Hola chicos!!

Despues de tanto tiempo de ausencia, me presento aqui para dejarles el proximo capi xD
Como siempre espero que la espera haya valido la pena, y pues no me queda mas que decirles que disfruten este capi que aunque triste me gusto mucho xD

DISCLAIMER: LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN, ASI COMO TAMPOCO EL DE AIKA HIMENIYA. SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO Y N4RU-S4KU RESPECTIVAMENTE. ESTA HISTORIA TIENE COMO UNICO FIN EL ENTRETENIMIENTO Y SIN ANIMO DE LUCRO.


Capítulo XXVII: Sayonara

Desperté con un dolor atroz en todo el cuerpo. No sólo los párpados me pesaban como si estuvieran hechos de plomo, pero los brazos y las piernas se negaban a responder a las órdenes de mi cerebro. Mientras mi mente luchaba por rescatar los fragmentos de nuestra última batalla y de asimilar la razón por la cual me encontraba en un lugar totalmente desconocido, me concentré en abrir los ojos.

Pero en cuanto lo logré, un intenso resplandor me cegó momentáneamente. Tuve que parpadear varias veces para que mis pupilas se acostumbraran al drástico cambio de luz, y fue entonces cuando advertí una presencia a mi lado.

Reconfortada, pensando que seguramente sería Naruto, alargué una mano, buscando la suya a tientas. Sin embargo, en vez de sentir su tibio y áspero contacto, unos dedos delgados y pequeños se encontraron con los míos.

Desconcertada giré la cabeza, no sin un considerable esfuerzo. A mi lado estaba Aika, con algunos parches en las heridas que el encuentro anterior con el Kyuubi le había ocasionado. Tenía la mirada perdida en la ventana y sostenía mi mano con aire distraído y ausente.

– ¿Dónde estamos? – le pregunté con voz débil.

– En el hospital – respondió, regresando a la realidad con un sobresalto. Al ver mi expresión confundida, esbozó una ligera sonrisa. – ¿No te acuerdas de lo que pasó? – habló con dulzura. Negué lentamente con la cabeza. El recuerdo de los días anteriores se perdía en una neblina extraña y difusa, convirtiéndolos en poco más que un sueño lejano y borroso.

– Akatsuki te capturó. Naruto y yo fuimos en tu rescate, pero él… – dudó un instante antes de seguir – perdió el control porque te lastimaron. Tú te desmayaste poco después – concluyó tristemente.

– ¿Y? – De repente todo comenzó a tener sentido. Mi memoria comenzaba a aclararse trayendo consigo dolorosas imágenes de un Naruto convertido en un zorro de cuatro colas.

– Después de eso corrí a la aldea para pedir ayuda. Un grupo de médicos vinieron por ustedes y los trajeron hasta aquí. Naruto tenía heridas por todo el cuerpo y quemaduras de considerable gravedad. Pedí que lo pusieran a tu lado – Se movió un poco hacia la derecha para mostrarme la cama que se encontraba junto a la mía. Estaba vacía, pero parecía que la habían desocupado recientemente.

– ¿Dónde está ahora? – continué interrogándola.

– Se recuperó muy rápido. Todo lo que te conté pasó hace cinco días y a él le tomó dos curarse por completo – dijo sin contestar a mi pregunta.

– ¿Entonces por qué no está aquí? – insistí. Estaba empezando a perder la paciencia.

Ella no contestó, se limitó a agachar la cabeza y evitar mi mirada.

Por primera vez noté que parecía triste por alguna razón. La examiné meticulosamente preguntándome el porqué de su expresión sombría, de su actitud distante, tan decaída y fuera de lo común en ella. Su sonrisa habitual se había desvanecido de su rostro y sus pupilas bicolores ya no brillaban traviesamente como cuando la conocí.

Además no llevaba sus ropas habituales. Su entallada camiseta negra cubierta por una malla y un chaleco de jounnin y sus pantalones oscuros habían sido sustituidos por un vestido morado que le llegaba hasta las rodillas y una pañoleta amarilla amarrada a su cuello. Un cinturón color anaranjado rodeaba su estrecha cintura y completaban el conjunto.

Todo esto me resultó bastante extraño, pero también perturbador. Aún no me había respondido la pregunta que le había hecho. Me senté en la cama, ante su mirada de alarma y volví a confrontarla.

– ¿Pero dónde está? No puede haber salido… no puede… – "Haberme dejado sola" pensé angustiada. No era propio de él dejarme en una cama inconsciente y medio moribunda mientras se salía a pasear por el campo tranquilamente. Era incapaz de hacer algo así ¿o no? Muchas veces me había demostrado que yo era lo más importante y no quería creer que ahora, en el momento en que más lo necesitaba se había ido.

– Él… – Aika dudó al ver mi expresión consternada y se puso a contemplar sus manos que descansaban sobre su regazo, como si no se las hubiera visto nunca. Tomó aliento y dejó salir las palabras que tanto temía que pronunciara. – Se ha ido Sakura.

Me quedé de una sola pieza, incapaz de creer lo que me decía. ¿Cómo era posible que mi amigo, mi compañero de misiones… mi novio, se largara de esa manera? Y de pronto un pensamiento aterrador me vino a la cabeza. ¿Era posible que aún consumido por la ira, hubiera salido en busca de venganza? O peor aún… ¿que ya estuviera tan harto de ser él quien siempre tuviera que correr a rescatarme que me había abandonado definitivamente? Esta última opción provocó un doloroso pinchazo en mi pecho y me apresuré a descartarla inmediatamente.

– Lo dieron de alta esta mañana y… me dijo que tenía que irse. Tomó sus cosas y se fue.

– ¿Qué? No puede ser - le dije a mi amiga que sentada en una silla al lado de mi cama y con la mirada aún fija en sus manos entrelazadas, no podía disimular su expresión de pena y aflicción.

– Yo... lo siento mucho Sakura. No pude hacer nada para evitarlo - respondió ella, alzando la vista por primera vez y clavando sus pupilas bicolores en las mías.

– No... eso no puede ser cierto - murmuré más para mí misma que para Aika.

Me levanté de la cama de un salto, ignorando el dolor de las múltiples heridas que aún no terminaban de sanar por completo, y me dirigí hacia la puerta de la habitación abriéndola de un violento portazo que casi la arranca de sus goznes.

