Yuri on Ice y sus personajes no me pertenecen.


Cap 27: El bailarín emocionado


San Petersburgo, Junio 2016

Esa mañana Irina demostraba síntomas de bipolaridad, al menos ante los ojos de Yuuri quien quedó desconcertado con sus repentinos estados de ánimo. Había llegado furiosa a la clase, con mal humor y visiblemente afectada por algo que él no podría adivinar. No estuvo seguro de si quería conocer la razón de su mal genio, ya que estaba tan contento que no quería arruinar su propia felicidad. Después de la salida con Víctor, lo menos que quería era perder la burbujeante sensación de estar haciendo lo correcto.

Podría ser mal amigo, pero prefirió mantenerse al margen de aquel tema y ensayar en el pole dance los nuevos pasos que su entrenador les indicó. Con una flexibilidad y fuerza envidiable, se subió al tubo para hacer varias vueltas y moverse con las piernas abiertas mientras controlaba la respiración. No pensaba bailar de esa forma en ningún lugar, pero ciertamente era un buen ejercicio para mantener a su cuerpo tonificado y además había sido un arreglo al que llegó con Irina después de regresar a los ensayos tras el rechazo de diciembre. La forma para recuperar el tiempo juntos y la amistad después del rechazo.

—Excelente, Yuuri. —Felicitó el instructor, un altísimo rubio de cabello crespo y mirada oscura. Tenía la barba afeitada que era la perdición de la mayoría de los chicos y chicas del lugar junto a un coqueto lunar sobre su labio. Pero según sabía, estaba ya casado con una hermosa holandesa que era maestra de historia.

Se bajó del tubo y sacudió las manos mientras aligeraba la opresión de sus palmas endurecidas. Tenía apenas un short oscuro que cubría más arriba de la mitad de sus muslos y llegaba a su cintura. Se secó el exceso de sudor y observó a Irina quien miraba furiosa el teléfono. Si le decía que era culpa de su pareja le pediría una disculpa y se iría a hacer algo más provechoso, como por ejemplo escribirle a Víctor. Con ese pensamiento, dejó el paño a un lado e hizo unos estiramientos para soltar energía, sin prestarle atención y solo mirando su reflejo en el espejo.

—Yuuri. —Ella lo llamó. Yuuri empezó a buscar la salida, fingiendo que no la había escuchado—. ¡Ey! ¡No te hagas que sí me escuchaste! —Atrapado y con un deje de culpabilidad, volvió sus ojos hacia su amiga quien lucía solo un ligero top y un ajustado bikini negro con fucsia, además de su cabello rubio recogido en una cola alta. Irina le hacía un mohín gracioso que venció sus intenciones de dejarla allí.

Tras un suspiro, se sentó a su lado en el piso de madera, mientras otro de sus compañeros repetía la secuencia de giros en el pole. Con las piernas abiertas y flexionadas, Yuuri jugaba con la botella de agua mientras sentía el cuerpo de Irina recostado en su hombro. Parecía estar buscando las palabras precisas para hablarle de algo, Yuuri no podía imaginarse el qué. Su cuerpo estaba acalorado por el ejercicio, así que seguro le transmitía ese calor a Irina al tenerla tan cerca.

—¿Has visto lo que ha salido en las redes? —Yuuri negó—. Oh, menos mal que no.

—La verdad no quiero saber qué dicen en las redes. —Irina asintió sin más—. ¿Eso te tiene así? Oh…ya sabes… tus días.

—No me hables de mis días, que los veo lejanos. No me ha bajado.

Menos mal que Yuuri no tenía la boquilla de la botella de agua en sus labios, porque hubiera hecho un desastre en el suelo. Irina solo resopló, con calma.

—No te preocupes, ya me hice exámenes y nada. Creo que es por el estrés...

Se quedaron en silencio y Yuuri meditó en lo que acababa de decirle, sin saber exactamente qué debería responder. Claro que se había acostumbrado a la presencia constante de mujeres con todos los pormenores, llegando a escuchar cosas que ellas decían a propósito en voz alta, para provocarle sonrojos. Pero hasta el momento nada que ver con embarazos. Todas tomaban muy enserio su disciplina y estaban dedicadas por completo al ballet.

