La incapacidad de Maria con el habla era apenas similar con la que Luka contaba cuando recién la encontraron, ¿y cómo podía ser de otra manera con el semejante golpe de realidad que la menor le había brindado con tan solo una pregunta capciosa?
—Tsubasa, realmente no logro entender de qué se trata todo esto—Dijo María apenas conteniendo el quejido que pujaba por salir ante el agarre tan fuerte de su esposa.
Tsubasa sonrió con socarronería y acercó su rostro al de María.
—Por favor deja de actuar aunque sea un segundo, no lograré decirte la verdad si sigo creyendo que tu amor por mí es sincero.
—Mi amor por ti es sincero.
—No, no lo es, es una mentira. Una cruel y vil mentira. —Farfulló soltando sus muñecas y lanzándole dentro de la casona con brusquedad y cerrando la entrada de golpe.
— ¡Tsubasa!
—¡María!
Las pocas palabras que apenas había podido formular fueron borradas tan fácil como el grafito sobre una hoja de papel, al ver como el odio que había notado en la mirada de Tsubasa realmente era un dolor bastante profundo, inclusive más grande que el que había visto en aquella ocasión en la que le mintió para protegerla de las garras de Adam.
Sus ojos estaban llorosos y su voz estaba rasposa.
Algo estaba mal, muy mal.
— ¿Por qué lo hiciste? ¿Qué ganabas destrozándome?
—Las cosas no son como tú piensas, Tsubasa, si me dejas explicarte…
— ¡¿Y cómo son?! —Interrumpió— Yo lo único que sé es que todo acerca de ti ha sido una mentira detrás de la otra, que me enamoré dos veces de alguien que no existe y que sólo se divierte de jugar conmigo.
María no pudo decir nada en su defensa, seguía contrariada por el golpe que le otorgó su mirada. De alguna manera Tsubasa se había enterado de que Adam había sido la razón por la que la había abandonado anteriormente, pero aparentemente no sabía que todo aquello había sido para protegerla a ella y a las pequeñas Zababa.
— ¿Que te prometió? ¿Plata? Podrías haber tenido más estando conmigo que sería obtenida de manera justa y no a costa de los demás. ¿Fama? Pudiste tener más a mi lado. Yo pude haberte dado el mundo, la luna y las estrellas, pero decidiste traicionarme no una, sino dos malditas veces, llevaste la mentira muy lejos y en ambas ocasiones involucrarte a infantes menores que no tenían ni la más mínima idea de lo que estaban consiguiendo al involucrarse contigo.
—Tsubasa, de verdad las cosas no son como piensas, todo lo que hice lo hice pensando en ti y en tu bienestar.
— ¿Te parece que estoy bien? Porque yo no me veo bien en estos momentos. Tu explicación carece de sentido.
— ¡Todo fue para protegerte! —Exclamó Maria desesperada— ¡Adam pretendía matarte, no era algo que pudiera permitir, tienes que creerme!
Tsubasa negó con la cabeza con una sonrisa irónica estampándole en todo el rostro. Maria se aferró a sus hombros buscando que Tsubasa le viera directo a los ojos y apreciara su propia sinceridad.
— ¿Por qué debería?
—Porque es la verdad. Yo te amo y siempre lo he hecho.
Tsubasa asintió lentamente gesticulando con la mandíbula mientras lo hacía, viendo a Maria después con indiferencia.
—Me amas pero me mientes en la cara, me robas y me abandonas, haces mi vida miserable para regresar años después; obligándome a creer de nuevo para destrozarme de peor manera que antes. Dime, ¿qué sientes? ¿te divierte?
Maria negó con la cabeza frenéticamente al ver como Tsubasa tergiversaba sus palabras con tanta facilidad.
—Ya no importa, ¿pero sabes qué? Yo también se mentir igual de bien que tú. Yo no te amé cuando te volví a ver, tampoco te amé en el momento de nuestra boda y en un inicio quise hacerte sufrir todos los días de tu vida, humillarte de cada manera posible.
— ¿De qué estás…?
—La mentira me consumió y yo también terminé creyéndomela—Tsubasa se recargó contra la puerta, ocultando su mirada en su mano— ¿Por qué tú no? ¿Cómo lo soportas? ¿Cómo haces para no sentir nada? —Su dura mirada se encontró con la de Maria—Dímelo para poder dejar de quererte, porque no sabes cómo me arrepiento de hacerlo. Tanto que he intentado alejarme de ti y olvidarte y simplemente no puedo, todo esfuerzo es en vano y ya estoy asqueada de esta situación. Quiero estar tan lejos de ti ahora mismo. Tu sola existencia me enferma.
