.
INSEGURIDADES
Disclaimer: mayoría de los personajes son reciclados de Digimon Adventure 1 y 2
Dedicado a los que se esconden bajo la cama
Capítulo 28
Besos que no
Mimi divisó la cabellera roja de Koushiro apenas se apeó del autobús. Estaba sentado al otro lado de la calle, en una de esas bancas que instaló el gobierno a lo largo de toda la costanera para que los ciudadanos observaran el mar. Llevaba sus cascos de la estrella de la muerte sobre sus orejas, y una gruesa bufanda naranja que desentonaba a más no poder con toda su vestimenta. Mimi no pudo evitar enrojecerse: le producía ternura que el muchacho eligiese tan mal su ropa.
Menudo desafío.
Pasó a comprar dos cafés para llevar en el local que había al frente del paradero antes de ir su encuentro. Hacía frío. Qué primavera más apática con los enamorados. Se preguntó cómo debía saludar. Al final no lo hizo, tomó asiento a su lado así sin avisar. Koushiro, inmerso en su mundo, se sobresaltó.
—Ten —y le entregó su café—. Cargado, desabrido, lo de siempre.
Unos hoyuelos aparecieron en las mejillas de Koushiro.
—Gracias —con torpeza, Koushiro recibió su vaso de cartón y se bajó los audífonos. Él tampoco estaba seguro de cómo debía saludarla ahora.
Habían hablado por teléfono durante la noche. Bueno hablar… bien podrían haberse mandado mensajes de texto. Fue así:
—Veámonos
—Cuándo.
—Mañana.
—Dónde.
—¿La playa?
—Qué parte.
—Allí donde doblan los autobuses de la línea verde.
—Ya.
Mimi esperaba que el resto de sus conversaciones no fuesen así. Observó su vaso de cartón y tiró la cabeza hacia atrás. Se lamentó de haber optado por un café en lugar de una infusión floral o algo similar. Comenzaba a sentirse nerviosa, su estómago no quería cooperar. Por hacer algo, revolvió en su bandolera de flecos. Entonces recordó que sí había algo allí en su cartera que debía sacar. Extrajo una bolsa de papel marrón y se la entendió a Koushiro.
—Brownies —explicó—, ayer te escapaste antes de que salieran del horno ¿ya desayunaste?
—No me dejan salir de casa sin haber desayunado. Pero supongo que no está mal un poco más de comi-
Koushiro enmudeció de golpe.
"Es observador después de todo" pensó Mimi.
La muchacha no se había puesto base, y salvo por el labial de un tono rosado para proteger sus labios resecos, tampoco llevaba ninguna clase de maquillaje. Sus pocas pero llamativas pecas quedaban al descubierto, sus pestañas ya no eran tan largas, los labios le parecieron pequeños. Era más pálida de lo que Koushiro pensaba, y le dio la impresión, no supo por qué, de que podía ver a través de ella. Eso se sintió bien. Muy bien.
Sonrió.
Le apartó uno de los mechones del rostro y se percató de otra cosa.
—Tus piercing...
—Los boté. No son necesarios, se puede brillar de otras maneras.
Koushiro entendió qué quería decir Mimi cuando le daban ganas de morder orejas, pero se contuvo. Aún no estaba muy seguro de cómo actuar con ella. O qué decir al respecto.
—Estás bien —concluyó—. Ya sabes, tú...
—Lo sé, gracias.
Se llevaron sus vasos de cartón a los labios y observaron el mar. Oyeron a las gaviotas que no paraban de graznar. El olor a sal bajo sus narices. El viento húmedo. El frío de la bruma marina. Definitivamente, qué primavera más apática.
—Tal vez te parece una pregunta extraña pero... somos novios ¿no?
—Supongo —Koushiro se encogió de hombros—. Sí, ¿cierto?
—¿Por qué no nos besamos ayer? Habría sido lo normal.
Koushiro hundió su rostro en la bufanda. El contraste entre esta y su cabello se hizo más evidente aún.
