N/A. Pues, luego de años de ausencia he vuelto para continuar con esta historia. Debo decir que esta decisión se debió a varios mensajes que recibí luego de que permití que otra autora continuara el fic, pero creo que no tuvo el resultado esperado, así que heme aquí. Asimismo, me veo obligada a añadir que he perdido práctica con este tipo de redacción, así que tendrán que disculparme y espero que con el transcurso de los capítulos vaya mejorando para cumplir con sus expectativas.

N/A2. Agradezco infinitamente su devoción por esta historia y que la sigan luego de tanto tiempo, pero quisiera hacer una mención especial: Dani, tus palabras fueron de gran inspiración para que retomara la historia, así que este capítulo y los muchos que aún faltan, te los dedico a ti.

***BS***

El magnetismo que emanaba de Santana López era una de sus más grandes cualidades; su apariencia, su voz y su actitud eran elementos que hacían imposible no verla, admirarla o contemplarla. Probablemente esa era una de las razones por las que había tenido tanto éxito como modelo, era una mujer que se expresaba con el cuerpo entero, tanto en público o aun cuando estuviera hablando por teléfono... justo como lo hacía en aquel momento y, por alguna inexplicable razón, Brittany no podía quitarle los ojos de encima, era inevitable no perderse cuando le miraba, toda ella le hipnotizaba y la rubia estaba segura que podía pasar el resto de la eternidad mirándole hacer las cosas más mundanas…

"Espero que seas consciente de lo inapropiada que te ves mirando a mi hija de esa manera." La voz grave y calmada de León López sacó a Brittany de su estupor provocando, al mismo tiempo, un paralizante escalofrío que recorrió cada fibra de su ser. La sensación le resultó más que familiar, trasladándola casi once años atrás, al pórtico de los López cuando el padre de su mejor amiga le dijo que ya no era bienvenida ni en su hogar ni en sus vidas.

Lenta y cautelosamente, la bailarina volvió su mirada hacia León. "Eh…y-yo…"

El moreno se inclinó hacia adelante, sentándose en el filo del asiento. No parpadeó ni una sola vez, dejando en claro su intención de intimidar a la joven mujer.

"Sé de fuente directa que mi esposa habló contigo, Brittany; sé que te pidió que mantuvieras tu distancia – por más difícil que fuera – por el bien de ambas, pero conozco a mi mujer y sé que su diplomacia en ocasiones no funciona, así que voy a ser muy claro contigo…" León sonrió al mismo tiempo que extendía la mano, la cual la rubia dudó en estrechar, pero que finalmente tomó, notando en seguida que el médico ejercía una suave pero contundente fuerza. "Sé que tus intenciones no son arruinar la vida de mi Tana y menos ahora que tienen una hija, pero si llega a suceder lo de hace diez años, a quien le vas a rendir cuentas es a mí y no tendré consideraciones porque, como te mencioné antes, ya no se trata sólo de mi hija, sino también de mi nieta, ¿te queda claro, Brittany?"

La rubia tragó saliva con dificultad antes de asentir rápidamente con la cabeza.

"Sé que eres una chica lista y sabrás hacer lo correcto, ¿verdad?"

Sin embargo, antes de que Brittany pudiera responder, Santana volvió a la sala de estar, disculpándose por la inesperada llamada de Hanna y encontrándose con una extraña escena que le preocupó, sobre todo porque su padre – estrechando la mano de una evidentemente asustada Brittany – esbozaba una falsa sonrisa, la misma que ella había heredado y usado en más ocasiones de las que podía enumerar.

"¿Está todo bien?" Inquirió Santana, mientras fruncía el ceño.

"Por supuesto, princesa." León soltó la mano de la rubia para luego ponerse de pie y abotonar su costoso saco gris. "Solamente me estaba despidiendo de Brittany."

Santana le dirigió una rápida mirada a su mejor amiga ya que, con tan sólo ver esos ojos celestes por un segundo, podría comprobar si su padre había sido sincero. No obstante, la bailarina, intentando no ocasionar algún problema entre padre e hija, se limitó a sonreír y a asentir silenciosamente.

"Okay…" dijo la latina con un dejo de desconfianza en la voz, "entonces, te acompaño a la puerta." Los López se encaminaron a la entrada principal, "me dio gusto verte, papá, y gracias por todo."

El rostro del hombre se transformó por completo; ahora expresaba ternura y devoción. "No tienes que agradecer nada, princesa, realmente no hicimos ni podremos hacer nada en el corto plazo. Sólo nos queda esperar." El moreno se acercó a su hija para envolverla en un fuerte y protector abrazo. "Quisiera hacer algo más, pero ya no está en mis manos," susurró antes de soltar a Santana.

La joven sonrió, "tú y mi hermano ya han hecho suficiente."

León miró su reloj de pulso, notando que su visita había tomado más tiempo del esperado. "Debo irme… ¡Ah! Por cierto, tu madre te envía saludos y espera que pronto Sam, Emily y tú nos visiten. Ya sabes cómo es, siempre haciendo planes familiares e ignorando las agendas de todos."

Santana no pudo evitar apretar la mandíbula al escuchar el nombre de su esposa y, un segundo después, una sensación de culpabilidad la invadió. "Veré que podemos hacer para no hacer esperar a mamá. Pero no prometo nada, Em se encuentra ocupada, ya sabes, con eso de las competencias y eso."

León miró a su hija con detenimiento. Sus años como médico le habían hecho desarrollar la habilidad de leer a la gente, podía detectar actitudes que le indicaban cuando alguien intentaba esconder algo y, si era sincero consigo mismo, en muchas ocasiones había utilizado esa habilidad para mantener vigilados a sus hijos. Él sabía que Santana distaba de ser una santa, no era perfecta, aun cuando intentara mostrarle al mundo lo contrario; conocía bien a su hija y a su mejor amiga, y sabía que en ellas existía una debilidad mutua. No podía decir que su relación era tóxica, pero sí era una que podía causar grandes problemas…

"Santana," León miró con severidad a su hija para luego susurrar, "no quiero meterme en tu vida, pero…" su oscura mirada se dirigió hacia la sala de estar, notando que la joven rubia no se había movido de su lugar, "no juegues con fuego, porque tienes mucho que perder y, en esta ocasión, alejarte no es una opción. ¿Entiendes?"

