Dedicado a:

Cammiel

por su cumpleaños

Y a Alexa Potter

como un presente de amistad y cariño


Capítulo 28

Por última vez

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"Sus orbes marrones, promesa de amor

Mis orbes verdes, le dicen que es lo que mas anhelo yo

Que mi vida sin ella vivir no puedo

Que ahora ella es mía, mi deidad femenina

Que ella es la única que amaré en esta vida

Y que en la próxima y las que viniesen

Sería siempre ella la elegida.

Porque no existe el mí sin el tú

No existe Harry sin tu luz

Es Harry y Hermione para toda la vida

Es Harry y Hermione y los cuida esta Luna

Es Harry y Hermione porque como ella

No hay ninguna…"

Hibari

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Madame Pomfrey no tenía idea que la ahora ya famosa maldición del unicornio pudiera tener secuelas tan negativas, aparte de la obsesión por una chica, como las que ahora presentaba el joven Ron Weasley. Éste se veía profundamente trastornado en sus facultades mentales, tal vez de un modo irreversible... Y curiosamente la enfermera no recordaba que el joven Harry Potter hubiese actuado de ese modo cuando él estaba afectado.

De pie bajo el dintel de la puerta de su despacho, la mujer suspiró vigorosamente sintiendo verdadera pena por el estudiante, quien se encontraba justo en ese momento haciendo lo que a Madame Pomfrey le parecía tan extraño: caminando incansablemente por todo lo largo de la enfermería mientras hablaba y se reía completamente solo.

Bueno, quizás el hecho de caminar del ala norte al ala sur y de regreso no fuera tan raro, pues ciertamente el muchacho no estaba impedido para ello. Y aunque Madame Pomfrey le aplicaba todos los días un hechizo "Desengarrotador de Músculos" para que no perdiera tonicidad en los mismos, era lógico que el joven deportista se desesperara de estar todo el día acostado en la cama.

Eso lo podía entender perfectamente.

Pero que acompañara sus caminatas con una cháchara interminable, como si realmente estuviera conversando con alguien... eso sí que era extraño. Ella ya se había asegurado que ningún fantasma anduviera perturbando a sus enfermos, por lo que no podía encontrarle otra explicación a la aparente y repentina locura del Weasley.

Es una lástima... pensó ella, haciéndose una acotación mental de ir a buscar entre sus libros de Sanación Mágica alguna poción o hechizo que pudiera ayudar a Ronald Weasley a recuperar la cordura, esto en caso de que la Poción "Purificadora de Sentimientos" no le sanara el evidente daño al cerebro.

Dejando al chico con su solitario parloteo, la enfermera abandonó el lugar con rumbo al Gran Comedor, pues la hora de la cena ya casi se pasaba y por estar observando al deschavetado muchacho se le había hecho tarde. Apresurada, esperaba por lo menos alcanzar un postre.

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Ron y Luna estaban tan entusiasmados con su plática que ni se dieron cuenta cuando Madame Pomfrey cerró la puerta y se alejó a toda prisa por el desierto corredor. Y tal como la enfermera lo veía, con Luna oculta bajo la capa que Harry le había vuelto a prestar, daba la apariencia que Ron caminaba y charlaba junto a un amigo que sólo su imaginación veía.

-Entonces. ¿no te ha contado nada Ginny? –le preguntó Ron a la chica, en tono ansioso.

-Realmente no… - oyó la voz de Luna a su lado. –Ella no me dicho que le pasa, a pesar que se lo he preguntado un par de veces… se le ve muy triste, la verdad.

-Sí… -dijo Ron pensativo, mirando sus pies descalzos mientras caminaba con velocidad. En serio que estaba harto de estar encerrado en ese lugar y ansiaba que llegara la mañana siguiente para poder salir a jugar la final de Quidditch y tomar aire fresco por fin.

Pero por el momento tenía con la preocupación que le causaba notar la depresión de su hermana, quien por cierto lo había visitado muy pocas veces y cuando lo hacía, casi no hablaba nada. A Ron le decepcionaba que Ginny no tuviera la confianza de contarle lo que le estaba sucediendo.