Después de un rato, Irina volvió a hablar. Se despegó de su brazo para jugar con los dedos sobre sus rodillas juntas.

—Yuuri, no sé qué decirte, pero… creo que alguien del grupo está filtrando información nuestra…

—¿Qué? —Su atención ahora sí fue hacia Irina quien resopló con hastío—. ¿Qué clase de información?

—Hay un par de artículos circulando que hablan de nuestra salida en Sochi. —Yuuri tragó grueso al escucharlo—. Además, fotos de nuestros ensayos en el ballet. No sé quién malintencionado está sacando todo eso…

—No…

—Estoy pensando si… sería mejor que me aleje.

No. Yuuri frunció el ceño, negándose a perder el contacto con Irina por culpa de las voces de los periodistas. No estaba dispuesto a eso. Soltó el aire y se giró para poder darle toda la atención a ella y dejar claro varios puntos. Ya había aceptado seguir con Víctor pese a la prensa y Víctor había hecho un movimiento arriesgado para formalizar el estatus de sus salidas, a través de Instagram. Se podría decir que eran novios, Yuuri ahora pensaba que no habían hablado del término, aunque tampoco se sentía como si hiciera falta. Lo importante era que Víctor estaba dispuesto a pasar tiempo con él y Yuuri encantado aprovecharía todo lo que pudiera estar con Víctor.

—No hace falta que te alejes —dijo con un tono seguro e Irina levantó su rostro con pesar—. Ya le hablé a Víctor de ti. Sabe que me gustabas y que me declaré. Si llega a preguntar si es cierto lo de Sochi, le explicaré lo mismo.

—¿En serio le hablaste de mí? ¿Pero por qué? —Yuuri, por obvias razones, no le comentaría que Víctor se dio cuenta tras enlazar su nombre con el de su personaje de rol. Solo encogió su hombro, haciéndolo ver casual—. Espero no haberte traído problemas con él. En verdad…

—No me has traído problemas, deja de preocuparte. —Le extendió su móvil para que viera la publicación de Instagram. Aquella foto que Víctor tomó en la noche anterior ya tenía miles de likes y cientos de compartir. Irina sonrió al verla.

—Te ves muy feliz allí. —Yuuri asintió, con una sonrisa—. ¿Te trata bien?

—Lo hace… es extraño. No sé aún cómo llegamos a esto. Es decir… desde que vino a vernos en las prácticas de ballet, hasta ahora… pareciera que hubieran pasado mil cosas en cuestión de un mes.

—Pero en ese mes han pasado muchas cosas importantes ¿no?

Sí… definitivamente, sí. Yuuri pensaba en todo lo que había ocurrido y debía admitirse que parecía ser más de lo que pudiera abarcar un mes. No podía estar seguro de en qué momento empezó a sentirse así por Víctor, cuando al inicio lo asustaba y a veces le irritaba un poco su insistencia, a pesar de no perder de vista quién era Víctor para él y lo mucho que quería ayudarlo. Luego, empezaron a hablar por teléfono y a compartir mensajes casi durante todo el día, hablando de cualquier cosa, al punto que empezó a sentirse vital mantener esa comunicación. Había pasado de ver al Víctor insistente como artista, a reconocer a los diferentes Víctor que iban más allá de su disciplina. El ágape de Víctor fue una de las primeras cosas que golpeó hondo a su pecho. Quizás, esa fue la puerta para verlo desde otro punto de vista, aunque fuera de forma inconsciente. Cuando se dio cuenta, las conversaciones continuaban y era imposible no abrirse para hacerle saber a Víctor cosas cada vez más importantes para él.

Entonces Eros encendió la chispa, al menos para él. No solo por lo intenso que fue el ballet, sino por la pasión que pudo ver en Víctor y su determinación de encontrar la manera de superar ese bache creativo. Por su talento, su fuerza y la manera en que llegaba a amoldarse. Yuuri apretó la garganta y suspiró hondo. Después de eso fue como caer en picada, pero lejos de preocuparse por ello, sentía que cada vez que caía era más bien una nueva experiencia la que estaba viviendo. Y el hecho de que haya ido así, de una forma tan fluida que le era imposible determinar el punto exacto en donde empezó a desear un beso, lo hacía especial.

