Los labios de Castle me besan con la maestría de siempre. No puedo recordar cuándo fue la última vez que alguien me besó, y mucho menos de esa forma. Nadie besaba como Richard Castle, con exigencia y pasión, con unas ganas desbordadas que traen a mi boca sabores y sensaciones que ya había olvidado.
Mis manos se aferran a su chaqueta y su mano coge con fuerza mi nuca, impidiendo que me aparte. Pero lo último que quiero es apartarme, sobre todo cuando su lengua irrumpe en mi boca, exigiéndome más, haciéndome gemir y suspirar como una adolescente debajo de sus labios.
Mis manos se meten dentro de su chaqueta, acariciando su torso por encima de la camisa. Siento la calidez de su piel aun por encima de la tela y deseo poder hacer jirones la prenda para sentir su piel en mis manos.
Unas deliciosas cosquillas se instalan en mi estomago y me hacen suspirar.
Supongo que es por efecto del alcohol, pero en ese momento, en el que los labios de Castle besan los míos, mordiéndolos, lamiéndolos e incitándolos, nada más importa, nada más que nuestras respiraciones y gemidos importan.
Sin poder evitarlo comienzo a sacar la camisa que está dentro de sus pantalones para poder tocar su piel, pero Castle me detiene cogiendo mis manos con fuerza.
Sus labios se separan de los míos y yo cojo boconadas de aire mirándolo excitada y confundida.
-Solo un beso.-Me dice él juntando su frente con la mía.-Solo un beso.-Repite acariciando mis labios hinchados con su dedo, respirando con dificultad.
-No…-Me sorprendo cuando de mi boca sale una súplica y lo veo sonriendo.
-Cuando estés cansada de aparentar, búscame.
Sonríe a medias y se separa de mí cogiendo mi mano para salir de nuevo a la calle. Yo me siento mareada y desorientada, no solo por el alcohol, sino por lo que acaba de pasar.
-Hasta mañana, Kate.-Me dice alejándose con una sonrisa triunfal y con las manos en los bolsillos.
El día siguiente es una tortura. No solo porque el beso se repetía en mi mente en bucle, sino porque sabía que estaba perdiendo. Estaba perdiendo cada batalla en su contra. ¿Cuándo se había convertido esto en un campo de batalla?, no lo sabía, pero sabía que lo era, sabía que Castle estaba haciendo todo esto para que yo me lanzara en sus brazos, lo cual no pasaría.
No podía pasar.
Le veo llegar y sentarse de nuevo al lado de mi escritorio colocando un café sobre la madera y mirándome con tranquilidad.
-No tienes resaca ¿no?.-Me dice divertido.
-No.-Digo yo simplemente, sin apartar la vista de la carpeta que tengo en mis manos.
-Venga. Hoy la frase más larga que me has dicho ha sido: "Quítate de en medio, Castle". ¿Estás molesta por algo?.-Yo levanto la vista mirándolo, incrédula. Él se acerca para susurrar:-¿Estás molesta por el beso? ¿O por qué no pasó nada mas?.-Yo aprieto la mandíbula y él sonríe como un diablillo.-Solo estaba siguiendo tus órdenes, Kate. Me dijiste que fuese solo un beso.
Yo lo miro con los ojos entrecerrados y me acerco también.
-¿Sabes que, Castle?, vete a la mierda.
Él amplía la sonrisa.
-Solo tienes que decirlo. Solo tienes que aceptar que me deseas de la misma forma en la que te deseo. Y entonces haremos algo más que besarnos.
Yo siento que mi estomago se estremece haciéndome sentir mariposas.
-¿Cuándo vas a dejar el pasado en el pasado?.
-¿Quién está hablando del pasado?, estoy hablando del presente, de tu y yo, de lo que sentimos y de lo que haremos con eso.
-Tú no tienes ni puñetera idea de lo que yo siento o dejo de sentir.
