Padres de familia.

Padmé no volvió a encontrarse con Vader en los tres días que siguieron, y aunque esto generó sentimientos conflictivos en ella, el hecho de que él tampoco hubiese acudido a ver a sus hijos comenzó a preocuparla. Tanto Leia como Luke habían asegurado que antes de su aparición no había día que su padre no se comunicara con ellos, bien en persona, o si las circunstancias lo hacían imposible, a través del comunicador. De modo que comenzó a sospechar que la ausencia de su marido en la vida de sus hijos era exclusivamente culpa suya. Y eso no era bueno.

Los gemelos no habían dicho hablado una palabra al respecto, probablemente para no entristecerla, pero era fácil ver la sombra de decepción y tristeza en los ojos de Luke cada vez que interrogaba a Han sobre la llegada de su padre y éste no era capaz de darle una contestación precisa; el dolor en las expresiones de Leia siempre que escuchaba esa respuesta, como si se sintiera traicionada, e incluso sus sonrisas se habían vuelto más escasas y difusas conforme los días pasaban.

Tras despedirse de ambos y desearles buenas noches el tercer día, Padmé decidió que ya no podía continuar aletargando el momento de actuar al respecto. Pese al temor y las demás emociones que despertaban en ella ante la idea de verlo, sus hijos debían ser siempre lo más importante. Y su bienestar su principal preocupación.

Por desgracia, después de varios intentos interrogando a los guardias sobre su llegada continuaba sin disponer de una respuesta concreta. Suspirando, Padmé se cuestiono interiormente sobre cómo proceder a continuación. La mejor opción sería esperar al día siguiente e interceptarlo antes de que abandonara la casa. No obstante a este pensamiento, sus piernas parecían haber diferido por sí solas cuando Padmé se encontró a sí misma frente a la puerta de los aposentos de Vader, debatiéndose si traspasar o no esa barrera.

Armándose valor, extendió la mano hacía el picaporte y permitió que la puerta se abriera. La estancia que quedó al descubierto disponía de unas dimensiones inmensas, pero estaba escuetamente decorada. Los colores eran todos oscuros, y en medio de ella se situaba una gran vaina de formas extrañas.

Padmé avanzó unos pasos y percibió como un extraño vértigo se instalaba en su estómago. Esta sala, toda ella, parecía cubierta por la esencia de su marido. Anakin se relajaba aquí como no se permitía relajarse en ningún otro sitio. Dicha idea le recordó que estaba invadiendo su privacidad sin permiso, pero también la impulso a introducirse aún más adentro. Hacía la vaina.

Debía de tratarse de la cámara hiperbática de la que él le había hablado, comprendió tras examinarla con detenimiento. El único lugar donde le estaba permitido respirar sin la máscara. Donde podía despojarse de ese horrible traje y recordar las formas de su rostro. El eco de un dolor conocido volvió a apresar su pecho al son de las palabras de Leia.

Sin brazos ni piernas. Quemado vivo.

No. Ni siquiera en el interior de la cámara hiperbarica Anakin tenía permitido volver a ser el de antes. Su piel no sería sino pálida y ceniza, y su rostro recubierto de cicatrices. Pero tal vez allí sí podría volver a ver sus ojos. Esos ojos que siempre le infundían fortaleza, que la hacía sentir viva y agradecida por estarlo. En su imaginación ni siquiera surcó la idea de que pudieran ser unos ojos amarillos cargados de furia y odio escarlata. Eran unos ojos azules, los ojos de su Anakin, contemplándola con la misma pasión y devoción del primer día, cuando ella todavía no se sentía capaz de devolver su mirada y la hacía sentir incomoda.

Anakin…

Respirando profundamente, trató de sumergirse en su vínculo y acceder a los restos que su presencia había dejado en la fuerza. Habían transcurrido diez años desde que había renunciado a esa conexión con él, y bien podría haber muerto, pero no… Padmé la encontró allí, débil, oxidada, pero todavía latente. Y aquello más que ninguna otra cosa le trajo esperanza de que aún su marido vivía, enterrado bajo capas de odio, furia y autodesprecio en Darth Vader.