La mirada de la latina estaba fija en su padre; la advertencia era clara y le daba a entender que León – y, por lo tanto, también su madre – al igual que Quinn, sabían lo que pasaba entre su mejor amiga y ella. ¿Acaso eran tan obvias?

Santana respiró hondo, no estaba lista para pensar en una solución para la situación en la que ella y Brittany estaban inmersas, simplemente no quería pensar en las consecuencias. Punto.

"Entiendo," respondió la latina con seguridad.

"Bien." Fue lo último que dijo León antes de marcharse.

Al cerrar la puerta, Santana dejó escapar un suspiro de alivio…

"Es como si todo mundo ya lo supiera."

La voz de Brittany provocó que Santana se sobresaltara e, inmediatamente, se diera la media vuelta. Cuando su mirada oscura se posó en la rubia, fácilmente pudo percibir que esos dulces ojos celestes estaban a punto de romper en llanto.

"Lo sé," susurró la latina como si alguien pudiere escucharla, "pero sólo debemos ser más cuidadosas."

Brittany guardó silencio por un momento, claramente se encontraba inmersa en sus propios pensamientos. "De alguna manera sé que lo que estamos haciendo no es correcto… lo sé porque todo mundo lo considera así, pero, ¿qué pasa cuando lo que dice la mente se opone a lo que el corazón siente? ¿Por qué siento que lo que tú y yo tenemos está bien? Hay veces en las que quiero sentirme culpable, espero a que el remordimiento me asalte, pero entonces tu rostro aparece en mi mente y siento que todo está bien, siento que es natural e inevitable."

Santana se mordió el labio inferior; entendía a la perfección lo que la otra mujer expresaba y le frustraba no poder tener la respuesta a sus cuestionamientos, aunque realmente, era Brittany la que despejaba sus dudas, si ella no tenía la respuesta entonces Santana era quien estaba perdida.

"Puede ser que socialmente no sea correcto…" la morena se encogió en hombros, "en algún momento tendremos que enfrentar la realidad de lo que sentimos y vamos a tener que tomar decisiones, pero por el momento, lo único que quiero es disfrutar lo que tenemos. Me gusta estar contigo, me gusta la forma en cómo me miras y me tocas, y sé que eso me hace egoísta, pero sólo… yo sólo… necesito estar contigo."

La honestidad que emanaba de la voz de Santana era desconcertante y emotiva. La rubia amaba la facilidad con la que su amante se expresaba cuando estaban a solas, pero en su interior comenzaba a surgir la necesidad de algo, sabía que llegaría el momento en el que las cuatro paredes de la habitación de hotel que visitaban con frecuencia ya no serían suficientes; el secreto que ambas disfrutaban pronto se volvería insoportable.

"¿Por qué el destino se empeña en que no estemos juntas?" La voz de Brittany comenzaba a quebrarse, "se supone que cuando dos personas se quieren y disfrutan de su compañía, deberían estar juntas, ¿no?" La mujer no pudo contener un doloroso sollozo. "Cuando te fuiste…" Brittany desvió la mirada, pues las lágrimas comenzaban a correr libremente por su rostro, "sentí que me moría y… y ahora debería sentirme diferente porque estás aquí y hablamos y hacemos el amor, y aun así, cuando nos separamos, sigo sintiendo la misma agonizante pena." La rubia trató de secarse las lágrimas con furia, "no es justo."

Santana sintió que en su pecho crecía un terrible desasosiego, el cual se enterraba cada vez más con cada lágrima que derramaba su mejor amiga. La pequeña distancia que existía entre ambas parecía abismal, pero la modelo temía dar un paso, temía que con su sola cercanía siguiera lastimando a la mujer frente a ella, a la madre de su hija, a su entrañable amiga, a su devota amante.

No había duda alguna, nada de lo que pasaba en sus vidas era justo, pero tampoco era justo para Artie, quien había renunciado a tantas cosas, a una vida de éxito sólo para apoyar a Brittany y criar una niña que no era suya; no era justo para Emily, quien amaba a Santana sobre todas las cosas y sin condición alguna; no era justo para Quinn y Mike que, a pesar que no tenían derecho a opinar sobre esta relación, debían cargar con el peso de un inconveniente secreto.

"Britt, yo…"

"No…" la rubia respiró entrecortadamente antes de acercarse a Santana sólo para tomar entre sus manos su rostro. Sus ojos celestes se cerraron cuando apoyó su frente sobre la de la otra mujer. "No digas nada, por favor."

"Brittany…" la latina tomó gentilmente las muñecas de Brittany, pero antes de que pudiera decir algo más, la bailarina la interrumpió.

"Está bien, San. Hace unos meses me dijiste que no podías darme más que esto y no me quejo porque es más de lo que alguna vez pude haberme imaginado," Brittany sonrió con tristeza, "y quiero que sepas que estas últimas semanas han sido de las más felices de mi vida."

Santana sintió que su corazón se partía ante el dolor que la voz de Brittany expresaba, quería, deseaba, decirle tantas cosas, pero antes de que su mente pudiera decir algo lo suficientemente elocuente, los labios de Brittany atacaron los suyos con hambre, como si tratara de imprimir todo su amor en aquella caricia.

"Quisiera darte más," dijo entre besos la morena, al mismo tiempo que envolvía la cintura de su amante con sus brazos.

Brittany se permitió perderse en el beso, en la textura de los voluptuosos labios de Santana, en su habilidosa lengua. A veces le resultaba increíble como esa atractiva latina, a quien conocía desde antes de saber lo que era la atracción física, quien primero fue su mejor amiga antes que su amante, le era tan sencillo robarle el aliento; estaba orgullosa de conocer lo talentosa que era Santana en las artes amatorias y, aun así, siempre la sorprendía de alguna manera…

Y con esa idea en mente, Brittany tuvo la urgencia de retribuirle, pero no ahí, no en la casa que compartía con una mujer que tenía el derecho de reclamar a Santana como suya.

La rubia, con algo de renuencia, se separó de su amiga. Su respiración era entrecortada y sus sentidos parecían haberse nublado. Estar tan cerca de Santana era embriagador y le invitaba a seguir besándola, pero gracias a su fuerza de voluntad pudo contenerse.