-Te equivocas. Sé que estás dolida, se que estás de alguna forma, obsesionada con la muerte de Johanna.-Yo estoy a puto de volver a insultarlo pero él me interrumpe.-Y sé que lo que sentimos ahora, como hace ocho años, no se puede evitar, no se puede contener. Si estamos aquí ahora, juntos otra vez, ¿por algo será no?.
-Sí, porque te inventaste una excusa para acosarme.-Él carcajea divertido.
-Aún no te crees lo del libro ¿no?.-Ladea la cabeza.-En su momento te dije que eras mi musa, Kate. Y ahora lo repito. Lo del libro es cierto. El personaje que está basado en ti se llamará "Nikki Heat".
Yo levanto ambas cejas.
-¿Nikki Heat?.-Él sonríe.
-¿Recuerdas cuando estábamos bromeando con cual sería tu nombre si te convertías en stripper?.
-Sí, yo te dije Nikki Heat. ¿Qué clase de personaje estás escribiendo?.
-Es una detective de homicidios.
-¿Con nombre de stripper?.
-Es un nombre que da juego para los títulos.
-Pues no me gusta. Cámbialo.
-Ya está decidido.
-Cámbialo.
Él vuelve a acercarse.
-Lo cambiaré si tú aceptas que quieres que vuelva a besarte.
Yo aprieto la mandíbula y me pongo de pie.
-A veces me olvido que tienes la edad mental de alguien de doce años.
Él ríe divertido y me sigue hasta la sala de descanso.
- Y yo a veces olvido lo seria que estás últimamente.
-Algunas personas si maduramos ¿sabes?.
-Eso puedo verlo.-Me dice y cuando giro lo veo mirándome el culo descaradamente.
-Estoy cansándome de tus jueguecitos.
-¿Ah sí?, pues cuando quieras acabamos con todo esto. Solo dime donde y cuando.
-Imbécil.-Murmuro y sé que está sonriendo orgulloso.
-¿Katie?.
Cuando Kate y yo nos giramos, vemos a Jim asomándose en la puerta y yo siento de pronto un extraño sentimiento de nostalgia.
-Papá, ¿Qué haces aquí?.-Kate parece sorprendida. Sus ojos me miran y luego lo hacen los de Jim.
-¿Castle?.-Él parece sorprendido.
-Hola, Jim.-Digo entre nervioso y contento.
-Vaya, este es el último lugar en donde esperaba encontrarte.-Se acerca a mi dubitativo y finalmente nos fundimos en un abrazo un tanto incomodo.
-Lo sé, este es el último lugar en el que esperaba encontrarme también.-Rio.
-Pues estás igual que siempre, ¿ni siquiera tienes canas?, algo un tanto injusto.
Yo rio divertido.
-Tú también estás en buena forma. Me alegra verte tan bien.
-Bueno, he tenido mis momentos.-Ladea la cabeza.- Había escuchado que estaba viviendo en Los Ángeles.
-Lo estaba, pero regresé. Algo de esta ciudad me atrae demasiado como para dejarla.-Digo y miro de soslayo a Kate.
-Entiendo. ¿Pero qué haces aquí?.-Me dice mirándome y luego mirando a Kate.
-Estoy colaborando con el departamento con algunos casos y eso…
-¿Ah sí?, no me habías comentado nada, Katie…
-Si bueno, no he tenido la oportunidad de sacar el tema. ¿Vas a decirme que haces aquí?.-Le pregunta Kate.
-Ah sí, quería hablar contigo un momento.
-Yo iré afuera a terminar de beber mi café…-Digo comenzando a caminar hacia la puerta.
-Castle.-Me llama Jim y yo me detengo mirándole.-Esta semana es mi cumpleaños, lo recuerdas ¿no?.
-Claro, el día quince.
Él sonríe.
-Sería genial si pudieras venir. Digo no será una gran fiesta, solo algunos amigos…
Por alguna razón que me considere de nuevo su amigo me hace feliz.
-Me encantaría asistir, gracias por la invitación.
-Nada, así nos ponemos un poco al día.
