Capítulo XVIII – Ganon, el Cataclismo

La inmensa bola viscosa empezó a vibrar, era aquello lo que generaba los temblores de tierra que Link había notado en su difícil travesía por el castillo de Hyrule. Su superficie estaba cubierta de grietas, algunas pequeñas y otras eran enormes surcos por los que empezó a escapar una especie de sustancia oscura. "¿Eso es Ganon?" se preguntó, mientras veía cómo la sustancia oscura ascendía como una columna hacia el alto techo del bastión central.

Una descarga eléctrica surgió del interior de la crisálida y alcanzó a Link como un rayo en el pecho, tirándole al suelo. Él se puso en pie de inmediato, "me he confiado demasiado, seré estúpido". Hubo más disparos, aquella cosa le estaba atacando premeditadamente. Él se defendió con la Espada, desviando a un lado y a otro aquellos destellos de energía. Armándose de valor elevó la Espada al cielo y descargó la energía de luz sobre la esfera, creando una larga fisura en su cara frontal. La esfera tembló y se abrió a través de la fisura, expulsando una inmensa humareda horizontal que surgió como un torrente, impactando en Link y estampándole contra la pared de piedra de la sala. Trató de interponer su escudo para reducir la presión y éste se quebró en mil pedazos.

—¡Ahh! —gritó, quejándose del dolor que le producía aquel torrente oscuro contra el pecho.

Intentó moverse, pero sus pies no tocaban el suelo, se vio atrapado entre la oscuridad y la pared. Estaba a punto de dejar caer la Espada, aquello era demasiado angustioso, era imposible moverse.

—¡No! ¡Basta! —gritó alguien, desde algún lugar de la sala.

Link giró la cabeza lo suficiente para ver que la voz provenía de ella. Era su voz, la que le había acompañado desde que abrió los ojos en el santuario de la vida. La princesa Zelda apareció, diminuta en la distancia, con su vieja y gastada túnica blanca de sacerdotisa. Elevó la mano y de su palma salió una luz dorada, los tres triángulos sagrados que impactaron con violencia en la esfera, deteniendo el torrente de oscuridad que oprimía a Link contra la pared. Tras detenerse el flujo oscuro él cayó al suelo de inmediato, no se había dado cuenta, pero había sido arrastrado casi dos metros por el muro y la caída fue un poco aparatosa. Con dificultad se puso en pie, y vio que al fin, después de una eternidad, la princesa Zelda estaba tan sólo a unos metros de él, y ya no era una visión borrosa ni una fantasía, estaba allí en carne y hueso.

—Link…

—Hola.

—Hola…

Durante unos segundos se miraron el uno al otro, tratando de reconocerse, sin ser capaces de decir nada más. Un inmenso temblor sacudió el castillo devolviéndoles a la realidad e interrumpiendo el reencuentro. La esfera del Cataclismo estalló por completo liberando a Ganon con violencia en todas las direcciones, en medio de un rugido ensordecedor. Fue tal el estallido que Link cayó tendido de espaldas. Desde el suelo vio que Zelda también había caído al suelo, a unos pocos metros de él.

—¡Aguanta! —gritó ella desde el suelo —¡va a derribar el techo!

Zelda estiró el brazo en dirección a Link y logró que su luz dorada lo envolviese, creando una especie de escudo que lo protegía de los fragmentos de piedra y madera que se estaban desprendiendo desde el techo del bastión central. El suelo comenzó a resquebrajarse y Link rodó a un lado para evitar caer, pues se formó una hendidura que atravesaba el suelo hasta los mismos cimientos del castillo.

Después de unos minutos, los temblores y desprendimientos cesaron. El techo que cubría el bastión central había desaparecido por completo, y el agua de la oscura tormenta que había en el exterior comenzó a caer sobre ellos con fuerza, empapándoles. Link se puso en pie. No veía a la princesa por ninguna parte, frente a él había una inmensa brecha de varios metros de profundidad y una montaña de escombros.

—¿Zelda?

—Estoy aquí, al otro lado. Estoy bien, ¿y tú?

—Voy a ir donde tú estás, no te muevas —dijo Link, metiéndose en la zanja con la intención de escalar hacia el otro lado y atravesar el muro de escombros que lo separaban de ella.

—No, Link. Quédate en tu lado —dijo Zelda —Eso que has visto… era Ganon. Creo que el golpe de tu Espada le ha causado algún efecto extraño. Al fin ha despertado y ha huido de su encierro, no he podido hacer nada para evitarlo. Tienes que salir cuanto antes del castillo, puede que intente volver a derribarlo para atraparnos dentro.

