Un poco de perspectiva

Era lunes por la mañana y una desanimada Sora Takenouchi se encontraba en la fila del buffet de la cafetería, sirviéndose su desayuno. Había pasado tan sólo un día desde el fallido Showcase y de no haber sido porque odiaba estar encerrada, se habría quedado en su dormitorio, tirada en su cama. No tenía ánimos de nada.

Terminó de servir su comida en una bandeja y se dio la vuelta para dirigirse a una de las mesas. Todas estaban ocupadas, pero en una de ellas vio a un par de chicas de su mismo semestre, por lo que fue a sentarse con ellas.

– Buenos días. – las saludó la pelirroja una vez en la mesa.

Pero éstas le voltearon la cara, e ignorándola por completo, tomaron sus bandejas y se levantaron, sentándose en la mesa de al lado con un grupo de alumnos que la miraban sin disimular.

Sora estaba algo confundida. ¿Qué estaba sucediendo?

Si mal no recordaba, esas chicas solían llevarse bien con ella.

– Hey, ¿entonces los rumores son ciertos?

La pelirroja escuchó lo que una de las personas de la mesa de al lado preguntó en voz alta. Giró su cuerpo para darles la espalda y fingir que no los estaba oyendo, pero éstos solamente alzaron más la voz.

– Claro que lo son. – replicó una pelinegra. – Es un hecho, la canción que Sora había dicho que escribió no es de ella. La copió de un estudiante que ya se graduó, pero para su mala suerte, ¡éste fue uno de los invitados del Showcase!

La aludida seguía de espaldas, pero en su rostro mostraba sorpresa. ¿Cómo es que se habían enterado? Aunque en parte no le sorprendía, en esa academia los chismes volaban.

– Ay, pobrecita, con razón su presentación le salió tan mal, seguramente lo vio y casi se infarta, jajaja. – se burló sin pena alguna.

– Yo no puedo creerlo. – exclamó otra de ellas. – ¡Fue muy bajo de su parte! ¿Qué creen que haga el presidente de su compañía?

La pelinegra miró a Sora de reojo y se encogió de hombros.

– No sé, probablemente la eche a patadas. – dijo sin más.

– Sería lo más lógico. – secundó su amiga.

– Dios, hasta me da un poco de lástima. – exclamó otra. – Mírala, se ve toda sola y sin amigos. Todos los chicos de Generation X en estos momentos se encuentran ocupados con los asuntos de la banda y ella aquí. Es triste.

Sora bajó la mirada, decidida a dejar de prestarles atención, no eran más que unas víboras vivientes del chisme, aunque no podía evitar sentirse realmente mal con sus hirientes palabras. Tomó uno de sus panes con mantequilla y cuando estuvo a punto de darle el primer bocado, notó que una bandeja era colocada en su mesa.

Alzó el rostro para ver quién era, y quedó totalmente sorprendida al ver a Mimi sentándose justo a su lado.

– ¿Qué…?

Pero Sora no pudo terminar de hablar, puesto a que la castaña se había retirado uno de los auriculares de sus audífonos y, sin mirarla, se lo había colocado en su oreja.

La pelirroja la miró expectante, pero Mimi no la observaba, simplemente comía tranquilamente su desayuno.

– Creo que está descompuesto. – exclamó Sora retirándose el auricular. – No se escucha.

Mimi la miró de reojo.

– No digas nada y déjatelo en la oreja. – replicó.

Sora la miró confundida, pero alcanzó a escuchar los murmullos de la mesa de al lado.

– ¿Desde cuando Tachikawa y Sora son amigas? – preguntó la pelinegra.

– No lo sé, que raro…

La pelirroja les dirigió una mirada sobre su hombro y después volvió la vista hacia su bandeja, colocándose el audífono en su oído.

– No ha terminado para mí. – exclamó quedamente, pero estaba segura de que Mimi la podía escuchar.

La castaña le dio otro bocado a su comida.

– Lo sé. – replicó.

– No me voy a rendir. – insistió, ahora mirando hacia el frente.

– Lo sé.

Sora miró a Mimi, quien seguía comiendo, con sus ojos plantados en su desayuno. Tomó de nuevo su trozo de pan y al fin le dio el primer bocado. Era extraño. Nunca se habría imaginado sentada en la misma mesa que la castaña, pues ambas se habían hecho mucho daño. Pero en ese momento, ante los ojos de los demás, lucían como un par de amigas desayunando juntas.

Dio otra mordida a su comida mientras recordaba las palabras que Taichi le había dicho.

"Yo no sé cual sea toda la historia entre ustedes, pero de algo estoy seguro. En estos momentos, Mimi está de tu lado."

¿Acaso... eso sería posible?

::

La primera clase del día había concluido hace un par de minutos, por lo que los estudiantes tenían algo de tiempo libre antes de que comenzara la siguiente. Mimi y Hikari se encontraban en la azotea de la academia, ambas estaban recargadas en el barandal, con la vista perdida en el horizonte.

– Oye, Mimi… – la llamó la menor.

– ¿Hmm? – replicó ella.

– ¿Ya… hablaste con él? – preguntó con algo de duda.

La castaña mayor resopló.

– Ya sabes la respuesta a tu pregunta. – replicó desganada.

Hikari giró su rostro y la miró.

– Yo pienso que realmente tienen que hablar.

– ¿Y crees que no lo sé? – exclamó, también mirándola. – Pero no se ha podido. Después del Showcase todos estuvimos muy ocupados y el domingo no estuvo en la academia en todo el día. Lo estuve buscando, pero cuando volví al dormitorio, ya se encontraba dormido.

Aunque sonaran como excusas, era verdad.

– ¿Y hoy en la mañana?

– Cuando me desperté él ya había salido. – explicó. – Además… ¿qué se supone que debo decirle?

Hikari lanzó un suspiro al aire.

– Sé que no tengo derecho a aconsejarte en esto del amor… – y ella lo sabía, pues las cosas con Takeru tampoco iban tan bien. – Pero Yama y tú parecen muy distantes últimamente, creo que es necesario que le digas como te sientes.

Mimi le lanzó una mirada incrédula.

– ¿Qué? – exclamó Hikari, dejando escapar una risita. – ¿Por qué pones cara de limón ácido?

– Jaja, que graciosa. – dijo con sarcasmo. – Es más complicado de lo que parece, las cosas entre él y yo no están nada bien. No puedo llegar de la nada y decirle quien sabe que tantas cosas cuando él me ha repetido más de una vez que...

Y guardó silencio.

Sí, Yamato le había dicho que la quería lejos de él y fuera de su vida, y aunque eso había sido porque estaba molesto con ella ya que le exigió venir a la Academia YG de manera egoísta y sin considerar sus sentimientos, algo en su interior le decía que no era solamente eso, intuía que el rubio se estaba guardando más cosas.

¿Pero cómo lo iba a averiguar si éste apenas le hablaba y parecía estar evitandola?

Habría jurado que después de que escuchó su canción, las cosas entre ambos se arreglarían, por lo menos un poco. Pero no, era todo lo contrario, pues Yamato se había asegurado de no aparecerse frente a ella desde la noche del Showcase.

– Hey, ¿me estás escuchando? – la menor llevaba rato llamándola.

– Eh... – exclamó ésta saliendo de su laguna mental. – ¿Qué decías?

Hikari frunció el ceño de manera infantil.

– Lo siento, lo siento. – se disculpó la castaña mayor. – Pero es que no sé si sea prudente hablarle a Yamato sobre mis sentimientos cuando no sé si él esté bien, me parece más importante saber como se siente después de todo sucedido en el Showcase.

– Pero Mimi, es claro que tú no estás bien, últimamente te he visto muy deprimida y sé que es por él. – dijo expresando su preocupación. – Tienes qué decírselo...

Su amiga tenía razón, pero es que...

– Hikari, aprecio que quieras ayudar, es sólo que… simplemente no puedo. – esa era la verdad. – Sí quiero, pero no creo poder…

– ¿Y por qué? – preguntó la menor, volviéndose a poner seria.

– Es que… nunca he sido buena expresando mis sentimientos. Ni siquiera sabría por donde empezar… – exclamó devolviendo su mirada al cielo azul.

– Puedes empezar diciéndole que te enamoraste de él. – replicó con simpleza.

Mimi guardó silencio por unos segundos.

– Es horrible...

– ¿Qué cosa?

– Estar enamorada.

Hikari no se esperaba esa respuesta.

– Eso no es verdad. – exclamó. Y es que para ella era el sentimiento más bello que pudiera existir. No importaba que Takeru la hubiera rechazado el día que se le declaró, nada podría opacar eso que sentía al estar enamorada.

– Es que no lo entiendes… – dijo la mayor. – Te hace vulnerable, hace que tu pecho y tu corazón se abran…

La Yagami simplemente la miraba, escuchando con atención.

– Yo... toda mi vida he construido defensas, una armadura para que nada ni nadie pueda hacerme daño… – continuó Mimi, hablando con suavidad. – Pero un día aparece él, una simple persona como todas las demás y se mete en mi vida… moviendo todo lo que me rodea, todo lo que siento. – hizo una pausa, sin dejar de mirar al horizonte. – Y yo sin darme cuenta le di una parte de mí cuando él ni siquiera me la pidió.