-Seguro.-Digo y finalmente salgo.
Yo me quedo en el pasillo mirando de vez en cuando a través de las persianas. Kate parece estarle reclamando algo a Jim y yo sonrío porque puedo hacerme una idea de lo que es.
Tal como había dicho Jim, la celebración es con algunos pocos amigos. Noto que no hay alcohol en ningún lado, pero no pregunto, simplemente acepto una soda y me quedo allí mirando como Jim atiende a sus demás invitados. La casa en la que vive no tiene nada que ver con la enorme casa en la que vivía junto a Johanna y Kate. Este es un piso más bien modesto, aunque ubicado en una excelente zona. Con colores muy sobrios y con un gran ventanal que te permite ver la ciudad en su apogeo.
Una música suave anima el lugar y yo me pregunto si Kate vendrá. Se había quedado en la comisaria trabajando, como siempre. Pero me parecería raro si no apareciera, aunque fuese al final de la noche.
Cuando Jim se acerca a hablarme, le cuento un poco de lo que ha sido mi vida y él me cuenta un poco de la suya, comentándome sobre su problema con el alcohol y como logró superarlo, con un orgullo que me hace sentirme feliz por él.
-Rick, yo…-Lo escucho decir.- Quería pedirte disculpas por todo, por lo que pasó hace años. Mientras estaba en rehabilitación y terapia me he dado cuenta de muchas cosas. Creo que te juzgué mal y que debí darte una oportunidad en su momento.
Yo niego con la cabeza.
-Entendí tu actitud en su momento y lo hago ahora. Quizás debí hacer las cosas de forma diferente, contártelo desde el principio…-Suspiro.-Hice mal. Yo te debo una disculpa.-Le digo colocando mi mano en su hombro.
-Que sepas que todas las mujeres presentes tienen más de treinta, así que puede que no te interesen.-Me dice aparentemente serio.
Yo sonrío.
-Ja ja ja.-Digo y el ríe divertido.-La has tenido fácil.
-Hablando de chicas…-Carraspea.-Estás trabajando con mi hija.
-Sí, de hecho…-Me rasco la cabeza.-Estoy escribiendo un libro con un personaje un poco basado en ella.
-Ya veo.
-Jim…
-No, está bien. Mira.-Me dice mirándome francamente.- Katie ha pasado por muchas cosas estos últimos años y la verdad es que, supongo que tú mismo te has dado cuenta que está diferente.-Yo asiento.-Creo que le vendrá bien un cambio, algo…alguien…que la haga sonreír otra vez.
Sus palabras me emocionan, pero antes de que pueda decir algo el gira la visto y yo veo a Kate entrando con un par de bolsas en la mano.
-Hey, siento la tardanza.-Ambos se abrazan.-He traído esto.-Le dice señalando las bolsas que están llenas de apetitivos y papas fritas.
-No tenias por que hacerlo.-La regañó Jim.-A ver, dame esto, lo llevaré a la cocina.-Le dice cogiendo las bolsas.-Enseguida regreso.-Y se va dejándonos solos.
-Pensé que no vendrías.-Le digo recostándome en la pared.
-Sabes que no me lo perdería.-Yo asiento una vez.
-Estás guapa.-Le digo y ella aparta la vista incomoda.-¿Te has cambiado de ropa?.-Pregunto curioso porque la falda ceñida que está usando en ese momento no la estaba usando en la comisaria.
En realidad no estaba guapa, estaba sexy, y la visión de sus piernas estaba afectando mi presión sanguínea.
-Lanie me ha obligado prácticamente a ponerme esto porque según ella no puedo ir a un cumpleaños con "mis pantalones y mis camisas horribles".-Me dice pasándose la mano por el pelo que tiene un poco más largo, con un gesto que me descontrola.
-Pues dile a Lanie que se lo agradezco.-Le digo admirando sus piernas.
-No me la he puesto para ti.
