Capítulo 28

Funeral y explicaciones

Dumbledore, había preparado unas palabras para los familiares, amigos y allegados.

Los terrenos que habían sido escogidos para la sepultura de los caídos en batalla, estaba hermosamente decorado con flores blancas. Las sillas, en extensas hileras, habían sido perfectamente colocadas para la despedida.

Hermione, junto a Ron y Harry, observó cada rostro con profunda tristeza.

El director de Hogwarts, comenzó a nombrar uno por uno. Con cada nombre, una lágrima se derramaba. Recordando la valentía y profunda lealtad, Dumbledore, invitó a pasar al frente, a cada miembro de las familias afectadas para hacerles entrega de una rosa blanca, la cual, simbolizaba el honor y el profundo respeto por su perdida.

—¿El profesor Lupin?—preguntó en un susurro. No lo podía creer.

—¡Uno de tantos!—contestó Harry, sin perder de vista la emotiva ceremonia.

Ahora comprendía por qué no había visto a Andrómeda en toda la mañana. Probablemente ya se había marchado para consolar a su hija embarazada, pensó Hermione realmente apenada.

Más de los que había creído, ya no estaban: El profesor Lupin, Ginny Weasley, Simus Finegan…., eran sólo algunos de la extensa lista.


—Mis padres no pudieron asistir—confesó Ron, caminando pensativo, y girando lentamente entre sus dedos, la rosa blanca, que se le había entregado por ser el único presente de la familia Weasley.

—¿Cómo está el bebé?—preguntó Hermione.

—Por suerte ya se encuentra fuera de peligro. Mamá no lo suelta ni para ir al baño.

—Y no es para menos—expresó la castaña, disfrutando de la caminata.

—¿Sabes algo de Pansy?—habló Harry.

—Por lo que pudieron averiguar Fred y George, McGonagall hizo los arreglos para internarla en San Mungo…—contó, haciendo una mueca—. Dicen que tuvo un pico de estrés muy grande y no sabía ni quien era.

—Pobre—se lamentó Hermione.

—Sí, la verdad es que si no hubiera sido por ella, Perpetuo no estaría con mis padres.

—¿Perpetuo?—exclamó Hermione, girando el rostro y con una mueca de espanto.

—Sí, a mamá le pareció adecuado—dijo encogiéndose de hombros—. Saben como es con los nombres clásicos y horribles.

—¡Claro que lo sabemos, Ronald Bilius!—se burló el azabache, empujándolo con cariño.

—Hablé con Narcissa y decidí que me iré con ustedes a la Madriguera, dos semanas, y luego sí, viviré con ellos, por lo menos hasta que decida que hacer con mi vida.

—No lo puedo creer, Hermione. ¿Vivirás con los Malfoy?—Harry se giró para mirarla con sorpresa—.No pensé que aceptarías—expresó aturdido por la decisión de su amiga.

—Creo que es la decisión correcta, no lo sé—dijo sincera.

—Bueno, estoy feliz de que vengas con nosotros, por lo menos unas semanas, la verdad es que te necesitamos—aseguró el pelirrojo, con una sonrisa, comprendiendo que su amiga estaba en un proceso de curación. Y si para ella, vivir con Narcissa y su familia, era lo que la ayudaría a soportar su dolor, no se opondría.


Hogwarts había cerrado oficialmente sus puertas hasta nuevo aviso.

Después de tres horas de despedidas y recados, por fin, los tres amigos se encontraban frente a la ansiada puerta.

Ron, empujó suavemente, haciendo que la puerta rechine, y mordiéndose el labio interno, se tomó unos segundos antes de ingresar.

La madriguera parecía un santuario. Las fotos de Ginny, en diferentes etapas de su vida, descansaban en cada pared del hogar Weasley.

—Mamá no lo superará nunca—dijo el pelirrojo, apenado, observando cada rincón.

—La muerte no se supera, Ron…se acepta—corrigió Hermione, sosteniéndole de la mano—. Lo hará, Molly es una mujer fuerte.