Suspiró, posando sus ojos en su amiga.

– Y lo peor del caso es que tiene el poder de hacerme volar y perder el control de mí misma con sólo una mirada o una sonrisa suya. – exclamó sonriendo levemente. – Así como también es capaz de destruirme y hacerme caer con tan sólo unas frías palabras, con su indiferencia… – bajó el rostro, ocultando sus ojos cristalinos.

– Mimi… – susurró Hikari con tristeza, posando su mano derecha en el hombro de la castaña.

– No te preocupes, es sólo que… – alzó la mirada, dirigiéndola directamente hacia el cielo. – Me acabo de dar cuenta de que mi vida ya no es completamente mía.

Una helada y agradable brisa de primavera acarició su rostro a la vez que jugaba con sus cabellos color chocolate. Mimi respiró hondo y cerró los ojos, sonriendo sin saber por qué.

Sí, estar enamorada podía traer muchas consecuencias… pero…

– ¿Entonces… te arrepientes de estar enamorada de Yama? – preguntó Hikari.

La llenaba de una manera indescriptible.

– No. – replicó Mimi. – Por supuesto que no…

¿Cómo podría arrepentirse de estar enamorada de él si era la persona más maravillosa que había conocido jamás?

– Entonces habla con él. – dijo la menor.

– No sé si pueda, cuando lo tengo en frente no pienso con claridad… – suspiró con pesadez. – Me siento algo patética.

Hikari rió.

– No, créeme que sé de lo que hablas. Suele pasarme muy seguido.

– Quiero decírselo, pero primero quiero saber si ya está bien. – dijo Mimi. – Es ilógico, me importan mucho más sus sentimientos que los míos, creo que si él es feliz, incluso podría soportar que no me corresponda.

La menor alzó una ceja, incrédula.

– ¿Qué no te corresponda? – preguntó. ¿Acaso Mimi estaba ciega? – Creo que te hace falta un poco de perspectiva ajena. Lo repito, habla con él.

– Ya, lo voy a hacer, no te puedo asegurar cuando, pero lo haré. – exclamó apartándose del barandal y estirando sus brazos. – ¿Nos vamos?

La Yagami sonrió y asintió. Sabía que era difícil para Mimi expresarse, por lo que entendía que quisiera cortar el tema de conversación, sólo esperaba que hablara pronto con Yamato, ya que ambos tenían asumidas cosas que no eran. Ambas bajaron las escaleras de la azotea y tomaron caminos separados, pues la menor tenía algo que hacer.

Hikari ahora caminaba lentamente por el pasillo de los casilleros, tarareando en voz alta una alegre melodía mientras se dirigía a su destino. Todo estaba tranquilo en el lugar, hasta que dobló en una esquina y se topó con la persona que la hacía sentir todo, menos tranquila.

– Hola Takeru. – saludó fingiendo indiferencia.

– Uhm, ¿todo bien? – preguntó el rubio. – Estabas tarareando llena de felicidad y en cuanto me viste tu expresión cambió por completo.

– ¿Me estabas espiando? – preguntó cruzándose de brazos.

Takeru bufó, imitando la posición de los brazos de la chica.

– Of course not. – replicó con fingida indignación. – Te escuché a lo lejos.

– ¿Ah sí? – exclamó ella. – Como digas. Pero si me disculpas, iba en camino al sótano. – dijo tratando de esquivarlo, pero Takeru se le atravesó, deteniéndola del brazo.

– Oye… el sábado ya no tuve tiempo de felicitarte, tu presentación en el Showcase fue… – hizo una pausa, arqueando una ceja. – ¿Al sótano? ¿Para que vas al sótano?

– Al salón de la clase especial, quedé de verme con alguien. – le informó.

– ¿Con… alguien? – exclamó, retirando su mano del brazo de la chica. – ¿Pero para que irías hasta allá si ya no eres estudiante especial?

– Ya te dije, voy a verme con alguien.

– ¿Con quién? ¿Con Mimi? – preguntó tratando de no verse demasiado interesado.

– ¡Hey, Hikari!

Takeru de inmediato reconoció la voz que llamaba a la castaña y se giró para reiterar que sí, se trataba de Daisuke Motomiya.

– ¡Hola Davis! – lo saludó contenta. – ¿Estás listo?

El moreno asintió, acercándose a ambos.

– Sí, de hecho ya iba en camino al sótano. – le informó, sonriente.

Takeru frunció el ceño. ¿Hikari había quedado de verse con Daisuke?

¿Y que rayos había sido eso de "Davis"?

¿Desde cuando lo llamaba así?

– Yo también ya iba para allá, pero me topé con él. – dijo señalando al rubio, sin voltearlo a ver.

– Oh, si quieres te espero ahí entonces.

– No, vamos juntos de una vez. – exclamó la menor. – Adiós, Takeru. – dijo despidiéndose de él con su mano.

Pero el rubio aún no daba crédito a lo que estaba pasando. Así que no pudo emitir sonido alguno mientras Hikari le daba la espalda y se alejaba de él, acompañada de Daisuke.

¿Qué rayos?

¿Desde cuándo esos dos se llevaban tan bien?

Ahora que lo pensaba, ya los había visto juntos antes, cuando el moreno le estaba tomando sus fotos de perfil y él después se la llevó a un estudio.

Un conjunto de extraños sentimientos comenzó a invadirlo.

¿Y si los seguía?

– Por supuesto que no. – negó en voz alta, sacudiendo su cabeza.

No era un acosador ni nada por el estilo, no tenía porqué seguirlos. De todos modos Hikari podía hacer lo que quisiera. ¿O no?

¿Pero que estaría haciendo en el sótano de la academia con Daisuke?

Se dio un golpe en la cabeza y de inmediato se puso sus audífonos, comenzando a caminar en sentido contrario para alejarse de ahí. ¡Claro que no podía espiarlos! Él no era así. Tenía que tranquilizarse y pensar en otra cosa, como en que el cielo es azul o algo así. Siguió caminando sin rumbo fijo por unos cinco minutos, pero de pronto se detuvo abruptamente, retirándose los audífonos.

– ¿Debería ir a revisar lo que están haciendo? – se preguntó a sí mismo.

Suspiró.

– No, claro que no. – se repitió, poniéndose los audífonos de nuevo. – That would be so uncool…

Continuó caminando entre los pasillos, esta vez distrayéndose observando todos los salones de la academia. Sí, había muchísimos salones libres en el campus, ¿entonces porqué habrían elegido el alejado salón del sótano?

– ¡Es demasiado frustrante! – exclamó jalándose unos cuantos cabellos. – Iré.

Definitivamente.

Se dio la vuelta y comenzó a caminar de un modo gracioso, marcando con fuerza cada paso que daba. Su sentido común le decía que no debía ir, pero todo lo demás le gritaba que tenía que ir. ¡Tal vez el malvado de Daisuke se quería aprovechar de Hikari! Sí, y si así era, él tenía que estar ahí para defenderla. Llegó con extrema rapidez al pasillo que daba a las escaleras del sótano, y cuando estuvo a punto de bajar el primer escalón, una voz lo llamó por atrás.

– ¿A qué se supone que vas para allá?

Takeru se giró por completo y la vio, era Mimi Tachikawa, quien lo miraba arqueando una ceja.

– Eh, es que… me dirigía a la biblioteca, pero me equivoqué de camino. – inventó rápidamente.

Mimi desvió la mirada por unos segundos y después sonrió.

– Oh, yo pensé que sabías que Hikari estaba en el salón de la clase especial. – exclamó sin dejar de sonreír. – Me dijo que se vería ahí con Daisuke, o algo así.

El rubio achicó los ojos. Tachikawa realmente sabía como sacarlo de quicio.

– No, pues… yo no tenía idea de que ella estuviera allí abajo. – le informó, aclarándose la garganta. – Como te decía, iba en camino a la biblioteca.

– De hecho, yo también voy para allá. – dijo la chica con algo de malicia. – Si quieres vamos juntos, así no te equivocas de camino.

– ¿Eh? P-pero es que…

– Nada, vamos ya. – exclamó comenzando a caminar, tomándolo del brazo y arrastrándolo con ella mientras trataba de no estallar en carcajadas.

– Sí, claro, me adelantaré.

Dicho esto, Takeru se soltó del agarre de la chica y salió disparado en dirección a la biblioteca.

Mimi se detuvo mientras lo observaba alejarse y su sonrisa se hizo más grande. Dios, ese rubio no tenía remedio, era igualito a Hikari. No entendía como es que no se habían dado cuenta de que se gustan mutuamente desde hace muchísimo tiempo. Aunque algo le decía que lo sabían, pero eran demasiado orgullosos para admitirlo.

Suspiró a la vez que se colocaba un mechón de cabello tras su oreja.