-¿Sabes que creo, Luna? –le dijo a su amiga. –Pienso que tal vez sigue enamorada de Harry, y ahora que él ha estado saliendo con Hermione a vista de todos, tal vez eso la tiene por la calle de la amargura… ¿no lo crees?

Luna no respondió nada y de pronto Ron se preguntó si aún seguiría con él, pues no la escuchaba. El muchacho detuvo de improviso su rápido andar y giró su cuerpo para intentar indagar si Luna se había quedado atrás de él.

Seguramente Luna no lo vio pararse, ya que ésta se estrelló contra él con un fuerte golpe. Ron, sin verla, sintió a la chica colisionar de frente a su cuerpo con toda la velocidad que llevaba, y entonces, pudo percibir que ella rebotaba hacia atrás.

-¡Cuidado! –exclamó el pelirrojo, un poco adolorido por el choque.

Creyendo que Luna caería al suelo, impulsivamente Ron estiró los brazos para atraparla antes que se desplomara… alcanzó a sentir la tela de la capa invisible con sus dedos y entonces los cerró rápidamente, logrando sujetarla de los brazos y jalándola hacia él.

La misma fuerza que aplicó Ron para rescatar a Luna de su caída, además del peso de la muchacha que ahora se volvía a proyectar contra su pecho, provocó que el chico perdiera el equilibrio y se tambaleara con todo y su amiga… así que no teniendo otra alternativa más que la de elegir el lado de la caída, se dejó ganar por ella y se desplomó hacia atrás, arrastrando a Luna consigo.

Ron azotó dolorosamente de espaldas contra el duro suelo de piedra, e inmediatamente su amiga se derrumbó sobre él cuan largos eran. El pelirrojo sintió que el golpe le vaciaba los pulmones y eso, sumado al peso de Luna en su pecho, lo hizo resoplar y bufar con ímpetu tratando de obtener oxígeno… Pero a pesar de esto, no soltó los brazos de la chica, que permanecieron forzudamente aferrados por sus puños aún después de su caída.

Pasaron algunos segundos y Ron abrió los ojos lentamente mientras respiraba con dificultad… lo primero que vio fue el rostro sonriente de Luna justo sobre él y apenas a unos centímetros de distancia. Seguramente con el movimiento de la caída la capa se le había deslizado dejándola al descubierto…

-¿Se puede saber…? –pujó Ron molesto. -¿qué te causa tanta gracia?

-Es que te has puesto de tres colores diferentes en menos de medio minuto… -contestó ella riendo. –Primero estabas rojo, luego te pusiste morado y ahora estás más pálido que…

Luna dejó de hablar y miró interrogante a Ron, pues de seguro notaría la mirada extraña que le dirigía el muchacho… Éste se había quedado con los ojos fijos en su sonriente boca, mirando como se movían sus labios con cada palabra que ella pronunciaba…

Ron se asombró de no haber notado antes que Luna tenía sus dientes muy blancos y bonitos, además que acababa de descubrir que su aliento olía a menta… Se preguntó si también sabría a eso mismo… Y de repente se le ocurrió que si la besaba lo podría averiguar…

El muchacho levantó lentamente su cabeza para alcanzar la boca de ella y Luna sólo levantó las cejas sorprendida, pero no se movió. Curvó más su sonrisa, como si hubiera sabido todo el tiempo que algún día eso pasaría. Y justo cuando sus labios rozaban los de ella, un grito los sobresaltó…

-¡Ron!. ¡Luna!. ¿Qué les pasó?

Los aludidos voltearon sorprendidos hacia Harry y Hermione, quienes los miraban asustados desde la entrada del recinto. De inmediato, Hermione pareció darse cuenta de lo que había estado a punto de pasar ahí dentro, porque se tapó el rostro con una mano, mientras movía la cabeza en un gesto negativo y murmuraba:

-Ay, Harry… Harry.

Harry no le hizo caso y pareciendo no percatarse que había interrumpido un momento crucial, corrió hacia sus amigos para ayudarlos a levantarse. Le dio la mano a Luna y luego a Ron, el cual le brindó la mejor mirada de odio que fue capaz.

