Hello everyone! OH POR DIOS! hemos llegado a los 100 reviews y esto es motivo de celebración! *Pau y Alana bailan como locas la danza de la victoria* ajaaaaaa, oh siiii, oh yeahhhh, ajaaaaa.
PAU: muuuuuchiiiisimas gracias por llevarnos a los 100 reviews *0* Sin ustedes nunca hubiera sido posible.
Alana: deja de robarme mis lineas PAU! ¬¬ ¡Sin ustedes nunca hubiera sido posible.! yo lo digo con mas emoción! lero lero :P
PAU: No discutiré contigo porque estoy muy contenta :3
Alana: Si no discutes no tiene chiste ¬¬
PAU: muaja!=P
GRACIAS, GRACIAS, INFINITAAAAAS GRACIAS POR LLEVAR NUESTRA HISTORIA A LOS 100 REVIEWS, SE DICEN FACILES PERO NO LO ES; ES GRACIAS A SU LEALTAD Y NO TENEMOS COMO PAGARSELOS =D
A CADA UNA ¡GRACIAS! LAS ADORAMOS CON TODO EL CORAZÓN DE POLLO QUE TENEMOS!
A LAS LECTORAS NUEVAS QUE SE ESTÁN ANIMANDO A DEJAR SUS MENSAJITOS GRACIAS TAMBIÉN Y A LOS FANTASMITAS Y A LOS FAVORITOS Y ALERTAS Y TODOS LOS QUE VENGAN MAS ADELANTE!
Sin mas que agregar, porque vamos a desgastar la palabra GRACIAS! les dejamos este capitulo que ha sido uno de nuestros favoritos al escribir =D esperemos que también pase a ser el suyo y que sigamos sacandoles risas y hacerlas enternecer =D
¡UN BESO ENORME!
ALANA & PAU
Se acaba de mudar un grupo de estudiantes a la casa de al lado. Cinco, seis, siete… Cada día parece que se multiplican. El punto es que gritan, ponen la música alta y como estamos en pleno diciembre hacen fiestas cada noche… Tienen veinte años y yo doce más, dos niñas gritonas en casa con las que tengo suficiente y un jefe que a veces habla tanto como la batería de una banda, así que no lo pienso dos veces y la segunda semana que llevan de vecinos dejo a Kate vigilando la puerta de la casa, hago pasos lentos por la camineria de piedra, llamo a la puerta, abre un joven pelirrojo, alto, pecoso, semidesnudo y con cara de haber pasado una noche sin dormir. Me mira de arriba abajo y se frota los ojos así que hablo con mi tono mas serio y tranquilo.
-Hola, soy Rosalie. Vivimos en la casa de al lado y tenemos dos niñas pequeñas. Agradecería que pudieran bajarle un poco a la música.
-Sí, señora. Perdone- murmura el chico despertándose del todo y mirándome apenado. Asiento hacia él, dándole una leve sonrisa y volviendo sobre mis talones.
Cuando entro en casa, Emmett, Kate e Irina me hacen la ola, muertos de risa.
-Olé, señora. Olé, señora.- ríen y se retuercen mientras yo los asesino con la mirada. Ahora que me he convertido en una señora madre, no tengo sentido del humor ni estoy para bromas. Además, de que hace unos días he cenado con Charlote. Una amiga de la facultad, casada hace diez años con un viudo, madrastra de su hijo al que conoció con dos años y ha criado hasta los trece y que ahora es separada porque su ex ha encontrado a otra de veinte. Acepta que amó a su ex y ahora lo quiere, sin más. Pero el problema no es ése. El problema es su niño.
-Dice la abogada que no, que no tenemos derechos y eso me enferma Rosalie. Yo lo único que quiero es seguir viendo a mi niño. A su hijo que es mi hijo.
Nueva perspectiva sobre las madrastras ¿Tenemos derechos? No. Es fácil para los demás decir que no te impliques demasiado en la vida de los hijos de tu pareja pero ¿Cómo demonios vivo con ellas y las ignoro para no quererlas, para no cuidarlas, para no implicarme? ¿Cómo?
-Si te casas con Emmett asegúrate de tener por escrito que tienes derecho a ver a las niñas si se separan, Rose. No te deseo la tristeza de no poder ver a tus pequeñas.
Llego a casa pensativa esa noche. Las niñas ya están acostadas pero hablan como cotorras. Les beso la cabeza rápidamente y me escabullo a mi habitación donde mi hombre está tumbado en la cama tapándose los ojos con su brazo.
-¿Emm?- me acerco y le quito el brazo del rostro. Me ve y vuelve a cerrarlos. No tiene buena cara.
-Hola- saluda con un susurro.
-¿Que sucede?
-Creo que la cena me sentó mal. Tengo el estomago revuelto.
-Es cierto cuando dicen que todo en la vida se regresa- lo pico por la ultima vez que sufrí de mal estomacal por su culpa. Sonríe levemente. Luego su cara se contrae y no he terminado de parpadear cuando ya está corriendo al baño. Lo sigo preocupada y lo consigo abrazado al vater.- ¿Has tomado algo para el estomago?- niega con la cabeza. -Voy por un poco de dramamine.- busco en los cajones las pastillas y regreso con un vaso de agua. -¿Por qué no me llamaste? Hubiera regresado antes si te sentías mal.- lo acuso una vez regreso a la habitación. Está sentado en la cama sosteniéndose la cabeza.