"Quiero un día, un día sólo para las dos en el que no tengamos que pensar en el tiempo, en el trabajo, en nuestra vidas. Sólo tú y yo, y nada de por medio."

Los ojos cafés de Santana parecían perdidos en los labios de Brittany y, con algo de dificultad, tragó saliva al mismo tiempo que asentía ausentemente con la cabeza. "¿Cuándo?"

La rubia sonrió triunfal para luego enredar sus brazos alrededor del cuello de la latina. "El viernes Sam irá a casa de su amiga, así que podemos tomarnos casi todo el día. ¿Qué dices?"

Santana esbozó una coqueta sonrisa, misma que se reflejaba en su mirada y, antes de volver a besar a Brittany, dijo: "creo que es una excelente idea."

***BS***

Quinn mantenía fija su mirada en la pantalla, intentando vehementemente prestar atención en la trama de la película que ella misma había elegido, un filme francés con Juliette Binoche y Audrey Tautou que había esperado con ansias y que el complejo de cinemas de Lima sólo presentaba una vez al día debido a la falta de interés en el cine extranjero. Por tal motivo, al entrar en la sala, no le sorprendió que estuviera prácticamente vacía, salvo por una pareja de mediana edad que ocupaba un par de asientos en la fila de en medio.

El ambiente era perfecto para una primera cita, para salir de la zona de amistad que ella y Florencia habían dibujado meses atrás; la elección de la película era para mostrarle a la hispana uno de sus tantos intereses, para abrirle la puerta a su mundo. Sin embargo, y para molestia de Quinn, su mente se encontraba en otro lado y, conforme la película avanzaba, también lo hacía su preocupación. El cuestionable comportamiento de su mejor amiga con su otra amiga producía en ella una clase de escozor, una incomodidad que no la dejaba tranquila; era como si una voz dentro de ella le susurrara que esa aventura no iba a terminar bien, que era una bomba de tiempo que explotaría en cualquier momento y Quinn sabía que, eventualmente, le diría a Santana el clásico 'te lo dije'.

Probablemente ese comentario la haría acreedora de una bofetada, pero la rubia de cabello corto estaba dispuesta a recibirla con tal de que su amiga aminorara su sufrimiento, porque si de algo estaba segura era que Santana terminaría destrozada y a Quinn le dolería verla así.

Ahora, esto era una extraña sensación, una sensación que la editora no podía describir, ya que no tendría por qué sentir tan personal lo que sucedía en la vida amorosa de Santana, eran amigas, pero su amistad se había desarrollado en los últimos meses y gracias a que vivían bajo el mismo techo, pero Quinn no podía evitar pensar que así siempre debió ser. Conocía a Santana desde niña, conocía a toda su familia, incluyendo a su querida abuela con quien congenió de inmediato a pesar de la gran brecha de edad… pero entonces Brittany llegó a sus vidas y, sin querer – porque Quinn estaba segura que no fue intencional – monopolizó cada aspecto de la existencia de Santana.

Quinn nunca admitiría, ni siquiera bajo tortura, cuan rechazada se sintió cuando la latina proclamó a esa intrusa y despistada rubia como su mejor amiga, desechando su amistad con la rubia de ojos avellanados como si no tuviera importancia alguna. Está por demás decir que Quinn se sintió herida y, como buena Fabray, manipuló ese sentimiento para fortalecer sus defensas, convirtiendo el afecto que sentía por Santana en hostilidad y competitividad, pero manteniéndola a ella y a Brittany cerca sólo para cumplir sus propios objetivos – y quizás también por masoquismo.

Y entonces entraron al Glee Club, en donde descubrió que podía tener otros amigos, amigos que se preocupaban por ella, que la apoyaron cuando su vida era un desastre, cuando dejó ir a la única y maravillosa personita de la que de verdad estaba orgullosa, mientras que, metafóricamente hablando, veía por el rabillo del ojo como su amiga de la infancia era destruida por sus propias inseguridades, así como por la chica por quien la sustituyó.

Una Santana rechazada habría sido motivo suficiente para que Quinn se mofara, para que Quinn, de forma mordaz, hubiera dicho: 'ahora sabes que se siente que te hagan a un lado por alguien más'. Pero lo que sucedió después fue algo que nadie se esperaba; la abrupta partida de Santana no era algo que la editora hubiera querido y, en silencio, deseó haber sido una mejor amiga para la morena, después de todo, una buena amiga se habría dado cuenta de que la relación que Santana y Brittany tenían no era la misma que con la rubia de cabello corto, porque donde Brittany representaba el amor, Quinn era la amistad…

'Te estás engañando a ti misma,' dijo una pequeña voz en lo más recóndito de la mente de la mujer. 'Tú bien sabes por qué te sientes tan rechazada.'

Quinn frunció el ceño cuando esos pensamientos cruzaron por su mente. Por supuesto que en algún momento sintió rechazo, frustración y furia, pero esos sentimientos los había experimentado en su niñez y parte de su adolescencia; resultaría tonto seguir sintiendo eso ahora que era una mujer que sobrepasaba el cuarto de siglo. No obstante, lo que aún no superaba era la sensación de competencia, ya que esta Santana – la exitosa, la profesional, la casada, la madre – era algo que la rubia deseaba ser y compartir con alguna mujer. Hacía algunos meses el rostro de la mujer había sido el de Rachel Berry, pero ahora era como una sombra que en cualquier momento podría iluminarse y develar a alguien que le mirara con la misma intensidad con la que Emily – o en su defecto, Brittany – miraba a Santana.

Por ese mismo motivo, a Quinn le enfurecía la facilidad con la que su amiga tiraba por la borda su matrimonio y ¿para qué? Para estar por un par de horas con una mujer que… que…

'Dilo… piénsalo… para estar con una mujer que no se compara con…'

La rubia de ojos avellanados sacudió la cabeza antes de que pudiera terminar con ese pensamiento para luego acomodarse en su asiento. Quinn sintió una ola de culpabilidad, se negaba a tener pensamientos negativos sobre Brittany, la dulce y despistada rubia, madre devota que peleó contra todos y todo por conservar y defender a su hija. Aunque, Quinn sabía que esa faceta de abnegación, altruismo y solidaridad era eso, una faceta, una mera máscara que la rubia de ojos celestes usaba como caballo de Troya, una forma para invadir la coraza de la gente que le rodeaba, sus sentimientos, sus vidas. Brittany Pierce no era muy diferente a Santana o Quinn, ya que su actitud y comportamiento eran la perfecta estrategia para hacer cumplir sus más oscuros intereses y el interés actual de Brittany era recuperar – de alguna forma – a Santana, importándole poco los sentimientos de Artie o Emily.

