MI SEÑOR DE LOS DRAGONES


Extracto de "Un estudio de las religiones de Drom" de Dragostei.
Página 5, párrafo 1
"Las Divinidades Creadoras no tienen número, pero a la vez son una sola. Son tan incontables como las estrellas en el cielo o los granos de arena en el mar. Pero se mueven todas en base a una sola voluntad. Las Divinidades Creadoras están en todas partes y rigen cada aspecto del mundo y de nuestras vidas. Ellas deciden en qué nos irá bien, y en qué nos irá mal".


Shouto contempla como Tenya toca con las puntas de los dedos las flores que están instaladas en el alféizar de la ventana de su habitación. Dicha ventana tiene las puertas abiertas y entra por ella la brisa tibia del atardecer capitalino, con sus rayos de luz tostados y brillantes y su alboroto rutinario.

Estúpido Festival de los Diez Días, piensa Todoroki, suspirando, y concentrado aún en la forma en que los dedos largos de Iida tocan los pétalos con tanta delicadeza.

Todo en Tenya es suave y gentil. Todo es recatado y tranquilo. Todo es como nubes en el cielo y lloviznas por la tarde. Tenya es todo lo opuesto a absolutamente todas las cosas que Shouto ha conocido en la vida y no sabe si será esa una de las características que tanto hacen que se sienta estúpida e irremediablemente atraído hacia él. Su calma… quiere tocarla. Su paz, quiere saborearla. Sus sonrisas se las quiere devorar y sus dedos suaves quiere tenerlos en la espalda y en la cintura y en cualquier otro sitio en el que quieran ponerse.

Maldita sea.

Desvía el rostro. Se pregunta qué clase de cosas fascinarán a Tenya en un sentido "romántico". Es decir, ¿le gustarán las chicas delicadas o las chicas firmes? ¿Le gustará un Izuku pequeño e indefenso o un Ojiro fuerte y decidido? ¿Le gustará cualquier cosa que se asemeje a Shouto Todoroki?

Presiona un poco las sábanas de la cama y después se pone de pie.

—Tenya, vamos al centro.

El más alto le mira por encima del hombro con cierto desconcierto.

—¿Al festival? Creí que no te gustaba.

Shouto hace una mueca leve con los labios.

No es que no le guste. Es sólo que ha arruinado sus planes. En cuanto a que si debiera gustarle o no, ¿cómo saberlo? Jamás ha participado en un Festival de los Diez Días en forma. Creciendo en el castillo, su familia hacía una suerte de ceremonia en el décimo día del año, pero eso era todo. Nunca habían bajado a los pueblos o ciudades para experimentar la celebración de primera mano. Su padre decía que era una pérdida de tiempo, un entretenimiento del ciudadano común, que no era lo mismo que un caballero con una misión importante como ellos.

—¿A ti te gusta? —inquiere Shouto, intentando que el tema se desvíe en una dirección menos embarazosa. Tenya sonríe y asiente un poco.

—Bueno, la verdad es que nunca lo he celebrado aquí, en Rasaquan sólo se celebra el décimo día por la noche con algunas obras de teatro y un brindis en la plaza principal, y después todas las familias se reúnen para hacer una cena especial en casa. Es muy diferente a lo que hacen aquí —Tenya mira nuevamente por la ventana. Shouto no deja de contemplarle.

—Entonces vamos —insiste y Tenya vuelve a mirarle. El Caballero de los Pueblos tan sólo sonríe y asiente. Shouto se da la vuelta para dirigirse hacia la puerta.

Cuando salen por el portón de la posada, aparecen de inmediato en una calle embaldosada irregular que se extiende de forma serpenteante hacia ambos costados. Por la derecha la calle desciende y por la izquierda asciende. Los bloques de piedra gris se apretujan unos contra otros, tallados y prolijos. Su posada se encuentra un poco lejos del centro así que aquí no hay tanto movimiento. Ambos se encaminan de inmediato hacia el lado que va subiendo.

Farinha es muy bonita, festival o no. La ciudad está organizada en varios niveles que se conectan entre sí por medio de escalinatas. Aquí y allá se aparecen placillas diminutas que usualmente están compuestas por una fuente de agua en el centro, bancas a los costados, unos cuantos árboles protegidos por barditas de piedra y un altar dedicado a algunas de las Divinidades de la Creación. Todo es de piedra y todo, por lo general, está limpio. El centro justo ahora se encuentra un poco más caótico que de costumbre debido al Festival, pero ensuciar las calles está penado con fuertes multas en Farinha, por lo que la gran mayoría de la gente está educada para no hacerlo.

