pequeños golpecitos a la gorra de Asami—. Pobrecita…

— ¿Por qué no asumes de una vez que no puedes recordarlo todo? —preguntó Sara sonriendo.

— Por supuesto no soy tan perfeccionista como tú —respondió Asami forzando una sonrisa—. Pero al menos me acuerdo de los nombres que se sientan a mi lado.

— ¿Aún sigues con eso? —preguntó la otra rodando los ojos.

— Lo mismo te digo —respondió Kudo sonriendo.

Miró a Mamoru. Estaba mirando al suelo e inusualmente callado. Desvió la mirada antes de que alguien pudiera decir algo, acerca de si se arrepentía o no de estar enfadada con él.

— Bueno, los demás ya están adentro —informó Chieko agarrando con fuerza el brazo de Asami y tirando de ella hacia dentro.

— Vamos, vamos —respondió Akira empujando a Mamoru también.

Los demás les siguieron. En cuanto entraron, Asami se quedó parada. El lugar era grande y muy limpio. Delante de ellos se elevaba una estatua de un elefante, el símbolo del lugar, pero en maqueta y muy grande.

— Está alucinando —murmuró Hakuba detrás de ella.

Tetsuya le tapó la boca.

— ¿Dónde están los gemelos? —preguntó Chieko mientras Irie, Asahara y Anzai se acercaban a ellos.

Asami señaló hacia las taquillas.

— Intentando conseguir entradas gratuitas —informó viendo como los dos estaban intentando ligar con la señora de la taquilla.

— Que acaban de conseguir —dijeron Sara y Tetsuya a la vez al ver las caras triunfantes de los gemelos.

— Eso no es robar, no nos miréis con esa cara —se quejaron los gemelos al ver a Asami y a Sara de brazos cruzados con mirada asesina.

— Bueno, nosotros a lo nuestro, vamos Junior —sonrió Hiro haciendo que los demás lo miraran.

— ¿Aquí también? —preguntó Kudo sorprendida.

— Yo no he venido a por eso —se quejó Tetsuya.

— Seguro que lo estabas esperando —sonrió Takeshi.

Tetsuya miró a Asami que se encogió de hombros.

— Tendremos que vigilarlos de cerca, ¿eh? —preguntó Tetsuya soltando a Sara y siguiendo a los gemelos que se habían alejado.

— Vigila más a Chain, por favor —se quejó Asami viendo que Sara les seguía.

— Cierto —sonrió Tetsuya empujando a la hija Hakuba para tenerla delante de él, mientras ella hacía pucheros.

— ¿A dónde van? —preguntó Akira sorprendido.

— Lo de ir a ver cosas nunca ha ido con ellos —informó Asami—. Siempre han ido a ligar con chicas a la mínima oportunidad que han tenido —se rió—. Aunque empiezo a pensar que hay otro motivo detrás —sonrió mirando de reojo a Chieko.

— ¿Qué… qué he hecho yo? —preguntó ella claramente nerviosa.

Asami suspiró. Habían hecho esto para que ella y Mamoru hicieran las paces del todo, o por alguna otra razón que no llegaba a entender del todo. Asami aún seguía enfadada por lo que pasó en la pelea con Jun, y aunque ahora le hablara, cuando se daba cuenta de que estaba siendo muy amable con él, se enojaba aún más. Parecía increíble que necesitaran de ellos para eso. Pero claro estaba que ella no intentaría ponerlo fácil. Mamoru podía entender por sí mismo lo que había ocurrido y a ella le había dado la impresión de que lo había entendido, pero, entonces… ¿por qué de repente le dijo todo aquello? Ella seguía pensando, que había sido por algo que Tetsuya hizo, pero, no podía entender el motivo. Sin darse cuenta se había quedado mirando a Hattori, él levantó la vista y se la quedó mirando. Ella, finalmente, bajó la mirada. No hablaría con él si no estaban a solas.

— Venga vamos… —sonrió Chieko con ganas yendo hacia uno de los 5 caminos que se abrían a su paso.

