La batalla de las diosas

capítulo 28: Muerto.

¿Qué era todo ese escándalo? se preguntó Hera, quien era la Reina de los Dioses. Ella estaba en el salón del trono de su palacio, pero en los últimos minutos había estado escuchando mucho ruido. El palacio era tan gigantesco como para decir que era un ruido fuerte que venía de muy lejos o un ruido débil que venía de muy cerca.

Afrodita la había citado ahí, aparentemente tenía algo importante qué comunicarle. La diosa Hera se sentía frustrada, todo estaba ocurriendo tal cual el plan de Afrodita; la Diosa del Amor le había dicho sus planes desde el principio, los cuales eran eliminar toda la existencia y volver a iniciar desde el principio, eso incluía las almas de los mortales que ya estaban en el Inframundo; pero algo le perturbaba desde hace un tiempo, y la inquietud no dejaba de crecer. Desde que Perséfone mencionó por primera vez a los niños falsos, sus compañeras no dejaban de actuar extraño, Perséfone había conseguido tres esclavas para derrotarlos pero el caso es... que ellas no habían derrotado a casi ninguno.

Hace pocos días Perséfone había acudido a ella para pedir disculpas por su plan fallido de las esclavas, pero aseguró que Afrodita se encargaría de ese problema. Estaba muy rara esa situación. Hera, aunque los detestaba, nunca vio a los niños falsos como un peligro hacia sus planes, pero siempre se vio alentada por sus compañeras para no eliminar a los homúnculos de inmediato; ambas decían que se querían divertir al eliminarlos, que no querían hacerlo por sí mismas porque no valía la pena, para eso eran las esclavas, pero ¿no suponía esto un mayor problema? Era divertido atacarlos poco a poco, pero no era nada eficiente. Ahora le daban a entender que Afrodita se encargaría de ellos, ignorando las complicaciones que tuvieron al principio, de ser así, ¿por qué no eliminarlos desde un comienzo? ¿por qué se habían tomado tantas molestias para atrasar su muerte?

¿Será que Afrodita la había citado para comentarle acerca del destino que habían recibido los niños falsos? ¿o sería algo más?

La habían convencido también de no eliminar a los humanos de una vez, según para que estos se arrepintieran de sus pecados al hacerlos sufrir, pero, ¿que no habían acordado eliminar sus almas después? ¿de qué iba a servir entonces? Afrodita y Perséfone se estaban encargando de llevar la destrucción a la Tierra, de enviar desastres naturales e incluso enviaron a las Erinias, también llamadas Furias, quienes eran la personificación de la venganza, todo para atormentar a los humanos. Pero Hera también se estaba arrepintiendo de esa decisión, cada vez se convencía más de que eliminar a todos de inmediato hubiera sido la mejor opción, ¿por qué?... Porque se estaba debilitando.

Los poderes de los dioses vienen de la adoración de los mortales. En los últimos siglos los dioses se habían vuelto débiles dado a que los humanos sólo los recordaban como simples mitologías. Pero en los últimos días las cosas estaban cambiando. Incluso aunque los humanos no creyeran en los dioses griegos, creían en otras deidades y parte de esa adoración le llegaba a los dioses, pero desde que empezaron a destruir el mundo, los humanos iban perdiendo cada vez más la fe. Los dioses empezaban a debilitarse aún más.

Si esto seguía así, no tendrían el poder suficiente para destruir todo así como Afrodita deseaba...

Afrodita...

En ese momento Hera se dio cuenta. Todo el tiempo, desde el principio había estado siendo manipulada por Afrodita, nunca dio una orden importante sin antes que Afrodita o Perséfone lo sugirieran. La Reina de los Dioses se dio cuenta, después de tres décadas, que en realidad no era reina de nada.

—Pero...— se empezó a decir, sintiendo vergüenza consigo misma, empezando a sentir ira, pero no estaba segura hacia quién—. Afrodita dijo que Zeus me dejó el poder a mí...

¿Eso sería mentira también?

Ante la reciente epifanía, Hera no sintió más que angustia.

No, imposible. Afrodita jamás la traicionaría, jamás traicionaría a su REINA.

Las puertas del gran salón se abrieron de golpe, por un segundo Hera pensó que se trataba de Afrodita que al fin llegaba, pero un escalofrío la recorrió y se dio cuenta de que no se trataba de Afrodita. Hera se giró y quedó helada al percatarse de quién había entrado.

—Zeus...— murmuró la diosa al encontrarse frente a frente con su esposo después de tantos años. No debería ser así, pero sintió temor.

—No creí que fueses capaz de hacerlo.— habló el poderoso Zeus—. No otra vez.

Hera frunció el ceño, era lo primero que le escuchaba decir en mucho tiempo y no le entendió nada.

—¿Qué quieres decir?— preguntó, molestándose.

De la mano derecha de Zeus brotó un poderoso rayo, Zeus lo sostuvo como un arma mientras miraba a su esposa con ojos amenazantes. Hera no comprendía, pero se asustó.

—No lo entiendo, ¿qué pasa contigo? ¡¿No deberías estar en tu habitación?! ¿¡Por qué sales de repente?!— no es que no se alegrara de verlo, le daba cierta felicidad verlo otra vez, pero le ponía furiosa que él la tratara de esa forma.

—La humanidad está siendo destruida.— habló con dureza, no era una pregunta, era una afirmación.

Hera no entendía por qué él parecía molesto con ello, ¿que no le había dado el permiso a Afrodita para hacerlo?

—A... Así es...— dijo la diosa, sabiendo que algo estaba mal.

—Hades y Poseidón están muertos.— afirmó nuevamente, esta vez mostrándose airado.

Hera retrocedió un paso, llenándose de terror. Él la estaba culpando.

—¡¿Qué?! ¡Ellos no están muertos!— exclamó, aterrada y, también y sin dudar, preocupada—. ¡Yo vi a Hades hace poco!

—Mentiras.— habló una tercera voz. Era Afrodita la que llegaba (esta vez, la real), llegó haciendo ruido con sus tacones al caminar—. Para encubrir su crimen, Hera a conseguido a alguien que se ha estado haciendo pasar por Hades, pero él y Poseidón llevan años muertos.

—¡Afrodita!— exclamó Hera—. ¡¿Qué estás haciendo?!

—Y también, recientemente mató a Atenea.— continuó Afrodita, con una fingida pena y angustia, pero ella era excelente actuando—. Zeus, ella le mató a su más preciada hija.

Zeus enloqueció de ira, tomó a su esposa del cuello y la levantó del suelo. Hera empezó a patalear, pero su fuerza no podía equipararse a la del Rey de los Dioses.

—P...puedo.. explicarlo.— dijo Hera con dificultad, encajando sus uñas en la mano que la ahogaba.

—¡No te basta con matar a mis hermanos! ¡también tenías que matar a mi hija!— Zeus arrojó a Hera al suelo, lastimándola. Ella trató de arrastrarse lejos.

—¡Yo NO maté a nuestros hermanos!— gritó la diosa, indignada, con pánico—. ¡No sé qué te haya dicho Afrodita, pero te ha engañado! ¡Ella me ha engañado a mí!

—¡Afrodita es más leal que tú!— se acercó a paso firme hacia su mujer—. ¡Ella me salvó de la maldición que tú ordenaste a Hipnos que impusiera en mí!

—¿Qué? ¡Yo no le he ordenado a Hipnos nada! ¡¿Cómo puedes creerle más a esa ramera que a tu propia esposa?!— gritó, señalando a la Diosa del Amor. Afrodita sólo estaba observando todo con calma.

—Te diré por qué.— levantó a Hera del suelo, jalándola de la cabellera. Ella lo miró con odio—. No es la primera vez que haces que Hipnos me capture, no es la primera vez que haces daño a las personas que estimo, ¡NO ES LA PRIMERA VEZ QUE ACTÚAS CONTRA MÍ! Pero esta vez fuiste demasiado lejos, ¡no sólo asesinaste a Dioses Olímpicos, sino que también lastimas a mortales inocentes! Esta vez no recibirás un simple castigo, ¡esta vez me aseguraré de que no vuelvas a dañar a nadie más!

—Yo... yo...— Hera empezó a llorar por desesperación, ya había pasado por esto antes en el pasado, pero esta vez algo era diferente—. Esta vez no he sido yo.

Hera lloró lastimosamente, emitiendo quejidos de dolor y pena. Zeus se ablandó, siempre cedía a ella, pero esta vez no debía mostrarle misericordia, no importaba lo mucho que la quisiera, que la amara incluso, ella había causado más daño que la mayoría de los dioses.

—Sé que en el pasado fui un mal esposo, fui lo peor que pudo haberte sucedido.— le dijo a su esposa con melancolía—. Nunca entendí por qué seguías conmigo, yo lo lamento por todo, pero tú has sido mi más grande desgracia. A pesar de todo, tú eres la que más amé.

Zeus dejó caer unas lágrimas por su corazón roto y apuntó al corazón de Hera con su rayo para eliminarla de una vez y para siempre. Hera no apartó la mirada de él, llorando con todavía más fuerza. La poderosa diosa ya no pudo concentrarse en nada más que sus recuerdos con su amado esposo, aquel al cual se había dedicado en cuerpo y alma. Recordó lo fiel que ella había sido... y recordó las muchas mujeres de él, recordó todos los malditos niños que dejó a su paso. ¡Los odiaba a todos!

Heracles, Atenea, Perséfone, Hermes, Helena, Perseo ¡y muchos más! Todo el dolor que Hera sentía se lo devolvía a esos malditos niños con el doble de fuerza, ¡siempre iba a condenar a esas malditas mujeres y a esos malditos engendros! ¡Y lo haría otra vez! ¡y otra vez! ¡y otra vez! ¡y otra vez! ¡y otra vez! ¡y otra vez! ¡y otra vez! ¡y otra vez!

De lo único que se arrepentía era de ser tan ingenua, de siempre perdonar a Zeus, de haber caído en el engaño de Afrodita. Pero por sobre todo se arrepentía de no ser ELLA la que le cause daño a Zeus esta vez, de no ser ella la que lo engañe, de no ser ella la que lo lleve a la perdición. Deseaba con todas sus fuerzas que cualquier cosa que esté planeando Afrodita, sea algo que dañe mucho a Zeus, que sea algo que lo haga sufrir mil veces, MILLONES DE VECES más de lo que ella había sufrido a causa de él.

—¡Te odio!— gritó Hera, siendo sus últimas palabras, siendo su último deseo—. ¡Te odio! ¡te odio! ¡te odio! ¡te odio! ¡te odio!

Sus gritos fueron apagados cuando finalmente Zeus la atravesó, matándola al instante.

Zeus se desplomó en el suelo, abrazando el cadáver de sus esposa, odiándose por amarla tanto y odiándose por ser siempre tan malo con ella. Sintiéndose culpable por sus acciones. Si ella se había vuelto un monstruo era por culpa suya, por hacerla sufrir tanto tiempo.

Zeus no paró de llorar, su pena era tan grande que todo a su alrededor se entristeció y la luz se apagó, la calidez se escapó y sólo los ecos del llanto llenaban el salón. El Rey de los Dioses estaba sufriendo más de lo que alguna vez hubiese sufrido.

—Todo estará bien.— Afrodita lo rodeó con sus brazos, siendo cariñosa, siendo amable y comprensiva—. Yo estaré aquí eternamente para usted.

—Sin mi esposa... la eternidad ya no significa nada.

Zeus besó la frente de su amada muerta, sabiendo que ella se llevaba su corazón y sus ganas de vivir.

Afrodita sonrió.

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..

...

25 de abril, en algún lugar de quién sabe dónde.