En ocasiones, Quinn se preguntaba qué era lo maravilloso entre sus dos amigas, cuál era lo adictivo de su relación, ¿los intereses comunes? La rubia de cabello corto dudaba que hubiera mucho en común entre ellas, por lo tanto, sólo quedaba el aspecto sexual. No podía existir otra razón para esta caprichosa relación y, de ser así, entonces había un problema, una co-dependencia y, sin Emily Fields-López cerca, entonces Santana no tenía consciencia…

La editora se vio obligada a abandonar sus pensamientos cuando sintió una cautelosa caricia sobre su mano izquierda, obligándola inmediatamente a bajar la mirada, notando el contraste entre su pálida mano y la bronceada de la mujer que le acompañaba. No pudo evitar sentir su calidez y la suavidad que emanaban de la delicada palma; fue en aquel momento cuando Quinn miró por el rabillo del ojo a Florencia, quien todavía tenía los ojos puestos en la pantalla, como si pretendiera que el contacto entre sus manos no hubiera sucedido, como si su entera atención estuviera en la película.

Lentamente, la rubia de ojos avellanados giró su mano, prestando atención en cómo su mano era ligeramente más larga que la de la morena, jugando brevemente con sus dedos, observando su esbeltez y aparente agilidad, para luego entrelazarlos con una delicada fuerza.

"¿Quinn?"

El susurro de Florencia invitó a la rubia a subir la miraba con cierto halo de timidez. La oscuridad que les rodeaba le impedía a la editora ver con claridad, escondiendo cualquier tipo de sentimientos que se hubieran podido reflejar en los ojos de la otra; fue inevitable no sentir un embate de excitación, su corazón comenzó a latir con fuerza, Quinn podía sentirlo golpear su pecho, bombeando sangre rápidamente a lo largo de sus venas, erizando cada poro de su piel, provocando que sus sentidos se agudizaran. Quinn experimentó una sensación que no había sentido desde su relación con Rachel: expectativa.

Sin pensar, la rubia se humedeció los labios y, aun cuando la penumbra de la sala impedía ver con claridad, Quinn estaba segura de que los ojos cafés de Florencia habían seguido el movimiento de su lengua, lo cual incitó en Quinn una placentera satisfacción y, por supuesto, una media sonrisa altanera.

"¿Vas a besarme o esperas que yo lo haga?" Preguntó Quinn por medio de un susurro al mismo tiempo que alzaba una de sus perfectas cejas.

Florencia viró ligeramente el rostro, al mismo tiempo que dejaba escapar una ligera carcajada. "Qué sutil eres, Fabray…"

Sin embargo, antes de que la hispana pudiera terminar con su irónica frase, sintió como la mano de Quinn cubría su mejilla izquierda, obligándola a mirarla a los ojos nuevamente. "Hemos sido sutiles estos últimos meses, ¿no crees?" La editora miró fugazmente los labios de Florencia, "tal vez es el momento de dejar de ser sutiles y ser más… no sé…" la editora se encogió en hombros, "más asertivas."

Ambas mujeres se miraron fijamente, desafiándose, esperando a que la otra se atreviera a dar el primer paso. La expectativa era evidente pero por alguna razón aún había cierta reticencia emanada del temor por no querer arruinar lo que era una buena amistad.

Finalmente, Florencia tomó la iniciativa. Con cierta lentitud, la morena posó su mano en el cuello de Quinn, obligándola a acercar su rostro hasta que sus labios estuvieron a escasos milímetros de distancia, disfrutando por un breve momento la forma en cómo sus alientos se mezclaban.

"¿Estás segura de esto?" Inquirió Florencia con una voz apenas audible.

Quinn no respondió ante el cuestionamiento de su amiga, se limitó a estudiar los rasgos de la morena, su perfecto rostro, el brillo de sus ojos.

"Lo estoy," respondió con firmeza la editora antes de cerrar los ojos y fundir sus labios en una caricia exploratoria, casi casta.

Sin embargo, conforme el tiempo avanzaba, también lo hacía la excitación y poco a poco sus labios se fueron entreabriendo, permitiendo que el beso fuera más juguetón, arriesgado, erótico. Sus cuerpos se acomodaron sobre los asientos que ocupaban, intentando encontrar la posición perfecta, lamentablemente el portavasos fue un molesto obstáculo que provocó que el beso llegara a su fin.

Con cierta impaciencia, Florencia levantó el soporte e, inmediatamente, tomó entre sus manos el rostro de la rubia, quien aún tenía los ojos cerrados y cuya respiración resultaba agitada. Los ojos de la hispana recorrieron cada facción de ese rostro que consideraba el más hermoso que jamás hubiera visto, una belleza clásica pero, igualmente, uno que escondía una vida llena de tragedias.

"Eres realmente hermosa, Quinn," susurró Florencia en el oído de la editora para luego besar con reverencia su ardiente mejilla.

No era la primera vez que Quinn escuchaba esas palabras, pero eso no significaba que halagos de esa índole no surtieran efecto en su ego. La mujer sonrió tímidamente, temerosa de abrir los ojos y que su aún amiga pudiera ver la tormenta de sentimientos que ese insignificante beso había provocado en ella, una excitación producto de meses de abstinencia.

"Mírame," rogó la hispana y la forma en cómo había pronunciado esa sola palabra provocó que el corazón de la editora se acelerara, concediéndole a la morena un vistazo de sus, evidentemente, dilatadas pupilas.

Una décima de segundo después, ese mismo corazón se detuvo, debido a que frente a Quinn no estaba Florencia, sino su rival, su mejor amiga… ahí estaba Santana López.

Un escalofrío petrificante inmovilizó por completo a la rubia de cabello corto, quien ni siquiera se atrevió a parpadear, quien sólo pudo contemplar a la mujer que tenía a unos cuantos centímetros de distancia, tan atractiva, tan perfecta, tan… tan…

"¿Estás bien?"