Los demás la siguieron. Asami se puso al lado de la chica Kyogoku. Parecía que sería un día largo y entretenido. Mientras iban pasando por las distintas zonas, Asami se iba dejando llevar por el momento. Se acercaba a las jaulas y su cara empezaba a demostrar felicidad viendo los animales. Mamoru la miró unas cuantas veces y le pareció que Asami se movía un poco como una niña pequeña. De hecho verla con aquella sonrisa en cierto modo lo tranquilizaba. Irie, Asahara y Anzai se perdieron en algún momento y, excepto Mamoru, ninguno se había dado cuenta, o eso parecía. Chieko y Akira en cuanto llegaron a las jaulas de los tigres, se perdieron también, pero esta vez Mamoru no se había ni dado cuenta de ello. Observaba como Asami sonreía emocionada por ver todo aquello. La chica se apartó del lugar y lo miró sonriendo.

— ¿Dónde están todos? —preguntó al verlo a él solo. Él apartó la mirada ruborizado y negó con la cabeza—. Oye —Asami se acercó suspirando y sin decir nada. Se puso las manos en los bolsillos y se agachó un poco para poder ver a la perfección la mirada del chico, que estaba a sus pies—. Escúchame, Mamoru —susurró ella.

Miró a su alrededor mientras el chico la miraba.

— Nos están observando, ¿verdad? —preguntó él.

— Creo que sí —respondió ella.

— ¿Nos escapamos? —preguntó señalando con la cabeza detrás de ella.

Asami se giró para mirar. Detrás de ella, al lado de la jaula de los tigres había una pequeña entrada a oscuras hacia una caseta, que parecía ser una entrada a una exposición de fotografías y de diapositivas de toda la familia de los felinos. Miraron hacia donde se suponía que se habían ido los demás y vieron la cabeza de Chieko esconderse detrás de un árbol. Sonrieron. Se quedaron un rato mirando hasta que vieron su cabeza volver a aparecer en el campo de visión. Levantaron una mano y saludaron a modo de adiós. Los dos entraron con prisas a ese lugar oscuro. Parecía un laberinto así que habían escogido bien. Y había una salida al otro lado así que si se escondían bien ellos podrían creer que habían salido por el otro lugar y buscarlos durante el resto del día. Se fueron hacia la izquierda y se estuvieron quietos y callados en un pequeño rincón que quedaba muy apartado de todo. Era un sitio pequeño y se quedaron uno delante del otro notando sus respiraciones cerca…

— Mamoru… —susurró Asami al cabo de un rato.

— Tengo que saber porque te has enojado conmigo —la interrumpió él apartándose.

— ¿Y aún tengo que decirlo? —preguntó ella rodando los ojos.

— De verdad no sé lo que hice —se quejó él, mientras Asami miraba un gato con ojos verdes y grandes que colgaba de la negra pared.

— Dime… —susurró ella mirándolo mientras él también se fijaba en ese cuadro—. Yo te lo dejé bien claro y nos interrumpieron cuando creía que tú también te estabas sincerando… ¿por qué te echaste atrás entonces? ¿Por qué te fuiste dejándome sola?

Mamoru la miró. Estaba claro que había metido la pata en interpretar todas sus lágrimas. Asami se giró y se fue por otro pasillo. Se quedó mirando una vitrina que había al medio. Mamoru la siguió y se colocó al otro lado viendo su cara.

— ¿Por qué lloraste? —preguntó finalmente, viendo la gorra y los ojos de la chica siendo iluminados por la luz que salía de dentro de la vitrina, con una maqueta de un desierto con tigres y leones a dentro.

— Porque un amigo mío podría haber muerto —respondió ella mirándolo desde el cristal.

— ¿Un amigo? —preguntó Mamoru dando la vuelta a la vitrina para poderla ver a ella sin cristales de por el medio.

— Tetsuya es solo un amigo mío —se quejó ella yendo hacia otro lugar—. Él me admiraba y por eso me llama princesa, pero…

— ¿Mamoru-kun? —preguntó alguien detrás de ellos.

Ambos se giraron. Una de sus compañeras de clase les estaba mirando a los dos, agarrando la mano de un niño pequeño. Asami sonrió al ver la cara amarga que ponía la chica al verla, se giró y se alejó de allí. No quería tener más enemigos cerca. Ya tenía suficiente con esos cuatro.

— Tsutomu… —se sorprendió Mamoru—. ¿Qué haces por aquí? —sonrió.

— Mi hermano pequeño quería venir y le estoy acompañando —respondió la chica con una sonrisa amplia y de orgullo.

Mamoru sonrió amigablemente y se giró. Asami se había ido.

