¡Aloha! ¡Se me secaron los sesos en este capítulo! Va a estar aburrido de seguro, ¡gomenasai!


Capítulo 28: Un día diferente.

Había amanecido, ni siquiera se notaba por las grandes nubes grises que cubrían el sol, estaba lloviendo por supuesto.

Cymbeline había despertado por una pesadilla y decidió ir a caminar sin importar que estuviera lloviendo. Se levantó con cuidado para no despertar a nadie y salió de la habitación, el tío Kei también estaba dormido y decidió no despertarlo.

Salió de la casa y notó que la lluvia estaba muy leve, así que se fue, seguía muy confundida…ahora ella era la que estaba sufriendo…no sabía que hacer, no sabía lo que sus sentimientos le indicaban…ella, al igual que Brago, tenía un gran orgullo y no dejaría que unas "estúpidas" emociones interfirieran en su batalla.

-¡Ah! ¡¿Por qué tú, Adrián…? ¡Te odio! –expresó la castaña sin saber lo que realmente quería decir.

La lluvia se estaba poniendo más intensa y empezó a granizar.

-Ah, genial, no puede ser mejor, odio la lluvia, odio todo esto.

(Odio, odio, odio, ¿qué es en lo único que está pensando y sintiendo Cymbeline?, ay, lo siento, no vuelvo a interferir, es que quería hacer ese comentario, continuamos…)

Cymbeline se sentó debajo de un pequeño local donde una lona la cubría de la lluvia, ella estaba mojada y estaba empezando a hacer aire frío, pero no le importó mucho, lo que sí estaba segura era que no iba a estar recibiendo pequeñas bolas de hielo en la cabeza. Cruzó los brazos, los colocó sobre sus piernas y agachó la cabeza. Estaba totalmente devastada.

Mientras en la casa del tío Kei…

Arashi estaba a punto de despertar, aunque se volvió a sumergir en el sueño y fue cuando Adrián despertó, vio que Cymbeline no estaba en la habitación y bajó, pero no la encontró, buscó por toda la casa pero tampoco la encontró y fue a pedirle ayuda a su mamodo.

-Arashi, despierta –el oji-azul la movió ligeramente.

La mamodo abrió medianamente los ojos.

-¿Adrián? –preguntó confundida porque no lo veía muy bien, pues estaba dormida.

-Sí, sí, ayúdame, no encuentro a Cymbeline por ningún lado.

-Ah…ha de estar abajo –respondió colocándose una almohada encima de la cabeza.

-No, ya la busqué y no está.

-Ah…al rato regresará, déjame dormir.

Brago ya había despertado por tanto ruido.

-Ah no, eso sí que no, siempre me despertabas, ahora es mi turno –le dijo el chico.

Adrián jaló la sábana en la que estaba Arashi con todas sus fuerzas tirándola al piso.

-¡AAH! ¡¿QUÉ HACES TARADO?

-Mmm…genial…otra que me dice tarado.

-Es que eres un tarado –interfirió el mamodo oscuro.

-Ay…otro que está igual, dime ¿alguien te preguntó algo? –respondió Adrián bruscamente.

-En primer lugar me despertaste idiota –aclaró Brago.

-Ay, perdóneme don señor delicado, por si no sabías, tu lectora del libro anda perdida y si le pasa algo, tú ya no vas a ser el rey.

-Y para su información, don señor sin cerebro, si Cymbeline estuviera en peligro, yo ya lo sabría, y no está tan lejos de aquí, ya deja de dar lata.

-¡Entonces por lo menos dime dónde está!

-Ah…estás tan estúpido que no sabrías llegar hasta allá.

-Entonces llévame –le demandó el muchacho.

-Ah, quiero que me maten.

-¡Ah, llévalo y ya para que yo pueda dormir! –gritó Arashi desesperada.

-Ah…ya que.

Brago los llevó hasta donde estaba Cymbeline, los 3 estaban cubiertos por pequeños granizos.

-¡Señorita! ¡¿Qué es lo que le pasa? Salir sin permiso y sin avisar antes a nadie –exclamó Adrián molesto.

Cymbeline estaba impactada y se comenzó a molestar.

-En primer lugar, yo puedo salir a donde quiera, en segundo, yo no tengo por qué decirle a nadie a dónde voy si no quiero y en tercero, ¡tú no eres mi padre!

