Capítulo 27: Ufasma (Armadura)
Un pequeño niño rubio se paseaba por uno de los límites del Santuario. Era mediodía y aprovechaba que su maestro no se encontraba en Atenas. Sabía que esa zona era especialmente peligrosa (por eso mismo le gustaba pasearse por ahí): debajo del árido suelo había una gran cantidad de cuevas, causadas por la constante erosión de, ahora, pequeños manantiales. A lo lejos, reconoció el cuerpo de un niño de cabello negro. Antes de que pudiera acercarse lo suficiente a él, vio como éste desaparecía. No fue sino hasta que encontró un pequeño hoyo justo en el lugar en donde el niño había estado que adivinó la suerte del mismo.
-"¿Estás bien?"- Preguntó en el mejor griego que pudo expresar mientras acercaba su cabeza lo más prudentemente posible al agujero en el suelo.
-"¿Quién es?"
Aparentemente, el niño no tenía sus prioridades muy bien aclaradas.
-"¿No te lastimaste?"
-"No… no eres un Caballero, ¿verdad?"- La cavernosa voz sonaba insegura.
-"No. Voy por ayuda." - El niño rubio no pudo identificar a su interlocutor debido a la oscuridad de la cueva.
-"¡NO! ¡NO VAYAS!"
-"¿Estás loco? ¿Quieres quedarte allá abajo?"- En su irritación, comenzó a hablar con mucha rapidez.
-"¿Qué?"
-"¿¡Qué si estás loco?!"- Repitió sin pensar que el niño no contestaría a la pregunta.
-"No te entiendo."
El niño rubio suspiró lleno de frustración. Sabía que su griego aún estaba lejos de ser, ya no perfecto, sino decente.
-"¿Me dejas ir por una cuerda?"- Preguntó con sarcasmo, asegurándose de hablar lo suficientemente claro.
-"¡No tardes demasiado!"
El niño de claros ojos azules se molestó bastante por este comentario.
-'Todavía que intento salvarlo. Debería de dejarlo ahí.'
Salió corriendo del lugar, pensando en dónde podría conseguir una cuerda sin ser interrogado.
Dentro de la cueva, el niño de cabello negro se sentó en el piso mirando fijamente aquel agujero, que era la única entrada por la cual podía recibir un poco de luz. De repente se arrepintió al haber dejado que el otro niño se fuera. ¿Qué tal si no regresaba? Entonces tendría que vivir en esa cueva. Eso no sería lindo. El aire de ese lugar era sumamente pesado y olía un tanto extraño. Se abrazó a sí mismo ya que el húmedo piso de caliza había enfriado su cuerpo mucho más de lo que estaba acostumbrado. Esperó lo más pacientemente que pudo.
Casi una hora después del desafortunado accidente (y justo cuando el accidentado se había resignado a pasar el resto de sus días en la oscuridad), escuchó unos pasos acercarse.
-"¿Sigues vivo?"- El niño de cabellos negros suspiró aliviado al ver que se trataba del chiquillo de voz extraña. Después de todo, no se había olvidado de él.
-"¿Por qué tardaste tanto?"
-"¡¿Quieres que te deje allá abajo?!"
-"No te entiendo."- Esta vez, el niño había entendido perfectamente, pero eso no se lo iba a decir.
Una cuerda comenzó a bajar hacia él y en cuanto pudo alcanzarla, se sujetó a ella con fuerza, comenzando a subir lo más rápido posible. Unos segundos después ya se encontraba de nuevo en la superficie.
-"¿Qué hacías? ¿No sabes que es peligroso jugar aquí?"
-"No sabía."- Sacudía el polvo de su ropa mientras revisaba que su cuerpo no se hubiera dañado demasiado mientras estuvo en la cueva.
-"¿Eres nuevo?"- El niño asintió.
-"Llegué ayer."- Recordó entonces que no debía de haber estado en ese lugar desde un principio. –"¡Me tengo que ir!"- Para cuando dijo esto, ya estaba más que lejos del otro.
-"Go hifreann leat!"- Maldijo el niño rubio mientras veía al novato perderse a la distancia.