Temblando entre el alivio y el miedo, Padmé pulsó el interruptor que abriría la cámara y se introdujo dentro, acurrucándose sobre sí misma y descansado la cabeza en uno de los posavasos.

Sólo un instante, se juró a sí misma; mientras sus ojos se cerraban y se hundía completamente en los ecos de su aura. No era un aura pura y luminosa como la recordaba, sino conflictiva, bañada en tinieblas y en completa agonía, pero en su interior, en lo más profundo… todavía quedaban vestigios del hombre que ella amaba, sobreviviendo a duras penas a través del amor que él todavía le profesaba. Y Padmé se sintió cubierta por ese amor, colmada por él, y por primera vez en más de diez años, las pesadillas la abandonaron y le fue permitido descansar en paz.

No había sido un buen día. Se sentía impaciente, furioso y enfadado, y ni siquiera el lado oscuro de la fuerza podía calmar dichas emociones. Para colmo, todos los oficiales del imperio parecían haberse percatado hoy de su mal humor, y ninguno se había acercado lo suficiente para descargar sobre él su frustración.

El emperador si había contactado con él para comunicarle su pronto regreso a Corusant, reinterándo su interés por los análisis midiclorianos de sus hijos, y Vader todavía no había encontrado una excusa para evitar esto. Ni siquiera había planeado como decirle a su maestro que su esposa vivía. Pero también sabía que no podía retrasar eternamente la cuestión. Palpatine acabaría enterándose por un medio o por otro, y su ira sería mayor si no era él quien se lo confesaba.

Sumado a ese hervidero de problemas personales, los malditos rebeldes habían vuelto a manifestarse de forma armada en un planeta próximo al núcleo. Demasiado próximo. Si la noticia llegaba a difundirse minaría la imagen de invecibilidad del imperio, y él no podía consentir eso. Cinco batallones de sus mejores tropas ya habían sido enviados allí, pero si no lograban calmar la situación por sí mismos el debería acudir en persona. Y no era un buen momento para alejarse de casa.

Suspirando frustrado, Vader comprendió que no lograría avanzar más por aquella noche. Tal vez fuera hora de regresar a casa.

Todo era mucho más fácil estaba yo solo, pensó con resignación mientras volaba el speeder.

Antes de la aparición de Luke y Leia ningún tipo de problema personal podía acosarle. Él era sólo Darth Vader, señor de los Sith, implacable, invencible, oscuro. Servir a su maestro, exterminar a la rebelión y cazar a todos los sobrevivientes de las purgas era para lo que había sido creado. Nada más importaba. Él era un arma infalible, de determinación ferrea . Durante más de diez años, nada ni nadie que osara interponerse en su camino sobrevivía para volver a intentarlo.

Ahora todo había cambiado. Continuaba siendo Darth Vader, señor de los Sith, pero el horizonte que antes hondeaba claro se volvía ahora difuso. Sus pequeños hijos habían entrado en su vida para rellenar con su luz las sombras en las que vivía inmerso. Y después había aparecido ella, tan luminosa como un faro en noche de tormenta, brillante, hermosa, una ángel de alas plateadas, cegándolo con su luz…

Por primera vez desde su nacimiento, Darth Vader sintió miedo y tembló. Porque en el interior de aquella luz alojada en unos ojos avellana, había visto un poder suficiente para destruirlo. Y el problema más grave de todos radicaba en que, tal vez, a una parte de él mismo no le importara ser destruido. No mientras aquellos ojos pudieran acompañarlo para siempre. Pero entonces, si Vader desaparecía, ya no quedaría nada.

Bajo este conocimiento, había logrado mantenerse alejado de ella y de sus hijos durante varios días, y cada hora en la distancia era más difícil que la anterior. Quería olvidarse de ellos, olvidar su presencia y actuar como antes de descubrir su existencia; cumplir eficazmente con su trabajo, intimidar a los senadores que consideraba traidores, dar ordenes a las tropas de asalto… Después de todo sus hijos ya no lo necesitaban, no ahora que la tenían a ella. Y ella sólo había regresado por sus hijos, él no tenía ninguna importancia en su vida.