Víctor le había dicho que no se avergonzara porque se sentía muy orgulloso de estar a su lado. Él no podría estar más feliz ni considerarse más afortunado por la oportunidad que la vida le había dado de conocerlo.

—Ey Yuuri…—dijo Irina, mientras miraba pensativa su reflejo juntos en el otro espejo frente a ella. Yuuri la miró, dejando de pensar en cómo había nacido ese sentimiento—. Tengo envidia de ustedes.

—¿Eh? —Se sonrió al mirarla y luego fingió una mueca de descontento, arrugando su entrecejo—. Seguro que debes querer ser la novia de Víctor.

—No tonto… envidia de él. —Yuuri guardó silencio—. Debes ser lindo como novio.

No dijeron nada más, no hizo falta. Ambos sabían que era un tema que en esos instantes no llevaría a ningún puerto; aguas pantanosas que era mejor dejarlas atrás. Yuuri prefirió hacer silencio e Irina solo dejó salir el aire, sin mayor ceremonia. Dejaron que la música sensual que se escuchaba en el salón de baile se encargara de cubrir la falta de palabras.

Entonces, uno de sus compañeros de danza, Pavel, se acercó con el rostro ligeramente pálido. Yuuri e Irina levantaron la mirada para observar la figura de su compañero.

—Yuuri, hay reporteros afuera. —Inevitablemente, se preocupó—. Parece que te están buscando.

Fue inevitable que sintiera sus pálpitos acelerar ante la seguridad de que la prensa estaba afuera. ¿Cómo iba a salir de allí? ¿Podría escapar de modo que no lo notaran? Antes de pensarlo, se puso de pie, y ayudó a Irina a hacer lo mismo mientras pensaba en qué debía hacer y cómo debería actuar. ¿preguntarle a Víctor sería una opción?

No, no lo era. No podía estarlo molestando por ese tipo de incidentes, menos cuando su concentración debía estar en culminar el programa libre de su temporada. Víctor le había dicho que estaría practicando duro para eso y poder mostrárselo el domingo y Yuuri no sería quien lo distrajera de su meta. Se puso muy serio, sacando valor de no sabía dónde, cuándo volteó hacia Irina y Pavel con una clara decisión: iría a enfrentarlos y pediría que lo dejaran en paz.

—¿Y qué les dirás? —preguntó su amiga, mientras Yuuri buscaba su morral para ponerse la otra malla que le cubría mucho más que el pequeño short del pole dance.

—La verdad… que sí salgo con Víctor y que quiero que nos dejen en paz. —Irina dejó caer la mandíbula al escucharlo tan decidido, a pesar de estar con las piernas moviéndose como gelatina.

Tras el descabellado arranque de confianza que lo hizo lanzarse del precipicio, Yuuri abandonó la entrada y dejó a los periodistas atrás después de su "improvisada" declaración. Se quería morir. El rojo había subido a sus orejas y en sus extremidades sentía un temblor involuntario, mientras era seguido por sus compañeros (a los cuales se agregaron dos bailarines más) después de servir de testigos en aquella situación. Se había enredado con las palabras; de repente estaba seguro de lo que iba a decir y terminó soltando algo difuso que al final, al menos quería creer, logró arreglar.

¿Cómo era eso de que era algo más que romántico? Cuando se vio frente a todos, su lengua se trabó e intentando hablar de la naturaleza de su relación salió algo bastante ambiguo. Luego buscó acomodarlo y logró regresar al hilo inicial, pero en su modo de ver las cosas en perspectiva, fue demasiado confuso para lo que hubiera querido.

¿Habría estado bien decir que sí eran novios? Porque eso eran, ¿no? A pesar de que en la playa le hubiera pedido que fuera solo él y nada más, Yuuri sentía que todo lo que estaban haciendo ya los llevaba al ámbito de noviazgo.

Aturdido, pidió que lo dejaran a solas y se fue al baño para echarse agua en la cara. ¿Qué le iba a decir Víctor cuando escuchara tan patética declaración? ¿Se enojaría por haberlo hecho así? No lo veía de otro modo y Lilia había dicho una enorme verdad el día anterior. ¿Qué esperaba Yuuri Katsuki que iba a ocurrir si salía con Víctor Nikiforov, uno de los solteros más deseados de Rusia? Definitivamente este sería solo el inicio y si Yuuri quería estar a la altura de las circunstancias tendría que ser más fuerte que la presión que la prensa rosa pudiera ejercer sobre él.