-No he dicho eso.-Digo sonriendo. La miro fijamente y ella vuelva a apartar la vista.-Oye, no quería preguntárselo a Jim y parecer grosero, pero no conozco a la mitad de la gente que está aquí.
-La mayoría son compañeros de Alcohólicos Anónimos.-Me mira y su rostro se suaviza.-Muchos de los antiguos amigos de mi padre se alejaron cuando…pasó todo lo que pasó.
-Esos no eran amigos.-Digo yo serio e indignado.
-Hace tiempo que no puede ejercer completamente la abogacía. Y sé que eso es lo que más le molesta.
-¿Pero aún puede ejercer?.
-En algunas cosas y algunos casos.-Asiente y luego me mira.-Te fuiste pronto hoy. ¿Algún sitio al que tenías que ir antes de venir?.
-En realidad sí. Tenía una cita.
-Ah.-Noto que dice aparentemente desinteresada.
-Con mi editora.-Digo luego y noto que sus hombros se relajan.
-Claro.
Yo sonrío a medias.
-Siempre se te asoma esa adorable venita aquí…-Digo señalándome el lado derecho de la frente.-…cuando estás celosa.
Ella ríe.
-Por favor.-Me dice.-¿Celosa de ti?, ja.
Yo la miro triunfal y ella se va a saludar a algunas personas.
Yo me quedo allí mismo mirándola y admirando lo hermosa que es. Pensando en lo duro que es tenerla tan cerca pero tan lejos a la vez. Sin embargo se que no falta mucho para que vuelva a mis brazos. Pienso llevándome el vaso a los labios.
Yo charlo con un par de conocidos que igual que a Jim, hacía mucho que no veía y el tiempo pasa casi sin darme cuenta.
Dejo mi soda a un lado y le pregunto a Jim en donde está el baño.
Me miro en el espejo y mi vista se va hacia mi frente, al lugar en el que la vena que me delató frente a Castle, se forma de vez en cuando. Repaso un poco mi maquillaje, que no es para nada elaborado y me peino el pelo con las manos.
Realmente mi intención era venir a la fiesta vestida con mi ropa de siempre, y ahora me sentía incomoda con la falda. Era una falda negra muy ajustada y muy corta.
Le había dicho a Castle que no me la había puesto para él, pero no era cierto. Mientras entraba a casa de mi padre mi corazón latía muy rápido esperando que él notara mis piernas desnudas. Y lo había hecho. En realidad lo había hecho durante toda la noche. Podía sentir su mirada en mi, fija, anhelante. Y eso no hacía más que volver a despertar en mí un montón de sensaciones que me dejaban sin aliento. Porque él tenía razón, le deseaba, le deseaba muchísimo, y si a eso le sumaba el hecho de que aun tengo sentimientos por él, entonces era algo que simplemente ya no podía controlar.
Me muerdo el labio e intento no pensar en él ni en lo que mi cuerpo está sintiendo solo por sus miradas.
En cuanto lo viera le dejaría claro que todo ese juego en el que me estaba obligando a participar tenía que acabarse. No podía seguir permitiendo que jugara con mi mente ni con mi cuerpo.
Camino hacia la puerta y cuando la abro me encuentro con el objeto de mis pensamientos cara a cara.
Y todo se reduce a eso.
Sus ojos azules, su pelo perfecto, su mirada a anhelante, sus labios apetecibles y el maldito efecto que tiene en mí.
-Solo venia a…-Señala. Nuestros cuerpos están muy juntos por la sorpresa y la inercia.
Yo miro sus labios y él se queda inmóvil, esperando que yo reaccione.
-Rick, quería decirte…-Digo sin dejar de mirar sus labios.
-¿Si?.-El mira adrede mis labios y yo carraspeo.
-Sobre el beso…
-¿No te gustó?.-Pregunta con una voz ronca y atercipelada.-Si, si te gustó.-Sonríe respondiéndose.
Yo siento de nuevo esas estúpidas cosquillas en mi tripa y deseo con toda mi fuerza que su cuerpo se junte con el mío.
-Te odio.-Es lo que digo.