Pero a cada instante que pasaba, su imagen retornaba a su memoria. Las sonrisas entusiastas de Luke cada vez que trabajaban en algo juntos, los ojos brillantes de Leia cuando le hablaba de sus deseos y de su pasión por contemplar las estrellas, y el rostro de su ángel. Y deseaba, deseaba fervientemente ir con ellos, estar con ellos. Un deseo sólo en conflicto con la voluntad de permanecer donde estaba.

El speeder aterrizó finalmente en su plataforma personal. Sacudiendo la cabeza, Vader desechó todos aquellos pensamientos que no le servirían para nada útil. El día había sido agotador, y necesitaba llegar pronto a sus habitaciones y descansar para poder cumplir con su rutina y abandonar la casa temprano al día siguiente.

Caminó por los oscuros pasillo sin encontrarse con nadie. Fingiendo que el ridículo impulso de visitar a sus hijos para asegurarse que estaban a salvo ni siquiera existía (después de todo, si algo les hubiese ocurrido él lo sabría a través la fuerza), tomó el camino hacía su propia habitación.

La furia lo inundó al encontrar la puerta totalmente abierta y la presencia de otro ser en la fuerza. ¡Nadie, absolutamente nadie tenía autorización para invadir su aposento! ¡Y el desdichado que se hubiera atrevido lo pagaría caro!

Pero el intruso se escondía a sus ojos y esa aura… no lograba determinar sus intenciones, pero no trasmitía amenaza. Era un aura pura y luminosa, y tan cargada de amor que casi le producía daño. Era un aura que él conocía bien, aún cuando no tuviera razones para encontrarse allí.

Guiándose por sus instintos, Vader se acercó hasta la vaina y abrió sus compuertas mediante un sigiloso gesto en la fuerza. La imagen que descubrió lo congeló. Y toda rabia que pudiera haber sentido se disipó al instante.

Era ella. No se había equivocado. Era Padmé. Completamente dormida. Con la respiración suave y regular acurrucada sobre sí misma. Con el rostro totalmente sereno y relajado. Con una expresión de paz tan profunda que él no había contemplado desde antes de la guerra. Desde antes que las mentiras y las manipulaciones de Palpatine los separaran. Desde antes de que él la hubiera traicionado, él y no ella, eligiendo el poder por encima de su corazón. Desde antes de que perdiera a sus hijos.

Sus párpados cerrados, sus labios curvados en una pequeña e intima sonrisa, sus rizos cayendo libremente alrededor de su rostro… Tan hermosa, tan sumamente hermosa que dolía verla.

Inconscientemente Vader extendió una mano para acariciarla. No quería contaminarla con su oscuro toque pero era incapaz de resistir la tracción que lo movía hacía ella. Deseó, más fervientemente que nunca, conservar al menos uno de sus brazos para poder sentir la perfección de su tacto sobre su verdadera piel. Ese calor que desprendía, esa suavidad que siempre lograba conmoverlo, esa dulzura…

Padmé abrió lentamente los ojos, despertándose. Lo vio a él y comprendió que se había quedado dormida.

- ¿Anakin? Lo siento, no era mi intención…

Él quiso acallarla con un susurró pero éste no se manifestaría a través del codificador de voz.

- Silencio - dijo en cambio -. Cualquier lugar que sea mío es tuyo también. No tienes por qué disculparte, Padmé.

- Pero no debí invadir tu intimidad - se excusó, incorporándose levemente -. Es sólo que… tu presencia se sentía aquí tan arraigada. Supongo que no pude resistirme.

Vader respiró pesadamente bajo la máscara. No podía creer que esa fuera la razón por la que ella se encontraba allí. No podía creer que Padmé todavía se encontrara a gusto con su presencia. Que la buscara. Pero al mismo sabía que sólo había verdad tras sus palabras y se sintió tan aliviado, tan profundamente aliviado. Y tan feliz.