La imagen que me devolvieron mis ojos me confirmó la terrible noticia.

- ¿Por qué? - dije, cuando logré salir de mi estupor. Allí afuera no había nadie esperándome. Sólo algunas enfermeras que transitaban apuradamente por los pasillos llevando medicamentos en sus manos y algunos utensilios médicos que reconocí con tan sólo echarles un vistazo. No estaba Naruto. Por lo tanto lo que me había dicho Aika tenía que ser cierto.

Al no obtener respuesta y un poco irritada por el silencio que se había venido tras mi pregunta, me giré para enfrentar a mi amiga. Ella se había levantado de su asiento y se acercó a mi con la intención de regresarme a la cama. Me tomó de los hombros pero me deshice de su agarre con un ligero empujón.

– ¿Por qué? – repetí con una nota de histeria en la voz.

– No lo sé Sakura. Simplemente dijo eso. Que tenía que irse. No mencionó nada más. Se despidió de mí con un abrazo y creo que estaba llorando pero no podría asegurártelo.

– ¿Y de mí? ¿Por… por qué no se despidió de mí? – Mi corazón dolía con cada latido y sentí que las lágrimas querían aflorar a mis ojos. Reprimiéndolas, agaché la cabeza en un acto instintivo de autoprotección que llevó mis cabellos hasta mi rostro descompuesto y lo escondió tras una cascada de color rosado.

– Todo pasó muy rápido Sakura. Él no tenía planeado hacer nada de esto – respondió ella, tomándome de un brazo para infundirme consuelo.

¿Qué podía ser aquello que lo hubiera hecho partir tan precipitadamente? me pregunté. Sea lo que fuere no podía ser nada bueno, y yo no iba a quedarme de brazos cruzados.

– Tengo que ir a buscarlo – respondí decididamente, y caminando a grandes pasos me dirigí hacia el armario que supuse contendría mi ropa y demás pertenencias.

– No Sakura. Me dijo que en cuanto te recuperaras tendrías que ir hacia Konoha. Me hizo prometer que no irías tras él ni pondrías en riesgo tu seguridad. Además… además dejó algo para ti.

Su voz se había quebrado hasta el punto de hacerce casi inaudible. Mientras ella hablaba yo había comenzado a cambiarme, quitándome las vendas y curándome con mi propio chakra las heridas que no habían terminado de cicatrizar. Pero al escuchar esto, me paralicé.

– ¿Algo para mí?

Asintió con la cabeza y me guió hacia fuera de la habitación y a través del pasillo del hospital. Cuando llegamos a la sala de espera, vi que tres de sus clones me estaban esperando. Todos tenían expresión seria y conmovida, pero ninguno comentó nada al verme. Solamente se colocaron a mi lado, como si fueran una escolta. Como mudos e inmóviles soldados daban la impresión de que se limitaban a cumplir órdenes.

– Ellos te cuidarán Sakura… y… además me pidió que te dijera que… – Pero antes de terminar la frase, sus ojos se humedecieron.

– ¿Qué me dijeras que? – consumida por la impaciencia la había tomado por los hombros y me disponía a zarandearla para obligarla a seguir hablando.

– No quisiera ser yo quien tenga que decirte esto… en verdad lo siento mucho Sakura. Realmente no me explicó sus razones y aunque traté de hacerlo recapacitar… se mantuvo firme y…

– ¿¡Y qué?! – exclamé cada vez más aterrorizada.

No quería pensar en la posibilidad de que hubiera ido en pos de Zetsu, porque estaría poniendo en riesgo su propia vida. La impaciencia y el pánico me consumían, sobretodo porque sabía que cada segundo que perdía en ese lugar era tiempo valioso que se descontaba de la vida de mi amigo. Me imaginé hasta lo peor, pero lo que me contestó mi amiga a continuación me dejó helada.

– Que todo había acabado entre ustedes.

Esa frase rebotó en mi cabeza durante varios segundos, hasta que alcanzó mi corazón y lo hizo pedazos. Retrocedí tambaleante ante la fuerza de aquéllas palabras y casi me derrumbo al suelo de no haber sido porque uno de los clones de Naruto me sostuvo entre sus brazos. Sentí algo húmedo resbalar por mis mejillas y un gemido escapó de mis labios involuntariamente.

No… no podía ser. Eso nunca. Él me prometió estar a mi lado siempre, pasara lo que pasara. Naruto me había dicho que nunca me dejaría sola, y me lo dijo tan convencido que jamás albergué duda alguna. ¿Entonces por qué? ¿Por qué ahora rompía la promesa más importante que me había hecho? ¿Por qué si había jurado protegerme del dolor y la tristeza, era él el que ahora desbarataba todo mi universo?

Mi amiga también lloraba, no sé si de impotencia por verme a mí tan desolada o al recordar el momento en el que Naruto salió por aquélla puerta sin mirar atrás. Se acercó y me abrazó con fuerza, dejando que desahogara todo mi dolor. Sin decir una palabra fue ella la presencia que impidió que mi mundo se acabara en ese mismo instante. Me sentía devastada y confundida, y durante varios minutos estos sentimientos abarcaron la totalidad de mi consciencia.

Pero pronto la rabia fue sustituyéndolos hasta que terminé por explotar. Me separé de mi amiga y quise desquitarme con la primera réplica que se cruzó en mi camino. Como si fuera el verdadero Naruto, me planté firmemente ante él y a pulmón desatado me dediqué a insultarlo y maldecirlo hasta que se me acabó el aliento y los improperios de mi extenso repertorio, la mayoría aprendidos gracias a mi sensei, que además de luchar y curar me enseñó algunas otras lecciones básicas de la vida.

Finalmente le solté un puñetazo con la esperanza de que desapareciera de mi vista para que sus ojos celestes y su rubio cabello dejaran de provocarme el pulsante dolor que atenazaba mi alma. Para mi sorpresa recibió el golpe de lleno y aunque retrocedió unos pasos no estalló en una nube de humo como habría hecho en circunstancias normales.

Me lo quedé viendo desconcertada, antes de que Aika me tomara por los brazos con suma delicadeza y me alejara a una distancia prudente.