Iban montados en un carro dorado tirado por cuatro caballos, dorados también, dejando un destello luminoso a su paso, destello dorado, claro. Y el hombre dorado no dejaba de alardear... Eran muy vistosos, o eso sería de no ser que a ningún dios le interesaba por dónde paseaba el Dios Helios.

—Muy alto, muy alto, ¡está muy alto!— gritaba muy asustada Beauty, abrazándose al brazo del Dios Apolo.

Es que el carro de Helios vuela por el cielo.

—¿No tenías poderes como Nekrós?— Apolo miró a la mujer, él estaba en calma, aunque quizá un poco incomodo—. ¿No habías volado antes?

—Yo jamás usé mucho mis poderes, ¡jamás subiría tan alto!

La pequeña Ella miraba por el borde, viendo incluso nubes por debajo. Burbuja tenía una animada platica con Helios, quien resultaba muy agradable para la joven.

—Entonces Nekrós vino a mí y me dijo "Helios, necesito que los dioses dejen de ver a los mortales en la Tierra"— Helios imitó la voz seria de Nekrós, con cierto tono de burla. Burbuja se rió—. Se me hizo algo extraño entonces, creí que los demás dioses descubrirían que fui yo quien lo provocó.

—¿Conoces mucho a Nekrós?— preguntó Burbuja con las mejillas ruborizadas.

—Sí, bueno, no, no tanto. Quiero decir, cuando Nekrós y Beauty entraron a esta dimensión yo fui quien los notó primero. Un par de mortales que aparecen de la nada en la Tierra no es algo muy usual. Nuestra amistad surgió muy naturalmente, de eso ya son unos seis años.

—¿Cómo los notaste cuando llegaron?— preguntó ella con intriga.

—Oye, soy el Dios del Sol, lo veo todo, poseo una gran sabiduría.— presumió. Apolo rodó los ojos—. ¿Sabes cómo me llaman los romanos?

—¿Cómo?

—¡Sol!— claro.

—Oye, cabeza brillante, si ya terminaste de alardear, ¿podrías centrar tus ojos en el camino? vas a chocar.— dijo Apolo, molesto.

—¿Con qué chocaría? ¿con una nube?— dijo Beauty, sarcástica. Apolo la miró con fastidio.

—Tal vez con un avión.— dijo la rubia.

—Detesto esas cosas.— dijo Helios.

—Ya estamos... cerca.— anunció Ella.

El grupo se dirigía hacia una entrada fácil y rápida a nada más y nada menos que el Tártaro, ahí dentro se encontrarían con Nekrós, quien los esperaba. Para un dios tan importante como Apolo, conocer una entrada directa al infierno sin tener que pasar por Cerbero era algo casi sencillo (ayudaba mucho también que tu hermano pequeño conozca todas las entradas y te haya contado de algunas). La razón de ir hacia ese lugar en el Inframundo era para que nadie los descubriera al hacer lo que estaban a punto de hacer, y no era para menos.

El bebé nacería ya.

Cuando le contaron a Burbuja sobre lo que sucedería, la pobre se había desmayado, aún ni siquiera cumplía los dos meses de embarazo. Pero ya se encontraba mejor, no le costó mucho asimilar lo que iban a hacerle, le habían dicho que una diosa aliada la ayudaría a acelerar el parto, que al final ambos, la madre y el bebé, estarían a salvo.

Burbuja sabía que su bebé era lo que causaba que esta dimensión y la otra dimensión, de donde provenían Nekrós y Beauty, estuvieran por chocar entre sí y destruirse, Caos moriría y con él toda la existencia. La joven rubia seguía sin comprender cómo su bebé no nato había causado toda esta complicación, todos eran estrictamente evasivos con ese tema. Y aún con todo Burbuja confiaba sin dudar, la razón es simple. Nekrós.

Pronto volvería a ver a Nekrós y eso la llenaba de seguridad, la hacía creer que todo estaría perfecto. No había duda alguna cuando pensaba en él. No podía dejar de sonreír cuando pensaba en él.

Un portal escondido en una parte de la Tierra los llevó al Inframundo. La verdad es que aunque el Inframundo está "bajo tierra" no está realmente ligado al mundo de los mortales, nadie podría encontrarlo si simplemente "escarba hasta el centro de la Tierra" se necesitan portales que sólo ciertos dioses o inmortales conocen.

Al atravesar el portal directamente entraron al Tártaro. La luz del carro de Helios llamaba mucho la atención y desentonaba con el resto del paisaje lúgubre de muerte y sangre. Burbuja se aterró, en el fondo Beauty también pero no lo mostró. El cielo escarlata, el fuego que se percibía a la distancia, ese olor a muerte y cenizas, ese eco de gritos, esas extrañas criaturas que se arrastraban en los suelos.

El carro de Helios voló en torno a lo que parecía una escultura enorme de un hombre, descendió hasta aterrizar a los pies de éste. La primera en bajar fue Beauty, dando un salto hacia afuera, prefiriendo el suelo del infierno al carro volador del Dios del Sol.

Al bajar Helios fue hasta sus caballos y los mimó un poco, la luz que desprendía su carro y sus animales bajó hasta ser sólo un ligero resplandor. Burbuja dio unos pasos, observando el cielo, las montañas, el fuego.

—Daré a luz en el infierno, eso es bastante... fuerte.— dijo en un murmuro para sí misma.

—No se preocupe, este sitio es seguro, ningún Hecátonquiro pasa por aquí, mucho menos las almas en pena y tampoco es usual que otro titan esté por este lugar.— le habló el dios Apolo con amabilidad.

—¿Otro titan?— Burbuja alzó la mirada, viendo lo que había creído que era una estatua gigantesca, pero al ver la lejana y enorme cara, al notar la expresión viva de aquel rostro, supo que eso no era sólo una escultura gigante.

El titan mantenía sus pies en el suelo, sus manos y espalda estaban pegadas a lo que parecía el cielo pero no era, era el techo al parecer, ahí permanecía, inerte por toda la eternidad.

—Buen día, Atlas.— saludó Apolo al titan, con cortesía.

Apolo, cuánto tiempo, ¿cómo se encuentra tu hermano?— habló el titan con su poderosa voz.

—No he sido muy cercano a él últimamente.— contestó el dios, en el fondo un poco melancólico. Apolo se giró hacia Burbuja—. Le presento a Atlas, él se encarga de sostener el mundo.

—Sí, algo sobre él había leído.

—También es abuelo de mi hermano menor.

—Wow, es increíble.— Burbuja dio un salto y pronto se encontró a más de sesenta o setenta metros sobre el suelo, volando frente al rostro del titan—. Es un gusto conocerlo, señor.— dijo la rubia con cara angelical, meneando la palma de la mano.

Ah, usted debe ser la mujer que tendrá el bebé, felicidades.— dijo el titan, ya le habían contado lo que sucedería.

—Muchas gracias.— sonrió la rubia. Burbuja bajó de nuevo hasta los demás.

Si llegas a ver a mi nieto, salúdalo de mi parte, Apolo.— dijo Atlas para después volver quedarse quieto como si estuviera hecho de roca.

Apolo quedó en silencio unos momentos hasta que Burbuja llamó su atención.

—Apolo, ¿cómo es tu herman...

Burbuja no terminó de formular su pregunta ya que sintió que alguien se acercaba, al voltear vio a dos personas; una bella mujer de mirada amable y un joven que conocía bastante bien. Era él, finalmente.

Nekrós estaba por decir algo pero fue interrumpido por la rubia, que se abalanzó hasta él para abrazarlo, acción que fue notada por todos los presentes.

—¡Butter!— exclamó la chica, llamándolo por su verdadero nombre.

El pálido pelirrojo quedó pasmado por unos momentos, sin procesar bien la información. La risa de Helios hizo a Nekrós despertar, apartó rápidamente a la rubia de su cuerpo y la miró casi como si no hubiera pasado nada.

—¿Quién te dijo ese nombre?— preguntó con su voz fría.

—Yo, emm, eh... Be..Beauty lo hizo.— Burbuja se avergonzó al darse cuenta de lo que acababa de hacer, pero era que estaba tan feliz que sus ojos se humedecieron.

—¿Tienes algún problema con eso?— habló Beauty con voz ruda, dando un paso hacia ellos.

—Beauty, ¿qué haces aquí?— él la miró con seriedad.

—¿Qué crees? ¿que sólo me haría a un lado? ¡claro que no, Nekrós! ¡yo quiero estar contigo!— bramó la pelinegra, casi de forma agresiva—. Estaré junto a ti hasta que esto termine, ¿quedó claro? ¡y no quiero ninguna objeción!

Nekrós y Beauty compartieron miradas, se sonrieron brevemente. Al poco tiempo Nekrós apartó la mirada, sin ver a nadie en lo absoluto; de algún modo ver a cualquiera le dolía, mas se sentía incomodo porque sabía que los ojos de la rubia estaban sobre él, ¿por qué simplemente ella no podía dejar de mirarlo? Hubiera sido más sencillo si ella no tuviera ese apego hacia él.

La hermosa mujer que había estado acompañando a Nekrós, se acercó al dios Apolo y le dio un fuerte abrazo, no tan entusiasta como el que Burbuja había entregado al pelirrojo, pero sí con mucho cariño.

—Apolo.— la mujer rodeaba al hombre inmortal con sus brazos, usaba una voz suave y amable—. Me alegra verte, pequeño.

—Ha pasado mucho tiempo, Ilitía. Muchas gracias por ayudarnos con esto.— Apolo correspondió el abrazo; después de unos momentos se dirigió a Burbuja, quien los observaba con curiosidad—. Señorita, déjeme presentarle a Ilitía, Diosa de los Nacimientos; ayudó a mi hermana y a mí durante nuestro nacimiento. Ahora ella la ayudará a usted para que todo salga bien en el parto.

—¿Realmente puedo dar a luz aún sin tener los 9 meses?— preguntó Burbuja, impresionada. Ilitía sonrió con dulzura.

—Créeme, será un procedimiento bastante simple para mí, he ayudado en nacimientos más complicados.

—Sí, pero en ninguno se ponía en riesgo el futuro de la existencia entera.— comentó Apolo, los demás lo miraron—. ¿Qué?

—Eso no depende de mí...— Ilitía miró a Burbuja—. Hacer crecer un pequeño feto a un bebé formado en pocos minutos es más sencillo que hacer que un hombre dé a luz desde su cabeza, y eso ya lo he hecho.

—Se lo agradezco.— Burbuja sonrió con ternura, aunque se había confundido un poco.

La rubia miró a Nekrós y le sonrió. Nekrós se encogió de hombros y bajó la mirada, encontrándose en ese momento con Ella, que lo miraba desde abajo. La pequeña niña estiró el brazo para tomar la mano del pálido pelirrojo. Ella no sonreía, sólo permanecía con la mirada fría.

—¿Dónde está Eris?— preguntó Nekrós por la Diosa de la Discordia, soltando la mano de Ella, mirando a los dioses Helios y Apolo.

Nekrós aún desconfiaba de aquella diosa, pero así como no tenía muchos motivos para creerle, tampoco tenía muchos motivos para desconfiar. Eris era impredecible, pero al mismo tiempo era una mujer muy centrada, no se dejaba llevar por sus sentimientos de manera innecesaria. Pero para Nekrós algo estaba bastante claro, por ahora las prioridades de esa diosa eran proteger a Caos y proteger a Ella, la cual era una de las claves para el plan de Afrodita.

Cualquiera quisiera proteger la dimensión donde uno vive, por ello en esa parte era ridículo desconfiar de Eris; lo que preocupaba era lo que vendría después, si Eris estaría de parte de Afrodita o no cuando Caos esté a salvo. Eris afirmaba que nunca estaría de lado de Afrodita, Nekrós le creía, pero, valga la redundancia, ella era impredecible y Nekrós nada podría hacer si sucede algo después de...