La última noche que habían hablado había abierto sus sospechas. Pero ahora… ahora comenzaba a creer. Si, tal vez, después de todo, fuera posible que ella aun lo quisiera.

- ¿Dónde has estado estos días, Anakin? Luke y Leia te han echado de menos.

Luke y Leia. ¿Y qué había de ella? ¿Lo había echado de menos también? No daba esa impresión, pero de nuevo, se repitió, ella había ido allí a buscarle.

- He estado… ocupado - contestó, decidiendo callar sobre sus intentos de mantenerse alejado de ellos.

Padmé arqueó las cejas.

- ¿Demasiado ocupado para visitar a tus propios hijos una sólo vez en casi cinco días? - sus palabras esfumaban sarcasmo.

Vader frunció el ceño bajo la máscara.

- Ser el segundo al mando de un imperio no es tarea fácil, Padmé - recalcó la palabra "imperio" -. Y ellos te tienen a ti ahora. No veo dónde esta el problema.

Él observó como las aletas de su nariz se curvaban y supo que la había enfadado, enfadado de verdad. Se maldijo a sí mismo por ser tan estúpido, pero se sintió incapaz de dar marcha atrás. Todavía guardaba demasiado orgullo para disculparse y ella ni siquiera tenía una razón legítima para enfadarse. Muchos oficiales no veían a su familia en semanas, él sólo los había dejado unos días. Días que había dedicado a servir al emperador para proteger a sus hijos. ¿Qué más quería de él?

Sin embargo Padmé lo sorprendió. Respiró profundamente y cuando volvió a mirarlo su ira se había disipado. Sus palabras fueron suaves ahora, y en consecuencia mucho más difícil resistirse a ellas.

Vader la maldijo en silencio.

- Escúchame Anakin. Se que tienes responsabilidades importantes, y se qué el emperador se pondría furioso si las desatendieras. Pero Luke y Leia no son sólo mis hijos. Son nuestros hijos. La responsabilidad de criarlos recaé sobre los dos. Ellos nos quieren y nos necesitan a los dos. Y te echan mucho de menos cuando no estás con ellos. Luke apenas sonríe y Leia es demasiado orgullosa para mostrarlo pero también sufre. Ella se parece tanto a ti… Prométeme que al menos intentarás buscar algo de tiempo para estar con ellos. Por favor - concluyó con una súplica en sus ojos castaños.

Una súplica que como ella sabe, yo soy incapaz de resistir, pensó con resignación. Aun así un calor había nacido dentro de él al escucharla. Sus hijos le querían. A pesar de la llegada de su madre a su vida, ellos todavía guardaban parte de su amor para él. Y ella también quería que él formara parte de sus vidas.

Viejos temores de los que apenas había sido consciente se disiparon y se sintió más ligero.

- Lo intentaré - prometió en voz alta, jurándose a sí mismo en silencio que lo haría.

Padmé sonrió, como si hubiese escuchados sus pensamientos, y sus ojos brillaron felices.

- Gracias. Nuestros hijos se alegraran muchísimo de verte. Y yo también - reconoció al cabo de un rato.

Vader cumplió su palabra. El día siguiente envió a Solo a la escuela para recoger a sus hijos cuando apenas había transcurrido la hora del almuerzo y aprovechando las enormes terrenos que rodeaban su mansión enseñó a ambos como conducir una motos swoop, motos deslizantes capaces de alcanzar los seiscientos kilometros por hora, que se habían vuelto famosas desde que el imperio levantara la supresión de sus carreras.

Cuando la tarde acabó, incluso Leia, que al principio se había mantenido un poco hosca, había perdonado por completo a su padre por su anterior ausencia. Ambos gemelos aprendieron rápidamente y desearon competir entre ellos, demostrando que habían heredado dos rasgos Skywalker.