– Naruto no quiere que te pase nada en el trayecto. Como él no puede estar allí para protegerte, ha invocado a tres Kage Bunshins para que velen por ti – me explicó gentilmente.

– ¡Yo no necesito que nadie me acompañe! ¡Si ha tenido el descaro de abandonarme en el estado en el que me encontraba, entonces ¿qué carajo le importa lo que pueda pasarme?! – grité furiosamente.

– Sakura… – dijo mi amiga con voz suplicante. – No me lo compliques más – Sabía que para ella debía de ser difícil esta situación, porque estaba en medio de los dos. Por una parte se encontraba Naruto, que independientemente de lo que le hubiera dicho, era evidente que había causado un gran impacto en ella. Al menos lo suficiente como para intentar convencerme de regresar a Konoha escoltada por tres de sus réplicas.

Y por el otro lado estaba yo, que aún sin ejercer presión directa sobre ella, se sentía con la obligación de comprenderme y además, como mujer, podía entender lo mal que la estaba pasando.

Además me había dado cuenta de algo mucho más importante. Durante todo este tiempo había actuado como si hubiera previsto todas mis reacciones. Y pese a ser mi amiga, dudaba que me conociera tan a fondo. Sólo había una persona capaz de hacer tal cosa: Naruto. Sospeché que aún había algo más allá de lo que me había contado hasta el momento.

– Escucha – le dije intentando serenarme – haré lo que me pidas si me cuentas exactamente lo que ustedes dos hablaron mientras yo estaba inconsciente. – La petición la tomó por sorpresa, y en ese segundo en el que bajó la guardia, su nerviosismo la delató.

– ¿De qué hablas? Ya te dije que sólo intercambiamos unas cuantas frases – rebatió no muy convencida. Su mirada se paseó por toda la habitación, pero en ningún momento se atrevió a posarla en mí.

– No eres muy buena mintiendo Aika. Y yo no soy tan tonta como lo parezco– repliqué con el ceño fruncido.

Ella suspiró y pareció sopesar sus posibilidades. Después de un largo silencio que comenzaba a impacientarme, por fin habló.

– No puedo Sakura. No tienes idea de lo que hizo para asegurarse de que no te diría nada. Y no se fue hasta que no se lo juré por lo menos unas diez veces.

– Entonces, saldré inmediatamente a buscarlo – amenacé.

– No voy a permitir que te expongas justo después de haberte recuperado – respondió con un tono de voz que no admitía réplicas.

– Aika, no me iré hasta que no obtenga unas cuantas respuestas.

– ¿Y porqué no se las vas a pedir a él? – alegó de pronto, cruzándose de brazos.

Su contestación me desarmó por completo. Tenía razón. Lo mejor sería confrontarlo frente a frente y hablar con sinceridad. No tenía por qué involucrar a otra persona. No era justo para ella, y además Naruto podría explicarme mejor que nadie las razones que había tenido para actuar de este modo.

– Al menos quiero saber si no está buscando venganza.

– No – aseguró Aika después de una corta pausa.

En ese momento le creí, aunque tiempo después me reveló que había mentido para encubrir a mi amigo.

Al saberlo a salvo, me tranquilicé un poco. Aunque casi de inmediato lo lamenté, porque esto trajo consigo toda la tristeza que se llevaba acumulando hasta el momento. "No puedo derrumbarme en este momento" pensé decidida, sacudiendo de un manotazo las lágrimas que pretendían volver a correr por mi rostro. No quería perder la esperanza hasta que hubiera aclarado las cosas con él.

Suspiré largamente, antes de volverme hacia Aika y decirle:

– Hasta pronto y lamento muchísimo que hayas tenido que verte involucrada en algo así.

– No seas ridícula y deja de decir esas tonterías. El tiempo que he pasado con ustedes jamás lo olvidaré. Has hecho algo muy especial por mí y prometo cuidar a Yonbi con mi vida. Por ti… y por Naruto.

Acto seguido se arrojó a mis brazos, encajando su cara en mi hombro para amortiguar el sonido de sus sollozos. Aún así llegaban claros y precisos hasta mis oídos, lo que hizo que una pizca de nostalgia se agregara a mi adolorido corazón.

Le di unas palmaditas en la espalda a modo de consuelo, con la vista fija hacia el frente y entrecerrando los ojos para contener el llanto. Al separarnos nos miramos fijamente. Durante varios minutos sus ojos se trabaron en los míos, transmitiendo todos los sentimientos que las simples palabras jamás serían capaces de describir.

Una mezcla de alegría, angustia, melancolía y alivio me azotó el alma durante el tiempo que permanecimos una frente a la otra, compartiendo nada más que ese mágico momento. Finalmente, retrocedí unos pasos hasta toparme con la puerta. Le dirigí una última sonrisa y cuando ella me la devolvió acompañada de un gesto con la mano, salí del hospital y enfilé rumbo a Konoha, seguida por tres silenciosas figuras vestidas de naranja.

Llevaba días corriendo y buscando inútilmente. En situaciones normales hubiera dado media vuelta y regresado por donde vine, sin poder aguantar un minuto más la angustia que me devoraba el corazón. Pero la rabia me obligaba a seguir casi a ciegas en búsqueda de una venganza que se hacía más lejana conforme pasaban los minutos.

Quería encontrar a Zetsu y hacerle pagar con mis propias manos el dolor que le había causado a Sakura-chan. Porque durante los dos días que tardaron mis heridas en sanar, la cólera no había disminuido; ni siquiera se había enfriado. Las pesadillas que me atormentaban noche tras noche y que me hacían revivir de una manera espantosamente nítida la tortura física a la que sometieron a Sakura-chan, alimentaban el fuego de mi odio y lo mantenían tan intenso como el día en que me llevaron al límite de mi paciencia.

Además nadie que osara ponerle una mano encima a ella podría salirse con la suya. Pagaría con su vida aquél pecado imperdonable. Por primera vez creo que llegué a entender la obsesión de Sasuke por tomar venganza de su hermano, porque yo no descansaría hasta ver el cadáver de aquél bastardo ante mis pies.

Me había lanzado a tontas y a locas en una búsqueda que de antemano sabía sería en vano y plenamente consciente de que estaría poniéndome en peligro. Pero nada de eso me importaba. Porque por la maldita culpa de aquélla planta yo había tenido que renunciar al amor de Sakura-chan. Y aquello, traducido a mi idioma, era algo bastante cercano a pretender que viviera sin respirar.