— Lo siento, tengo que irme… nos vemos mañana —sonrió Hattori alejándose.

— Espera… —el joven ni siquiera le hizo caso.

Habían dejado una conversación demasiado importante a medias como para dejar escapar esa oportunidad. La chica suspiró enojada mientras veía como se iba el detective buscando a Asami.

— Perdona… —susurró el chico cuando encontró a la chica mirando la fotografía de un león agarrado al tronco de un árbol.

— Parece que no quieren dejarnos a solas —sonrió Asami señalando con la cabeza hacia atrás.

Mamoru miró detrás de sí. No había nadie. Bajó la mirada y encontró una niña pequeña de unos 6 años con una cámara de fotos.

— ¿Podría hacernos una foto, señor? —preguntó con su voz infantil.

Mamoru sonrió agarrando la cámara de fotos.

— Por supuesto —respondió mientras Asami sonreía divertida al escuchar la palabra señor.

Mamoru la fulminó con la mirada mientras la niña se acercaba corriendo a sus padres y era agarrada por ellos. Detrás había un enorme cuadro de un tigre blanco y negro de ojos azules mirándolos. Él hizo la foto y les devolvió la cámara mientras admiraba la fotografía.

— Byakko —susurró mirando a Asami.

— Byakko —respondió ella sonriendo.

— Entonces…

— Disculpa… —preguntó una chica de unos 12 años acercándose—. ¿Eres Hattori Mamoru verdad? —preguntó mientras el grupo de sus amigas se acercaban detrás de ellos con una sonrisa nerviosa.

Mamoru las miró sorprendido. Así nunca terminarían la conversación… suspiró y sonrió mientras afirmaba con la cabeza. De repente un montón de niños y adultos se pusieron a su lado admirando al chico. Un niño con cara traviesa empujó a Asami hacia atrás para acercarse más a Mamoru. La joven Kudo suspiró y se fue hacia el cuadro iluminado de Byakko. Era un niño al que no le habían enseñado buenos modales, así que tampoco podía decirle nada al pobre. Se apoyó a la pared al lado del enorme e iluminado cuadro, quedándose a medias a oscuras, mientras admiraba delante de ella como Mamoru simpatizaba con sus fans. Se cruzó de brazos y sonrió. La imagen del chico sonriendo con una niña de 8 años le estaba pareciendo terriblemente encantadora. La compañera de su clase se acercó a ella, su hermano se quedó quieto en el pequeño pasillo que separaba las salas de exposición.

— ¿Quién eres? —preguntó la chica.

— Me parece increíble que yendo al mismo instituto y al mismo curso no puedas recordar mi nombre, Tsutomu Mariko —sonrió Asami dejando de mirar a Mamoru para mirarla a ella.

— ¿Quién eres? —volvió a preguntar la chica.

Llevaba el pelo castaño oscuro atado en dos coletas.

— Kudo Asami —respondió ella sonriendo ampliamente esperando que así ella se fuera y los dejara en paz.

La joven arqueó una ceja y se cruzó de brazos.

— ¿Tú eres la que dio ese maldito espectáculo en la excursión del otro día? —preguntó.

— ¿Disculpa? —preguntó Asami apartándose de la pared y mirando a la chica sin entender nada—. ¿De qué…?

— Aléjate de Mamoru-kun… —advirtió ella señalando a Asami—. No me hagas repetírtelo.

La joven se alejó dejando a Asami con los ojos bien abiertos. No creía que el chico pudiera ser tan famoso y querido por su instituto… sus fans ahora le daban más miedo que gracia. Miró a Mamoru que estaba intentando disculparse para poder llegar con ella. Él la miró y vio al momento que algo no iba bien. Avanzó hacia ella y la agarró de la mano. Tenían que salir de allí, tiró de su mano hacia la salida.

— ¿Estás bien? —preguntó Mamoru.

— Tus fans dan miedo —susurró ella.

— Que va… estoy acostumbrado a esto —sonrió él.

— No esos, los del instituto —respondió ella arqueando una ceja.

— ¿Tsutomu te ha hecho algo? —preguntó Mamoru.

— Me ha amenazado… —respondió ella encogiéndose de hombros—. No importa, como detective siempre soy amenazada —se rió—. Me estoy acostumbrando a eso.

— Mala costumbre —respondió él riendo.

— Que tú también tienes —rió Asami.