Para alivió de Padme, Vader les prohibió ocupar un vehículo ellos solos, él siempre llenaba la parte de atrás a punto para ocupar los controles si algo fallaba. Ella hubiera preferido que Anakin hubiera elegido algo menos peligroso para compensar su ausencia, pero no se interpuso. El ansia por el pilotage bullía en la sangre de sus hijos con tanta fuerza como en la de su padre, y no debía ser contenida.

Padmé los observó ahora. Había transcurrido casi una semana y él no había faltado ni un solo día a su cita con ellos. A partir del segundo día, los tres retomaron su clases en el arte de la fuerza.

A pesar de que no era ninguna novedad, la idea de que sus hijos recibieran entrenamiento formal la asusto bastante. Todavía era incapaz de olvidar que su esposo no era ya Anakin, sino Vader, un ser que odiaba profundamente a los jedi y que basaba su poder en el lado oscuro de la fuerza. El último y horrible momento que había compartido con él siendo Anakin se clavaba en su corazón como un puño ardiente. Luke y Leia no podían transformarse en un ser así. Si en algún momento su mirada se tornaba amarilla… se cubría de odio y furia escarlata… ella moriría.

Tal vez él pudo sentir algo de su temor en la fuerza, pues la invito a su entrenamiento con la condición de que permaneciera en silencio. Y a pesar de que la tensión seguía allí, Padmé pudo relajarse al comprobar que no eran lecciones oscuras lo que enseñaba. Tal vez él mismo tuviese demasiado miedo de ver a sus hijos convertidos en una sombra de lo que él era, de tener que odiarlos como se odiaba así mismo, e inconscientemente decidió alejarse de ese camino.

Fuera lo que fuese, estaba agradecida. Y rezaba porque Vader nunca cambiara de idea. Sabía que, a pesar de todo, si él se proponía lo contrario poco podría hacer ella para evitarlo. Y preferiría ver a sus hijos muertos antes que convertidos en Sith, de eso estaba segura.

- Luke - la voz de su marido la sacó de sus cavilaciones -. La meditación es un arte que se practica en silencio, donde una persona se olvida del "yo" y se une al todo de la fuerza. Así que deja de intentar contactar con tu hermana telepáticamente, o de lo contrario tendré que castigarte.

El muchacho se sonrojó y bajó la vista avergonzado. Leia resopló con resignación y resistió la tentación de enviarle un "te lo dije".

- Lo siento papá.

Luke cerró los ojos y se obligó a sí mismo a concentrarse olvidándose del mundo consciente y olvidando también que aquello era muy aburrido. Vader lo observó con aprobación. Padmé sonrió y no pudo resistir la tentación de acercarse hasta su marido.

- Vamos Anakin - susurró divertida -, no seas tan duro. A su edad tú habrías dado cualquier cosa por tener a alguien con quien contactar telepáticamente en medio de esas tediosas lecciones de meditación. Ni siquiera cuando nos casamos eras capaz de encontrarles provecho.

Él no replicó, pero lanzó un gruñido intangible. Era cierto que en todos sus años como Anakin nunca había logrado pasar más de dos horas meditando, y aún entonces a la fuerza y con disgusto. Después de convertirse en Vader, en cambio, había necesitado desesperadamente librarse de sí mismo para no enloquecer y la meditación se había convertido en el milagro que hacía posible aquello. Pero su esposa no necesitaba saberlo. Y sus hijos todavía menos.

Para su satisfacción, Luke no volvió a intentar contactar con su hermana, y al cabo de varios minutos consideró que había superado la prueba.

- Podéis descansar ahora - autorizó enviando el mensaje a sus propias mentes, para no perturbarlos de golpe.

Leia, como era costumbre, lo bombardeó a preguntas. A diferencia de su hermano, aunque al principio la meditación le pareció aburrida y le costaba concentrarse, una vez logró dominarla se encontró fascinada por la cantidad de conocimiento que le entregaba la fuerza, sobre el pasado, sobre el presente, sobre el futuro, sobre otros mundos, sobre otros seres… y era su costumbre interrogar a su padre una vez finalizado el ejercicio hasta que saciaba todas sus dudas. Él nunca se quedaba sin respuestas. Lo sabía todo.

