Día 27: Bola de nieve II
Para una persona normal, un horóscopo negativo o una mala premonición no significarían nada, pero para un supersticioso como lo era Midorima, romper o perder el Lucky Item el día en el que los Cáncer estaban situados en el último puesto, era una cuestión de vida o muerte.
Por supuesto, no es como si fuera a admitir delante de todos, y mucho menos de Takao, que estaba preocupado por algo como eso, así que trató de hacer vida normal y continuar su mañana tratando de no dar botes cada vez que escuchaba ruidos a su espalda.
Sin embargo, Takao sí notó que algo raro le pasaba al peliverde, no en vano lo había estado observando detenidamente en las últimas semanas. Así que tan pronto como vio la extraña mirada que Shin-chan trataba de ocultar tras sus gafas y su pose de superioridad, no dudó en llegar a la conclusión de que había algo que lo preocupaba, y cuando lo vio por enésima vez tratar de alinear el muñeco de nieve comprendió de golpe de qué se trataba.
Su primera reacción fue echarse a reír, pero logró contenerse a tiempo, mordiéndose el labio inferior y tapándose la cara con ambas mano. Un Shin-chan asustado no era algo que pudieras ver todos los días, y un Shin-chan asustado que trata de hacer ver como si no pasase nada, menos aún.
Takao destilaba verdaderos deseos por sacarle una foto, pero sabía que si lo hacía sería descubierto inmediatamente, y antes que eso prefería aprovechar la situación al máximo, así que se quedó en silencio, calladito y obediente cerca de su amigo, observando detenidamente como su mano vendada martilleaba nerviosamente contra la mesa, tratando de disimular su nerviosismo, e inconscientemente una sonrisa se formó en su rostro.
Cuando terminaron la primera mitad de las clases y llegó la hora del almuerzo, como era de esperarse, Midorima no quiso moverse de clase, y Takao por supuesto se quedó con él. Sin embargo, el pelinegro tuvo que ausentarse un momento para ir a comprar su comida, y mientras se alejaba de su asiento y salía por la puerta del aula, sintió como Shin-chan suspiraba en parte aliviado al quedarse solo.
Irremediablemente, al volver a clase, se detuvo un minuto en la entrada antes de pasar al interior del aula. Lo que no se espera encontrar era a un indefenso Shin-chan recostado sobre la mesa de su escritorio, con la cabeza enterrada entre sus brazos.
Esta vez sí que no pudo evitar la tentación y tratando de hacer el mínimo ruido posible para no delatarse a sí mismo, le sacó una foto desde la entrada. Midorima no pareció notar su presencia, así que guardado a buen recaudo esa foto se acercó hasta sus asientos y saludó alegremente al peliverde para hacerle ver que había vuelto.
Con tan mala suerte que, al escucharlo berrear tan cerca, Midorima se sobresaltó, se enderezó de golpe y como arte de magia (o de mala suerte) sus gafas salieron volando para estrellarse un par de metros más allá.
Tanto Midorima como Takao se quedaron bloqueados en el sitio, mirando entre sorprendidos y desconcertados las gafas tiradas en el suelo, con una grieta en uno de los cristales y mientras el "crack" que hicieron al romper resonaba en sus cabezas.
Midorima se giró hacia su compañero, colérico y con un tic en la ceja.
—Takaooo… —Masculló con una aura negra creciendo a su alrededor.
El pelinegro solo pudo disculparse.