—Y a propósito, ¿Dónde están todos?—preguntó Harry, extrañado. Esa casa siempre era un alboroto, y siempre, apenas pisaban la entrada, eran recibidos con una avalancha de besos, rezongos y reproches. Se le hacía raro no sentir a Molly chillando, con un delantal puesto y recibiéndolos con su maternal sonrisa.

Con la muerte de Ginny, ya nada sería igual en la Madriguera.

—Antes de irnos, la profesora McGonagall me avisó que no llegarán hasta la tarde—informó Ron, adentrándose en la cocina para preparar unos cuantos sándwiches, de lo que encontrara—. El medimago a cargo de Perpetuo, parece que firmará el alta para traerlo a casa, por eso no quedó nadie.

—Deja que te ayude—pidió la castaña, tomando una tabla de madera para cortar en fetas, el jamón y el queso, que el pelirrojo había sacado de la nevera Muggle de Arthur—Es una excelente noticia, eso quiere decir que hoy lo conoceremos—dijo ilusionada.

—Sí, Fred y George, retiraron las últimas cosas que habían dejado en su antigua habitación, y le prepararon un cuarto digno de un Gryffindor o eso fue lo que dijeron—rió por las ocurrencias de sus hermanos. No quería ni ver el cuarto, seguramente, sería espantoso y nada acorde para un recién nacido, pero por lo menos tenía que reconóceles la intención.

—Esto servirá para unir más a la familia, ¿no les parece?—acotó Harry, acomodándose en una silla para almorzar lo que sus amigos estaba preparando—. Del bebé, hablo.

Ron sonrió apenas y asintió, cortando las rebanadas de pan casero.

—¡Cuéntanos, Harry! ¿Cómo fue que Voldemort escapó?—preguntó Hermione, cambiando de tema. Moría por saber que había pasado en el lapsus de tiempo que estuvo ausente.

—Eso, compañero—apoyó el pelirrojo, guardando los utensilios y dejando la cocina en condiciones—. Con el loquero de ayer, no pudimos enterarnos de nada. Cuando quise acordar, todo había terminado y los Mortífagos escapaban por doquier. ¿Qué fue lo que sucedió?—inquirió, sirviéndose jugo de calabaza y colocando entre los tres, el plato repleto de sándwiches.

—Bueno…después de que Severus me acompañara al bosque, nos detuvimos un momento, yo estaba decidido a entregarme, pero no quería que él se enfrentara a la muerte por mí…—recordó con una sonrisa, el fugas beso que su odiado profesor le había regalado, momentos antes de su encuentro con Voldemort.

—¿Y entonces?—dijo Hermione, tomando una servilleta para limpiarse las manos.

—Entonces, nada… fue inútil convencerlo, fue conmigo de todas formas. Llegamos a un claro y ahí se encontraba ya saben quién—dijo con una mueca de odio, engulléndose un sándwich—. Luego todo sucedió muy rápido. Voldemort, me lanzó la maldición asesina, y Severus, a mi lado, hizo lo mismo…

—El profesor Snape vs. Voldemort, hubiera sido digno de ver—dijo Ron, masticando su comida..

—No se pueden imaginar la cara de ese despreciable, cuando vio que uno de sus mejores aliados, no lo era—contó con regocijo— . La cuestión fue que parte de la maldición me llegó, y fue cuando perdí la conciencia por unos minutos. Cuando desperté, Severus estaba tendido en el suelo, a penas respirando, y en el bosque no quedaba nadie—dijo sintiendo un escalofrío. Por poco no lo había perdido—. ¡Fue espantoso!

—Que horrible, Harry

—Sí, lo fue, pero en fin…—se detuvo un momento para tomar un trago de su bebida—. Algo que me llamó poderosamente la atención, fue que muy pocos Mortífagos se encontraban acompañándolo, tal vez fue por eso que decidió huir como rata. Ni siquiera Bellatrix, se encontraba a su lado.

Hermione guardó silencio, ya les contaría ese pequeño detalle de la historia.

