¡Por fin vuelvo a ser puntual! ¡Bien!
He vuelto a recuperar mi adorada libertad (adiós exámenes!), lo cual significa más tiempo libre para escribir!
Hoy mis agradecimientos especiales son para: betzacosta, KENSACHAN-de , barbiiie, NemesisAg, Serena Princesita Hale, yoa89, luna-maga, Hatake Nabiki, Nix Zadhara, Sabaana, pEqUe, Maruuchiss, Rebeca, Shane Karvahal, Seleniita Black de Malfoy y Aglaia Callia. ¡Os adoro de veras mis niñas!
También mil gracias a aquellos que leen entre las sombras y a los que me agregaron a alertas, favoritos y demás.
Creo que no tengo nada más que añadir solo que disfruten del capítulo que está recién salidito del horno.
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Disclaimer: Todo lo que podáis reconocer pertenece a J.K.
Se despertó con la respiración de Draco contra su cuello. Intentó moverse pero sus brazos la tenían fuertemente sujeta por la cintura. Los recuerdos de la noche anterior llegaron hasta ella no pudiendo evitar que un leve sonrojo cubriera sus mejillas.
Después de que Draco le hubiese dicho que la quería, Hermione no pudo evitar que cada centímetro de su piel reclamara por entrar en contacto con el cuerpo de él. Lo besó con fuerza y con intensidad, saboreando sus labios. Él no se quedaba nada atrás, le respondía de igual forma mientras la sujetaba por la cintura, clavándole los dedos en aquella zona de su cuerpo, queriendo sentirla lo máximo posible.
Pronto sus ropas empezaron a ser prescindibles y en unos instantes solo su ropa interior los separaba de un contacto más directo.
Cegado por la pasión y el deseo, Draco alzó a Hermione por el trasero e inmediatamente ella enroscó sus piernas alrededor de su cintura permitiéndole al chico dejar de sostenerla con una de sus manos y poder permitirse acariciar una de sus piernas en toda su extensión.
Con pasos tambaleantes llegó hasta la cama y la depositó en ella quedando él encima. Hermione estaba enfebrecida regalándole un beso lleno de pasión y de ansias al chico pero entonces decidió abandonar esa zona y continuó los besos por su mandíbula y mentón hasta llegar a su cuello donde succionó levemente, arrancándole un gemido ronco a Draco.
Él tampoco quiso quedarse atrás.
Sus manos recorrían el cuerpo de la chica por completo, desde sus esbeltos hombros salpicados de pequeñas pecas, hasta sus contorneadas y suaves piernas. Todo su cuerpo lo volvía completamente loco, su textura, su forma, y el que ella lo besara de aquella manera no lo ayudaba demasiado a mantener el control.
El también decidió explorar con su boca otras partes de su cuerpo. Bajo por su cuello hasta sus hombros, llenó de besos el espacio entre sus pechos y descendió por su vientre hasta su cintura. A medida que descendía podía sentir como Hermione crispaba sus dedos sobre su pelo mientras se mordía el labio queriendo reprimir el gemido que pugnaba por salir de su garganta.
Deshizo el camino de besos de igual forma hasta volver a atrapar sus labios con los suyos. Estaba seguro de que jamás se cansaría de besarla. Ella mientras acariciaba su espalda y sus pectorales con verdadera lentitud y suavidad que enardecía aún más al rubio.
La atrajo hacia él y de un rápido movimiento desprendió a la chica de su ropa interior superior dejando sus pechos a su merced. Los besó, los succionó, los mordió con suavidad, mientras oía como leves suspiros salín de los labios de la chica. Aquel sonido era el mayor afrodisíaco que existía para él.
No llevó demasiado tiempo en que sus cuerpos exigían algo más que caricias y besos por lo que entre ambos se deshicieron de la última barrera que los separaba.
Y acabaron hundiéndose el uno en el otro.
Aquella sensación de sentirlo dentro de ella, era algo completamente indescriptible para Hermione, que se sentía completamente colmada y satisfecha. Ya no solo en el plano físico sino también en el sentimental.