—Shouto —llama Tenya mientras ascienden por la calle en un relativo silencio y el de los ojos desiguales le mira.

—¿Sí?

—¿Te molestaría detenernos en alguno de los altares a las Divinidades? Me gustaría hacer una pequeña oración para Izuku y para mi familia. Estoy seguro de que están bien, pero… siento que debería hacerlo.

Shouto le sonríe.

—No, por supuesto que no. Me parece bien. Yo también debería orar, probablemente…

La verdad es que Shouto no es una persona muy religiosa. Su padre no le ha inculcado la adoración por nada más que por el poder y la ambición. Normalmente, ese poder y esa ambición han bastado para mantener a su familia en relativa seguridad, por lo que nunca se ha sentido verdaderamente tentado a pedirles nada a las Divinidades. Pero sabe bien que entre la gente común eso es muy normal. Y espera no verse como un ignorante. Él no tiene la menor idea de cómo es que se hacen apropiadamente ese tipo de peticiones.

Tenya no tarda en guiarle por un callejón angosto cuando detecta una placilla al otro lado. Llegan a ella y se detienen ahí, entre la fuente del centro y el altar que está tallado en uno de los costados de la plaza. El altar es flanqueado por dos paredes largas, a cuyos costados ascienden dos escaleras que van al siguiente nivel de la ciudad.

Los dos chicos se plantan frente al altar y Tenya no tarda en persignarse, lo cual consiste en poner la palma derecha sobre el corazón primero, después cerrar todos los dedos con excepción del índice y darse un toque con éste sobre el pecho, y finalmente flexionar también el dedo índice y tocarse nuevamente el corazón, pero esta vez con el puño cerrado.

Shouto imita los tres movimientos, viéndole de reojo y esperando que Tenya no se dé cuenta de que tan sólo está copiándole. Pero Tenya está demasiado absorto en su oración como para prestarle realmente atención. Tras persignarse, el más alto extiende ambas palmas y las une frente a su rostro, con sólo las puntas de los dedos tocándose, de modo que éstas parecen formar una flecha que apunta hacia el cielo. Finalmente se agacha, colocando la rodilla izquierda sobre el suelo.

Shouto copia los movimientos.

Tenya cierra los ojos.

Shouto ignora qué fórmulas deben seguirse para dirigir una oración a las Divinidades. Así que, una vez que Tenya ha cerrado los ojos, el otro caballero se limita a observarlo con disimulo. Tenya mueve los labios pero no produce ningún sonido. A Shouto le gusta cómo es que luce tan concentrado.

Pasan así un momento hasta que Tenya termina, abre los ojos y se vuelve a incorporar. Se persigna otra vez y después se dirige a Shouto, quien también se ha puesto de pie.

—Gracias —dice—. Les dejaré una ofrenda cuando estemos regresando. ¿Vamos?

Shouto asiente y se voltea hacia una de las escaleras que están junto a la pared para dirigirse hacia ellas.

Ascienden por un par de niveles más, hasta que eventualmente son conscientes de que han llegado al centro porque las calles empiezan a estar sitiadas por puestos de comida y artesanías y los adornos de lámparas de papel y banderines de colores infestan los espacios sobre sus cabezas. En el centro las plazas son mucho más grandes y, en aquellos días, con motivo del festival, todas son animadas constantemente por diversos espectáculos y están atestadas de aglomeraciones masivas de gente.

Hay personas ahí de cada rincón del reino. Sombras de las Montañas pasando junto a Gente del Bosque del norte, quienes ondean sus colas largas alegremente. Criaturas del Agua, raras de ver puesto que la mayoría de los miembros de esta raza no pueden sobrevivir fuera del agua por períodos prolongados de tiempo; se las distingue por las agallas cerradas que se pliegan a ambos costados de sus cuellos. Y, por supuesto, los Caminantes de la Tierra son los más abundantes. Andan normalmente con sus familias o entre grupos de amigos, lanzando risotadas y bebiendo cerveza a raudales.

Las calles están entintadas por colores líquidos. Las luces cálidas de las lámparas inundan las pieles y las mercancías en exhibición. Hay tanto ruido, tanto movimiento y tanta variedad que, por un momento, Tenya y Shouto se quedan de pie al inicio de una calle, ligeramente abrumados, intentando adaptarse al ambiente alegre y relajado.

Shouto le pone una mano a Iida en la espalda baja.

—Ven, ¿quieres una cerveza?

Iida se estremece al sentir el contacto extraño, pero lo disimula. Asiente y deja que la mano de Shouto le inste a avanzar. Shouto sólo retira dicha extremidad después de que se detienen frente a un hombre que está plantado detrás de una mesita sobre la cual se conglomeran tarros de madera. Detrás de él, varios barriles de cerveza esperan a ser vaciados.

