28. La Orden del Fénix

La semana siguiente del ataque de Voldemort en Hogwarts fue totalmente caótica. Los padres iban a la escuela por sus hijos a diario para llevarlos a sus casas. Los exámenes fueron cancelados para todos menos para los de quinto y séptimo año, aunque fueron pospuestos dos días por ser los TIMOS y los ÉXTASIS, así se podrían aplicar más medidas de seguridad. Una vez que los de quinto y de séptimo terminaron sus exámenes, fueron enviados a casa.

Muy pocos sabían la verdadera razón por la cual Voldemort había atacado Hogwarts, y los pocos que sabían preferían no decir nada a nadie, aunque había unos rumores de que El Profeta estaba ofreciendo 50 galeones al que diera una historia de primera mano de lo que había sido la batalla. Afortunadamente, los pocos estudiantes que vendieron sus historias las exageraron. Como resultado, el ataque se hizo más grande de lo que ya era.

De alguna manera u otra Dumbledore se las arregló para mantener el nombre de Hermione lejos de los periódicos y su papel en la batalla fue guardado en secreto, aún cuando el Ministerio le dio medallas de valentía a James, Lily, Remus y a Sirius. Ambos Dumbledore y Hermione tenían miedo de que El Profeta investigara del pasado de Hermione y no podían arriesgarse a eso.

Peter Pettigrew fue nombrado rápidamente como sospechosos en el ataque. Desapareció cuando Voldemort y los Mortífagos se retiraron y todos supusieron que ahora era uno de ellos completamente, obligado a esconderse con ellos. Para Hermione, Lily y Merodeadores restantes fue una sorpresa ver que ningún otro Slytherin había sido acusado como sospechoso del ataque. Cada Slytherin que Hermione sabía que era un Mortífago, había sido encontrado en su sala común, aturdidos. Cuando los reanimaron explicaron que se habían rehusado a ayudar en el asalto y los habían atacado. Algunos de ellos hasta se quejaron de que el Cruciatus fuera aplicado en ellos, pero aún así no se unieron a Voldemort.

No había nada que ellos pudieran hacer para probar la culpa de los Slytherins. Pero ellos sabían la verdad y también importante, Dumbledore la sabía. La única cosa que la consolaba era que sabía que faltaba poco tiempo para que toda la comunidad mágica se enterara de la verdad.

Los tres restantes merodeadores, Lily y Hermione se quedaron en el colegio el fin de semana después de que todos se fueron para tener su primera junta de la Orden del Fénix. Las brujas y los magos que estaban en la junta eran viejos amigos de Dumbledore, personas en las que confiaba plenamente. Lo primero que tenían que hacer era reclutar más miembros.

-¿Qué hay de Marlene McKinnon?- preguntó Ojoloco Moody. –Es una gran bruja. Conocí a su padre, antes de que muriera. Es de confianza.

-¿Alguna objeción?- preguntó Dumbledore. Aunque él era el líder de la Orden, en los asuntos importantes le gustaba incluir los votos de los demás, un ejemplo de asunto importante era escoger a los nuevos integrantes. Cuando nadie levantó la mano para objetar, el nombre Marlene McKinnon fue agregado a la lista.

Hermione paseó su mirada por el cuarto. Sabía que estaba con algunos de los mejores magos y brujas de la época y no podía ayudar más que en sentirse pequeña e insignificante en su presencia. Esparcidos por todo el cuarto, algunos estaban parados y otros sentados. Hagrid estaba en una esquina, quien era demasiado grande como para sentarse en uno de los bancos de los estudiantes. Se veía serio, pero aún así gentil como Hermione lo recordaba. La profesora McGonagall estaba parada al lado derecho de él.

En la esquina opuesta a la puerta estaba Ojoloco Moody. Tenía su ojo mágico, pero no la pata de palo. No se veía severo como Hermione lo recordaba. A su lado estaba Elphias Doge, quien estaba usando un sombrero que se veía raro, al que Moody no dejaba de enviarle miradas sospechosas con su ojo bueno.

Algunas de las otras personas que asistían eran los papás de James, Gideon y Fabian Prewett, Dorcas Meadows, Benjy Fenwick, Caradoc Dearborn, Edgar Bones, Dedalus Diggle, Sturgis Podmore y Arabella Figg. Hermione sólo reconoció a algunos de ellos.

-¿Alguien más?- preguntó Dumbledore,

-¿Qué hay de Frank Longbottom?- preguntó James tímidamente. –Es unos años mayor que nosotros,- dijo indicando a Sirius, a Lily, a Remus y a Hermione, quienes estaban sentados cerca de él. –Era Premio Anual y Gryffindor.