Draco comenzó un suave vaivén en el que cada embestida iba siendo poco a poco más fuerte y profunda que la anterior consiguiendo que Hermione encorvara su espalda levemente hacia atrás mientras él hundía su rostro en su cuello.
Cuando Hermione alcanzó el punto máximo de clímax, Draco la aferró aún con más fuerza queriendo absorber cada uno de sus movimientos. No fue hasta que sintió que ella se relajaba cuando se permitió llegar hasta su propio orgasmo con un gemido ronco y grave.
Intentó apartarse pero Hermione lo sujetó con fuerza impidiendo que se quitara de encima de ella.
-Me gusta estar así – murmuró la chica con los ojos entre cerrados.
Draco la besó levemente en el cuello y se acomodó sobre ella, sintiendo la suavidad de su piel bajo su cuerpo. Poco tiempo después ambos cayeron en brazos de Morfeo.
Hasta ahora.
Recordar los instantes de la noche no la hacían sonrojar sino también sentir un furioso sentimiento que parecía demasiado intenso como para ser real. Se giró como pudo entre sus brazos hasta quedar frente a él y no pudo evitar que una tímida sonrisa apareciera en sus labios cuando lo vio dormir tan plácidamente con su cabello rubio desperdigado de forma desordenada sobre sus ojos.
Con suavidad alzó una de sus manos y le peinó el pelo hacia atrás causando que Draco se removiera y acabara por despertar. Al contrario de lo que hubiese hecho Hermione en la misma situación, él, lejos de sonrojarse, sonrió de medio lado con ese aire arrogante tan propio de él.
-No has podido evitar observarme, ¿verdad? – le dijo tras un breve beso en los labios – Te comprendo, soy irresistible hasta dormido.
Hermione frunció el ceño contrariada por tal afirmación.
-E igual de arrogante y prepotente.
-Gracias – dijo sin dejar de sonreír.
Hermione rodó los ojos y se dispuso a abandonar la cama pero cuando se había girado él la sujetó y la pegó a él para poder besarla en el hombro y en el cuello. Una vez que consiguió su cometido la dejó abandonar la cama.
Hermione se vistió bastante apurada y de espaldas a Draco, completamente avergonzada de que Draco la viera desnuda. Era una estupidez puesto que ya la había visto pero no podía evitarlo. En cambio él se paseó por la habitación recogiendo su ropa sin ningún tipo de pudor, es más, podría afirmar que disfrutaba exhibiéndose.
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Después del ajetreo del día anterior, tanto Harry como Ron no hicieron acto de presencia hasta bien avanzada la mañana por lo que Hermione y Draco pudieron desayunar a solas y pasaron buena parte de la mañana juntos sin tener que soportar las miradas asesinas del pelirrojo.
Pero después del almuerzo la paz de la mansión se vio turbada por la llegada de los gemelos.
-Veníamos a ver como estabais – dijo Fred.
-Sí, sobretodo Hermione. ¿Dónde está? – le siguió George.
-¿Hermione? ¿Qué pasa con ella? – preguntó suspicaz Ron.
No es que fuera muy avispado pero después de tantos años de práctica había aprendido a leer las dobles intenciones de aquellos dos.
-Nada que a ti pueda interesarte hermanito – le respondió George – Son temas…
-…personales. No creo que os interese.
Y sin dar ningún tipo de explicación más giraron sobre sus talones y salieron de la estancia dejando a Harry y a Ron enviándose miradas extrañadas.
Encontraron a la chica en la biblioteca, a solas, mejor. Así no tendrían que entretenerse en echar a Malfoy de allí.
-Hola chicos – los saludó ella - ¿Cómo ustedes por aquí tan pronto?
-Queríamos hablar contigo.
-¿Sobre qué? – dijo ella distraída mientras volvía a su lugar el libro que había cogido.
-Ayer vimos algo extraño…
-…y queríamos que tú nos lo aclararas.
Hermione les dirigió una mirada desconcertada puesto que no sabía a qué podía referirse aquellos dos pero cuando se cruzó con aquellas miradas supo que lo que habían ido a decirle no era algo bueno.
-¿De qué habláis?
-Te vimos salir corriendo de la zona de la lucha – le habló Fred con un tono serio muy impropio de él – Y nos pareció que seguías a un mortífago.