—7 kots por tarro, 5 kots de seguridad por el tarro —dice el hombre en un fuerte acento citadino al verles detenerse. Shouto extrae su bolsita de dinero. Tenya intenta hacer lo mismo, pero el otro caballero le detiene con una mano sobre la muñeca.

—Yo invito —dice. Tenya sonríe un poco y asiente. Shouto paga 24 kots de bronce y, tras recibir su compra, se alejan del puesto. Más tarde devolverán los tarros para recuperar sus diez kots de seguridad.

La cerveza está fresca y aromática y es de un color cobrizo, un punto intermedio entre la cerveza clara y la oscura que es típico de Farinha. Tenya bebe un par de sorbos antes de que algo le llame la atención. Se trata de un puesto de ofrendas, el cual es, básicamente, un lugar en el que venden distintas ofrendas que se pueden hacer a las Divinidades. Hay entre ellas flores, semillas, velas, frutas y dulces tradicionales. Tenya le pide a Shouto detenerse ahí para comprar de una vez lo que dejará más tarde en el altar.

El joven caballero adquiere algunas semillas y dulces. Se las entregan en una bolsita de tela tosca. Shouto observa un momento los artículos en exhibición, antes de pedir algo él también.

Shouto compra algunas flores muy bonitas y una vela alta de color blanco que está decorada con pintura dorada. Era uno de los artículos más caros. Shouto piensa que dedicará todo esto a la familia de Tenya también, porque, si estas cosas funcionan en lo más mínimo… a él le gustaría contribuir a que la familia de Tenya esté bien, sana y salva. Sobre todo en tiempos tan peligrosos.

Pagan y se alejan de ahí, decidiendo recorrer un poco el nivel de la ciudad en el que se encuentran antes de ir a visitar el siguiente. Así que se introducen a una calle aledaña, aun saboreando la cerveza de color ambarino.

Pasando entre múltiples puestos de artesanías, amuletos y otras curiosidades, eventualmente se encuentran con una nueva plaza. Esta es mucho más grande que aquella en la que se detuvieran antes. Es tan amplia que tiene espacio no sólo para una sino para cinco fuentes, siendo la del centro una bastante grande que está decorada con las esculturas de piedra de tres mujeres que tienen las palmas levantadas hacia el cielo. Del centro de sus palmas y de sus bocas brota agua cristalina. Alrededor de la fuente central hay otras cuatro más pequeñas, que son redondas y simplonas y tan sólo se dedican a tirar agua pura y fría.

Al fondo de la plaza hay un altar de un tamaño bastante más considerable que aquel en el que Tenya oró. Está adornado con flores y figuras de papel de colores y a sus pies reposan ofrendas abundantes. Todos los puestos instalados en esa plaza han dejado un espacio respetuoso alrededor del altar, el cual sirve para que las personas, de vez en vez, se acerquen y hagan sus oraciones.

La plaza huele a flores y velas aromáticas gracias a las rebosantes ofrendas en el altar. Pero su ambiente está lejos de ser tranquilo y silencioso como el de la otra plaza. El aire está saturado de constantes exclamaciones de victoria y gritos de desilusión, dado que la mayoría de los puestos instalados ahí se dedican a los juegos de apuestas y las competencias, al parecer. Cada uno tiene un pequeño público a su alrededor, el cual observa, vitorea, abuchea y apuesta por los competidores que se van enfrentando a cada momento. Shouto y Tenya exploran un poco el espacio con la mirada, no muy interesados realmente en lo que hay ahí, hasta que notan algo que sí les llama la atención. Alcanzan a ver cerca de una de las fuentes pequeñas a un gente del bosque del norte que tiene su propio puesto instalado, si es que se puede llamar puesto a una simple mesita de madera con dos sillas. El tipo, alto y rubio igual que Ojiro, permanece de espaldas a una mesa y, al parecer, está usando su cola para jugar a "las justas". El reto parece consistir en intentar derrotar a su cola, para lo cual se pueden usar ambas manos e incluso sus competidores tienen permitido ponerse de pie. Empero, hay una bandeja llena de cobre y plata a su lado que parecería indicar que permanece invicto.

Pero lo que llama particularmente la atención de los dos caballeros es la cola desnuda que, por la naturaleza de la actividad, está siendo constantemente tocada por un montón de extraños. Después de ver lo celoso que Ojiro es con su propia extremidad, aquello pareciera un poco raro. Mientras miran, notan de pronto a una familia de la misma raza que el hombre que pasa cerca de él. Los dos niños pequeños de la familia no tardan en señalar al sujeto, curiosos. Pero sus padres, al notarlo, ponen una expresión escandalizada y les tapan inmediatamente las caras a sus hijos con las colas, alejándose después rápidamente de ahí.

