Capítulo 27

Nube de sombras

Entraron en una disco llena de gente, algunas con atuendos extraños y otras solo lucían algunos accesorios extravagantes como pelucas o collares multicolores. Chiaki estaba extrañada por el local donde estaban hasta que pudo divisar entre la multitud de la tarima a la nieta de la abuela Nagi.

-Zenki ¿esa chica no es Hitomi?- exclamó señalando a la joven vestida normalmente pero con unas orejas de gato.

-Sí, ella me rogó que le comprara las entradas para su presentación que va hacer aquí. Me advirtió que sería muy alocado y distinto a los sitios que hemos ido.-

-¿Te rogó?- la miko cruzó sus brazos dudando esa parte del comentario.

-Está bien, solo me lo pidió. ¿Ahora podemos ver que es lo que esa mocosa va hacer?- se colocó detrás de ella y la tomó por el torso con una mano para acercarla hasta él.

-no le digas así- sin inmutarse, Chiaki permitió que el pelirrojo hiciera aquel gesto a pesar de que pudiera descubrir su secreto, estaba consciente de que en cualquier momento tendría que decirle, se enterara o no se enterara de la situación.

Durante la mayor parte de la velada disfrutaron riéndose de las actuaciones que realizaban en la tarima, hubo un grupo que jugaba al ping pong pero con efectos de la película matrix, una banda que tocaban con botes de basura, sillas y demás objetos domésticos; una pelea de robots por parte de un grupo de estudiantes, hasta que la amiga de ellos cantó para terminar el espectáculo.

Ya era muy entrada la noche cuando llegaron a su departamento, Chiaki entró primero y se fijó que su amiga Sayaka estaba dormida en el sofá. Ella la despertó delicadamente mientras el joven demon pasaba al cuarto de los niños para asegurarse de que estaban dormidos. –Chiaki… ¿qué hora es?- exclamó estirándose y arreglándose la ropa.

-Ya casi son las 10:00 de la noche. Sera mejor que te vayas ahora para que puedas tomar el tren, toma te traje esto.- Chiaki le dio una bolsa que contenía una cajita de comida.

El pelirrojo estaba arropando a su hija cuando escuchó que la puerta se abría detrás de él, al voltear pudo verla acercarse a la cuna donde dormía el bebé. Después de cerciorarse de que estaba dormido, ella se aproximó hasta la niña para colocar el peluche de tigre a su lado, le dio un beso y se alejó de la pequeña sin hacer ruido. Ambos salieron de la habitación cerrando la puerta lentamente.

La miko fue a la cocina a tomar un vaso de agua mientras el demon se sentaba en el sofá cómodamente, ella se sentó también el mueble que estaba frente a su compañero. – ¿Extraña velada, eh?-

-¿Por qué? A mí me gustó. Fue…diferente y divertida- Chiaki se acomodó mejor colocando sus rodillas a la altura de su pecho recostándose del sofá.

-me alegro por ti. Me pregunto ¿cómo estará la mujer que dejaste suspirando en el bar?-

-Zenki… ya hablamos de eso. Ella a mí no me gusta-

-¿Y quién te gusta?-

-Los hombres. Altos, fornidos, con cara de pocos amigos, valientes, arrogantes, astutos y que no se rinden ante nada- exclamaba con la mirada perdida en algún punto de la habitación sin mirar al hombre frente a ella.

-¿A si? Verás, yo conozco a un hombre con esas características- él se levantó de su asiento y se acercó hasta ella, se sentó a su lado pasando su brazo por encima de su cabeza. –Y la ventaja es que vive muy cerca.-

-¿Quién? ¿Vasara o Sago?- Chiaki no pudo evitar reírse ante la expresión de fastidio que él había expresado en unos segundos. Pudo sentir como su brazo bajaba y su mano se posicionaba detrás de su nuca.