-Y nosotros nos preguntamos, ¿por qué Hermione tendría interés en seguir a un mortífago? – acabó de decir su gemelo.
Hermione sintió como el corazón se le atoraba en la garganta. Aquellos dos no podían saber nada de la existencia de aquel pacto con Nott.
-El mismo que podríais tener vosotros, acabar con él – respondió ella queriendo parecer segura de sí misma.
-Eso es lo que pensamos nosotros en un primer momento…
-…pero había algo que no encajaba Hermione.
-¿Y qué se supone que es eso que no encaja?
-El que ambos volvieran a aparecer juntos para luego tomar caminos diferentes con total normalidad.
No hizo falta que Hermione dijera palabra porque la mueca de sorpresa que adquirió su rostro habló por ella. Su boca se abrió ligeramente sin tener idea de que decir. Los gemelos se dirigieron una mirada que a todas luces indicaba que se esperaban esa reacción por parte de la chica.
-¿Qué te traes entre manos con gente como esa? – le preguntó George.
-Chicos no es lo que creéis.
-Nosotros no creemos nada Hermione, esperamos a que tú nos expliques que es lo que ocurre.
Hermione suspiró.
No esperaba tener que darle explicaciones a nadie sobre lo relacionado con Nott. ¿Cómo pudo ser tan poco cuidadosa de no tener en cuenta que cualquiera pudo haberla visto desaparecer siguiendo a un mortífago?
-Lo único que puedo contaros es que ese mortífago no es uno cualquiera, él es el que me salvó de Zabini el día que me secuestró y también es el que me contó lo del ataque de Hogwarts.
-¿Quién es? – preguntó ahora Fred con cierta curiosidad en su voz abandonando el tono serio.
-Eso no os lo puedo decir.
-¿Y cómo puedes confiar en él? – fue el turno de preguntar de George.
-Me salvó la vida aquel día. Además, conozco sus motivos y estoy segura de que no es una estratagema.
Los gemelos se miraron sin parecer del todo satisfechos con las explicaciones de su amiga.
-Fred, George – los llamó para captar su atención – Confiad en mí ¿de acuerdo? Harry, Ron y Draco también lo saben y también confían en él.
Ambos volvieron a mirarse, parecía que se comunicaban telepáticamente.
-Por favor chicos, no le digáis esto a nadie – les pidió.
George rodeó los hombros de la chica con su brazo y la acercó a él.
-Pequeña Granger, ¿desde cuándo nosotros somos de ese tipo de gente? – le habló con el tono bromista de nuevo en su voz.
-Es insultante que pienses que somos unos bocazas – le siguió su hermano.
-¿Entonces no diréis nada de esto? – volvió a preguntar Hermione no del todo convencida.
-Con todo lo sabelotodo que eres ¿cómo puedes seguir dudando de ello?
La chica sonrió aliviada.
-Gracias.
-No nos las des – le dijo Fred con una sonrisa que no podía augurar nada bueno.
-Ya te lo cobraremos en algún momento – continuó George con la misma sonrisa que su gemelo.
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La tarde la pasaron todos juntos en las cocinas de la Mansión Black. Los gemelos decidieron quedarse a pasar un rato con ellos lo que les sirvió para desconectar un poco de toda la guerra y pasar un rato agradable. Por suerte los gemelos no sacaron el tema de su nuevo descubrimiento.
Todos estaban muy contentos con la visita de ellos dos menos Draco, el cuál decidió dejar de lado la feliz reunión y se escabulló hacia su habitación donde tuvo tiempo para meditar sobre todo lo que se avecinaba.
El ataque a Hogwarts ya era un hecho, y el que iba a ser la última batalla también. En otras circunstancias le hubiese dado igual, mientras que el tuviera su culo a salvo lo único que podría preocuparle era que Potter consiguiera destruir a Voldemort y así poder vivir en paz.
Pero las cosas eran diferentes.
Sin preverlo y mucho menos imaginarlo, Hermione pasó a formar parte imprescindible de su vida. Y ahora lo que más temía era si ambos conseguirían salir vivos de aquella batalla, sobretodo temía por ella.