-Estoy bien. Debe ser un resfriado que pesqué. He pasado el día con malestar en el cuerpo.- resta importancia tomándose las dos pastillas y bebiendo del vaso, luego lo deja en la mesita de luz, me mira y sonríe.-Solo necesito que mi novia se recueste conmigo y me cuente como estuvo su día.- se tumba una vez mas invitándome a sus brazos y no lo pienso dos veces. Quitándome mis zapatos y arrastrándome a su costado para abrazarlo. Me besa el cabello.
-Hola cielo.- me dice.
-Hola amor.- le beso el pecho, sonríe.
-¿Cómo te fue con Charlote?- inquiere con los ojos cerrados.
-Bien. La pobre está algo liada con su divorcio.- hace un sonido de afirmación y se me escapa un suspiro.
-¿Que pasa?- pregunta preocupado, alzando mi rostro para que lo mire. Aprovecho el momento para plantearle lo que ha estado rondándome la cabeza desde hace horas.
-Si nos casamos, quiero derechos de visita sobre las niñas si por alguna razón decidimos separarnos. Al menos un fin de semana al mes.- se queda pasmado por un segundo y luego una lenta sonrisa empieza a aparecer en su rostro por encima de su malestar.
-¿Me estás pidiendo matrimonio?- dice con picardia. Aun enfermo es un coqueto sin remedio.
-Estoy hablando enserio Emm.
-Yo también, Rose. El hecho de que me pidas un acuerdo pre nupcial para poder ver a mis hijas es mucho más fascinante de lo que puede ser que me pidas matrimonio. Sabes que ellas y yo somos un paquete. Y, si las amas tanto como para proponerme ésto no tengo nada mas que pedirle a la vida. Me caso contigo mañana mismo si lo deseas.- suelto un suspiro de alivio al escucharlo. Abrazándome a él con fuerza -Eres increíble. ¿Te lo había dicho ya?
-Eso es porque te tengo a ti.- le beso a sonrisa.
-¿Entonces nos casaremos?
-Si lo deseas, lo hacemos.- asiento.
-¿Lo deseas tú?- alza una ceja.
-Sabes lo que pienso de las bodas, Emm. Pero si es el paso que nos toca dar, y es contigo, lo hago. Asi sea en vaqueros y no lo llamemos boda.- se ríe y me besa el cabello antes de que Irina irrumpa en la habitación cubriéndose los ojos con una mano.
-No veo, lo juro. ¿Están vestidos?
-Dónde quedó el tocar antes de entrar, Irina.- la reprendo con suavidad y ella se encoge de hombros. Se destapa los ojos, exhala y salta junto a nosotros.
-No me puedo dormir. ¿De qué hablan?
-De celebrar que nos queremos- contesto yo evitando la palabra "boda" por aquello de los fantasmas, los traumas y todo eso de los "yo me opongo"
-¡Kateeeeeeee!- grita -¡Papá y Rose van a hacer una fiesta!
-¿Por queeé?- pregunta Kate desde su cama con la voz cargada de sueño.
-Eso. ¿Por qué?- me pregunta, traduciendo.
-Para celebrar que nos queremos, ya te lo dije.
-No seas cursi, Rose, que das pena- dice Irina.
Kate se nos une, frotándose los ojos y adivinando como siempre más de lo que correspondería
-¿Se van a casar?- tiemblo.
-No, no, es solo una fiesta.
-¿Por qué no lo llamas boda, Rose?- se exaspera la mayor. Su padre solo nos mira.
-Porque es en vaqueros- suelto la primera estupidez que se me ocurre.
Kate se horroriza, su cara es mas dramática que el grito de Edvard Munch e intenta razonar con su padre
-Papi, en vaqueros no. Que yo nunca he ido a una boda y quiero llevar los anillos en una bandeja de plata y con un vestido.
Irina, en cambio, se dedica a boicotearlo todo por puro deporte
-Yo te lo advierto desde ya que no voy, que no conozco a nadie.
-Sólo conoces a tu familia y a la mía, que son los invitados principales, tontita.
¿Invitados a qué? La hemos liado. Y ni siquiera habíamos acabado de tomar la decisión de casarnos.
Pero nos toca una hora larga de explicaciones, reafirmaciones, certezas, abrazos, lágrimas… Todo inútil hasta que las devuelvo a la cama con un poquito de charla bienintencionada
-Lo que tienen que hacer, si nos casamos, es ensayar. Estaría todo el mundo mirándolas a ustedes para ver si saltan como fieras en el momento en que el juez diga eso de "y si alguien se opone a éste matrimonio, que hable ahora o calle para siempre".
Creo que les he dado una idea perversa para rumiar hasta que las venza el sueño mientras yo regreso a los brazos de mi enfermo hombre que tiene mejor semblante.
-Entonces, ¿será usted la sra. de McCarty?- pregunta cuando me abrazo a su pecho.
-Si no me queda mas remedio.- me encojo de hombros fingiendo fastidio y me salta encima. -¿Te sientes mejor?- le acaricio la cara.
-Si y no, no te queda mas remedio porque te quiero para mi. Hoy, mañana y siempre.- y nos fundimos en un beso que se prolonga por horas en nuestro lecho.