-¿Qué diablos hacían en el suelo, ustedes dos? –preguntó el despistado ojiverde.

-Ahh. ¿pues qué no es obvio? –respondió Ron, bastante sarcástico. –Buscando una manada de Pulpos Simples para cazarlos antes de que se nos metan por las orejas y nos vuelvan idiotas, como a…

-Se llaman Gulping Plimpies, Ron –lo corrigió con una risita Luna, quien no parecía en lo absoluto molesta por la interrupción.

-¿En serio buscabas eso? –dijo Harry a Ron, mirándolo extrañado y preguntándose seguramente lo mismo que Madame Pomfrey en relación si al pelirrojo le faltaba un tornillo…

Ron sintió el instinto asesino surgir en su interior, pero antes que pudiera lanzarse sobre Harry para ahorcarlo, Hermione habló, oportuna como siempre:

-La verdad, es que ya nos íbamos… sólo pasamos por aquí para saludar y desearte buenas noches, Ron. Y de paso, ver si Luna le podía devolver la capa a Harry, ya que la ocupamos… quiero decir, él la ocupa para… este, ustedes saben. ¿no? Vigilar a Malfoy fuera del Salón de los Menesteres y eso…

-¿Ah, sí? –preguntó Ron muy divertido, dejando a un lado la furia por la intromisión e imaginando el uso real que sus amigos darían a la capa. -¿Conque Malfoy, eh?

-¡Sí! –se apresuró a puntualizar Harry. –Como él ya fue dado de alta de sus heridas, suponemos que volverá a las andadas con su asunto que se trae en el Salón, y pues yo…

-Aquí está tu capa, Harry… mil gracias –le dijo Luna sonriendo, al tiempo que le devolvía la prenda. –De cualquier forma ya no la necesito, pues Ron sale mañana de la enfermería. La profesora McGonagall me ha dicho que la poción de Hermione estará lista al mediodía, así que Ron estará libre después del partido.

La sola mención de esto emocionó al pelirrojo, quien miró con alegría a su rubia amiga.

-¿De verdad, Luna?. ¿Y por qué no me lo dijiste antes?

-Porque no lo habías preguntado.

-¿Oyeron eso? –inquirió Ron dirigiéndose a Harry y Hermione. -¡Mañana será un gran día!. ¡Jugaré la final y de seguro ganaremos, además que saldré por fin de aquí y Hermione tendrá su poción! Aunque, si soy sincero… -dijo bajando la voz y mirando a Luna, -realmente extrañaré cierta compañía en la enfermería…

Luna sonrió ante la bobalicona mirada de Ron, y Hermione tomó a un desconcertado Harry de la mano mientras le susurraba:

-Será mejor salir de aquí antes de que…

-¡Por todos los hados!. ¿Qué hacen ustedes aquí si ya no es hora de visita? –gritó intempestivamente Madame Pomfrey desde la puerta.

Los cuatro chicos voltearon a verla sobrecogidos, y se sorprendieron aún más al ver que Neville acompañaba a la enfermera. El chico regordete los saludó con un movimiento de mano, antes que Madame Pomfrey se percatara de quien era la chica rubia que estaba junto a Ron y le gritara con voz destemplada:

-¡POR MERLÍN!. ¿Qué hace aquí esta muchacha? –se dirigió a toda velocidad a ellos y empezó a empujarlos a los tres hacia la salida, donde aguardaba Neville. -¿Qué no les había dicho que la presencia de esta niña puede poner agresivo al enfermo?. ¡Vamos, fuera todos de aquí!. ¡LARGO!

Los sacó a todos, incluido Neville, hacia afuera y cerró de un sonoro portazo. Hermione y Luna empezaron a reír nerviosas, y Harry y Neville sólo las miraron extrañados.