A disgusto, Vader reconocía que Leia se parecía demasiado a sí mismo a su edad, cuando acaba de abandonar Tattoine y cada minúscula cosa lo sorprendía y siempre, siempre quería saber más. Incluso llegó a compadecer a Obi-Wan sabiendo que el jedi había debido pasar por lo mismo. Luego recordó que había mentido a su esposa, separado a sus hijos, y dejadolo a él quemándose vivo en un estanque de lava y deseó fervientemente haber sido aún más pesado. Ese maldito jedi se merecía todo lo malo que la vida hubiera querido darle.

- Padre - Leia siempre le llamaba así durante sus clases -, quisiera saber también cómo logras siempre escuchar nuestras conversaciones telepaticas con Luke.

- Es debido a vuestra inexperiencia en la fuerza. La telepatía en un arte que se desarrolla con los años y cuesta un gran esfuerzo, pero vuestro vínculo como hermanos, es más, como hermanos gemelos, la hace posible del modo en que vosotros la conocéis. Sin embargo, todavía no sois capaces de proteger ese vínculo, y cuando habláis entre vosotros parece que gritéis las palabras a la fuerza. Cualquiera con un entrenamiento Sith completo lograría escucharos.

- ¿Y cómo se consigue protegerlo?

- A través de la meditación se crean una serie de escudos que privatizan vuestra conversación. Dichos escudos también pueden emplearse para proteger vuestras mentes y demás pensamientos de una invasión.

Leia lo observó fascinada, y Luke también mostraba interés.

- ¿Nos enseñarás?

Vader lo meditó unos instantes. Generar escudos era una tarea difícil, especialmente para alguien con una capacitación tan escasa como la suya. Por otro lado su fortaleza en la fuerza era sorprendente y ambos avanzaban a marchas forzadas. Quizá un pequeño reto fuera precisamente lo que necesitaban para desatar todo su potencial. Y de eso modo, ni siquiera el emperador podría invadir sus mentes ni controlarlos.

- Lo haré - asintió -. Pero no ahora. Ambos estáis cansados y necesitaréis de toda vuestra fuerza para lograrlo. Quizá mañana, ¿de acuerdo?

Ambos asintieron.

- Si, padre.

- Papá - interrumpió Luke -, ¿podemos ir ahora al taller? Necesito tu ayuda con el pequeño speeder a control remoto que estoy construyendo.

Vader lo medito un instante.

- Si a Leia y a tu madre le parece bien…

Padmé asintió.

- Todavía quedan un par de horas para la cena. Podéis aprovechar ese tiempo.

- ¿Leia?

La joven elaboró una mueca.

- Pasadlo bien. Yo todavía tengo que terminar un montón de deberes.

Su padre asintió satisfecho, pero después frunció el ceño, sintiendo que algo fallaba.

- Luke, ¿tú has terminado tus deberes?

- Toooodos están hechos - aseguró el muchacho con satisfacción.

- ¿Entonces por qué Leia todavía tiene tarea? - cuestionó con sospecha -. Siempre es la primera en concluir los trabajos de la escuela.

La muchacha desvió la mirada un instante, avergonzada como si la hubieran pillado en una travesura, pero después suspiró y procedió a explicarse.

- Verás papá, mama, Luke. Planeaba contároslo cuando fuese algo seguro, lo juro.

- Leia, ¿qué es lo que ocurre? - la suave voz de Padmé acarició a su hija, infundiéndole animos.

- Después de los últimos exámenes el director vino a hablar conmigo, y me dijo… - se interrumpió un momento, mordiendo el labio con nerviosismo.

- ¿Jovencita? - la paciencia de su padre se estaba agotando.

- Dijo que mi rendimiento era más que excelente, especialmente en Políticas y Política del Imperio, Diversidad de Especies, Historia de la Galaxia, y Redacción y Argumentación, y que si vosotros estabais dispuestos, sería mejor para mi saltarme un par de cursos y enfocar mi educación en vías de una carrera política - pronunció todo aquello rápidamente, como si tuviera miedo de que alguien la interrumpiera y ya no valor para continuar.