-¡AH! ¡Ya empezaste! ¡Ves, nunca se puede hablar contigo!

-Otra cosa, ¡tú no tenías por qué venir a buscarme! –le especificó ella.

-¡Pues yo que sabía si estabas bien o no!

-¡Estoy perfectamente bien, como podrás notar!

-Pues estás toda mojada y luego te vas a enfermar.

-Mira quién lo dice, por lo menos yo no traigo hielos en la cabeza.

-¡Ah, ya deja de discutir y vámonos!

-¿Y por qué debería de hacerte caso? Estás igual o peor que mi padre y como no lo eres, ¡no te tengo que obedecer!

-¿Sabes lo que estás diciendo? ¡Tú padre ni siquiera está aquí! –el oji-azul se exasperó.

-¡Sí, lo sé perfectamente y si quieres te lo vuelo a repetir, ya que al parecer tu cerebro del tamaño de un cacahuate no captó! ¡TÚ NO ERES MI PADRE Y NO ME VAS A DECIR QUE HACER! –lo resaltó ella.

-¡¿A quién le dices cerebro de cacahuate?

-¡Yo dije cerebro del tamaño de un cacahuate, aunque te queda mejor lo que acabas de decir, porque cuando te comes un cacahuate, la cáscara queda vacía, como tu cabeza hueca!

-¡Ya basta! …cabeza de cacahuate…eso que…¡y no me digas que tú eres perfecta!

-¡Por lo menos no estoy haciendo idioteces todo el maldito día!

Brago y Arashi sólo se quedaron parados observándolos pelear.

-Y se quejaban de que nosotros éramos los que peleábamos. Cymbeline está peor que tú y yo juntos, al igual que Adrián –murmuró la peli-rosa.

-Tsh –Brago sólo los miraba.

-¡A ver, ya basta ustedes dos!

-No lograrás nada así.

-¿Alguna otra idea? –preguntó la mamodo.

-Seh…

Brago se acercó y tomó a Cymbeline y Adrián de la cabeza y los estrelló el uno contra dándoles un fuerte golpe.

-Ay…que forma de arreglar los problemas… -comentó Arashi.

-¡¿QUÉ ES LO QUE TE PASA? ¡¿NO VES QUE ESTOY EN UNA DISCUSIÓN? –le gritó la guardiana del libro negó.

-¡Y ahora es por eso que ustedes nos tienen hartos! –contestó su mamodo.

Brago se fue y Arashi lo siguió. Cymbeline se puso de pie y se fue muy enojada, al igual que Adrián detrás de ella.

Llegaron de nuevo a la casa del tío Kei, donde éste seguía dormido.

-¿Quieres entrenar? –preguntó la castaña al mamodo oscuro.

-¿Y qué no te molesta el clima? –preguntó él.

-No, sirve que me concentro mejor.

-De acuerdo.

-Mhm…sólo entrenas con él ¿verdad? ¿Te da miedo pelear conmigo? –la retó Adrián.

-Sí, estoy temblando del miedo, del miedo que me metan a la cárcel por homicidio de un menor –contestó Cymbeline con burla.

-Te apuesto que no eres lo suficientemente valiente para pelear contra mí.

-Ok, es un reto, Brago, ¿me esperas en lo que le doy una paliza a este tipo?

-Yo quiero ver esto –murmuró el mamodo.

-Arashi ve preparando todo lo que necesites de primeros auxilios –le recomendó la castaña.

-Ah…voy por ellos UU

-Empecemos –dijo Adrián.

-¡Adrián! ¡¿En qué te acabas de meter? Por favor Cymbeline, no lo mates, quiero conservar a mi compañero –la peli-rosa se lamentaba.

-Ya veremos si lo hago o no –contestó la oji-verde.

-T.T

Los 4 subieron al techo de la casa, donde todavía estaba granizando.

-Auch, oye, ¿qué tal si esperamos a que deje de caer hielo? –sugirió el muchacho.

-Ay…¿el niñito está asustado? Pobrecito, no es tan fuerte, ni siquiera puede soportar unos cubitos de hielo…ayy –respondió la castaña en tono infantil.

-Ok. Tú lo pediste.

-Adelante, pues.

-Aquí vamos.