-Y Alice también,- dijo Lily. –Se casaron hace seis meses.- Se sonrojó aunque no quería. Todos se sentían un poco inseguros en el grupo. Todos querían el respeto del grupo y no podían ayudar más que en querer haber tenido un poco más de años.

Dumbledore les sonrió, casi con afección, antes de voltear al grupo. -¿Alguna objeción?- preguntó de nuevo.

Nadie objetó en contra de los Longbottom así que fueron agregados a la lista. -¿Alguien más?- preguntó de nuevo.

-¿Qué hay de Arthur Weasley?- habló Gideon Prewett. –Está casado con mi hermana, Molly.

-No,- objetó Hermione de repente. Sus amigos la miraron con curiosidad y muy pronto se dio cuenta de que era el centro de atención de la Orden.

-¿Qué tiene de malo Arthur?- preguntó Gideon a la defensiva. –Espero que no estés insinuando que no es de confianza.

-No,- tartamudeó Hermione. –Claro que no.

-Gideon, déjala hablar, por favor,- dijo Dumbledore. –Todos tenemos el derecho a poner objeciones si tenemos. Hermione, ¿nos podrías decir por qué no estás de acuerdo?

Hermione se mordió el labio inferior. Mientras que tuviera algo que decir, los Weasley se debían de mantener lo más posiblemente alejados de la batalla. Tenía que proteger los nacimientos de Ron y de Ginny a toda costa. Pero no le podía decir eso a todos. Hizo unos cálculos rápidos en su cabeza. Era Junio de 1978. Eso significaba que Fred y George sólo tenían dos meses de nacidos. –Es sólo que la señora Weasley acaba de tener gemelos y tiene otros tres hijos. No creo que quieran tomar ese riesgo. Todos sus hijos son muy pequeños aún.

-No creo que podamos darnos el lujo de excluir personas si tienen hijos,- comentó Benjy Fenwick. –Creo que deberíamos de darles la opción a los Weasley.

-No,- dijo Hermione más firme esta vez. Cruzó los brazos a la altura de su pecho y alzó la mirada, intentando mirarse más valiente y firme de lo que se sentía. –No voy a apoyar la entrada de los Weasley a la Orden.- Miró al profesor Dumbledore, pidiendo internamente su apoyo con su mirada.

-¿Quién te crees que eres?- gruñó Fabian Prewett, el hermano de Gideon. –Sólo eres una niña.

-No es una niña,- dijo Remus, saltando a la defensa de Hermione. –Puede que seamos más jóvenes que ustedes pero seguimos siendo parte de la Orden. Hermione tiene sus razones para objetar y eso debería de ser suficiente.

-¿Por qué no dejamos esto a voto, Dumbledore?- habló Moody desde su rincón. Estaba mirando a Hermione intensamente.

-Estoy de acuerdo,- aprobó Dumbledore. –Todos los que se opongan a admitir a Arthur y a Molly Weasley en la Orden, por favor levanten la mano.- Hermione, Remus, Lily, Sirius y James alzaron la mano inmediatamente junto con Dumbledore. Cuando los otros miembros vieron el voto de Dumbledore, muchos de ellos también la alzaron incluyendo a Hagrid, a la profesora McGonagall y a Moody. Ellos confiaban en Dumbledore y éste en Hermione y eso era suficiente para ellos. –Todos los que estén a favor,- continuó Dumbledore. Algunos miembros alzaron sus manos, pero estaban muy por debajo en número de los otros.

-Okey,- terminó Dumbledore. –Eso es todo.- Gideon y Fabian Prewett intercambiaron unas palabras, pero no discutieron el consenso. –Creo que deberíamos de dar todo por terminado por hoy,- continuó Dumbledore. –Alastor, por favor has los arreglos y contacta a los magos y brujas de nuestras lista. La siguiente junta será de hoy en ocho. Gracias a todos por venir.

Hermione se esperó hasta que todos hubieran salido para hablar con Dumbledore. –Gracias por apoyarme, profesor,- dijo quedamente.

-Hermione,- dijo un poco preocupado. -¿Necesitamos estar al pendiente de Arthur Weasley o de su esposa?

-Ah, no,- corrigió Hermione rápidamente. –El señor y la señora Weasley morirían antes que unirse a Voldemort.- Dumbledore se vio aliviado y no preguntó nada más pero Hermione sintió la necesidad de continuar. –Ambos son muy importantes para mí,- dijo ella. –Sí, los conozco, o mejor dicho los conoceré o los conocía. Sólo que ya no puedo con las tensiones.

-Todo está bien, querida,- dijo Dumbledore compasivamente.

-Créame, profesor. No se supone que estén en la Orden, no ahora. No estoy intentando cambiar nada en cuanto a ellos. Estoy intentando dejar las cosas tal y como eran… o serán. No pertenecen a la Orden.