—No pienso ir a ninguna parte sin ti —respondió él, que se aferraba con dificultad a la zanja, el agua de lluvia no paraba de caer y era muy fácil resbalar.

—Por favor, hazme caso —insistió ella —yo saldré por mi lado y tú por el tuyo, cuanto antes. Voy a intentar correr hacia la antigua plaza de ceremonias, es un lugar situado en el centro de la Ciudadela hacia el sur, una plataforma de piedra circular. ¿Crees que sabrías llegar ahí? ¿La recuerdas?

—¡Claro que la recuerdo! —respondió él, con un tono que rozaba la indignación —Pero no es una buena idea que nos separemos.

Un nuevo temblor se dejó sentir, haciendo caer otros cuantos escombros más. Al parecer Zelda tenía razón, Ganon iba a intentar derruir el castillo sobre sus cabezas.

—Link, huye de inmediato. Nos vemos en la plaza de ceremonias.

Él se quedó con la palabra en la boca mientras oía cómo ella se alejaba a zancadas en dirección opuesta a la suya. Volvió a ascender por la zanja y echó a correr, deshaciendo el tedioso camino que le había llevado hasta allí. Se movía a tal velocidad que sus pulmones parecía que iban a explotar por la presión y la falta de aire. Cuando llegó a la cascada saltó al río sin miramientos, los temblores en el castillo eran continuos, al igual que los rugidos de la bestia. Ya desde el exterior pudo ver los destrozos, Ganon había derribado varias torres y se arremolinaba como una serpiente de oscuridad alrededor del castillo. No tenía rostro, ni ojos, o al menos él lo único que alcanzaba a ver era una masa oscura que desprendía fuertes descargas de energía. "¿Por qué la habré dejado sola? Maldita sea" se lamentaba entre dientes, mientras trepaba por la orilla del río hasta el lugar donde había dejado a su caballo. Estaba calado hasta los huesos, así que se deshizo de la capa hyliana y de la fría cota de malla que llevaba bajo la túnica de elegido.

—Amigo, necesito que corras como nunca en tu vida —le dijo al pobre animal, que resoplaba y miraba con recelo el espectáculo de oscuridad que se desarrollaba a lo lejos.

Cabalgó con desesperación hacia la plaza de ceremonias, el lugar que Zelda le había indicado para reencontrarse. Link hacía esfuerzos para que no le dominase el nerviosismo. No sabía si llegaría antes que ella, él tuvo que dar un rodeo muy grande para llegar al lugar tras haber ido a buscar su caballo, pero ella iba a pie. "No debería haberla dejado sola" se repetía una y otra vez, castigándose. De repente, varios guardianes surgieron entre las sombras, cerrándole el paso.

—Lo que faltaba… —se quejó Link.

Frenó al caballo y agitó la Espada para descargar su energía contra sus enemigos mecánicos. Después volvió a galopar, tragando sin querer las gotas de lluvia que se estampaban contra su cara.

Había un bosquecillo bajo rodeando la antigua plaza de ceremonias, y eso le obligó a frenar la velocidad de su montura. Se abrió paso casi a trompicones, y cuando llegó al lugar, descubrió que la princesa había conseguido llegar antes que él, pero estaba rodeada por tres guardianes.

—¡No! —gritó Link. Agitó las riendas y cabalgó hacia allí Espada en alto.

Zelda levantó la mano hacia el cielo y dibujó un círculo de luz que se expandió para eliminar a sus enemigos de un solo golpe. Link observó la escena fascinado, y después trotó hacia ella, que miraba a un lado y otro esperando verle aparecer.

—¡Link!

—¡Sube, rápido! —gritó él, tendiéndole la mano para que subiese al caballo.

—Has tardado, estaba preocupada. —dijo ella, tratando de acomodarse a su espalda. Él se quitó todas las armas y las guardó en la montura del caballo, para hacerle más hueco.

—Me han entretenido por el camino. He venido todo lo rápido que he sido capaz, pero ya veo que en realidad no necesitas mi ayuda.

—No digas tonterías…

—Era una broma —sonrió él, aunque ella no podía verle —Agárrate fuerte a mí.

El caballo de Link galopó contra el viento y la lluvia que les venía de frente. Salieron del bosque y decidieron cabalgar en dirección a la llanura de Hyrule, en busca de un lugar desde el que poder recomponerse y apreciar mejor lo que estaba ocurriendo con Ganon en el castillo.

