¡Buenos días! Dado que no puedo parar de pensar en esta historia y vuestros reviews diciendo que la continuase, aquí os dejo un nuevo capítulo.
Antes de que empecéis a leer he de decir que los personajes no me pertenecen, sino que son de OUAT ABC, así como algunas de las historias.
Como siempre podéis dejarme en los reviews vuestra opinión, así como cualquier duda que tengáis.
Sin más dilación, podéis empezar a leer.
Emma se quedó a dormir en la comisaría. No podía parar de pensar en que Mary Margaret iba a ser incriminada y la iban a llevar a la cárcel. No podía permitir eso. Ella era inocente.
Luego estaba Regina. Se estaba volviendo loca por ella. No sabía lo que sentía pues estaba muy confusa. En el fondo de su alma sabía a ciencia cierta que estaba enamorada de ella. Pero también estaba la promesa que se hizo en la cual dijo que nunca más se expondría tanto a una persona como lo hizo con el padre de Henry, Neal. Aquella relación la dejó vacía. Fue tan intensa que no pensaba que se volvería a enamorar. No sabía si su corazón, desgastado por aquella diátesis mórbida, iba a ser capaz de amar de nuevo.
Pues lo había conseguido. Amaba a Regina. Pero por otra parte estaba aterrada de entregarse a ella. Estaba aterrada de volver a sufrir lo mismo por amar a una persona. Por eso se engañaba a sí misma diciendo que no estaba enamorada de ella. Intenta encerrar a su corazón tras un muro, de manera que solo actuase siguiendo su cabeza. Y su cabeza la decía que no podía volver a sufrir tanto pues sabe que Regina esconde algo, y no es nada bueno.
Se despertó de un sobresalto. Tenía un mal presentimiento. Fue a ver a Mary Margaret para hablar con ella de su vista ante el juez y darle algunos consejos de cómo hablar ante él, pero descubrió con horror que la celda de su amiga estaba vacía.
-Mañana es su vista, si no comparece… -anunció Gold por teléfono.
-Se ha fugado –Emma no se lo podía creer- La condenen o no por lo de Kathryn, la ha cagado. Debo encontrarla antes de que alguien lo sepa.
-¿Se refiere a Regina? –preguntó Gold.
-La vista es a las ocho. Seguro que Regina madrugará para celebrar la victoria.
-Pues ya se puede dar prisa –y colgó, dejando a Emma sola en una comisaría vacía.
Se puso de camino lo más rápido que pudo. Cuando conducía por el bosque, atropelló sin querer a un hombre. Con la angustia de haberle herido, le dijo que le llevaba a su casa. Resultó que aquel hombre vivía solo en una gran mansión. El pobre hombre cojeaba, sin embargo, con toda la amabilidad, le sirvió una taza de té caliente para Emma, cosa que ella agradeció debido a la fría noche que le esperaba. Emma se empezó a marear.
-Déjeme acostarla –la llevó hasta el sofá. Emma murmuraba cosas sin sentido, en medio de un estado de confusión y enfermedad. El hombre salió de la habitación, pero Emma antes de desmayarse pudo murmurar.
-¿Y su cojera?
-Oops… Me ha pillado –lo último que vio Emma antes de desmayarse fue la sonrisa malvada de aquel hombre.
Se despertó atada de boca, manos y pies con cinta adhesiva. Pensó en posibles escapatorias y buscó con la mirada algo punzante con lo que cortar la cinta. Descubrió la taza del té que había bebido antes. La rompió en la alfombra y cogió un pedazo. Empezó a frotar. La cinta se rompió, liberando sus manos. Las demás vendas fueron fáciles de quitar. Comprobó las ventanas, en busca de una escapatoria, pero estaban cerradas a cal y canto. Decidió que si quería salir de allí, debía salir de aquella habitación.