Su teléfono sonó y Yuuri, apresurado, revisó en su morral para buscar su móvil y ver la imagen de Víctor con Makkachin parpadeando en su pantalla.

—Alo. —contestó, con la voz atorada por los nervios.

—¿Quieres saber lo romántico que puedo llegar a ser? ¿Cómo hago para hacerlo si quiero llenarte de besos?

Yuuri se sonrojó al escuchar las palabras de Víctor en esa llamada y luego, dejando salir el aire, dibujó una sonrisa. Se plegó en la baldosa mientras respondía.

—Tendrás que esperar al sábado.

—¡Eso es cruel, Yuuri! ¿Cómo hago para aguantarme las ganas de besarte hoy, más las de mañana, más las del sábado?

—Pues… estás ocupado, ¿no? —Se mordió el labio mientras sentía su pecho latir con fuerza.

—Lo sé, pero después de lo que acabo de ver, yo también quiero aferrarme a ti y olvidarme de todas las responsabilidades…

—¡Oh por Dios! ¡Ya lo viste! —gimió mientras se tapaba el rostro y las carcajadas de Víctor se escuchaban en la línea—. ¡Lo siento! No sabía qué hacer, se me ocurrió eso, pero me pongo nervioso y creo que no quedó claro lo que quería decir. Es decir, siento que fue difuso. ¡Siempre me pasa! ¡Lilia me regaña porque no sé actuar en las entrevistas!

—¿En serio estabas nervioso?

—¡Todavía me tiemblan las manos! —La risa de Víctor persistía en el teléfono—. Suele pasarme siempre, me confundo al tratar de expresar con palabras lo que quiero decir, como aquella vez que dije que quería comer un tazón de cerdo cuando quería decir que lo extrañaba. ¡Lilia me regañó diciendo que no debí haberlo dicho por mi dieta!

—Yuuri, ¿sabes que cuándo te pones así, todo lo que me provoca es dejar los patines e ir corriendo a buscarte para darte un beso?

—¡No puedes hacer eso! —frunció su ceño como si lo tuviera allí, frente a él—. ¡Tienes que practicar, prometiste que este domingo me mostrarías tu programa libre! ¡Me tomaré en serio cuando dijiste que tu temporada depende de mí! ¡Habrá castigo si no practicas! —¿Qué demonios acababa de decir? Víctor dijo "wow" y su cabeza se convirtió en un farol navideño.

—¿Y habrá recompensa si lo hago bien? —pronunció Víctor con voz sugerente y Yuuri, pese al sonrojo, se mordió el labio inferior.

—Podemos hablar después de… recompensas. Ahora lo importante es que acabes tu programa…

—Ok… me aguantaré las ganas que tengo de secuestrarte para hacer más que llenarte de besos. —Yuuri pensó que sería imposible estar más rojo, pero Víctor lograba superarlo cada vez más. Su corazón latía eufórico—. Pero, a cambio, el sábado me desquitaré en los pasillos del estadio.

—No besos hasta que acabes el programa. —Yuuri soltó. Se quedó quieto mientras el silencio en la línea se alargaba y él sentía un inesperado arranque de seguridad. Imaginar la cara de sorpresa de Víctor era su mayor premio.

—¿Really? —Yuuri tragó grueso—. ¿Serás capaz de castigarme así el sábado hasta el domingo?

—Claro que sí —aseguró. Una eléctrica sensación lo envolvió con el silencio de la línea que más bien parecía el preámbulo a entrar a un verdadero incendio. Yuuri sentía que empezaba a jugar con fuego y no, no le molestaría quemarse—. No besos hasta que termines el programa —repitió para asegurarlo. Víctor entonces soltó una carcajada.

—Yuuri… está bien. No besos hasta que lo acabe, pero cuando lo haga pediré mi recompensa. —Estaba seguro de que en ese momento su cabeza echaba humo. Lo sabía, sentía sus mejillas arder y su cuerpo recibir un poderoso erizamiento fruto de las expectativas—. ¿Estarás dispuesto a cumplir?