-"¿Qué tal está?"- Ewan caminó hacia el mar sin preocuparse por las olas entrantes. Unos metros delante de él se encontraba Milo, limpiando superficialmente con el agua de mar una herida en el pecho que había aparecido hacía no más de unos cuantos minutos.
-"No es muy profunda. Estará bien en unos días."
-"Tuviste suerte entonces. Ese golpe era para matarte."
-"Lo sé, señor."- No pensó demasiado en las palabras de su maestro. A esas alturas del partido estaba más que acostumbrado a los salvajes ataques de Ewan. Caminó hacia él. –"Nunca lo había visto pelear así."- Se refería a que durante todo el tiempo que llevaba de conocer al Santo de Escorpio, sus ataques se habían 'limitado' a dañar los órganos internos sin necesidad de abrir la piel.
-"Eso era para enseñarte que hay que esperar de todo en una pelea, Adh seidh. Claro, si sobrevivías."
-"Usted siempre tan amable."- Dejó caer su peso en la arena. La marea había comenzado a subir de modo que con cada ola que llegaba, Milo mojaba sus piernas cada vez más.
-"Adh seidh… ¿qué sabes de Lino?"
-"Hn…"- Repasó en su mente todos los libros que había tenido que leer hasta ese día. –"¿El de los tratados?"
-"No…"- Contestó algo irritado, como si la pregunta que había hecho hubiese sido lo suficientemente clara. –"No. El músico."
-"¿El hijo de Urania y Anfímaro?"
-"Algunos dicen que era hijo de Eagro…"
-"Eso haría a Lino el hermano de Orfeo."- Ewan asintió. –"No conocía esa parte."- Calló por unos segundos hasta que se consideró listo para hablar. -"No demasiado. Solo sé que él fue el que comenzó a hacer las cuerdas de lira con tripas y que era el maestro de música de Heracles."
-"¿Sabes algo más sobre su relación con Heracles?"
-"Fue su primer maestro. Lino solía regañarlo por su torpeza y Heracles no era un hombre muy tolerante que digamos. Por eso lo mato."
-"Aye… lo aplastó con una roca gigante. Otros dicen que fue lo mató a golpes con un plectro."
-"Heracles era un bruto."- Alzó la vista. –"No me está diciendo esto porque sí ¿verdad?"- Cuando Ewan comenzaba a hablar, usualmente era de la nada y por ninguna razón aparente. Cuando su relato terminaba él actuaba como si nunca hubiera comenzado siquiera. Esta vez aparentaba ser diferente.
-"¿Y qué sabes de Argenis?"
-"Solo que era el maestro de Shura."
-"Él y yo"- Ewan tomó mucho aire. Aparentemente la historia iba a ser una muy larga. -"Éramos amigos desde mucho antes de ganar nuestras Armaduras. Lo conocí un día en que mi maestro me dejó solo en el Santuario. No fue la mejor de las primeras impresiones, pero de algún modo todo salió bien al final. Unos días después tuve que regresar a Ballachulish, pero iba de visita a Grecia constantemente. Al menos así era al principio. Con el tiempo dejé de ir una vez al mes y mis visitas se limitaron a una vez por año. Después de ganar mi Armadura pasé varios años sin verlo y cuando decidí hacerlo encontré que él ya era maestro. Regresé a Ballachulish. Desde entonces procuré visitar el Santuario más a menudo, pero solo sirvió para encontrarme con que cada vez que regresaba, Argenis tenía un nuevo aprendiz. Así fue hasta que coleccionó los 6. Entre ellos Shura y el impertinente al que mataste hace dos años."- Tomó otra gran bocanada de aire. –"Un día escuché que se iba a los Pirineos a entrenar. Decidí ir a despedirme de él y en el proceso a quedarme a vivir en el Santuario. También fue la noche en la que le pedí que me prometiera que no se dejaría matar por uno de sus alumnos. No sirvió de nada. Unos cuantos meses antes de que llegaras a Atenas, sentí como el cosmo de Argenis desaparecía. Ni siquiera pedí permiso, solamente salí corriendo hacia el oeste. Cuando llegué al campamento, Argenis ya estaba tirado boca abajo sobre nieve roja. Fue fácil adivinar quién fue el responsable. Solamente Shura era capaz de hacer heridas de ese tipo. La primera vez que intenté alzarlo lo solté inmediatamente; tenía una inmensa cortada."- Hizo una señal con su dedo índice indicando la trayectoria de la herida. –"De izquierda a derecha… casi tres centímetros de profundidad. Por Donu… no debí de haber movido su cabeza. Fue totalmente desagradable. Apenas y tuve el valor de volverlo a sujetar para llevarlo al Santuario donde fue enterrado. Afortunadamente, el señor Shion no accedió a que Shura ganara su Armadura en ese entonces, ya que Argenis no había dejado esa orden. Dictó que Shura solo se convertiría en el Santo de Capricornio una vez que venciera a sus compañeros. Como sabes, no tardó mucho en conseguirlo."- Hizo una breve pausa. –"Argenis es Lino. Él también era músico y él también murió a manos de su alumno."