—Una respuesta sincera sería que en el almuerzo me acabé casi todo el vinagre de arroz. Te habrías llevado una mala impresión de mí con mi boca oliendo a ácido acético —y mientras hablaba, su frente se tornó roja—. Una respuesta mucho más sincera es que no se me ocurrió hacerlo. No sabía si podía.
Mimi no pudo controlar la risa.
—Nunca has besado a una chica ¿cierto?
Koushiro dio un sorbo a su café.
—¿Tú has oído las cosas que dice Daisuke? Me refiero a su teoría de que soy el novio de Hikari. Según él, me vio besarla en la mañana del Omisoka.
—Qué extraño, cuando yo la oí, y me lo contó Miyako quien ama condimentar las historias, me dijo que fue un abrazo. Debe haber mutado, ya sabes cómo son los rumores. ¿Quién dices que te contó a ti?
—Yamato.
Guardaron silencio un momento. Las espesas cejas de Koushiro comenzaron a juntarse. Ella esperó a que se le juntaran del todo. Dejó su vaso de cartón en el pavimento y se abrazó.
—Me hizo una pregunta muy rara —continuó él—. Quería saber si de verdad había besado a Hikari, o si fue «uno de estos que no». ¿Un beso puede no serlo? No lo entiendo.
Mimi repasó el lóbulo de la oreja izquierda con sus dedos. No se acostumbraba aún a palpar tantos agujeros.
—Tal vez te quería preguntar si había sido un beso importante para ti. Ya sabes, si fue con o sin sentimientos, si significaba algo, o fue una espontaneidad del momento.
—Ah.
—Tal vez por eso perdonó a Taichi tan rápido —reflexionó Mimi para sí—. Me refiero a Yamato. Ese tuvo que haber sido un beso que no. ¿No te pareció muy extraño que siguiesen siendo amigos después de todo lo que pasó? Al principio pensé que él era el novio de Hikari, pero se nota que está enamorado perdido de Sora. También pensé en Joe, y en el chico Iori. Creo que nunca te he mostrado mi lista de sospechosos, sweetie.
Volvió a trajinar en su bolso de flecos y extrajo de allí la libreta donde guardaba la famosa hoja, ahora toda manoseada y arrugada.
Koushiro se acomodó las gafas. No pasó por alto que la lista era encabezada por un nombre tachado múltiples veces. Ese debía ser Taichi, porque era el único nombre de sus amigos que no veía por ningún lado.
Incluso su propio nombre estaba allí. También tachado. ¿De verdad lo consideró un candidato probable? no creyó oportuno preguntárselo de momento. El nombre de Ken por otra parte, estaba tachado, encerrado en círculo, destacado. Parece que había sido un candidato fluctuante. Al reverso habían más anotaciones, todas sobre Ken.
—Estas empeñada en resolver esto ¿no? —Mimi asintió—. ¿Por qué asumiste que tenía que ser alguien del grupo?
—No se me ocurre otro motivo de por qué Hikari se empeñaría en esconder tanto su identidad. Lo primero que pensé, era que Taichi lo mataría y eso le asustaba. O por esta regla del código de caballeros de no meterte con la hermana de tu amigo. Pero luego, pensé que tal vez la ruptura de Matt y Sora tendría algo que ver. Como un ejemplo de lo mal que pueden salir las cosas. Ya no sé si sea el motivo ese, no se me ocurre nada, pero aunque me haya precipitado en mis razonamientos, algo de certera era mi intuición, porque terminó siendo Ken.
—¿Código de caballeros? ¿Eso existe?
—Sigues concentrándote en lo menos importante, sweetie.
Koushiro se quedó viéndola un rato. Sus ojos, inconscientemente, se desviaron a las orejas de Mimi.
—Pareces muy convencida de que es Ken —comentó sin apartar la mirada.
—¿Y tú no? Pero si fuiste tú quien-
—Te dije lo que Miyako piensa —interrumpió—. La verdad es que nunca me he puesto a pensar en el asunto. He estado ocupado —con sus cosas de insectos y del club de informática.
Mimi sacó el bolígrafo del bolso, subió las piernas a la banca, y apoyó en sus rodillas la libreta, dispuesta a tomar apunte.