—¿Qué será? —Ahora era Yuuri quien debía tener los términos bien claros… —. Es que… Víctor, no creo que… yo… aún.

—Cariño, lo que te pediré estoy seguro de que puedes dármelo. —Con aquella corriente invadiéndole las entrañas, Yuuri asintió. Pero, al recordar que Víctor no podría ver ese gesto, soltó un tímido sí en la llamada—. Yuuri, puedes estar seguro de que me convertiré en el hexacampeón del mundo, colgaré mi medalla de oro del GPF en tu cuello y te besaré frente a todos.

Yuuri sonrió, con la emoción a flor de piel.

—Para eso primero debes acabar tu programa, Víctor…

—Lo sé, y ya tengo que volver a las prácticas. ¿Qué harás tú?

—Yo me arreglaré para ir a los ensayos. Esta noche seguramente prepararé mi equipaje. Volveré a mi apartamento.

—Oh… ya veo. Es una buena noticia. No quisiera recibir una zapatilla en la cabeza por parte de Lilia —Yuuri rio al escucharlo—. Te extraño, Yuuri... Ya tengo que despedirme.

Yuuri también lo extrañaba y se lo hizo saber, respondiendo con un suave "yo igual" cargado de anhelos. La llamada se cortó y Yuuri se dio tiempo de pensar en lo que estaba viviendo, mientras mantenía en sus labios la curva de esa sonrisa que parecía no acabar. Se preguntaba de qué modo Víctor lo sorprendería con su programa ese domingo.

Tal como habían quedado, el resto de la semana no habían podido verse, conformándose con llamadas y mensajes en los momentos que se encontraban desocupados o podían escaparse de sus obligaciones. Según palabras de Víctor, la temporada aún estaba lejos de empezar, pero los promotores y patrocinadores querían aprovechar para sacar jugosas ganancias a costa de su imagen. Al final decidió participar en tres campañas, por lo cual estaba recibiendo cargamentos de ropa y material deportivo, ya que con el solo hecho de usarlo sería otro modo de publicidad. También había recibido la invitación a un especial sobre hielo en Estados Unidos y en Francia, con otros patinadores que estarían haciendo exhibición. Entre ellos, un par de compañeros que ya habían abandonado las competiciones pero que él había llegado a admirar en su momento.

Yuuri pensaba que mientras las actividades de Víctor comenzaban a ser más y más apremiantes, también de él vendrían nuevos cambios. El viernes, Lilia le informó que de nuevo harían audiciones para Sigfrido y podría ser el momento de recuperar su papel después de haberlo perdido por la subida de peso en diciembre. Según palabras de Lilia, tendría que competir con otros bailarines como si no hubiera debutado antes, exigiendo entonces mucho más para él. Eso lejos de asustarlo, lo sintió como un desafío y el espíritu competitivo de Yuuri quería estar a la altura de él.

Además, habría audiciones para Don Quijote, una obra que había estado fuera de la cartelera del teatro Mariinsky desde hacía año y medio y que estaría a cargo de otro director, para presentarse en el recinto. Yuuri quería el papel de Sancho Panza, que sería perfecto ya que eso le ayudaría a salir de los papeles románticos para incursionar en otro tipo de interpretaciones. Víctor animaba a Yuuri a hacerlo, asegurándole que el papel sería suyo sin dudar; y esa certeza le animaba a dar lo mejor de sí.

Aunque eso significaba más tiempo de prácticas.

El sábado, tal como lo prometió, fue a la pista para estar allí mientras Víctor practicaba sus programas. Yuuri lo notó salir de la pista donde parecía estar desde temprano, y después de acomodar los protectores en sus patines se acercó para saludarlo. De inmediato, las voces de Mila y Georgi junto a otros patinadores que estaban en la pista se alzaron para abuchear el encuentro de la recién creada pareja. Yuuri se sonrojó y Víctor rio mientras le tomaba la mano para sacarlo de allí, y poder besarlo para saciar las ganas tenía desde esa declaración.

