XXVIII. ¿Qué he hecho yo para merecer esto?

-¡Karin! –le gritó Tatsuki- ¡conduces igual que tu padre!

-¿Rápido?

-Fatal –ambas morenas se miraron con cara de pocos amigos.

-Son los nervios, con la boda, mi nueva sobrina, y ahora todo el lio este de Ichi-nii con Rukia-chan¿no podrían haber esperado unos meses? –suspiró mientras adelantaba peligrosamente a un camión- solo unos meses…

-No, si al final han hecho todo esto sólo por fastidiar –dijo muy divertida Tatsuki.

-¡Cállate! –Karin no estaba para tonterías- ¿estás llamando?

-Si, si, estoy llamando, pero no lo coge.

-¿No tienes el teléfono de su casa?

-Si, y también tengo su móvil… ¡cómo no se me habrá ocurrido antes! –dijo Tatsuki con ironia, ella tampoco estaba de muy buen humor, la habían levantado demasiado pronto esa mañana.

-Bueno, como sea, sigue llamando…

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Ichigo y Renji miraron con tristeza cómo Rukia entraba en el edificio de la Cámara de los 46, antes de entrar les dedicó una tímida sonrisa, y ambos la miraron sin decir ni media palabra. En ese instante, Kurosaki sintió un reiatsu muy conocido, uno que no podía pasarle desapercibido, realmente era muy débil, pero con los años había aprendido a sentirlos perfectamente. Así que, le dijo a Abarai que entrase, y el se fue rapidamente a la fuente de ese reiatsu.

El chico corrió por las calles del Seretei usando shunpo, sino no llegaría nunca a tiempo. Su caminata le llevó hasta la puerta del segundo escuadrón, al entrar estaba vacío, nada le indicaba que hubiesen shinigamis, pero aún así podía sentirlos a todos, estaban escondidos. Pero eso no era importante ahora, lo que a él le ocupaba era saber que hacía ella aquí, y correr a donde estaba Rukia, tenía que protegerla, tenía que sacarla de todo este lío, sino nunca sería capaz de volver a ver Miyako con los mismo ojos.

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-Kuchiki Rukia –dijo una voz de ultratumba, la muchacha miró al frente, y supo que un shinigami moreno, con el pelo muy largo, era el que había hablado, lo conocía perfectamente, sabía quien era. Un Kuchiki, y nunca le perdonaría mancillar su apellido, dos veces- ¿sabes porqué estás hoy aquí?

-Eso creo –dijo en voz alta la chica, con toda la seguridad que pudo.

-Entonces, nos gustaría saber unas cuantas cosas, antes de deliberar.

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-¡¡¿¿Te has perdido??!! –le gritó Karin a Tatsuki, que ya no podía más con su vida.

-Bueno… un poco, no se bien dónde estaba la tienda.

-A ver¿volvemos al hotel donde estuviste con Ichi-nii y volvemos a salir desde allí?

-Seria lo mejor –asintió con la cabeza la ex boxeadora.

-También podríamos preguntarle a alguien, lo mismo conocen la tienda.

-O también –comenzó a decir en tono burlón Tatsuki- paramos a quien sea por la calle y… -a modo de gracia paró a un transeúnte para hacer el paripé, estaba cansada de la insolente hermana de Ichigo.- Disculpe.

-¿Si? –un hombre de mediana edad con gafas y cargado con unas bolsas se paró amablemente.

-¿Sabrías usted decirme dónde está una tienda que se llama R&R? –no le dejó al hombre contestar cuando ella ya seguía hablando- si, si, se que es un nombre muy común, pero para más señas le diré qué lo regentan dos chicas: una está embarazada y la otra es muy bajita y tiene una hija y…

-Si, si, Rika y Rukia –sonrió el hombre amablemente, mientras Tatsuki se quedaba con la boca abierta.- La tienda se encuentra dos calles más abajo, a la derecha, enfrente de una heladería, que por cierto es la mía. ¡Pásense y tómense un helado! –le dijo el hombre mientras se despedía con la mano.

-¡¡Gracias!! -gritó Karin, ya que su compañera no reaccionaba.- ¿Ves? –le dijo a Tatsuki- te lo dije –la chica no reaccionaba así que la cogió del brazo.- Anda vamos, que no hay tiempo que perder.

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El extraño reiatsu le mandó directamente al despacho de la Capitana del Segundo escuadrón. No le sorprendió nada en absoluto. Abrió la puerta sin miramientos y con cara de pocos amigos.

-¿Qué haces aquí? Yoruichi –le dijo Ichigo antes de cerrar la puerta a su paso.