Maria mordió su labio, su mirada estaba rota, pero aun había algo de fortaleza en ella, quizá consciente de que lo que salía de Tsubasa no eran más que reclamos producto del coraje y no de ella misma.
— No vales nada.
Pero esas palabras le fueron dirigida una y otra vez por el mismo que causó su desgracia, su mente le traicionó, y es que la sonrisa tan satisfactoria que Tsubasa portó al decir aquello evocó el recuerdo de Adam la primera vez que se había defendido de él y que le golpeó en un intento de detenerlo.
—Eres peor que nada. No mereces nada de lo que tienes y deberías pudrirte en la misma miseria en la que Adam se pudrirá.
—No tienes ni la más mínima idea de lo que hablas, Tsubasa—Dura como el hierro, fría como un glaciar, así era la voz de María en ese momento. Puede que Tsubasa desconociera todos los sacrificios que se vio obligada a hacer, puede que ahora mismo tuviera una versión errónea de los hechos; pero Tsubasa no tenía ningún derecho a menospreciar su existencia, aún si en medio de su dolor rebelaba que la agonía de su traición se debía a sus sentimientos por ella.
—Estás marcada por él—Rio con ironía—Yo pensaba que era algo de nacimiento y la oscuridad no me dejó verlo bien, pero sé que tienes la marca del Kraken entre tus muslos y no es la misma marca de sus esclavos, como la que tiene Akatsuki. Es la maldita marca que tienen sus concubinas.
Maria palideció.
— ¿O qué me dirás? ¿Qué tampoco es lo que parece?
Maria guardó silencio. Esa era la razón por la que no había podido sincerarse con Tsubasa ni con alguna otra persona, no estaba lista para admitir que Adam había abusado de ella.
— ¿Qué pasa? ¿Por qué no hablas? ¿Nunca escuchaste que el que calla otorga?
Maria apretó los labios en un intento de reprimir el sollozo que quería salir de ella, no podía rendirse. Tsubasa no podía ser tan cruel.
— ¡Contesta carajo! —Cuando menos se dio cuenta, Tsubasa la había acorralado sobre uno de los pilares que decoraban el living. Estaba sorprendida, pero más que eso, estaba asustada también. Nunca había visto a Tsubasa molesta, la había visto triste, herida e indiferente, pero jamás molesta, y el fuerte resonar de su voz y el doloroso agarre sobre sí le hicieron sentir acusada e indefensa.
— ¡Suéltame! —Pidió, pero ella hizo caso omiso y solo afianzó su agarre— ¡Tsubasa, suéltame!
— ¡No, no te voy a soltar!
La distancia entre sus cuerpos era casi nula, sus rostros estaban frente a frente y Maria podía sentir a la perfección la respiración irregular de Tsubasa, quien claramente no estaba pensando.
—Nunca me dejabas tocarte, siempre levantabas murallas para que no pudiera conocerte y me alejaste cuando viste que yo te era insuficiente; porque mientras yo me enamoraba y te dejaba ser parte de mí vida me veías la cara de idiota, riéndote mientras me engañabas con el bastardo de Adam.
—Yo no te engañaba con Adam.
— ¿No? ¿Entonces cómo llego su marca a ti? Muero por saberlo. —Nuevamente Maria guardó silencio, Tsubasa negó con la cabeza— ¿Lo ves? Ni siquiera puedes hallar una excusa coherente, tan sólo admítelo de una vez y confiésame qué había de divertido en jugar conmigo.
» Eres tan, pero tan perfecta que puedes seducir a quien tú lo desees con facilidad a no ser que esa persona no tenga ya una relación o no esté sedienta de amor como lo estaba yo, por eso fui la mejor opción. Por eso Adam te pidió acercarte a mí ¿Cierto? Si yo caigo los Kazanari caen y con ello mi tío también. El plan era perfecto, nunca pensaste tener una vida conmigo y por eso nos ocultabas, por eso escapaste de mí en cuanto tuviste la menor oportunidad. Nunca pensaste volver y preferiste esconderte lejos con Adam que enfrentar a lo que habías provocado. Te odio por eso.
— ¿De verdad puedes pensar que puedo caer tan bajo? —Cuestionó Maria, no pudiendo retener sus lágrimas, Tsubasa la estaba destrozando porque aun dentro de su rabia, lo que decía tenía sentido. Adam realmente la había dejado ser con Tsubasa para dejar caer a los Kazanari, impidiéndole ver un futuro con la mujer que amaba y escapó a la mínima oportunidad para protegerla. Quizá no había actuado con la intención de dañar, pero lo había hecho y profundamente.