Pero Yuuri tenía otros planes y al encontrarse en los pasillos, respondió el abrazo de Víctor con fuerza, para mostrarle que lo había extrañado igual. Las manos de Víctor se apretaron en su espalda y lo acariciaba como si quisiera hacerle sentir las yemas de sus dedos directos a su piel. Fue inevitable que Yuuri se retorciera contento, apretando también la camisa del patinador ligeramente fría. Muy agradado con la compañía de Víctor, suspiró hondo y percibió el momento en medio del abrazo donde Víctor lo empujó con suavidad hacia la pared. Ya sabía lo que buscaba, ya lo imaginaba y su estómago se hizo pequeño por el sobresalto. Y claro que anhelaba ese beso que Víctor estaba procurando, pero había un castigo y no iba a ceder, aunque fuera el mismo Víctor Nikiforov con sus labios de corazón el que lo tentara a hacerlo.

Cuando los labios de Víctor pretendieron alcanzarlo, Yuuri movió su rostro y el beso solo cayó en la mejilla. Víctor pestañeó y volvió a buscarlo para que Yuuri, en respuesta, se moviera de nuevo y alzara su barbilla mientras contenía su diversión. Un brillo travieso inundó sus ojos mientras Víctor le observaba aparentemente incrédulo.

—¿Estabas hablando en serio…? —Yuuri se divirtió cuando Víctor intentó una vez más saludarlo con un beso, el cual esquivo con maestría para luego emitirle una mirada de regocijo al verle la expresión sorprendido. Yuuri pensaba tomarse en serio la amenaza y el castigo apenas daba inicio. Rio cuando Víctor trató de besarlo en otras dos oportunidades y él logró escapar de sus brazos—. ¡Yuuri! —reclamó infantilmente y el aludido soltó una risa divertida.

—No, nada de besos hasta que acabes tu programa libre.

—¿Estás seguro? —Víctor se acercó con ese andar magnético, usando a su favor aquella sensualidad que le exudaba por los poros. Yuuri contuvo el aliento y retrocedió hasta encontrarse de nuevo contra la pared; pero antes de que Víctor lograra su cometido, Yuuri interrumpió el movimiento al interponer su mano entre sus labios. Por muchas ganas que tuviera no iba a ceder.

La respiración de Víctor sobre su palma le erizó la piel, pero sus miradas permanecieron fijas el uno sobre el otro. La mano de Víctor que había logrado acorralarlo se cerraba contra la pared, dejándole poco espacio para escapar. Cuando la otra mano del patinador se cernió sobre su costado, Yuuri agradeció que llevara su abrigo encima, porque si se sentía así de eléctrico el roce sobre las telas; no quería imaginarse si hubiera sido directo en su piel.

Entonces, Víctor cedió. Soltó el aire y dejó el beso que deseaba estampar en la boca de Yuuri, sobre su palma, dándose el tiempo de hacerle sentir cada mínimo milímetro que usó de sus labios. El corrientazo que vivió debía ser llamado un delito y Víctor, con los ojos chispeantes, se separó para dejarlo así.

—Entonces me iré a practicar. Me cobraré todo esto, Yuuri —amenazó, pero a Yuuri poco podría asustarle eso.

—Ve… y si te caes no vengo más. —Decidió agregar y Víctor enarcó una ceja antes de reírse mientras se apartaba y le guiñaba el ojo.

—Yuuri, yo nunca caigo.

Claro, estaba hablando con la leyenda del patinaje, el que tenía todos los récords bajo su nombre y el que nadie había podido superar. Yuuri rodó los ojos, divertido con el extraño juego que habían iniciado, y siguió de cerca el cuerpo del patinador quien ya avanzaba hacia la pista, no sin detenerse a admirar ciertos puntos de su figura que le gustaba observar.

La práctica se dio sin mayores contratiempos, más que los mohines descontentos de Víctor cuando fallaba en su tarea de besarlo y las bromas que tanto Mila como Yuri iniciaron al respecto. Por momentos, Yuri acaparaba su atención, mientras le hablaba de la nueva pieza de juego que había conseguido en alguna batalla, aprovechando el tiempo que Yuuri usaba para bailar en el teatro. Mila, en cambio, lo azotó con muchas atenciones mientras se pegaba a su brazo y le preguntaba cosas más embarazosas. Por fortuna, Yuri lograba sacarlo de allí mientras Víctor lo dejaba en sus manos como parte de su pequeña venganza por la prohibición.