Finalmente me detuve en medio del bosque, después de haber andado en círculos por la misma zona en la que nos habíamos encontrado con Akatsuki.

– ¡Maldición! ¡¿Dónde estás aloe vera?! – grité desesperado. – ¡¿A qué esperas?! – insistí, echando un vistazo a mi alrededor con la esperanza de que apareciera mágicamente frente a mí.

"Justo cuando quiero encontrármelos, desaparecen sin dejar rastro" pensé furioso, al ver que mi táctica no había dado resultado. Estando solo y completamente vulnerable creí que no desperdiciarían esta oportunidad única para capturarme. Prácticamente les estaba sirviendo a Kyuubi en bandeja de plata, todo claro está, con la intención de hacerlos salir de su escondite y poder pelear a tope sin miedo de lastimar a nadie.

Pero parecía que o bien se habían dado cuenta de mi plan, o estaban demasiado lejos como para escucharme. Descargué mi frustración contra un árbol, derribándolo con el golpe que le propiné. Estaba seguro que en esos momentos mi fuerza rivalizaba con la de Sakura-chan.

Sakura-chan... Suspiré al mencionar aquél nombre en voz alta. Pensar en ella me hacía sentir mejor y solía traer un poco de paz y alegría a mi vida. Al menos eso era antes. Pero ahora sólo se me partía el corazón a la mitad y sentía cómo se me desgarraba el alma.

Me odiaba a mí mismo por haber tenido que dejarla abandonada en aquél hospital. Me aborrecía el pensar que no estaba yo a su lado, velando su sueño y cuidando de ella. Que si algo malo pasaba no estaría yo para evitarlo. Sabía que mi lugar estaba junto a su cama y en vez de eso, me encontraba a kilómetros de distancia, persiguiendo una sombra invisible que se me escurría entre las manos.

Trataba por todos los medios de no pensar en lo que había ocurrido esa mañana, en la plática que había mantenido con Aika y en la que le había hecho prometer que se encargaría de vigilar con ojo de halcón todo lo que los médicos le hacían y que no se separaría de ella hasta que abriera los ojos y se encontrara fuera de peligro. Pero invariablemente esos recuerdos seguían bombardeando mi cabeza hasta que me cansé de contenerlos y dejé que me inundaran.

Me había despertado temprano esa mañana y lo primero que vi al abrir los ojos fueron dos orbes bicolores que me miraban ansiosamente. Los reconocí al instante y mientras me sentaba en la cama, recibí un fuerte abrazo que por poco termina por asfixiarme y mandar al trasto los esfuerzos de los médicos por salvarme la vida.

– ¡Al fin te has recuperado! – dijo Aika regalándome una de sus encantadoras sonrisas.

– Sí, creo que esta vez tardé un poco – le contesté cuando nos hubimos separado. – ¿Y Sakura-chan? – pregunté casi al instante, levantándome de un salto y buscándola con la mirada.

A Aika se le congeló la expresión en el rostro hasta que su máscara de alegría terminó por desvanecerse poco a poco. Se hizo a un lado para dar paso a una lastimosa imagen que me encogió el corazón. Allí estaba ella, reposando tranquilamente sobre la cama que se encontraba a mi lado. Sus delicados párpados permanecían cerrados y su piel todavía se encontraba amoratada por la brutal golpiza de la que había sido objeto. Apreté los puños al recordar esa escena y Aika me hizo notar que mis ojos se habían puesto rojos de nuevo.

Me relajé un poco y cuando me acerqué a su lecho con la intención de depositar un suave beso sobre sus labios, reparé en una fea cicatriz que parecía diferir de las demás heridas. Se encontraba en uno de sus brazos, casi a la altura del hombro. Tenía un color rojizo bastante peculiar, y escocía pese a que la habían untado con abundante pomada.

Señalándola, le pregunté a Aika.

– ¿Qué le pasó allí?

Ella se colocó a mi lado para ver con más detalle el lugar exacto que mi dedo indicaba. Sus ojos se abrieron de sorpresa cuando se posaron sobre el corte.

– Es una quemadura – respondió rápidamente. La miré, extrañado por el tono de su voz. Parecía no querer hablar más sobre el tema y me dio la impresión de que esperaba que yo tampoco siguiera preguntando. Pero no me iba a quedar callado y menos tratándose de Sakura-chan.

– ¿Y quién se la hizo? ¿Y cómo?

Aika se tensó al escuchar mis palabras y paseó la mirada por la habitación, como si en ella pudiera encontrar la respuesta que buscaba.

– Aika – la llamé, un poco impaciente por el incómodo silencio que se había hecho de repente.

– Déjalo así. No es nada grave – contestó, intentándole restar importancia al asunto.

– Claro que lo es. Mira cuánto tiempo ha pasado y aún no parece haber sanado – le rebatí, examinando con más atención la herida. – Tal vez debamos llamar al médico y pedirle que…

– Es inútil Naruto. Ya la han examinado y han hecho lo que han podido.

– Bah, entonces los médicos de aquí no son tan buenos como los que hay en Konoha. Seguramente Tsunade oba-chan la curaría en un instante.

– Lo dudo – respondió ella después de una breve pausa. – Aquí hay muchos de gran renombre y aún así no han podido ayudarla.

– Pero se pondrá bien ¿no? – pregunté, empezando a asustarme ante la idea de que pudiera ser algo que amenazara la vida de Sakura-chan.

– Seguro. Probablemente quedará con la cicatriz de por vida, pero no es nada peligroso.

– Fue ese idiota de Zetsu ¿verdad? – dije entre dientes, pensando que en cuanto tuviera oportunidad lo mataría yo mismo.

Pero su silencio me desconcertó un poco. Mantenía la mirada fija en aquella herida, como si estuviera recordando el objeto o la persona que la había causado. Y al ver sus ojos velados por una sombra de dolor y tristeza, una idea alcanzó mi mente con la fuerza demoledora de un rayo.