-¿Me odias? ¿O más bien odias no poder dejar de sentir lo que estás sintiendo ahora?.
Mi mano lo toma por la camisa con fuerza y él se sorprende, yo lo atraigo a mi cuerpo haciéndolo entrar al baño y cerrando la puerta.
Él me mira confundido y mi mano acaricia su pecho subiendo por su cuello hasta anclarse en su nuca.
-¿Kate?.
Yo no puedo resistirlo más y le beso. Le beso con una fuerza que casi desconozco en mí. Él se sorprende, pero sus labios despiertan enseguida correspondiendo mi beso.
Son mis labios los que le exigen esta vez, y él me da todo, todo lo que es capaz con su lengua haciendo movimientos sensuales y eróticos dentro de mi boca.
Yo gimo y mi espalda termina contra la puerta. Yo tanteo con mi mano hasta que la cierro con pasador.
-Dios, te odio tanto, Castle…-Repito aun sobre sus labios que me desbastan una y otra vez con cada beso.
Intento respirar por la nariz pero siento que el aire no es suficiente. Y el olor de Castle se impregna en ella, excitándome más.
Sus manos se aferran a mis caderas y yo me abrazo a su cuello con fuerza, sin darle oportunidad de alejarse de mí. Su enorme cuerpo se frota con el mío y cuando acerca su cadera, puedo sentir su erección presionando mi vientre, deseosa. Igual de deseosa que yo.
Mis manos comienzan a quitar su camisa y él comienza a besar mi cuello.
-Tienes que decirlo, Kate. Dilo.
Yo me siento desconcertada y siento como él acerca a un mas su cuerpo al mío, haciéndome gemir, mientras sus manos acarician mis muslos, subiendo mi falda en el proceso, quemándome la piel con sus dedos, y las mías se pierden en su pelo, acariciando los lisos mechones.
La sensación trae recuerdos a mi mente, recuerdos hermosos y sensuales.
-¿Qué?.-Pregunto confundida.
-Dime lo que quiero escuchar, dímelo y te daré lo que quieras.-Su mano se mete por debajo de mi falta apretando mis glúteos, haciendo me gemir.
-No sé qué…-Comienzo a decir yo, y cuando su otra mano acaba en mi entrepierna gimo mordiéndome el labio.
-Si lo sabes.-Me susurra cerca de mis labios.
Su dedo se mueve sobre mis bragas que están húmedas, enviando dulces y agradables sensaciones a través de mis terminaciones nerviosas, yo gimo otra vez y mis dedos se aferran a sus mechones con fuerza.
-Te deseo, te deseo aquí y ahora.-Le digo intentando besarlo, pero él aparta el rostro y me mira con media sonrisa.
Yo temo que vuelva a dejarme con como lo había hecho en el callejón pero sus manos levantan mi falda con fuerza y su cuerpo captura el mío.
-Buena chica.-Me dice devorando luego mis labios.
Mis manos comienzan a quitar su cinturón y la cremallera de sus pantalones y él me deja hacerlo por un rato, pero luego aparta mis manos colocándolas a cada lado de mi cabeza.
Ambos nos miramos durante varios segundos, saboreando el momento, saboreando la anticipación de lo que está a punto de ocurrir.
Sin dejar de mirarlo llevo mis manos hasta mis bragas comenzando a bajarlas, el me ayuda aun con sus ojos azules sobre los míos y lo próximo que se es que está levantando mi pierna izquierda.
Sus labios acarician mi rostro y siento como su miembro acaricia la entrada mi cuerpo, simplemente tentándome y excitándome aun mas.
Respirar se me hace imposible y lo veo sonreír. Su nariz recorre mi cuello y yo me aferro a sus hombros con un quejido, apremiándole a que continúe. Pero él sigue acariciando la entrada de mi cuerpo con su dureza, haciéndome sentir desesperada. Mi cuerpo arde en deseo y en todo lo que puedo pensar es en la plenitud de nuestros sexos unidos, en la necesidad que tengo de él.