-¡Pero qué carácter! –dijo sonriendo la rubia Ravenclaw. –Con razón sigue soltera aún…

-Sí. ¿verdad? –comentó Neville preocupado. –Pero yo necesito que me deje entrar, pues iba a darme mi poción mensual…

Súbitamente, Neville enrojeció al darse cuenta lo que había dicho, y cerró la boca dispuesto a no decir más. Pero Harry sintió que la curiosidad lo picaba y conteniendo la risa, le preguntó:

-¿Poción mensual?. ¿De qué hablas, Neville?

-Pues… de mi poción que… –empezó a tartamudear el chico, quien se calló de repente al salir impetuosamente la enfermera de nuevo por la puerta.

-¡Aquí está tu poción memorizante, Longbottom! –gritó al tiempo que extendía su mano brindándole una botella a Neville. -¡Y dile a tu abuela que no se olvide de mandarme los ingredientes para la del próximo mes!

-Ya-ya los traigo conmigo, Madame Pomf… -replicó tímidamente el chico, recibiendo la botella con una mano y ofreciéndole un pequeño paquete con la otra. La enfermera se lo arrebató de muy mala gana.

-¡Adiós Ron! Hasta mañana… -gritó Luna, esquivando a Madame Pomfrey para asomarse por la puerta antes de que la mujer la volviera a cerrar con furia tras ella. Después de unos segundos en los que todos se quedaron mudos mirando la puerta cerrada, la rubia murmuró: –Con razón no encontramos ningún Gulping Plimpie… todos se le deben haber metido a ella.

Harry, Hermione y Neville rieron con ganas y entonces se encaminaron juntos hacia el vestíbulo con rumbo a su sala común… Luna los despidió en las escaleras y los tres Gryffindors continuaron hacia el séptimo piso.

-¿Así que… poción memorizante, Neville? –preguntó Hermione, sonriendo. Neville asintió y la chica prosiguió: –No tienes que ocultarnos algo así, no me parece que sea vergonzoso. Después de todo, siempre hemos sabido que eres medio despistado y que se te olvidan las cosas…

Neville enrojeció de nuevo y Harry se preguntó para qué sería la poción de la que hablaban sus amigos. Neville explicó en voz apenas audible:

-Lo sé, por eso Madame Pomfrey me la elabora desde hace años… eso me ha ayudado mucho en las clases, pues mejora bastante mi memoria y me hace sentir más seguro…

-Me imagino –dijo Hermione, comprensiva. –Y los ingredientes que necesita la poción, si no recuerdo mal, son romero y plumas de…

-Jobberknoll, sí. Mi abuela me los compra en el callejón Diagon y los manda vía lechuza para que Madame Pomfrey me haga la poción que dura un mes… Me ha ayudado mucho, ya no olvido las cosas como antes.

-¿Te tomas toda la poción de una sola vez y el efecto te dura un mes, Neville? –preguntó Harry muy interesado.

-No. Tengo que tomar tres gotas diariamente… es muy fuerte. No sé que efectos podría tener si me la tomara toda de un solo trago… Supongo que me daría un derrame cerebral o algo así.

-¿No podría ser… -le preguntó Harry, pero fijando su mirada en Hermione, -que te ayude a recuperar recuerdos perdidos, tal vez?

-No creo, Harry… no hay ningún libro de Pociones que indique tal cosa –afirmó la chica castaña, contestando en vez de Neville. Estaba negando ligeramente con su cabeza, como si le intentara decir a Harry que ni siquiera se le ocurriera pensarlo.

Pero Harry estaba seguro que ella, tanto como él, estaba sopesando la repentina idea de usar esa poción como una solución a su problema.

-¿Cuánto tarda la elaboración de la pócima, Neville? –inquirió Harry, insistiendo en el tema.

-Un mes –respondió Neville un tanto extrañado del interés de Harry en su medicina.

-¿Un mes? –dijo Harry decepcionado.

-Harry, francamente yo no creo que… -empezó a replicar Hermione, mirando a Harry con insistente negación.

-Está bien, Hermione… -la atajó Harry con tristeza. –Ya entendí. Sólo fue una idea, nada más.

Pero él, que ya había tomado una decisión, pensaba que no perdería nada con investigar si esa poción los podía ayudar. Tendría que leer un poco al respecto…

Los tres caminaron en silencio a partir de ese momento, como si Neville entendiera que sus amigos tenían encima una difícil resolución en espera de ser tomada.