Comenzó a caminar de nuevo con lentitud, tenía que encontrar a Yamato, si no hablaba con él pronto, estaba segura de que algo explotaría en su interior. No estaba muy segura de a donde quería llegar, lo único que quería era escuchar su voz, saber que ya estaba bien y que permanecería en la academia, que no se iría. Con eso era suficiente para ella. Aunque su insistente corazón le indicaba lo contrario.

::

En ese mismo momento, muy lejos de la Academia YG, específicamente en el Nikko, un lujoso y muy refinado hotel cerca de la bahía de Tokyo, se encontraban Taichi Yagami y el presidente de los JBS Records, Min Fujisaki. Ambos habían asistido a la conferencia de prensa que a la vez sería la celebración del lanzamiento del sencillo del moreno.

Dicho sencillo acababa de salir al mercado esta mañana y ya había obtenido miles de ventas. Y era por eso que ahora el Yagami se encontraba en una mesa alargada, siento interrogado y fotografiado por un montón de reporteros. Después de que terminó la sesión de preguntas, el moreno partió un enorme pastel, que se lo había enviado el mismo presidente por el éxito de su canción, que seguramente obtendría muchas más ventas en lo que quedaba de la semana, del mes y hasta del año.

El evento finalizó después de unas cuantas horas, por lo que el chico ahora se encontraba posando ante las últimas fotografías de los reporteros. Sí, estaba feliz por el éxito obtenido, pero nunca se esperó estar tan ocupado, incluso había trabajado durante todo el domingo, y eso no le habría molestado en circunstancias normales, pero la verdad es que en estos momentos quería ver a Sora. Después de su presentación en el Showcase se había levantado de su asiento para ir con ella, pues realmente le había preocupado, pero ya no le permitieron pasar tras bambalinas.

Y de todos modos, ¿qué le habría dicho?

La última conversación que había tenido con la pelirroja no había sido precisamente amena, y ahora temía que al verla las cosas entre ambos se pusieran peor. ¡Es que no quería perderla! Pero el saber que la chica tenía sentimientos hacia él, cuando él estaba enamorado de Mimi, lo ponía en una situación difícil.

– ¡Felicidades, muchacho! – exclamó Fujisaki, sacándolo de sus pensamientos. – Es tu primer día y ya encabezas todas las listas. Sabía que tendrías éxito, pero no imaginaba cuanto. – dio unas cuantas palmadas en la espalda de Taichi.

– Gracias, presidente. – replicó el aludido. – La verdad es que yo también estoy sorprendido.

– Sí, y mañana tienes una presentación en Hello Japan, ¡perfecto para más publicidad! – dijo el mayor, muy sonriente. – Y mira, te han llegado regalos de todas partes. – exclamó señalando todas las grandes y ostentosas coronas de flores dirigidas al moreno.

Taichi se acercó a verlas y comenzó a leer los mensajes escritos en cada una, todos decían básicamente lo mismo, lo felicitaban y le deseaban suerte, pero hubo uno que para poder creérselo, tuvo que leerla dos veces.

"Felicidades por tu debut como solista. Yuuko Yagami."

Una gran sonrisa se formó en el rostro del chico una vez que se aseguró que, efectivamente, esa corona se la había mandado su padre. No podía dejar de observar el regalo. Sí, era casi igual a todas las demás, pero esa era la más especial.

No podía creerlo.

¡Su padre se la había mandado!

Desde que se había rebelado en su contra debutando para no irse al extranjero, el mayor había cortado todo contacto con él, y ahora éste lo estaba felicitando. ¿Será que ya no estaba molesto?

¿O tal vez… estaría orgulloso de él?

– ¿Qué sucede, Taichi? – preguntó Min Fujisaki, acercándose al moreno. – ¿Por qué esa cara?

El mayor leyó lo que decía la corona de flores que el chico estaba observando, y sus ojos se abrieron de la sorpresa.

– Oh, tu padre te la envió. – exclamó sonriente. – ¡Debemos hablarle a los medios sobre esto! ¡Imagínate algo como: "El amor paternal del político Yuuko Yagami hace que su hijo, el famoso Taichi Yagami, llore lágrimas de alegría."

El moreno lo volteo a ver, dedicándole una mirada de pocos amigos que dejó a Fujisaki sin habla durante unos segundos.

– Ya, ya entendí, no le hablaré a los medios sobre esto. – dijo soltando una carcajada algo nerviosa, para después retirarse a seguir conviviendo con los importantes invitados del evento.

Taichi lo observó alejarse y después volvió a mirar el regalo de su padre. Una sonrisa instantáneamente se volvió a formar en su rostro a la vez que sus ojos se iluminaban.

Eso era lo mejor que le había pasado en mucho tiempo.

::

En uno de los salones de práctica de la academia, Sora Takenouchi se encontraba sentada en el gran piano de cola, tocando con una mano desinteresadamente, con la vista fija en la nada. Tenía un semblante que denotaba tristeza, y estaba tan encerrada en su mundo, que no se dio cuenta de que la profesora Fujioka llevaba rato observándola.

La mayor se encontraba recargada en el umbral de la puerta. Le dolía mucho ver a su alumna así. No sabía por qué, pero sentía que necesitaba ayudarla, y es que en parte era la responsable de la situación de ésta.

Caminó hacia ella con lentitud, y para que la notara, palpó su hombro.

Sora de inmediato se giró, y sonrió levemente al verla.

– Buenas tardes, profesora. – la saludó.

– Llevas mucho tiempo aquí, ¿qué no piensas ir a comer? – le preguntó sonriente.

La chica negó con la cabeza.

– No tengo nada de hambre. – replicó. – Y estaba pensando en muchas cosas…

– ¿En que pensabas? – preguntó a la vez que se recargaba en el piano.

Sora bajó la mirada.

– Primero… quisiera agradecerle por ayudarme el día del Showcase, de no haber sido por usted, creo que habría explotado.

Y es que, cuando todo se salió de control, había sido Rae Fujioka quien subió al escenario y se la llevó tras bambalinas. Y por si fuera poco, se había quedado consolándola mientras ella lloraba a rienda suelta. Se había quedado con ella por horas sin decir nada, sin darle sermones, sin reprocharle nada, solamente abrazándola y acariciando sus cabellos mientras ella dejaba salir todo el dolor, la impotencia y la culpa que estaba sintiendo.

– Realmente… estoy muy apenada con usted. – continuó la pelirroja.

La mujer sonrió, enternecida.

– No te preocupes, ya pasó.

– Quisiera pensar que así es, pero mientras más pienso, más me doy cuenta de que esto apenas está comenzando.

– ¿A qué te refieres con eso? – preguntó la mayor.

– Yo… no sólo arruiné mi presentación del Showcase, sino que lo eché a perder todo. – comenzó a explicar, aún sin subir la cabeza. – Usted tenía razón, haciendo trampa… no llegaré a ningún lado.

La mayor escuchaba algo sorprendida las palabras de la pelirroja, haciendo silencio para dejarla continuar.

– Creo que todo este tiempo he estado cegada por la ambición, por conseguir mis objetivos sin importar las cosas que tuviera que hacer. – dijo apretando sus manos sobre sus rodillas. – No sabe… como me arrepiento de todo lo que he hecho…

Sora levantó el rostro y miró a su profesora directamente a los ojos.

– Pero ya no será así. He decidido que voy a cambiar. – exclamó, esbozando una sonrisa sincera. – Hoy mismo iré a la compañía a pedirle al presidente Fujisaki otra oportunidad. Y si me la da… nunca más volveré a hacer trampa y daré lo mejor de mí misma.

– Pero… ¿Qué tal si no te la da? – preguntó la profesora, y es que tenía que ser realista.

Sora de nuevo desvió la mirada y su sonrisa fue desapareciendo gradualmente.

– Pues… si no me la da, supongo que tendré que empezar de cero. – suspiró con pesadez. – Pero estará bien, porque comenzaré sin trampas ni malos sentimientos…

La mujer sonrió. No podía creer que la misma Sora Takenouchi que ella conocía le estuviera diciendo eso. ¿Entonces, ya había aprendido la lección?

– Creo que será un camino difícil, ¿cierto? – preguntó la pelirroja.

Rae Fujioka asintió, situando su mano en el hombro de la chica, en señal de apoyo.

– Si eso sucede… espero que usted pueda ayudarme a hacerlo bien. – dijo Sora, mirándola a los ojos.

– Claro. Puedes estar segura de que te ayudaré. – exclamó la profesora bajando su rostro hasta el nivel de la chica, para después revolver sus cabellos delicadamente.

Sí, Sora estaba dispuesta a cambiar, y había tenido que asimilarlo de la manera más cruel para aprender que las cosas caen por su propio peso. Lo que le sucedió en el Showcase fue el detonante y ahora lo entendía. Tan sólo esperaba que el presidente le diera otra oportunidad. Ella le demostraría de lo que era capaz y así saldría adelante.

::

Eran aproximadamente las cuatro de la tarde cuando Taichi Yagami se encontraba fuera de la oficina de su padre. En un impulso había decidido ir a agradecerle por el presente, pero más que nada, simplemente tenía ganas de verlo. No se arrepentía de haberse rebelado ante él, pues gracias a eso había descubierto lo mucho que le gustaban la música y los escenarios, pero tampoco quería vivir sin saber de su padre nunca más. Y le sorprendía que el mayor hubiera dado el primer paso. Apenas iba a tocar la puerta, cuando Yuuko la abrió para salir, seguido de dos hombres que vestían de traje, al igual que él.