Me acordé de pronto, de la terrible verdad que me había confesado Yamato el día en que nos enfrentamos a Kabuto y a Orochimaru. Que la quemadura que surcaba uno de los brazos de Sakura-chan la había causado yo al convertirme en el Kyubi y perder el control de mis acciones. Comparé aquélla llaga con la que ahora exhibía Sakura-chan. Sí, sin duda se parecía mucho. Aunque ésta era mucho peor. Parecía un corte profundo y tenía la piel casi en carne viva a su alrededor. Supuraba un poco y unas gotas de sangre brillaban ante la luz de la lámpara.

Volteé la cabeza y miré a Aika en busca de confirmación. Mi expresión denotaba horror y culpabilidad. Cuando ella por fin se dignó a despegar los ojos de la enferma y fijarlos en los míos, ya no me cupo ninguna duda.

– De hecho fuiste tú Naruto. Cuando te convertiste en aquél…zorro con cuatro colas. Zetsu la usó como escudo cuando te disponía a atacarlo y la atravesaste con tus garras.

La realidad se me vino encima de manera apabullante. Retrocedí temblando y sintiendo que la angustia me consumía por dentro. Incapaz de sobrellevar aquélla información, di media vuelta y salí de la habitación. Recorrí el pasillo con la impresión de que aquello no era más que un sueño, y habría seguido caminando como un sonámbulo de no haber sido porque choqué contra una silla de la sala de espera y me dejé caer sobre ella.

Me llevé las manos a la cabeza, abrumado por el remordimiento. Otra vez lo había hecho. Había lastimado a la persona que había jurado proteger con mi propia vida. Me había convertido en aquello que me había empeñado en negar durante toda mi infancia: en un peligro. Desde la primera vez que había perdido el control de esa manera me había prometido que jamás volvería a recurrir al poder de mi bijuu. Y me repetí hasta el cansancio que no debía permitir que el zorro me seduciera con sus tentadoras ofertas.

Por ella. Por temor a volverla a lastimar. Porque sabía que la siguiente vez podría acabar con su vida y yo ni siquiera me enteraría de ello. Y no podía soportar esa idea. Pensar que pudiera ser yo el causante de su muerte me aterraba en todo el sentido extenso de la palabra. Estaba seguro que yo mismo me arrancaría el corazón del pecho si algo así llegaba a ocurrir.

Poco después sentí una mano en mi hombro que me sacó de mis sombríos pensamientos. Me sobresalté un poco al ver a Aika a mi lado, tomándome la mano y apretándola ligeramente para ofrecerme su apoyo.

– No fue tu culpa – dijo, adivinando los sentimientos que me atravesaban el alma.

– Sí lo fue Aika – la contradije histérico. – Hubiera podido evitarlo, de no haber cedido a la tentación de usar el poder del Kyubi, Sakura-chan no quedaría marcada por el resto de su vida.

– Mejor que quede con una cicatriz a que hubiera muerto ¿no te parece? – me consoló ella. – No sabía que eras un jinchuuriki – agregó después, un poco dolida porque le habíamos ocultado esa información.

– Sí, soy el jinchuuriki del nueve colas. Y creéme que en este momento daría cualquier cosa por deshacerme de él – apunté tristemente.

– Pero Naruto es que ¿no lo entiendes? Si no te hubieras transformado probablemente la hubieran matado enfrente de nuestros ojos. ¿Acaso no recuerdas? Nada que no hubiera sido tu bijuu hubiera podido deshacer la sustancia que te tenía atrapado.

– Aún así Aika, le he hecho daño. Y quién sabe si la próxima vez… sea yo el que… – se me quebró la voz. No, no podía continuar. El expresarlo en voz alta sería como materializar mis temores y hacerlos realidad. Ella no respondió. Porque sabía que tenía razón. Mientras yo no mantuviera el control en esas situaciones, la vida de todos los que me rodeaban en esos momentos peligraba. Incluso la mía. Pero ése era el problema. Que yo no sabía dominar mi carácter y en un arranque de ira podía despertar todo mi poder casi sin darme cuenta.

– Todo tiene su desventaja – replicó ella.

– Sí, Aika, pero en este caso el riesgo es muy grande. Yo no me voy a jugar la vida de Sakura-chan. No me importa arriesgar la mía, pero no la voy a poner en peligro a ella.

– ¿Y qué vas a hacer entonces?

Me quedé callado dándole vueltas al asunto. Sabía que sólo había una manera de protegerla. Había dicho que la defendería de todo, incluso de mí mismo. Lo único que podía hacer era alejarme de ella. Cortar todo lazo sentimental para evitar que volvieran a tomarla prisionera.

– Terminaré con ella – respondí con voz lúgubre. – Así nadie tendrá el pretexto de usarla como rehén para llegar hasta mí.

– ¿Ahh sí? ¿Y cómo piensas hacer que Akatsuki se entere? ¿Dejándoles notitas regadas por todo el bosque? ¿O sacando un megáfono y gritándolo a los cuatro vientos?

– De la misma manera en que se enteraron de que Sakura-chan y yo manteníamos una relación. Ellos se darán cuenta, siempre me están vigilando y si viajo solo seguramente pensarán que entre nosotros ya no hay nada.

– Es absurdo – sentenció Aika después de pensarlo durante unos instantes. – La idea es ridícula. En primer lugar, aunque no lo quieras, tendrás que seguir cumpliendo misiones con ella. Porque no creo que abunden los ninjas con las mismas habilidades que tiene Sakura ¿o me equivoco?

– Por eso viajaremos por nuestra cuenta. Yo me encargaré del bijuu y de los Akatsukis que anden merodeando por allí y después me marcharé para dejarla trabajar en paz.

– No resultará Naruto. ¿Tu crees que se quedará de brazos cruzados y aceptará tu decisión sin oponerse?

– Por eso te pido que esta conversación quede entre nosotros. Porque si se llega a enterar de los motivos por los cuales he terminado con esto, no dejará de insistirme en que a no le interesan los riesgos que conlleva nuestra relación. Y yo no estoy muy seguro de tener la fuerza de carácter para negarme a regresar con ella.

– Estás cometiendo un grave error. La destruirás si le dices eso. ¿Es lo que quieres? ¿O es que no te importa verla llorar día tras día tras día? ¿Crees que puedas cargar en tu consciencia que fuiste tú el causante de su sufrimiento? Por lo que me ha contado has sido el amigo que siempre ha estado de su lado. Fuiste tú quien la salvó de la oscuridad y la devolvió a la luz cuando un tal Sasu-no-sé-qué se largó y los traicionó. Y si te vas… si la abandonas ahora… estarás haciendo lo mismo que él.