Muy pocas cosas estaban a su favor, hija de muggles, mejor amiga de Harry Potter, miembro de la Orden, Zabini… Solo de pensar en él una rabia antes desconocida para él lo recorría de pies a cabeza. Aquel desgraciado iría a por Hermione, eso no le cabía ninguna duda. En la lucha en el Ministerio oyó como le gritaba a la chica que iría a por ella y estaba completamente seguro de que eso sucedería.
La suerte estaba echada, ya solo quedaba esperar.
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-¿Por qué tenían esos dos tanto interés en hablar contigo? – oyó que le preguntaba Ron a sus espaldas.
Ya habían terminado de cenar y Hermione se encontraba lavando los platos. Los tres chicos estaban a su espalda y pudo sentir automáticamente la mirada de Draco clavada en ella cuando el pelirrojo pronunció aquellas palabras.
-Fred y George me vieron seguir a Nott el otro día en el Ministerio – explicó rápidamente sin volverse hacia ellos.
-¿Qué? ¿Y tú que les has dicho? – preguntó Harry.
- Les he contado solo lo necesario – dijo terminando con su tarea y volviéndose hacia ellos – Que nos ha ayudado durante este tiempo pero no saben que es Nott. Simplemente se van a limitar en confiar en nuestro juicio y no van a contarle nada a nadie.
-¿En serio has conseguido que se traguen todo eso y que no digan nada? – se sorprendió Ron.
-Me han dicho que no me preocupe, que no contaran nada. Pero que más adelante ya me cobraran su silencio – Hermione sonrió levemente al recordar la actuación de los dos pelirrojos.
-Pobre de ti – se compadeció Ron – Esos dos pueden salir por donde menos te los esperes, ya veremos de que forman te cobran su silencio.
Entonces Hermione recordó la conversación con Nott del día anterior y recordó que no le había dicho nada ni a Harry ni a Ron.
-Chicos – los llamó – Debo contaros algo.
Les resumió su conversación con el mortífago sin omitir la parte en la que le decía que dejara de actuar como doble espía.
La reacción de Ron fue bastante similar a la de Draco, no entendía como Hermione podía haber eliminado la única posibilidad de poder conseguir información extra de primera mano.
En cambio Harry clavó su mirada en la de su amiga sin apenas alterarse.
-Yo hubiese hecho lo mismo en tu lugar – sus palabras dejaron a Ron tan sorprendido que se olvidó de seguir soltando improperios – Nott ya se está arriesgando demasiado, además de arriesgar la vida de Parkinson.
Hermione le sonrió agradecida, menos mal que Harry era casi tan sensato como ella y sus puntos de vista eran bastantes similares.
Aquel detalle no le pasó desapercibido a Draco que pasó su mirada desde Hermione a Harry y vio, muy a su pesar, la mirada cómplice que se dirigían. Sabía que eran amigos, los mejores, pero eso no impedía que en momentos como ese se sintiera completamente fuera de lugar. Porque a pesar de sus esfuerzos seguía siendo el mismo Draco Malfoy que cuando entró en la mansión, sus ideas seguían sin ser lo suficientemente correctas.
Se levantó de su silla y sin mediar palabra salió de la cocina. Harry y Ron no se preocuparon por aquello pero Hermione sí que lo hizo y no pudo evitar preocuparse por ello.
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Después de pasar un rato de charla con sus amigos Hermione se despidió de ellos y se encaminó escaleras arriba dispuesta a averiguar qué era lo que le ocurría a Draco. No quiso salir corriendo tras él para que ni Harry ni Ron se percataran de que algo iba mal, seguro que eso al rubio no le hubiese hecho mucha gracia.
Pegó en la puerta de su habitación pero nadie le respondió, la abrió para ver si se encontraba allí pero la habitación estaba vacía. Asique solo le quedaba otra opción.
La biblioteca.
Y allí lo encontró, sentado en uno de los sillones frente a la chimenea con un grueso tomo entre las manos y mueca de concentración en su rostro. Se acercó hasta él y se sentó en el otro sillón.
Esperó unos segundos a ver si él empezaba a hablar pero al ver que permanecía como si ella no estuviese allí fue ella la que empezó a hablar.