– ¿Taichi? – preguntó sorprendido.

– ¡Discúlpeme señor, traté de detenerlo! – exclamó la secretaria apareciendo por detrás.

– Ya le dije que sí pensaba llamar a la puerta. – dijo Taichi mirando a la preocupada mujer.

– ¡Pero su padre está muy ocupado!

– Ya, está bien. – intervino Yuuko. – Vuelva a su puesto, señorita Minami.

La mujer dudó por unos instantes, pero no tardó en hacer una reverencia para luego dirigirse a su escritorio, haciendo como si nada hubiera ocurrido.

El hombre miró a su hijo frente a él, quien le estaba sonriendo sin ocultar la felicidad en su rostro. Había crecido bastante en estos meses, incluso ya lo sentía más alto que él.

– ¿Qué se te ofrece, Taichi? – le preguntó con cortesía. Quisiera poder hablarle de una manera más familiar, pero era tanto el distanciamiento, que no se sentía con la confianza de hacerlo.

– Yo… sólo quería agradecerte por la corona de flores. – dijo sin dejar de sonreír. – De verdad, muchísimas gracias, papá.

El mayor desvió la mirada, algo contrariado, y después la posó en uno de los hombres que se encontraban tras él.

– Nakamura, ¿por qué haces cosas que yo no te pedí que hicieras? – le dijo con tono de reproche.

El aludido de inmediato se tensó, no entendiendo a su jefe.

– P-pero usted me dijo que la mandara esta mañana, señor… – replicó.

El mayor se aclaró la garganta con fuerza.

– No puedo creer que seas tan incompetente… – exclamó.

– L-lo siento… – dijo Nakamura, apenado al darse cuenta de que lo había arruinado.

A Taichi le causó gracia la actitud de su padre, y su sonrisa se amplió. Sabía que para el mayor era muy difícil aceptar que lo apoyaba y que incluso podría sentirse orgulloso de él, pero lo importante era que se lo había demostrado con acciones, y estas hablaban más que mil palabras. Estaba demasiado feliz por eso.

– Papá, en estos momentos estoy dando lo mejor de mí mismo. – habló el moreno. – Prometo no decepcionarte.

Yuuko Yagami frunció el ceño.

– N-no hagas como si esto fuera la gran cosa, sólo fue un pequeño detalle y ya. – exclamó. – Y debo irme, tengo una junta importante.

Dicho esto, el hombre continuó con su camino, dirigiéndose al elevador del edificio, seguido por sus dos empleados. Presionó el botón de bajada del ascensor y comenzó a mover de arriba a abajo su pie, impaciente porque éste llegara pronto.

– Papá. – lo llamó Taichi sin haberse movido de su sitio.

El aludido lo miró sobre su hombro, sin voltear completamente.

– Leí que las elecciones para alcalde son la próxima semana. – continuó el moreno. – ¡Mucha suerte, estaré apoyándote! – finalizó sin dejar de sonreír.

En eso, las puertas del elevador se abrieron y el mayor entró de inmediato. Cuando éstas se cerraron y comenzó el descenso, suspiró, pasando su mano por su cabello. No esperaba esa visita por parte de Taichi, pero realmente le alegraba muchísimo verlo tan bien…

Una sonrisa sincera se dibujó en su rostro.

Definitivamente, estaba orgulloso de él.

¿Y quién sabe?

Tal vez algún día tendría el valor suficiente para decírselo.

::

Mientras tanto, en sala de juntas de la Academia YG, se encontraba el director Yano sentado en la mesa redonda, acompañado de la profesora Ari Suou y el profesor Koushiro Izumi y el ahora presidente de la disquera MA Records, Matsui Arukawa. Ese día ya había atendido a los otros cuatro presidentes que habían asistido al Showcase y éstos le habían dado a conocer a los alumnos que estaban interesados en reclutar, y en esta ocasión era el turno de Arukawa, quien justo acababa de dar los nombres de los jóvenes que quería para su compañía.

– ¿Ellos tres? – exclamó el director Yano, algo fastidiado. – No puede ser posible…

Arukawa alzó una ceja, extrañado.

– ¿Por qué? ¿Sucede algo con esos chicos?

– Es sólo que han sido muy requeridos. – intervino Ari Suou, quien tenía todos los datos en su computadora portátil. – A Mimi Tachikawa la quieren en tres compañías, a Hikari Yagami en dos, y a Yamato Ishida también en tres.

– ¿Y son los únicos? – preguntó Yano. – ¿No está interesado en algún otro estudiante?

– A decir verdad… no. – dijo con sinceridad.

– De todos modos, tengo que hacerle las advertencias que les hice a los otros presidentes, esos muchachos son algo… especiales. – dijo Yano.

Arukawa prefirió guardar silencio, aunque claro que sabía lo especiales que eran, ya había convivido con ellos en varias ocasiones como para conocerlos, aunque sea un poco. Nunca olvidaría que desde el primer Showcase que vio, con sólo ellos tres, quedó fascinado, como tampoco podría olvidarse de que arruinaron su amistad con el socio del socio de su socio mayoritario al estropear aquella importante boda en Roma.

Pero los había elegido principalmente porque… de no ser por ellos, nunca habría descubierto lo fascinante que era el mundo de la música. Y la noche del sábado le habían demostrado, una vez más, que valían la pena.

– Profesora Suou, ¿podría explicarle todo al presidente Arukawa? – exclamó Yano más como una orden que como una pregunta.

– Claro. – ya se las sabía de memoria. – En el caso de Hikari Yagami, lo que más nos preocupa es que sus fotos de cuando estaba pasada de peso salgan a la luz. – dijo a la vez que le mostraba algunas fotografías desde su laptop. – Los medios son muy duros, y la pobre de Hikari podría resultar muy herida. Después de todo, vivimos en un mundo donde las apariencias importan más que el talento.

Izzy ya estaba harto del mismo discurso de siempre. ¿Qué pretendía el director Yano? ¿Ahuyentar a las disqueras interesadas en los chicos?

– Pff. – bufó el pelirrojo. – ¿Y eso qué? ¿Acaso las apariencias son las que van a cantar? – preguntó alzando la voz. – ¡Además no le veo problema, ella ya no está pasada de peso, son fotos antiguas!

– ¡Profesor Izumi! – exclamó el director, mirándolo molesto. – Compórtese.

– A-ah… lo siento, continúen. – se disculpó algo apenado, y es que él no solía ser tan impulsivo.

– Profesora Suou, prosiga. – ordenó el mayor.

– Sí, ahora pasemos al caso de Mimi Tachikawa. – continuó la mujer. – El mayor problema que podría tener con ella es su personalidad. Tiene un muy mal temperamento, es impertinente y carece de modales.

Arukawa sonrió para sus adentros. Se habían olvidado en mencionar que además era orgullosa, gritona y muy terca. Él lo sabía de primera mano.

– Oh, y lo más remarcable es que ha tenido a toda la escuela en su contra por haberle robado a una de sus compañeras. – exclamó la profesora, mostrándose consternada. – Nos preocupa que al debutar, le de mala reputación a su disquera. Tal vez sea una buena adquisición, pero le recomendaríamos ampliamente que evite los conciertos en vivo, las entrevistas y todo eso.

– Hey, no exageren. – dijo Izzy, mostrándose sonriente y despreocupado. – La personalidad de Tachikawa no es tan horrible como la han estado describiendo…

– ¿Ah no? – preguntó Yano. – ¿Qué parte de su personalidad no es tan horrible?

El pelirrojo se quedó en blanco. Él sólo había interferido para defenderla, pero la verdad es que tampoco le agradaba mucho la actitud de esa castaña que siempre lo sacaba de quicio.

– Eh… pues… uhm… – exclamó pensativo, tratando de recordar alguna buena cualidad de ella. – Esperen, había algo… sólo tengo que acordarme y…

– Profesor Izumi, basta. – dijo el director. – Sigamos con Yamato Ishida.

– Con él no creíamos tener problema. – dijo Ari Suou. – Pero en estos últimos días se ha vuelto algo irresponsable, falta mucho a clases y se pasea por la academia sin uniforme. Esas son claras señales de rebeldía. Además, nos preocupa el hecho de que podría tener un severo caso de pánico escénico, en este último Showcase se le notaba muy nervioso cuando recién subió al escenario, casi parecía que iba a salir corriendo.

– Ay, eso le pasa a cualquiera y… – exclamó Izzy, pero la mirada asesina del director Yano lo calló.

Si quería conservar su empleo, más le valía cerrar la boca.

– ¿Es todo lo que tienen que decir? – preguntó Matsui Arukawa con seriedad.