— Sí, es horrible —respondió él satisfecho.

No solo había hablado con ella después de dos días, sino que estaban riéndose juntos. Claro que habían hablado cuando se habían ido el anterior día a comprar con Chieko, pero… no era lo mismo escuchar que ella respondía a las preguntas de Akira y su hermana, que esperar a que le respondiera a él directamente.

— Dime… ¿qué había después del 'pero'? —preguntó el chico acercándose a la barandilla de otra sección.

— ¿Pero? —preguntó ella haciendo que no recordaba y siguiéndolo.

— ¿Qué había después de ese 'pero'? —preguntó él de nuevo mientras se apoyaba a la barandilla para mirarla a la cara— Tetsuya es solo un amigo mío. Él me admiraba y por eso me llama princesa, ¿pero? —Asami se apoyó a su lado frotando sus manos con nerviosismo—. Pero parece ser que se toma demasiadas confianzas contigo —terminó Mamoru sonriendo sin mirarla, Asami le miró sorprendida—- ¿Realmente soy tan importante para ti, Asami? —ella afirmó con la cabeza medio roja mientras él giraba los ojos, mirándola de reojo. Mamoru se giró en la barandilla poniéndose delante de ella. Se agarró a la barandilla dejándola sin escapatoria. Ella puso sus manos a la espalda y bajó la mirada. Estando tan cerca la ponía muy nerviosa—. Asami, mírame… —susurró él buscando su mirada. Siendo más alto que ella y ella siendo tapada con la visera de la gorra le era complicado encontrar sus ojos. Apartó una mano de la barandilla y le quitó la gorra de la cabeza, volviendo a agarrarse a la barandilla—. Asami… —volvió a decir. Ella levantó los ojos aún más roja. Se imaginaba lo que diría y estaba esperando por eso, pero su corazón latía con tanta fuerza que después de eso tendría que volver a ser ingresada al hospital— ¿Quieres…? ¿Quieres…? ¿Quieres entonces salir conmigo? —preguntó él en un susurro que tan solo pudieron oír ellos dos, mientras empezaba a enrojecer.

Ella bajó la mirada de nuevo. Su rojizo había llegado hasta la punta de sus cabellos y Mamoru empezaba a reírse de eso. Asami afirmó con la cabeza tímidamente. Empezaba a estar mareada. Mamoru le puso la gorra de nuevo y se quedó así mirándola.

— Lo siento… —susurró ella. Mamoru la abrazó—. Siento… que tuvieras ese malentendido —añadió entre sus brazos.

— Siento haberme ido… —respondió Mamoru. Asami sonrió tontamente. Se sentía tan bien, pero a la vez notaba como si fuera a desfallecer—. Estás volviendo a temblar —observó apartándose, después de notar un débil temblor en ella que pudo controlar—. ¿Estás bien?

Ella afirmó con la cabeza. No podía quitarse esa sonrisa de la cara. Cerró los ojos. Quería grabar en su mente ese momento. Volvió a abrirlos y miró a su alrededor. Ninguno de esos cotillas estaba alrededor.

— Te quiero, Mamoru… —susurró aún sonriendo ahora con timidez.

— Yo también —sonrió él poniéndose a su altura—. Tengo algo que darte —susurró él sonriendo poniéndose la mano en su bolsillo.

Sacó algo muy pequeño y lo dejó entre las manos de ella. Asami parpadeó confusa al ver una pequeña pieza de un rompecabezas.

— ¿Lo encontraste? —preguntó Asami mirándolo.

— En realidad… lo cogí yo —sonrió él—. Ese día te había visto tan desconcertada y perdida, que solo… solo pensaba en protegerte y en golpear a quién fuera que te hubiera hecho daño. Así que cogí la pieza para que cuando pudiera decirte a ti que te protegería pasara lo que pasara, poder devolvértela. Fue una tontería y la pieza al final se quedó dentro del cajón.

— Mamoru… —Asami estaba completamente sorprendida.

— Y ahora deberíamos de irnos, esos cotillas no tardarán en dar la lata —añadió Mamoru aún sonriendo mientras le ponía una mano encima de la gorra de ella.

— Por favor no les digamos nada. Que se queden con las ganas —se rió Asami.

— No por favor, los Kyogoku seguro no sabrán nada —se rió él empezando a andar.