-Draco – lo llamó, pero el continuó leyendo el libro.
Odiaba que le hiciera eso.
De un brusco movimiento le arrancó el libro de las manos y se lo puso sobre su regazo, consiguiendo así que Draco la mirara pero había tanta frialdad en aquellos ojos grises que casi prefería que la ignorara.
-Si no te importa estaba leyendo – dijo con tono indiferente intentando recuperar el libro pero Hermione esquivó su mano y evitó que lo cogiera.
-Y yo quiero hablar contigo. ¿Se puede saber qué te pasa?
-Nada – dijo Draco volviéndose a acomodar en el respaldo del sillón.
-No me tomes por tonta Draco – empezaba a enfadarse - ¿Por qué saliste de aquella manera de la cocina?
-No pude soportar las arcadas que me provocada la estampa de complicidad tuya y de Potter – soltó con agresividad.
Hermione frunció el ceño, confundida, ¿le estaba diciendo que estaba celoso de Harry?
-¿Estampa de complicidad? ¿De qué hablas?
-Sabes muy bien de qué hablo – volvió a hablar con la misma agresividad que antes, dejando ver su enfado – De las miradas cómplices que tú y el cara rajada os dirigís porque claro, Weasley es subnormal y no entiende las cosas y yo no soy lo suficientemente bueno como para entender tu acción desinteresada.
Aquellas palabras fueron como un mazazo para Hermione. ¿A qué venía todo aquello?
-Harry es mi mejor amigo – dijo con voz dolida – y ve las cosas de una forma más parecida a la mía. No hay nada más. Ni tú eres malo ni Ron es subnormal, son distintos puntos de vista.
-Mira Granger, estoy cansado de sentirme fuera de lugar cada vez que suceden cosas como esta. Potter es lo suficientemente bueno para ti, no yo. Vete con él, estoy harto de todo esto.
Hermione intentó tranquilizarse, aquello no podía estar pasándole. Después de haberle demostrado que lo quería a él y solo a él, le decía todo esto.
-Draco, yo te quiero a ti – le dijo intentando que el chico entrara en razón – Harry ha sido mi amigo durante muchísimo tiempo, es normal que nos entendamos.
-Pues precisamente porque con él te entiendes y conmigo no, olvídate de mí y de que existo y ve con él.
De repente a Hermione empezaron a picarle los ojos por las lágrimas contenidas, aquellas palabras dolían, y mucho.
Draco sintió que algo se removía en su interior al ver a Hermione en ese estado pero se aferró a su enfado para no dejarse ablandar por aquello.
-Eres un maldito imbécil – dijo Hermione con pena y rabia – Después de todo lo que hemos pasado, de las veces que te he demostrado que me quedo contigo… ¿Tú me dices esto? – terminó de decir con la voz rota pero aún sin dejar que ni una sola lágrima saliera de sus ojos.
Con rabia se levantó del sillón y le tiró el libro que el rubio estaba leyendo cuando llegó.
-No te preocupes Malfoy, para mí serás como si no existieras.
Y con paso firme salió de la habitación dejando a Draco con un agudo dolor en el pecho por las últimas palabras pronunciadas por la chica.
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Aquella noche Hermione apenas durmió. Su cama le parecía demasiado fría, demasiado vacía sin el cuerpo de Draco al otro lado durmiendo con ella. La mayor parte de la noche la pasó haciendo un esfuerzo por no dejas que las lágrimas que llevaba guardando en su interior desde que discutió con Draco no se desbordaran.
La mañana del día siguiente la pasó con sus amigos o sola en su habitación. No quería preocuparlos por lo que intentaba pasar tiempo con ellos pero por otra parte solo le apetecía estar sola y no tener que fingir que estaba bien cuando en realidad no lo estaba.
Por lo visto Draco había decidido no salir de su habitación en todo el día, ni siquiera pensaba bajar a comer.
Aquello le dolía a Hermione hasta puntos insospechados, durante toda la mañana estuvo tentada de ir a su habitación y exigirle una explicación por todo aquello pero se contuvo. Él le había pedido que se olvidara de él y eso estaba dispuesta a hacer.