Esa voz no era la de Santana, tampoco la de… la de… la de la chica que la había acompañado al cine aquel día.

'Esto es lo que deseas, Lucy…' la voz de la consciencia de Quinn sonaba irónica, como si se estuviera divirtiendo con la situación, disfrutando con la confusión de la parte racional. 'Sólo tómala, Lucy… toma lo que es tuyo por derecho.'

La rubia de ojos avellanados sintió una carga de adrenalina que recorría cada célula, despertando en ella una extraña emoción y, al mismo tiempo, también una culpabilidad innegable, se sentía atraía por su mejor amiga y, quizás, siempre fue así; quizás por eso se sintió tan traicionada; quizás por esa razón no pudo alejarse de ella, aun cuando era claro que la latina estaba embriagada por la presencia de Brittany.

"¿Quinn?"

La editora tomó por el cuello a la mujer frente a ella, obligándola a eliminar toda distancia existente entre ella y así iniciar un segundo beso, uno que resultaba más desesperado. Quinn sabía que estaba mal, sabía que era un error sentirse de esa manera; sabía que era inútil pensar que tenía una posibilidad, ya que Santana – casada e inmersa en un romance con su primer amor – sólo la veía como la mejor amiga.

No obstante, Quinn se permitió perderse en el beso, imaginando que esa mujer que le correspondía era otra morena; por unos minutos pretendió que el deseo era mutuo…

Después… después vería cómo solucionar su pequeño problema moral. Por ahora, sólo se dedicaría a fingir y, todavía más importante, a disfrutar.

***BS***

Un silencio sepulcral se había posado sobre aquella sala, mientras quince pares de ojos la miraban fijamente y, por primera vez en su vida, Rachel Berry experimentó pánico escénico; podía sentir el rápido palpitar de su corazón, así como el ardiente rubor en sus mejillas; sus piernas temblaban – aun cuando se encontraba sentada – y las palmas de sus manos no dejaban de sudar.

Había tratado de escuchar con atención cada historia narrada por aquellas personas, situaciones recientes, sus recaídas y sus luchas diarias. Años y años de combate contra sus enfermedades, en contra de la tentación; empleos perdidos, familias destrozadas, vidas arruinadas. La necesidad que sentían por el alcohol era escalofriante y la actriz no pudo evitar compararse, no pudo evitar sentir que se encontraba en una situación privilegiada debido a que aún tenía muchas más posibilidades de reivindicarse, aún estaba a tiempo para recuperar su vida, a diferencia de muchas de esas personas…

"Mi nombre es Rachel y creo que soy alcohólica."

Todas las personas presentes le saludaron en coro y algunas pocas incluso le sonrieron.

"Bien, Rachel," dijo Aaron, el moderador del grupo, al mismo tiempo que entrelazaba sus manos, "sabes que admitir tener un problema es el primer paso y bueno, tú dices creer tener uno, quisieras compartir con nosotros por qué piensas eso."

La castaña parpadeó un par de veces mientras que, inconscientemente, comenzaba a jugar con uno de sus mechones de cabellos de manera nerviosa. "Uhm, bueno, comencé a beber de forma descontrolada en septiembre porque me hacía sentir bien conmigo misma. Hacía que no me sintiera tan sola…" la mujer se encogió en hombros, "de cierta forma, nublaba mi mente, me hacía sentir que mis problemas no existían."

Aaron asintió con la cabeza, "¿por qué comenzaste a beber?"

Rachel se mordió el labio, ya que no estaba del todo segura en si debía o no salir del closet frente a un grupo de gente con quien no estaba familiarizada.

"Compartí cuatro años con un persona a la que amé profundamente, quizás lo más correcto es decir que aún lo hago. Nuestra relación era…" la actriz guardó silencio por un breve instante, tratando de encontrar el adjetivo correcto para describir su noviazgo, "era perfecta. Pero no me di cuenta de eso hasta que me dejó. No culpo de esto a nadie, más que a mí misma, siempre fui egoísta y narcisista, tenía una gran carrera y supongo que el éxito me cegó, hizo que me olvidara de lo que era más importante. Mi… uhm, pareja me pidió matrimonio y yo le dije que no, porque mi carrera se vería afectada y bueno, nos separamos." Rachel dejó escapar una amarga risa, "fui tan tonta en creer que me entendería; fui una idiota porque menosprecié sus sentimientos; me indigné cuando me dijo que no podía estar conmigo y pretendí que no me importaba. Lo irónico es que cuando me dejó, todo se vino abajo, yo misma arruiné mi carrera y perdí a la persona que me amó no por ser una estrella, sino por ser sólo yo, un chica egoísta y narcisista con expectativas demasiado altas."

Rachel se sintió tan avergonzada que tuvo que bajar la mirada, "cuando se fue, me sentí devastada y desolada; me sentí abandonada y lo único que quería era olvidar. Fue cuando vi el gabinete de las botellas y…" la castaña frunció el ceño, "ni siquiera recuerdo que pasó después, pero luego de esa noche, no pude parar, no quería hacerlo. Afortunadamente, todavía tengo gente que se preocupa por mí y por eso estoy aquí, quiero recuperar mi vida, la carrera que me esforcé en consolidar y, quizás, si la fortuna está de mi lado, recuperar al amor de mi vida."

Rachel cerró los ojos y dejó escapar un suspiro. Por alguna razón, se sintió liberada, como si sus hombros se hubieran deshecho de un peso que no sabía, hasta eso momento, que llevaba consigo.

"Gracias por compartir con nosotros tu historia, Rachel." Dijo Aaron con una pequeña sonrisa en los labios. "Todos aquí sabemos lo duro que es hablar de este problema y, por lo que puedo ver, eres una mujer determinada, estás a tiempo de arreglar las cosas y estamos aquí para apoyarte en tu camino. ¿De acuerdo?"

"Okay." La actriz sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas, era como si un golpe emocional la hubiera alcanzado hasta ese momento, pero aun así se sintió agradecida.

Rachel miró con recelo la mesa de bocadillos que se encontraba al fondo de la sala, preguntándose internamente si alguien había traído algún alimento vegano. Supuso que no, por lo que se limitó a tomar un poco del espantoso café instantáneo.