-"Pero hay una gran diferencia ¿no? Argenis decidió dejar de vivir."
-"Y en el proceso rompió su promesa."- Aclaró tratando de escapar del cuestionamiento de su aprendiz.
-"Supongo que por eso no le gustan las mentiras." 'Ni la sangre.'- Agregó para sí.
-"Exacto. ¿Sabes? Si hay algo peor que la muerte de un amigo es que éste se muera por un estúpido capricho. Ojala nunca te pase, Diabhal. Me fue difícil, muy difícil."
Milo sonrió condescendientemente al escuchar la voz de Ewan quebrarse por primera vez. No entendía cómo es que había evitado hacerlo mientras contaba su historia.
-"Me lo puedo imaginar."
-"Ni lo hagas. No es bueno para la salud mental."- Mostró una sonrisa de medio lado. –"Hubo un momento en el que pensé que no podría seguir adelante."
-"¿Y qué pasó?"
-"Entonces… pude hacerlo. Tomó tiempo, como todo. Pero el tiempo cura las heridas; y si no, al menos les pone una costra muy gruesa."
-"¿Señor? ¿De pura casualidad todo eso no pasó un 27 de mayo?"
-"No. Ese día no tiene nada qué ver con la muerte de Argenis."
-"Entonce-"
-"Eso no es de tu incumbencia, Diabhal."
-"No entiendo. ¿Todo lo que me acaba de decir lo era?"
-"Claro. Es un asunto muy importante. Argenis era un hombre inteligente y soñador. Murió siendo necio y conformista."- Milo no estaba de acuerdo con las palabras de Ewan. No se identificaba con Argenis; la verdad era que ni siquiera comprendía su motivo de desear la muerte. Sin embargo, para haber aceptado ir al Hades rompiendo una promesa de amigos debió de haber tenido sus razones. Y, como el mismo Ewan decía, cada quien se ampara en lo que tiene. –"Date cuenta, Milo."- Ewan continuó hablando con dureza. –"Las Armaduras cambian a las personas. No son ellas las que se acoplan a tu cuerpo. Es tu mente la que se acopla a ellas. Camus ya no es el niño al que tanto molestabas. Él ya no es la misma persona. No importa cuánto quieras creerlo o cuánto te esfuerces, Camus es ahora el Santo de Acuario."
-"Creo comprender, señor."
-"¡No es suficiente que 'creas' comprender, Milo!"- Miró y habló a su aprendiz con fiereza, elevando su cosmo lo suficiente como para que el reflejo de la luna en el agua se enrojeciera.
-"No puedo forzarme a mi mismo a comprenderlo."- Murmuró para sí mientras se levantaba. Suficiente miedo le estaba infundiendo Ewan como para seguir mirándolo desde el suelo.
-"Entonces tendrás que comprenderlo de modo empírico."- Inhaló. –"Milo, yo no puedo enseñarte más. Todo lo que resta vendrá con la experiencia. Es ella la que convierte en Santo a un niño, no los entrenamientos."- Se colocó frente a él, frunciendo el ceño. –"He decidido cuál será tu prueba final."- Milo dejó de respirar por unos segundos. –"Si te pidiera que me derrotaras en una pelea sería inútil. Como ya te lo he dicho estás por lo menos a 5 años de superarme. Es por eso que no admitiré que portes mí Armadura-"- Pronunció exageradamente las dos últimas palabras. -"Hasta que hayas vencido a Camus de Acuario."