—Lo único que espero, es que no vuelva a aparecer por un buen tiempo—escupió Ron, con bronca—. Seguramente cuando Snape se recupere, te contará que pasó con exactitud. Además el ministerio querrá explicaciones, y el fue el único testigo…apenas se sienta mejor, lo citarán.

—Eso es seguro—concordó Harry, con preocupación. A pesar de que todos sabían que su trabajo era de espía, algunos miembros del ministerio se la tenían jurada. Aunque con Dumbledore de escudo, nadie sería tan idiota de acusarlo o en todo caso, delegarlo de su antiguo puesto.

—¿Y qué pasó con lo tuyo? , quiero decir, eres un Horrocrux—habló la castaña.

—Ya no, Hermione—comunicó, feliz—. Por lo que pude hablar con el profesor Dumbledore, ese momento de inconciencia, cuando la maldición me llegó pero no del todo, el Horrocrux se esfumó…aunque también me dijo que me tendrán en la lupa un tiempo prudencial, supongo que por las dudas—razonó.

—¡Estupendo!

—Bueno, ahora te toca a ti, Hermione. El huron soltó cierta información cuando llegaste, y me ha estado taladrando las neuronas desde ayer…¿es verdad que duermes con su madre?

—¿QUÉ? Claro que no, bueno…si, pero no de ese modo—contestó atropelladamente.

—Ahhh, casi me da un infarto, amiga. ¿Pero dormiste con ella o no?—preguntó confuso.

—Sí, compartí la habitación, sólo eso—explicó tentada.

—Narcissa es una mujer muy hermosa —pinchó Harry, por las dudas, observando la reacción de su amiga.

—¡Jajajajaja! ¡Sí, lo es, pero nada que ver a lo que pensaron…!De verdad!—aseguró, roja como un tomate—. ¡Ya saben como es Draco!

—¡Es un idiota!—soltó Harry.

—Esto es muy injusto—lloriqueó el pelirrojo, inesperadamente—. Harry, está a punto de concretar con el grasiento…

—¡Oye!—se quejó el aludido.

—Y tú, que te acuestas con la madre del huron…

—¡Ron! Ya te lo dije, no me acosté con ella de esa forma—chilló avergonzada.

—Lo sé, pero por lo menos sentiste el perfume de una mujer a tu lado, yo ni eso. Ni el aroma de un gnomo me acompaña por las noches.

—Tal vez, Hermione te facilite el terreno—rió Harry, divertido—.el oxigenado dormirá solito unas cuantas noches, podrías probar en hacerle compañía…quien dice, capaz hasta le gusta.

—¡Eres un tarado, Harry Potter!—rumió Ron, entrecerrando los parpados, y amenazándolo con la mitad de su sándwich.

—¡Chicos! Con Narcissa no pasó nada, lo juro—dijo ya alterada por las insinuaciones de sus amigos

—Era una broma, Hermione…tranquilízate, te creemos,—aseguró— pero ahora dinos de una buena vez, ¿donde estuviste?—preguntó el azabache, dando por finalizada la divertida discusión.

Harry había logrado que sus amigos se rieran, y para la cargada atmósfera de duelo, no era poco.


Hermione no se había olvidado de ningún detalle. Después de una hora, su aparición en ese misterioso pueblo, había quedado perfectamente relatada y con lujo de detalles.

—¿Quién será ese viejo?, me refiero a Antoine—pensó Ron en voz alta y con el entrecejo fruncido.

—No lo sé. Le he dado vueltas al asunto y no se me ocurre nada—confesó Hermione.

—Que extraño. Así qué, cada viernes tendrás que ir allí, pero, ¿cómo?—siguió el pelirrojo.

—Antes de irme, me dio esto—la castaña sacó de su bolsillo la diminuta piedra que le había sido entregada y la colocó sobre la mesa, frente a ellos—.Sólo funciona si estoy en el lugar exacto que desaparecí, la primera vez.

—Al final del puente colgante—dijo Harry pensativo.