Tenya y Shouto se miran.

—Oye, Shouto… —llama el más alto, viendo aún con disimulo a la familia que se va—. ¿Has notado algo raro con respecto a la Gente del Bosque del norte?

Shouto también mira un instante a la familia antes de ver al otro caballero.

—He notado que todos llevan las colas cubiertas, a diferencia de Ojiro —responde—. El sujeto en el juego de justas es el primero que veo con la cola desnuda en todo este tiempo.

Tenya asiente. Incluso los miembros de aquella familia que había pasado tenían las colas cubiertas por vendajes. Los adultos usaban vendajes blancos y los niños vendajes de colores, pero no había un solo milímetro de la piel de sus colas a la vista.

—¿Crees que eso signifique algo? —vuelve a preguntar Tenya, al tiempo que se voltea ligeramente hacia el extremo de la plaza opuesto a aquel por el cual llegaron, haciendo el amago de empezar a caminar. Shouto parpadea un par de veces y, siguiéndole, se encoge de hombros.

—No estoy seguro. ¿Quizá la mayoría de ellos son más recatados que Ojiro? ¿O tal vez tener la cola tapada dificulta ciertas tareas y por eso Ojiro que es un guerrero y ese sujeto que juega a las justas no se las tapan?

Tenya hace una leve mueca con los labios.

—Sí, supongo que ha de ser algo así… —accede.

—¿Estás preocupado por él? —pregunta el Todoroki, mirando al de ojos azules mientras siguen avanzando. Tenya baja la mirada.

—Sigo haciéndome la misma pregunta que Kaminari. Realmente, la respuesta que Ojiro nos dio no es una respuesta.

Shouto exhala.

—¿Qué sabes de él, Shouto?

El mayor niega con la cabeza.

—No mucho —dice—. Yo mandé a mis mensajeros secretos solicitando guerreros y mercenarios de prestigio para una misión importante. A algunos les mandé mensajeros personales, como a Aizawa y a Disturbio Rojo, porque había oído hablar de ellos. Pero los otros mensajeros sólo tenían la tarea de entregar el mensaje a alguien que ameritara recibirlo. Así que debe haber sido alguno de mis mensajeros el que eligió a Ojiro como recipiente de mi mensaje.

—Oh, ya veo —dice Tenya, asintiendo—. Me pregunto cómo habrá sido elegido.

Shouto se encoge otra vez de hombros.

—El mensajero pudo haber preguntado a sus contactos y alguien se lo recomendó. Eso o le vio realizando alguna hazaña impresionante.

Tenya vuelve a asentir, al tiempo que atraviesan el otro costado de la plaza y salen finalmente de ésta, adentrándose a una nueva callejuela zigzagueante igual de infestada de gente que todas las anteriores.

Iida no sabe por qué, pero hay algo que le deja intranquilo respecto a aquello. Respecto al hombre y a Ojiro. Es como… si ninguno de los dos se comportara de la forma natural en que debían hacerlo.

Como si alguien les hubiese quitado una parte de su instinto.

Pero decide hacer el tema a un lado, al menos de momento. Aquel hombre no lucía como si estuviese sufriendo y Ojiro tampoco parece estarlo haciendo. Tenya supone que deben estar bien. Que quizá son todo imaginaciones suyas.

La calle les lleva hasta un área en la que deben estar vendiendo comida, porque el aroma fuerte de distintos ingredientes entremezclándose se revuelca en el aire. Efectivamente, tras avanzar un poco más, se encuentran con otra plaza, igual de amplia que la anterior pero que, en lugar de las cinco fuentes repartidas en el medio, tiene sólo dos fuentes pequeñas a los costados del gran altar del fondo, con lo que todo el medio queda libre. Así que, opuesto al altar, está instalado un gran escenario con las cortinas corridas, y detrás del escenario, así como a ambos costados, pululan numerosos puestecillos de comida y bebida. Hay gente sentada en el centro de la plaza, comiendo, bebiendo, platicando y, al parecer, esperando a que el espectáculo dé inicio. Shouto y Tenya contemplan un momento la particular composición de la plaza antes de que el mayor repita aquel gesto previo de posarle una mano a Tenya en la base de la espalda, dando después un paso al frente.

—¿Rellenamos las cervezas y buscamos algo para comer?