—Dijo que encontraría su propia forma de llegar al Tártaro.— dijo Helios, cruzando los brazos y haciendo un puchero—. Dijo que no quería subir a mi "ridículo transporte" ¿Creen que realmente encuentre una entrada?

—¡Por favor! ¡Es la Diosa de la Discordia! ¡si se está tomando su tiempo en llegar probablemente es porque está de vaga por ahí!— exclamó Beauty, que a pesar de que no conocía realmente Eris, con semejante titulo era evidente lo que pasaba.

—En eso tienes muuucha razón.— canturreó la diosa pelinegra, Eris, apareciendo repentinamente frente a todos, como una neblina que toma forma. Beauty se sobresaltó al verla llegar, pero pronto hizo una expresión de amargura—. Pero ya estoy aquí, saben que no quiero perderme esto por nada. Una vez le dije a un amigo que la nueva vida siempre es bella, pero creo que sería mucho más interesante si le agregamos una pequeña pizca de "caos"— bromeó.

—Creí que llegarías aquí primero.— le dijo Apolo, cruzado de brazos.

—Y lo hice, pero como dijo tu amiga de otra dimensión, estaba vagando por ahí y descubrí algo de lo más curioso.— Eris desapareció y apareció al lado de la rubia embarazada. Burbuja no sentía temor alguno hacia la diosa, así que sólo la miró con curiosidad—. Los Hecátonquiros me contaron algo interesante, ¿a que no adivinan quiénes se estuvieron paseando por el Tártaro hace tan sólo unos minutos?

—No logro imaginarlo.— respondió Apolo, sin querer hacerle mucho caso.

—¡Los niños falsos! Ya saben, las hermanas de la embarazada, y los otros dos chicos, el rubio es el padre del bebé ¿no es así? ¡Qué coincidencia! Imagina, si se hubieran quedado un rato más, te hubieran encontrado por pura casualidad.

—¿Qué hacían ellos aquí?— preguntó Burbuja, repentinamente preocupada, aunque los había abandonado, eran su familia después de todo.

—Cuentan que estaban liberando a las esclavas, a esa con poderes de Gorgona y a la pequeña maquina de matar. Iban acompañados por un dios.

—¡Hermes!— exclamó Burbuja. Apolo y Helios la miraron con sorpresa—. ¿Por qué buscaban a las esclavas?

Burbuja ni siquiera sabía cómo había finalizado la pelea contra la tercera esclava, no tenía la menor idea de lo que había ocurrido con Bellota, Bombón, Boomer o Brick. Una punzada de dolor le atravesó el pecho, este dolor era un sentimiento de culpa. Realmente los había dejado hace días, sabía que hacía lo correcto, pero eso no quitaba el hecho de que había dejado a su familia sin más explicación, aún después de la muerte de Butch.

Burbuja miró a Nekrós, sintiendo alivio casi al instante. Realmente... ¿lo hacía todo por él?

—Dejaremos ese asunto para después, al terminar con esto.— dijo Nekrós. Beauty lo miró con una mueca en los labios, Ella sólo apartó la mirada—. Primero debemos concentrarnos en salvar a Caos con el nacimiento del bebé y una vez concluido, serás libre de seguir a tu familia.

Burbuja asintió, sonriendo. Los demás, a excepción de Ella, miraron a Burbuja de una forma extraña; aunque algunos creían que Burbuja era una inocente, personas como Eris creían que era simplemente una tonta.

—¿Realmente ignoras a tu familia por este hombre?— dijo Eris a Burbuja, señalando a Nekrós con el brazo—. Haces lo correcto en estar aquí, pero me sorprende que no dudes ni un poco, ¿que eres tonta?

—¡No ignoro a mi familia!— gritó Burbuja, sorprendiendo a los presentes—. Un amigo mío está muerto, dejé a mis hermanas, a Brick y... a Boomer. ¡Me siento terrible!— unas lágrimas aparecieron en sus ojos, ella se las limpió rápidamente—. Pero yo... sólo siento que debo hacer esto, no tengo dudas. No dudo de Butter en lo absoluto.

Burbuja miró de nuevo a Nekrós, lo había llamado por su nombre real otra vez. Y Nekrós se sintió tan mal que bajó la mirada y apretó los puños.

—Dime, niña, sólo dime ¿por qué no dudas de mí? Siendo yo, Nekrós, un desconocido para ti, ligado a tus enemigos quienes amenazaron a tu familia. Me sorprende mucho tu nivel de confianza, incluso al saber que esto es lo correcto, ¿sobreponer este asunto al estado de tu familia y su ubicación? Cualquier persona dudaría, especialmente cuando no te hemos contado nada, en realidad, de lo que sucede. ¿Por qué confiarías en alguien como yo?

La chica rubia no dudaba, realmente, en sus acciones; en un segundo se encontraba abrazando a Nekrós una vez más, dejando al pelirrojo sin habla. Había una conexión entre el alma de Burbuja y la de Nekrós, por ello cada que la rubia lo tocaba, en su mente pasaba un recuerdo del joven inmortal; esta vez Burbuja contempló una nebulosa y confusa imagen de Beauty llorando, parecía muy pequeña en esa memoria...

—Yo confío en ti desde el primer momento.— respondió Burbuja, ignorando el recuerdo ajeno que ya había desaparecido. No dejó de abrazar a Nekrós—. Encuentro calma cuando pienso en ti, cuando te veo me siento feliz y el temor no existe más.— se acurrucó en el pecho del hombre, y éste se encontraba confuso, sin saber cómo reaccionar—. Tus ojos... son lo más hermoso que he visto, tu voz me relaja y tu olor... Ugh, de hecho hueles un poco a muerto.

Helios y Eris soltaron una carcajada. Nekrós aprovechó para apartarse de la rubia.

—Vivo en el Inframundo, no me culpes si se me pega el olor.— se excusó Nekrós, mirando hacia otro lado—. El parto se llevará a cabo en unos momentos, si hay algo que pudiéramos hacer para que estés cómoda...

Burbuja bajó la mirada, recordando lo que se había imaginado que sería el nacimiento de su bebé, realmente no lo esperaba así y ningún miembro de su familia estaba presente. Ni siquiera estaba Boomer... Boomer. Desearía tanto que Boomer estuviera en el nacimiento de su hijo, pero algo le decía que no era posible, pero ella no quería hacer esto sola.

—Me gustaría... si no es mucha molestia, que mi padre estuviera presente.— dijo la rubia, con voz tímida. Apolo la miró y asintió.

—Eris...— llamó Apolo a la Diosa de la Discordia—. ¿Podrías?

—¿Es el científico, verdad?— preguntó la diosa—. Pan comido, volveré antes de lo que canta una musa.

La Diosa de la Discordia desapareció en un parpadeo, dejando a Burbuja atónita.

—Wow... realmente ¿va a traerlo?— preguntó Burbuja, sin saber cómo sentirse—. Me... ¡me va a regañar!

—Si deseas anular la petición...— habló Apolo, dándole igual.

—¡No! ¡no! Realmente quiero que el Profesor esté conmigo ahora, al menos él.

—Esto será divertido.— dijo Beauty con sarcasmo, estando ella de brazos cruzados al lado de Nekrós, el cual la miró con una expresión indescifrable.

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..

...

Ya era muy tarde en el bosque en las afueras de Saltadilla. Allá en la cabaña que era pertenencia de Peludito, algo inusual había ocurrido; al hombre de pelaje rosado lo habían invadido visitantes inesperados y por sobre todo indeseados. Pero tener al grupo de Mojo, el Profesor, Mitch, Robin y Jimmy tenía sus ventajas; el niño poseía un glorioso artefacto, cortesía del dios Hermes, el Casco de Invisibilidad de Hades.

Antaño, Hades utilizaba ese casco para viajar al mundo mortal sin ser visto, ahora, con Hades muerto, Hermes lo había robado, lo había modificado y se lo había entregado al pequeño Jimmy. Ahora el casco volvía invisible la zona en el que el usuario se encontraba, en este caso la cabaña de Peludito permanecía completamente invisible, imposible de encontrar y por lo tanto de penetrar, lo cual resultaba bastante útil si se quería evitar a las Furias, las monstruosas criaturas que habían invadido el mundo últimamente.

Ya habían pasado muchas horas desde que el grupo había llegado a la casa y a Peludito le costaba acostumbrarse. No los tenía ahí porque quisiera, era el miedo que le causaba Jimmy y más que nada el padre de éste. Al menos estaba Mojo; Peludito y Mojo no se llevan mal, o al menos no TAN mal, siempre era bueno estar en compañía de un viejo conocido. Pero con los demás era difícil; Peludito era un tosco, brusco, loco y bruto, pero llegaba a ser tímido de vez en cuando. Ciertamente era extraño tener tanta compañía que no se tratase de su propia familia.

No era el único con problemas, a Robin también le costaba adaptarse a esto, sea lo que sea. Al menos Robin estaba con Mitch, al cual ya sentía como un valioso amigo a pesar de que no tenían una relación muy cercana antes de todo esto. La pobre chica castaña estaba nerviosa, asustada, casi inquieta; nunca en su vida había pensado que conviviría tanto con los peores villanos de la ciudad. No podía estar tranquila, aún cuando Mitch trataba de consolarla, jugandole alguna broma que sólo empeoraba su estado de ánimo.

Jimmy actuaba como si esto fuera lo más normal del mundo; había encontrado hojas de papel y un lápiz, se encontraba dibujando lo que el llamaba "estrategias de ataque" A decir verdad, ¿realmente iban a quedarse sólo aquí por el resto de lo que dure esto? No, Jimmy no lo aceptaba así.

—¿Qué opinas de este plan?— Jimmy se irguió un poco, mostrando su dibujo a Mojo Jojo—. Creas un robot gigante, todo poderoso y fuerte que nos ayude a detener a nuestros enemigos.

—Son dioses.— contestó Mojo, tajante.

No era por nada, pero ni siquiera las Superpoderosas ni los Rowdyruff, aunque se juntaran, nunca podrían siquiera llegar a herir a un dios. Mojo estaba consciente de que esto no estaba en sus manos y era hora de que Jimmy también entendiera eso. Mas había otras cosas por hacer. Tenían que sobrevivir hasta que el resto volviera.

Mojo se encontraba modificando sus armas mientras el Profesor parecía mezclar unos líquidos en unos recipientes. Jimmy los miró a ambos, al niño no le importaba mucho lo que ellos hacían, pero un nuevo e ingenuo plan cruzó por su mente.

—Cuando se quiere resolver un problema en las caricaturas, ellos sólo viajan en el tiempo.— dijo Jimmy, creyendo encontrar una solución. Mojo y el Profesor se miraron.

—Imposible.— dijeron ambos al unisono.

—¡Piénsenlo! Sólo creen una maquina que viaje al pasado, nos advertimos que esto sucederá o solamente lo evitamos.

—Los viajes en el tiempo son un completo dolor de cabeza.— dijo Mojo—. Ya he intentado eso en el pasado y, créeme, lo único que hará es que te frustres, empeoraría las cosas.

—Cuando viajas al pasado, Jimmy, terminas provocando lo que quieres evitar.— explicó el Profesor.

—Oh, y yo que quería ir al pasado para advertirme de no robar de esa caja de dulces en uno de los camiones de mis tíos hace unos meses.— dijo Jimmy—. No sabía que no eran dulces, la policía me atrapó y casi no salgo de eso.

—No, no, no.— habló el Profesor, actuando alterado—. ¡Por nada debes encontrarte contigo mismo! Eso causaría una paradoja en el tiempo ¡y el universo podría destruirse!