A veces, cuando Víctor salía de la pista, lo abrazaba; lo escuchaba murmurar sobre su cuello y apretarle la espalda antes de que Yakov le indicara que debía volver. Poco podía importarle en ese momento lo que se hablará en las redes, Víctor no le dio mayor cuidado y Yuuri hizo lo mismo tras esa declaración. En los brazos de Víctor todo eso carecía de importancia.

Podría acostumbrarse a eso, Yuuri lo pensó mientras disfrutaba del momento y Lilia, desde la distancia, le dedicaba algunas miradas como si quisiera asegurarse que él estaba bien. Esa sonrisa de felicidad que parecía imposible de quitar de su rostro revelaba que se encontraba feliz. Y lo más impresionante era que esa felicidad no había venido de un sueño cumplido, porque jamás pensó que pudiera ocurrir algo similar. Esa felicidad venía de Víctor y de su forma de romper los esquemas para provocarle todas esas sensaciones que en un mes atrás hubiera sido imposible de creer.

¿Cómo iba a pensar que la misma rutina de siempre podría traerle tantos nuevos colores con solo la presencia de Víctor en ella?

Por fin, llegó el domingo. Yuuri se encontraba emocionado mientras salía de su departamento, al que había vuelto la noche anterior, con el abrigo puesto. Tuvo que despedir a Vichan y le dolió escucharlo chillar tras la puerta, seguramente acostumbrado a que siempre se quedaba con alguien en la casa de Lilia, por ejemplo, Potya. Le acarició las orejas y le animó al decirle que le iba a recompensar por eso. Así, partió para no hacerlo esperar más.

Víctor no bajó del auto, pero la puerta ya estaba sin seguro y pudo entrar sin problemas. Yuuri llevaba un pulóver azul junto a la camisa y un abrigo encima, aunque no sentía tanto frío esa mañana. Empezaban a disfrutarse las temperaturas del verano ruso.

A pesar de la expresión expectante de Víctor al entrar al auto, Yuuri no se acercó para besarlo a los labios; en cambio, le sostuvo el rostro para dejarlo en la mejilla y hacerlo reír con gracia.

—¿Listo para ver mi programa y darme todos los besos que me debes? —Yuuri rio y se sonrojó. Sí, estaba listo para eso.

A pesar de que Víctor le había dicho que lo secuestraría el domingo, el secuestro iniciaría en la pista de patinaje del Sport Champion Club, que se encontraba en ese momento solitaria. Saludaron a los vigilantes y Víctor le sujetó de la cintura mientras caminaban en el pasillo. Yuuri llevaba el abrigo en brazos porque ese día había amanecido con más de catorce grados centígrados y el sol a lo alto provocaba querer ir al parque y tener un picnic con su mascota.

Cuando llegaron, Yuuri dejó el morral y el abrigo en una banca, mientras Víctor se alejaba al vestidor para cambiarse. Para ese momento su corazón estaba acelerado; sabía que lo que iba a ver, como fan, sería una primicia. Pero, a su vez, estaba la satisfacción de saber que Víctor había logrado acabar su programa y que en parte él pudo ayudarlo.

Víctor regresó con su ropa de entrenamiento puesta que se conformaba con un pantalón deportivo oscuro y una camiseta vino que mostraba la marca de uno de sus patrocinadores. Empezó a hacer los ejercicios de elongación y aunque Yuuri deseaba ayudarlo, estaba seguro de que si se acercaba sería imposible mantener por más tiempo el castigo en pie.

Pronto, Víctor se encontró listo. Yuuri no podía dejar de admirar la concentración que había en sus ojos y la decisión que se adivinaba en sus gestos. Lo vio sacudir sus manos enguantadas y levantarse para buscar sus patines con las cuchillas doradas, los cuales sacó del morral deportivo. Era la primera vez que Yuuri las veía tan cerca.

—Son hermosas… —comentó, mirando fijamente el brillo dorado.

—Fue mi autoregalo de cumpleaños hace un par de años. —Victor le confesó, aunque Yuuri lo sabía porque ya lo había revelado en alguna entrevista atrás. Lo vio calzándose los patines con esmero, al lado de él—. Ahora que te mostraré la rutina, me gustaría escuchar si tienes alguna idea con la que podría mejorarla.