– Sasuke – la corregí. Una punzada de dolor se sumó a las anteriores al recordar a mi hermano y eterno rival. – Sí, le prometí a Sakura-chan que se lo traería de regreso. Y ahora tengo una motivación más para hacerlo. Él no es un peligro como lo soy yo. Él podrá hacerla feliz – afirmé en un murmullo apagado.

– ¿Y qué te hace creer que ese tal Sasuke llenará el vacío de tu partida? No te entiendo Naruto, dices que la amas pero al parecer no conoces mucho de ese sentimiento. Pretendes reemplazar tu lugar por un sujeto cualquiera que la rechazó cuando eran niños. Él ya quedó atrás y no podrá devolverle la felicidad que le estás arrebatando –. Soltó mi mano bruscamente y se cruzó de brazos, visiblemente indignada.

– ¡Claro que la amo! Y precisamente por eso debo ponerla a salvo. Aunque eso signifique que deba apartarla de mi lado. Renunciaré a mi felicidad por protegerla. Además, por mucho que me quiera, yo sé que en realidad el hombre de sus sueños es Sasuke. Cuando lo nuestro empezó me resigné a que el cielo sólo me la había prestado por un momento. – admití. Ya tenía tiempo razonando y cavilando sobre ese asunto. Sabía que sólo me habían dado a probar el paraíso, pero que se me estaría negado cuando Sasuke regresara. Y aunque esto me llenaba el corazón de pena y tristeza, me alegraba el saber que ella por fin cumpliría su sueño más anhelado.

– Hablas de Sakura como si fuera un objeto – comentó Aika entrecerrando los ojos y desprendiendo fuego por ellos.

– Jamás se me ocurriría pensar de Sakura-chan como un obejeto – exclamé escandalizado. – Si la viera de esa manera me negaría a dejarla ir. Y estoy haciendo todo lo contrario.

Después de esta frase quedamos en silencio. Agaché la cabeza y clavé la vista en el suelo, con los codos apoyados en las rodillas y rogando porque mi decisión fuera la correcta. Bajo ningún motivo expondría a Sakura-chan, eso era lo único que me quedaba claro. Me levanté despacio de mi asiento e invoqué a tres Kage Bunshins. Doté a esas réplicas con una gran reserva de chakra para que aguantaran más de un golpe sin deshacerse. Después me dirigí hacia Aika para hacerle mi última petición.

– Estos tres clones cuidarán de Sakura-chan y la escoltarán hasta Konoha. No la dejes ir hasta que no te prometa que se irá directo hacia la Aldea.

– ¿Y tú a dónde vas? – me preguntó ella desconcertada.

– Primero a arreglar unas cuentas – escupí con más rabia de la que pretendía – y después emprenderé el camino a casa. No sé si llegue antes o después que ella, pero de todas maneras da igual. La anciana Tsunade no tendrá más remedio que esperar a que estemos los dos de vuelta.

– No lo haré Naruto. Es una idea absolutamente descabellada y sólo les causará más dolor que si siguen juntos – se negó ella rotundamente. – Si te vas, le diré todo a Sakura.

– No lo harás, si es que te interesa su bienestar.

– Por eso mismo no deberías irte. Porque sólo le romperás el corazón – discutió.

– ¡¿Es que no lo entiendes?! – grité exasperado. – ¡Mírame Aika, soy una amenaza! ¡Ni siquiera puedo controlar el bijuu que está encerrado dentro de mí y se supone que él es el prisionero, no yo! ¡Jamás pensé que diría esto, porque durante toda mi vida me he empeñado en demostrarle al mundo que se equivoca cuando me etiquetan como un monstruo¡ ¡No soy un monstruo, pero mientras no pueda tener bajo control al zorro de nueve colas no expondré la vida de personas inocentes! ¡Y mucho menos la de Sakura-chan! ¡¿Cómo crees que me sentiría si algo le llega a pasar por mi culpa?! ¡Por ahora es sólo un rasguño, pero la próxima vez puede ocurrir una desgracia! Y yo…no puedo soportar esa idea.

Aika me miró durante todo aquél rato con expresión inescrutable. Sus ojos me decían que seguía en desacuerdo, pero algo había cambiado. Lo supe por el brillo que ahora exhibían.

– Por favor, prométeme que harás lo que te pido, que le dirás a Sakura-chan que lo nuestro terminó. No le digas el motivo, pero por favor, aségurate de que los Kage Bunshins la acompañen. Cuídala mucho, no te despegues de su lado hasta que se recupere por completo y si algo malo le pasa, corre a avisar a Konoha. ¿Entendido? – Más que una orden, como yo había pretendido que sonara, parecía una súplica.

– Yo… no estoy segura – dijo, sin verme a la cara. La tomé por los hombros y le hablé con toda la seriedad de la que fui capaz.

– No me iré Aika y no te dejaré en paz hasta que me lo prometas.

Alzó la vista, y en silencio pareció implorarme que no hiciera esto. A mí me dolía el tener que involucrarla, no quería causarle más molestias después de la escenita que monté días atrás, pero si no era ella ¿entonces quién? ¿Quién podría entenderme como lo podría hacer ella? Como jinchuuriki era capaz de ponerse en mis zapatos. Además una vez tomada esta decisión no había vuelta atrás. Ya no podía arrepentirme,

– Está bien – suspiró al cabo de un rato. – Pero a cambio, tú hablarás con ella cuando te pida explicaciones.

– Lo prometo – le aseguré. Un tanto escéptica, escudriñó mis ojos hasta que le convenció lo que vio en ellos.

– No te metas en problemas Naruto, a Sakura no le sirves de mucho si estás muerto.

– Lo sé. Por ella me cuidaré, aunque no puedo asegurarte que no iré a cobrar venganza por lo que le hicieron.

– Eres un imbécil y un baka ¿lo sabías? – replicó con más dureza de la necesaria.

– Ya me lo habían dicho – sonreí tristemente. – Pero si ser listo es descuidar a mis amigos entonces prefiero ser un completo imbécil.