—¡Qué aburrido son los viajes en el tiempo!— se quejó el niño—. En mi caricatura favorita lo hacen ver tan fácil, el chico viajó al pasado para advertirles de unos androides que iban a matarlos... Pero qué extraño, los cambios que hizo en el pasado no afectaron su futuro. Evitó que los que murieron murieran en el pasado, pero en su futuro seguían muertos.

—Ah, eso se debe a que al ir al pasado creó una linea de tiempo distinta a la original.— el Profesor sacó una pizarra (quién sabe de dónde) y trazó una línea recta, a la mitad de la línea, trazó otra, dando a entender dos caminos diferentes—. En la caricatura que viste, el personaje al momento de viajar al pasado llegó a una dimensión distinta a la suya. Es decir, supongamos que el sujeto de, llamemosle la primera línea de tiempo, viaja al pasado creando la segunda línea de tiempo. Supongamos que el sujeto hace un cambio en el pasado, un ejemplo, evitar la muerte de una persona; en la primera línea de tiempo la persona seguirá muerta aunque en la segunda línea de tiempo sobreviviera. Otro ejemplo es si el sujeto viaja al pasado y se mata a sí mismo, a su yo de antes; dado a que sus perturbaciones en el pasado no afectan su línea de tiempo original, la primera línea de tiempo permanece intacta y por lo tanto el sujeto continúa con vida mientras que en la segunda línea de tiempo el sujeto muere. Es la teoría de los universos paralelos, eso evita las paradojas porque no importa los cambios que hagas, no afecta la primera línea temporal; es más que un salto al pasado, es un salto hacia otra dimensión en donde los acontecimientos aún no ocurridos pueden ser cambiados sin afectar la dimensión de inicio.

El Profesor se había sumergido tanto en su explicación que terminó llenando la pizarra de garabatos; todos los presentes se le quedaron viendo, aún cuando unos ni sabían de lo que hablaba.

—¿Estás diciendo que podría ir a ver a mi yo del pasado, advertirle y eso no me afectaría a mí? Pero podría cambiar las cosas para mi otro yo, ¿cierto?— preguntó Jimmy, perplejo.

—En teoría.— dijo el Profesor.

—Espera un segundo.— exclamó el niño, poniéndose de pie, parecía muy interesado—. ¡Dijiste que no debía encontrarme conmigo mismo porque el universo podría destruirse! ¿que eso no aplica cuando es de otra dimensión?

—Bueno...— el Profesor se llevó la mano al mentón e hizo una expresión pensativa—. Lo más probable es que eso ocurra cuando te mueves en el tiempo en tu misma dimensión, pero cuando se trata de una dimensión distinta no estoy seguro... Todo esto son sólo teorías y suposiciones, jamás he creado una maquina que te envía a un universo paralelo, ni siquiera sé si eso es posible.

—Quizá la existencia de un mismo ser en una sola dimensión cree el mismo problema que la paradoja, no hay una gran diferencia.— comentó Mojo—. Una diferencia es que son dos los universos involucrados, así que tal vez...

—¿Los dos se destruirían?— supuso Jimmy.

—Verás, cuando viajas en tu misma línea temporal a un tiempo en el que ya existes, se crea una paradoja porque no puedes existir dos veces en un mismo universo.— explicó el Profesor—. El universo intentará ordenarse y eso mismo desencadenaría la destrucción. Pero cuando son dos universos involucrados, es lógico pensar que provocaría la destrucción de el universo que contiene los dos seres idénticos, pero en la dimensión original no estoy tan seguro.

—Quizá el problema llegaría a ser tan grande que afectaría a ambas dimensiones y en un intento por ordenarse ambos universos colisionarían entre sí, provocando la destrucción de ambas líneas de tiempo.— dijo Mojo, aunque no parecía muy interesado en el tema.

—Me duele la cabeza.— se quejó Jimmy. Había entendido todo y no era verdad que le dolía, pero ya se había hartado—. Nunca intentemos algo parecido, jamás.

—Ya no charlemos de cosas inútiles y sin sentido.— dijo Mojo, cargando su arma de rayos láser recién modificada—. Es hora de irnos.

—¡Finalmente!— exclamó Mitch, parándose de un salto. Él había permanecido sentado junto a Robin en un rincón de la casa. Mitch se acercó a la mesa y tomó una arma como la de Mojo—. Pateemos el trasero de unas cuantas Furias.

—¿Realmente van a salir?— preguntó Jimmy, con gesto extrañado—. ¿Puedo ir yo también? Seguro que conmigo no los matan.

Si iban a quedarse en casa de Peludito, debían salir a la ciudad para conseguir provisiones, ellos no sabían cuándo volverían los demás y mucho menos sabían cuándo todo se iba a arreglar. De nuevo, su trabajo ahora era sobrevivir, no importaba que tuvieran que enfrentarse a cientos de monstruos mitológicos.

—No Jimmy, tú deberías quedarte.— habló el Profesor en tono de sabiduría—. Eres sólo un niño y podrías salir lastimado.

—Tú eres adulto, ¿por qué no vas?— le exigió Jimmy al Profesor, en tono irritado y molesto.

—Porque yo.. eh.. Es..estoy ocupado con un experimento.— tartamudeó.

—¡Cobarde!

—¿Alguien más quiere venir? ¿o van a acobardarse?— les dijo Mojo. Mitch, a su lado, ya parecía ansioso por salir.

—Vamos, Robin.— quiso animar Mitch a la chica, tendiéndole un arma.

Robin se encogió de hombros, sonrió ligeramente pero pronto bajó la mirada. Afuera era riesgoso. Pero, por otro lado, ya estaba cansada de estar encerrada.

—Vamos.— dijo ella, tomando el arma, sintiéndose más segura al hacerlo.

No podría ser tan malo en la ciudad, ¿cierto?

.

La ciudad de Saltadilla, una ciudad hermosa y tranquila, en donde sus habitantes viven felices y en paz... bueno, esto no era cierto. La ciudad de Saltadilla se encontraba en ruinas, los habitantes habían huido, el lugar había sido invadido por las monstruosas Furias. No había señales de vida en kilómetros, y si había se sabían esconder muy bien.

—Hemos sobrevolado esta ciudad por... ¿cuánto tiempo? Díganme cuánto tiempo.— habló la mujer rubia, con voz exasperada y cansada.

—Dos horas, quizá, tal vez más.— dijo la pelinegra de ojos verdes, con voz burlona—. Al demonio esto, sabía que no los encontraríamos.

—Claro, esos estúpidos dioses le dan una tarea imposible a tres mujeres, típico.

—Por supuesto, no somos tres mujeres cualquiera, ¡somos las tres esclavas! podemos hacer lo que sea según ese tonto dios de pelo azul.— Sedusa echó un vistazo abajo, buscando con la mirada lo imposible—. Esto me estrésa.

—Cállate, Annie, yo te he estado cargando todo el camino.

—¡No me llames con ese nombre! Además, tu obligación es llevarme, no tengo la culpa de que ustedes tengan el poder de volar y yo no, soy la más indefensa, así que soy responsabilidad de las dos.— habló Sedusa, haciéndose la victima—. Por cierto, ¿tú tienes nombre real?

—Ni loca te lo digo.— respondió Femme con fastidio—. Por cierto, ¿esa mocosita tiene otro nombre? No puede llamarse de verdad Princesa.— dijo, refiriéndose a la chica que volaba a distancia frente a ellas.

—Princesa es su nombre, aunque no lo creas.

—¿Qué tenían en la cabeza sus padres?

—Seguro eran unos creídos.

—Oigan.— habló Princesa con voz fría, deteniéndose y girando hacia ellas.

—¡¿Sí?!— exclamaron las dos, espantadas. Princesa era por mucho la más poderosa de las tres.

—Se acercan...

—¿Quiénes?— preguntó Sedusa, sin comprender nada.

—Furias.— contestó Princesa lacónicamente.

—¡¿Furias?!— exclamó Femme, con tal sorpresa que accidentalmente soltó a Sedusa y ésta cayó a causa de la gravedad. Realmente era la única de las tres que no volaba.

—¡Ahhhh!— gritó Sedusa al caer.

Se precipitaba al suelo a gran velocidad, dando giros en el aire sin control, casi llorando por el viento fuerte que le azotaba el rostro. Caer era aterrador como la muerte. El aterrizaje se sintió tan suave que resultó extraño, pero en cambio el concreto había recibido un gran daño, todo se hizo añicos, se agrietó y se destrozó formando un cráter, incluso el ruido del impacto fue ensordecedor... ¿entonces porqué ella no sintió nada?

Sedusa abrió los ojos, descubriendo que se encontraba en los brazos de Princesa. La mujer seguía desconcertada, la chica la soltó con cuidado; Femme descendió hacia ambas, mirándolas con una preocupación oculta.

—Gracias, niña.— le dijo Sedusa a Princesa, avergonzada por tener que ser rescatada por una pequeña—. ¡Y tú, Femme! ¡¿Qué tratabas de hacer al soltarme así?!

—¡¿Qué acaso crees que soy tu transporte?!

Las dos empezaban a discutir, pero Princesa pegó sus manos a los labios de ambas mujeres, cerrándoles la boca. La menor arrastró a las mujeres hasta detrás de unos escombros, ocultándose así.

—¿Están aquí?— preguntó Sedusa en un murmuro, quitándose la mano de Princesa del rostro.

La chica asintió. Femme y Sedusa se miraron entre sí. Princesa logró ver con su visión a las Furias, las criaturas monstruosas de enormes alas de murciélago, cuerpos escuálidos y repugnantes rostros de bestia.

Docenas de Furias aparecieron en el cielo azul, oscureciendo el día. No parecía que aquellas criaturas hayan notado la presencia de las esclavas, pero se notaba que buscaban algo, quizá sobrevivientes para atormentar, quizá un objetivo en especifico que a las esclavas no les convenía dejar pasar.

—¿Qué se supone que hagamos ahora?— dijo Sedusa, irritada.

—Esconderse, ¿qué más?— le respondió Femme con fastidio.

—No pienso quedarme aquí todo el día.

—Y yo no pienso arriesgarme a que me maten, no pasaré por eso otra vez.

—No seas ridícula, tu novio es el Dios de la Muerte, no puedes morir.

—¡Ugh! ¡qué asco! ¡no!— se quejó la rubia, haciendo una mueca de disgusto—. ¡Nunca saldría con un hombre y mucho menos con alguien tan insoportable!

—Te estás condenando entonces.— Sedusa cruzó sus brazos.

Princesa no prestaba atención a sus compañeras, sólo se dedicaba a observar todos y cada uno de los movimientos de las Furias. El ruido de una pisada sobresaltó a la chica, volteó rápidamente, descubriendo que una Furia había logrado evadir su poderosa visión y había aterrizado justo a sus espaldas sin que ninguna de las tres esclavas se percataran de que se acercaba.

Princesa, quién había estado agachada en su escondite con las otras, se puso de pie de un salto, haciendo frente a esa Furia, la cual se veía muy diferente al resto. Esta furia tenía alas más prominentes, tenía el rostro menos repulsivo pero más aterrador, sus cabellos eran serpientes vivas, en su mirada se contemplaba inteligencia, a diferencia del resto de las bestias.

—Hacen mucho ruido.— habló la criatura, su voz era monstruosa y rasposa, pero parecía confiada—... Las tres esclavas, creí que estaban en el Inframundo.

—¿Acaso te conocemos?— habló Femme, en tono de burla.

—Tal vez deberían.— su voz se tornó sombría—. Yo no soy cualquier Erinia, mi nombre es Tisífone y por tu crimen te haré pagar, tercera esclava.— la furia miraba fijamente a Princesa.

—Escucha, monstruosidad, no queremos problemas.— dijo la rubia en tono irritado.