Con el sigilo que siempre había demostrado, anduvo por la casa. Fue abriendo puerta tras puerta, en busca de una salida hasta que, tras una de las puertas, se encontró con Mary Margaret, también atada de boca, manos y pies.
-Emma –pudo articular la prisionera. El hombre las descubrió y se llevó a Emma a otra habitación.
-No sé lo que se propone, pero como le haga daño a mi amiga, lo lamentará. –le amenazó Emma.
-¿Daño? La estoy salvando la vida. Ambos sabemos lo que ocurre si se va de Storybrooke.
-¿De qué habla?
-No se haga la tonta. Sabe lo del hechizo.
-¿Qué hechizo?
-El que nos mantiene a todos aquí atrapados… Salvo a usted.
-¿Ha leído el libro de Henry?
-¿Henry? El padre de la Reina Malvada –"¿Regina era una reina?" pensó Emma. Recordó la extraña conversación en la cual escuchó a Gold llamar a Regina "Su Majestad" pero no se lo tomó en serio. Aquí estaba pasando algo raro. ¿Y si Henry tenía razón?
-Su hijo adoptivo… Yo soy su madre adoptiva -le informó al hombre.
-¿Es lesbiana? –preguntó desconcertado. Si no le estuviera apuntando con una pistola, ya era hombre muerto- Emma eres especial. Desde el primer minuto que llegaste aquí, hiciste funcionar el reloj que llevaba años parado. Usted trajo algo valioso a Storybrooke… magia.
Emma respiró con alivio. Aquel hombre estaba loco, no era ella.
-Está loco –susurró con pena.
-No, la loca es usted por negarse a aceptar lo que ve.
Emma se quedó callada. Recordó lo que había leído sobre la negociación con personas inestables cuando estudió en la academia de policía. "Seguirle siempre la corriente". Emma observó la habitación.
-Todos estos gorros, el té… ¿usted es el Sombrerero Loco?
-Me llamo Jefferson –hizo una leve reverencia- ¿Cómo sabe quién soy?
-Lo leí en un cuento.
-Cuentos –sonrió con sorna- ¿Cree que son falsos? Dígame una cosa, ¿estudió la Guerra Civil en el colegio?
-Sí.
-Y esas batallas, ¿no las leyó en un libro? ¿En qué se diferencian?
-En que los textos históricos están basados en la Historia.
-Y los cuentos en qué, ¿en la imaginación?
-Escuche, este de aquí es el mundo real.
-Un mundo real. Qué ignorante es al creer que solo hay uno. Este es su mundo, yo provengo de otro –"Genial, ahora se cree que es un extraterrestre" pensó Emma- Cuesta mucho vivir en tierra desconocida, pero ser consciente, contener realidades contradictorias en la mente, te vuelve loco.
Emma sintió pena por él. Realmente debería ir a un psiquiatra. Pero… ¿y si tenía razón? ¿y si el libro de cuentos era real? ¿Y si realmente Mary Margaret era su madre? La tenía que sacar de allí.
Jefferson se giró para recuperar la compostura. Emma aprovechó que no le veía para atizarle un golpe con un telescopio. Le dejó inconsciente. Corrió a liberar a Mary Margaret y ambas salieron de la mansión.
-Bueno, sheriff, supongo que va a llevarme a la cárcel –Mary Margaret estaba temblando.
-Tú decides. Huir no es fácil, te lo digo por experiencia. Una vez que huyes ya no hay vuelta atrás.
-Emma, todos creen que maté a Kathryn.
-Oye, tienes que creerme, tienes que confiar en mí. Sé que parece imposible, pero puedo sacarte de esta.
-¿Por qué te importa tanto lo que pueda pasarme?
-Porque cuando Regina me encerró, tú pagaste mi fianza y me dijiste que confiabas en mí. Cuando me quise ir de aquí porque quería lo mejor para Henry, tú me dijiste que me quedara porque eso era lo mejor para él –Emma sentía que sus ojos se inundaban de lágrimas. Mary Margaret no sabía lo mucho que significaba para ella- Y me di cuenta de que siempre he estado aislada, sola en el mundo y nadie ha seguido a mi lado, excepto tú. No puedo perderte, no puedo perder a mí familia.