-Eso es suficiente para mí,- dijo Dumbledore. –Y no te preocupes sobre Gideon y Fabian. Son buenos hombres, pero demasiado protectores con la familia.

-Tenemos eso en común entonces,- dijo Hermione con una sonrisa.

Dumbledore asintió. –Al parecer. Ahora, ¿por qué no alcanzas a tus amigos? Los Potter deben de estar listos para irse temprano.

Hermione sonrió. Los cinco se estarían quedando en casa de los Potter por algunos días antes de regresar a casa. Dumbledore todavía necesitaba tiempo para poner guardias en las casas de Remus y de Lily por si Voldemort planeaba algo. La casa de los Potter ya era una de las más seguras en todo el mundo mágico. La protección de esta casa competía con la de los Black.

Hermione se estaría quedando con los Potter y estaba muy agradecida. También estaba un poco decepcionada. Remus no había mencionada nada acerca de ella quedándose en su casa, aunque sabía que su repentina huida en la madrugada de la casa había sido algo extraña. Pero no se habían separado por nueve meses seguidos y ella no veía el momento de su separación.

Alcanzó a todos en el Gran Comedor. Sus baúles ya habían sido empacados y enviados a casa de los Potter. Iban a tomar un traslador porque Dumbledore no quería que viajaran.

-Ahí estás,- dijo Remus, con un alivio muy obvio en su voz. –Casi te pierdes el traslador.

-Lo siento,- dijo Hermione rápidamente. Ella y Remus acomodaron sus brazos alrededor de la cintura del otro y se amontonaron junto con los otros alrededor del traslador. Casi en ese instante, sintieron el jalón familiar en sus ombligos y un segundo después estaban en la sala de los Potter.

La mamá de James suspiró. –Me alegra que estén en casa sanos y salvos. Fue todo lo que pude hacer porque no me los podía traer la semana pasada.

-Estamos bien, mamá,- dijo James avanzando hacia ella y dándole un beso en la mejilla.

-Exacto,- dijo Sirius dándole también un beso en la otra mejilla.

Ella sonrió y los hizo para atrás a ambos. –Pequeños encantadores,- se rió de manera agradable. –Sean útiles y lleven las maletas de todos arriba, tú también, Remus. Pongan las maletas de las chicas en el cuarto de Sirius y ustedes compartirán el cuarto de James. Lily, Hermione, vengan conmigo a la cocina y ayúdenme a cocinar,- ordenó. Todos se movieron inmediatamente para obedecerla.

En media hora todos estaban sentados en el comedor de los Potter almorzando y discutiendo sus planes de verano. James y Sirius se irían a su entrenamiento de aurores en menos de dos meses. Lily tenía un trabajo en el Ministerio que empezaría la próxima semana y Hermione estaría yendo y viniendo a Hogwarts. Dumbledore le había ofrecido un puesto como asistente de maestro. Era un espejo de su verdadero trabajo. Hermione estaría dividiendo su trabajo entre ayudar al profesor y a la Orden. Remus no había sido muy comunicativo en cuanto a su futuro. Cuando mucho diría que había encontrado un trabajo cerca en el pueblo cercano a su casa y empezaría el siguiente día.

Después del almuerzo, los cinco amigos decidieron ir a caminar, aunque la señora Potter les hizo prometer que se quedarían en los terrenos Potter. Todos estaban muy emocionados por empezar la siguiente parte de sus vidas, pero al mismo tiempo aprensivos.

-Desearía que no te tuvieras que ir tan pronto,- dijo Hermione haciendo pucheros. Habían parado y estaban sentados a la sombra de un árbol particularmente grande y ella y Remus se estaban estrechando.

-Lo sé,- le contestó, besándole la frente. –Pero es un buen trabajo y no puedo dejar pasar esta oportunidad.

-No creo que sea justo que ustedes tres tengan unas últimas vacaciones de verano mientras que Remus y yo tenemos que trabajar,- dijo Lily.

-Yo no tendré vacaciones,- dijo Hermione. –Dumbledore quiere que vuelva a Hogwarts la próxima semana.

-Sí, pero tú vas a estar trabajando para la Orden, vas a ser útil en la causa,- dijo Lily. –Y vas a poder regresar aquí cada noche.

Hermione no podía discutir eso.

-Tú también podrías volver aquí cada noche, ¿sabes?- le recordó James. Lily y James también estaban prácticamente entrelazados, Lily estaba prácticamente sentada en las piernas de James y muy cerca el uno del otro.