Zelda se había abrazado a su espalda con fuerza, rodeándole el cuerpo con ambos brazos, como si temiese que él fuera a escaparse volando de su montura. Él cabalgó durante minutos sin saber bien lo que estaba haciendo, demasiado aturdido por sus emociones. A pesar del frío y la lluvia por fin la sentía casi piel con piel contra su propio cuerpo, ella emitía un intenso calor que le traspasaba y le turbaba, nublándole la vista. Link pensó que era un poco egoísta sentirse tan bien en un momento tan crítico como aquel, pero después de todo lo que había pasado para llegar a ese instante de su vida, no podía sino dejarse embriagar por las sensaciones.

Al fin llegaron a un punto seguro desde el que podían actuar con perspectiva, allí la tormenta apenas tenía efecto y la lluvia había quedado reducida a pequeñas gotas de humedad que flotaban en el ambiente. Link detuvo el caballo y alzó la vista hacia el castillo de Hyrule. Zelda seguía aún abrazada a él, no había rebajado la intensidad con la que le rodeaba ni un solo momento.

—¿Estás bien? —le preguntó, al ver que ella no decía nada.

—Sí, estoy bien. Perdona si te he atosigado un poco —dijo ella, aflojando los brazos para soltarle.

—No, no. Puedes seguir así un poco más —la detuvo él, sosteniéndole la mano que ella tenía sobre su pecho para que no la retirase.

—El corazón te late muy deprisa —observó ella, al sentir el fuerte latido de Link contra la palma de su mano.

—Ya… ya lo sé. —dijo él, sonrojándose —El tuyo también.

—¿Puedes sentirlo?

—Sí, lo siento contra mi espalda.

De nuevo se instauraron unos segundos de silencio en los que ninguno de los dos supo o se atrevió a decir nada sobre la intensidad del momento que vivían. Zelda fue la primera en reaccionar, deshaciendo su abrazo y escurriendo la mano que tenía presa bajo la de Link para liberarla.

—¿Qué vamos a hacer, Link?

—Enfrentarnos a esa bestia. Tal vez puedas llamar su atención de alguna manera. Nos interesa combatir en campo abierto, desde el castillo es un gran peligro, tenemos que atraerlo hacia la llanura. Después… ya no sé qué más podemos hacer.

—Yo puedo abrir una brecha en su oscuridad para que tú le ataques con la Espada Maestra. Pero será muy peligroso, tendremos que cabalgar cerca de él.

—Pues cabalgaremos cerca de él. Haremos lo que sea necesario hacer —dijo Link con determinación.

—Link, yo…

—No, ahora no. Hablaremos más tarde, cuando todo esto haya acabado.

—Está bien —dijo ella, y a continuación se bajó del caballo.

—Espera, ¿a dónde vas?

—A provocar que Ganon venga hasta aquí.

—Zelda, subirás a mi caballo en cuanto se te acerque —le advirtió él, situándose detrás de ella, a unos pocos metros de distancia.

Ella hizo como si no le hubiera oído, y caminó un poco alejándose de él. Después se agachó y puso la mano en el suelo. Un halo dorado empezó a envolverla, de nuevo estaba haciendo uso de sus poderes. "Ven, ven a buscar este poder. Es lo que quieres, ¿no?" Link podía oír claramente el mensaje telepático que ella le transmitía a Ganon una y otra vez, como en un bucle.

De repente, el suelo tembló como si se tratase de un terremoto. Los árboles del bosquecillo que habían dejado atrás se sacudieron con violencia, y una horda de guardianes apareció, avanzando en frente hacia ellos. Eran tantos que resultaba imposible contarlos.

—¡Link, huye ahora! ¡Ganon no tardará en presentarse, yo me haré cargo de los guardianes!

—Ni hablar —murmuró Link para sí mismo, tan bajito que ella no lo oyó.

Con un chasquido puso al caballo en marcha y agarró a Zelda por la cintura al pasar a su lado, para subirla de nuevo a la grupa detrás de él.

—¿Por qué diablos has hecho eso? —protestó ella, que se había encaramado de mala manera a la montura hasta lograr sentarse correctamente.

—No me gustaba tu estrategia. He vuelto para ayudarte, no para dejarte sola a merced de un ejército de guardianes —refunfuñó él, mientras huía a toda velocidad de lo que se les venía encima.

—Pero Link…

—Si morimos esta vez, moriremos juntos —dijo él apretando los dientes y desenvainando la Espada Maestra.