Tenya le mira y asiente suavemente. Se le cruza un tono rojizo en las mejillas y Shouto se siente un poco avergonzado. ¿A Tenya le incomodará que le toque de esa forma? No lo sabe, pero le agrada ese matiz rojo sutil que se desliza por sus mejillas. Y, aunque Shouto piensa que quizá debería retirar la mano, por educación, no logra convencer a su extremidad de realizar dicha acción. La espalda de Tenya es firme y tibia. Es la espalda de un caballero que entrena todos los días y no tiene un solo gramo de grasa innecesaria en el cuerpo.

Ese pensamiento lleva a su mente en direcciones poco seguras e indecentes así que, intentando distraerse, desvía la mirada y empuja a Tenya un poco con la mano para que avance con él y se dirijan a los puestos de comida. Lo primero que hacen es rellenar sus cervezas en un puesto bastante parecido a aquel en el que adquirieron las primeras (aunque éste es más caro y rellenar las cervezas les cuesta 9 kots a cada uno, precio que Tenya le pide a Shouto que le deje pagar), y después se decantan por un puesto de salchichas que está en una esquina y en el que hay un montón de gente, por lo que ambos asumen que tiene que ser bueno. El puesto en cuestión tiene tres variedades distintas de salchichas así que los dos se pasan un momento pensando en qué salchicha pedir, hasta que Shouto propone que pidan una de cada una y las compartan. Tenya coincide en que es buena idea, así que, tras un rato de luchar contra una marea de gente y una fila desorganizada y hacer malabares con sus dos cervezas, sus tres salchichas, el dinero y sus ofrendas, por fin se encuentran un hueco entre la gente en el centro de la plaza, que ahora es más, y se sientan sobre la piedra fría para ver el espectáculo.

Ya ha anochecido, de modo que todas las lámparas y fuegos han sido encendidos. Las luces múltiples les bailan en las pieles y alumbran el gran altar a sus espaldas.

Pasan unos minutos antes de que las cortinas del escenario se corran y la obra empiece.

Es una obra cómica que trata sobre los Señores de los Dragones. Un Señor de los Dragones quería robar a la prometida de un Caminante de la Tierra, y éste reunió a un equipo formado por una Criatura del Agua, un Gente del Bosque y una Sombra de las Montañas para combatir al Señor.

A pesar de la temática "dramática", los actores se las arreglan para arrancar un montón de risas a su público. Tenya se ríe alegremente de varias de las escenas. Shouto ríe también, si bien mucho más recatadamente. Aunque la verdad es que, en algún momento, el mayor deja de prestar atención a la obra para prestársela en su lugar al Caballero de los Pueblos.

Tenya riéndose es la cosa más alegre que considera haber visto en su vida. Es puro. Es algo que no tiene pretensiones ni medios tonos ni malos sabores. Es bello. Shouto y Tenya se acaban la segunda cerveza antes del intermedio de la obra, así que, cuando éste llega, el Todoroki se ofrece a ir a rellenar los tarros, de modo que Tenya se queda a cuidar de su sitio. Cuando Todoroki regresa, lleva dos tarros en cada mano. Tenya eleva las cejas.

—¿Qué… qué es eso? —pregunta. Shouto le mira.

—Para que nos duren hasta el final.

—Oh —Tenya sonríe—. Buena idea.

—Pedí una cerveza oscura y una clara, por si querías probarlas —agrega el de ojos dicromáticos, depositando los tarros sobre el suelo y sentándose.

—Buena idea también —comenta Tenya y toma uno de ellos. El de cerveza oscura. Lo levanta—. Nasdrovia —dice, mirando a Shouto a los ojos. El otro caballero toma el tarro de cerveza clara.

—Nasdrovia, Tenya —responde, devolviendo la mirada y dando un toque leve al tarro del otro con el suyo. Beben un sorbo, sin dejar de mirarse. Después, regresan la vista al escenario cuando uno de los actores anuncia que la obra ya va a retomarse. La gente retorna en masa a sus sitios en el suelo para ver el desenlace de la historia.

El desenlace debería haber sido previsible. El equipo de héroes debería haber derrotado al Señor de los Dragones y el Caminante debería haber recuperado a su prometida. Sin embargo, todo lo contrario ocurre. El Señor asesina al equipo del Caminante y luego se burla de éste mientras se aleja con la mujer, montado en su dragón. Lo peor es que la prometida también parece preferir al Señor…

El público abuchea al final, pero de buen humor y, cuando los artistas pasan a dar sus agradecimientos, todos les aplauden (excepto al Señor de los Dragones, a cuyos pies lanzan retos de pan, salchichas, papas, pastelitos y otras numerosas cosas, a lo cual él sólo hace gestos burlescos). Cuando una persona pasa recolectando propinas entre el público en una canasta de mimbre, la mayoría de la gente aporta algo. Shouto y Tenya dejan diez kots de bronce cada uno.