Llegando al retrato de la señora gorda, Neville les plantó cara a los dos y diciendo la contraseña, se despidió:

-Bueno, chicos… mi abuela siempre dice que dos son compañía y tres son multitud, así que… ¡Adiós! –sonrió y entró por el agujero, el cual se cerró de nuevo ante la sorpresa de Harry y Hermione.

-Vaya… -murmuró Harry asombrado. –Ese Neville no es tan atontado como parece. ¿verdad?

-¡Harry! No seas malo… no digas eso de él. Es un gran amigo.

-Lo sé –dijo Harry, desdoblando la capa de su padre mientras se acercaba a Hermione. La pasó sobre las cabezas de ambos y una vez los dos cubiertos por ella, rodeó los hombros de la chica con su brazo y le susurró con ternura: -Entonces… ¿aún está en pie nuestra cita en "la torre más alta"?

Hermione sonrió con ilusión y asintió con su cabeza por toda respuesta.

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El simple trayecto a la torre de Astronomía fue bastante emotivo… Harry nunca había caminado al lado de Hermione teniendo el cuerpo de ella pegado tan cerca del de él, lo cual resultó muy excitante por sí mismo, ya que podía apreciar su calor y la sensación de uno de los senos de ella justo sobre su costado. Hermione recostó su cabeza en el hombro de Harry, y él podía jurar que caminaba con los ojos cerrados, dejándose guiar ciegamente por él… su confianza lo abrumó de manera avasallante y lo hizo estremecer.

Y pensar que voy a engañarla. A traicionarla… se repetía con remordimiento a cada paso que daban. De nuevo se preguntó si eso sería lo mejor, y como si su novia le hubiera leído el pensamiento, ella le susurró:

-Dejemos de pensar en esas cosas por hoy, Harry… Disfrutemos de la noche y mañana ya veremos. ¿qué te parece? Ya no quiero pelear contigo más…

Harry tragó saliva con pesar, y sintiendo un nudo en la garganta que le imposibilitó responderle, sólo atinó a acariciarle una mejilla con suavidad, gesto que ella pareció captar como un "sí" a su pregunta.

Sin volver a mencionar palabra, se dirigieron a la parte sur del Castillo en busca de la escalera de caracol que los llevaría a la torre más alta. La subieron lentamente y en silencio, Harry pensando que esa vez ambos llevaban a cuestas una carga más pesada que la que representó Norberto en su jaula. Deseó con todas sus fuerzas que al bajar de la torre, también lo hicieran con sus corazones más ligeros como en aquella lejana ocasión.

Pero estaba seguro que esta vez no sería tan fácil. Obviamente sería más sencillo deshacerse de dragones ilegales que de sentimientos de dolor.

Llegaron ante la puerta cerrada, que pudieron abrir sin aplicar ningún hechizo. Traspasaron el umbral y salieron a la noche, la cual desplegaba su encanto en medio de un cielo despejado y cuajado de estrellas titilantes. Una luna creciente alumbraba tenuemente la torre, así como el Bosque y los alrededores.

La torre estaba tan desierta como silenciosa, sólo un telescopio abandonado quebrantaba la monotonía del lugar. Harry sacó la capa de sobre ellos, permitiendo que la ligera y fragante brisa de Mayo inundara sus sentidos y los hiciera sentirse parte de la noche… Arrojó la capa sobre el telescopio, haciendo que éste desapareciera bajo ella.

Aún en embarazoso silencio, Hermione se alejó de Harry y caminó decidida hacia el parapeto de piedra de la torre, el cual le llegaba hasta el pecho. Apoyó sus dos brazos cruzados sobre éste, suspirando sonoramente y recargando su barbilla en ellos.

Harry, quien sólo la había estado observando, se acercó lentamente a ella. Se paró a su lado, e inclinando un poco su cuerpo, la abrazó tomándola por la cintura y juntando su cabeza con la de Hermione. Cerró los ojos, en un intento desesperado por no dejarse invadir por el llanto.