—No intentes razonar con esta cosa, Femme, es inútil y ridículo.— la regañó Sedusa.

—¿Alguna mejor idea, ramera barata?

—¡¿Cómo me llamaste?!

Antes de que ambas se dieran cuenta, ya estaban rodeadas por un ejercito de Furias que se acercaban peligrosamente. Las dos instintivamente retrocedieron un paso, aterradas se tomaron de las manos y gritaron como niñitas asustadas.

Pero pronto Princesa saltó a su apoyo, barriendo una gran cantidad de monstruos con un solo disparo de sus manos, mas pronto las dejó desprotegidas ya que Tisífone se lanzó a atacar a la más pequeña.

—¡Rápido! ¡haz algo!— le exigió Sedusa a Femme, sabiendo que ya no obtendrían ayuda de Princesa y las Furias se lanzaban a atacar.

—¿Qué dices? ¡has algo tú también! Tú puedes... ¡petrificarlas a todas!

—¡No, no puedo!— se quejó—. ¡He perdido mis poderes!

—¡Eso no es verdad! ¡tú me curaste! ¡no puedes haber perdido tus poderes!

—¡No sé usarlos!— gritó Sedusa con ira.

Las criaturas les lanzaron golpes, todas al mismo tiempo; las dos esclavas sólo pudieron tratar de esquivar. A los pocos segundos Femme se hartó, empujó a Sedusa a un lado y la miró con odio.

—¡Sólo intenta averiguar cómo usar tus poderes de nuevo! ¡mientras tanto, creo que tendré que ser yo la que te proteja!

Femme caminó hacia adelante a paso firme, las Furias seguían lanzando golpes con sus garras pero ya ningún ataque lograba alcanzar a la rubia, ella estaba rodeada por un escudo de hielo.

—Espero no estar oxidada.— elevó ambos brazos, el escudo hizo una explosión que logró herir a los enemigos que tenía cerca y cuando la escarcha se disolvió, la primera esclava ya estaba armada con un par de heladas espadas—... Extrañaba tanto ser el ángel de hielo.

Las Furias eran criaturas bastante fáciles de derrotar para alguien como Femme Fatale, el problema es que había una gran cantidad de ellas. A una velocidad impresionante, volando con sus prominentes alas, Femme partió a la mitad a varias de esas criaturas, que cada vez llegaban más y más y no paraba. Con un movimiento de su espada que portaba en la mano derecha, azotó el suelo con una ráfaga helada, creando miles de cuchillas que brotaron y crecieron filosas hasta lo alto, atrapando a decenas de esas bestias, atravesándolas, empalandolas, derramando su sangre que se escurrió en el hielo, escuchándose gritos monstruosos de agonía.

Era extraño, pero matar a cientos de criaturas de una forma tan sanguinaria le parecía muy placentero a Femme, no sabía que asesinar monstruos como hormigas era tan divertido. Se reiría, casi podría reír, pero estaba muy ocupada para reír, sólo lucía una peculiar sonrisa en su rostro. Ciertamente estaba viva, más viva de lo que estuvo en mucho tiempo. Realmente había sentido mucho miedo, quizá aún lo tenga. Esto era una excelente forma para desquitarse.

Pero Tisífone era una cosa completamente distinta, Tisífone era una de las líderes de las Furias, era mucho más fuerte, hábil e inteligente; Tisífone era en este momento la única oponente de Princesa. La tercera esclava, la que casi mata a las Superpoderosas y a los Rowdyruff como si fueran nada, mató a uno de ellos incluso, ahora peleaba contra alguien que sí le daba pelea.

La poderosa y hábil Furia golpeó a Princesa con una de sus garras, le pescó de la cabellera, la llevó hasta el suelo, la estampó contra la calle y arrastró su rostro por el concreto. Sí, dolía, pero el daño era mínimo, Princesa era muy resistente. Impertérrita, la tercera esclava dio un puñetazo al suelo, con el impulso obtenido ambas, la chica y la Furia, fueron lanzadas al cielo en donde Princesa se giró y dio un potente puñetazo a la cara de la criatura.

Tisífone no tenía nada contra las esclavas, su trabajo no estaba relacionado con ellas, pero eso a la Furia no le importaba, iría contra Princesa por una razón. Las Erinias eran los espíritus de la venganza, lo eran por sobre el encargo que le habían dado las diosas; y los crímenes que Tisífone perseguía con venganza eran muy específicos, Princesa cumplía con esos requisitos. Por ello la atacaba, por eso dejaba por este momento el trabajo que le habían encargado a las diosas, haría pagar a Princesa por su pecado.

—La sangre que llevas en tus manos, la oscuridad en tu alma, morirás por ello.— le dijo Tisífone a la chica, arañandole el rostro con sus garras. Princesa ya conservaba suficientes cicatrices en el rostro como para molestarse por un par más, pero estos fueron rasguños pequeños, ya que ella ahora era casi impenetrable... casi.

Sin hacer caso a las palabras de la Furia, pero entendiendo a la perfección lo que ésta quería decirle, ambas oponentes libraron una batalla por los cielos, entre las nubes. Chocando estrepitosamente entre sí. La criatura seguía arañando, mordiendo con sus afilados dientes, pateando con sus pies de bestia; Princesa se escudaba con sus brazos, lanzaba láser con el fin de derribarla pero aquella alada también era rápida.

Pero la verdad es... que Tisífone no era más fuerte que Brick. Princesa lanzó una fuerte patada que dio en el cráneo de la Furia, lanzandola de vuelta hacia la Tierra, estrellándose brutalmente contra el suelo y al segundo siguiente Princesa se estrelló contra ella, dando una pisada al estomago de la criatura, queriéndola aplastar como cucaracha. Tisífone vomitó sangre, ya estaba prácticamente acabada, pero tenía que terminar su trabajo, debía hacerla pagar de alguna forma.

—Mírate. Es tan fácil para ti.— le dijo la Furia moribunda a Princesa—. Si no soy yo la que te castigue, alguien pronto lo hará, será cuando menos lo esperes. Mira a tu alrededor, en lo que te has convertido es algo que no se puede deshacer. Tus manos están sucias hoy y para siempre. El pecado que cometiste te seguirá por toda la eternidad, como una venganza que no puede ser saldada.

Princesa silenció a Tisífone pisando su garganta, después con ambas manos tomó su boca y la separó con algo de esfuerzo, arrancándola desde la mandíbula a la nuca, matándola al instante.

La chica miró sus manos y, ciertamente, estaban sucias de la sangre de la Furia, pero esto no era de lo que ella hablaba; miró a su alrededor, notando lo vacía y destruida que se encontraba la ciudad. Es verdad que las Furias habían causado daños desde que llegaron, pero esa ciudad se había destruido desde poco antes. Princesa como tercera esclava había hecho cosas imperdonables.

Se sintió tan sola, tan pequeña, tan vacía, se sentía en un abismo en ese instante. Se abrazó a sí misma, permitiendo que los terribles recuerdos la invadieran, los errores y el pecado que Tisífone había mencionado. Hay cosas que no se pueden remediar, no hay forma de volver el tiempo atrás, no importa si Brick diga perdonarla, los demás la verían como un monstruo, tal como Bombón había dicho.

Princesa giró a ver la batalla de sus compañeras; Femme no parecía tener problemas, así que la dejaría terminar el trabajo, Sedusa por otro lado... Sedusa... Princesa fijó su mirada en Sedusa, pensativa; bajó la mirada, dudosa de lo que por su mente pasaba.

Femme volaba en círculos, a una velocidad tal que ninguna Furia logró seguirla con la mirada, creando un tornado invernar en torno a las criaturas, congelandolas. Tisífone había muerto y la mayoría de las Furias, que eran mucho más débiles, al darse cuenta salieron huyendo. Esta lucha había terminado.

—¡Eso fue refrescante!— exclamó Femme, estirándose. Princesa saltó y aterrizó al lado de la rubia—. ¿Crees que encontraremos más enemigos por aquí, niña?

Sedusa salió de su escondite, y se sentía tan inútil que golpeó un muro, lastimándose el puño a consecuencia. ¿Por qué había sido la única que había perdido sus poderes al ser... derrotada? Ciertamente los poderes que le habían otorgado eran una maldición, pero en ese momento hubieran sido útiles. En cambio sólo pudo ¡ocultarse! Esta situación era una porquería para la mujer.

El ruido de los escombros hizo a Sedusa voltear, encontrándose así con una Furia restante; la criatura se abalanzó a Sedusa para atacarla, la segunda esclava se cubrió con los brazos mientras gritaba con terror. El ataque nunca llegó, en cambio el ruido de un disparo se escuchó, seguido por el grito agudo de la Furia. Sedusa se asomó, comprobando que a la Furia le habían disparado, ¿pero cómo? ¿quién?

—¿Te encuentras bien?— habló una voz.

Sedusa alzó el rostro, mirando a quien la había salvado. Era sólo un chico, cabello castaño y pecoso, a su lado había una chica castaña de ojos azules, ambos iban armados con armas láser. El joven hizo una expresión de haber visto a un fantasma por un momento. La había reconocido.

—Tú eres...— Mitch se atemorizó, pero su sorpresa era más grande—. Tú eres la segunda esclava, ¿no es así?— a Mitch le habían contado que Sedusa era la segunda esclava, aunque nunca la vio en persona realmente.

—No puede ser...— murmuró Robin, dando un paso hacia atrás. Esto era algo que no se esperaban encontrar.

Las otras dos esclavas notaron la presencia de los chicos; Femme los miró con el ceño fruncido, Princesa sólo los miró de reojo.

—¿Quiénes son estos mocosos?— dijo la rubia con agresión, dejando que el frío se acumulara en sus dos manos—. ¿Quieren interponerse en nuestro camino?

Femme iba a atacar sin remordimiento, pero fue retenida del brazo por Princesa, quien le negó con la cabeza.

—¡Y esa es la primera esclava!— gritó Mitch—. Y... la... la tercera esclava.

Ambos chicos tenían cara de haber visto a monstruos peores que las Furias, algo que molestó mucho a las tres, pero no dijeron nada al respecto.

—¿Son acaso del grupo que Hermes nos mandó a proteger?— le preguntó Femme a Princesa.

—Así es.— respondió ésta.

La mención de Hermes llamó la atención de Robin y Mitch. Mitch iba a preguntar algo, pero fue interrumpido.

—¡¿Por qué fue el disparo?! ¡¿y por qué son tantos gritos?!— esa voz, el que se acercaba era Mojo. Robin y Mitch intercambiaron miradas, preocupados al saber lo que se vendría—. ¿Acaso tratan de llamar la atención de todas las criaturas de la ciudad? La próxima vez no...

Mojo se detuvo al notar a las tres esclavas. Femme lo miró con extrañeza, nunca antes había visto a Mojo; Sedusa se acercó a la rubia, la jaló del brazo y la apartó del sitio, murmurándole que no se entrometiera. Incluso Sedusa ya suponía el problema.

—Son las tres esclavas, deberíamos alejarnos de ellas.— le dijo Robin a Mitch, en voz baja y con angustia ante lo que sucedía. Mitch hizo una mueca.

—Mojo...— Mitch acercó su mano a él, pero éste lo apartó de un manotazo. Imposible, esto realmente iba a pasar.

—Princesa Morbucks.— la llamó Mojo, con voz severa.

Princesa se sobresaltó, lo miró con los ojos muy abiertos, quedando estática en su lugar.

La razón es que ella le había matado uno de sus hijos.

Todos guardaron silencio y se limitaron a observar.

—Mojo... yo...— sus manos temblaron, bajó la mirada sin saber qué decir ni cómo actuar.

—¡Mírame!