-No. Yo- sus labios se encontraron en un beso rápido que para ambos fue el botón que detuvo el tiempo, sus bocas no se separaban ni se movían, solo estaban ahí detenidas esperando a que una de las dos diera el primer paso. Zenki los movió un poco para ver su reacción pero al sentir que ella aún estaba inmóvil prefirió dejarla tomar la iniciativa. La sacerdotisa no podía creer lo que estaba pasando. ¿En qué momento bajó la guardia? ¿Cuándo permitió que esto se le saliera de control? Deseaba hacerle pagar por toda la consternación sufrida.

-No…esto…esto no es correcto.- ella se separó de él colocando sus manos en su pecho para alejarlo, no quería volver a perder el control.

- Sé que es muy rápido pero quiero que me des una oportunidad. Aún te quiero y deseo vivir mi vida contigo y los niños. He visto como los tratas y pareciera que fueran tus propios hijos y ellos te quieren mucho a ti- su mano se deslizó hasta su mejilla mientras su mirada llena de seriedad pero a la vez de amor se imponía en ella.

-Zenki yo amo a tus hijos y los quiero como si fueran míos pero tú me hiciste mucho daño, no quiero arriesgarme de nuevo-

-Lo sé y solo te pido una oportunidad para demostrarte que aún te quiero. Solo eso-

-(suspiro) déjame pensarlo… yo…yo no quiero arriesgarme- ella veía a los lados como buscando algo que la ayudara a salir a flote de esta situación, estaba perdiendo el control de nuevo y volver a caer el juego del amor ya sería demasiado para su corazón.

-Te prometo que no voy hacerte daño. Te lo prometo-él tomó sus manos y las besó dos veces, luego besó su cabeza en señal de que estaba dispuesto a demostrar su amor latente por esa chica que le hizo la vida un delicioso y estupendo caos. –Me iré a dormir. Buenas noches y que descanses- se levantó del sofá y caminó directo a su habitación, Chiaki en cambio liberó las dos pequeñas lagrimas que deseaban salir de sus brillantes ojos.

-Eres un idiota-

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Las horas pasaban acumulándose en el reloj de arena del tiempo transformándose en días, semanas, meses. En la vida de la descendiente de Ozuno, transcurría los sucesos de forma tranquila y apacible, su rol de madre era cada vez más profundo en los niños de su shikigami, los amaba cada vez que los besaba, los abrazaba, los veía crecer rápidamente, en los momentos que experimentaba ser parte del acto más bello de la existencia humana. Pero como todo lo bello pasaba, lo malo también hacia acto de presencia en la historia, desde hace unos días una fuerza oscura apareció de la nada en la ciudad de Tokio, un ser maligno que solo buscaba la sangre perfecta que lo llevaría a la victoria y a la conquista del mundo. Aquella energía envolvía la ciudad en nubes negras que colapsaban en desastres, accidentes y tragedias en los habitantes de la gran urbe. Chiaki no entendía el por qué todos los ataques eran cada vez más ineficaces en las batallas que tenían en contra de él, pareciera que se hacía más fuerte, más indestructible y eso no era una buena noticia.

-Tenemos que hacer algo para detenerlo o destruirá la ciudad- Akira, Saeki, y Chiaki estaban sentados en el sillón. Inugami estaba recostado a un lado de la ventana mientras Sago se tomaba una cerveza apoyado en el muro del pasillo, observando a sus amigos.

-¿Pero qué hacemos? Nuestros ataques son inútiles cada vez que lo enfrentamos y no sabemos ni siquiera su punto débil-

-Mi hermanita tiene razón. Sacerdotisa tienes que ayudarnos en esto, usa tus hechizos y conjuros para saber que quiere el desquiciado ese y como lo vencemos-

-Sago si supiera esos hechizos créeme que desde hace tiempo lo hubiese usado pero no existen-

-Tal vez no Chiaki, quizás en la biblioteca de la abuela Saki podamos hallar información de ese monstruo y posiblemente una pista para derrotarlo- Akira apoyaba una de sus manos en su mentón pensando en una solución lógica a lo que pasaba, si alguien podría ayudarlos con información sobre monstruos esa era la antecesora de la miko.