-No creo que a ninguno de nuestros padres le agrade ese acuerdo,- dijo Lily. –Además, voy a tener mi propio departamento. No quiero hacer el recorrido hasta Londres todos los días. Y de ninguna manera podría soportar vivir con Petunia y oír todos sus horribles comentarios mínimo cada noche.

-¿Tu propio departamento?- dijo James felizmente. –Bueno, puedo decir que me agrada ese acuerdo.- Le dio un beso en el cuello a Lily y ella le dio un golpe juguetón. Sirius, Remus y Lily se rieron.

-¿Qué hay de ti, Sirius?- dijo Hermione. -¿Qué vas a hacer estos dos meses antes de que los entrenamientos para auror empiecen?

-De hecho,- dijo, pasándose la mano por la nuca incómodo. –Voy a firmar la renta de un departamento para mí esta semana.

James le echó una mirada acusadora a Sirius. -¿Qué?

-Sí, te lo iba a decir después.

-¿Por qué te vas a conseguir un lugar para ti?- dijo James. –Ya tienes un hogar aquí.

-James, no puedo abusar de tus papás y vivir aquí para siempre. No soy su responsabilidad.

-No les importa,- discutió James. –Creo que a veces les agrada más tenerte alrededor a ti que a mí.

-Aún así,- dijo Sirius. –Es tiempo de que me haga responsable de mí mismo.- James cruzó sus brazos enojado. –No te enojes, James,- dijo Sirius.

-No estoy enojado,- negó James, pero todos podían ver que lo estaba. Un silencio cayó sobre el grupo.

Después de un rato, Remus se paró y jaló a Hermione para que hiciera lo mismo. –Hermione y yo vamos a caminar un rato solos,- anunció. Hermione lo siguió, arrojando una sonrisa pícara a los otros. Caminaron lo suficientemente lejos para quedar fuera de la vista de sus amigos antes de que Remus jalara a Hermione hacia él y la besara apasionadamente. Ella se separó un rato después, ambos respirando pesadamente.

De alguna manera se las arreglaron para llegar a un árbol que tenía el tronco ancho. Remus presionó a Hermione contra éste y ella estaba encantada, porque sabía que necesitaba ese apoyo extra para salir adelante. Su fuerte y exigente beso había sido reemplazado por gentiles y dulces besos, pero pronto estuvieron cansados de las caricias leves y cada uno exigía más del otro.

Las manos de Remus estaban por todos lados y pronto Hermione las sintió trabajando debajo de su blusa. –Tu piel es tan suave,- murmuró él. Ella jadeó cuando la palma de él se acomodó sobre su pecho cubierto. Él retiró su mano rápidamente, apenado. –Lo siento,- le dijo con suavidad.

Hermione se rió ligeramente. –No, lo siento yo. Es que me sorprendiste.- Remus se había puesto algo rosa. –Está bien,- le reaseguró ella. –Se siente bien.- Ella lo volvió a jalar y lo comenzó a besar de nuevo. Con un poco de aliento, sus manos encontraron su camino de regreso al lugar deseado. En algún lugar perdido de su mente, Hermione pensaba dónde Remus había aprendido a tocarla de tal manera que quería hacerla olvidar que estaban afuera.

-Tenemos que parar,- dijo ella después de un rato. –Los otros van a empezar a preguntarse dónde estamos.

En contra de su voluntad, Remus se alejó un poco, pero seguían muy pegados. –Cada vez es más difícil parar,- comentó él.

Hermione asintió. –Lo sé,- acordó. –Me gustaría tener un tiempo realmente solos antes de que te fueras.

-A mí también,- dijo él arrepintiéndose por tener que irse tan pronto.

-¿Podrías esperar?- preguntó Hermione, repentinamente dudosa.

Remus tomó ambas manos de Hermione con las suyas y besó las de ella. –Claro, ya hemos esperado mucho, ¿no?

Ella asintió, sintiéndose aliviada. –Puede que pase mucho tiempo para que nos veamos,- dijo ella miserablemente.

-Voy a venir a visitarte tan seguido como pueda,- prometió él.

-Lo sé,- dijo ella, pero eso no la hacía sentirse mejor.

-Vamos,- urgió Remus, jalándola. –Encontremos a los chicos.- Cuando alcanzaron a los otros, James, Lily y Sirius les lanzaron unos guiños de complicidad. Hermione sólo se podía imaginar la forma en la que se veían. También se dio cuenta de que no le importaba.

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Chachan!! Jojo psss ahí termina este cap, que espero que les haya gustado, les deseo un muy feliz año nuevo, jaja de nuevo, lleno de felicidad y en fin, siento que subí muy rápido, pero siento mucho decirles que aunque me esforzare, ya voy a salir de vacaciones y entraré a exámenes semestrales ): pero aún así que se la pasen bien (: cuídense muchoo !!

Caro :D