Una vez que la obra se ha acabado y la gente empieza a levantarse, los dos caballeros se quedan un rato más sentados. Ya se han acabado las cervezas, y el alcohol les hace un par de jugarretas a sus sentidos.

—Vaya, eso no fue muy alentador —dice Tenya tras un momento, mirando a Shouto con media sonrisa. Éste le mira de vuelta.

—Al menos fue original. No me esperaba ese final.

—Sí, yo tampoco —Tenya lleva la vista al frente y luego se estira, un poco cansado de estar sentado en el suelo. Shouto le mira. Se encuentra en ese estado en el que se siente a punto de hacer cualquier estupidez, pero aún le queda un poquito de lucidez como para no hacerlo.

—¿Quieres regresar ya?

—Supongo que deberíamos. No podemos quedarnos tan tarde, mañana tenemos que levantarnos temprano.

—Sí, y si Aizawa se da cuenta de que hemos salido, probablemente nos asesine.

Tenya ríe.

—Creí que tú eras el jefe.

—Por supuesto que lo soy. Pero Aizawa es Aizawa.

—Buen punto. ¿Vamos, entonces? —Tenya toma dos de los tarros y sus ofrendas con una mano y se pone de pie. Después, usando la mano que tiene libre, le ofrece a Shouto ayuda para levantarse. Éste acepta. Se pone de pie y luego se sueltan pero, apenas lo hacen, Shouto vuelve a extender la mano y la pone en la espalda de Tenya. Le empuja gentilmente para que avance con él. Tenya traga saliva pero permite que la mano de Shouto permanezca ahí.

Esta vez, Shouto no retira la mano después de un rato. Ni cuando van a devolver los dos tarros que adquirieron ahí para recuperar su seguridad, ni cuando salen de la plaza, encaminándose por la misma ruta que siguieron para llegar hasta ahí.

Llegan a la plaza de las apuestas. Mientras la cruzan, buscan al gente del bosque con la mirada y lo encuentran por ahí bebiendo cerveza y, al parecer, coqueteando con una chica Criatura del Agua que parece igualmente interesada. La cola de éste se mueve muy despacio, cerca de ella.

Siguen atravesando las calles y callejuelas. Regresan al primer puestecillo de cerveza y devuelven los últimos dos tarros, recuperando los diez kots. Entonces emprenden el descenso para llegar a la primera plaza que visitaran, aquella en la que Tenya hizo sus oraciones. Para ese entonces, Shouto prácticamente está abrazando al otro, rodeándole con el brazo, con los dedos en su cintura y el cuerpo cerca. Tenya siente las mejillas calientes y se le eriza la piel, pero ni le dice nada ni hace gesto alguno de que le incomode. Shouto únicamente le suelta cuando se detienen ante el altar, como si se sintiera repentinamente avergonzado de lo que está haciendo. Tenya, fingiendo que nada raro ha pasado, se persigna y se agacha para dejar sus ofrendas. Las acomoda con cuidado, anexándolas a las ofrendas no tan numerosas que ya hay ahí. La mayoría de las ofrendas se están concentrando en las plazas del centro, motivo por el que las plazas que están un poco alejadas como ésta tienen menos. En teoría y, según algunas creencias, orar y hacer dedicaciones en un altar al que va menos gente tiene más valor, puesto que las Divinidades que atienden al altar se sienten más alentadas a escuchar a los pocos fieles que les hacen homenaje.

A lado de Tenya, Shouto se persigna también y se agacha igualmente para dejar lo que compró antes. Lo acomoda todo con el mismo cuidado que el otro caballero, pero duda un momento antes de encender la vela.

—Tenya, ¿debería encenderla? —pregunta, ya no demasiado preocupado por quedar como un iletrado en ese tema. Tenya le ve y asiente suavemente.

—Yo diría que sí. En Rasaquan creemos que las velas indican poner en movimiento todo lo que has pedido. Al encenderlas, el fuego les da energía a las Divinidades y entonces ellas cumplen con lo que les pides.

Shouto asiente. Entonces, mira a la vela y lleva dos dedos, índice y pulgar, a su mecha, encendiéndola.

Un aroma cítrico inunda prontamente el ambiente. Finalmente, ambos se ponen de pie y vuelven a persignarse antes de retirarse, descendiendo por la calle embaldosada.