— Ni los demás —respondió Asami—. Seguro que los Kuroba lo publican por… —se calló y se quedó parada. Mamoru la miró y miró hacia donde miraba. Tetsuya, Hiro y Takeshi estaban alterados buscando algo por alrededor—. Otra vez no… —susurró echando a correr hacia ellos.

— Asami, espera —pidió Mamoru siguiéndola.

— ¿Qué ocurre? —preguntó llegando con ellos. Tetsuya y los gemelos se miraron entre ellos—. ¿Dónde está Sara? —preguntó.

— La hemos perdido… —susurró Tetsuya apenado.

— ¿Cómo que la habéis perdido? —preguntó Asami—. Te-chan te pedí que la vigilaras.

— ¿Qué ocurre? —preguntó Mamoru.

— Bueno… esa chica cree tener poderes y normalmente se mete en problemas solo por diversión —informó Hiro medio riendo.

Asami le fulminó con la mirada haciendo que él bajara la cabeza de golpe. Un grupo de gente extranjera empezó a hacer mucho ruido por el medio. Asami se fue corriendo hacia allí. Los hombres señalaban hacia un punto en concreto. Las mujeres se tapaban la boca y algunas cerraban los ojos. Miró hacia dentro de una de las zonas con barandilla. Había gorilas andando de un lado hacia el otro nerviosos. Al medio de la zona había un árbol con un pequeño columpio. Más lejos de allí había una pared de donde Sara se había sentado.

— ¡Chain! —gritó Asami al verla.

— ¿Qué hace ahí? —preguntó Tetsuya.

— ¿Y aún lo preguntas? —preguntó Asami mirándolo de reojo.

— ¡Chain! ¡Vuelve aquí! —gritó Takeshi apoyándose a la barandilla.

Mamoru se puso al lado de Asami. Algo no iba bien con esa chica y Asami estaba temblando de nuevo con fuerza. Vieron como la chica chasqueaba la lengua. Aunque tuviera 16 años era solo una niña inconsciente cada vez que alguien le quitaba la vista de encima. Con un ágil movimiento saltó del muro hacia la barandilla más cercana. Asami se acercó a ella corriendo y la ayudó a subir de nuevo al suelo.

— ¿Se puede saber qué haces? —preguntó Asami mientras los demás llegaban con ellas—. ¿Qué es lo que pretendes haciendo esto?

— No eres mi padre así que no agobies —se quejó Sara.

— Que no… ¿tú estás loca? —preguntó Asami—. ¿De verdad sabes el peligro que conllevan tus actos? Y no solo para ti.

— Mis actos solo llevan peligro para mí, al contrario que los… —Tetsuya le tapó la boca agarrándola por detrás.

— Te vas a arrepentir luego de esto Chain —se quejó Takeshi mientras Asami bajaba la cabeza.

— Quizás tengas razón… —susurró la hija Kudo mientras Akira y Chieko llegaban con ellos desde el otro lado.

— No, para nada la tiene —se quejó Tetsuya—. Tú no hiciste nada malo.

— Eso no es cierto. Maté a tres de mis amigas —susurró Asami—, o al menos eso es lo que ellos han creído.

— No le hagas caso —respondió Takeshi—. Ella no hace caso a Jun.

Asami le miró a los ojos.

— Eso no es lo que parece. Pero gracias —Asami se giró para irse.

Mamoru la agarró del brazo para evitarlo.

— ¿Qué ocurre? —preguntó Akira viendo el mal ambiente que había quedado entre todos.

Hakuba se deshizo del agarre de Tetsuya. Mientras Asami miraba a Mamoru. La mano de la chica estaba cerrada con mucha fuerza y él podía notarlo.

— ¿Qué ocurre? —preguntó Sara—. Adelante, cuéntaselo a todos, Sam —sonrió la chica.

— Sara, ellos ya lo saben —susurró Asami—. Ese fue el motivo de mí vuelta a Japón al fin y al cabo.

— Seguro les has contado tu versión —sonrió ella.

— Esa es la verdad de lo que ocurrió —respondió Takeshi—. Nosotros también lo vimos.

Sara lo miró fijamente. Takeshi también defendía a Asami. Estaban todos locos. Rodó los ojos y se alejó con paso rápido. Prefería no escucharlos.

— ¿Qué ha sido eso? —preguntó Mamoru.