—¿Crees que pueda haber algo que te pudiera sugerir? —Yuuri le increpó, buscando su mirada. Víctor aprovechó el momento para estamparse en sus labios provocándole un agradable cosquilleo en la espalda. Volvió a besarlo con suavidad y Yuuri frunció su ceño, con los párpados caído y embriagado de gusto. Ya escuchaba a su corazón latiéndole en las orejas—. Tramposo…

—Estabas distraído —se justificó y Yuuri tragó grueso, resintiendo de repente la diminuta distancia que los separaba mientras se miraban a los ojos—. Y claro que puedes sugerirme. Eres mi musa… aunque en esta canción se refiere a la música, tú eres música para mí.

Algún día su corazón palpitaría tan rápido que no podría soportarlo. Con ese golpe en su pecho, capaz de sacudirlo por completo, Víctor le sonrió y Yuuri solo fue capaz de devolverle esa sonrisa con timidez. Lo ayudó a levantarse sin buscar un beso más, dejándolo con el sabor del anterior en los labios, para sujetarle la mano y caminar hasta dejarlo de pie en la baranda. Así, avanzó hasta la entrada de la pista. Allí Yuuri lo vio deslizarse como si las cuchillas fueran parte de su cuerpo, donde realizó giros y algunas cruces entre sus pies como si estuviera aclimatándose en la superficie del hielo. Y aunque solo estuviera haciendo eso, Víctor ya se veía increíble al estar sobre ese lugar donde era capaz de escribir una historia.

Su pecho latía dolorosamente. Yuuri sentía que lo que iba a ver superaría cualquiera de sus expectativas. Porque Víctor siempre había sido un hacedor de sorpresa desde que lo conoció a sus diecisiete años y seguía sorprendiéndolo incluso fuera de la pista. Cada mínimo detalle, cada palabra cariñosa, cada gesto y sus arrebatos provocaban en Yuuri el burbujeo de saberse intrigado y ansioso de más.

—Patinaré ambos programas, porque los dos son parte de una misma historia —le avisó Víctor, desde la distancia, y Yuuri se limitó a asentir—. No me quites los ojos de encima.

—Nunca —le aseguró Yuuri y Víctor dibujó una sonrisa en respuesta.

Nunca, ¿cómo podría dejar de mirarlo? Si Víctor siempre fue un collage de chispazos de colores para él.


Notas del autor: Le regalo un drabble de la pareja que quiera al que adivine cuál es la canción que Víctor usará para su programa libre xD La verdad es que hay una pista muy evidente y es una canción bastante conocida que me gusta muchísimo. XD

Me alegra mucho ver que les está gustando la forma en que se está gestando su relación y los paralelismos. En este capítulo no hubo paralelismo pero creo que podemos ver un poco lo que Yuuri está sintiendo por su lado ante el inicio de la relación. ¡Al menos que llamemos paralelismo el ver a Yuuri ensayando en pole dance! Que sí, en algún momento Víctor lo verá haciendo de las suyas en ese tubo xD

Yo estoy muy contenta con las coas tontas que me hacen escribir este par. Pero como se puede ver, no pueden dejar de lado sus obligaciones y sus propias metas personales. Siento que es precisamente lo hermoso de las relaciones el ver que, aunque no están todo el día pegado el uno al otro y tienen muchas otras cosas que atender, puedan sacar espacio no solo para compartir juntos sino apoyarse.

¿Teorías?

¿Qué creen que Víctor le pida de premio a Yuuri por acabar su programa?

Muchas gracias por sus comentarios, votos y lecturas. Por darle el tiempo a este pequeño trabajo. Me hace feliz porque Iridiscencia sigue creciendo. Ya superamos los 30K de lecturas y 6K de votos, algo que con Matryoshka me tomó muchísimo más capítulos y tiempo. Además, hoy revisando mi perfil para buscar el link de Iridiscencia, me encontré con la sorpresa de que está en el ranking de fanfic en wattpad. Nunca había entrado en uno xD claro que sé que dura un día y seguro ya mañana no está pero es bonito ver que logró entrar aunque fuera una vez. De nuevo, muy agradecida con todos ustedes 3

¡Espero les haya gustado el extra anterior!