Cojo su rostro con una mano clavando mis uñas en su piel. Sus ojos están oscuros y me miran con deseo y malicia.
-Hazlo.-Le digo, mas como una orden que como una súplica.
Él sonríe y siento como abre aún más mis piernas, levantándome como si no pesara nada. Yo enredo mis piernas alrededor de su cintura y él se mueve con fuerza penetrándome.
-¡Ah!.-Gimo ahogadamente cuando Castle entra en mi interior.
Siento como su cuerpo se estremece y como gruñe.
-Dios, Kate…oh cariño…-Su rostro se hunde en mi cuello y yo me abrazo a su cuello mordiendo luego su oreja.-No sabes cuánto extrañé la forma en la que te sentías, tan húmeda y oh…-Vuelve a gruñir con su cuerpo tenso.
Su cadera comienza a moverse a un ritmo abrumador, y yo solo puedo morderme el labio y arquear la espalda cada vez que toda su masculinidad se hunde en mi con movimientos profundos.
Sus labios vuelven a juntarse con los míos y una de sus manos rodea mi cuello, haciéndome sentir completamente excitada.
Nuestras respiraciones se escuchan por encima de nuestros gemidos ahogados y yo beso su cuello, lamiéndolo y chupándolo en el proceso.
Alguien toca la puerta y Castle se queda paralizado durante unos segundos.
-¿Hola?.-Escucho la voz de mi padre.
Mierda.
-Está ocupado.-Digo intentando que mi voz suene normal y la sensación de Castle en mi interior, llenándome, me hace ahogar otro gemido.
-¿Katie?.
-Si…-Digo mordiéndome el labio.-Estoy…algo indispuesta.-Digo sintiendo aun toda la dureza de Castle llenándome.
-Oh, ok.
Castle respira con dificultad y esperamos unos segundos hasta que escuchamos los pasos que indican que se ha ido.
-No pares.-Le apremio yo clavando uno de mis tacones en sus glúteos.
Él vuelve a moverse y sonríe divertido haciéndome sonreír a mí.
Dios cuanto había extrañado esas sonrisas.
-Había olvidado lo delicioso que es hacerte el amor, Kate. -Sus labios besan mi cuello sin parar y yo me siento a punto de estallar cuando sus embestidas vuelven rápidas y profundas.
-Oh si, si si.-Susurro en su oído despeinando aun mas su cabello y cerrando los ojos ,demasiado embriagada de placer.
-Quiero que te corras, ahora, Kate. Córrete. Córrete.-Sus palabras causan un efecto devastador en mi y de mi garganta escapa un pequeño grito.
Mi cuerpo se tensa y el clímax llega en forma de deliciosas contracciones en los músculos de mi entrepierna y en mi abdomen. El calor que había experimentado antes se expande por todo mi cuerpo junto con un placer descomunal que llena cada músculo, dejando mi cuerpo flácido y aturdido durante varios segundos.
Castle atrapa mis labios una vez más mientras yo sigo sollozando de placer y se hunde más en mí haciéndome gemir antes de tensarse y acabar en mi interior con un gruñido ronco.
Ambos nos quedamos quietos un momento antes de que él dejara caer mis piernas al suelo. Las siento débiles pero Rick sigue sosteniéndome con sus brazos. Acaricia mi rostro volviendo a besarme y finalmente ambos sonreímos aun disfrutando del placer en nuestro cuerpo.
-Creo que es bastante irónico.-Me dice cuando ambos comenzamos a colocar nuestra ropa en su lugar.
-¿El qué?.
-La primera vez que hicimos esto fue en el cumpleaños de tu padre.- Sonríe a medias.-Supongo que el destino es así de cabrón.
Yo sonrío apoyándome de nuevo en la puerta y lo cojo de la camisa volviéndolo a besar, porque como ha dicho Castle, estoy cansada de aparentar. Y lo que había intentando que no sucediera, acababa de suceder.
Y vaya si lo había disfrutado.