-Ah, ya déjate de tanta habladuría, vas a "tratar" de golpearme, ¿sí o no?

Adrián se acercó a Cymbeline, pero como sabemos…él es un tarado, ejem, no tiene mucha experiencia en batalla. Le iba a dar un golpe con el brazo, pero Cymbeline le detuvo el puño con la mano.

-¿Qué? –murmuró el chico sorprendido.

Cymbeline sonrió de lado.

-Bye, bye Adrián.

Cymbeline tomó el brazo del chico con su otra mano, lo levantó y lo arrojó al suelo con todas sus fuerzas.

-Ahh…no puede ser –Arashi se tapó los ojos.

-Mhm…esto es aburrido –dijo Brago.

Y así estaba sucediendo, Cymbeline le estaba dando una paliza a Adrián.

-Ya te cansaste…ya date por vencido –le dijo la castaña.

-No, no lo haré.

-Como quieras.

Adrián le iba a dar una patada a Cymbeline, pero ella nuevamente la detuvo con su mano, Adrián estaba impactado…y era cierto…tanto entrenamiento con Brago ya había dado sus resultados. Cymbeline le dobló un poco la pierna y le dio un golpe duro en la cara, haciendo que sangrara de la nariz.

-Ya, Adrián, por favor –le rogó su compañera.

-No, Arashi.

-Ay, por favor, esto se acabó desde que inició, no quiero perder mi tiempo contigo –dijo Cymbeline caminando y alejándose un poco de Adrián,

Adrián se estaba molestando, estaba en el piso, boca arriba y cuando Cymbeline pasó, le metió el pie e hizo que cayera al suelo, lo que le ocasionó un pequeño raspón en el brazo.

-Vaya, no todo lo puedes esquivar –contestó el oji-azul.

A Cymbeline le empezó a dar un ataque de ira…y ¿qué era lo que iba a hacer? Así es, desquitar su enojo en Adrián.

-No debiste hacer eso –murmuró la castaña.

Adrián se puso de pie.

-¿Por qué? –preguntó él.

-Por esto…

Cymbeline le dio un golpe en la barbilla y una patada que lo mandó al suelo inconsciente.

-Listo, para que no me vuelva a hacer enojar –la oji-verde se fue rápidamente.

-Hmp –Brago sólo la siguió.

-T.T Ay no –se lamentaba la peli-rosa.

Arashi llevó a Adrián, todavía inconsciente a una habitación donde lo vendó, lo curó y etc. etc.

Después de unas horas, Adrián volvió de nuevo al mundo…donde le dolía todo.

-¿Arashi? –preguntó el chico adolorido.

-Ay, por fin despertaste.

-¿Qué pasó? ¿Le gané a Cymbeline?

-¡Que si le ganaste! ¡Aa! ¡Yo te lo advertí, te dio una golpiza como nunca había visto hacer a un humano!

-Ah…que bien…¬¬. Todo esto fue por eso…

-¿Qué cosa fue por cuál otra? –inquirió la mamodo.

-Pienso que ella no estaría tan molesta si nunca hubiera sabido tú ya sabes qué. Además también como que empecé a actuar un poco diferente de lo normal por el hecho de querer olvidar ese suceso.

-Sí, en eso tienes mucha razón y fue por eso que Cymbeline se molestó contigo, por tu comportamiento, ¿por qué no le hiciste caso a Brago?

-¿Hacerle caso en qué?

-Recuerda que él dijo que Cymbeline se encontraba bien, si salió sin decirle a nadie fue porque quería estar sola y hay vas tú de menso a ver dónde estaba –respondió Arashi.

-Pues quería saber si estaba bien, es que, como que no le creí mucho a Brago.

-Él es el mamodo de Cymbeline, él sabe si algo malo está ocurriendo.

-Está bien, lo siento, para la próxima le voy a prestar más atención.

-Pues ojalá, porque si sigues así, Cymbeline te va a matar, o como ella, y yo habíamos dicho antes, se va a convertir en tu homicida.

-¡Ya lo sé! –le reclamó el oji-azul.


Aquí termina el capítulo, ya lo sé, ya lo sé, no me lo tienen que decir, estuvo aburrido…es que como dije antes…se me secó la imaginación, zaz nos vemos en el siguiente.

¡Sayonara!