Princesa alzó la vista, su cara expresaba ansiedad, sus ojos miedo y tristeza. Sabía que tendría que enfrentarlo, pero esto no era cualquier cosa para Princesa, ¿saben lo que significa para ella? mucho más de lo que se puede expresar. Voltea al pasado y sabrás que las cosas han cambiado.

—Acabaste con la vida de Butch, lo hiciste y no dudaste.— la acusó, serio.

—Yo... yo sé que no merezco tu perdón.— ella lucía triste, más emoción de lo que mostraba últimamente—. Si pudiera cambiar lo que hice, yo...

—¡¿Tienes idea de cómo me siento?!— le gritó con más fuerza aún. Princesa tembló—. ¡Tú sabías! ¡siempre has sabido! ¡ustedes lo saben!— señaló a Femme y a Sedusa por igual—. Gente como nosotros somos despreciados, humillados, sentimos nuestro fracaso constantemente. ¡Pero tú, Princesa, tú sabías mejor que nadie lo que era! ¡cómo se siente! ¡el recuerdo constante de que...

—De que tu familia te odia.— dijo Princesa—. De que no importa lo que hagas, no importa lo mucho que te esfuerces, no importa lo que eres capaz de hacer, jamás nadie va a amarte.— Femme y Sedusa se miraron entre sí, sintiéndose mal ante su verdad—. Nadie amaría nunca a villanos como nosotros.

—Mis hijos son todo y lo único que realmente poseo, ¡y tú me quitaste a uno de ellos! ¡¿Cómo pudiste hacer eso?! ¡nunca lo habría creído de ti!

—Me gustaría tanto poder...— su voz se quebró, se detuvo un momento para calmarse y seguir hablando—. Me gustaría tanto volver a ser la niña engreída y fastidiosa que iba a molestar a la puerta de tu casa, buscando un nuevo plan para derrotar a las Chicas Superpoderosas, pero eso ya no existe. Ellos, nosotros, cambiamos. Lo que yo era, la niña que era ya no existe. Debo ser sólo un monstruo.

Al darse cuenta, Mojo ya le estaba apuntando con su arma de rayos láser. Princesa suspiró.

—Soy mucho más fuerte ahora, ese láser no me hace ningún daño.— se encogió de hombros, con mirada melancólica.

De todas formas el láser fue disparado, chocando con ella directamente; para la chica fue sólo un empujón que casi la hizo tropezar, ni una sola quemadura le provocó, no la dañó en lo absoluto. Mojo se dio cuenta de que las palabras de la chica eran verdad, no podía dañarla, pero eso no le impedía intentarlo, le disparó un par de veces más, esta vez apuntando a la cabeza. Nada, ni un sólo daño.

Mojo se acercó a la chica, ella lo miró en espera de lo inevitable; él alzó su arma y después con ésta le dio un golpe en el rostro, el más fuerte que pudo dar. No, no le hacía daño.

Ningún daño que él intentara causar funcionaría, pero él realmente tenía intenciones de destruirla. Aunque no pueda dañarla él quería destruirla. No podía dañarla, no podía herirla, pero a ella le dolía tanto. ¿Por qué era tan doloroso? ¿qué era este castigo?

La odiaba como todos deberían odiarla. Pero no le temía, aún cuando debería temerle.

Princesa se dejó caer al suelo, cerró los ojos con fuerza, tratando de contener sus emociones. Odio es lo que se le quería escapar, los recuerdos del dolor infernal; el recuerdo de no sentir absolutamente nada al momento de matar y dañar, era el vacío absoluto. Tanto dolor había sentido que desaparecer había sido su única escapatoria, murió por dentro. Su vida se había condenado, por eso odiaba el mundo, temía odiar al mundo, temía no sentir nada, temía sentir demasiado. Su mente era una catástrofe. Pensó tener la fuerza de voluntad suficiente para contener su locura latente. No era así.

¡Déjame en paz!— gritó la chica, demasiado fuerte, soltando más energía de lo que debería. Tal energía empujó a los presentes, incluso a las esclavas, los hizo caer y, a la distancia, causó también destrozos en los edificios que aún continuaban en pie, destrozando los cristales.

Ella era peligrosa, demasiado poderosa e inestable de mente. Tal como la había llamado Bombón, era una bestia incontrolable, ella había dicho "Cuando los demás vean que no puedes controlarte, te abandonarán" Pero eso a Princesa no le importaba, lo que le causaba temor era dañar a los demás, temía no sentir nada por ello. Temía haber perdido su humanidad.

La miraron con terror, ella podría acabar con todos con facilidad, como si no fueran nada. Princesa se enderezó, tembló al sentir su propio desastre. No, no iba a dañarlos aunque pareciera que iba a hacerlo.

—Mojo, no busques venganza contra mí, ódiame tanto como quieras, sólo mantente lejos de mí.— Princesa salió corriendo hacia ninguna dirección, no muy lento, no muy rápido, sólo escapó como una humana normal lo haría.

Mojo cruzó sus brazos, reflexionando sobre lo sucedido, pero no se detuvo mucho a pensar al respecto; miró a las dos esclavas restantes, Mitch y Robin hicieron lo mismo.

—¡¿Qué hacen ustedes tres aquí?!— les preguntó Mojo, estando más calmado.

—Hermes nos envió.— dijo Femme con voz fría—. Estamos de su lado ahora, él quería que los protegiéramos a ustedes. Pero como al parecer no quieren tener nada con nosotras, supongo que esto ha sido un fracaso.

—¿Cómo se supone que confiemos en ustedes?— dijo Mitch, dando un paso adelante; Robin se ocultaba detrás de él, algo asustada pero ya no tanto como cuando estaba Princesa—. Trabajan para las diosas malas y quisieron matar a nuestros amigos. ¡Ella es una asesina!— señaló a la dirección que había tomado Princesa.

—Déjala en paz. No querrás perturbarla, su mente es delicada, mira lo que acaba de pasar.— le dijo Sedusa en tono serio.

—¿Saben qué? ¡¿qué importa?!— exclamó Femme—. No quería estar aquí en primer lugar, ustedes no son mi responsabilidad, esta batalla no es nuestra.— la rubia miró a su compañera, decidida—. Deberíamos irnos de aquí.

—Concuerdo, ¿a quién le importa estas personas?— dijo Sedusa con rencor—. Que se pudran.

—Vamos, Sedusa, hay que alcanzar a la boba antes de que se meta en problemas.— dijo Femme, desplegando sus alas, tomando a Sedusa y volando a toda velocidad en busca de Princesa.

Mojo, Mitch y Robin quedaron solos nuevamente.

—¿Será verdad que Hermes las envió?— se preguntó Robin—. ¿Por qué haría algo así? ¿qué habrá pasado en el Inframundo?

—No lo sé, pero conociendo a Bellota, Brick y Boomer, seguro están bien... bueno, dudo un poco de Boomer.— dijo Mitch. El castaño miró a Mojo—. Tal vez ellas digan la verdad, tal vez están aquí para ayudar.— Mojo no contestó, permaneció con los brazos cruzados—... No hay forma de saber si nos engañan o no.

—Ella parecía arrepentida.— mencionó Robin, se encogió de hombros cuando ellos la miraron con extrañeza—. Ella se veía triste.— explicó—. Además, ¿por qué no creerle? Estoy segura de que Brick confiaría, él la ama, ¿lo sabes?

—Sí, lo sé.— Mojo resopló, resignado. Los miró a ambos con seriedad—. No tienen idea de cómo ella lo estropeó, no saben cuánto tiempo tardó en recuperarse, y cuando volvió no sólo volvió a destrozarlo, también le arrebató un hermano.

—Ella fue muy dañada.— murmuró Mitch, recordando lo que le habían contado, lo que Yiós había hecho con Princesa—. En el fondo... ella no quería hacerlo.

—Cuando estás con la maldad, sin importar las razones, hay cosas que nunca te serán perdonadas. Brick puede perdonarla porque está tan loco como ella, pero yo soy diferente, jamás perdonaría algo así.

—Yo tampoco lo haría.— concordó Mitch—. Pero no se trata de perdonarla, se trata de saber si nos ayudará ahora.

—¿Piensas ir a buscarla? Si quieres hacerlo, hazlo, no te detendré, pero no cuentes conmigo.— Mojo se fue, enfadado.

—¿Realmente buscaremos a las esclavas?— preguntó Robin a Mitch.

—Si Hermes las envió es por algo, además nos conviene más tenerlas de nuestro lado.

A distancia, Princesa estaba oculta entre los escombros de una construcción; permanecía pensativa y distante, pero se percató de la presencia de Femme y Sedusa que rápidamente la habían encontrado.

—Aquí estás.— habló Femme—. ¿Por qué saliste huyendo de ese modo?

—Olvidemos a esos perdedores y vámonos de aquí.— dijo Sedusa, cruzada de brazos.

—No.— respondió Princesa automáticamente—. Brick confía en mí, Hermes confía en nosotras y no importa lo que yo haya llegado a hacer, tengo una misión ahora.

—¡Protegerlos no hará ninguna diferencia! ¡ellos son inútiles!— exclamó Sedusa.

—Tú misma lo dijiste, Femme.— la joven miró a la rubia fijamente—. No seremos libres hasta que esto termine, si queremos dejar de ser algún día las tres esclavas tenemos que hacer esto.

—Je, esto sólo es un chiste.— dijo la rubia—. Nos temen. Te odian.

Princesa mostró un rostro imperturbable, casi endurecido. Había estado pensando en algo desde que derrotó a Tisífone, pero tal idea era siniestra por sí misma.

Mitch y Robin llegaron al lugar, ellos iban a decir algo, Femme iba a reclamarles algo, pero Princesa interrumpió, poniéndose entre todos.

—Necesito ayuda.— Princesa miró a sus compañeras, las miró con mucha seriedad.

—¿Qué?— dijo Femme, sin entender.

—Y los necesito también a ustedes.— dijo mirando a Mitch y a Robin.

—¿De qué hablas?— dijo Mitch, molesto por su inesperada actitud.

—Si algo sale mal, esto se pondrá muy feo.— ella hablaba fríamente, seria y siniestra—. Ustedes vendrán conmigo, tenemos que hacer una locura.

.

..

...

En el Tártaro, a los pies del titan Atlas, tres dioses, un par de otra dimensión, una singular niña nefilim y una embarazada se encontraban a la espera. A Eris era quien esperaban, una vez traiga al padre de Burbuja la diosa Ilitía procedería a hacer que el bebé naciera.

Burbuja platicaba animadamente con Ilitía, quien contaba sus experiencias como partera, contando anécdotas muy extrañas; Helios trataba de hacer conversación con Ella sin muchos resultados; Apolo permanecía con los brazos cruzados, esperando pacientemente; Beauty y Nekrós permanecían muy cerca el uno del otro.

—Así que aquí es donde termina.— le hablaba Beauty a Nekrós. Él cerró los ojos, pensativo—. No es tu responsabilidad...

—No lo evité, no quise quitarle esto, yo he aceptado el destino.

—Aún podemos arreglar esto de una forma diferente, Apolo y Helios no intervendrían y si lo hacen sólo...

—¡No me pidas que haga eso!— se alteró—. Yo nunca podría.

—Nekrós.— Beauty lo miró con tristeza, pero pronto su mirada se endureció. Ella era demasiado orgullosa como para mostrarse triste—. Tú sabes cómo me sentí cuando mi hermano... Nekrós, eres lo único que me queda de mi antiguo hogar. Las cosas ahí eran horribles, pero nos teníamos el uno al otro, aquí aún estás tú, y este lugar, quiero que te quedes conmigo.

—Lo siento.— fue todo lo que le respondió. Beauty se puso furiosa.

—¡¿Quieres que me quede mirando así como cuando se llevaron a mi hermano?! ¡no puedo creerlo!