—Piensa ahora, sweetie ¿qué se te ocurre?
Koushiro se levantó de la banca y se estiró.
—No se me ocurre nada.
—Inténtalo Watson —alentó—, hazlo por Nancy.
—De seguro que Miyako no se equivoca. Es inteligente, y debe tener eso que ustedes llaman "intuición femenina"
—Por favor.
Koushiro guardó sus manos en el bolsillo delantero de la sudadera, Mimi supo que el muchacho no iba a cooperar, no en aquel momento al menos. Le parecía, Mimi estaba segura de aquello, que la cabeza de Izzy estaba en otra parte. En ella. Ese pensamiento le dio gusto. También se levantó de asiento, deslizó su mano por el bolsillo de Koushiro y le tomó de la mano.
—Caminemos.
La investigación podría esperar. Botaron sus vasos de cartón en el mismo basurero, y ayudaron a una señora de edad avanzada a cruzar la calle mientras no conversaban nada en particular.
Las caminatas al lado de Koushiro eran agradables.
Las caminatas al lado de Mimi eran nuevas.
La mano de Koushiro era cálida y áspera.
La mano de Mimi debería ser descrita por un poeta.
Mimi descubrió que le gustaba desordenar el cabello de Koushiro. Los cabellos pelirrojos eran más gruesos y espesos que el resto de los cabellos.
Koushiro no se responsabilizaría de sus actos la próxima vez que ella le revolviese el peinado. Definitivamente alguien terminaría con las orejas devoradas. Así sería.
Tomaron el mismo autobús y se despidieron en la parada de Koushiro. Nuevamente sin un beso. Ella no se lo exigió, pero le apretó la mano con mucha fuerza antes de que él se apeara. Besos delante de desconocidos no sería lo de ellos, Koushiro ya lo había dejado claro en el Dinner de imitación, pero tendrían que conversarlo.
Se lo tenía que contar a Sora.
*.*
—Me iré a Kyoto, con mi padre. No sé cuándo vuelva pero no será pronto.
Mimi cambió el auricular de mano y enrolló el cable de teléfono en sus dedos.
—Pero... pero teníamos un pacto. Yo cumplí. No puedes huir ¿no planeas entrar a la universidad o algo así?
—Me prepararé para los exámenes de admisión del próximo año y buscaré un empleo de medio tiempo, en Kyoto. Todavía no tengo decidido qué estudiar. Tal vez pueda ser la asistente de papá, o tal vez no, depende del tiempo que me ocupe. Eso tampoco lo tengo decidido. Entiéndeme, necesito un cambio.
—No, estás huyendo.
—Puede ser ¿y qué? No te desanimes, te oías tan feliz... me alegro mucho por ti e Izzy, si ya te dije que me hacía ilusión. Siempre pensé que serías tú y no Koushiro quien diera el primer paso. Me ha sorprendido.
—Izzy es mi superhéroe. El mejor. Aunque creo que Joe se merece algo de crédito.
Ojalá alguien pudiese salvar a Sora. Pero ella parecía que no quería ser salvada.
—Sora, ¿te puedo hacer una pregunta que puede resultar incómoda?
—Tal vez.
Se hizo un silencio. El sentido de la intuición de Mimi le decía que Sora había aferrado con fuerza el auricular, y que su mirada se incrustó en el diseño de sus calcetas. Mimi deseó que las calcetas de Sora fuesen bonitas.
Mimi aclaró su garganta.
—¿Por qué besaste a Taichi?
Mimi oyó a Sora suspirar al otro lado de la línea.
—Había discutido con Yama... nunca escucha cuando le hablo. Taichi por otro lado, escucha demasiado.
A Mimi no le quedaron más dudas: ese fue un beso que no.
—No deberías marcharte sin haber hablado con ellos. Recuerda que esperan una respuesta.
—¿No tienes una respuesta que me puedas regalar?
—Antes de mudarte, debes avisar a la compañía eléctrica para que corten el servicio, o las facturas seguirán llegando. Solo te digo eso.