– Es todo. – replicó la profesora. – Son advertencias para que lo piense bien. Los otros presidentes tienen más experiencia y con esta información dudaron en su decisión de reclutarlos, ya que son cosas que podrían dañar la reputación de sus compañías. Y creo que usted debe pensarlo más, tiene que cuidar cada paso que dé, ya que los que elija, serán los primeros artistas que debuten bajo el nombre de su disquera.

Arukawa junto ambas manos y puso su mentón sobre éstas, pensativo. La verdad, en un principio no había tenido duda alguna de su decisión, pero debía aceptar que los argumentos que la profesora le dio eran totalmente ciertos.

Aunque… él siempre se había considerado un hombre arriesgado.

– Por ahora esperaremos una semana más para ver si alguna compañía cambia de opinión, se arrepiente o se interesa en alguien más. – dijo el director Yano. – Y no me refiero sólo a esos tres chicos, sino a todos los posibles reclutados en general.

– Está bien, entonces me pondré en contacto con usted en una semana. – replicó Arukawa.

::

Eran aproximadamente las siete de la noche y una agotada Mimi Tachikawa se encontraba ya en el edificio de su dormitorio. Estaba demasiado cansada y algo malhumorada, había recorrido toda la academia buscándolo, pero no estaba por ningún lado, en algún momento incluso había pasado por su cabeza la idea de llamarlo al celular, pero, como toda boba enamorada, no se atrevía.

Y aún no se explicaba la razón, puesto a que antes siempre lo llamaba sin problema alguno. Aunque bueno, ya tenía más que claro que cuando se trataba de Yamato, todo carecía de lógica común.

Siguió caminando a paso lento, y desde lejos, pudo ver la silueta de alguien, definitivamente un hombre, recargado en la puerta de su dormitorio. Achicó los ojos antes de acercarse, y gracias a su inconfundible cabello, pudo reconocerlo.

– Hola, Taichi. – lo saludó una vez que estuvo frente a él.

El moreno de inmediato se quitó los audífonos que llevaba puestos y le sonrió.

– Al fin llegas. – exclamó. – Aunque… por tu cara puedo decir que no has tenido un buen día.

– No exactamente, pero más que nada, estoy agotada. – dijo con sinceridad.

El chico se acercó a ella.

– Quería felicitarte por tu presentación en el Showcase, tuve que irme antes de la clausura y ya no pude saludarte, pero no podía quedarme sin decirte lo bien que lo hiciste. – su sonrisa se tornó un tanto apagada. – A quien sea que le hayas dedicado esa canción, seguramente le encantó.

Mimi desvió la mirada hacia abajo, aún con su rostro denotando seriedad.

– Gracias. – replicó sin más.

Taichi suspiró.

– ¿Y no me merezco aunque sea una sonrisa? – dijo dando un paso más hacia ella. – Como premio por mi debut como solista.

– Oh, es cierto, eres el primer lugar de descarga en todos los sitios de internet. – dijo la castaña. – Te felicito, en verdad.

El chico rió quedamente.

– ¿Esta es la cara de una persona felicitando a alguien? – exclamó divertido.

Mimi asintió.

– Esta es mi cara cuando felicito a la gente.

– Por Dios, tú no cambias. – dijo sin dejar de sonreír. – Aunque… seguramente es que estas celosa por todo el éxito que obtuve con mi canción como solista. – bromeó, desviando la mirada.

Mimi frunció el ceño.

– ¡No estoy celosa! – exclamó. – Es sólo… envidia de la buena. – dijo siguiéndole el juego.

– Ya, regálame una sonrisa y felicítame bien. – dijo el moreno. – Hasta mi papá me felicitó mejor que tú, me mandó una corona de flores. – eso era lo que había querido decirle desde un inicio.

La castaña abrió los ojos de par en par.

– ¿Tu papá? – preguntó sorprendida.

El chico asintió.

– ¿Una corona de flores?

– Sip. – replicó orgulloso.

– ¿De verdad? – insistió, los indicios de una sonrisa comenzaron a formarse en su rostro.

– De verdad. Te lo quería contar antes que a nadie.

Mimi ya no pudo contener esa enorme y sincera sonrisa ahora dibujada en su rostro. ¡No podía creerlo! Aún recordaba todo lo que Taichi le había contado en aquella ocasión en la rueda de la fortuna, todo lo que había sufrido al sentir que su padre no lo apoyaba e incluso había querido mandarlo lejos. ¡Pero ahora le estaba diciendo que éste le había mandado un presente!

– Taichi… – exclamó sin dejar de sonreír, emocionada. – ¡Muchas felicidades! – y no pudo evitar darle un golpe en el brazo.

Ese sí era un gran motivo para felicitarlo.

– ¡Hey! – el chico no se esperaba ese impulso.

– ¡Felicidades! – repitió Mimi, golpeándolo de nuevo. Y es que no podía evitarlo, reamente estaba muy feliz por él. – ¡Felicidades!

– ¡Gracias! – exclamó sin molestarse en soltar una carcajada. – ¡Pero ya no me pegues!

El chico la tomó con ambas manos de las mejillas, pellizcándolas y estirándolas hacia los lados.

– ¡Hey! – se quejó. – ¿Qué estás haciendo? – su voz sonaba graciosa.

– ¿Duele? ¡Es mi venganza por esos golpes! – exclamó divertido. – Además así te puedes dar cuenta si es que estás soñando o no.

– ¿A sí?

Mimi imitó al moreno, pellizcándole las mejillas con ambas manos y estirándolas con fuerza.

– ¡Para que así confirmes tu propio sueño! – exclamó la chica soltando una risilla.

– ¡Es trampa atacar con el mismo método, suéltame! – dijo un divertido Taichi.

– Suelta tú primero.

– Tú.

– Tú.

– No, tú.

– Ya, soltémonos al mismo tiempo a la cuenta de tres. – sugirió Mimi.

– Bien. – dijo sin dejar de sonreír.

– ¡Uno, dos, TRES!

Taichi de inmediato la soltó, pero Mimi por el contrario se quedó ganchada de sus mejillas, estirándolas más y riéndose de lo ingenuo que su amigo había sido.

– ¡Tramposa! – exclamó tomando los brazos de la castaña para fingir que trataba de hacer que lo soltara. – ¡Suelta ya! – pero la verdad era que realmente estaba disfrutando el momento.

Mimi rió divertida.

– ¡No lo haré!

Pero en eso, Taichi pudo escuchar los pasos de alguien acercándose, y cuando miró por encima de Mimi, pudo ver a un serio Yamato Ishida, quien al parecer acababa de llegar y ahora los observaba con un semblante difícil de descifrar.

– Hey, hola Yamato. – saludó el moreno.

En ese momento, la sonrisa de Mimi desapareció instantáneamente y soltó las mejillas del moreno como si quemaran, cosa que obviamente no pasó desapercibida para Taichi, cuya sonrisa también se borró.

– Yama, ¿dónde has estado? – preguntó la castaña dándose la vuelta para mirar de frente al recién llegado.

– Estaba fuera, salí a pensar en algunas cosas. – replicó acercándose, mirando al chico de cabellos alborotados. – Felicidades, escuché que tu debut como solista fue todo un éxito. – dijo con sinceridad.

– Sí… eh, gracias. – replicó el moreno. – También te felicito por tu presentación en el Showcase, estuvo muy bien, aunque si quieres un consejo, no dejes que el pánico escénico se apodere de ti, puede causarte muchos problemas si no lo dominas.

Yamato arqueó una ceja. ¿Pánico escénico? ¿De qué estaba hablando Taichi?

Lo pensó por unos segundos hasta que hizo sentido en su mente.

Claro, la audiencia seguramente había pensado que su trance al subir al escenario fue por un ataque de nervios.

– Oh, sí… gracias por el consejo, trabajaré en ello. – replicó no muy convencido, aunque definitivamente era mejor que pensaran eso a que supieran sus verdaderas razones.

Su vida privada era sólo de él.

– Pero bueno, sigan hablando. – continuó el rubio. – Yo… ya voy adentro. – dijo pasando su llave eléctrica por el identificador y abriendo la puerta.

– ¡E-espera, Yama! – exclamó Mimi dando un paso hacia él.

Pero el ojiazul ya había cerrado la puerta.

– Oye, Mimi… – la llamó Taichi.

La chica se giró para verlo a la cara, lucía bastante apagado.

– Tal vez me arrepienta de preguntarte, pero… – comenzó a balbucear. – ¿Acaso… esto tiene algo que ver con lo que querías decirme la otra vez?

– ¿A… qué te refieres? – cuestionó algo dudosa. Creía entender a lo que se refería el moreno, pero quería asegurarse.

– ¿Te gusta Yamato? – exclamó sin rodeos, mirándola a los ojos.

Le dolía haber hecho esa pregunta.

Y aunque ya creía saber la respuesta, necesitaba escucharla de su propia boca.

La chica no se esperaba que Taichi fuera a ir directo al grano. Definitivamente la había tomado por sorpresa y con ello la había dejado congelada en su sitio. No quería hacer sufrir al moreno, pero ya era hora de aclararle sus sentimientos de frente, y más cuando él mismo le estaba dando la oportunidad de hacerlo.

