Habían pasado varios días desde que se había hecho el tatuaje, y desde entonces casi cada tarde Kiyoko y Terushima iban a los recreativos porque la chica se había obsesionado con un videojuego de disparar a zombies.

Aquel día concreto había quedado que irían a los recreativos después de que Misaki saliera del comedor social, y había decidido ir a buscarla mientras Terushima y Bobata tenían una discusión sobre lo que había que hacer con Taketora. No era que no quisiera meterse de lleno en ello, pero si Terushima no se metía en sus asuntos con Kuroo y Daichi, ella no tenía mucho que decir respecto a su banda.

Cuando Misaki salió la saludó con sorpresa y se encaminaron hacia los recreativos. Kiyoko seguía pensando en el comportamiento de Bobata el día la chica los había visto en la cocina y la forma en que Satori había asentido en la playa.

— Siento si te incomodó lo del otro día en casa de Bobata — dijo pensando en voz alta.

Misaki negó con la cabeza y puso los ojos en blanco.

— Para nada — añadió, sacó las manos de los bolsillos de su pantalón tejano y las levantó tratando de parecer indiferente —. Fue extraño, me sorprendiste porque creo que hay que estar desesperada para querer enrollarse con Kazuma. Bueno, es mi amigo y no te lo tomes a mal pero es un salido y un imbécil, ya te lo dije.

— Es en realidad muy dulce — se rió Kiyoko —. Y no me lo tomo a mal, deberías conocer a los gilipollas de mi colegio. No es que él no sea un salido, pero se creen mejores que cualquier chica sin más.

La que se rió fue Misaki después de oír las palabras de Shimizu. Llegaban a la sala de los recreativos, dónde Tendo las esperaba apoyado contra la pared mascando chicle. Las saludó al llegar y se quedaron los tres en aquel puesto a la espera de que Terushima y Bobata llegaran.

— Pero se enrolló contigo, y se supone que le gusto — puntualizó Misaki después—. Nadie que realmente se haya enamorado tendría relaciones con otra persona que no fuera la misma a la que ama.

Tendo las miró tratando de adivinar de qué hablaban. Mientras Shimizu negaba con la cabeza mientras pensaba en que aquella idea romántica monógama que vendía la televisión le causaba urticaria, en especial porque ella sabía lo que era estar enamorada, y no tenía nada que ver con las relaciones sexuales que hubiera podido tener antes, durante o después.

— Creo que no es verdad, hay personas a las que puedes querer para siempre y necesitar mucho, pero no tener nunca sexo con ellas — dijo Kiyoko. Tal vez hubiera sido mejor argumentarlo, pero sentía que estaba de más dar detalles personales. Pensaba que ella y Asahi a duras penas habían tenido sexo, pero en aquel momento hubiera matado por besarle, o simplemente estirarse a su lado a mirar el techo sin decir absolutamente nada.

— Teru no podría vivir sin mí y aquí delante tienes al chulo que lo prostituye — dijo con indiferencia el pelirrojo señalando a Shimizu cuando entendió de qué iba el tema —. Se ha enrollado con casi todo el colegio, pero no hay nadie en el mundo como yo, claro. Nadie puede darle lo que yo le doy, soy perfecto e ideal. Terushima se moriría si yo me marchara. Sería absurdo pensar que no está enamorado de mí.

Misaki los miró pensativa. Negó con la cabeza y después suspiró

— Supongo que cada persona es diferente, pero insisto, no me interesa Bobata.

Tendo tomó del brazo a Shimizu para captar su atención y asintió con ligera sorna en el gesto. Sí, él creía que a ella le gustaba bastante al igual que Shimizu que se rió al verle.

— Pues supongo que sin problema, volveré a intentarlo — dijo Kiyoko más por meter el dedo en la llaga que por otra cosa.

Misaki arqueo las cejas, y entonces Tendo se llevó la conversación a otro lado dándole un pequeño codazo a la chica. Los tres miraron discretamente hacia la entrada de la sala recreativa mientras un chico bajito y con el pelo de punta y otro de cresta decolorada entraban. Misaki apretó los labios preocupada, si Terushima llegaba y veía a Taketora y Nishinoya tal vez fuera problemático.