—Las metáforas no son lo tuyo —reflexionó—. Oye... Gracias.
Mimi colgó la llamada y salió al balcón. Le quedaba un solo cigarro en su cajetilla.
Se preguntó si Sora se sentía sola, o es que quería sentirse así. ¿Era Kyoto acaso una especie de castigo? La chica era de ideas raras. Le gustaría ayudar a Sora, pero se preguntó hasta qué punto es ético interferir en la vida de otras personas. A lo mejor, Sora debía encontrar su camino por cuenta propia y generar una respuesta. A lo mejor, Kyoto sí era necesario.
Observó su cigarro largo rato hasta que, finalmente, volvió a guardarlo en la cajetilla.
—¿Te acuerdas por qué fumamos? —le preguntó a la Meems sonriente.
La Meems sonriente siguió sonriendo.
El resto del día lo pasó en la cocina, picando verduras y nueces en su tabla de bambú, pesando la harina, tomando el tiempo y la temperatura, y pelando las judías. Tarareaba las canciones que sonaban en la radio, y cuando su madre entró a hacerse una infusión, escuchó con atención todo el chismorreo que ella tenía que decir sobre la vecina.
—Esa mujer está estresada y se descarga con cualquiera. La entiendo, pero no le perdono sus palabras. Es su hija que se ha quedado embarazada, pero la chiquilla no quiere decir quién es el padre, ya verás. Yo le dije «Ay querida no la agobies, tienes que dejar a tu hija que empiece a tomar sus propias decisiones» ¿Y sabes qué me responde? ¡Que doy pésimos consejos! ¡Será grosera! Así que le dije que era su hija y no la mía la que se había quedado encinta. Tan malos consejos no doy después de todo ¿o sí?
Terminó el relato con una sonrisa. Aun así, no lograba ocultar su cansancio, no. Y varias arrugas que no tenía en Estados Unidos habían llegado para no irse. Era la abuela que da mucho trabajo, y la distancia de papá no ayudaba. A su madre le afectaba más que a ella, y eso le dolía a Mimi.
—¿Papá no vendrá para las vacaciones de primavera?
—Ese era el plan, pero le salieron unas reuniones con los daneses, y como es el único que habla danés, no puede irse. ¿Tu amigo Koushiro no será danés? Esos daneses son todos unos pelirrojos.
Mimi se volvió más roja que todos los daneses juntos.
—Koushiro no sabe por qué es pelirrojo.
—Yo creo que es danés. Tiene ese aire de los daneses ¿sabes? Pregúntaselo.
Mimi movió la cabeza de un lado a otro. ¿Aire danés? Ahora se creía una experta en daneses. Pero bueno… la familia es la familia, y Mimi no concebía a una madre con ideas comunes. No iba con ningún Tachikawa.
*.*
—Si te molesta la pregunta, dímelo.
—Qué pasa.
—¿Eres pelirrojo porque eres danés? —Koushiro parpadeó, y transcurridos unos segundos de verdadera estupefacción, se lanzó a reír—. ¡No seas así! Mi mamá me pidió que te lo preguntase.
—Pues… ahora que lo dices, tal vez algo de danés tenga. Dicen que los daneses tienen un sentido del humor peculiar.
Mimi se preguntó si había algo que Koushiro no supiera.
Y por el modo en que el muchacho bajó levemente la pantalla del computador portatil y clavó su mirada en el infinito, sin ver realmente nada, atendiendo solo sus pensamientos, Mimi se dio cuenta que por primera vez, había despertado curiosidad en Koushiro por sus orígenes, sus verdaderos orígenes biológicos, y que no se sentía culpable por hacerse ese tipo de preguntas.
Cuando Koushiro volvió a atender su trabajo, Mimi continuó hablando:
—Se lo conté a mamá… que salimos. Tiene que saberlo, sobre todo si vas a venir a casa. Verás, no me dejan tener la puerta de mi habitación cerrada si estoy con mi novio. Y también se lo conté a Sora, es que teníamos un pacto —le explicó el pacto brevemente—. También creo que deberíamos contárselo a Joe. Hay que darle las gracias ¿no crees?