– Yo…

Pero antes de que la castaña pudiera continuar, la escandalosa melodía del celular de Taichi comenzó a sonar, matando la pesada atmósfera que se había formado.

– Rayos, disculpa… – exclamó el chico sacando el teléfono del bolsillo de su abrigo.

Mimi simplemente asintió, desviando la mirada.

– ¿Diga? – contestó. – Sí, me acuerdo de usted, es del periódico de esta mañana.

El moreno frunció el ceño al escuchar lo que la persona en la otra línea le estaba diciendo.

– ¡No, ya le había dicho al presidente que no quería ningún artículo de ese tipo! – exclamó algo molesto.

De nuevo hizo una pausa.

– ¿Y no puede cancelarlo? – preguntó. – ¿El presidente debe hacerlo?

Giró los ojos y resopló desganado.

– Iré ahora mismo a hablar con él, pero no impriman ese artículo.

Dicho esto, colgó el teléfono, maldiciendo por lo bajo.

– Uhm, ¿pasó algo malo? – preguntó Mimi.

El chico esbozó una leve sonrisa para no preocuparla y negó con la cabeza.

– Es sólo que quieren publicar un absurdo artículo sobre mi papá y yo cuando ya les había dicho claramente que no.

– ¿Y entonces? ¿Crees que tu papá se moleste?

– No, no voy a dejar que lo impriman, pero es el presidente quien debe cancelar el artículo, así que tengo que hablar con él ahora mismo si no quiero que salga mañana en primera plana. – miró su reloj de mano. – Nunca contesta su celular y la compañía cierra en media hora, así que... debo apresurarme.

– Oh, entiendo. – exclamó Mimi. – Vete con cuidado.

Taichi asintió.

– Hablamos luego.

Dicho esto, el moreno le dedicó una última sonrisa a la chica antes de comenzar a caminar hacia las escaleras del edificio. De nuevo los habían interrumpido, cosa que por una parte lo hacía sentir aliviado, pero la otra parte simplemente quería confirmar lo que ya sabía.

Lo extraño era que el ya saberlo no le dolía tanto como pensó que dolería…

¿Por qué sería?

Mimi se quedó en su sitio observándolo desaparecer gradualmente por el largo pasillo, y una vez que lo perdió de vista, resopló pesadamente y miró hacia la puerta del dormitorio. Yamato estaba ahí dentro, por lo que era ahora o nunca.

Tenía que hablar con él.

Lo malo era que su corazón de sólo pensar en la idea comenzaba a latir como si se fuera a salir de su pecho.

– Tú puedes. – se animó a sí misma. – Sé valiente.

Tomó aire y sacó su llave electrónica, abriendo la puerta sin pensárselo dos veces. Asomó primero su cabeza, entrando con lentitud y cerrando la puerta con sumo cuidado, procurando no hacer ruido, aunque ni ella sabía por qué. Comenzó a caminar despacio hasta quedar frente a la cama del rubio. Yamato se encontraba recostado con ambos brazos detrás de su cabeza, mirando hacia arriba, y parecía no haberse dado cuenta de la presencia de la chica, por lo que esta decidió hacerse notar.

– Yama… – lo llamó con algo de duda.

El rubio la miró de reojo por unos segundos antes de levantarse y quedar sentado en el borde de la cama, observándola ahora directo a los ojos, sin decir nada.

Hubo un prolongado silencio entre ambos. El corazón de Mimi estaba latiendo desbocado y estaba segura de que no podría mantenerle la mirada por mucho tiempo más, así que se armó de valor para hablar.

– Te… he estado buscando durante todo el día.

Bien, por algo se empezaba.

– Como te dije hace unos momentos, me salí a pensar, no he estado durante todo el día en la academia. – replicó el chico.

– Uhm, ¿seguirás faltando a clases? – preguntó.

El rubio negó con la cabeza.

– Hoy fue el último día. – hizo una pausa. – Necesitaba aclarar unas cuantas cosas sobre lo que haré a partir de ahora.

– ¿Sobre quedarte en la academia? – preguntó Mimi. – ¿Y ya decidiste?

Yamato desvió la mirada. La verdad es que había decidido quedarse en la academia desde el mismo día del Showcase. Más bien estos dos días había evitado a toda costa a la castaña para poder aclarar sus sentimientos.

No. Sus sentimientos los tenía más que claros.

Lo que quería aclarar era lo que iba a hacer al respecto.

Y ya había tomado una decisión, pero el hecho de llegar y haber visto a Mimi tan feliz junto a Taichi, le había hecho recordarlo todo.

Estaba muy confundido y trataba de reprimir sus sentimientos de rabia y decepción. Una parte de él podría jurar que la castaña le correspondía, pero la otra le decía que no se hiciera el ciego, pues estaba claro que entre ella y Taichi ocurría algo.

– ¿Yama?

La voz de Mimi lo sacó de sus pensamientos.

– Sí. – replicó por inercia. – Decidí quedarme.

La sonrisa en los labios de la chica no se hizo esperar.

– Me alegra que todo haya salido bien. – exclamó aguantándose las ganas de lanzarse a abrazarlo. ¡Por Dios! ¿Por qué rayos estaba tan nerviosa?

– Mejor de lo que imaginé. – dijo Yamato. – Pude hablar con mi papá.

Mimi abrió los ojos de par en par.

– ¿Y… estás bien?

El rubio asintió.

– Creo que lo necesitaba. Pude enfrentarlo y con ello pude liberarme de todo lo que me estaba atormentando.

– Yo… estaba segura de que lo lograrías. – exclamó con sinceridad.

Hubo unos segundos de silencio en los que Mimi divagaba en sus pensamientos, no estaba segura de sentirse preparada para decirle a Yamato lo que sentía, pero extrañamente el tenerlo frente a ella la llenaba de una urgencia por hacérselo saber. Y es que tampoco podría guardarse esa opresión en su pecho por mucho tiempo más. Suspiró quedamente, dispuesta a decir algo, pero el chico habló primero.

– Mimi, yo… no te he agradecido todo lo que has hecho por mí. – dijo el rubio levantándose de la cama para quedar de pie frente a ella. – Que yo esté aquí siguiendo mi sueño… es gracias a ti.

La castaña sentía que si abría la boca, su corazón se iba a escapar por ahí.

– Créeme que... aprecio mucho que hayas ido día tras día a buscarme aunque sólo fuera para pasarme las notas del curso. – continuó el ojiazul. – Si no hubieras sido tan persistente, yo no estaría aquí.

Esa era una de las tantas cualidades que más le gustaban de Mimi Tachikawa.

Era terca, decidida, testaruda, obstinada y nunca, nunca se rendía.

– No tienes que agradecerme. – atinó a decir. – Yo… lo hice con gusto.

Mimi quería golpear su cabeza contra la pared. ¿Por qué no podía ocurrírsele algo inteligente qué decir?

Yamato guardó silencio durante unos segundos y después desvió la mirada.

– También… quiero pedirte perdón. – su voz repentinamente sonaba rota. – Yo nunca me voy a perdonar el haberte hecho derramar tantas lágrimas… pero… necesito que tú lo hagas… en verdad…

Y de nuevo dirigió sus intensos zafiros azules hacia los ojos chocolate de Mimi.

– Que hayas llorado tanto por mi culpa… por favor perdóname. – exclamó apretando los puños. – Todo lo que te dije… fue porque sentía que me estaba ahogando. El haberte conocido, el haber venido a Tokyo… son cosas de las que nunca me voy a arrepentir.

Mimi se encontraba atónita.

Que Yamato le estuviera diciendo eso la había hecho sentir menos pesada, casi como si estuviera volando. Estaba segura de que sus ojos ya se encontraban cristalinos, pues quería llorar de felicidad. Y era irónico, ya que se supone que ella era la que quería hablar con él y el rubio era quien había terminado haciéndolo, dejándola a ella sin una posible contestación racional.

– Yama… – habló con dificultad. – No sabes lo mucho que significa que me digas todo esto, yo… muchas gracias.

El ojiazul la miró extrañado.

– ¿Por qué me estás agradeciendo?

– Es sólo que… estoy muy feliz, yo… – quería decirle todo lo que sentía por él, quería simplemente gritarlo, pero las palabras no salían. – Desde que volvimos de Roma, tu manera de tratarme cambió por completo… tanto que llegué a sentir que me odiabas, pero ahora…

Mimi avanzó un paso, pero el rubio retrocedió.

– Basta, por favor no seas así… – exclamó él mostrándose serio. – Si me sigues diciendo todas esas cosas, sólo terminarás confundiéndome más.

La castaña lo miró a los ojos sin entender nada.

– ¿Confundirte?

El rubio desvió la mirada, su semblante ahora se había ensombrecido.

– ¿Qué no estabas con Taichi? – exclamó con sequedad.

Mimi ahora entendía menos.

– ¿Qué tiene que ver él en esto?

Una ola de cólera invadió el pecho del rubio. Pero tenía que contenerse, no quería volver a hacerla llorar nunca más.

– ¿No estabas con él? – insistió.

– Sí, pero no entiendo por qué de repente lo mencionaste, él no tiene nada que ver en esto.