Mientras daba su primer sorbo, Rachel miró como sus compañeros socializaban, algunos sonreían, pero otros parecían cansados. La actriz no estaba segura en si encajaba o no con aquellas personas; fuera de su problema con la bebida, sentía que no había de qué hablar y estaba plenamente segura de que nadie querría charlar amenamente sobre el alcoholismo o lo patéticas que eran sus vidas una vez que la sesión llegaba a su fin. No obstante, estaba obligada a permanecer ahí por unos minutos más, ya que – de acuerdo a las reglas de AA – debía encontrar un patrocinador que le apoyara de forma personal con su recuperación.

"El café es horrible, ¿no crees?"

La castaña giró su rostro cuando fue consciente de que aquella frase, dicha con una suave voz, era dirigida a ella. A su lado se encontraba una atractiva mujer de cabello rojo cobrizo, facciones angulares y ojos verde esmeralda; era una mujer de mediana edad que parecía orgullosa de su edad y, a diferencia de muchos de sus otros compañeros, esta pelirroja parecía contenta y cordial, parecía cómoda con su entorno. Rachel no estaba segura de si ella había estado presente en el círculo cuando todos narraban sus experiencias, pero bien pudo no verla debido a su nerviosismo.

"Bueno, no es como que podamos hacer estas pequeñas reuniones en un Starbucks o el Coffee Bean…dejaríamos de ser anónimos, ¿cierto?"

La pelirroja dejó escapar una carcajada, "tienes razón."

Entre ellas surgió un cómodo silencio cuando bebieron otro poco de café. Rachel miró el interior de su vaso desechable, mientras intentaba saborear su bebida y encontrar un tema de conversación. Notando lo amable que parecía esa desconocida, la actriz decidió solucionar una de sus dudas.

"Y, ¿cómo se consigue un patrocinador aquí?"

La desconocida esbozó una media sonrisa, "te aseguro que no por invitación de Facebook." Ambas mujeres sonrieron ante la broma, "la verdad es que debes encontrar a una persona que lleve sobria mucho tiempo, que haya dado grandes avances en su recuperación, que tenga años de experiencia en esto."

"¿Qué hay de ti?" Inquirió Rachel con confianza, "es decir, no estarías aquí si no fuera por… eh… ya sabes."

"El alcohol," dijo claramente la pelirroja sin tapujo alguno, "sabes, todos tenemos un detonante que nos lleva a eso, escuché tu historia y me pude identificar con ella, tú perdiste a alguien, al igual que yo. Mi esposo murió hace quince años por un derrame y la bebida fue como la salida más fácil, hacía que el dolor no fuera tan intenso y, para serte sincera, aún duele, por eso estoy aquí…" en los labios de la mujer se dibujó una triste sonrisa, "hoy sería nuestro vigésimo aniversario y el recuerdo de él es tan vívido que duele, pero es mejor estar aquí, bebiendo café barato, que quedarme en casa con la tentación de ir a una licorería y comprar cinco botellas de vino."

"Lo siento mucho," susurró Rachel.

"Igual yo." La pelirroja sacudió la cabeza como si con esa acción pudiera deshacerse de sus recuerdos para luego sonreír de manera positiva. "La buena noticia para ti, justo como lo dijo Aaron, es que eres una chica determinada, estás enfocada y realmente creo que no tendrás problema en superar este pequeño bache."

La castaña apretó los labios, ya que no estaba tan segura de poder lograrlo. "¿Cómo lo superaste tú?"

La mujer se acomodó un mechón de cabello tras su oreja. "Mi hermana mayor se enamoró de un hombre poderoso, muy influyente en Ohio, pero conservador. Él creía que mi hermana era soltera y sin compromisos. No se equivocó en la primera parte, era soltera, pero tenía un compromiso, una hija de diez años." La pelirroja suspiró, "un día se presentó en mi puerta con mi sobrina, Selene, y me pidió que cuidara de ella por un par de días… Nunca olvidaré ese momento, porque tenía una de las peores resacas de mi vida, pero acepté y en menos de tres minutos me deshice de todas las botellas de alcohol que había por la casa, ni siquiera lo dudé, es decir, fui profesora por años y sé que ese no era un ambiente saludable para una niña. Esa fue la primera semana que estuve sobria pero enfurecida porque mi hermana no volvió."

Rachel tenía los ojos abiertos de par en par, "eso es horrible."

"Desde cierta perspectiva lo es, desde la mía, salvó mi vida. Si no hubiese sido por Selene no sé en dónde estaría ahora, quizás muerta," dijo la mujer al mismo tiempo que se encogía en hombros. "El punto es que siempre va a existir una razón para seguir adelante, a veces cuesta trabajo encontrarla, a veces aparece así como así, pero finalmente todo depende de tu determinación."

"Pues creo que a mí me va a costar trabajo," comentó Rachel más para sí misma que para la otra mujer, "vivo en casa de mi madre biológica, no tengo empleo y mis amigos que todavía están en la ciudad me detestan por haberle roto el corazón a mi ex. El aburrimiento me da sed y es difícil combatir la tentación cuando uno está solo o, al menos, eso es lo que he leído."

Los ojos verdes de la pelirroja observaron con detenimiento a la castaña, para luego sonreír, "el trabajo de un patrocinador es amparar al novato, por así decirlo, en su transición hacia la recuperación. Yo seré tu patrocinadora, si te parece bien," Rachel asintió con la cabeza rápidamente, "y uno de los primeros pasos es ayudarte a superar ese aburrimiento que sí puede ser peligroso, necesitas distracciones y un empleo." La agradable desconocida dejó su café sobre la mesa con el fin de extraer de su bolso una tarjeta que le fue ofrecida a la actriz.

"Bárbara Moore. Directora del colegio Crawford Country Day." Leyó Rachel en voz alta, para luego mirar a la pelirroja frente a ella, "Ese es el colegio hermano de Dalton."

"Así es y estoy familiarizada con tu trayectoria. Sé que eres una actriz reconocida y sería un honor que pudieras compartir tu experiencia y talento con las alumnas de Crawford. Nuestro profesor de arte dramático que también dirige el coro está por retirarse y necesitamos a alguien que lo reemplace. El puesto es tuyo, si lo quieres."