—Eso es como… es como precipitarse. Solo llevamos tres días.
—Einstein dice que el tiempo es relativo. Sí, también sé cosas de física ¿a que te he sorprendido?
Estaban en ese entonces en la habitación de Koushiro. El muchacho estaba sentado a los pies de la cama, con la computadora sobre sus piernas. Mimi, sentada a su lado, llevaba un buen rato jugando con el cubo rubik del muchacho.
—¿De verdad sabes armar esta cosa?
Koushiro asintió. Le dijo que Miyako era mucho más rápida.
—Miyako se ha ido a la nieve con sus hermanos —le informó Mimi—. Me escribió un mensaje, mira:
«Me he ido a la nieve con mis hermanos. Ya nos pintaremos las uñas otro día -M.I.»
—Siento que la gente se escurre de mi lado —siguió Mimi—. De acuerdo, Yolei volverá. Pero Sora se irá a Kyoto; Yamato, que ya no estudia se volcará en la música; y Taichi entró a la universidad, en pleno centro de Tokio. Además está que papá no vendrá en estas vacaciones, y en verano es cuando más trabajo tiene, así que, con suerte, lo veré para navidades. El tiempo es muy relativo. El invierno será larguísimo pero las navidades muy cortas.
—Takeru, Daisuke y Hikari entrarán a la preparatoria. Cuando gente se va, otra llega, es así.
—Si te vas tú, no podría llegar nadie.
—No digas eso —los dedos de Koushiro dejaron de moverse por el teclado.
—Hablo en serio. Si te vas... Koushiro, si te vas... —Mimi no tenía palabras.
Koushiro pensaba que lo más probable es que fuese ella quien se marchase antes. Pero no lo dijo.
—No me iré. No me iré de casa hasta que cumpla los cuarenta. Así será.
Ella le agarró del cuello de la sudadera y lo besó. El computador de Koushiro se deslizó por sus piernas hasta el suelo. Su cabeza se desinfló.
—No —Koushiro se separó y le agarró de las manos. El aire volvía a inundar sus pulmones—. Mi mamá está en casa.
—Tu mamá no va a entrar a la habitación sin llamar antes a la puerta.
Ella le quitó las gafas y le bajó los párpados. Los besos de enamorados son a ojos cerrados. Juntó su frente con la de él y rozó sus labios. Entonces comprobó que la señora Izumi realmente no llamaba a la puerta, ella entraba con su bandeja llena de bollos y té como Pedro por su casa.
Porque era su casa.
—¡Mamá! —Antes siquiera de que la puerta se abriera dos milímetros, Koushiro ya había saltado a recibir la bandeja de su madre. Mimi se arregló el cabello y tomó el cubo rubik entre sus manos. Con algo de suerte igual la señora Izumi no se había enterado de nada. Pero por la sonrisa que le dedicó la mujer, Mimi supo que la mujer intuía que entró en un mal momento.
Todas las madres tienen algo de bruja, pensó Mimi.
O igual era que los labios de Koushiro estaban manchados con el labial de Mimi. Pero ni Mimi ni la señora Izumi se lo hicieron notar a Koushiro.
—Dejaré la puerta abierta —se despidió la señora Izumi sin dejar de sonreir.
Mimi le pidió a Koushiro que le explicara cómo armaba el famoso cubo, a ver si se despejaba un poco. Y Koushiro tuvo que enfocar su atención en aquella petición. Pero de cuando en cuando, su mirada se perdía, y su cabeza se preguntaba si aquel había sido un beso que sí, o uno que no.
*.*
NOTAS DE AUTORA
Holas! Esto... no tengo mucho que decir. Que yo sepa, los daneses no se caracterizan por ser pelirrojos. Los escoceses, los irlandeses, ellos sí. En otras notas más vanidosas, le hicieron una crítica a este fic en un blog de Tumblr. Dejé el enlace en mi profile por si a alguien le interesa cotillear. Me hizo ilusión -y sí, me siento genial, a quién vamos a engañar.
Hasta una próxima actualización. Thank you, my babies. Japi.