– ¿Que no tiene nada que ver? – exclamó ahora siendo él quien dio un paso hacia ella. – No me hagas reír.

Mimi estaba perdida. ¿Por qué de pronto la actitud de Yamato había cambiado tan drásticamente?

– No te entiendo.

– Ni yo te entiendo a ti, no se a que estés jugando, pero quiero que me dejes fuera de esto. – dijo Yamato de manera terminante. – Yo… ya no te pediré que te alejes de mí, sólo… no me confundas más. Tu canción en el Showcase… tus palabras… tu mirada… todo eso… ya no lo hagas más.

– Pero…

Mimi quería decir algo, pero las palabras estaban atoradas en su garganta.

– Ya no lo hagas. – repitió. – Me haces sentir una cosa, pero cada vez que te veo con Taichi me haces pensar en otra.

– Yamato, realmente quiero entenderte, pero no comprendo porqué mencionas a Taichi, yo…

El rubio la miró directo a los ojos, no soportaba que le estuviera viendo la cara.

– No soy un idiota, Mimi, desde hace tiempo sé que hay algo entre ustedes.

La castaña frunció el ceño.

– E-eso es absurdo.

– ¿Absurdo? – preguntó con algo de ironía en su tono de voz. – ¿Entonces porqué rayos me dejaste plantado en Roma para irte de paseo con él? Oh, y no olvidemos ese beso en la rueda de la fortuna. – el rubio no podía creer que realmente se lo hubiera dicho, él no era así, pero no había podido contenerse.

Mimi se quedó helada ante sus repentinas palabras.

¿Acaso… los había visto?

¿Pero cómo? ¿Por qué?

– ¿Cómo… sabes eso?

Sí, era lo peor que habría podido preguntar. Definitivamente se quería matar.

Yamato rió con incredulidad.

– ¿Realmente importa cómo lo sé? – exclamó desviando la mirada. – Eso es lo de menos, Mimi.

La chica bajó la cabeza, apretando los puños.

– Yo… no sé que decirte. – susurró con sinceridad. – Sé perfectamente que no debí irme con él, pero una parte de mí realmente quería aclararlo todo, quería darle la oportunidad a Taichi de explicarme la razón de todo lo que hizo.

Volvió a subir la mirada, pero el chico no la estaba viendo a los ojos.

– Y sí hubo un beso, pero no… es que…

¿Y cómo rayos le explicaba eso?

– Ya, Mimi. – la interrumpió. – Sinceramente, no necesito que me expliques algo obvio.

– ¡Pero es que las cosas no son como tú crees! – exclamó alzando la voz.

– ¿A no? ¿Y entonces cómo son? – exclamó acercándose a ella de manera intimidante, perforándola con esos zafiros azules.

Mimi retrocedió un paso, no podía con esa impenetrable mirada.

Se iba a volver loca.

– Te lo repito, no quieras verme la cara, ¿me vas a negar que sientes algo por él?

Siguió avanzando hacia ella, a lo que Mimi respondía retrocediendo torpemente.

– Yo…

Topó con la pared y Yamato apoyó ambas manos sobre ésta, quedando con los brazos extendidos entre la castaña, dejándola sin escape.

Quería que lo enfrentara, que le dijera las cosas a la cara.

Pero Mimi no podía ni siquiera pensar, su corazón estaba latiendo incluso más rápido que antes y por el gutural silencio que se había formado estaba segura de que incluso el rubio podía escucharlo.

Cerró los ojos y rápidamente trato de ordenar sus pensamientos.

Si seguía así, no lograría nada.

– Yamato, escúchame bien. – exclamó mirándolo de frente, luchando por no desmoronarse. – Olvídate de Taichi en estos momentos. Él… no tiene nada que ver.

El rubio no le quitó los ojos de encima, y aunque quería creer en esas palabras, no dejaría que sus sentimientos lo dominaran.

– Mimi, si estoy haciendo esto, es sólo porque quiero que me aclares las cosas de una maldita vez. – dijo firmemente. – ¡No soporto que me hagas creer que sientes algo por mí y después te vayas con él! – su voz se estaba alzando.

Ni él mismo podía creer que realmente estuviera gritando todo eso que lo atormentaba.

Pero para sorpresa de la misma Mimi, ella le respondió con el mismo tono de voz.

– ¡Tú no entiendes nada! ¿Crees que todo lo que hago por ti es solamente porque sí? – replicó sin quitarle la vista de encima. – ¡Todo, esas sonrisas y esas miradas que tú dices, la canción para el Showcase! Todo…

Yamato aflojó la fuerza en sus brazos, mas no movió ni un músculo.

– Y cuando te alejaste de mí yo… – quería decírselo, quería decírselo ya. – Cuando te fuiste de mi lado… estuve a punto de derrumbarme, pero no podía concebir que no quisieras verme, fue por eso que te busqué, te insistí… y después ese beso… no sabía si sólo jugabas conmigo ni tus razones, pero… – se le dificultaba hilar sus oraciones.

El rubio abrió los ojos de par en par al escuchar eso último, y sin pensarlo retiró las manos de la pared. No tenía derecho a reclamarle nada cuando él también la había hecho sentir miserable.

Los ojos chocolate de la chica se volvieron a poner cristalinos, las cosas no le estaban saliendo como hubiera querido. ¿Por qué rayos le costaba tanto expresarse?

¿Por qué no podía encontrar las palabras adecuadas?

– Perdóname, Mimi. – dijo el rubio dando un paso hacia atrás, dándose cuenta de que literalmente la había acorralado. – No tengo derecho a exigirte nada, y menos del modo en que lo hice. Y espero también puedas perdonarme por lo que sucedió esa noche, ese beso fue… algo que no pude controlar. – suavizó la mirada. – No era mi intención... hacerte sentir mal.

Esto se estaba saliendo del control de ambos.

Mimi pudo observar las claras intenciones de Yamato de darse la vuelta e irse. ¡Se iba a ir y ella no había podido decirle nada! Tenía que hablar, tenía que decírselo. Y cuando el rubio se dispuso a girar su cuerpo, ella dio un paso al frente.

Al diablo con las palabras.

Lo tomó del cuello de la camisa y sin darle tiempo de reaccionar, lo jaló hacia ella y unió sus labios con los de él en un beso.

Yamato todo lo había visto en cámara lenta. Primero la mano de Mimi posándose en su camisa y jalándola con fuerza, luego esos ojos que se cerraron y al instante esos labios chocando contra los suyos. Estaba demasiado pasmado como para si quiera reaccionar, todo su cuerpo de pronto se encontró entumido y la sensación que estaba invadiéndolo no lo dejaba pensar con claridad.

Los labios de ella entonces se entreabrieron y se separaron de los suyos tan sólo unos milímetros y en ese instante una punzante necesidad se apoderó de él. El casi nulo espacio que quedaba de distancia entre ellos Yamato lo hizo desaparecer al instante. Tomó a la chica de las mejillas con ambas manos, atrapando de nuevo esa boca en un beso voraz, y su corazón dio un vuelco al notar que ella le correspondía.

¿Acaso era un sueño?

Mimi aún se encontraba contra la pared y no pudo evitar pasar ambos brazos por el cuello de Yamato para atraerlo más hacia ella, si es que eso era posible. No sabía de donde había salido ese impulso, pero a estas alturas ya no importaba, lo único que había en su mente era Yamato, su aroma, su calor, sus labios, esos labios que la estaban besando de una manera embriagante.

Y para el rubio las cosas dentro de su cabeza no eran muy diferentes, todo estaba difuso y los frenéticos latidos de su corazón no lo dejaban escuchar sus pensamientos. Se encontraba explorando la boca de Mimi y ésta le respondía con el mismo fervor, con el mismo sentimiento. Era un beso un tanto desesperado, un beso que demostraba lo mucho que necesitaban el uno del otro.

Yamato estaba seguro, podría morir en ese momento.

Era como si ambos ya no estuvieran en este mundo, pero podían escuchar algo a lo lejos. Muy lejos. ¿Latidos, pasos? No. Eran golpes. Un golpeteo insistente… pero ellos no escuchaban con claridad, no querían escuchar, lo único que querían era ignorar todo a su alrededor y seguir con ese beso, hasta que…

– ¡Mimi, Yamato!

Y de nuevo ese molesto golpeteo.

– ¡Abran, por favor!

Esa voz…

En ese momento ambos abrieron los ojos abruptamente y se dieron cuenta de que aquellos golpes venían de la puerta del dormitorio. Llevaban tocando sin parar quién sabe cuanto tiempo, y no era cualquier persona, era Hikari.

Aún sin tener sus ideas en orden, Mimi desenredo sus brazos del cuello de Yamato y caminó hacia la puerta mientras se acomodaba el cabello. El rubio la siguió, manteniendo su distancia. La chica tomó la perilla y cerró los ojos para tratar de regular su respiración aun agitada, y sin más, abrió la puerta, sorprendiéndose por completo ante la imagen de Hikari que tenía en frente.

– ¡Mimi! – exclamó la menor dando un paso al frente y tomándola de los hombros.