Los disparos se sucedieron por doquier, a sus espaldas, por los lados, siempre generando enormes explosiones. El caballo relinchaba con terror cuando un disparo láser caía demasiado cerca. Zelda usaba su poder para neutralizar a los guardianes más próximos, pero pronto se dieron cuenta de que tendrían que cambiar de plan, se estaban alejando demasiado del castillo y no era eso lo que querían hacer. Link detuvo al caballo y se dispuso a encarar el frente de guardianes, no les quedaba más remedio.

—Prepárate, voy a ir contra ellos —advirtió Link.

Espoleó al caballo para ponerlo al galope mientras blandía la Espada y disparaba halos de luz, pero de repente, hubo una explosión inmensa que hizo saltar a muchos de los guardianes por los aires.

—¿Qué ha sido eso? —preguntó Zelda.

—¿No has sido tú?

—No, yo no… ¡mira Link! ¡Ahí arriba! —exclamó Zelda, apuntando al cielo.

La bestia divina Vah Medoh se alzaba sobre sus cabezas, y usaba su potente disparador para arrasar a los guardianes desde el aire. Más adelante aparecieron también el resto de bestias divinas, cada una de ellas se posicionó en un punto cardinal, creando un perímetro en la llanura de Hyrule para evitar que el mal escapase de allí. Las bestias iban a proteger al reino, cien años de duro trabajo de reconstrucción no podían ser tirados por la borda tan fácilmente.

—Son las bestias divinas, Link, lo has logrado —dijo Zelda, casi al borde de las lágrimas al ver los enormes refuerzos que habían acudido en su ayuda.

—Lo he logrado por ti. —Link agarró la mano de la princesa y la incitó a rodearle con más fuerza —sujétate a mí, no debes soltarte o me soltaré contigo. Atacaremos a Ganon, de frente y sin miedo. Ha llegado la hora de hacerlo.

Cabalgaron entre las montañas de chatarra destruida de los guardianes. Las bestias no paraban de disparar aniquilando enemigos a un lado y a otro… Ganon se había quedado sin su ejército para enfrentar el poder de la Trifuerza, tendría que hacerlo en solitario.

Conforme se aproximaban al castillo, pudieron ver cómo la oscuridad que era Ganon abandonaba su refugio para ir frente a ellos. Link detuvo al caballo bruscamente al ver que la oscuridad se elevaba justo delante, tomando forma al fin.

—Ahora veremos el verdadero rostro de la bestia —dijo Zelda, que no apartaba los ojos de la oscuridad que los acechaba.

Ganon se materializó como una bestia de dimensiones desproporcionadas. Poseía dos gigantescos colmillos, largos y retorcidos. Sus pezuñas eran inmensas, con una de ellas podría aplastar una casa entera. Los ojos de la bestia destilaban fuego y maldad, Link recordó que el espectro de la montaña de Hebra poseía una luz muy parecida a la de aquel monstruo. El ataque de la bestia comenzó casi de inmediato. Estaba enfurecido, chillaba y pateaba el suelo con toda su ira. Link no paraba de moverse de un lado a otro con el caballo, permanecer en un lugar fijo los convertía en un blanco mortal. Ganon resopló y expulsó un poderoso rayo de energía por la boca, que arrasaba todo lo que encontraba a su alrededor.

—¡Cuidado, Link! No podemos permitir que su ataque nos alcance. Acércate a él todo lo que puedas —dijo Zelda, preparándose para arremeter contra el monstruo.

La princesa convocó el poder de la Trifuerza y apuntó contra Ganon, abriendo una inmensa hendidura en su pata derecha. Bajo la oscuridad la bestia era alcanzable, mortal, un montón de carne putrefacta que podía ser destruida. Link aprovechó aquel espacio para lanzar su ataque con la Espada. La luz que surgía de su hoja impactó en la pata de Ganon, que lanzó un inmenso alarido al sentirse alcanzado.

—Esta cosa es… enorme —murmuró Link, mientras la adrenalina invadía cada poro de su piel.

—Lo es, pero no podemos detenernos ahora, tenemos que seguir atacándole del mismo modo.

Repitieron la misma estrategia una y otra vez, no sin dificultad. Era una tarea agotadora, la bestia estaba cada vez más enfurecida y aunque conseguían herirla, no parecía debilitarse del todo. El caballo empezó a resoplar y a perder velocidad por el cansancio, y comenzaron a errar en sus ataques.