-Quiero hablar contigo, evidentemente –la chica de los ojos amarillos le sonrió mientras se cruzaba de brazos.

-Rápida, Rukia acaba de entrar a la Cámara y pronto comenzara todo.

-¿Vas a hablar por ella? –preguntó Soi Fong que también se encontraba presente.

-Claro, Byakuya no puede, y yo debo hacerlo.

-Vale, vale –dijo Yoruichi- no perdamos más tiempo, Ichigo. Lo saben.

-¿Qué? –preguntó el chico asombrado, sabía perfectamente a qué se refería.

-Si, lo saben, así que ocultarlo es una tontería –siguió diciendo su amiga- de hecho sería mucho peor.

-¿Y como diablos lo saben? –preguntó el chico.

-Uno de mis subordinados dio el informe –dijo Soi Fong- no pude pararlo.

-Pero –la interrumpió Yoruichi- no saben quién es el padre, así que lo mejor sería que lo admitieras ante todos, Ichigo, así posiblemente su condena fuera menos dura.

-Pero no está claro –replicó la Capitana del Segundo escuadrón,- es un caso sin antecedentes en la Sociedad de Almas, y aunque hubiera alguno, las cosas han cambiado mucho desde que Aizen Sousuke se escapara.

-¿Y has venido sólo para esto, Yoruichi? –le preguntó Kurosaki.

-No, -hizo una pausa antes de continuar, se quedó pensativa, sin saber muy bien como explicarse- me siento culpable por la captura de Rukia, y por no poder haber hecho nada, así que he venido a ayudar, Ichigo.

-¿Cómo? –el chico levantó una ceja, sabía perfectamente la fama que tenía Yoruichi en la Sociedad de Almas.

-Por si tenéis que huir, si la condenan y tienes que volver a salvarla –sonrió.- Aquí estoy para ayudar.

-Y yo también –dijo Soi Fong, que también se sentía algo culpable.

-Gracias –dijo Kurosaki mientras salía por la puerta- pero no hace falta, no se atreverán a hacerle nada.

-No se yo, Ichigo –dijo la chica de los ojos amarillos, cuando él ya no le escuchaba- si haremos o no falta…

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-…convertirse en humana y posteriormente en shinigami ilegalmente –terminó relatando, el hombre de la voz de ultratumba todos los hechos de la vida de Rukia que ellos veían un atentado a la Sociedad de Almas.- Una vez dicho esto, pueden comenzar las preguntas.

-Unohana-Taicho –dijo una mujer de pelo cano, sorprendiendo a los asistentes, ya que se suponía que las preguntas deberían ir dirigidas a la supuesta culpable,- hace cinco años, antes de la última guerra contra Hueco Mundo, tengo entendido que Kuchiki Rukia se sometió a diversas pruebas, al encontrarse embarazada.

-Si, así es –contestó tranquilamente la Capitana del cuarto escuadrón.

-¿Se llegó a interrumpir? –siguió preguntando la mujer.

-No.

Un leve murmullo se instauró en la Cámara, haciendo que todos cuchichearan entre sí. Sólo durante un instante Kuchiki Byakuya se sorprendió, abriendo sus ojos de una manera inusual, tan sólo dos personas lo pudieron notar: su Teniente, que todo sea dicho de paso también estaba atónito, y su hermana, que lo miró con tristeza.

-Entonces, Kuchiki Rukia –ahora la mujer si se dirigió ante ella.- Aún sabiendo la oposición de ésta Cámara, huyó y tuvo al bebé en la tierra.

"Lo afirma, no me lo pregunta –pensó Rukia- joder ¿dónde estás Ichigo?."

-Las cosas así, son diferentes ahora –se volvió a dirigir la misma mujer a la grada donde se encontraban los Capitanes.- Kurotsuchi-Taicho ¿se sabe algo del reiatsu de la niña?

"Saben que es una niña, nii-sama dijo que no sabían nada de Miyako¿qué esta pasando aquí? -Rukia no sabía que hacer ni que decir, todo se estaba complicando."

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Miyako no quiso ver a Sengo, con lo cual el pequeño hollow se sintió fatal, era su amiga y la había decepcionado. Pensó en cómo arreglar la situación, pero no se le ocurrieron muchas ideas. Se acordó de que una vez la pequeña le contó una historia de algo gigante ¿qué era¿qué era?, el pobre no se acordaba. Entonces pensó en el ser más grande que jamás hubiese conocido, incluso mucho más que un menos grande… quizás así lo perdonaría.