La menor estaba temblando, sus ojos se encontraban cristalinos y lucía nerviosa.

– ¡Hikari! ¿Q-qué pasa? – atinó a preguntar.

Yamato entonces se posó detrás de Mimi.

– ¡Es Taichi! – dijo la recién llegada con dificultad. – ¡Él… es que…!

– ¿Q-qué sucedió con él? – preguntó la castaña mayor, tratando de no sacar conclusiones apresuradas.

– ¡Está detenido! – soltó con desesperación. – ¡E-en la televisión, sale en todos los canales, él… y yo no…!

Mimi abrió los ojos de par en par. ¿Taichi estaba detenido?

– Hikari, cálmate y explícanos que fue lo que pasó. – intervino Yamato, posando la mano sobre el hombro de la menor.

– ¡Es que tienen que verlo con sus propios ojos!

Dicho esto, Hikari tomó de la mano a Mimi y la sacó corriendo de la habitación. Bajaron las escaleras del edificio con suma rapidez, seguidas por Yamato, y en cuanto estuvieron en la sala común de ambos dormitorios, lo primero que vieron fue a una multitud de alumnos en pijama rodeando el gran televisor de pantalla LCD, todos estaban murmurando entre ellos y lucían sorprendidos.

Los tres se acercaron y tanto Mimi como la menor comenzaron a abrirse paso entre los estudiantes. Yamato permaneció atrás, pues por su altura podía mirar sin dificultad. Y cuando ambas al fin estuvieron frente al televisor, pudieron ver que estaba puesto un noticiero que se encontraba reproduciendo un video de Taichi sacando Min Fujisaki de su oficina en JBS Records a golpes.

Le propinaba golpe tras golpe sin parar y el presidente tan sólo se dejó caer al suelo retorciéndose de dolor, pero el moreno no se detuvo, más bien le dio una fuerte patada en las costillas y después se lanzó al suelo para seguirlo golpeando.

Mimi estaba estupefacta, nunca antes había visto así a Taichi.

De pronto el video se cortó, dejando ver a los titulares del noticiero, que al parecer acababan de recibir un informe de lo ocurrido.

– "Taichi Yagami, miembro del famoso grupo adolescente Generation X e hijo del político en campaña Yuuko Yagami, atacó a su propio presidente en las mismísimas instalaciones de JBS Records, la disquera más popular del país. Hasta ahora nadie sabe las razones del ataque, lo único que está asegurado es que el cantante lo golpeó sin tregua hasta dejarlo inconsciente. Min Fujisaki en estos momentos se encuentra en urgencias del hospital privado de Tokyo, mientras el joven Yagami está detenido y en investigación. Los mantendremos informados."

Los comentarios de la multitud no se hicieron esperar, y la chica que tenía el control remoto cambiaba de canal en canal, sólo para comprobar que todos habían interrumpido su programación para hablar de la noticia.

Mimi no podía siquiera parpadear.

¿Qué rayos había pasado?


::

Notas de la autora:

OK. Ni sé por donde empezar. Uhm, es que en este capítulo pasaron muchas cosas xD, pero así salió y así tenía que ser. ¡Esta vez sí hice mi tarea (?) y actualicé a la semana :D! Lo malo es que ya voy a entrar a clases y pff, créanme que me inspiro con más facilidad en las madrugadas D:, y ya no podré desvelarme porque además debo comenzar a trabajar para cubrir unas horas de servicio en la universidad y ASDF. No se preocupen, trataré de ser puntual, de todos modos nunca he pasado de dos semanitas.

Sobre el capítulo (y por orden), bueno, primero espero que les haya gustado :D, luego empezamos con Sora, que ahora toda la academia está hablando de ella y no muy bien, pero la pelirroja no piensa rendirse, ya veremos cómo le va. Estuvo también la plática entre Mimi y Hikari, donde la menor anima a su amiga a que hable con Yama, lo que es irónico porque ella tampoco ha hablado con Takeru y prefiere hacerse la indiferente y de paso ponerlo celoso XD. Aquí vuelve a aplicar la frase de: "Lo malo de la perspectiva es que se facilita de lejos." Porque sí, Mimi está segura de que Hikari y Takeru se gustan pero no dicen nada, y Hikari esta segura de que Mimi y Yamato se gustan pero no dicen nada, lo que es más que obvio, pero ellas no lo ven. AY, QUE COSAS (?).

¿Qué más? OH pues, el asunto de Taichi y su papá, pero de eso hablaré al final. Está también nuestro amado director tratando de hacer que nadie quiera reclutar a nuestros niños (?), pero ya veremos que sucede con eso. Luego estuvo un momento medio Michi, el cual Yamato vio XD... y eso desató un momento Mimato. UHM. Pues no es que se hayan declarado realmente, pero con ese beso yo creo que ya no están tan confundidos (?). Espero les haya gustado porque lo escribí pensando en que ustedes merecían más Mimato, ¡por ser tan bellos conmigo :')!

Y ahora sí el final del capítulo. SEH, Hikari los interrumpió en plena acción, ¡pero es que sucedió algo grave D:! Tai golpeó al presidente Min Fujisaki y casi lo mata y ahora está detenido. ¿Qué habrá pasado? Descúbranlo en el próximo capítulo de Dream High (?).

Para finalizar, sólo quiero gritar: GRACIAS. ¡GRACIAS A TODOS! AW, ¡no saben lo feliz que me hicieron con sus reviews D':! Me dan mucho amor y confianza en mí misma y ASDF, no saben cuanto aprecio cada palabra que me dicen. Y lo repito, sin ustedes este fic no sería lo mismo, no sé como agradecerles todo el apoyo brindado y que en cada capítulo se tomen el tiempo de leer y mandarme un review. En serio, muchísimas gracias. Ya les contesté, as always. LOS AMO A TODOS.

Por ahora me retiro, les mando un abrazo enorme.
Atto. Rolling Girl
aka: Gravi ~


Encuesta:

Ok, la verdad no estoy segura de qué es lo que esperan, así que preguntaré y espero me respondan en sus RR's, lo agradecería bastante :D!

¿Quieren lemon?


Reviews sin cuenta:

Carito: OW, que linda que checas cada viernes, espero poder volver a publicar tan puntual como solía hacerlo. Gracias por mandarme un RR, lo aprecio como no tienes idea :D! Prometo apurarme con el romance de Mimi y Matt, un beso.

Estefania: HAHAHA, tu review de todos modos me pareció animado XD! Yo también llego de la escuela y me duermo, es lo más rico :'D! Y nada de lo que comentas es innecesario, yo lo leo gustosa xD! Ya sé, Yama es muy seco, espero se le pase pronto, hahaha ~ Que bueno que te gustó el capítulo y la elección de canciones :D! ASDF, y ya sé que les debo mucho Mimato, prometo ponerme las pilas XD! Hahaha, y me dieron escalofríos con eso de que aparecerías en mi casa, literal me lo imaginé XD! Un beso, mil gracias por escribirme.

Juan Diego: Que bueno que te guste la historia :D!

Mel: Claro que me acuerdo de ti y te extrañaba! Es bueno tenerte de vuelta y me alegra que te gustaran los capítulos. PFF, yo también amo a Yiruma, con sus canciones puede hacerme llorar! Ya sé que Mimi y Yama han sufrido bastante, pero ya les tocarán sus momentos de amorsh. Con el papá de Matt quise hacerlo sencillo pues luego me quedaría muy atorada en ese lío y ya quería salir de él xD ~ haha! Te mando un abrazo, gracias por el RR! ~

Daiana: OW! Me alegra mucho que te animaras a escribirme :'D! Créeme que me sacaste una sonrisa, mil gracias por tu RR!

Ukime: ASDF D:! Haha, no quería hacerlas llorar (bueno, tal vez sí xD), haha, ow, pero no soy insensible! Y WAH, que lindo todo lo que dices del capítulo ;A;! Aprecio muchísimo tus palabras, realmente me llenan como no tienes idea! Y pff, pobre Sora, nadie le tiene lástima y ha sufrido mucho xD! Con el Mimato me iré apurando, oh sí ~ te mando un abrazo! Gracias por escribirme!

Rach: HAHA, gracias por disculparme por no publicar el viernes XD, a veces realmente se me dificulta! WAH, y me alegra que te haya parecido un capítulo intenso y que lo hayas leído escuchando las canciones debidas *A*! Sobre el cap, pues ya vez que Yama pudo afrontar sus miedos y en parte fue gracias a Mimi :'D! Y ya lo de Hiroaki quedó en el pasado ~ con perdones y todo. Y SI! Los protagonistas ahí van, poquito a poquito! AH, la nueva historia la publicaré pronto, no te preocupes :D! Un beso, gracias por el apoyo!

Judith-chan: OW, otra que no siente lástima por Sora XD... hahaha, pobre pelirroja. En fin, que bueno que te gustó el capítulo, me alegra muchísimo :D! Hahaha, y ya sé que Matt no capta las cosas directas, pero nimodo, de todos modos ahí van xD... les debo mucho Mimato. Un beso!

Mag: YAY! Que bueno que te gustó :D! Gracias por tu RR!