— Eso son los efectos de la convicción de Jun —respondió Asami casi en un susurro y desviando la mirada lo máximo que pudo.

Mamoru la soltó cerrando los ojos por un momento.

— Ahora lo entiendo… —murmuró abriendo los ojos—. Por eso dijiste aquello…

Asami siguió con la vista desviada. ¿Vergüenza de sus palabras? ¿De tener de amiga a una persona que nunca la ha considerado como tal? No. Nada de eso. Le dolía entender que quizás ella tuviera razón al alejarse. Al fin y al cabo no quería ponerla en peligro… ya se lo buscaba ella sola. Suspiró y echó a correr.

— ¡Samu! —la gritaron los gemelos siguiéndola con los demás.

Asami empezó a saltar objetos y a esquivar gente como si nada. Tenía que llegar con Sara antes de que saliera del lugar. Ninguno de los demás era suficientemente bueno para alcanzarla, excepto Mamoru, que hábilmente también iba saltando y esquivando.

— ¡Chain! —gritó Asami al verla a punto de salir de allí—. ¡Por favor espera!

Ella se paró pero no miró a la chica Kudo.

— Te pido que confíes en mí un poco más —susurró Asami mientras Mamoru se ponía a su lado—. Jamás he querido usar mi apellido, pero necesito que le preguntes a tu padre acerca de esa gente. Estoy convencida de que él podrá decirte la verdad. Sé que confías en tu padre, así que si no confías en las mías al menos hazlo con sus palabras.

— ¿Le lavaste el cerebro a mi padre? —preguntó ella mirándola con frialdad.

— Jamás me atrevería a hacer eso con un amigo de mi familia —sonrió Asami poniéndose el dedo índice y corazón de la mano derecha al cuello y la mano izquierda haciendo como si fuera una pistola apuntándose a su mano.

— ¿Por qué haces eso…? —preguntó Sara viendo sus manos—. ¿Por qué sigues haciendo eso…? —Hiro y Takeshi llegaron con ellos—. ¿Qué he hecho para que sigas haciendo estas cosas, Sam?

— Porque aunque tú no confíes en ella, Asami nunca ha dejado de confiar en Sara —sonrió Hiro—. Baja ya la mano… —le dijo a la chica Kudo que la bajó con una sonrisa traviesa.

— Por favor… habla con tu padre —sonrió Asami—. Te lo pido como mi único favor. Tu puedes defenderte.

Sara chasqueó la lengua y siguió su camino.

— ¿Va a hacerte caso? —preguntó Takeshi.

— ¿Qué importa? —respondió ella en un suspiro—. ¿Y dónde está el veloz de Tetsuya? —añadió al ver que no estaba con ellos—. ¿Y los Kyogoku?

Los Kuroba echaron a reír.

— Lo tomaron…

— ¿Lo qué? —preguntó Asami.

Rehízo el camino andando con prisas mientras los Kuroba seguían riendo. En cuanto llegaron a unos metros más atrás, vieron a un guarda de seguridad hablando con Tetsuya.

— ¿Te-chan? —preguntó Asami mirándolo—. ¿Qué haces?

— Vosotros ya podéis ir preparando vuestras maletas —les amenazó a los gemelos que seguían riéndose.

— Para. Para. Para —pidió Asami con rapidez intentando calmar al chico—. ¿Qué ha ocurrido?

— ¿Cómo que qué ha ocurrido? —preguntó Tetsuya sin dejar de mirarlos—. Han visto al guardia de seguridad y han llamado: '¡Al ladrón!'. Como si yo hubiera robado algo.

Asami se aguantó la risa mordiéndose el labio inferior. Tetsuya la miró de reojo.

— ¿A ti también te hace gracia? —preguntó Miyano.

Asami se giró hacia los gemelos y se acercó a ellos riendo. Mamoru se tapó la boca para no reír mientras los Kyogoku que estaban detrás de Tetsuya se echaron a reír del todo.

— ¡Yo no le veo la gracia! —se quejó Tetsuya gritando.

— Sois los mejores —sonrió Asami chocando las manos con los gemelos.

— ¿Entonces no ha robado usted nada de verdad? —preguntó el guardia.

— ¡No! —gritó desesperado Tetsuya.

— Pero como te dejas engañar por ese par, Te-chan… —suspiró Asami.

Él la fulminó con la mirada.