—No es suficiente —dijo Zelda, respirando con agitación —tenemos que atacar en algún punto donde le hagamos más daño.

—¿Qué propones?

—Abriré una brecha en su frente y tú tendrás que acercarte… tienes que tratar de hundir la Espada en él, Link. No es suficiente con lanzarle ráfagas de energía.

—Si nos ponemos frente a él nos atacará con eso que expulsa por la boca —dijo Link, analizando el plan.

—Iremos por separado. Yo me bajaré del caballo y mientras tú le distraes, le atacaré.

—No. Ya te he dicho que no me parece una buena idea separarnos.

—Por favor… es necesario que lo hagamos así, confía en mí —le imploró ella.

Link detuvo el caballo en un lugar más o menos seguro y ayudó a Zelda a desmontar.

—No estoy seguro de esto, así que… Ten mucho cuidado.

—Link, hay algo más. —intervino ella, con seriedad —Siento que mis poderes están agotándose… apenas si puedo mantenerlos. Sólo tendremos una oportunidad.

—Entonces probemos otra cosa, no tiene sentido que te arriesgues de esa manera.

—No. No sé si lo sabrás, pero hace cien años no fui capaz de despertar mi poder a tiempo. Por culpa de mi ineptitud perdí a mi padre, a los elegidos. Y lo peor de todo, te perdí a ti. —dijo ella, con una mueca de dolor —El destino me conduce directa a este momento, por favor, permíteme intentarlo con todas mis fuerzas, necesito intentarlo con todas mis fuerzas. He nacido para este instante, Link.

Link cerró los ojos y respiró profundamente tratando de asimilar lo que pasaba. No soportaba la idea del fracaso, no soportaba la idea de que ella sufriese algún daño ahora que había vuelto a verla y a sentirla tan cerca después de una eternidad de separación. Pero por otra parte tenía que admitir que ella tenía razón, el destino les empujaba de forma inescrutable a ese instante, todo se definiría en un solo momento, una única e imposible oportunidad.

—Está bien. Hagámoslo —dijo él con sequedad, y espoleó el caballo para no pensar más en lo que acababan de decidir. Cabalgó dejándola atrás, si se giraba para mirar se derrumbaría y volvería a buscarla para impedirle seguir adelante con aquella locura.

Con el corazón a punto de estallar por la adrenalina, Link se encaró a Ganon. Éste no tardó en fijarse en él y comenzó a correr a una velocidad demencial para tratar de alcanzarle. Por suerte, el tamaño desorbitado de la bestia le proporcionaba cierta ventaja a Link, que conseguía esquivarle con agilidad. Mientras huía entre las patas de Ganon, oyó que la bestia emitía un profundo chillido, un sonido desgarrador que se propagó en la lejanía hasta perderse en el horizonte. Zelda había conseguido abrir la brecha en la frente del monstruo. Link desmontó. Las piernas le flaqueaban por los nervios y la tensión acumuladas, no lograba ver a la princesa por ningún lado, la sensación era mareante. Se puso frente a bestia, y corrió hacia él con todas sus fuerzas, gritando para liberar su propia ira. Saltó con todo lo que le dieron las piernas y se topó con su objetivo. Hundió la Espada Maestra en su frente, el arma vibró como si tuviese vida propia. Después salió despedido con violencia, y cayó de espaldas, golpeándose la cabeza contra el suelo.

Estaba muy aturdido y la vista se le nubló, pero alcanzó a ver el poder de la Trifuerza en su máxima expresión. La luz dorada era muy intensa, cegadora. Envolvió por completo a Ganon, que se desgañitaba chillando de dolor por el daño que le había infligido Link con su Espada. Después, sólo hubo luz, la oscuridad fue consumiéndose hasta desaparecer por completo.

Una lluvia suave comenzó a caer sobre la llanura de Hyrule. Ya no había nubes de tormenta, tan sólo había una bóveda gris que descargaba agua con proporción y sutileza. Por el nivel de luz parecía que estaba cayendo la tarde, durante la pelea con Ganon la oscuridad fue tal que era imposible intuir la hora. Link se levantó del suelo al notar la lluvia besando su frente. Había perdido el conocimiento por la dureza de su golpe. Las Bestias Divinas habían desaparecido. Los guardianes se amontonaban como chatarra inerte por doquier, no quedaba ni uno solo con vida, si es que podía decirse que la tuvieran. Link comenzó a correr por la suave hierba, buscando a la princesa Zelda. Había tenido una última visión de ella consumiendo a Ganon con su luz, pero después de eso se había desvanecido y no sabía qué habría pasado. Buscaba con la ceguera que le daba la desesperación, y al fin la encontró tendida boca arriba, a unos pocos metros del lugar donde vio a Ganon por última vez.