— Deberíamos irnos a por un batido — prepuso la Misaki cuando llegaron Terushima y Bobata. Antes de que ellos dos supieran que Taketora estaba allí. Miró a Shimizu y a Tendo para que apoyaran la moción, un batido era mucho mejor que el corazón roto de Terushima por el abandono de un colega.

— Pero Kiyoko quería subir su puntuación del Supervivencia Zombie: School edition — dijo Bobata.

Shimizu se quedó casi sin palabras, a ella le daba igual, creía que pegar a aquel tipo era lo legal, y sí, quería jugar a aquel juego sí o sí, pero también temía por Terushima. No tenía ni idea de qué decir.

— Yo no quiero ningún batido, id vosotros — añadió Terushima con indiferencia para luego pegarle un codazo a Shimizu —. Vamos tú y yo a reventar esa puntuación.

La chica sonrió y asintió. Cabía la posibilidad de que aquellos dos se hubieran colado en la zona de póker y no estuvieran en la zona de juegos para adolescentes, así que tampoco tenían por qué temer nada.

— Seh, vamos a por el batido más tarde — dijo Tendo encogiéndose de hombros.

Cuando entraron, Terushima y Kiyoko fueron directos hacia aquel juego que trataba de sobrevivir al apocalipsis zombie dentro del instituto. Un juego que veían como una ideal metáfora de sus vidas. Allí, frente a máquina con las pistolas roja y negra estaban Nishinoya y Taketora.

Terushima se quedó helado por un instante y luego se rió tontamente, como si no pasara nada. Se quedó detrás de los otros dos a la espera de que dejaran el juego.

— ¡Vamos a superar esa puntuación, Kiyoko! — repitió como haciendo hincapié en que no era algo relevante o importante.

Shimizu se sintió algo abrumada y confusa. No era propio de Terushima hacer algo así ¿o sí? no tenía ni idea, pero ella no quería solo esperar a que aquellos dos terminaran su partida, quería jugar. Tocó en el hombro al que creía que Misaki le había dicho que era Taketora hasta que se giró.

— Perdonad, es que lleváis un rato jugando y creo que ya nos toca — dijo con una sonrisa y distrayendo por completo del juego al chico.

— Tora, tío, que están comiéndonos los zombies — se quejó el bajito mientras Taketora no dejaba de mirar a Kiyoko titubeante. Y es que sí, que una chica le tocara el hombro para pedirle jugar le hacía vacilar notablemente. No parecía del tipo que tenía mucho éxito con las chicas —.Acabas de morir, tío.

— Claro, ya va siendo hora de que nos dejéis jugar — insistió la chica poniendo voz dulce. Nishinoya se giró y se quedó mudo mirando a Kiyoko, que apartaba a Taketora con el brazo y le quitaba la pistola —. Teru, nos toca.

Terushima caminó con indiferencia y le quitó de las manos la pistola a Nishinoya mientras le quitaba la mirada con la cabeza muy alta. Un movimiento claramente infantil que hizo que Kiyoko se riera, pero probablemente le molestó bastante a los dos chicos que se fueron irritados.

Jugaron durante bastante rato, y cuando finalmente ambos pensaban ya en la idea del batido que había propuesto Misaki buscaron al resto para finalmente salir del salón de recreativos. Ninguno de los allí presentes lo esperaban, pero Taketora estaba allí plantado con los brazos cruzados y cara de mala gana.

— ¡Eh! ¡Terushima! Tengo que hablar contigo — dijo el chico de la cresta en una pose que parecía poco amigable —. A poder ser sin tu escolta.

Se refería a todos los allí presentes, así que todos decidieron adelantarse. Fuera como fuera, Kiyoko no tenía intención de alejarse. Se quedó cerca, no lo suficiente como para que la vieran, pero sí lo suficiente como para oír lo que tuviera que decir. Por su experiencia, quedarse a solas con alguien no siempre era señal de buena fe. No podía evitar preocuparse por Terushima, que fingía que no pasaba nada, aunque estuviera hecho un asco respecto al tema.

— Estaba aburrido, no se han movido en este tiempo sin ti — dijo Taketora a modo de excusa —. Noya dijo que estaban acosando a unas chicas en la zona y empecé a ir con ellos para ayudar.