Aika arqueó las cejas sorprendida por mi frase con la que había rebatido a Ero-sennin cuando me dijo lo mismo por querer ir tras Sasuke.

– Que no se te olvide tu promesa – le pedí encaminándome hacia la salida del hospital. – Y si no regreso a Konoha – me detuve con la mano en la manija – asegúrate de que Sakura-chan no cometa una estupidez – le dije, sin voltear a verla.

– Pues más te vale que sí lo hagas, porque si no yo misma me encargaré de atormentarte en el otro mundo – me contestó con frialdad mientras se ponía de pie y avanzaba unos pocos pasos.

– Gracias Aika – le dije, atrayéndola hacia mí y dándole un fuerte abrazo a modo de despedida. – Sé que te volveré a ver, así que no te digo adiós. Y ojalá algún día pueda pagarte todo lo que has hecho por mí.

– Me lo pagarás cuando te des cuenta de la tontería que estás cometiendo y regreses con Sakura – me contestó, respondiendo al abrazo.

Le dirigí una enigmática sonrisa antes de esfumarme tras la puerta y empezar la desesperada búsqueda que, en teoría, me conduciría hasta el Akatsuki que destrozó mi vida.

Después de revivir esta escena por enésima vez, comprendí que nada lograría si me quedaba allí parado en medio del bosque. Decidí que lo mejor sería regresar a Konoha, aunque fuera con las manos vacías, para asegurarme de que Sakura-chan había llegado bien a la aldea.

Di la media vuelta y me dispuse a desandar el camino que llevaba recorrido. Mientras saltaba entre las copas de los árboles me preguntaba si Sakura-chan ya habría despertado, y en caso de ser así, si Aika ya le habría comunicado la noticia.

Esa ruptura me dolía mucho más allá de lo humanamente soportable y no estaba seguro de mantener mi decisión. No llevaba ni un día sin ella y ya la extrañaba de una manera casi desgarradora. La necesitaba desesperadamente. Desde el momento en que probé sus labios supe que no podría vivir sin ellos. Había comido de aquél fruto prohibido que se había vuelto mi razón para existir y mi perdición al mismo tiempo. Porque mientras yo la tuviera a mi lado era fuerte. Porque haría cualquier cosa por protegerla. Porque yo no conocía límites cuando de ella se trataba. Porque la palabra imposible perdía su significado si era pronunciada en el mismo contexto que su nombre.

Pero sin ella… era poco más que un títere que respiraba. Incluso las motivaciones que aún me impulsaban, sonaban vacías si no compartía el triunfo con ella. Sabía que al alejarla de mí y renunciar a su amor estaría firmando una condena. Vivir una vida sin sentido, esclavizado a un sentimiento del cual no me podía deshacer ni aunque quisiera, atorado en los recuerdos de los pocos momentos que pasamos y que llenaron de luz y color mi universo durante unas breves pero maravillosas semanas.

Diablos… era increíble la fuerza con la que su aroma seguía pegado a mis narices y la claridad con la que había quedado marcada mi piel bajo sus caricias. Aún juraba poder sentir el calor y la tibieza de sus labios sobre los míos, y pensar que nunca más volvería a saborearlos me atormentaba por dentro.

Me tomó poco más de una semana llegar hasta Konoha. Fue la peor de mi vida, de eso estoy seguro. A medida que pasaban los días, el dolor no solamente no cedía si no que se incrementaba por momentos. Cuando lograba conciliar el sueño, mi mente me martirizaba pasando imágenes de experiencias pasadas vividas junto a ella. Y al despertar prácticamente me obligaba a comer porque la comida había perdido todo su sabor.

Tendría que acostumbrarme de nuevo a la soledad. Me sentía como un adicto al que le hubieran retirado de sopetón aquello que necesitaba ya no sólo a nivel psicológico sino físico también. Y era lo mismo que me pasaba a mí. El dolor que sentía ya había traspasado las fronteras de mi corazón y mi espíritu, se había convertido en algo real y tangible. Lo sentía en el cuerpo entero, ya no sólo era una punzada en el pecho. Mis labios me pedían a gritos sus besos, sedientos de algo cuyo remedio el agua no podía curar. Mi piel ardía literalmente y muchas veces tuve que correr al río en medio de la madrugada para calmar las fiebres cuyo origen ningún médico podría determinar.

Pero cuando por fin logré divisar las grandes puertas de madera que delimitaban el territorio de la aldea, una pequeña esperanza se encendió nuevamente. Amaba mi hogar como pocas cosas, a pesar de que allí había sufrido el rechazo y la indiferencia de sus habitantes durante la mayor parte de mi infancia. Pero también había sido Konoha la cuna que me vio nacer y que albergó mis sueños y mis esperanzas y que fue testigo de la lenta aceptación que fui ganando por parte de los habitantes. Aquélla vieja aldea con sus árboles centenarios y la eterna Torre Hokage, con su imponente monumento haciendo honor a sus dirigentes pasados, me traía un poco de paz y de alivio.

Lo primero que hice fue llegar a mi casa y desplomarme sobre la cama, abrumado por la tristeza y completamente exhausto. Me pregunté si Sakura-chan ya habría llegado o si estaría todavía haciendo el viaje de regreso. Los vigilantes que cuidaban la entrada no habían comentado nada, pero me miraron un tanto sorprendidos. Ya estaban acostumbrados a vernos llegar juntos.

Suspiré y me levanté. Podría descansar cuando hubiera visto a la vieja Tsunade. Lentamente me dirigí hacia la puerta y con paso abatido me encaminé hacia el despacho de la Godaime. Cuando llegué iba tan sumido en mi pena que se me olvidó tocar a la puerta.

– ¿Sabes que es una falta de respeto entrar sin llamar antes, jovencito? – me regañó oba-chan sin siquiera alzar la vista de su escritorio.

– Lo siento – me disculpé en un murmullo apagado. Al reconocer mi voz, la Godaime se levantó de un salto de su silla y clavó sus ojos sobre mí.

– Naruto, ¡por Dios! ¡¿Qué ha pasado?! Sakura acaba de llegar hace unas horas y estaba en un estado deplorable. La mandé a descansar inmediatamente, pero cuando le pregunté por ti no quiso contestarme.