Beauty, en el fondo, ya lo había aceptado, pero su tristeza contenida sólo podía escapar en modo de furia, era siempre su más frecuente reacción.

Eris apareció de regreso, no se había ido por muchos minutos, ella mostraba una sonrisa burlona, como si se conteniera de decir un chiste que estaba entusiasmada por contar. Apolo se le acercó, así como Burbuja.

—¿Lo trajiste? ¿trajiste al Profesor?— preguntó Burbuja de inmediato. La sonrisa de Eris creció.

—Ohhh, claro que sí, lo encontré vagando por ahí.— canturreó, juguetona.

—Bien, ¿dónde está?— preguntó Apolo, cruzado de brazos.

—Ups. Espera un segundo.— Eris movió una de sus manos y de una neblina que se formó, ahí apareció el sujeto—. ¡Ta da!

Pero el sujeto no era el Profesor, era...

—¿Mojo?— dijo Burbuja con los ojos muy abiertos, casi sin creerlo.

Mojo miró a la diosa que lo había traído, ella se empezó a reír, lo había traído a propósito. Él comenzó a gritarle.

—¡¿Qué pasa contigo?! ¡traerme de esa forma a este lugar sucio y maloliente! ¡me dirigía hacia una dirección hasta que tú decidiste llevarme y ahora por tu causa yo no llegaré porque estoy aquí, en este lugar en medio de la nada!

—¡Mojo!— lo llamó Burbuja, impresionada.

—¿Burbuja?— Mojo volteó a verla, sorprendido.

—¡Mojo!— es extraño, pero ella estaba feliz de verlo. Mojo se acercó a ella rápidamente, empujando a Helios que estaba en medio del camino.

—Burbuja, ¿qué pasó? ¿cómo te encuentras?

—Mojo, te preocupas por mí.— dijo ella con ojos llorosos.

—¿Qué? ¡no! Me preocupo por el bebé. Si fuera por mí, tú podrías caerte a la lava.

—Eres malo conmigo. ¡Wuaa!— Burbuja sollozó de forma infantil.

—¿Ese es tu padre?— dijo Helios con impresión, señalándolo.

—¿Eh? No, él es...— Burbuja se limpió las lágrimas de cocodrilo y se puso nerviosa al contestar—. Es mi... suegro, o algo así.— ¡agh! ¡era vergonzoso decirlo!

—¿Tu suegro es un simio?— dijo Apolo, alzando la ceja.

—¿Tienes algún problema con eso?— le reclamó Mojo.

—No realmente.— se encogió de hombros—. Mi nieto es un minotauro.

A poca distancia, Nekrós y Beauty observaban la escena.

—Vaya, vaya, vaya. Esto se volvió más divertido de lo que pensé.— dijo Beauty con una media sonrisa mientras Nekrós hacía una mueca extraña.

—¡Oye tú!— le gritó Mojo Jojo a Nekrós, haciendo que Burbuja se sobresaltara ya que ella estaba al lado; por su parte, Nekrós dio un paso hacia atrás, cosa que no pasó desapercibida—. ¡Tú eres el padre del niño extraño que me atacó ¿no es así?!

—¿Tú hijo lo atacó?— preguntó Beauty a Nekrós, mirando al pelirrojo con extrañeza.

—Yo... siento las acciones de Yiós. Le aseguro que ya ha sido castigado y no dañará a nadie de nuevo, ya que el castigo que le impuse le arrebató sus poderes.— contestó Nekrós, casi titubeando.

—¿Te refieres a lo que le inyectaste?— habló Beauty—. Te recuerdo que al ser tu hijo parte dios, la jeringa no tiene un efecto permanente en él, tarde o temprano sus poderes volverán.

—No me ayudes, Beauty.— le dijo Nekrós con irritación.

—Además de eso, ¡te atreviste a llevarte a Burbuja! ¡una chica embarazada que ya tiene novio!— le gritó Mojo—. ¡¿Tienes idea de lo que están pasando los demás por su desaparición?! ¡No, no tienes idea porque tú te la llevaste sin pensar en los demás! ¡¿qué pretendías llevándotela de esa forma?! ¡La situación ya estaba suficientemente complicada como para tener que lidiar con un patán como tú!

—Se equivoca. Me llevé a Burbuja porque es esencial cuidarla de los peligros, con ella aquí podremos proteger a Caos, quien es el ser supremo, el Universo entero, si algo sale mal será el fin de todo, se acabó, todos moriremos, todo culminaría irremediablemente.

¡Eso no me importa!— le gritó Mojo en la cara. Nekrós se echó para atrás, repentinamente espantado a diferencia de su calma habitual—. ¡¿Quién te crees que eres?! ¡al menos pudiste haber avisado! ¡pero no! ¡Sólo llegas y te la llevas como si fuera tuya, ignorando completamente el contexto! ¡¿Realmente crees que a mí me interesa que estés intentando hacer algo heroico, si lo que me acabas de explicar es cierto?! ¡Tú no tienes la menor idea de cómo hacer las cosas, ¿no es así?!

—¡¿Qué?!— se enfureció—. ¿Crees que yo, Nekrós, necesito la aprobación de alguien para hacer lo que hago? ¡no tienes idea de lo que ocurre aquí, si no tienes idea entonces cierra la boca tú... mono verde de circo!

Oh, lo insultó, realmente lo había insultado, de verdad lo hizo. Todos los miraron con los ojos muy abiertos. Nadie se esperaba eso de Nekrós, la verdad.

—¡¿Cómo me acabas de decir?! ¡Déjame decirte que tu apariencia deja mucho qué desear! ¡pareces una especie de payaso emo ridículo!— le dijo Mojo—. ¡Sí alguien debería estar en el circo eres tú, imitación barata de adolescente en depresión!

—¡¿Adolescente en depresión?! ¡¿cómo te atreves?!— le señaló mientras le gritaba—. ¡Aunque tenga esta apariencia soy prácticamente un adulto! ¡mi inmortalidad hace que me vea como un chico pero no tienes ni idea de la edad que poseo!

—¿A sí? ¿qué edad tienes?— le dijo, molesto.

—Tengo... 22.

—¡Gran diferencia! ¡eres sólo un niño mimado que no sabe estar por su cuenta, ¿o me equivoco?!

—¡Ahhh! ¡¿y si mejor te trepas a un árbol y nos dejas tranquilos?!

—¡Acaba con tu vida de una vez!

—¡Que no soy un emo! ¡y el hecho de que pienses que los emos acaban con su vida deja mucho qué desear de tu intelecto!

Y empezaron a gritar, y a gritar y a gritar. Los demás decidieron no interrumpirlos y que terminaran solos con su tontería.

—¿Qué demonios está pasando?— se preguntó Burbuja, mirando a uno y a otro repetidas veces, sin saber qué pensar.

—¡Esto es tan...! ¡Ja, ja, ja!— se reía Beauty a carcajadas—. ¡Vamos, Nekrós, acaba con él! ¡ja, ja, ja!

La pequeña Ella se acercó y observó el escándalo.

—Hilarante.— dijo la niña y Beauty rió más fuerte.

A los minutos la pelea terminó, Nekrós se molestó al haber perdido la discusión; se alejó dando fuertes pisadas mientras apretaba los dientes. Se sentó en una roca, alejado de todos, sólo la pequeña Ella lo había seguido.

—¿Estás enojado?— preguntó la niña, en calma.

—¡No estoy enojado!— gritó Nekrós, evidentemente mentía.

—Estás actuando como un niño.

—¡No estoy actuando como un niño!— giró hacia ella, apretando sus puños. Pronto bajó la mirada, sonrojándose al darse cuenta de lo infantil que estaba actuando.

—Estás actuando como el Butter que Blood conoce.— Blood era la contraparte de Ella en la otra dimensión, la que había conocido a Nekrós por su verdadero nombre—. Hay mucho más de... Butter dentro de Nekrós de lo que dejas ver.

—Si quiero completar esto, debo ser más que ese niño, Ella.— apartó la mirada, molesto consigo mismo. Ella lo tomó de la mano nuevamente.

—Nekrós, hace un tiempo te dije que debías decidir, ¿tú o el bebé?— le habló con voz suave, siendo comprensiva—. Yo te entiendo mejor que nadie, yo sé lo que... se siente. ¿Estás seguro de hacer eso?

—Beauty ya intentó convencerme, pero no puedo hacerle eso a ella. Sé que no me pertenece pero... es todo lo que soñé que sería. Me siento feliz, pero también triste, traté de negarlo en el pasado pero dado a lo evidente a estas alturas y aunque sé que es incorrecto yo...— se dio cuenta de que estaba hablando innecesariamente, bajó la mirada con un evidente sonrojo—. La amo.

—Lo sé, es inevitable... esa es nuestra... maldición.

La niña lo abrazó, ella no lo consolaba, era más bien una consolación mutua. Lo inevitable estaba a punto de suceder.

...

..

.

Todos los dioses, incluso los que no eran olímpicos, fueron convocados a una junta por Afrodita y Perséfone, se les ordenaba asistir inmediatamente. De prisa el gran templo en donde los dioses solían reunirse se llenó de ajetreo; en torno a la mesa redonda dorada, en donde los dioses olímpicos estaban sentados (los demás se encontraban de pie) se llevaba a cabo una acalorada discusión sobre la razón por la que estaban todos ahí.

Todos estaban preocupados, la humanidad y la Tierra estaban siendo atormentadas por las Furias, a muchos dioses esto les molestaba, incluso hablaban ya de revelarse contra las diosas. No era lo único que les preocupaba, ellos notaban que algo iba mal con Caos y ninguno comprendía por qué; cuando algo está mal con Caos, eso se refleja en los dioses ya sea en una enfermedad o en deficiencia en sus poderes, esto era alarmante.

Al margen de sus discusiones, se encontraban los coperos, estos eran los que le servían las bebidas a los dioses en sus copas; ellos se encontraban de un lado a otro ofreciendo vino, agua, té, néctar, sirviendo los alimentos, cuales sirvientes o meseros. Entre ellos se encontraba Ganimedes, un joven de apariencia hermosa, pero permanecía distante de mente al hacer su trabajo, no pareciese que le importara lo que sucedía a su alrededor.

Las voces se acallaron cuando tres figuras entraron al lugar. Todo permaneció en silencio, pero ni Afrodita ni Perséfone llamaban la más mínima atención, los ojos de todos se concentraron en el imponente Zeus, quien después de décadas hacía su primera aparición pública. Todos los dioses estaban desconcertados y las quejas que querían dar no salieron de sus bocas.

Ganimedes llevaba una bandeja en sus manos, observaba a Zeus con los ojos muy abiertos; tomó aire y se encogió en su lugar, casi abrazando la bandeja con ansiedad, notando el estado de ánimo de Zeus. Parecía tan triste.

Los tres dioses recién llegados permanecieron de pie, los demás dioses también se pararon, sin saber qué decir. Zeus estaba en el centro con Afrodita y Perséfone a sus costados.

—Compañeros, hemos sido traicionados.— habló Zeus con voz fuerte y autoritaria. Los dioses emitieron ruidos de asombro, comenzando a murmurar entre sí—. Hera, mi esposa, conspiró contra mí, los ha engañado a todos ustedes. Me encerró en mi habitación bajo el hechizo del Dios del Sueño Hipnos, tomó el control del Olimpo y pretendía destruir toda la creación diciendo actuar a mi nombre, pero todo era mentira.

—¿Quiere decir que usted nunca le dio el poder a Hera?— habló Artemisa con seriedad.

—Ella se aprovechó de mi ausencia para mentirles y controlarlos a ustedes; ella asesinó a Hades y a Poseidón.

Todos los dioses se alarmaron, se miraron los unos a los otros con indignación, furia y unos con tristeza.