—No me cabría la menor duda de que así fuera.
—Las cosas no fueron así, solo quería protegerte.
— ¿Y para eso tenías que estar con él?
—Cuando Adam inculpó a mi padre para que lo arrestaran se quedó con mi custodia y con la de Serena, no podíamos hacer otra cosa, éramos dos niñas indefensas y sin ninguna clase de amparo.
—Y por eso decidiste seguir sus pasos y convertirte en su mano derecha, me parece excelentemente razonable. Uno aprende lo que ve.
— ¡Yo no quería hacerlo!
— ¡Pero lo hiciste!
— ¡No había otra manera, estaba protegiendo a mi hermana y a mi padre, y conforme pasó el tiempo tuve que protegerte a ti, a Kirika, a Shirabe y a todo tu clan!
Tsubasa alzó la mano, Maria se preocupó de que le golpeara, y aunque en un primer instante lo pensó, le tomó del pelo y haló de él.
—Mira que conveniente, que casualidad que también cuando estabas conmigo fueron las etapas en las que Adam pudo crear mayores desastres y encubrir sus acciones.
Nuevamente Tsubasa tenía razón en algo, y es que mientras recolectaba las pruebas que demostrarían la inocencia de su padre, Maria, en un intento de borrar su lazo en la investigación y su parentesco con Adam, había borrado también las pruebas que le incriminaran, lo que le permitió a Adam actuar con mayor libertad ante sus crímenes.
—Yo nunca quise ayudarlo.
—Pero lo terminaste haciendo, y ni siquiera por haber matado indirectamente a cientos, como hiciste con mi padre, pudiste tomar el valor de hablar con la verdad ¡Y decidiste encubrirlo! ¡¿Qué clase de ser humano hace eso?!
— ¡Yo lo hago! Si con esto voy a ayudar a otros, ¡entonces seré una tumba el resto de mi vida!
— ¿Y ahora te crees alguna clase de heroína? Ninguna mentira tiene una justificación, siempre es bueno hablar con la verdad. Y ya que en esas estamos seré sincera contigo: Cumpliré la promesa que hice durante nuestra boda y haré de tus días los más miserables de tu existencia. Llorarás lágrimas de sangre y utilizaré tu cuerpo como me venga en gana, así como tú lo hiciste conmigo porque, como anteriormente dije, no sos más que una puta cualquiera que no vale absolutamente nada. Te retendré a mi lado y haré de nuestro matrimonio un completo infierno para ti, y ésta vez nada va a detenerme en mi objetivo.
Tsubasa dentro de sí sabía que no sentía lo acababa de decir, pero la ira estaba cegando sus acciones, ella solo quería impregnar en Maria un daño equivalente al que su doble engaño había dejado en ella. Arrepintiéndose casi al instante en que veía como su amada María se desmoronaba en el interior. Pero su orgullo era más grande, estaba logrando lo que tanto deseaba, y aun podía hacer más.
Mucho más.
— ¡¿Qué haces?! —Preguntó Maria alarmada, pero Tsubasa en su frenesí no respondió ni fue capaz de pensar en nada mientras le empujaba sobre uno de los sillones. Aprisionando sus muñecas por encima de su cabeza y sentándose a horcajadas sobre ella, limitándole su movimiento; siempre había sido más fuerte que Maria y eso era algo que ambas sabían perfectamente.
— ¡Tsubasa detente! —Rogó cuando sintió sus dientes clavándose en su cuello con rudeza al mismo tiempo en que su mano tocó con descaro su pecho y comenzó a desprender su vestido.
— ¡Cállate! —Gritó Tsubasa completamente fuera de sí. Afortunadamente, su cuerpo le recordó que no estaba en las mejores condiciones como para sentirse en control. Su mano lastimada no pudo resistir más aprisionando las de Maria y el alcohol que quedaba sobre su organismo disminuyó su fuerza física y su coordinación motriz. Así que por más mal que sonara, aquello era más fácil de controlar que a un Adam al cien por ciento de sus capacidades y usando la extorsión para terminar de cumplir sus objetivos; por lo que, concentrando todo su potencial en su mano derecha, Maria fue capaz de brindarle a Tsubasa una bofetada que giró su rostro que causó un ardor tremendo en su mano y en el rostro de la oji-azul.
