Hola muchachos, espero que les guste y les dejo todo mi cariño y muchos besos.

Capítulo 9.2: Diciembre 20, 9:00 pm

Se quedó prácticamente congelado y por un momento, una idea muy útil cruzó su cabeza. Era un mago y no había pensado en utilizar su varita para cambiarse. Ahora se veía como un tonto y Hermione parpadeaba con el cepillo en mano, pensando que estaba loco.

- Lo siento, ya puede utilizar el baño. - le dijo en voz baja y no lo pensó dos veces.

Casi corrió hasta encerrarse en el baño y luego de cerrar la puerta, se apegó a ella. Sudaba frío y estaba incluso más pálido que Peeves. Qué demonios iba a hacer ahora, ella era condenadamente hermosa y el tiempo no le había pasado en vano. Tragó fuertemente y caminó hasta verse en el espejo sobre el lavabo, enjuagándose la cara varias veces y tomando su varita con una de sus temblorosas manos. En muy poco tiempo, el pantalón de pijama que tenía en su mano, pasó a formar parte de su vestimenta y su pantalón de diario, terminó en su mano.

Ya no podía dar marcha atrás, tenía que afrontarlo como un hombre y resistirse a los impulsos. Cepilló sus dientes y en un par de minutos, emergió del baño y colocando el pantalón junto al resto de sus túnicas en una vieja silla. Hermione ya estaba en la cama y parecía leer con mucha calma.

- Disculpe la pregunta. - dijo mientras apartaba las cobijas de su lado y se sentaba cuidadosamente en la cama, como si Hermione fuese a embrujarlo en algún momento. - ¿Cómo es que está tan tranquila, con la idea de compartir la cama conmigo? Pensé que yo le causaba asco o algo parecido.

- Tampoco es como si usted fuese a violarme o algo parecido. Ambos somos adultos responsables y si vamos a casarnos, pues ya qué diferencia hace si dormimos o no, en la misma cama.

Si así era, por qué entonces estaba más nervioso que Neville en su clase de pociones. Durante lo que le parecieron incontables minutos, Hermione continuó leyendo como si nada, mientras Severus se encontraba acostado boca arriba y tamborileando su pecho con un par de dedos. Sentía que moriría de tanto estrés, así que terminó inclinándose junto a su mesa de noche y abriendo un pequeño gabinete, para tomar un libro y tratar de distraerse y no pensar en lo que podía pasar mientras dormían.

Mientras estaba inclinado, Hermione había bajado su libro acerca de los fundadores de Hogwarts y detalles poco conocidos en la historia, contemplando una larga cicatriz en la espalda de su profesor de pociones. Su pijama se había levantado ligeramente, mientras escogía qué libro leer.

- Profesor Snape... - dijo con voz suave, sobresaltándolo y haciendo que se golpeara la cabeza con la mesa de noche. - ¿Usted nunca se ha arrepentido alguna vez, de alguna cosa? ¿Nunca deseó que fuese diferente?

Tomó un libro cualquiera y se acomodó hasta encarar a la mujer a su lado. Desconocía la naturaleza de la pregunta, pero supuso que tenía que responder. Hermione era una de esas personas que continuaba insistiendo y no había forma de evadir sus preguntas.

- Muchas cosas y aún sigo arrepintiéndome. Pero supongo que eso es algo normal en cada ser humano.

- Incluso si esa acción, lastima a otros...

- ¿Cuál es el punto? - preguntó y Hermione se mordió el labio inferior con cierto recelo.

- Yo por ejemplo, me arrepiento de haber jugado con los sentimientos de Ron. ¿Usted no se arrepiente de...?

- ¿Y acaso él se arrepiente de jugar con los suyos, señorita Granger? A mi punto de vista, le he salvado de una relación con un final trágico. - miró directamente a sus ojos y por un momento se le hizo muy difícil mentir. - yo la amo y no estoy mintiendo. Y de eso, tampoco me arrepiento. Una lástima que haya jugado con los sentimientos de Weasley, pero no iba a dejar de luchar por usted.

- ¿Si estuviera ocultándome alguna cosa o utilizándome para algún propósito, al menos tendría la decencia de decírmelo? - preguntó y no supo qué responder.

"Asiente, asiente como si tu vida dependiera de ello."

Asintió suavemente y alzó sus manos para sostener el rostro de la nueva ministra, sonriendo e inclinándose para besar la punta de su nariz y tomándola por sorpresa.

- Te amo, Hermione, como tenía tiempo sin amar a alguien. Ahora, creo que ya es muy tarde y supongo que como la novia, tienes mucho que hacer mañana.

Colocó el libro a un lado y se dejó caer en la cama, dándole la espalda. Le dio la impresión de que Hermione dudó por unos segundos, pero que en poco tiempo hizo igual que él. Sopló la pequeña vela sobre su cómoda y muy pronto se encontraron en total oscuridad. Todo estaba bien, siempre y cuando no se moviera de su lugar. Estaría bien, siempre y cuando no pusiera un dedo de sus manos o pies, en alguna parte de su cuerpo.

"No es tan malo, puedes hacerlo."

"A menos que..."

Se dio la vuelta, pero era muy poco lo que podía ver. Estaba en las mazmorras y la luz de la luna no se colaba por ninguna ventana, puesto que no tenía por obvias razones.

"¿Estaría ya dormida?"

"¿Estaría ya dormido?"

Ambos se hacían la misma pregunta, mirándose en medio de la oscuridad y sin notarlo siquiera. Jamás se habría imaginado que se graduaría, para casarse y dormir en la misma cama, con el hombre que la educó desde que era simplemente una niña. ¿Por qué un hombre como él, se enamoraría de una chiquilla como ella?

Se movió nuevamente hacia el otro lado, dándole la espalda a la joven e intentando no moverse demasiado como para hacerle ver que continuaba despierto. Al menos estaba oscuro y no podía ver, así que de ninguna forma sentiría tentación alguna.

Y en muy poco tiempo el cansancio clamó por sus cuerpos, quedándose profundamente dormidos. En medio del sueño, Hermione parecía atravesar una pesadilla.

Soñaba con Lavander Brown, ganándose el amor de esa comunidad mágica que tanto quería complacer y que muy pronto caía presa en Azkaban por traicionar a Ronald Weasley, quien se había convertido en su esposo. Soltó un gemido al notar que un dementor se acercaba con la intención de succionar su alma y brincó en la cama, acurrucándose junto al profesor de pociones y encontrando por fin la calma.

Ni siquiera se dio cuenta, ahogando un bostezo y cerrando sus brazos alrededor de ella, acurrucándose también. Se trataba de una cómoda sensación, un cálido abierto junto a su cuello y el de una respiración sobre su pecho. Algo suave y un fragante olor a fresas, en suaves rizos que hacían tales cosquillas como si fueran cabellos. Un buen sueño.

Al amanecer, muy temprano por la mañana, Severus sentía un extraño cosquilleo en su nariz y no tardó en estornudar, despertándolo al fin. En medio de su somnolencia, le pareció sentir un suave aroma a fresas que reconocía haber estado sintiendo a lo largo de la noche y le había hecho soñar que se encontraba en un campo rodeado de ellas. No usaba loción alguna y su jabón no olía a fresas. Miró a su alrededor y mientras ahogaba un bostezo, se percató de una masa de cabellos junto a su rostro y de que Hermione tampoco estaba en el lugar en el que le había dejado, la noche anterior.

Con cierto pánico miró hacia abajo y se llevó una mano a la boca, para no gemir.