— Fantástico — dijo Terushima encogiéndose de hombros y dispuesto a marcharse.

— No, no, no — repitió mientras le cogía del brazo para que no se marchara —. No lo entiendes, tenía que hacerlo por esas chicas.

— Me da igual, haz lo que quieras — insistió Terushima—.Podrías haberte unido a cualquier…

Estaba herido y se notaba, así que Kiyoko salió de su escondite rápidamente, se acercó y le pegó en la cara al tal Taketora.

— Te ha dicho que le da igual — dijo mirando como el chico se cubría la nariz entre confuso y atontado —. Tú, Teru, deja de hacer el gilipollas. Si uno se va del grupo todos le pegan, y si no haces eso por lo menos deja de hacer el panoli.

Tomó de la mano a Terushima y tiro de él hacia la tienda de batidos. Obviamente en contra de la voluntad del chico que se quejaba constantemente a pesar de hacerle caso pasivamente. Ella andaba a paso ligero y no le soltaba de la mano.

— Suéltame ya, eres una bruja controladora — dijo Terushima haciendo que le soltara una vez ya estaban bastante alejados del chico de la cresta.

— Si no ibas a perdonarle o pegarle no tiene caso que te quedaras allí plantado diciendo que te importa un bledo o pareciendo un blando.

Terushima optó por hacer su prototípica pedorreta que anunciaba el fin de la discusión. Kiyoko se limitó a seguir andando a su lado hasta que llegaron a la tienda de batidos. No tenía ni idea de qué se suponía que hacían los amigos cuando uno se sentía mal porque otro le había dejado tirado. Suga no tenía empatía así que siempre que ella se peleaba con alguien simplemente se reía, Asahi se limitaba a encogerse de hombros pasivamente y Daichi, Daichi para empezar parecía que nunca hubiera sido su amigo de verdad.

— Puedo invitarte a un weiner pan además de pagar tu batido — propuso antes de que entraran por la puerta. Tal vez la comida podía animarle, o no tenía la más mínima idea —. Y si te bañas puedes abrazarme luego.

— ¿Y si nos marchamos ya a Taiwan? — preguntó él. Había ignorado por completo su propuesta y parecía completamente reflexivo al respecto de lo que acababa de decir —. Salimos ya, y simplemente no volvemos.

— Necesitamos los pasaportes, Teru — dijo ella evitando entrar en el local para resolver aquel asunto —. De hecho deberíamos ir a hacernos fotos para pegarlas cuando los consigamos.

— Vamos ahora — dijo tomándola de la muñeca para que fueran a hacerse aquellas fotografías. Por algún motivo, el hecho de que Taketora le hubiera dado aquellas excusas estúpidas había hecho que Terushima se replanteara más la idea de marcharse sin más.

Kiyoko le siguió pensando en que si bien ella huía, Terushima elegía marcharse porque se sentía desplazado de su mundo. Parecía que al sacarlo de las calles de aquella zona de playa de Kanagawa él había cambiado, y no solo eso, también las personas a su alrededor, lo que hacía que se sintiera fuera de lugar incluso en su lugar.

Se sacó de la cabeza todos aquellos análisis de la repentina prisa por huir de Terushima y caminaron sin hablar hasta el fotomatón que había al lado de unos ultramarinos cerca de la playa. Primero se hizo las fotos Terushima, y después ella. No tenían por qué ser nada especial, simplemente del tamaño pequeño para encajar en el pasaporte.

Entró en la tienda de ultramarinos y revisó las revistas. Sacó una revista de moda, una lata de soda y una de zumo de lychee. Pagó con el dinero suelto que le quedaba en el monedero y le dio una de las latas a Terushima. Estaba sentado con los brazos estirados sobre el respaldo en uno de aquellos bancos que daban al mar y a duras penas miró la lata.

—No quieres hablar de ello ¿verdad? — le dijo Kiyoko sentándose a su lado.

— Que te abrazara ayer fue casual — bromeó ignorándola de nuevo —. Solo lo volvería hacer si estuviera empapado de barro.

Kiyoko negó con la cabeza.

— Genial, pero algún día tendrás que hablar.