Ya debe ser la segunda o tercera hora de sombra para cuando están bajando por la calle. El ambiente está un poco fresco. No hay prácticamente nadie más que ellos ahí a esas horas y el silencio es profundo pero ligero, digerible y amigable. Son iluminados por dos lunas y por antorchas encendidas aquí y allá. En el camino no ven a más que algunos oficiales de la ciudad, quienes les saludan con la cabeza, un par de personas en distintos estados de ebriedad e incluso una pareja que se devora a besos en un rincón oscuro.

Intentando omitir aquello último, siguen avanzando hasta llegar a la posada. Shouto ya no ha vuelto a tener el valor de tocar a Tenya. Lo único de lo que está realmente consciente en ese momento es del frescor en sus mejillas y de las ganas impresionantes que tiene de ir al baño.

Unos veinte minutos más tarde, están de vuelta en su habitación y se preparan para acostarse a dormir. Shouto se arroja sobre su cama y ve a Tenya de pie junto a la ventana. El menor toca con los dedos los pétalos en el florero del alféizar. ¿Por qué le gustará tanto hacer eso? Se cuestiona el Todoroki.

—Tenya, ha sido un honor celebrar este Festival de los Diez Días contigo —se le ocurre soltar porque no hay mucho más que decir y no le parece que aquella afirmación peque de ser comprometedora o incómoda. Tenya le mira por encima de su hombro.

—Lo mismo digo. Gracias por todo. Ha sido muy divertido.

Shouto desvía la mirada, mirando hacia el techo.

—Buenas noches —agrega finalmente.

—Buenas noches, Shouto.

Pero, antes de que realmente se vayan a dormir… unos golpes en la puerta les interrumpen.


Shouto parpadea, confundido. El pasillo está a oscuras. Tenya está detenido un par de pasos detrás de él, con una expresión igual de extrañada. Aizawa está del otro lado de la puerta, serio.

—¿Qué quieres decir con que Amajiki se ha ido? —inquiere el Todoroki en un tono entre irritado y sorprendido y recriminador. Porque él sabe cómo funcionan las cosas entre las Sombras de las Montañas. Hay una familia de esta raza que pertenece a la Orden del Dragón en el norte, de modo que su padre le ha instruido mucho sobre su cultura y la forma en que sus sociedades funcionan.

Todoroki sabe que, si Amajiki se fue, o lo hizo con completa autorización de Aizawa o, por otro lado, lo hizo bajo órdenes de la Sombra mayor.

—Quiero decir exactamente eso. Que Amajiki se ha ido. Al parecer era un asunto importante.

Shouto frunce el ceño.

—¿Más importante que proteger a Drom de Bakugou?

Si la boca de Aizawa no estuviese siendo cubierta en ese momento por su bufanda, Shouto habría visto la mueca fastidiada que hizo con los labios.

—Tranquilo. Amajiki no ha abandonado la misión. Regresará con nosotros cuando el momento sea oportuno.

Shouto frunce el ceño.

—De qué me sirve la promesa de que va a regresar. Lo que yo necesito es gente aquí y ahora. ¿Hay algún otro plan que tengas en mente del que no me hayas dicho? ¿También vas a mandar a Tokoyami a alguna misión secreta por ahí?

Está muy irritado y se nota a leguas. Lo nota Aizawa, lo nota Tenya… Al primero parece darle bastante igual.

—Shouto, esto no es una traición —eleva una mano en un gesto explicativo. Su expresión, con todo, no se deshace nunca del gesto moderadamente aburrido que porta siempre—. Amajiki regresará. Claro, siempre y cuando no se muera.

—¡¿Qué?! —es Iida el que lo exclama, dando un paso hacia el frente y frunciendo fuertemente el ceño—. ¿Cómo que siempre y cuando no se muera? ¿Qué se supone que ha ido a hacer?

Aizawa suspira. Los dos caballeros le miran.

—Es hora de dormir. Mañana debemos ir temprano al castillo si no queremos que el Rey se ocupe con las oraciones de clausura del festival.

Dicho esto, se da la vuelta y se aleja silentemente por el pasillo oscuro, desvaneciéndose pronto entre las sombras como si fuera parte de ellas.

Shouto ni siquiera intenta detenerlo.

Porque sabe que, cuando una sombra ha decidido callar algo, entonces no hay fuerza en el mundo conocido que vaya a ser capaz de hacerle revelarlo.

—Mierda —se queja, cerrando la puerta con fuerza tras de sí. Una vez dentro, suspira, mirando hacia el suelo pensativo—. No tengo la menor idea de lo que pasa por la cabeza de ese hombre. Malditas Sombras —de pronto se siente un poco ridículo. Lamentarse como un niño pequeño no va con él—. Bueno, supongo que es como tiene que ser, no hay nada que hacer al respecto. Espero que Amajiki se encuentre bien —se dirige hacia su cama. Está tan ensimismado pensando en aquel tema que ni siquiera ha vuelto a mirar a Iida. El de ojos azules le mira un poco contrariado y se va a sentar también a su cama, frente a él.