Nuevamente el silencio reinó más denso que la neblina mañanera. Ambas quedaron paralizadas en sus posiciones como si recién comprendieran el peso de lo que estaba por pasar. Tsubasa pareció volver en sí ante la bofetada que María le otorgó. Sus ojos se abrieron de par en par ante la visión, su esposa le veía con miedo y rencor mientras se alejaba rápidamente de ella como si su cuerpo la quemara en un estilo literal, abrazándose a sí misma de manera protectora.
Tuvo un remordimiento inmediato, no comprendía como es que su mente le había llevado a pensar que aquello era una buena idea y su cuerpo decidiera completar la acción.
— ¿Que estoy haciendo? —Su voz estaba quebrada, como si la afectada directa estuviese a punto de ser ella.
Se dijo siempre mejor que El Kraken y estaba a punto de realizar un acto igual de bajo que sus acciones.
Esa no era ella.
Lágrimas bajaron igualmente de ella cuando asimiló completamente el peso de sus acciones.
—La pregunta está de más Tsubasa, lo inteligente sería poder responderla.
Entonces Tsubasa comprendió finalmente lo estúpida que había sido, pero el daño era irreparable, Maria estaba totalmente quebrada y era enteramente su culpa.
Quiso abrazarla, pero sabía que no tenía el derecho.
Quiso hablar, pero sabía que cualquier palabra que dijera sería en vano, solo causaría más daño.
Lágrimas continuaron cayendo del fino rostro de Maria, lágrimas que solo le hacían sentir más miserable.
—Perdóname, por favor perdóname—Suplicó completamente de rodillas frente a su esposa, tampoco pudiendo contener más su llanto.
Arrepentimiento era poco para llamar a lo que sentía, Maria no la perdonaría a menos de que un milagro ocurriera, y eso lo supo en su mirada, que a pesar de demostrar un infinito amor hacia su persona, develaba también su deseo de permanecer de ella lo más lejos posible.
¿Por qué dejó que resentimientos pasados la controlaran?
—Lo siento. No puedo.
—Sé que no lo merezco y lo que acabo de hacer es horrible, pero por favor-
—No Tsubasa. —Interrumpió Maria con severidad—No puedo hacerlo, y dudo que alguna vez sea capaz de hacerlo cuando ni siquiera deseo verte.
—Maria—Suplicó.
—Los papeles se han cambiado, qué interesante ¿no? —Dijo con demasiada amargura—La diferencia de nosotras radica en que yo sí tengo la fortaleza para alejarme de ti. Lo hice una vez por tu bien, y ahora lo haré por el mío.
Que no dijera lo que estaba pensando.
—Por favor, Maria
—Quiero anular nuestro matrimonio, Tsubasa. —Entonó—No puedo, ni quiero estar más tiempo a tu lado.
26 episodios de desarrollo en una relación son tirados a la borda con un solo cap... Soy un desgraciado (?)
Quiero aclarar que de ninguna manera yo estoy promoviendo la violencia y los abusos. Esas cosas están amigos y amigas, no lo hagan y si son víctimas o partícipes de algo así, busquen detenerlo.
En mi opinión lo que hizo Tsubasa es algo imperdonable y nadie nunca debería llegar a esos extremos. A esto me refería con el hecho de que la relación del TM es DEMASIADO TÓXICA. ¿Algunos esperaron que Tsubasa actuara de esa manera? Sinceramente yo no. Es decir, la escena final de Tsubasa suplicando está prácticamente desde que inició el fic pero allí no se especificaba la razón, digamos que aun no se me ocurría algo lo suficientemente fuerte como para que Maria dijera de tajo "hasta aquí llego" porque con el desarrollo de Maria, siento como si Tsubasa podría prácticamente escupirle en la cara y Maria se lo perdonaría sin dudárselo o siquiera indignarse (joder, que dependiente es la mina), pero ya analizaremos esta relación co-dependiente que tienen en episodios posteriores.
Gracias Uzuki por las buenas vibras, también te deseo lo mejor y estoy pensando en que la palabra "Cruel" sea mi tercer nombre (?) Igualmente te mando saludos, y cuídate n.n
¿Que te puedo decir Xeo si ya todo te lo dije? Esperaré ansioso a tu reacción de este episodio, que yo presiento que con la casi violación de Tsubasa casi te estalla la cabeza.
Que tengan buena noche y lamento si rompí sus kokoritos (?)
Se despide su cruel autor, Ayrton Scar
ESTE CAPÍTULO ESTÁ DEDICADO A UZUKI, NANAHARA Y XEO-SENPAI