—¡Zelda! —exclamó Link, arrojándose de rodillas al suelo, junto a ella.

—Hola otra vez.

—Hola…

Link examinó rápidamente a la princesa, no sangraba ni parecía tener ninguna herida ni golpe visible, por lo que se sintió relativamente aliviado.

—Tienes las manos heladas —observó él tras agarrarle la mano, la joven ya no irradiaba el mismo calor que había notado antes.

—Mi poder está agotado, Link, ya… no puedo ni moverme —murmuró, estaba tan débil que apenas podía mantener los ojos abiertos.

—No es nada, te vas a poner bien, te lo prometo. Lo has conseguido, todo ha acabado al fin. Ya no hay Cataclismo, no hay Ganon. Ahora sólo tienes que recuperarte, ya lo verás.

—Gracias, héroe de Hyrule —sonrió —gracias por todo, gracias por tu valor, por tu generosidad… gracias por venir a buscarme.

—Necesitas descansar —insistió él, frotándole las manos para darle calor. Se sentía sobrepasado por sus sentimientos hacia ella, deseaba decirle muchas cosas, pero nunca se le habían dado bien las palabras, así que se expresó intentando protegerla y hacerla sentir a salvo.

—Link… —susurró, a punto de desvanecerse —no sé si tú…

—Shhhh. No digas nada. Sólo duerme, te llevaré a un lugar seguro donde podrás reponerte, ¿vale? —dijo él, acariciándole la cara con delicadeza. Ella respondió con el mismo gesto, alzando la mano para envolverle el rostro con una caricia.

—Yo no… no sé si tú me recuerdas.

—Te recuerdo.

Ella le sonrió y después dejó caer la mano con suavidad. Había agotado hasta el último ápice de energía que le quedaba después de más de cien años de lucha continua. Zelda cerró los ojos y cayó en un profundo sueño.


Nota:

Hola mis queridos lectores! Ya sí que estamos en el principio del fin, o más bien en el fin del fin, parte 1 xD

Muchas gracias una vez más por vuestros comentarios, me dan alas para volar! Por eso me he esforzado en terminar este capítulo hoy que tenía bastante tiempo y anticipar su publicación (y también es que estaba deseando soltarlo de una vez, jajaja). Si todo va como tengo pensado, sólo queda un capítulo más y al fin terminará esta historia, que jamás esperé que llegaría a tener más de 100K palabras, se sale de mis cálculos iniciales xD

Me gustaría hacer un par de comentarios sobre el capítulo, anticipando algunas preguntas y reacciones (creo xD).

El primero de ellos es que lo sé. Sé que Ganon tiene no se cuántas fases y evoluciones en el juego, que si primero es una especie de araña inmunda y luego se convierte en bestia. Eso está muy bien para un juego, gusta mucho que el final boss tenga ese tipo de dificultad o fases, pero creo que para una narración como esta no tenía mucho sentido así que me he quedado con la fase que más me gustó, y la he definido a mi propia manera (lo mismo con la intervención de las Bestias).

El segundo comentario es sobre el zelink (me arriesgo a un apaleamiento masivo). Sé que muchos de vosotros/as esperábais que en cuanto Zelda y Link se vieran las caras se lanzarían a devorarse como si no hubiera mañana, y sí, habría estado bien. Pero según lo veo yo y como han evolucionado los hechos, en este punto lo que hay es una inmensa tensión sin resolverse entre ambos. Zelda ni siquiera sabe si Link la recuerda o no, lo último que vio de él es que se quejaba delante de Impa porque "la princesa es una persona altiva y distante". Link sí averiguó más cosas sobre ella al recuperar casi todos sus recuerdos, pero también tiene dudas sobre cómo reaccionará la Zelda presente acerca de él, y pienso que tal y como he ido definiendo su personalidad, la respeta demasiado como para hacer algo que lo tirase todo por la borda, así que reprime sus deseos. Todo eso también teniendo en cuenta que Ganon está en medio de la ecuación. He intentado que vayan redescubriéndose el uno al otro durante la batalla, reviviendo sensaciones, que siempre están antes que las palabras.

Eso es todo lo que quería contar :)

Un abrazo fuerte, cuidaos mucho!