-Creo recordar –susurró ella con tranquilidad, -que aquella noche que trajimos a Norberto éramos tan pequeños que no alcanzábamos a ver sobre este parapeto… ¿te acuerdas de eso?... Y. ¿sabes qué? De algún modo que aún ahora no entiendo, tú ya eras parte de mí… desde ese entonces.

Harry no le respondió. Levantó su cabeza para buscar sus ojos en aquella semioscuridad, y ella continuó, con una sonrisa de seguridad en su lindo rostro:

-Aunque era una niña y en realidad no lo comprendía, yo ya te amaba, Harry. Mi corazón ya era tuyo, como lo sigue siendo ahora. ¿Entiendes? Tú me has regalado un amor tan grande que a podido sobrevivir al tiempo y a mil obstáculos, y de una cosa estoy segura… de que seguirá sobreviviendo. Pase lo que pase, mi amor por ti seguirá. Te amo Harry… hoy y siempre.

Harry sintió que su corazón se le desbocaba con violencia, y se dio perfecta cuenta que Hermione sabía lo que él pretendía. Que de algún modo que él todavía no lograba esclarecerse, su novia había adivinado sus intenciones de darle la poción al día siguiente… Pero lo que no lograba entender era si las palabras de la chica significaban que le estaba dando su muda autorización para ello o, todo lo contrario, le estaba suplicando que no lo hiciera.

-Yo también te amo, Hermione –le susurró Harry sobre su cabello. –Y haga lo que haga, procuraré que sea para bien. Pero sobre todas las cosas, siempre te protegeré… Aún sobre mi propia vida y bienestar. Lo juro.

Ella sonrió cálidamente, asintiendo con la cabeza.

-Lo sé, Harry. Siempre has hecho eso, precisamente… por eso te amo -le dijo tiernamente.

Hermione regresó su mirada a la lejanía, perdiéndose en la oscura vista. Las puntas de los árboles del Bosque se ondulaban con suavidad bajo el mando del viento ligero que soplaba entre ellas.

Harry tuvo una idea, y tomando a la chica de la cintura con fuerza, la giró hacia él y luego la impulsó hacia arriba para sentarla sobre el parapeto de piedra. Ella ahogó un gritito de sorpresa y miedo, pero al ver que el muro era ancho y que Harry la sostenía firmemente, olvidó pronto su temor a las alturas y disfrutó de la nueva perspectiva que su posición le ofrecía.

-Por Merlín que Hogwarts es hermoso… -dijo ella y suspiró. –Qué suerte haber sido bruja, pues sino… no estuviera aquí.

Harry no miraba el paisaje. Él estaba perdido y absorto en el rostro de ella y la manera en que su cabello danzaba al compás del aire. Un dolor lacerante ante la aparente realidad de que esa podría ser la última vez que sintiera esa intimidad a su lado, se le metía en el corazón sin piedad ni descanso.

Porque aunque quería pensar lo mejor y tener esperanzas; aunque quería creer que Hermione lo seguiría amando y le daría una nueva oportunidad… sabía que nadie se lo podía garantizar.

El simple pensamiento de estar sin ella lo estaba matando… la casi certeza que esa podría ser su última vez a solas con ella lo quemaba por dentro, provocándole que su garganta se obstruyera de un modo espantoso, impidiéndole pronunciar palabra… Llenándole los ojos de llanto.

No te quiero perder, no quiero… no puedo, le decía en su pensamiento, intentando no perder la compostura mientras la visión angelical de Hermione bañada por la luz de luna y su cabellera agitada al viento lo estaba destrozando.

Pero por más hundido que se sintiera, no daría marcha atrás. Ya estaba decidido. Ya había tomado la determinación. En cuanto tuviera la poción, se la daría, quisiera ella o no. Le dolía traicionar su confianza, hacer algo contra su voluntad, pero él sabía, estaba seguro que ella sería más feliz después de eso… Bueno, quizás se infartara un poquito al averiguar que había olvidado lo relacionado a las clases de cuatro meses, pero eso no era nada que una mente privilegiada como la de ella no pudiera arreglar con unas cuantas noches de estudio.