El agua salada estaba a unos centímetros de alcanzar las rodillas de Milo. Por varios minutos lo único que se escuchó en la playa fue el sonido de las olas.
-"Lo lograste. En serio lo lograste."- Argenis colocó su mano sobre la hombrera derecha del nuevo Santo de Escorpio. –"Ya eres uno de los 12."- Miró de pies a cabeza al joven frente a él, siguiendo con la mirada los elaborados patrones de la Octava Armadura. –"Siempre dudé de ti."
-"Para que veas…"- Se quitó el casco y él mismo comenzó a examinarlo, prestándole especial atención a la ovalada piedra roja incrustada justo en el centro.
-"¿Y cómo te debo de tratar ahora, Ewan?"
-"Pues como siempre."
-"¿Seguro?"
Ewan pensó en su respuesta por unos segundos.
-"No. Me gustaría que me dejaras de insultar."- Sonrió mientras decía esto.
-"Eso no pasará nunca."
-"¿Entonces para qué me preguntas?"
-"Para hacerme el interesante."- Ewan no contestó. –"¿Tienes algo?"
-"¿Por qué preguntas?"
-"No sé… estás más pacífico que de costumbre."
-"A mí no me parece."- Sintió los negros ojos de Argenis sobre sí, pero se limitó a mirar el casco.
-"Te quedarás a vivir en el Santuario ahora ¿no?"
-"No."- Finamente alzó la mirada hacia Argenis, quien lucía desconcertado. -"Regresaré a Ballachulish, por supuesto."- Su tono era de total obviedad. –"Sabes lo mucho que me gusta."
-"Yo creía que también te gustaba aquí."
-"Pero no tanto."
-"Ya veo."- Argenis no pretendió ocultar su enojo. –"Supongo que te divierte mucho más jugar con tus hadas y duendes que estar en el lugar al que sabes perteneces."- Frunció el ceño y salió inmediatamente de la Octava Casa en dirección a la Décima.
Ewan permaneció en aquel lugar durante varios minutos más hasta que dejó escapar de su boca un largo suspiro.
-"No seas ridículo… en Escocia casi no hay hadas."
Esa noche ni siquiera el wodka le ayudaría a sentirse mejor.
Sabía muy bien que ya nada sería como antes.
Comentario de la Autora: Ah... Ewan chibi!! ¡QUE LINDOOOOO! coff Etto... .. Este capie me gustó mucho... PEEEEEEEEEEEEEEERO a mi parecer hubo un gran problema en la parte en la que Ewan nos cuenta sobre la muerte de Argenis. Intenté hacerlo por varios métodos y al final quedé entre el flashback y lo que leen aquí. Después de pensarlo por un rato concluí que el flashback no era lo mejor en este punto de la historia. No estoy segura de haber hecho la decisión correcta pero aún así creo que la volvería a tomar si tuviera la oportunidad de hacerlo. Espero que la escena no les haya sido demasiado aburrida.
"Go hifreann leat!" Es algo así como 'vete al infierno'. Palabras fuertes para un niño... pero en un futuro lejano aprenderemos el por qué de sus expresiones demenciales en escocés gaélico.
Pensé mucho mucho mucho mucho en cómo era que Milo se ganaría su Armadura. El matar a Ewan NUNCA fue una opción por lo que la tuve todavía más difícil. Pensé en tonterías, pensé en cosas demasiado complicadas. Al final supongo que Erato me iluminó y me dio esta idea.
No estoy muy segura del título del capítulo pues busqué esa palabra como Cloth por como se llaman las Armaduras en idioma original peeero... como cloth tiene al menos dos connotaciones no sé si utilicé la correcta.
Ojalá les haya gustado este capítulo... o que no lo hayan odiado. ¡DOMO ARIGATOU COMO SIEMPRE!