- ¿Qué? - la exclamación de su hermano fue lo primero que escuchó.

- ¡Oh, Leia! Eso es maravilloso - su madre.

- Me siento muy orgulloso de ti, hija - su padre.

- ¿Por qué no nos lo has contado antes? - su madre de nuevo.

- No puedes aceptar eso. Entonces ya no estaríamos juntos en clase. ¡No estaríamos juntos en ningún sitio! - Luke se cruzó de brazos y al ver que nadie lo apoyaba salió corriendo de allí.

Esa era precisamente la reacción que más temía Leia, y por la que había optado guardar silencio el máximo tiempo posible. Conocía a su hermano, y sabía que éste todavía no se encontraba del todo cómodo en el nuevo ambiente de Corusant. Las clases se le hacían pesadas y demasiado pronto había descubierto que la gente no era nunca lo que parecía.

Había habido un par de accidentes, como cuando unos alumnos mayores se metieron por él acusándolo de tener acento de "campesino" y recomendándole que se volviera a donde pertenecía, antes de saber quien era realmente. Al descubrirlo se había horrorizado y le había suplicado perdón, uno de ellos incluso arrastrándose por el suelo, y Luke había hechado a correr horrorizado.

También se había enfadado con muchos de sus primeros amigos, primero porque los había escuchado menospreciando a los granjeros que vivían en los planetas más alejados del núcleo, y después porque los había visto insultar y arrojar al suelo a otro niño, únicamente porque éste era tugruta y no pertenecía a la especie humana.

Después de eso no había vuelto a reconciliarse con ellos, a pesar de que estos lo había intentado, y Leia se había convertido en su único apoyo durante las clases y los recreos. A ella no le importaba pasar el tiempo con su hermano en lugar de con sus amigas, pues a pesar de que ellas le seguían pareciendo amigables la hipocresía de Corusant no le resultaba desconocida, y sabía que al crecer no dudarían en darle la espalda si, por ejemplo, Vader cayera en desgracia ante el emperador.

En aquella escuela de familias elitistas, el poder y el dinero lo eran todo. Pero aun así a Leia le parecía fascinante la posibilidad de continuar aprendiendo acerca de la política, no sólo por lo que decían en clase, sino por las historias que su madre le contaba a veces acerca de la Republica. Historias que ella misma se había encargado de ampliar a través de R2. La Democracia era realmente el mejor modo de gobierno, y aunque sabía que su padre no opinaba lo mismo, él también odiaba al emperador.

¿Cómo podía alguien tan malo crear algo bueno?

A Leia le resultaba imposible. Y por interesantes que le resultaran las lecciones de la fuerza, por las noches soñaba con la idea de convertirse en un político influyente, como su madre había sido, y ayudar a mejorar las cosas para las personas mas pobres y desfavorecidas, como su padre que había sido esclavo de niño o como los tíos de Luke, que habían tenido que trabajar muy duro para sobrevivir, y tal vez enseñar a todos lo realmente horrible que era el emperador y que era mejor no seguir nunca más a ese hombre.

Se imaginaba una gran sala circular, con millones de plataformas volantes, y ella en el centro de todo, vestida de blanco con un vestido, a pesar siempre los había odiado, y miles de personas aplaudían y gritaban su apoyo…

Pero Luke jamás entendería aquello. Y tenía un miedo horrible a que nunca la perdona por abandonarlo. Su hermano era más importante que todo.

Observó a sus padres, que habían contemplado la escena con desaprobación y evidentemente no comprendían las acciones de Luke, y les suplicó con los ojos que la dejaran a ella resolver esto a solas con él antes de salir en busca de su hermano.

Lo encontró en su habitación, sentado sobre el suelo, con los brazos rodeando sus piernas y la frente apoyada sobre sus rodillas. Leia se sentó a su lado sin decir nada, esperando en vano que él hablara. Pero Luke no hizo ademán de reconocerla.