Lo que ella no sabía es que él no la iba a dejar.
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Draco no bajó a almorzar tampoco y aquello empezó a preocupar a Hermione. Iba a olvidarse de él pero tampoco podía dejarlo morir de hambre. Asique con la única intención de subirle un poco de comida, preparó una bandeja y subió hasta postrarse en la puerta de su habitación.
Ahora que estaba delante no veía tan claro eso de dejarle solo la comida e irse. Respiró hondo y se dijo a sí misma que qué clase de Gryffindor era y llamó a la puerta.
No obtuvo respuesta.
Y aquello la preocupó.
Draco no había salido de su habitación en todo el día, entonces ¿por qué no contestaba? ¿Le habría pasado algo? Dejando la bandeja en el suelo a un lado abrió la puerta de un movimiento brusco. Sus ojos tardaron un tiempo a acostumbrarse a la semi penumbra en la que se encontraba la habitación. Pero al final lo localizó.
Estaba sentado en el alféizar de la ventana, ignorándola completamente.
-¿Por qué no has contestado cuando he llamado? – le preguntó molesta por su actitud.
El chico se giró lentamente hasta fijar su mirada gris en la de ella. Hermione no pudo evitar que sus piernas temblaran ante su escrutinio.
De repente, Draco se levantó de su posición con un movimiento elegante y felino y en un instante se encontraba frente a Hermione cerrando la puerta de la habitación a las espaldas de la chica.
Estaban tan cerca que Hermione tuvo que alzar la cabeza para poder mirarlo a los ojos y él tuvo que agachar la suya. Él seguía sin mediar palabra y ella ya empezaba a ponerse nerviosa.
-Vine a traerte algo de comer – dijo en apenas un murmullo.
Draco permaneció inmutable, observándola, pero ya no lo hacía de la misma forma fría que el día anterior, había algo más escondido tras su mirada.
Entonces, sin previo aviso, la sujetó firmemente por la cintura pegándola completamente a él y la besó. La besó con ansias, queriendo imprimir en aquel beso su angustia y sus temores. Hermione al principio fue incapaz de responderle por lo rápido del movimiento, pero cuando lo hizo le respondió con las mismas ganas y la misma hambre que él.
Draco la apretaba fuertemente contra su cuerpo, haciéndose dueño de cada centímetro del cuerpo femenino de ella. Sabía que había sido un verdadero imbécil pidiéndole que se olvidara de él.
Porque ni siquiera el mismo podía hacer tal cosa.
La necesitaba como el respirar. Aquella noche sin la tibieza de su cuerpo junto a él había sido una tortura. Un par de veces estuvo a punto de ir a buscarla y atraerla a su habitación para que durmiera con él.
Poco a poco el beso empezó a suavizarse hasta que tuvieron que separarse para poder respirar.
Sus respiraciones eran agitadas pero no aumentaron la distancia entre ellos.
-No quiero que me olvides – dijo en un tono autoritario pero ella supo que era todo lo contrario. Le suplicaba que no lo olvidara.
-No lo haré – dijo ella buscando la mirada del chico – No hubiese podido de todas formas.
La volvió a besar, de manera corta pero intensa.
-Fui un idiota – soltó en un bufido.
Hermione supo que eso era lo más cercano a una disculpa que recibiría de él por lo que se relajó entre sus brazos y le acarició la nuca.
-Lo sé – dijo con una tímida sonrisa en los labios.
Draco interpretó aquello como que ya estaba todo solucionado pero cuando volvió a inclinarse hacia ella para besarla ella se alejó.
-Draco, no vuelvas a hacerme algo así – le pidió en un susurro.
Aquellas palabras le retorcieron el estómago a Draco, que no pudo evitar sentirse mal por haberle hecho pasar aquel mal trago a Hermione.
Subió una de las manos que reposaban en la cintura de la chica hasta su mejilla y la acarició con su pulgar.
-No lo haré.
Y esta vez fue Hermione la que se arrojó a sus labios.
¿Qué os pareció? Ya saben que sus reviews me hacen completamente feliz asique…¡Mándenme muchos!^^
Nos leemos pronto.