Rachel contempló la tarjeta como si fuera un objeto sumamente preciado. "No sé qué decir, Bárbara. Yo…" La joven mujer sintió que un escalofrío recorría su cuerpo, "¿podré dirigir el coro de preparatoria?"

Bárbara dejó escapar una ligera risa, "¿planeando alguna estrategia para llegar a las nacionales?"

La actriz sonrió con emoción, "primero hay que derrotar a los Warblers, luego a McKinley y Vocal Adrenaline y luego nos preocuparemos por las nacionales."

"¿Eso quiere decir que aceptas el puesto?"

"¡Por supuesto!" Rachel, sin pensarlo, abrazó con fuerza a aquella mujer que, sin conocerla, le había tendido una mano amiga, le había dado una oportunidad que no dejaría escapar. Sin embargo, tras unos segundos, la castaña se percató de su osadía, misma que la obligó a separarse. "Disculpa mi atrevimiento," dijo con timidez la chica.

Bárbara tomó la mano de la joven actriz con afecto. "No te disculpes, confío en que harás un buen trabajo, así que te espero mañana a las 7am en mi oficina para darte algunas indicaciones, los horarios de clase y te presente con el resto del cuerpo académico, ¿de acuerdo?"

"Ahí estaré, sin falta y puntual."

Rachel sintió una emoción que apenas podía contener. No podía esperar a que llegara la mañana siguiente, no podía esperar a contarle a Shelby las buenas noticias, no podía esperar para elegir su atuendo y todas las cosas que debía alistar, ya que estaba determinada a ser la mejor directora de coro que Ohio jamás hubiera visto.

'Lo siento, señor Schue, Shelby… Rachel Berry ha vuelto', pensó la castaña antes de dirigirse a casa con una renovada confianza.

***BS***

"La cena estuvo deliciosa," dijo Samara, quien se acomodó en el sofá, llevando consigo una botella de Merlot en una mano y en la otra un par de copas.

Emily salió de la cocina, luego de encontrar el sacacorchos, tomando asiento en el mismo sofá que su invitada. "¿Tú crees? Yo siento que le faltó algo al salmón," la morena destapó la botella, para luego servir el vino tinto en las copas con una elegancia que cautivó el ojo de la rubia.

"Creo que eres muy exigente contigo misma." Samara tomó la copa que Emily le ofrecía. "Todo ha sido perfecto."

La anfitriona de la noche dejó la botella sobre la mesa de noche. "Me alegro porque desde que volví a Rosewood no he tenido tiempo para cocinar, los entrenamientos acaparan mucho de mi tiempo, sobre todo ahora que la temporada de competencias se acerca, ni siquiera he tenido tiempo de hablar con Santana por teléfono."

Al escuchar el nombre de la esposa de Emily, Samara sintió una incómoda sensación en la boca del estómago que sólo pudo identificar como celos. Apenas habían transcurrido un par de semanas desde su reencuentro, pero fue el tiempo suficiente para darse cuenta de que, realmente, nunca pudo superar a su ex novia, era como una pequeña espina de la que nunca pudo deshacerse y, en más ocasiones de las que la rubia podía admitir, su mente reparaba en el recuerdo de esta chica, de belleza embriagadora y coqueta inocencia.

Era complicado no sentirse atraída hacia Emily y resultaba aún más difícil recordar que era casada.

"Espero no ser muy indiscreta o entrometida, pero ¿puedo hacerte una pregunta?" Inquirió Samara cuando sus ojos se posaron sobre su amiga.

"Seguro."

La rubia le dio un sorbo a su bebida antes de continuar. "¿Por qué volviste?" La mujer se encogió en hombros, "sé que dijiste que volviste porque te ofrecieron el puesto de entrenadora, pero… decidiste dejar a tu esposa por un puesto que resulta ser temporal. Eso me resulta…"

"¿Ilógico?" Añadió Emily cuando Samara no se atrevió a terminar su frase.

"Es que si yo estuviera en la posición de Santana, no estaría tranquila, habría tratado de detenerte o de venir contigo…" Samara desvió la mirada, "yo no querría estar lejos de ti."

Emily dibujó el borde de su copa con su dedo índice, "sé que suena tonto, pero la situación es más complicada de lo que parece. En septiembre, Santana descubrió que tenía una hija, Samantha, quien vive en Ohio con su madre y, bueno, yo nunca le pediría que se separara de ella por mí."

Al escuchar esas palabras, los ojos de la rubia se abrieron de par en par. "Espera, ¿qué?" Samara parpadeó con incredulidad, "¿t-tu esposa es… es trans?"

La morena dejó escapar una carcajada. "No, ella es cisgénero*, igual que tú y yo, pero Santana y Brittany, la otra madre de Sam, lograron algo increíble, ambas son las madres biológicas y las pruebas de paternidad lo han demostrado."

"Esto debe ser una broma, ¿verdad?"

"No," Emily suspiró, "todo es verdad y si vieras a Sam, sabrías que lo que estoy diciendo es cierto. Se han comenzado a hacer investigaciones genéticas sobre cómo pasó, pero no es tan sencillo, es un evento aislado que pondría en discusión prácticamente todo el conocimiento sobre la reproducción y las bases familiares."

Samara se había quedado sin palabras, después de todo, era una noticia difícil de creer. "¿Cómo puedes lidiar con eso?" Preguntó la mujer sin ser consciente de sus palabras. "Si es verdad, entonces ellas dos son únicas entre 7 mil millones de personas y yo… yo me sentiría celosa."

Emily se mordió el labio cuando sintió que la vergüenza le invadía. "No soy una santa, Samara. Estoy celosa, no sólo de la situación, sino de esa mujer que le dio algo a mi esposa que yo nunca podré; estoy celosa de la forma en cómo mira a Santana… nunca dejó de estar enamorada de ella y todo mundo lo sabe. Yo lo sé."

"Entonces, ¿por qué estás aquí?" El rostro de la rubia adquirió un halo de decepción, mismo que se reflejó en su voz. "Deberías estar en Ohio, defendiendo tu matrimonio."

"Es una prueba," respondió Emily con un tono gélido y calculador, "necesito saber si Santana siente lo mismo por ella, necesito saber si nuestro matrimonio significa algo para ella."

"¿Por qué no se lo preguntas abiertamente?"