Y en cambio, a costo de ello… sería ella otra vez. Sin maldición. Sin esa cruel voz que torturaba e intentaba esconder su verdadero corazón. Así que, estaba hecho. Harry asintió con la cabeza convenciéndose a él mismo, mientras se aferraba a la ligera esperanza de que si ella aún lo amaba, la reconquistaría de nuevo.

Porque si ella lo había amado desde los doce años… cuatro meses olvidados no podrían acabar con eso. ¿o sí? Sólo cuatro meses… los mejores cuatro meses de sus vidas, olvidados por Hermione y recordados por Harry para siempre, con el dolor de no poderlos compartir con ella hasta que, de nuevo, fuera su novia y haciendo intimidad, existiera la confianza como para contárselo…

Hermione dejó de admirar el paisaje y bajó su cara hacia Harry, cuya cabeza quedaba a la altura de su pecho. Ella abrió sus piernas para que el chico pudiera acercarse más a su cuerpo… Harry se estremeció al ver la falda colegial de ella levantarse hasta la mitad del muslo.

Se acomodó junto al frío parapeto, justo entre sus rodillas. Miró hacia arriba, perdiéndose en los orbes marrones de la chica, que parecían asegurarle que a pesar de lo que fuera, su amor y su deseo por él seguirían intactos para siempre.

Hermione se arrastró un poquito sobre el muro, aproximándose más hacia Harry, quien notó que su falda se subía un poco más. Ella tomó su cabeza entre sus manos y lo jaló hacia su pecho, obligándolo a sumergirse en la calidez de su cuerpo. Hermione se inclinó para envolver la cabeza de Harry entre sus brazos, su cabeza y su torso, mientras él dejaba sólo de aferrarla con las manos de la cintura para envolverla con un abrazo completo.

Y así, sintiéndose abrumado por sus sentimientos y cubierto de aquel modo por Hermione, Harry no resistió más y se derrumbó… lágrimas ardientes invadieron sus ojos, saliendo con rapidez y en silencio, mojando las ropas de ella… quien, si se dio por enterada de eso, no le dijo absolutamente nada.

Ella sólo lo apretó con más fuerza… mientras acariciaba sus negros cabellos con suavidad y cariño.

Se quedaron así por largo tiempo, aún mucho después de que terminó de emerger llanto de él. Harry suspiraba, una y otra vez, como si el llenar sus pulmones de aquel fresco y perfumado aire lo aliviara de su temor.

Sin ver, notó que las manos de Hermione abandonaban su cabello y que ella se enderezaba, pero permitiendo que Harry siguiera sumergido entre su pecho y vientre, posición que al chico se le antojaba la ideal para quedarse así para siempre.

Pero como nada es eterno, tuvo que levantar su cabeza… buscó hacia arriba el rostro de ella y, entonces, Hermione lo miró con gran tristeza. Ella llevó su mano derecha a las mejillas de Harry y se las limpió… con un cariño y una ternura digna de quien acaricia a un recién nacido, ella retiró las lágrimas del rostro del chico.

-No sufras, Harry… me partes el alma –masculló con voz quebrada. -No me perderás, te lo prometo… ¿Cómo podría ser así, si toda mi vida he sido tuya?

Y entonces, bajó de nuevo su rostro, pero esta vez lo llevó directo al de Harry… sus bocas se encontraron y se besaron con lentitud, con ternura… Harry sufría en silencio al imaginar que podía pasar quien sabe cuánto tiempo para poder besarla así de nuevo… o lo peor, podría ser que nunca lo volviera a hacer.

Arrugó el entrecejo con aflicción al simple pensamiento, decidiendo de repente que si esa era la última vez, tendría que hacerlo bien. Si era la última ocasión para ella antes de olvidar; o también lo era para él, si es que no la volvía a enamorar… entonces lo haría de un modo que fuera digno de la enorme pasión que sentía por Hermione.

Le haría el amor, con toda su alma y corazón… por última vez, antes de decir adiós.