- Aunque aceptara, seguiríamos estando juntos en todos los recreos… - aseguró al final -. Y podríamos comunicarnos telepáticamente siempre que quisiéramos.

Luke continuó con su mutismo.

- No lo haré si tú no quieres - prometió a la desesperada, tratando de conseguir alguna respuesta.

Su hermano elevó los ojos azules hasta clavarlos en ella.

- ¿De verdad? - inquirió con desconfianza.

- ¡Pues claro! - asintió -. Tú eres lo más importante para mi - se mordió el labio -. Pero me gustaría hacerlo.

- ¿Y de verdad seguiríamos viéndonos en los recreos?

Leia cabeceó con firmeza.

- Entonces vale - accedió él.

Su hermana sonrió ampliamente y lo abrazó con fuerza.

- Gracias.

Luke la miró tímidamente.

- Siento haberme enfadado. Es que no quería perderte. Me encanta tener una hermana.

- Y a mi encanta que tú seas mi hermano, Luke. Y nadie logrará separarnos nunca de nuevo - depositó una suave beso en su mejilla -. Te lo prometo.

Unos metros más allá, discretamente colocados, dos padres sonrieron tras observar esa escena. Su manos se hallaban entrelazadas y sus ojos, a pesar de la máscara que él utilizaba, coincidieron. Fue un instante silencioso, pero en que ambos sabían lo que pensaba el otro. Eran Anakin Skywalker y Padmé Amidala, y se sentían orgullosos de ser padres, y de quienes eran sus hijos.


Konichiwa!

Después de una breve temporada, aquí os he dejado el siguiente capítulo del fic, espero que lo hayáis disfrutado.

Agradecer como siempre a las fantásticas personas que me hacen llegar su apoyo de forma constante a través de sus comentarios, personas sin las cuales, estad seguros, este fic no existiría tal como lo conocemos porque se habría quedado a la mitad. A ellas, muchas gracias.

Tras este agradecimiento, aprovecho para resolver las dudas de algunas de ellas. MartaQ, cuando hago referencia a la novela adaptada de ROTS, me refiero a la Venganza de los Sith. Revenge Of The Sith son las iniciales con las que se la conoce en el fandom inglés. Por cierto, las novelas del último de los jedi yo también las he leido, son buénisimas. Me gsuta sobre todo la primera y la segunda entrega por la intervencion más sólida de Obi-Wan, pero el misterio que rodea la trama en las siguientes también las hace geniales. Especialmente cuando aparece algun miembro de los Naberrie XD.

Liah Skywalker, las novelas adaptadas de las que hablo yo misma puedo pasartelas si me dejas tu correo, pero tendrá que se con espacios y escrbiendo con letras las aplabras como arroba, o de lo contrario la página lo eliminara. Si a alguien más le interesan, también podéis pedirmelas escribiendo a este correo "rbc (barra baja) x10 (arroba yahoo punto es)"

...

Por último algo de autopromoción. Dado que estoy apunto de acabar mi fanfic de Redemption, un completo Vader/Padmé/Anakin, y éste fic también va por buen termino... me estoy planteando el comenzar otro historia de Star Wars, pero esta vez centrada en la relación maestro/padawan/hermano que existe entre Obi-Wan y Anakin, que me parece muy poco explorada por el fandom y llena de amor y tragedia... aunque por supuesto también habrá mucho Anakin/Padmé. ¿A vosotros que os parece?

Para que veáis el curso que llevaría ya he publicado un pequeño one-shot títulado Brothers, que podéis encontrar en mi perfil. Así que me harías un gran favor leyéndo y diciendome vuestra opinión, para ver yo si la idea tira o no tira, y prepararme yo para escribir algo más largo sobre ellos o buscar otro tema.

Os dejo el resumen:

Un tributo a Anakin y Obi-Wan. Porque hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana... hubo una vez en que ellos fueron hermanos. Porque para mi, nunca dejaron de serlo. Localizado en ANH, a bordo de la Estrella de la Muerte.

...

Y supongo que esto es todo por ahora. Gracias de nuevo y nos leemos pronto.

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