La morena tomó la botella de vino y vertió más en las copas, dejándola prácticamente vacía. "Porque la conozco y sé que va a decir que no siente nada, que su relación sólo se limita a su hija. Le di libertad porque quiero saber qué hace con ella y cuando regrese tendré mi respuesta."

"En pocas palabras, la estás tentando," afirmó la rubia sin dejar de mirar a su amiga.

El comportamiento de Emily se transformó por completo, ahora lucía arrepentida y avergonzada consigo misma. "Debes pensar que soy una horrible persona."

Samara colocó su copa sobre la mesa de café. "No me malinterpretes, Em, no me gusta la forma en cómo estás tomando la situación. Siempre he creído que el amor se construye con honestidad y confianza," la mujer suspiró calmadamente, "básicamente, lo que estás haciendo es tendiéndole una trampa a tu propia esposa. ¿Cómo te sentirías si los papales fueran al revés?"

Los ojos oscuros de Emily miraron fijamente a los azules de Samara, quien parecía estarla retando. "Yo sería incapaz de lastimar a Santana, nunca le podría ser infiel."

Samara se humedeció los labios lentamente, con el único propósito de captar la atención de la morena y, para su deleite, los ojos de la otra mujer siguieron el movimiento de su lengua. "¿Por qué están tan segura? ¿Alguna vez te han tentado de la misma manera en cómo tú está tentando a tu esposa?"

Emily se vio en la necesidad de desviar la mirada, consciente de que la situación estaba tomando una peligrosa dirección. Samara la estaba probando, de eso estaba segura, y por alguna extraña razón, su desafiante comportamiento provocaba en ella algo que se parecía al deseo. La estaba tentando para probar un punto, para mostrarle que lo que estaba haciendo no era correcto…

"¿Realmente la amas?" Preguntó repentinamente la rubia.

La morena giró rápidamente su rostro, molesta ante tal cuestionamiento. "¿Qué clase de pregunta es esa? Claro que la amo."

Samara se encogió en hombros. "Pregunto porque si realmente lo hicieras, estarías en Ohio, peleando por tu matrimonio, apoyando a tu esposa y tratando de mantener lejos a esa mujer que quizás, justo ahora, esté intentado llevar a la cama a Santana."

"Tú no entiendes, yo sólo quiero saber si mi matrimonio vale la pena."

"No deberías hacerte esa pregunta, porque para empezar no debería haber pena alguna." Samara tomó con cautela la mano de Emily, "la pena es dolor y tú ya has experimentado mucho de eso, Em. Lo que yo creo es que tú has visto señales que te indican que, muy probablemente, Santana está confundida, que quizás siente algo por esa otra mujer, algo más que una simple cordialidad."

"Quisiera estar equivocada," susurró la morena.

"¿De verdad?"

Ambas mujeres se miraron fijamente y podían sentir que una familiar tensión crecía entre ellas. Emily tragó saliva con dificultad, estaba plenamente consciente de las sensaciones que su propio cuerpo experimentaba. La madurez que emanaba de Samara la hacía sumamente atractiva y Emily… Emily llevaba días de abstinencia sexual. El apetito sexual de Santana la había malacostumbrado, había despertado una incesante necesidad que, en esas últimas semanas, no podía satisfacer porque la imagen de la latina frecuentemente la llevaba a la conjetura de que le podía ser infiel con su amor de adolescencia.

"No puedo hacer esto," susurró la morena al notar que el espacio que la separaba de su ex se había reducido considerablemente.

La situación se había tornado íntima, sus rodillas se tocaban y la cercanía de sus rostros las hacía compartir el mismo aire; ambas podían percibir la mezcla de sus perfumes y su juicio poco a poco se nublaba a causa de los efectos del vino.

"¿Qué no puedes hacer?" Preguntó Samara para luego acomodar un mechón de cabello negro tras la oreja de Emily. Las yemas de sus dedos rozaron con delicadeza la mejilla de la morena, provocando que sus ojos se cerraran al instante.

La caricia era reconfortante y Emily no pudo evitar compararla con las que Santana le dedicaba; no pudo evitar recordar que desde que Brittany reapareció en la vida de la latina, sus caricias parecían diferentes, eran forzadas e incluso vacías. La morena no era ciega ni despistada, desde su primer encuentro se había dado cuenta de la forma en cómo Samara la miraba, su comportamiento distaba de ser amigable, la rubia no escondía sus deseos pero se mantenía a raya por el anillo en su dedo anular izquierdo; sin embargo, esa noche, las circunstancias habían cambiado, Emily había compartido con ella una honestidad que debía compartir, en primer lugar, con su esposa; Samara había cuestionado sus intenciones pero no la juzgaba, a diferencia de sus mejores amigas…

"Sería hipócrita de mi parte si me dejara llevar por mis deseos," respondió Emily sin intención de moverse.

La rubia fijó su mirada en los labios de la otra mujer. "Yo creo que sería lo más honesto del mundo si te dejaras llevar por ellos."

Sin aviso alguno, Emily – en un acto impulsivo – atacó la boca de Samara, identificando el suave sabor a vino combinado con algo más que le resultaba muy familiar. Sus manos viajaron a la cabellera rubia de su ex, para evitar que se alejara, para invitarla a no dejar de besarla y, para su deleite, Samara cedió gustosa a su necesidad, posando sus manos en su cintura y atrapando su labio inferior entre sus labios con ternura, provocando que la morena emitiera un gemido que murió en los labios de la otra mujer.

"Este sería el momento perfecto para detenernos," susurró Samara luego de descansar su frente sobre la de Emily.

"Quizás…" alcanzó a decir la morena antes de reiniciar el beso…

Continuará…

Espero haya sido un decente primer capítulo, me gustaría que me expresaran sus opiniones, insultos, críticas o lo que deseen en sus comentarios.

No estoy muy segura cuando subiré el siguiente capítulo, redacto en promedio, 1000 palabras al día, pero nunca sé la extensión de cada cap, así que entre 7 u 11 días estaría subiendo la siguiente parte.

Por cierto, tengo página de FB, CheerioFan y mi Twitter sigue funcionando, yay… ahí estaré subiendo adelantos de los capítulos y alguna que otra cosa que se me ocurra. En fin, por ahora me despido :)

*Cisgénero: es la concordancia entre sexo biológico y el rol social que se nos asigna, es decir, lo contrario al transgénero.