-¿Familia? –la profesora sonrió.
Las campanas del reloj indicaron que eran las 8 de la mañana. Habían pasado la noche en aquella mansión.
-La vista –dijo Mary Margaret con miedo.
-Regina… -susurró Emma, dejando que su nombre se quedara entre sus labios.
Regina llegó temprano a la comisaría. Dentro de una hora tendría Mary Margaret su vista, pero decidió pasar a ver a Emma. Cuando llegó, ella no estaba allí, sino que estaban Mary Margaret y Gold. Sin duda, Regina no se esperaba encontrar allí a la profesora, ya que Gold le prometió que se escaparía de su celda, lo cual complicaría su caso y la condenarían. De ese modo Regina por fin tendría su venganza. Su ansiada y deseada venganza por destruir a Mary Margaret, también conocida como Blancanieves.
-¿Qué está haciendo ella aquí? –le preguntó a Gold.
-Al final ha vuelto. Creo que la sheriff es más ingeniosa de lo que pensábamos. Pero no temáis, Majestad, podéis lograr lo que queráis.
-Más te vale. Si decidí hacer un trato contigo, Gold, es porque quería resultados –se marchó haciendo ruido con sus tacones.
Mary Margaret estaba sentada frente al fiscal. A su lado Gold, le aconsejaba sobre qué preguntas responder. Tras un cristal, Regina y Emma les observaban, pero nadie sabía que ambas estaban allí.
-…la señora Nolan fue a su colegio para recriminárselo, ¿correcto? –preguntó el fiscal. Mary Margaret se limitó a asentir con la cabeza.
-¿Por qué defiendes tanto a Mary Margaret? –le preguntó Regina a Emma, sin dejar de mirar el cristal.
-Porque es la única que siempre ha estado ahí cuando más lo necesitaba –Regina rodó los ojos. No se lo podía creer. Se quedaron calladas, observando el interrogatorio.
-…Le dio una bofetada, ¿no? –el fiscal la miró a los ojos.
-Emm… sí, claro… Pero…
Regina sonrió. Mary Margaret estaba acabada. Miró a Emma, que tenía una expresión de preocupación en su mirada.
-Emma… Lo siento, pero Mary Margaret es la culpable.
-No lo es y tú lo sabes –Emma se enfrentó a su mirada. Regina se dio cuenta de que su mirada estaba cargada de odio hacia ella.
-¿Qué te pasa? –Regina sospechaba que algo no iba bien. Emma se dio cuenta de su sospecha. La besó para acallar las dudas. Regina le respondió al beso y Emma empezó a acariciar su cuerpo. Entonces todo se volvió más intenso. Las dudas sucumbieron al deseo y a la pasión.
De un movimiento, Emma abrió la camisa de Regina e introdujo sus manos en su sujetador. Regina, en cambio, atrajo la cadera de la rubia hacia sí, desabrochó su pantalón y metió su mano, dándola placer. Emma soltó un gemido. No había nadie más que pudiera provocar esos sentimientos en ella. Regina sabía dónde tocarla, sabía cómo y a qué velocidad.
Emma le subió la falda ceñida a la alcaldesa. Había olvidado lo increíblemente sexy que era cuando llevaba aquel liguero con tacones. Mordió su pecho y al mismo tiempo, acarició su sexo.
Con el sonido de sus gemidos pudieron escuchar de fondo a Mary Margaret gritar -¡CLARO QUE LA QUERÍA QUITAR DEL MEDIO. QUERÍA MATARLA PORQUE ERA LO ÚNICO QUE NOS SEPARABA A DAVID Y A MÍ!
Emma se quedó congelada. En cambio, Regina tuvo uno de sus mejores orgasmos.