— Para empezar ha sido culpa tuya —se quejó—. ¿Por qué echaste a correr de esa manera? —Asami sacó la lengua a modo de travesura y al final sonrió mirándolo. Tetsuya chasqueó la lengua y miró hacia otro lado mientras los gemelos seguían riéndose—. Al final usaste la baza del padre… —Tetsuya suspiró largamente—. ¿Samy en serio prefieres eso a que confíe en ti por tu persona?

— Al menos así estará a salvo —añadió Asami encogiéndose de hombros.

— Olvida eso, esa chica no necesita protección de nadie —sonrieron los gemelos apoyándose en ella—. Sabe perfectamente lo que hace con su brujería.

— ¿Ya os habéis divertido suficiente a mi costa? —preguntó Tetsuya mientras Asami miraba a Hiro de reojo.

— ¿Seguís diciendo eso de la brujería…? —preguntó la detective cruzándose de brazos.

— En cuanto puedas ver sus poderes no dirás lo mismo —sonrió Takeshi.

— Lo que vosotros digáis —respondió Asami apartándose de ese par con brusquedad—. Olvidáis que ya lo vi. Disculpe, esos dos son un par de bromistas muy hábiles —añadió acercándose al guardia—. Doy mi palabra de que no ha robado nada. Una amiga nuestra se iba y corrí para decirle una cosa que se me había olvidado y ellos me estaban siguiendo —el guarda la miró de reojo—. No me reconoce, vale… —se giró hacia Tetsuya cruzándose de brazos—. Lo siento querido ahí te quedas.

— Kudo Asami voy a hacerte picadillo cuando salgamos de aquí —le amenazó Tetsuya entrecerrando los ojos y dejando su cara a dos centímetros de la de ella.

— No es a mí a quién deberías de dirigirte, agente —se quejó Asami aún con los brazos cruzados, pero levantando un dedo para señalar a los gemelos que volvían a reírse.

— No me tomes el pelo niña —añadió Miyano sin apartarse y buscando entre sus ropas.

— ¿De verdad te crees tan adulto? —preguntó Asami en un suspiro levantando su placa a sus ojos.

Tetsuya se apartó de golpe.

— ¿Cómo tienes tu…?

— ¡¿Cómo puedes olvidarte de que me la quisiste de vuelta después de la sesión de firmas, idiota?! —gritó Asami poniéndole la placa en la cara y empujándolo.

— Ah… cierto —sonrió él cogiéndola—. ¿Y por qué la llevas encima?

— Porque saliendo de aquí iba a ir a tu casa a devolverla —respondió Asami—. Yo ya tengo mi placa no necesito la tuya.

Tetsuya levantó la placa hacia el guardia de seguridad.

— Es un recuerdo… —se quejó él.

— No-lo-ne-ce-si-to —respondió ella remarcando las sílabas.

— Vale ya vosotros dos —se quejó Mamoru poniéndose en medio—. Parecéis más pequeños que mi hermana.

— Oh disculpa Mamoru-oniichan —sonrió Asami traviesa.

— ¿Vas a matarte con él de una vez o tengo que seguir aguantando tus burlas? —preguntó él en un susurro mientras señalaba a Tetsuya que estaba hablando con el guarda de seguridad acerca de la placa.

Asami lo miró extrañada mientras él se apartaba del grupo hacia los Kyogoku. La chica lo siguió y lo abrazó por la espalda.

— Eres una monada —sonrió la chica a su oído tocando de puntillas el suelo—. ¿Acaso sigues celoso de un amigo al que rechacé hace tiempo por ti?

El chico enrojeció de golpe y se deshizo de su agarre.

— No-no-no-no-jue-migo… —tartamudeó poniéndose detrás de Akira y apoyándose en su espalda con las manos respirando mal.

— Está bien… —respondió ella con los ojos bien abiertos—. Me apunto no volver a hacerte eso.

Chieko y Akira estallaron en risas.

— ¿Se puede saber qué haces? —preguntó la chica Kyogoku dándole unas palmadas a Mamoru en la espalda—. Eres un caso perdido. No tienes remedio.

— ¡Ya te vale! —gritó el chico más rojo aún—. ¡Eres malvada!

— Las mujeres son terribles —suspiró Akira moviendo la cabeza a modo de negación.

Las dos chicas se rieron.


Espero les haya gustado! Un beso! Hasta el próximo viernes!

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^^Shihoran^^