—Así es.

—¿Entonces tendrás que encontrarte con esa demente? ¿Pero por qué?, además, ¿Quién es ese Antoine? No puedes aparecerte ahí, sin protección, Hermione. Lo mejor será hablar con Dumbledore, él sabrá que hacer—propuso Harry, realmente preocupado por su amiga.

—Harry, tiene razón—apoyó Ron—. Está Obliviada y todo lo que tu quieras, pero sigue siendo ella, además, todo es muy extraño. ¿De la nada apareces ahí, te encuentras con un hombre que supuestamente nos conoce, y encima, tienes que ir, vaya a saber a que, cada viernes?

—Lo sé, chicos, es de locos, pero tengo que hacerlo—insistió, apenada—. No sé por qué, ciento que debo ir. Lo primero que pensé fue en ir hablar con Dumbledore, pero después, no lo sé, no quiero enfrentarme a lo que me tenga que decir, por lo menos no por ahora.

—Nosotros siempre respetaremos lo que decidas, pero, ¿estas completamente segura, Hermione?, ¿verla a ella, cada viernes?, ¿después de lo que te hizo esa enferma?¡Me parece una locura!—opinó Ron, con lógica.

—Sigo sin entender, por qué no la encerraron en Azkabán—escupió Harry, con desprecio— No estoy de acuerdo con que vayas, Hermione…Dame una buena razón para entender porque insistes en ir—pidió con su ceño fruncido y sin comprender la decisión de su amiga.

La estufa se encendió de golpe, dando aviso que la red Flu había sido conectada. Momentos después, los gemelos, Arthur y Molly, con el pequeño Perpetuo, en brazos, aparecieron en la sala de la Madriguera.

Hermione suspiró. Sabía que tenía que hablar en algún momento con su amigo, pero Harry no era Ron. Su temor a expresar lo que le pasaba cuando Bellatrix estaba cerca, la paralizaban. Y la terquedad y temperamento del azabache, no ayudaban a que se sincerara del todo con él. Por supuesto que su amigo no tenía la culpa, ella era la enferma, la intoxicada por sentir cosa que no tenían ni pies ni cabeza. Harry no tenía por que aceptar el proceso que estaba llevando por dentro, y menos si dicho camino, incluía en primera persona a la asesina de su padrino y torturadora de su mejor amiga.

Los tres, se levantaron de sus asientos y se aproximaron para saludar, dejando la conversación para otro momento.


Muy feliz comienzo de año.

Aquí, cumpliendo con la actualización.

El verano ya estalló y el trabajo, en esta época, me come la cabeza, pero siempre hay que encontrar un momento de relax para bajar cien cambios, jeje.

Aviso: Inauguré Twitter (Alphania Hodel), no tengo mucha idea de para qué, pero lo abrí de todas formas, jeje. Supongo para que los que quieran saber quien es la loca que está detrás de la computadora, jaja. No he subido ninguna foto mía, pero ya lo haré.

Bueno, espero que disfruten el cap. Abrazos y comenten.


Sthep: Con Harry se le está haciendo un poco más difícil, el soltarse, aunque ya sucederá. Voldemort escapó, pero solo Severus presenció ese momento, por lo tanto, es el único que sabe como fue y por qué :)

Lizi: Jajaja, me has hecho reír con: volverlos locos de apoco, rebuscado y entreverado, ¿no? Después, lo intrincado es unir los cabos.. Gracias por el comentario en "Ding, dong, dang". Abrazo.

Yumari: Ahora sí que falta nada para que se vean las caras otra vez. Gracias por también estar al pendiente de Esclava: Corazón en cautiverio :)

Karla: "Bella cornuda", no sería mala idea para generar celos, jaja. A Draco ya le tengo a alguien, pero necesitará una ayudita y Hermione saldrá sorteada, je (No es Ron). Abrazo.

Anónimo: Siempre me gusta leer ideas y sugerencias. Suplico paciencia en estos meses de verano, jaja. ;)