—Pero Hades...— habló Hefesto.

—Era un falso Hades, el real fue asesinado hace mucho tiempo.— Zeus hablaba con dureza, pero en el fondo sentía mucho dolor dentro de sí—. Yo, el Rey de los Dioses, les he fallado y debido a mi pena ya no puedo seguir gobernándolos, me retiraré... para siempre.— el lugar se escandalizó, los dioses empezaron a reclamar en voz alta pero Zeus los calló al hacer un ademán—. Los dejaré en buenas manos, traspasaré mi poder a su nuevo gobernante.

Afrodita, con expresión seria aunque se regocijaba por dentro, dio un paso al frente, dando a entender que ella era la elegida. El escándalo entre los presentes aumentó aún más, siendo esta vez incontrolables.

—¡¿Afrodita?! ¡¿Está usted bromeando?!— gritó Ares, dando un paso adelante y señalando a la mujer como si la acusara—. ¡Ella no puede gobernarnos!

—Ella estuvo del lado de Hera todo el tiempo, al igual que Perséfone.— intervino Artemisa con voz dura.

—Yo seguí a Hera porque creí que es lo que Zeus quería, con Perséfone ocurrió lo mismo.— habló Afrodita, calmada—. Les prometo que cuando gobierne desharé lo que ella provocó con su tiranía, yo seré la salvadora de los humanos y la Tierra, la creación no será destruida mientras yo gobierne.

—¿Por qué tiene que retirarse, Zeus?— preguntó Hestia con voz tímida y preocupada. A su lado se encontraba Deméter, la cual no dejaba de observar a su hija Perséfone.

—Porque sin mi esposa yo ya no quiero vivir más.— admitió el poderoso dios, causando que los dioses palidecieran al entender—. Es mi decisión y espero que la respeten.

—Son ordenes de Zeus, MI padre.— recalcó Perséfone, hablando por primera vez—. Ustedes no pueden cuestionar las decisiones de su rey.

Los dioses se resignaron, era verdad, no podían desobedecer a Zeus, no podían poner en duda su juicio, no debían. Todos los presentes o bajaron sus cabezas con resignación o levantaron sus frentes con orgullo. Ya todos lo habían aceptado, no podían discutir.

Zeus se arrodilló frente Afrodita, ésta se acercó a él y tocó su frente con las manos, un destelló de luz cegadora brilló en todo el lugar por un instante; Afrodita ahogó un grito de dolor al recibir el poder de Zeus, su poder de los rayos. Sintió una corriente eléctrica cruzarle por los brazos, pero pronto la sensación dejó de molestarle, se volvió natural. La luz se apagó y ella observó sus manos, podía sentirlo, el poder del Rey de los Dioses.

Podría reír a carcajadas, pero aún no era el momento, aún tenía algo más que hacer.

Hizo una reverencia a Zeus, dándole su respeto. Zeus parecía débil y apagado en el suelo, como si hubiese perdido toda su luz. Era deber de Afrodita acabar con el dolor de Zeus, eliminándolo con su propio rayo. La diosa formó un rayo en su mano, siendo esta acción demasiado fácil. Todos contenían el aliento cuando Afrodita apuntó a Zeus.

—Querido Zeus, ¿tiene unas últimas palabras que quisiera decirnos?— habló ella con respeto.

—Sólo quiero decir... que si hay un lugar a donde van los dioses después de la muerte... quisiera encontrar a mi esposa y que me perdone. Espero que ustedes me perdonen también.

Afrodita lanzó el ataque, apuntando al corazón de Zeus. Los dioses observaron, cada uno con sus propios pensamientos, nadie lo quería así, pero nadie decía nada. Sólo alguien no pudo quedarse callado.

—¡No!— gritó el joven Ganimedes, con lágrimas en los ojos. Afrodita detuvo su ataque y lo miró—. ¡No hagas esto Zeus, aún necesitamos de ti! ¡sólo tú puedes resolver esto, tú vida no puede acabar de este modo! ¡¿Qué hay de Caos?! ¡algo le ocurre y no sabemos qué es ni cómo remediarlo! ¡por favor! ¡Si te derrumbaste de esta forma, por favor, ponte de pie!

Todos miraron con pena al joven sirviente que no debería tener ni voz ni voto en la situación, pero lo compadecieron. Zeus no lo miró, pero decidió contestarle.

—Sin Hera no tengo razón para seguir, no te entrometas, no tienes derecho.— dijo el dios.

Ganimedes comenzó a gritar en forma desesperada, trató de correr hacia el ex Rey de los Dioses pero fue detenido por los demás, lo sujetaron con fuerza para que el chico no intentara seguir acercándose, pero el joven no se rendía.

—¡No!— gritó con voz aguda—. ¡¿Cómo puedes decir que no tengo derecho?! ¡¿cómo puedes decir que no me entrometa?! ¡no! ¡NO!— estiró el brazo, tratando de alcanzarlo, pero los otros dioses lo jalaron hacia atrás—. ¡No puedes hacer esto! ¡¿y qué hay de mí?! ¡no puedes hacerme esto a mí! ¡No quiero!

Pero Ganimedes no tenía importancia, Zeus miró a Afrodita, pidiéndole proseguir. Sin perder tiempo, Afrodita atravesó a Zeus con el rayo y de un momento a otro el cuerpo de Zeus se deshizo y se desvaneció. El rey había muerto.

Los dioses soltaron a Ganimedes, quien había dejado de luchar, pero pronto Deméter lo cobijó con sus brazos protectores.

—Ya, niño, no llores más. Se acabó.— Deméter abrazaba al joven, tratando de darle consuelo como una madre. Él sollozó en su pecho, sintiendo miedo y dolor.

Afrodita sonrió, esta vez sí era momento de carcajear.

—¡Ja, ja, ja, ja, ja!— rió con fuerza la malvada diosa rubia, como un canto de victoria. Los dioses la miraron con susto, sabiendo que se habían metido en un gran lío—. ¡Inclínense! ¡Inclínense todos ante la Diosa del Amor y del Trueno! ¡Señora de los Cielos! ¡Reina de los Dioses!

—Obedezcan ahora.— ordenó Perséfone, casi con agresión.

Los dioses no podían oponerse, Afrodita era ahora mucho más poderosa que ellos. Deméter miró a su hija con dolor, así que esto era lo que planeaban.

Las nubes en torno al lugar se volvieron de blancas a grises y de grises a negras, el viento se agitó en su cielo, los relámpagos aparecieron, los truenos sonaron, los rayos se hicieron presentes, causando el escalofrío en los dioses inferiores. Afrodita elevó las manos, jugando con los rayos que brotaban de sus manos que salían disparados y chocaban con el cielo, seguía riendo casi de forma maníaca.

Los dioses se inclinaron ante su reina, sin tener más opción que obedecer, estando ante ahora la deidad más poderosa después de Caos, y éste último se había debilitado últimamente. Mas sólo alguien en el sitio no se arrodilló; el joven Ganimedes permanecía erguido, firme en su decisión de no obedecer a aquella mujer, pero su rostro estaba cubierto de lágrimas, ver a Zeus morir lo había destrozado, incluso temblaba por el dolor en su alma.

Afrodita notó la actitud del que alguna vez fue un príncipe troyano, pero al ser llevado al Olimpo se convirtió en el copero de los dioses. El chico miraba con rabia a la diosa, apretando los dientes y los puños, lloraba ahora no sólo por su corazón dolido, sino también de ira.

—Hera siempre quiso matarte, Ganimedes.— le dijo Afrodita con calma—. Ahora ella está muerta, pero como era mi amiga... Que así sea.

Todos agacharon la cabeza, impotentes, escuchando cómo Afrodita se deshacía del pobre e impertinente chico.

Y esto apenas empezaba.


Ni se les ocurra decirme que este capítulo es de relleno porque de ser así pasarán un muy mal rato.
Sé que quieren ver lo que pasa con Bombón y con los otros, pero tengo que avanzar este lado de la historia también, créanme que sabrán pronto la importancia que tiene.

Estaba tratando de decidir el nombre del capítulo, pero todo iba en plan de "morir, muerte" y esas cosas, entonces pensé en la palabra "Muerto" y pensé que quedaba perfecto, ya que muerto en griego se dice literalmente nekrós. Sí, Nekrós significa muerto, tómenlo como quieran.
(curiosamente Yiós significa hijo, no batallé mucho con los nombres xD)

Ahora les dejaré unas curiosidades:
—Al principio iba a matar a Sedusa mucho antes de que se presentara como la segunda esclava, iba a ser reemplazada por otra, pero dado a que la chica que iba a poner era mucho menos recordada que Femme Fatale y mucho más aburrida, decidí dejar a Sedusa, y créanme cuando les digo que es la mejor decisión que pude haber tomado, ya no imagino a otra como segunda esclava, ella era la indicada y además decidí darle un trasfondo e historia, la aproveché lo mejo que pude y de hecho aún tiene mucho qué dar.

—La razón por la que Robin está en mi fanfic es por puro capricho, yo sólo quería que estuviera ahí sólo porque sí, la historia podría avanzar igual sin ella; pero ponerla me ha dado muchas ideas, así que sirve de algo. Por otro lado, la historia no sería lo mismo sin Mitch, pese a quien le pese, y muchos lo odiaban por ser novio de Bellota en los primeros capítulos, pero él es importante, ¿por qué? Porque ayuda al desarrollo de los personajes, sin él Bellota no sería la misma... él fue esencial en el desarrollo de Butch y sus decisiones... No imagino la historia sin Mitch.

—Desde hace mucho quería meter a Atlas, estando él en el Tártaro. Sé que Atlas en la mitología no está en el Tártaro, pero luego recordé que en God of War está en el Inframundo así que seguí con la idea sin remordimientos xD

—Nunca quise centrarme mucho en el embarazo de Burbuja porque desde un inicio sabía que ella no completaría los nueve meses. Aunque he de admitir que no estaba en mis planes que ni siquiera llegara a los dos meses xDDD

—Me he inspirado bastante en Grim Tales, no es un secreto para nadie que soy ultra fanática de ese comic. Los que leen Grim Tales entenderán y ya se habrán dado cuenta de que Ella es prácticamente un plagio de Mimi xD digo, su personalidad y edad es distinta, pero su apariencia y padres son los mismos jaja

Ugh, por cierto, pronto saldrá el reboot de la serie ¿han visto los avances? Le sigo la pista a ese reboot desde que lo anunciaron, estaba algo entusiasmada pero ahora no tengo mucha fe. Una de las cosas que le tengo miedo al reboot es que sea algo muy feminista, ugh (por si no ha quedado claro, mi fanfic es anti feminazis). Pero lo que realmente me inquieta es que arruinen a mi personaje favorito (no, no les diré quién es mi personaje favorito y seguro nunca lo adivinarían). No importa, estoy segura de que todo lo que escribiré será sobre la serie original. De todas formas le daré la oportunidad al reboot (aunque el capítulo uno me pareció del asco xD)

Por cierto, he hecho dibujos de Hermes, Tánatos y Eros, hasta hice un dibujo coloreado de Jimmy, pueden ir a verlos en mi Deviantart, búsquenme con el nombre de GabyGirl1243 y me harían un gran favor si comentaran su opinión, no soy muy buena dibujando.

Oigan, ¿quieren jugar un juego? Sé que les gustará. Al primero que logre decirme de qué libro en especifico saqué el primer párrafo que aparece antes del titulo en el capítulo 22 le responderé una pregunta respecto al fanfic, la que quieran, lo que quiero decir es que si ganan les responderé una pregunta aunque sea spoiler. La única pregunta prohibida es que no pueden preguntar quién morirá.

No tengo mucho problema al hacer esto, después de todo... este fanfic se está acercando peligrosamente a los capítulos finales.