—Tú confías en Aizawa, ¿no es así?

Shouto por fin vuelve a mirarle, como si recién recordara que sigue teniendo compañía.

—Confío en su juicio —responde rápidamente—. Y confío en que es un hombre de integridad. Las Sombras no son dadas a mentir, porque les da igual contrariar a los demás, pero cuando esconden algo, lo esconden hasta las últimas consecuencias. Supongo que Aizawa no me ha mentido, pero tampoco sé qué es lo que no me está diciendo.

—Supongo que asume que es mejor que no lo sepamos por ahora —responde el más alto. Shouto asiente.

—Lo que significa que Aizawa sabe algo muy importante que nosotros no. Y si eso es verdad… —frunce el ceño. Pero no sabe si decir en voz alta lo que se le está ocurriendo. No sabe si tiene algún sentido y siente que, de exteriorizarlo, repentinamente podría sonar como una completa locura.

¿Sería posible que Aizawa hubiese estado planeando todo este tiempo hacer algo respecto a Bakugou igual que él? ¿Y que Shouto no haya sido más que un factor aleatorio en su plan? ¿Podría ser que el encuentro con Tokoyami no hubiese sido fortuito? ¿O que la elección de sus guerreros y mercenarios hubiese tenido alguna influencia externa de la que él no está al tanto?

¿Podría ser que Aizawa esté moviendo hilos invisibles que él no puede ver con intenciones completamente desconocidas?

Aizawa es escalofriantemente poderoso. Shouto lo sabe porque lo vio trabajar una vez antes, para su padre.

Aizawa-es-escalofriantemente-poderoso.

Y le está ocultando algo.

Eso no es bueno…


Notas de la Autora: Nopubliquéayeramsori, el capítulo ya estaba, pero me quedé dormida xD PERO, yo quiero publicar el capítulo 30 mañana (con eso de que es 3 de diciembre y el 3 es mi número favorito, me parece muy adecuado (?)). Así que decidí que hoy publicaría éste y el 29 :) no sé a qué hora termine el 29, pero en teoría no será un capítulo largo, así que quizá esté en la tarde.

GRACIAS BELLEZAS POR SUS REVIEWS, no puedo creer que haya tantos, y ya casi llegamos a los 100 follows *c muere de felizidad* Los quiero, algodones! *corazón*

Hoy no quiero alargarme mucho más porque hay varias notillas, les dejo con ellas.


Notas y curiosidades del capítulo:

1. Para Farinha me he basado un poquito en Granada, España. Esta ciudad tiene una colina cuya cima está coronada por una ciudadela/fortaleza (la Alhambra). Cuando se asciende por los costados de la colina, las calles son todas adoquinadas y hay aquí y allá algunas placitas aleatorias rodeadas de escaleras que las conectan con los distintos niveles.

2. Lo de dejar un pago de seguridad es algo que observé en algunas ferias navideñas, donde te servían el vino caliente y otras bebidas en unas bonitas tazas decorativas, pero tenías que dejar un depósito de 2-3 euros por ellas, el cual sólo podías recuperar si regresabas las tazas (también podías quedarte con ellas y no recuperarlo, y era como que te hubieses comprado la taza).

3. "Nasdrovia" es la forma de brindar en Polonia. En realidad se escribe "na zdrowie", pero suena a Nasdrovia y significa "a tu salud". Ya sé que no tiene sentido que usen una palabra polaca, pero no me pude resistir a usarla xD por otro lado, tomando en cuenta que Bakugou usa una palabra que tampoco tiene origen en una lengua romance (Deku), pues bueno, podemos asumir que la Lengua Común de Drom tiene vestigios de idiomas todavía más antiguos. Por otro lado, hay lugares en los que se supone que si no miras a los ojos a la persona con la que estás brindando, te condenas a varios años de mal sexo xD así que el motivo por el que Tenya y Shouto se miraron al brindar podría ser algo similar.

4. Esto no es relacionado al capítulo, sino a una pregunta que muchas personas me han estado haciendo en estos días. Sé que todos quieren saber si Deku y Bakugou podrán tener bebés o no, pero responderles esto implicaría hacerles spoilers D: la verdad es que no quiero hacerles spoilers y espero que ustedes tampoco los quieran xD así que les pido tengan un poquillo más de paciencia con ese tema.

Gracias como siempre por seguir leyendo y seguimos en sintonía (?) al rato.

Do widzenia!