– Tuvimos algunos… problemas – contesté de forma esquiva. No tenía ganas de hablar de eso, mucho menos a sabiendas de que abriría una herida que ya por sí sola sangraba lo suficiente.

– Espero que la misión haya ido bien – dijo temerosamente, volviendo a retomar su lugar en la silla.

– Ahh sí, la misión sí – respondí distraídamente.

– Espero que tú sí estés en condiciones de darme un informe decente.

– Creí que Sakura ya se lo habría dado – contesté, alzando la vista y por primera vez interesado en la conversación.

– No. Me dijo que cuando llegaras tú me lo darías.

Resignado, me senté en la silla que estaba frente al escritorio y forcé mi cabeza para que se concentrara en algo más que no fuera cierta kunoichi pelirrosa y de verdes ojos claros y profundos. Me llevó una hora o algo así armar un relato coherente y tuve que prestar especial atención a las preguntas que lanzaba la anciana Tsunade de vez en cuando.

– Bien, por lo menos ya me he dado una idea de lo que pasó. Pero espero que mañana me traigas el reporte escrito.

Hice una mueca de fastidio pero asentí con la cabeza. Eso me daría la oportunidad de mencionar aquél fragmento de la historia que había omitido por el momento. El secuestro y posterior tortura de Sakura-chan, junto con todas sus fatídicas consecuencias. La Hokage cerró los ojos y recargó el mentón sobre sus manos como siempre que lo hacía cuando tenía que pensar en un asunto complicado.

– Los necesito a los dos despiertos y a las vivas. Con ese estado de ánimo no podrán llevar a cabo la siguiente misión – dijo seriamente. La miré incrédulo.

– No se preocupe, esto es sólo pasajero – mentí.

– Muy bien, entonces ahora que los tengo aquí a los dos creo que lo mejor será que les de la información de su próximo objetivo.

– Por cierto Tsunade oba-chan – dije, recordando algo de pronto –creo que a Sakura-chan la acompañaban tres clones. No sé si…

– Sí, ahora que lo mencionas, llegó escoltada de tres de tus réplicas. Iban a desaparecer en cuanto terminé de hablar con ella, pero extrañamente les pidió que se quedaran.

¿Qué se quedaran? Esto me tomó por sopresa. ¿Por qué razón les habría pedido semejante disparate? Aún un poco confundido, me levanté de la silla y me dispuse a marcharme.

– Espera un momento Naruto, ¿a dónde te crees que vas? – me detuvo la Godaime.

– Creí que ya podía retirarme – me excusé, dándome la vuelta para mirarla.

– ¿Acaso te dije que podías irte?

– Bueno, no pero…

– Entonces regresa tu trasero a esa silla y espera un momento.

Aturdido, volví a sentarme mientras observaba con aire ausente cómo sacaba una botella de sake de uno de los cajones y se lo tomaba lentamente, saboreando cada trago. Pasaron varios minutos y justo cuando comenzaba a mirar el reloj impacientemente y a preguntarme por qué diablos me retenía durante tanto tiempo, alguien tocó a la puerta.

– Pasa Sakura – habló Tsunade. El alma se me fue a los pies y durante unos instantes el tiempo dejó de correr mientras me daba la vuelta y veía de nuevo aquéllos ojos que me devolvieron la vida en cuanto se posaron sobre mí. Sakura-chan venía acompañada de las tres réplicas que yo había mandado pero que desaparecieron en un leve estallido de humo cuando me vieron.

Inmediatamente recibí toda la información acumulada durante esa semana y sonreí para mis adentros cuando en mi mente pasaron las imágenes de la rabieta de Sakura-chan. Ya me había imaginado que algo así pasaría.

– Vamos, vamos Sakura, entra. Te aseguro que Naruto no muerde.

Sin despegar los ojos de mí, ella se acercó seguida de Shizune que irrumpió en la habitación justo en ese momento. Ella se quedó de piedra al ver que ninguno de los dos nos dirigíamos palabra. La confianza tan íntima que había existido entre los dos parecía haberse evaporado.

– Ya, quiten esas caras y escuchen con atención. Esta vez mandaré a un shinobi de Konoha con ustedes, ya que las misiones se van complicando conforme se van acercando al último bijuu. Quisiera mandar un equipo completo, pero en estos momentos todos los ninjas andan fuera del país y además una patrulla de más de cinco personas llamaría demasiado la atención.

Esperamos en silencio, mientras Tsunade oba-chan paseaba la mirada de uno a otro rostro, quizá esperando algún tipo de comentario. Al ver que no se produjo ninguno continuó.

– El shinobi en cuestión, pertenece a uno de los clanes más prestigiosos de Konoha y estoy segura de que sus habilidades serán determinantes para el éxito de esta misión en específico.

– ¿Y de quién se trata? – pregunté cuando la Hokage se interrumpió por segunda vez.

– Pasa Hinata – dijo en voz alta, contestando así a mi pregunta.


Listo chicos. Bueno, como se han podido dar cuenta, este es el ultimo capitulo donde aparece el personaje de Aika Himeniya U.U

Personalmente me hubiera gustado hacer una despedida mas emotiva, pero las circunstancias no me lo permitieron xD Espero de corazón que les haya gustado y antes de despedirme y pasar con los agradecimientos, decirles que si creen que este capi merece un review suyo pues no habria nada que me hiciera mas feliz xD

Ahora si paso con los agradecimientos:

leonardo: Me alegra mucho volver a verte por aqui! Y mas me alegra el saber que la historia sigue siendo de tu agrado xD Muchas gracias por este review y espero poder verte en el proximo capi que sabes que nada me haria mas feliz que recibir otra visita tuya -

anime-kun: Hola! No te habia visto antes por aqui, pero quiero darte las gracias por tus comentarios. Me halaga mucho que pienses eso, sobre todo porque lo mas importante para mi en un fic (y en general en cualquier relato) es que el autor pueda meterte en la historia y hacerte sentir en carne propia lo que esta sucediendo con los personajes. Asi que es un gran halago lo que me acabas de decir xD Espero verte por aqui en el proximo capi y que la historia siga siendo de tu agrado.

Me voy despidiendo dandoles a todos los que se pasaron por el fic las gracias! A todos ustedes que leen y dejan reviews y a los que no pues tambien les agradezco mucho su presencia xD

Hasta pronto